El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

EL GOBIERNO CONSTITUCIONAL DE BARTOLOME MITRE

A 40 kilómetros de la desembocadura del río Negro, que lleva sus aguas al Atlántico, el puerto de Carmen de Patagones -con 400 habitantes- es, en 1827, la avanzada del país en el desierto. Las salinas próximas y la caza de mamíferos oceánicos le han dado alguna actividad comercial.

Allí reside, desde 1822, don Ambrosio Mitre, de ascendencia gallega y llegado a esas latitudes con el burocrático cargo de Tesorero del establecimiento(1).

(1) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La guerra con el Brasil, que ha hecho de Carmen de Patagones refugio seguro de corsarios que eluden el bloqueo brasileño, incita a la Escuadra del Imperio a intentar un sorpresivo golpe de mano...

Pero la flota brasileña es rechazada; ayudaron, es verdad, los bancos de arena que torcieron las proas enemigas y los vientos adversos que demoraron las velas de los navíos atacantes...

El pequeño Bartolomé, de apenas seis años, testigo de la hazaña, no olvidaría que fue el coraje de paisanos, improvisados combatientes anfibios, la razón fundamental del triunfo.

En Montevideo, a donde se ha trasladado su familia, Mitre es, desde 1836, alumno de la Academia Militar de esa ciudad. Sin embargo, su vocación literaria se evidencia en absorbentes lecturas y en la regular publicación de poesías en la cual figuran, con la más diversificada temática, el amor, la naturaleza, la música, los grandes de las letras (Byron y Cervantes, entre otros), artículos sobre aspectos del teatro, traducción de piezas escénicas (el “Ruy Blas”, de Víctor Hugo).

En 1840, no tiene veinte años, comienza a escribir “el diario de su juventud”; deja ahí anotado:

Mi objeto es enriquecer y perfeccionar mi espíritu, por la costumbre de la meditación y la comparación de los pensamientos”... “La perfección intelectual y moral es la aspiración más noble del corazón humano”.

Estrena su primera pieza “Cuatro Epocas”- drama en cinco actos, y escribe otra: “Policarpa Salvatierra”.

El año anterior ha participado de la batalla de Cagancha; en 1841 contrae enlace con Delfina Vedia. Los relatos del general De Vedia, padre de Delfina, encontrarán en Mitre un indagador curioso de lo mucho que su suegro conoce de esa historia vivida, cuando la Banda Oriental fue invadida por los lusitanos utilizando como pretexto las correrías de Artigas y sus gauchos...

Es Sargento Mayor de artillería en la batalla de Arroyo Grande perdida por Rivera, el aliado de los unitarios antirrosistas (Diciembre de 1842). Cuando en Febrero de 1843 los vencidos hallan en Montevideo, sitiada por Oribe, su mejor refugio, le corresponde a Mitre disparar el primer cañonazo de la ciudad sitiada.

Le nace la hija primogénita. En el mes de Mayo se funda en Montevideo el Instituto Histórico y Geográfico Nacional; Mitre figura entre sus primeros integrantes.

... No son ni argentinos ni uruguayos los habitantes de Montevideo; son los europeos que han tomado posesión de una punta de tierra del suelo americano...
Cubren la bahía sin número de bajeles extranjeros; navegan las aguas del Plata los genoveses como patrones y tripulación del cabotaje; sin ellos no existiría el buque que ellos han creado, marinan y cargan; hacen el servicio de changadores robustos vascos y gallegos; las boticas y droguerías tiénenlas los italianos; franceses son la mayor parte de los comerciantes de detalle.
París ha mandado sus representantes en modistas, tapiceros, doradores y peluqueros; ingleses dominan en el comercio de consignación y almacenes; los vascos -con sus anchas espaldas y sus nervios de fierro- explotan por millares las canteras de piedra; los españoles ocupan en el mercado la plaza de revendedores de comestibles; los italianos cultivan la tierra baio el fuego de las baterías, fuera de las murallas, en una zona surcada todo el día por las balas de ambos ejércitos...
Todos los idiomas viven, todos los trajes se perpetúan, haciendo buena alianza la roja boina vasca con el chiripá...(2).

