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El cruce del Paraná

La irónica muerte del coronel João Carlos de Vilagran Cabrita significaba un pequeño consuelo para el Mariscal. Los brasileños controlaban ahora Redención y casi con seguridad avanzarían a Itapirú.

Allí el Mariscal tenía sus trincheras y cañones listos, junto con 4.000 de sus mejores soldados. En las semanas previas habían también construido una serie de puentes de madera conectando lo que quedaba del Fuerte con los Cuarteles Generales del mariscal en Paso de la Patria.

La diferencia, sin embargo, era que alguna vez los paraguayos habían alimentado la ilusión de que tenían una defensa impenetrable; ahora no podían negar que no estaban preparados y que la invasión era inminente. Pero, ¿por dónde?

López pensaba que Itapirú era el blanco más probable, pero los comandantes Aliados todavía tenían que decidirse sobre un sitio de desembarco para el Ejército invasor. En una extensiva carta a Marcos Paz -el 30 de Marzo- Mitre ya había puntualizado los peligros militares (como también políticos) que enfrentaba una fuerza de invasión.

Rechazaba un paso por Itatí, el Paso Lenguas o encima de la Isla Carayá; las tres opciones presentaban un terreno demasiado pantanoso para el movimiento seguro de grandes unidades.

Quedaba Itapirú que, aunque prometía un paso rápido, también suponía un desembarco sangriento. Mitre estaba dispuesto a cargar con la responsabilidad de la pérdida de vidas y equipos, ya que la alternativa era entregarle al Mariscal una victoria por omisión.

Aún así, el presidente argentino se preguntaba si podría confiar en Tamandaré en una acción conjunta contra Itapirú o cualquier otro punto en la orilla paraguaya(1).

(1) Mitre a Paz, frente a Itapirú, 30 de Marzo de 1866, en el Archivo del coronel doctor Marcos Paz, tomo 7, pp. 164-166. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mitre reiteró la necesidad de atacar Itapirú en otra carta a Paz, escrita dos semanas más tarde. Con Redención ahora en manos brasileñas, más que nunca los Aliados deberían presionar sobre el Fuerte. Anunció su intención de desembarcar a 15.000 argentinos la mañana del 16 de Abril y, si todo iba bien, 32.000 soldados avanzarían hacia Paso de la Patria antes del anochecer(2).

(2) Mitre a Paz, frente a Paso de Patria, 13 de Abril de 1866, en el Archivo del coronel doctor Marcos Paz, tomo 7, pp. 171-172. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Al mismo tiempo que Mitre escribía su carta a Paz, sin embargo, Tamandaré sugería un plan de acción alternativo. En vez de un asalto directo a Itapirú, preguntó: ¿por qué no desembarcar el Ejército en las orillas del río Paraguay, a dos o tres kilómetros de su confluencia con el Paraná?

Aunque esto implicaba un paso más largo, el punto de desembarco estaba esencialmente indefenso y podría albergar a miles de soldados antes de que el Mariscal tuviera tiempo de reaccionar. Mitre, quien se sentía sorprendido por el obvio buen sentido de la propuesta brasileña, aceptó inmediatamente, y Osório envió una pequeña fuerza para reconocer el área(3).

(3) Treinta años después, Mitre reclamó crédito exclusivo por el plan de invasión, el cual -remarcó- “tenía la oposición de todos los Comandantes aliados, excepto Tamandaré”. El lugar del desembarco, subrayó cuidadosamente, fue sugerido por un ingeniero brasileño, cuyo nombre “puede encontrarse en mis papeles”. Bartolomé Mitre a Estanislao Zeballos, Buenos Aires, 6 de Abril de 1896, en el Museo Histórico de Luján (Papeles Estanislao Zeballos). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Dos días después la siguió el Ejército Aliado. Considerando la fricción que por meses había caracterizado las relaciones entre los líderes aliados y las muchas disputas acerca de la conducción de la guerra, la decisión de invadir fue hecha muy rápidamente y su ejecución fue dejada mayormente a Comandantes de campo. Mitre permitió que el desembarco se pudiera constituir en un objetivo primario o secundario, dependiendo de las condiciones que encontrara Osório.

