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Al gato y al ratón con las chatas

Aunque apenas se daban cuenta de ello, los Aliados tenían todas las cartas consigo las últimas semanas de Febrero de 1866. Sus fuerzas en Corrientes habían crecido considerablemente y últimamente se habían beneficiado con un despliegue paralelo de 12.000 brasileños a las órdenes del primo de Tamandaré, Manuel Marquez de Souza, el barón de Pôrto Alegre, quien había cruzado a la provincia cerca de Santo Tomé y avanzaba al Norte por los viejos senderos de los jesuitas en las misiones.

Más allá de una fuerza nominal dejada en Tranquera de Loreto, los paraguayos hacía rato que habían abandonado esa área, lo que le dejaba a Pôrto Alegre poco que hacer. Finalmente, este Ejército emergió en el Alto Paraná, en Candelaria, a unos cien kilómetros al este de Corrientes.

El río era ancho y traicionero en ese lugar. Del lado opuesto, el mayor Manuel Núñez estaba listo con doce piezas de artillería para defender Encarnación. Como otros comandantes paraguayos, entendía que esta ruta oriental -no Paso de la Patria- era el punto tradicional de ingreso de fuerzas invasoras a su país. Ocurrió durante la rebelión de los Comuneros -a principios de los 1700- y en 1811, durante las guerras de la Independencia. Podría ocurrir de nuevo ahora(1).

(1) Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 101. Greenwood Press, Westport, Connecticut, sugiere que Tamandaré habría deseado desplegar su Escuadrón hacia el Este para apoyar la invasión (y de esa forma cosechar la gloria de una victoria brasileña, antes que aliada, sobre Núñez). Si el almirante realmente pensó de esa manera, entonces estaba mal informado, ya que los bancos de arena cerca de la Isla de Apipé habrían impedido el paso de todos sus buques, salvo los de calado muy menor. Por su parte, el Mariscal no estaba preocupado por ese frente, toda vez que Núñez “obedeciera sus Instrucciones”. Ver: Solano López a José Bergés, Paso de Patria, 17 de Marzo de 1866, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 13, 1. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

De nuevo en Corrientes, el largamente esperado Tamandaré finalmente arribó al puerto. Había partido de Buenos Aires el 8 de Febrero a bordo del vapor “Onze de Junho”, pero debido a que se rehusó a pagar el precio que le pidieron por el carbón en su ruta, había tenido que usar sus velas para avanzar río arriba. Le tomó cerca de tres semanas hacer el viaje. El almirante se sentía profundamente agraviado por las muchas historias acusatorias que había leído en los diarios porteños y llevó su resentimiento al Norte(2).

(2) Ver, por ejemplo, “La Alianza y la Escuadra”, periódico “La Tribuna”, (Buenos Aires), 8 de Febrero de 1866. El ministro español en Buenos Aires, Pedro Sorela y Maury, hizo un exhaustivo comentario sobre la reacción pública negativa hacia la inacción de Tamandaré (“incluso entre la población femenina existe una marcada aversión hacia los brasileños”). Ver su reporte del 14 de Febrero de 1866 al ministerio Exterior de su país en Isidoro J. Ruiz Moreno. “Informes Españoles sobre la Argentina” (1993), tomo 1, pp. 303-304. Universidad del Museo Social Argentino, Buenos Aires. Por su parte, Tamandaré sentía también poco amor por los argentinos, de quienes había estado prisionero por un tiempo durante la Guerra Cisplatina a finales de los 1820. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Su natural hosquedad lo llevó a culpar a Bartolomé Mitre por la actitud crítica que los argentinos, como regla, habían adoptado contra él. Esta acusación, de hecho, tenía cierta base y ponía al presidente en una posición difícil. El Mitre político se podía dar el lujo de solazarse ante la censura pública de Tamandaré, pero el Mitre general tenía que conservar la dignidad de su quisquilloso aliado.

En cualquier caso, el Almirante había actuado irracionalmente. Nunca reconoció, por ejemplo, que muchos en las fuerzas terrestres brasileñas también lo responsabilizaban por los pobres resultados de la guerra hasta ese momento(3).

(3) André Rebouças, entonces presente en Corrientes como ingeniero militar, remarcó que en la Armada y en el Ejército había un desprecio general hacia la “irresolución, la timidez, el exceso de precaución (...) que siempre parecían ridículos” de Tamandaré. Ver: André Rebouças. “Diario: a Guerra do Paraguai. 1866” (1973), p. 29. Universidad de São Paulo, São Paulo. Tampoco el emperador tenía reparos en expresar malestar ante la falta de armonía entre el almirante y Osório. Ver: Francisco Doratioto. “Maldita Guerra (Nova História da Guerra do Paraguai)” (2002), p. 201, São Paulo. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Además, claramente se había retrasado demasiado. Había dado a los paraguayos una renovada esperanza y frustrado a muchísimos en el campo aliado: brasileños, orientales y argentinos por igual. Peor todavía, la desidia de Tamandaré puso en entredicho la cohesión básica de la Triple Alianza, de la que dependía todo el progreso futuro contra López(4).