(2) Domingo Faustino Sarmiento. “Viajes (de Valparaíso a París)” (1955). Editorial Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero este cosmopolitismo -con el cual convivió la juventud de Bartolomé Mitre- no impedía que la lucha llevara a organizar la defensa de tal manera que ella, invadiendo lo doméstico, hace que las armas estén en la habitación y que el soldado con familia sea racionado por el Estado.

... El paseo de la tarde -a falta de alamedas- se hace diariamente por la hermosa calle central de la parte nueva de la ciudad, de treinta varas de ancho y con aceras de cinco en cada costado la cual, partiendo de la antigua ciudadela, va hasta la trinchera actual y conduce al campo que divide las baterías avanzadas y a donde vienen a morir las balas enemigas.
En lugar de líneas de árboles, la hay en la tarde de soldados que acaban de ceder su puesto a la gran guardia que se apresta a salir a hacer su peligroso servicio nocturno en los puestos avanzados.
Las músicas de las bandas militares animan con sus melodías las calladas noches de la ciudad cercada. Por lo demás, el hábito ha hecho a esta población indiferente para con el rumor de los combates, siendo de buen tono no dar señales ni de temor ni de compasión.
Las camillas de los heridos entran en la ciudad sin llamar la atención. El valor de las mujeres se ha ejercitado noblemente en los hospitales de sangre, encomendados desde temprano a la solicitud de una sociedad de señoras y en los que sobre más de seiscientos heridos han derramado el tesoro de consuelos, solicitudes y auxilios.
Oprime el corazón ver por las calles centenares de mutilados...(3).

(3) Domingo Faustino Sarmiento. “Viajes (de Valparaíso a París)” (1955). Editorial Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La participación de Mitre en la lucha cotidiana que libra la ciudad sitiada no lo aleja de lo que esperanzado había escrito en su “Diario de Juventud”.

Montevideo sería, en verdad, la cuna intelectual de Mitre. Y no solamente por todo lo que allí leyó y escribió. Hay un mensaje que nos llega por los interlocutores y no es tiempo perdido cerrar los libros y dejar la pluma, si ello se hace para frecuentar ciertas tertulias...

En Montevideo, Mitre conoció a Garibaldi, quien le transmitió su pasión perdurable por el Dante; en Montevideo conversó con Echeverría, el jefe entonces doliente de la Generación del 37 por él acaudillada; en Montevideo trató a Juan María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi...

Por Montevideo pasó, gritando su orgullo y camino de Europa, el autor del Facundo; allí, en Montevideo, dialogó con José María Paz y con Manuel Derqui... Allí, en fin, Mitre retempló su esperanza en los altos horizontes de la libertad argentina, que contagiaba, lúcido profeta del mañana, la cultura de Florencio Varela...

Es de 1846 cuando publica en el periódico “La Nueva Era” su trabajo histórico: “La Montonera y la Guerra Regular”. Ese mismo año asciende a Teniente Coronel.

Un movimiento revolucionario lo obliga a abandonar la ciudad. El decreto que simultáneamente le da de baja del Ejército y le otorgaba el pasaporte, parecía una respuesta sarcástica al último artículo que él público en Montevideo: “Necesidad de la disciplina en las Repúblicas”...

Buscando esa disciplina, emplearía Mitre buena parte de su vida ... El destierro lo llevó a Corrientes, calculando incorporarse al Ejército de Paz; llegó tarde, pues las disidencias de Paz con los Madariaga lo habían obligado a marchar al Paraguay...

Luego Mitre aparece fugazmente en Río de Janeiro y entra en Bolivia. Aquí publicará -en folletín- una novela: “Soledad”; participará en las contiendas civiles bolivianas, lo nombrarán Jefe del Colegio Militar ... Pero no puede haber destino personal estable a contramano del constante altibajo que las contiendas internas desatan en la América española, y nuevas luchas en Bolivia le hacen retomar a Mitre el camino del destierro...

Alternativamente rechazado en el Perú y en Chile, termina sin embargo por anclar en este último país ... En “El Progreso”, periódico de Santiago de Chile que Sarmiento había fundado en 1842, publica poesías y escribe sobre temas administrativos del país hermano...