A las 11 de la noche del 15 de Abril, unos 10.000 brasileños se abarrotaron en barcos de transporte, canoas y toda clase de embarcaciones fluviales en el puerto de Corrientes. Los ingenieros habían estado construyendo allí muelles temporarios y reparando barcos hasta último momento. Oficiales de intendencia distribuyeron raciones extra de charque y galleta a los hombres. Y detrás de las unidades brasileñas, los 5.000 uruguayos -bajo comando de Flores- se aprestaban a abordar los barcos apenas retornaran.

Ellos constituirían una segunda ola, con 10.000 argentinos, bajo el general Paunero preparando la tercera. Al Mariscal, todavía acampado en Paso de la Patria, ni se le ocurrió que el desembarco tendría lugar en el río Paraguay. Todavía pensaba que la pelea tendría lugar en Itapirú y había posicionado 4.000 de sus soldados con la mayoría de sus cañones más pesados en el estrecho de más de un kilómetro entre el Fuerte y Paso.

Osório realizó su maniobra la mañana del 16. El Escuadrón brasileño hizo una finta hacia Itapirú y los cañoneros de Tamandaré abrieron fuego a discreción sobre esa posición. Mientras los hombres de López se protegían en sus trincheras, los transportes aliados repentinamente cambiaron su curso, navegando de regreso a la confluencia de los ríos y remontando el Paraguay. En lo que debe haber sido el momento más anodino de la campaña, Osório y todos sus hombres desembarcaron en territorio paraguayo sin disparar un solo tiro(4).

(4) Guillermo Valotta. “La Operación de las Fuerzas Navales con las Terrestres durante la Guerra del Paraguay” (1915), pp. 67-69, Ministerio de Marina, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Había una enigmática característica en la personalidad del general brasileño que lo había acompañado desde su niñez en Rio Grande do Sul. En algunas ocasiones, era una persona meditabunda, casi indiferente al mundo que lo rodeaba. En otras, su impulsividad se hacía tan dramática que infectaba a todos a su alrededor, lanzando oficiales en direcciones que nadie deseaba, de la manera más temeraria.

En esta oportunidad, habiendo ordenado atrincherarse a su fuerza de desembarco, él mismo se adentró en los pantanos al galope al frente de una patrulla de sólo doce hombres. Dado que los Aliados carecían de la más mínima información acerca de la topografía más allá del río, tenía sentido obtener alguna inteligencia. Pero ¿por qué debería el Comandante General ocuparse de tal tarea y en semejante momento?

Su explicación posterior de que aquél era un Ejército de hombres poco entrenados que necesitaban ser liderados por el ejemplo no logra convencernos hoy, como tampoco convenció al ministro de Guerra imperial ni a Tamandaré ni a Mitre ni al propio emperador(5).

(5) Joaquim Luis Osório y Fernando Luis Osório filho. “História do general Osório” (1915), tomo 2, p. 182, (dos volúmenes), Pelotas. El general Osório, debe notarse, se ha convertido desde entonces en Patrono de la infantería brasileña. El mejor relato biográfico sobre él es el de Francisco Doratioto. “General Osório (A Espada Liberal do Império)” (2008). Cia. das Letras, São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El peligro que enfrentó Osório -después de todo- era más que simbólico. Después de un par de kilómetros, fue divisado por una fuerza de unos 40 piqueteros paraguayos, que comenzaron a disparar.

Los brasileños se parapetaron en un bosquecito y respondieron el fuego, con Osório, revólver en mano, dirigiéndolos como el conductor de una banda militar. Por un momento los doce estuvieron completamente rodeados, pero al final varias unidades de voluntarios consiguieron abrirse camino y entrar en la refriega(6). Para entonces, sin embargo, los paraguayos habían recibido más de 2.000 hombres y dos cañones de refuerzo. La batalla ya no parecía una simple escaramuza.