(4) Un veterano argentino de la guerra, Carlos D. Sarmiento, notó en retrospectiva que este período se caracterizó no tanto por la fricción interaliada como por una simple falta de voluntad militar. Lo que faltaba -expresó- era resolución y real unidad de comando entre los aliados, nada más. Ver: Carlos D. Sarmiento. “Estudio Crítico sobre la Guerra del Paraguay. 1865-1869” (1890), pp. 20-21. Talleres de La Impresora, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pocas horas después de su llegada, el 21 de Febrero, Tamandaré recibió la invitación de Mitre a participar en un Consejo de Guerra. El general Flores, que había retornado del sur un día antes, también rogó al Comandante Naval brasileño que asistiera. Pero el almirante públicamente rechazó ambos pedidos e insistió en que don Bartolo primero le ofreciera una disculpa por la impúdica conducta de la prensa en Buenos Aires.

El presidente argentino se sintió fríamente furioso, pero no tenía manera conveniente de expresar su rabia. De hecho, acababa de recibir noticias de una crisis en su propio gabinete. Su vicepresidente, Marcos Paz, había anunciado su intención de renunciar debido a disputas de mando con el ministro de Guerra, general Juan A. Gelly y Obes. Paz amenazó con hacer su renuncia pública si el General no era inmediatamente destituido.

Pero Mitre necesitaba a ambos hombres tanto como necesitaba a Tamandaré, Osório y Flores. Por lo tanto, a pesar de su frustración y sombrío humor, tuvo que reunir todas sus habilidades diplomáticas una vez más.

El 25 de Febrero de 1866, el Consejo de Guerra se reunió en Ensenaditas. Mitre abrió la reunión. Tenía un considerable talento para la persuasión y nunca hizo tan buen uso de él como en esta ocasión. Comenzó ofreciendo a Tamandaré autoridad total para organizar la invasión del Paraguay.

El presidente argentino enfatizó, con un tono de veneración que, dado el rol crucial que jugaría la Armada en las futuras operaciones, su Comandante se merecía el honor de establecer la agenda para la lucha que se avecinaba.

Aunque siempre alerta a falsos elogios, Tamandaré aceptó la concesión. Ya había recibido satisfacción por los insultantes artículos en los periódicos y ahora se sentía sereno, incluso locuaz. Respondió a Mitre resumiendo las fortalezas de su Escuadrón y la extraordinaria calidad de sus oficiales, especialmente Barroso.

Ahora prometía aplastar las defensas enemigas desde Paso de la Patria hasta Humaitá. Levantando uno de sus brazos, el almirante aseguró a sus colegas que para el 25 de Mayo -día nacional de la Argentina- todos estarían cenando en Asunción. Era un alarde grandilocuente y, aún así, completamente creíble, si solamente la Armada cumplía el papel que se le asignaba. Tamandaré sugirió un plan de asalto anfibio en Paso, tras el cual la Armada transportaría la totalidad del Ejército Aliado a través del río para proceder a Humaitá

Esta noción coincidía con las previsiones estratégicas generales acordadas cuando se firmó el Tratado de la Triple Alianza nueve meses antes. Mitre se apuró a aprobar el plan aunque, como Osório, levantó una ceja cuando el Almirante aseveró que el cruce sería completado en un solo día. Quizás Mitre pensó que discutir los detalles específicos de la operación en ese momento implicaría conceder al Almirante una medida de poder mayor de la que ya detentaba.

Este era un riesgo real ya que, como todos sabían, Tamandaré tendía a ver a sus aliados como meros idiotas útiles. O quizás el presidente argentino simplemente estaba cansado de las fricciones.

Por ahora, tenía la palabra del Almirante de suministrar la fuerza naval necesaria para barrer al enemigo del Paraná y posibilitar el cruce. Una vez en suelo paraguayo, poco importaba que les hubiera prometido demasiado a los brasileños. Las victorias en el campo de batalla serían suyas, como también los beneficios políticos.

En el lado Aliado estaba comprobado que era casi imposible coordinar tácticas más allá de lineamientos muy generales. Con los paraguayos ocurría lo opuesto. Todos los historiadores de estos tristes eventos destacan la arrogancia del mariscal López al explicar los acontecimientos que sucedieron.