Por fin, producido el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, deja Valparaíso en Octubre de 1851, arriba a Montevideo e integrando el Ejército antirrosista, participa como Jefe de Artillería en la batalla de Caseros. Tiene treinta años.

Llega en hora para la nueva etapa que se inicia en la República. Lo eligen miembro de la Junta de Representantes y lo designan catedrático de Estadística. El hogar se instala en Buenos Aires. Y aunque las disidencias argentinas no han terminado, los hijos que nazcan no lo harán ya en el destierro...

Urquiza ha vencido en Caseros y, aceptando la realidad de los Gobiernos hasta entonces devotos de Rosas, celebra con ellos el Acuerdo de San Nicolás. Firma ese Acuerdo -en representación de la provincia de Buenos Aires- el gobernador designado por Urquiza, don Vicente López y Planes.

Mitre es en la Cámara de Representantes, durante los debates, una de las figuras destacadas en la oposición al Acuerdo. Inspira esta actitud el recelo de que se hayan delegado a Urquiza demasiadas atribuciones ... Dispuesto a no demorar sus planes de organización constitucional, Urquiza -para acallar la oposición- decreta resoluciones drásticas: a las 24 horas del debate, Mitre ha sido dado de baja del Ejército de la Confederación y a las 48 horas se dispone su destierro ... La Cámara es disuelta y en los primeros días de Julio Montevideo lo ve llegar a Mitre nuevamente como exiliado...

Esta vez, sin embargo, lo será por poco tiempo ... En Septiembre, apenas se ha alejado Urquiza para Santa Fe donde deberá reunirse el Congreso Constituyente, una revolución -que estalla y triunfa el día 11- define el violento enfrentamiento de Buenos Aires con el vencedor de Caseros. La Legislatura disuelta se reinstala y Mitre, otra vez en Buenos Aires, reanuda su actividad de legislador y de periodista.

Pertenece precisamente a Mitre la redacción del “Manifiesto de la Legislatura”, que se envió a dos Gobiernos del Interior ... Pues, “no conforme con recobrar su autonomía, Buenos Aires no ocultaba su propósito de ser ella -y no Urquiza- quien organizara al país...

Reinstalada en el goce de su soberanía provincial y reivindicados sus derechos conculcados, la provincia de Buenos Aires se ha puesto de pie, con espada en mano, dispuesta a repeler toda agresión, a sostener todo movimiento en favor de la libertad, a combatir toda tiranía, a aceptar toda cooperación y a concurrir con todas sus fuerzas -después del triunfo- a la grande obra de la Organización Nacional”.

Pero la insurrección de Septiembre de 1852, frente a la cual Urquiza decidió no intervenir, pronto encontró una fuerte oposición en la campaña de la misma Buenos Aires y una fuerza militar, comandada por el coronel Hilario Lagos, descontenta con el Gobierno porteño, inició el sitio de la ciudad. Mitre participó activamente en la defensa y en esa ocasión protagonizaría un episodio nada común:

Se encontraba Mitre el día 2 de Junio de 1853 en los Potreros de Langdom (en las cercanías de la actual Plaza Constitución), en compañía de sus ayudantes, observando desde su caballo las fortificaciones enemigas, cuando lo sorprende un fuerte fuego de artillería que recibe de frente, hasta que una de las balas disparadas por las tropas de Lagos lo tocó directamente ... dio en la escarapela del quepis y percutió en la frente a través del paño, que no fue perforado por el proyectil.
Aunque amortiguado el efecto del impacto por la escarapela y el paño, la contusión fue violenta. Rompió la piel y fracturó el frontal, hundiendo un fragmento en la cavidad craneana”, explica un experto cirujano.
Era una herida grave y, sin embargo, el coronel Mitre quería seguir a caballo la lucha pero, al notar la cantidad de sangre que salía, se apeó ‘para morir de pie como los romanos’”.

El doctor Hilario Almeida, sin anestesia ni otras precauciones técnicas de que disponía, extrajo el hueso que apretaba el cerebro.