(6) La unidad que vino al rescate de Osório no estaba comandada por otro que el mayor Deodoro de Fonseca, quien se convirtió en el primer presidente de la República brasileña en 1889. Ver: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 3, p. 232, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Osório ordenó una carga a bayoneta que hizo retroceder a los paraguayos hacia el monte, aunque no dejaron de disparar en su dirección. Para finales de la tarde, más unidades brasileñas se agregaron desde el río y, bajo un fuerte chaparrón, los paraguayos detuvieron el enfrentamiento(7). Tuvieron 400 muertos y 100 heridos, mientras que los brasileños contaron 62 muertos y 290 heridos(8).

(7) La misma tormenta mantuvo al contingente uruguayo a bordo de los buques de transporte. Flores tenía buenas razones para desconfiar del clima en esos parajes, ya que sólo dos semanas antes uno de sus soldados había muerto alcanzado por un rayo y otros cinco resultaron con severas quemaduras. Ver: periódico “La Tribuna”, (Montevideo), del 13 de Abril de 1866.
(8) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 3, p. 234, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En cuanto al ileso General, retornó a su fuerza principal para supervisar el desembarco de tropas argentinas y la descarga de cañones y equipos. Los hombres que habían escuchado de su valentía bajo el fuego se le acercaban a felicitarlo, pero él se los sacaba de encima, como sorprendido de que su conducta pudiera generar algún comentario favorable.

Cuando las noticias del desembarco de Osório llegaron a Río de Janeiro, la ciudad fue pura excitación. Después de tanta espera, allí estaba la prueba de que los Aliados podían moverse expeditivamente; pudieron obtener una cabecera de playa en el país del Mariscal y, de manera impresionante -tal como se había jactado Tamandaré- la Armada consiguió transportar con éxito a 15.000 soldados a través del río en un solo día.

El general Osório fue el héroe del día, sujeto de adornada poesía publicada en la prensa carioca y paulista. Poco después, el emperador lo nombró barón de Herval. El General, sin embargo, no se podía dar el lujo de saborear su triunfo todavía. La lluvia impidió un concentrado ataque paraguayo, pero las últimas unidades enemigas que llegaron cuando se juntaron las nubes de la tormenta indudablemente provenían de Itapirú.

Con pobre conocimiento de los números que enfrentaba y sin conocimiento alguno del terreno, Osório no se podía sentir a gusto. Tenía que llevar a todos sus hombres a tierra firme y seca lo más rápido posible.

El inesperado desembarco de los Aliados generó seria confusión en los campamentos paraguayos. Los hombres habían estado aguardando algún tipo de ataque y pasado varias noches casi sin dormir esperando que ocurriera. El Mariscal, por su parte, tenía que defender un frente extraordinariamente largo. La invasión Aliada podría haberse producido por Itatí, el Paso Lenguas, la Isla de Apipé, incluso (con las tropas de Pôrto Alegre) por Encarnación y, más particularmente, por Itapirú, que para López seguía siendo la ruta lógica.

No podía defender toda la orilla del río Paraná, ya que esto habría extendido demasiado a sus tropas. Eligió, por lo tanto, defender la línea entre Itapirú y Paso de la Patria. Esta era una decisión razonable, pero resultó incorrecta. Ahora sus soldados tenían que recomponerse en el subsecuente caos.

Sólo quedaba una solución para los paraguayos: pese a la lluvia, tenían que atacar a Osório de inmediato con todas las fuerzas disponibles y esperar que la gran ventaja que suponían los buques de guerra de Tamandaré se pudiera neutralizar por la baja visibilidad. López tenía hombres suficientes para realizar la tarea. Cualquier retraso, sin embargo, incluso de pocas horas, podría resultar desastroso.