Sin embargo, pese a toda su egomanía, el presidente paraguayo podía delegar autoridad cuando se trataba de asuntos logísticos y estaba bien servido por un plantel de oficiales en la preparación de la defensa nacional.

Necesitaba toda la ayuda que pudiera reunir, ya que los resultados de sus esfuerzos de reclutamiento se habían desacelerado últimamente. Peor aún, muchos hombres habían contraído disentería y fiebre. Las muertes eran numerosas.

Un desertor afirmó a interrogadores aliados que entre 16 y 20 hombres morían de sarampión y cólera cada día en Humaitá durante esas semanas y la situación tendía a empeorar(5). El 23 de Febrero, el Mariscal respondió a estos problemas emitiendo un decreto que convocaba a cada ciudadano apto al servicio militar(6).

(5) Ver: “Declaración del soldado paraguayo Pedro Mendoza”, Corrientes, 23 de Febrero de 1866, en “La Nación Argentina”, del 7 de Marzo de 1866.
(6) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 3, pp. 145-146, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque su decreto no mencionaba a las mujeres, ellas también fueron efectivamente enroladas con la obligación de coser y tejer ropa, uniformes y frazadas, cultivar sus campos locales para alimentar al Ejército y donar lo que quedaba de sus objetos valiosos a la causa.

Todas estas actividades estaban cuidadosamente supervisadas por los Jefes Políticos en las distintas aldeas, hombres que se reportaban directamente al vicepresidente Francisco Sánchez y al ministro de Guerra(7).

(7) Barbara Potthast-Jutkeit. “¿Paraíso de Mahoma” o “País de las Mujeres?” (1996), pp. 247-253. Instituto Cultural Paraguayo-Alemán, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En Paso de la Patria ya habían comenzado las preparaciones para repeler la invasión Aliada. A pesar de los resultados supuestamente positivos del ataque a Itatí, López -prudentemente- decidió bajar la intensidad de las incursiones y circunscribirlas sólo a ocasionales patrullajes de reconocimiento en la orilla sur del río.

La llegada de Tamandaré a Corrientes sugería que los paraguayos ya no podrían contar con la quietud de la flota imperial. Al contrario, una vez que Mitre y Tamandaré resolvieran sus diferencias, sus fuerzas coordinadas asaltarían Paso de la Patria y la guerra pasaría a un estadio más furioso. Los soldados aliados sin duda estaban ansiosos por dejar atrás el campamento y continuar de una vez con lo que habían ido a hacer: la guerra(8).

(8) En una carta a su hija, escrita el 20 de Marzo de 1866, el general Flores comentó que todos en el Campamento estaban ahora dispuestos a enfrentar al déspota López. Ver: Flores a Amada Agapa, Ensenada, 20 de Marzo de 1866, en el Archivo General de la Nación (Montevideo), Archivos Particulares, Caja 10, Carpeta 13, Nro. 45. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los paraguayos tuvieron suficiente tiempo para prepararse y aún así nunca repararon las grietas de su defensa sureña. Con los ocho cañones que Bruguez había dispuesto en la Isla de Redención, ahora trasladados a Paso de la Patria, sólo dos de 12 libras protegían Itapirú.

Las obras en este sitio -para entonces- ya deberían haber rivalizado con las de Humaitá, pero la verdad era que los trabajos apenas si habían comenzado en el Fuerte. La estructura principal tenía su base en un montículo volcánico reforzado con mamposterías de ladrillo (aunque uno de sus lados se había derrumbado). El mayor diámetro interno era de sólo 25 metros, pero el Fuerte se elevaba abiertamente al horizonte, lo que lo convertía en un blanco fácil para los cañones de la flotilla enemiga.

Al montar sus elaborados asaltos en Corrales e Itatí, el Mariscal había desviado su atención a cosas distintas de la de construir en Itapirú una fortaleza, si no insuperable, al menos poderosa. Estaba convencido de que todavía poseía un baluarte suficiente y sus oficiales no se atrevían a desengañarlo.

La falta de apresto era ya evidente el 21 de Marzo, cuando Tamandaré ordenó a tres de sus buques de guerra hacer un reconocimiento directamente enfrente del Fuerte. Los paraguayos los recibieron con una indiferente y mal dirigida serie de cañonazos. Uno de los barcos encalló río arriba, pero se las arregló para salir del banco de arena algunas horas más tarde, antes de que el enemigo pudiera dispararle. Los brasileños continuaron con sus sondeos cerca de Itapirú, señalando así su intención de causar mayores daños(9).