Así se salvó de la muerte inminente, como lo diagnosticó el doctor Irineo Portela, médico y cirujano. Ante el dolor de la operación, dijo Mitré: ‘Ustedes me tratan peor que el enemigo’, y se desmayó.

Una semana después le fueron extraidas las últimas esquirlas, pero le quedó un agujero en la frente que poco a poco se cubrió de una membrana. La cicatriz tenía forma de estrella. Su frente quedó muy sensible. Desde entonces usaba sombreros blandos, preferentemente un chambergo, el cual llegó a ser tan habitual que, en su capilla ardiente, lo colocaron junto a su uniforme militar(4).

(4) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esa herida en la frente se nos ocurre hoy un símbolo de la vida que el país argentino y Mitre llevarían todavía largos años: la violencia destructora de la guerra, haciendo peligrar los planes de quienes se desvelan en busca de razones...

Se ahondan las diferencias; con la ausencia de Buenos Aires, las trece restantes provincias de la Confederación aprueban la Constitución Nacional y se instalan en Paraná, como capital. Urquiza no es ya el “Director Provisorio”, sino el presidente constitucional...

En las divergencias entre Buenos Aires y la Confederación, aunque Mitre aparece identificado con Buenos Aires, sería injusto olvidar que cuando la provincia segregada se dictó su propia Constitución, Mitre la objetó. Entendía que la provincia no podía considerarse un Estado y consiguientemente Buenos Aires carecía de las bases legales para legislar acerca de sus límites y sobre ciudadanía, asuntos éstos privativos del Congreso Nacional.

Vencido en la Asamblea que no atendió sus objeciones y aprobada la Constitución Provincial (Abril de 1854) Mitre, por razones de disciplina, creyó de su deber obedecerla.

En el Estado de Buenos Aires Mitre sigue alternando sus actividades políticas, como miembro de la Cámara de Representantes, con el periodismo y la milicia... Reconocido en el grado de Coronel en Octubre de 1853, ya había sido en 1854 Inspector General del Ejército cuando, en Enero de 1855, es designado ministro de Guerra y Marina.

El Bartolomé Mitre que en Montevideo, empinándose sobre su fraternidad de poeta y sobre sus apenas dieciséis años, aseguraba en un artículo -lúcidamente profético- sobre Echeverría, que el “autor de ‘La Cautiva’ ha demostrado que es capaz de hacer una revolución literaria” ... ese Mitre, ahora debe ocuparse de cañones y fusiles para la guerra civil... ¡Signo de los tiempos!

Que no era la guerra su vocación íntima lo testimonia una página del historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna quien, recordando su encuentro con Mitre en el Buenos Aires de 1855, escribiría:

La última vez que lo había visto en Chile había sido en uno de los Cuarteles de San Pablo, donde un mismo destino de persecución nos retenía, y entonces, sin embargo, Mitre sólo hablaba del porvenir, de su fe en las ideas, de la justicia y de la santidad de la causa liberal de la América del Sur, única que podía rehabilitarla...
Bartolomé Mitre es un modelo. Si la América del Sur tuviera hoy día veinte hombres como él, la regeneración política de sus Repúblicas no se haría esperar largo tiempo en inútiles combinaciones.
Lo que la América necesita es convicción, honradez, conciencia política, no talentos astutos ni pasiones de partido que todo lo apagan o lo extravían porque no tienen por base la moral y la virtud.
En 1855 Mitre estaba en todo auge de su popularidad en Buenos Aires, y veíamos su retrato en todas partes, y todos pronunciaban su nombre de mandatario, no con ese respeto maquinal que inspira la autoridad, sino con la afección y el entusiasmo que nace de los hombres distinguidos por lo que son en sí mismos.
No abandonaba él ese aire modesto y reservado y un tanto distraido que le mereció en Chile (el país clásico de los sobrenombres, porque los hijos heredan los de su padres, y si su abuelo ha sido tuerto lo llaman a usted el tuerto tal ... sin más ni menos) el apodo, con que luego lo bautizaron los santiaguinos, del jote(5) Mitre.
En Buenos Aires, Mitre se acercaba más a este símbolo, porque andaba vestido como un verdadero jote, con un ‘frac’ azul todo raído, los mismos pantalones con que hacía sus campañas en la pampa y un sombrero de lana redondo a lo Garibaldi, que le tapaba la frente hasta las cejas.
En esta postura lo encontrábamos cuando se dirigía por la mañana al Ministerio.
Vimos también al coronel Mitre en su casa, varias veces, al lado de su joven esposa, persona de gran belleza y de los más distinguidos modales, hija del general oriental Vedia, y mientras la media docena de chicuelos que componen la familia del señor Mitre retozaba en la alfombra de su modesta y exigua sala de recibo, conversaba él con nosotros de Chile y de la América.
Es hermoso oír a este joven que se ha criado entre las balas, que fue hijo de un militar, que tuvo dos hermanos inmolados con las armas en la mano en las murallas de Montevideo, y que acaba de llegar de las pampas donde ha dejado de jefe de fronteras a otro hermano, el comandante Emilio Mitre; es hermoso oírle deplorar los males que la América del Sur debe a las armas.
‘Ya estamos hartos de glorias militares -decía-; ya no necesitamos probar la bravura de nuestra herencia, porque hemos estado medio siglo con las armas en la mano embistiéndonos los unos a los otros. Al contrario; los guapos son la ruina de este país ... y el peor mal de nuestras revoluciones armadas no está tanto en las ideas que engendran ni en el orden de cosas que dejan tras sí, sino en los hombres que levantan’. ¡Y esta última verdad tiene un alcance histórico inmenso!(6).

(5) Jote: en la significación de abandono y falta de garbo.
(6) Benjamín Vicuña Mackenna: “La Argentina en 1855”. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aunque en Mayo de 1857 deja el Ministerio de Guerra, es en nombre del Ejército que Mitre pronuncia, en Agosto de ese año, un discurso para recibir los restos repatriados de Bernardino Rivadavia.

Lo alude como al “último representante de nuestra grandeza militar”; “poseyó el secreto de hacer invencibles las intrépidas falanges de la República Argentina”...

Y porque Mitre mide, conscientemente, todo lo que ha destruido la anarquía y la tiranía, le hace al primer presidente un balance consagratorio: “Sin Rivadavia; sin los materiales de reconstrucción que elaboró su vasto genio con la clara noción del porvenir, la resurrección de la República Argentina habría sido imposible...”.

No era un juicio improvisado por las circunstancias ... Ya para esa fecha y de manera definitiva habían tentado a Mitre los estudios históricos, a los cuales llegó por la más humana de sus rutas convergentes: la biografía. Fusionando el conocimiento de las vidas representativas y los hechos sociales de una época determinada, Mitre publica -en 1857- una “Historia de Belgrano”, primer estudio documentado acerca del creador de la bandera, encarado como personaje prominente de la independencia argentina.

Explicar las causas de esta independencia para mejor desentrañar los caminos del futuro, fue el íntimo deseo de Mitre. Aludiendo a ésto, es que ha podido afirmarse con acierto:

Su obra de político y de estadista brotó de un pensamiento claro, nutrido en el examen de la historia del país, cuyo desarrollo creyó que era necesario orientar y conducir de cierta manera.
Su acción cotidiana se insertó dentro de un plan a largo plazo, que hundía sus raíces en el examen de la realidad contemporánea y en un análisis de los procesos que la habían conformado.
Por eso fue al mismo tiempo, e indisolublemente, un político y un historiador. Estas dos vertientes de su personalidad son inseparables(7).

(7) José Luis Romero. Presentación de la “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” de Bartolomé Mitre (1967). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La Revolución de Mayo: “el hecho más prominente de la historia argentina no ha sido narrado hasta el presente”, afirmaba Mitre en 1858. A un país que iniciaba su marcha de colectividad nueva, impregnada de inmigración, Mitre le señalaba los valores de su pasado.

Salvándole de su presunta orfandad sentimental y doctrinaria, Mitre hizo, con responsables y documentadas constancias, la explicación de un pretérito que debía merecer la gratitud de los argentinos.