Como remarcó el coronel Palleja, esa “noche probaría la suerte de López; si no atacaba y repelía a las tropas de desembarco, para el mediodía del día siguiente tendría que enfrentar a 20.000 hombres y ahí ya podría ser demasiado tarde”(9).

(9) Citado en el periódico “El Siglo”, (Montevideo), del 27 de Abril de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Del lado brasileño, Osório se preparaba para una victoria mucho mayor. Si atacaba a las tropas del Mariscal mientras todavía estuvieran desorientadas, podría tomar tanto Itapirú como Paso de Patria y, más importante todavía, cortar la ruta de escape a Humaitá. Por una vez, el terreno pantanoso jugaría en su favor. Todo dependía de su rapidez.

La mañana del 17, López y sus colaboradores se movilizaron hasta la mitad del camino entre Paso e Itapirú, apenas 2.000 metros. Esto fue suficiente, sin embargo, para que el Mariscal juzgara insostenible la posición paraguaya en el Fuerte.

Ordenó a su artillería retirarse de Itapirú, con la excepción de dos cañones de 8 pulgadas que eran demasiado pesados como para trasladarlos sin una hilera de bueyes. A éstos los enterraron con la vana esperanza de recobrarlos más tarde(10).

(10) Ambos cañones fueron descubiertos por los Aliados e incorporados a su artillería. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 129. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

López ordenó también a los paraguayos remanentes retirarse del Fuerte y dirigirse directamente a Paso y a la seguridad de sus trincheras. El Ejército no hizo intentos de pivotear y atacar a Osório, que avanzaba por el oeste. Al elegir no contraatacar a la fuerza de Osório, abandonar Itapirú y concentrarse en defender Paso, el Mariscal perdió su última oportunidad de expeler a los Aliados del suelo paraguayo.

Luego de desperdiciar sus fuerzas en el asalto a Redención, ahora evitaba el contacto con el enemigo cuando un movimiento rápido y agresivo podía haber hecho la diferencia. Mientras tanto, don Bartolo, quien nunca permanecía por mucho tiempo lejos de la escena de la acción, desembarcó con una fuerza de infantería argentina en Itapirú(11).

(11) Los argentinos en ese momento evidentemente sufrían escasez de monturas, al punto de que sólo los Comandantes de la división tenían caballos confiables. No sorprende, por tanto, que las tropas argentinas desplegadas del lado paraguayo fueran mayormente de infantería. Ver: Wenceslao Paunero a Marcos Paz, Paso de Patria, 27 de Abril de 1866, en Archivo del coronel doctor Marcos Paz, tomo 5, pp. 119-120; por otro lado, Mitre tenía suficientes jinetes en Itapirú como para enviar una columna de reconocimiento. Ver: diario “La Nación Argentina”, 2 de Mayo de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sus oficiales habían solicitado vestir sus uniformes de gala, pero el presidente y el general Paunero se lo prohibieron, recordándoles a los francotiradores rusos que habían bajado sin piedad a condecorados oficiales británicos de guardia durante la Guerra de Crimea. Sombreros de paja y uniformes simples serían los apropiados hasta que los bosques fueran despejados de paraguayos(12).

(12) Periódico “The Standard”, (Buenos Aires), 26 de Abril de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por ahora, su prioridad era encontrarse con sus Aliados brasileños, quienes ya habían llegado para inspeccionar el Fuerte. Alguna vez había parecido tan imponente, tan intocable. Ahora parecía una saliente rocosa llena de escombros. Un lugar para erigir una bandera que no daba para mucho más.

Mitre se juntó con Flores y Osório para hacer un reconocimiento el 18. Pequeñas unidades dispararon a los tres comandantes, pero retornaron ilesos a sus respectivos campamentos sobre el Paraguay y el Paraná. Si previamente carecían de los más básicos detalles del terreno en esta parte de los dominios del Mariscal, ahora habían adquirido ya una idea de su sobrecogedora naturaleza.