(9) Periódico “The Standard”, (Buenos Aires), del 3 de Abril de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque evitó nuevos asaltos, el Mariscal tenía todavía uno o dos trucos. La toma del comando activo por parte del Almirante sin duda demandaba que los paraguayos actuaran con mayor cautela, especialmente después del inicio de la fortificación de Itapirú. Aún así, el 22 de Marzo, López envió su buque “Gualeguay” al canal abierto en el Alto Paraná justo enfrente de Paso. El vapor estiraba una chata con una tripulación de tres o cuatro y un cañón de ocho pulgadas.

Esta chata, que ya había estado en acción en el Riachuelo, sobresalía apenas del agua y fácilmente se confundía con la vegetación de la orilla. Un observador británico hizo una cuidadosa inspección de estas inusuales embarcaciones y dejó la siguiente descripción:

“En construcción y forma recuerda a una barcaza de un canal inglés, excepto por una terminación más elegante, con un timón en cada extremidad (...) la parte superior de la cubierta sobresale apenas 18 pulgadas del agua.
“Siendo de fondo plano, deben tener un calado muy superficial. En el centro, la cubierta tiene una depresión de un pie de profundidad, dentro de un círculo, lo que permite la instalación de un mirador giratorio desde donde un cañón puede apuntar a cualquier punto del compás que el comandante desee.
“La longitud total es de 18 pies y no hay protección para la tripulación”(10).

(10) Thomas J. Hutchinson. “The Paraná, with Incidents of the Paraguayan War and South American Recollections, from 1861 to 1868” (1868), pp. 260-261, Londres; “Correspondencia de Corrientes”, periódico “El Siglo”, (Montevideo), 5 de Abril de 1866. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Si bien el Gualeguay ofrecía un blanco tentador para los cañoneros brasileños en los barcos frente a Corrales, la embarcación extra era prácticamente invisible. Debido a que las chatas no tenían propulsión propia, debían ser estiradas hasta situarse lo suficientemente cerca para disparar por sorpresa a los brasileños.

En esta ocasión, los paraguayos lograron dar varios golpes a los barcos enemigos antes de que los brasileños siquiera se dieran cuenta de dónde provenían las bombas. A la distancia, el “Gualeguay” giró sobre sí mismo y lo propio hizo la pequeña chata adherida. Los buques abrieron fuego, pero fallaron.

En medio del bombardeo, dos acorazados se lanzaron para cortar el cabo de arrastre de la chata. Cuando se acercaron, la tripulación paraguaya saltó al agua y nadó hacia la orilla norte.

Los brasileños bajaron tres botes y los persiguieron hasta que una unidad de infantería paraguaya, escondida entre los juncos, apareció de repente disparando sus mosquetes. El alférez brasileño al mando de los botes, valientemente, trató de hacer avanzar a sus hombres, pero el mortal efecto de 600 mosquetes los hizo retroceder(11).

(11) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), tomo 2, p. 43, (cuarto volúmenes). Ed. El Lector, Asunción. Ver también la imagen titulada: “Explosión de una chata paraguaya en los combates con la batería Itapirú del mes de Marzo”, en el periódico “Correo del Domingo” (Buenos Aires), 8 de Abril de 1866. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Más tarde, los paraguayos recuperaron su chata, aunque el cañón estaba inservible. En el curso de la siguiente semana, el Mariscal repitió estas osadas provocaciones en seis ocasiones diferentes, para el delirio de sus hombres y la consternación de la Armada Imperial(12). El día 26, los brasileños acertaron un cañonazo directamente en una chata, haciendo volar la pólvora de reserva y mandando a la tripulación “rápida e instantáneamente al más allá”(13).

(12) Periódico “El Semanario” (Asunción), del 31 de Marzo de 1866; el cañoneo más efectivo ejecutado por las chatas provenía de un solo hombre, el teniente José Fariña, quien sobrevivió a los enfrentamientos para convertirse en el más condecorado oficial en la Marina paraguaya. Ver: José Ignacio Garmendia. “Campaña de Corrientes y de Río Grande” (1904), pp. 576-581. Ed. Peuser, Buenos Aires; ver también: “Importantes Noticias de la Escuadra Imperial”, en el periódico “La Tribuna”, (Montevideo), del 4-5 de Abril de 1866; Carlos Careaga. “Teniente de Marina José María Fariña, Héroe Naval de la Guerra contra la Triple Alianza” (1948), Asunción; y, sobre todo, Juan E. O’Leary. “El Libro de los Héroes” (1922), pp. 11-53. Librería La Mundial, Asunción, que contiene la historia que el propio Fariña -a avanzada edad- le contó al autor.
(13) Francisco M. Paz a Marcos Paz, Ensenaditas, 29 de Marzo de 1866, en el Archivo del coronel doctor Marcos Paz, tomo 5, pp. 84-87. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La tarde siguiente, con el termómetro cerca de los 40 grados centígrados, los paraguayos igualaron el marcador cuando un tiro de suerte de otra chata entró por una tronera y destrozó el puente del acorazado “Tamandaré”. Las escotillas del buque estaban todas protegidas del fuego de los mosquetes con cortinas de cadenas, pero este fuerte cañonazo destrozó las defensas y esparció esquirlas de metal caliente y madera en todas las direcciones.