Las páginas de esa historia, juzgadas según las concretas condiciones en que ellas se redactaron, deben ser estimadas como un importante instrumento de cohesión nacional... A partir de ese año, esa conjunción del político y del historiador jalonan, disciplinadamente, sus desvelos...

Vuelve a la Cámara de Representantes, y al Ministerio de Guerra; diversificando sus funciones de hombre público, en Junio de 1858 es designado ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores...

La Confederación -que agrupa a las otras trece provincias- ha logrado el éxito de sancionar la Constitución de 1853 e iniciar una marcha que concilia el aprendizaje de la legalidad con los resabios del caudillismo tradicional. Pero su fracaso en el terreno económico y financiero es inocultable, y es Buenos Aires, con su activo comercio y su fructífera Aduana, la que mejor sobrelleva la escisión sobrevenida después de la caída de Rosas...

Cuando las relaciones entre la Confederación -presidida por Urquiza- y Buenos Aires derivaron hacia la lucha armada, Mitre comanda las fuerzas de esta última, derrotadas por Urquiza en Cepeda (Octubre 23 de 1859); Mitre consigue, sin embargo, salvar una buena parte del Ejército vencido, embarcándolo en San Nicolás.

Cepeda obliga a iniciar negociaciones entre las partes y ellas conducen a la aceptación de un Pacto, el de San José de Flores. La llegada de Derqui a la presidencia de la Confederación, sucediendo a Urquiza (Febrero de 1860) y la elección de Mitre como gobernador constitucional de Buenos Aires, efectuada por el Senado y la Cámara de Representantes de la provincia (2 de Mayo), abren perspectivas halagüeñas: los días de la unificación nacional parecen muy próximos ... ¿Los contactos personales no acelerarían ese anhelo colectivo..?

Si los hombres dirigentes se tratan, las palabras tolerantes pueden reemplazar a las imprecaciones; los agasajos a los desafíos, el humo de los cigarros plácidamente saboreados al de los cañones que entran en batalla ... Por eso, pensándolo así, Mitre cree ventajoso -para escenificar la concordia iniciada por los Pactos de San José de Flores- invitar a Urquiza y Derqui para conmemorar juntos en Buenos Aires el 9 de julio de 1860, el aniversario de la Independencia proclamada en Tucumán...

Las esposas de los tres mandatarios agregaron al encanto de su juventud, la emulación de sus toilettes... Un solemne Tedeum, un gran desfile, un suntuoso banquete, todo es fraternalmente compartido. Tan fraternalmente que, cuando Urquiza, el vencedor de Caseros y Cepeda, muestra una espada es para hacer de ella un obsequio destinado a Mitre...

La masonería contribuye con sus ritos, sus símbolos y sus jerarquías a aproximar a estos hombres que expresan, con su coincidente presencia en Buenos Aires, haber hallado el camino de la concordia para avanzar por él...

Sin embargo, la violencia desatada en San Juan, con episodios sangrientos acerca de cuyas causas y consecuencias los hombres de Buenos Aires y de la Confederación no coincidieron, hizo reanudar las divergencias... Rotos los puentes del anterior entendimiento pacífico, otra vez se volvió a las batallas...

Como en Cepeda, las tropas de la Confederación -al mando de Urquiza- y las de Buenos Aires -al mando de Mitre- se enfrentaron de nuevo. Esta vez, sin embargo, ya se habían producido entre Urquiza y Derqui desavenencias... Y Urquiza no quiso, desalentado, continuar en Pavón, en Septiembre de 1861, después del inicial contraste, una posible resistencia.

Se volvió a Entre Ríos, mientras Derqui, tras algunos esfuerzos por hallar en Córdoba elementos bélicos, concluía por desistir y abandonar el cargo de presidente de la Confederación.

De ahí que considerando en receso al Gobierno Nacional, Mitre se encargara de él provisoriamente (Febrero de 1862). Lo hizo en su carácter de gobernador de la provincia de Buenos Aires.