Desde el punto de confluencia de los dos grandes ríos hasta Curupayty, al norte, y Paso de la Patria al nordeste, las riberas estaban entrecruzadas por profundas lagunas de agua y barro que se extendían hacia el interior. En cualquiera de los lados de estos obstáculos crecían espinosos arbustos, tupidas enredaderas y pasto tan alto y espeso que parecía imposible de despejar.

Cuando los cauces de los ríos estuvieran bajos, podrían abrir senderos a lo largo del barro seco entre laguna y laguna. Pero cuando estaban altos, todo quedaba bajo una alfombra de agua demasiado superficial para el paso de canoas, pero demasiado profunda para el paso de cañones. Sólo hombres a caballo podían pasar a través de los carrizales, y aún ellos con gran dificultad.

El único camino permanente a través de este laberinto unía Itapirú y Paso de la Patria, pero incluso allí dos lagunas impedían un paso seco. López había construido una serie de puentes de madera para atravesar los estrechos más profundos, pero todos ellos habían sido destruidos a medida que sus hombres se retiraban.

Esto obligaba a los Aliados a realizar su aproximación a Paso directamente por el río. Brasileños y argentinos tenían 54 grandes vapores en Itapirú, junto con 14 más pequeños y 48 veleros, todos bien armados. Nunca antes el Paraná había sido testigo de semejante despliegue naval(13).

(13) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 130. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tamandaré y sus comandantes tenían razones para suponer que su poder de fuego en sí mismo desalojaría a los paraguayos de Paso. La misión no era fácil. Las trincheras en el Campamento principal eran profundas y bien construidas, lo que implicaba que, a no ser que se utilizara infantería y caballería, los soldados paraguayos podían resistir cualquier bombardeo; sólo era cuestión de permanecer bien protegidos detrás de sus parapetos.

Ni Osório ni Mitre ni Flores habían coordinado sus fuerzas para sacar ventaja del bombardeo naval. Aunque los desembarcos en Itapirú y el río Paraguay habían sido exitosos, los hombres tenían pocas provisiones. Si no hubiera sido por el personal del general Gelly y Obes, habrían estado totalmente sin raciones(14). El transporte de sus caballos, artillería, alimentos y otros enseres tomaría una quincena para completarse(15).

(14) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 130. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres.
(15) Los ingenieros de Osório hicieron una vez más un espléndido trabajo al erigir muelles, baterías y pontones, luchando no tanto contra el enemigo como contra los elementos. Ver: Jerónimo Rodrigez de Morães Jardim. “Os Engenheiros Militares na Guerra entre o Brazil e o Paraguay e a Passagem do Rio Paraná” (1889), Río de Janeiro; Luiz Vieira Ferreira. “Passagem do rio Paraná; Comissão de Engenheiros de Primero Corpo do Exército em Operaçoes na Campanha do Paraguai” (1890), Río de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Para entonces, la oportunidad habría pasado frente a sus narices. Tamandaré mantuvo el fuego pese a todo. La noche del 19 de Abril llevó su Escuadrón directamente frente a Paso y se preparó para bombardear la posición. Si el Almirante hubiera atacado de inmediato, los paraguayos habrían sufrido serias bajas y, por una razón inquietante: el Mariscal había desaparecido del Campamento sin dejar órdenes y nadie podía encontrarlo(16).