El capitán resultó mortalmente herido y también murieron cuatro oficiales y dieciocho tripulantes. Este nuevo buque, bautizado en honor del Almirante, era su orgullo particular, y la horrible muerte de sus oficiales lo golpeó en lo más profundo(14).

(14) El oficial comandante, teniente Mariz e Barros, murió luego de que los doctores le amputaran sus destrozadas piernas. Hijo de un ex ministro del gabinete, futuro Comandante de la flota y amigo personal de Tamandaré, el joven Mariz e Barros fue gravemente herido también en la ingle y el abdomen. Un comentarista sugiere que podría haber sobrevivido si hubiera tomado un preparado de cloroformo ofrecido por un personal médico pero, diciendo que tal poción era sólo para mujeres, soportó la operación con un cigarro entre sus dientes y sucumbió de un shock posterior. Ver: William van Vleck Lidgerwood a William Seward, Petropolis, 4 de Mayo de 1866, en National Archives Records Administration, Despachos, Microfilm 121, Nro. 34, Washington, D.C.; y “Comentarios de Rebouças”, en el “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), del 14 de Abril de 1866. En una carta a la condesa de Barral, Don Pedro expresó una sentida congoja por la pérdida del valeroso teniente, diciendo que “los acorazados se habrán arrimado demasiado a los cañones enemigos sin recordar que nada en el mundo es invulnerable”. Ver Pedro II a condesa de Barral, Río de Janeiro, 23 de Abril de 1866, en Alcindo Sodré. “Abrindo um Cofre” (1956), p. 104. Editora Livros de Portugual S.A., Río de Janeiro. La túnica de Mariz e Barros, con agujeros de esquirlas y manchas de sangre todavía visibles, se preserva en el Museu Histórico Nacional en Río de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

A la mañana siguiente sus cañoneros respondieron con furia y dejaron la chata como una “pila de trozos de madera”(15). Cuando López ordenó traer otra desde Humaitá -la noche del 30- los brasileños la capturaron intacta, aunque la tripulación escapó entre los bosques de los alrededores(16).

(15) Periódico “The Standard”, (Buenos Aires), 4 de Abril de 1866; “Theatro da Guerra”, en el “Diário do Rio de Janeiro”, del 21 de Abril de 1866.
(16) Un oficial que servía en el buque “Mearim” dejó constancia de considerables detalles de esta parte de la lucha contra las chatas. Ver: Miguel Calmon. “Memorias da Campanha do Paraguay” (1888), pp. 109-113, Pará; ver también el periódico “The Standard”, (Buenos Aires), del 17 de Abril de 1866; e Informe de Pedro Sorela y Maury, Buenos Aires, 12 de Abril de 1866, en Isidoro J. Ruiz Moreno. “Informes Españoles sobre la Argentina” (1993), tomo 1, p. 308. Universidad del Museo Social Argentino, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Más allá de algunas periódicas e inconsecuentes incursiones del “Gualeguay”, allí terminó el duelo. En general, aunque la “batalla” de las chatas irritó considerablemente a los Aliados, no consiguió perturbar sus preparativos para la invasión. Forzó a la flota Aliada a tomar más precauciones en sus movimientos, pero el daño a los barcos brasileños fue relativamente insignificante y fácilmente reparable.

Por su parte, Tamandaré había pasado varios días en el puente del buque de guerra “Apa” y desde esa posición -por lo menos- recabó un conocimiento de primera mano de sus enemigos paraguayos (aunque no obtuvo información que pudiera ayudar a sus aliados en tierra).

Casi la única cosa que hizo el episodio de las chatas fue elevar la de por sí alta moral de los hombres del Mariscal, quienes nunca pusieron reparos en ofrecerse de voluntarios para las más peligrosas de estas misiones. Su coraje era loable y ensalzaba la legendaria estatura de los soldados paraguayos. Pero no podía detener a los Ejércitos Aliados.

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