(16) “Notícias da Guerra”, en el “Diário do Rio de Janeiro”, del 17 de Mayo de 1866. Como es de esperarse, la narración del periódico “El Semanario” de estos sucesos omite toda referencia a la ausencia del Mariscal y enfatiza que todo en Itapirú marchaba tal como estaba planeado (ver edición del 5 de Mayo de 1866). Pero Thompson, un testigo presencial del lado paraguayo, habla con consternación del comportamiento de López. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 130. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las cerca de 1.000 mujeres que seguían al Ejército en el Campamento en Paso de la Patria huyeron en desbandada, convencidas de que el Mariscal las había abandonado a su suerte. El general Francisco Resquín había hecho un buen trabajo en Corrientes un año antes, pero ahora carecía de Instrucciones. Con la situación empeorando minuto a minuto, se hizo cargo y ordenó a la guarnición salir de las trincheras y remontar el camino detrás de las mujeres hacia el Norte. Sólo dejó a Bruguez para cubrir la retirada.

Todo esto ocurrió de noche y cuando los primeros rayos del sol asomaron por el carrizal al día siguiente, Tamandaré abrió fuego. Fue el mayor bombardeo de la guerra hasta ese momento y duró todo el día. En ausencia de Comando efectivo, las tropas remanentes en Paso de la Patria se sintieron libres de escabullirse en pequeños grupos. Antes, sin embargo, ellos y los civiles que quedaban se hicieron con el vino y las provisiones del Mariscal y vaciaron la caja fuerte del Gobierno, que contenía una gran cantidad de papel moneda.

Increíblemente, sólo cinco o seis hombres murieron o resultaron heridos, aunque muchos estuvieron a punto. El operador del telégrafo, por ejemplo, se salvó de milagro cuando una bomba de 68 libras cayó en su estación. Quedó rociado con la tinta de un recipiente abierto que voló por los aires, pero ni él ni sus instrumentos sufrieron daños y ambos pronto se relocalizaron al norte de Estero Bellaco, donde los paraguayos esperaban reagruparse.

En eso, reapareció el mariscal López. Se había trasladado a un punto alto a unos cinco kilómetros de distancia para observar el bombardeo aliado y, quizás, preparar una nueva línea defensiva. Había dejado a sus oficiales, al obispo e incluso a madame Lynch y a sus hijos defenderse por sí mismos.

A diferencia de Osório, López no tenía un gran sentido de heroísmo personal. De hecho, como puntualizó sarcásticamente el coronel Thompson, el Mariscal “poseía un tipo peculiar de coraje: cuando estaba fuera del alcance de los tiros, incluso si estaba completamente rodeado por el enemigo, se mostraba siempre con alto espíritu, pero no podía soportar el silbido de una bala”(17).

(17) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 132. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La apariencia de cobardía de un soldado común puede tener serias consecuencias para su unidad; cuando proviene de un Comandante General, incluso una señal de trepidación puede llevar al colapso total. Pero nada de esto ocurrió. Fuera por temor, por patriotismo o por un profundo sentimiento de lealtad al régimen, los paraguayos se habían mantenido firmes junto al Mariscal y no tenían intención de hacer lo contrario.

Paso de la Patria, desde luego, estaba condenado. Los hombres de Osório habían construido baterías terrestres para convertir el lugar en escombros, mientras Tamandaré y Mitre mantenían un activo fuego de metralla. El 21 y 22, el Mariscal se reunió con algunos de los últimos soldados en los alrededores de Paso.

Sus exploradores y oficiales habían determinado que el norteño Estero Bellaco, “una enorme ciénaga cortada en dos mitades por una isla de pasturas”, era la mejor opción para una nueva línea defensiva. Gozaba de comunicación directa con Humaitá y los Aliados no podían cruzar fácilmente los anegados terrenos contiguos. Satisfecho, López atrincheró sus fuerzas en un punto seco llamado Rojas.

Envió Instrucciones de evacuar el puñado de hombres que permanecía en Paso de la Patria y simultáneamente ordenó el hundimiento del “Gualeguay”, que estaba siendo acosado por el Escuadrón enemigo. El barco, que había servido bien a los paraguayos, se fue a pique rápidamente cuando le retiraron las válvulas de la bomba(18).

(18) Tamandaré posteriormente recuperó el buque y lo presentó limpio y entero al Gobierno argentino, que había sido su dueño un año antes. Ver: Miguel Calmon. “Memorias da Campanha do Paraguay” (1888), capítulo 1, p. 137, Pará. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las últimas fuerzas de López en Paso de la Patria abandonaron el Fuerte temprano la mañana del 23 de Abril. Incendiaron lo que quedaba de los edificios y se dirigieron al Norte a través de los pantanos. Solamente la pequeña capilla y, extrañamente, la cabaña de López, escaparon de la destrucción. Antes de irse, los soldados esparcieron entre las ruinas copias de la Orden del Día del mariscal, en la que mandaba a sus hombres respetar los derechos de los prisioneros. Evidentemente, López todavía pensaba que podía alentar al enemigo a desertar.

Los Aliados esperaban un largo sitio. Osório y Mitre habían ubicado sus Ejércitos en una posición de tenaza y cortado por tres lados la salida de Paso de la Patria. Los ingenieros construyeron pontones y baterías con 40 cañones para bombardear a los paraguayos por tierra y agua. Ahora los soldados Aliados entraban a Paso sin resistencia.

Hicieron sonar las campanas de la capilla durante todo el día en celebración y rezaron, como hacen todos los soldados en tales situaciones, por el pronto fin de la guerra. Los paraguayos cometieron dos errores fundamentales los últimos días de esta campaña.

Habiendo sido comprensiblemente sorprendidos por el desembarco de Osório en el río Paraguay (lo que se hizo sin el beneficio de la protección naval), desecharon la oportunidad de repeler esta fuerza antes de que estuviera plenamente consolidada. Luego aumentaron este error con la huida precipitada y descontrolada de Paso de la Patria. Las trincheras allí estaban entre las mejores de todo el teatro de operaciones y el coronel Thompson, que las había construido, no era el único en pensar que eran impenetrables: si en vez de enviar a sus hombres a pelear a la orilla del río -expuestos al fuego de la flota, donde perdió casi la totalidad del regimiento 20 de caballería y el séptimo de infantería, sin posibilidades de provocar daño material alguno a los Aliados- López hubiera defendido las trincheras de Paso de la Patria, habría detenido quizás a ocho o diez mil aliados, prácticamente sin pérdidas de su lado, y probablemente nunca hubiesen sido capaces de tomar las trincheras(19).

(19) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 133. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. Irónicamente, la táctica que Thompson sugería fue la misma frecuentemente utilizada por los paraguayos en la Guerra del Chaco de 1932-1935; una y otra vez (por ejemplo, en la batalla de Nanawa, en Enero de 1933), los numéricamente superiores bolivianos desperdiciaban sus tropas en infructíferos ataques contra las bien construidas y bien defendidas trincheras paraguayas. Ver: José Félix Estigarribia. “Epic of the Chaco (Marshal Estigarribia’s Memoirs of the Chaco War)” (1950), passim. The University of Texas Press, Austin. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tal vez Thompson, Palleja y otros tenían cierta razón al criticar la retirada del Mariscal. Aún así, los atrincheramientos en Paso de la Patria invitaban a ser flanqueados por varios puntos y estaban dentro del rango de un permanente bombardeo de la flota enemiga. Podrían no haber sido tan seguros como pensaban los expertos.

Al final, el mariscal López merece censura no tanto por abandonar una posición establecida a favor de una nueva línea defensiva como por hacerlo de una manera tan torpe e indisciplinada que por poco le cuesta una completa derrota.

Lo cierto es que la caída de Paso de la Patria proporcionó a los Aliados una puerta abierta. Los 12.000 hombres de Pôrto Alegre pronto arribaron al lugar tras descartar el paso en Encarnación, Apipé o Santa Teresa. Al concentrar estas unidades con las brasileñas, argentinas y orientales ya presentes en Paso, Mitre y sus comandantes podían ahora desafiar los restos del Ejército del mariscal con una fuerza imparable.

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