El desarrollo de estos acontecimientos quita sorpresas a que poco después, el mismo Mitre resultara presidente de la Nación, elegido por el Congreso que, con representantes de las catorce provincias, se había instalado el 25 de Mayo en Buenos Aires. Pero la Legislatura Provincial había rechazado el proyecto de federalización de todo el territorio de la misma autorizando, que la ciudad fuera capital provisoria de la República y en ella pudieran, por cinco años más, residir las autoridades nacionales(8).

(8) Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires, el 26 de Junio de 1821. Ejerció la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1862 hasta el 12 de Octubre de 1868. Falleció en Buenos Aires, el 19 de Enero de 1906. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 2do. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Para la vicepresidencia de la República se eligió al doctor Marcos Paz que, nacido en Tucumán, había sido gobernador y senador nacional por esa provincia.

Y como el estadista no olvida a la historia, merece recordarse que ese mismo año Mitre ha inaugurado, el 13 de Julio, la estatua de San Martín(9) y adoptado las providencias para una eficiente organización del archivo que debía preservar los documentos testimonios del pasado colectivo.

(9) En El Retiro, actual plaza San Martín. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No es exagerado afirmar que el país, cuya presidencia iniciaba Mitre, vivía en una desoladora intemperie institucional y administrativa...

No había Poder Judicial; recién cinco días después de asumir el cargo, se creaba la Suprema Corte, calculando “... la grande y benéfica influencia que ella está destinada a ejercitar en el desenvolvimiento de nuestras instituciones como poder moderador...”.

Prueba de equilibrio, superando a Cepeda y a Pavón, Mitre designa para la Corte a hombres integrantes, en su mayoría, del elenco que actuara en la Confederación presidida por Urquiza.

No existía ese mínimo de legislación que regula y encuadra las relaciones sociales; se había dictado poco antes el Código de Comercio, pero debió encararse la redacción de los Códigos Civil y Penal cuya elaboración, lógicamente, demoraría unos años...

Para poner en marcha el aparato administrativo del Gobierno, no podían calcularse las viejas dependencias del Fuerte; las necesarias oficinas se instalaron en las casas particulares de los ministros y cada uno de éstos atendió así sus respectivas carteras...

En cuanto a los recursos financieros, sólo la ironía podría llamar Tesoro Público a lo revelado por el primer inventario que ofició de testimonio: una onza de oro falso, un peso de Córdoba falso y una moneda boliviana que -sin duda- por solidaridad con sus cofrades, también era falsa...

Pero esta realidad no obedecía a un hecho policial; si el Estado carecía en ese momento de recursos, la culpa era de las guerras, de las luchas civiles y de la anarquía.

Se desconocía la existencia de una organización educacional. Las escuelas primarias, que según la Constitución dependían de las provincias, cumplían a la buena de Dios ... Correspondió a Mitre encarar la enseñanza secundaria y tiene profunda significación el nombre de Colegio Nacional dado a los establecimientos que debían impartirla pues, organizado el primero en Buenos Aires -sobre la base del tradicional Colegio de San Carlos- los otros cinco funcionaron en otras tantas provincias.

Costeados por la Nación, con planes de estudios fundamentalmente idénticos, estaban previstas las becas que debían adjudicarse a los alumnos pobres, características todas que contribuirían a crear, en las nuevas generaciones, una conciencia destinada a olvidar los viejos y enconados localismos...

Desde la presidencia, Mitre debió afrontar conmociones tan frecuentes en el Interior del país, que ha podido estimarse que durante el período de su mandato -entre 1862 y 1868- se produjeron en las provincias 117 insurrecciones, muriendo en 91 combates, más de 4.700 ciudadanos.

Los más graves trastornos resultaron de los originados por las montoneras, expresión de sociedades rurales acosadas por el atraso y la miseria, que adquirían jerarquía política tras banderas de inoperantes rebeliones. El jefe más destacado de estas montoneras fue Vicente Peñaloza, el “Chacho”, cuya influencia desbordaba a La Rioja, su provincia natal.

Soldado de Lavalle en la lucha antirrosista, obligado por ello a desterrarse en Chile, la documentación lo muestra -en 1862- en curiosos altibajos: de humilde aceptación de pequeñas sumas de dinero y vestuarios que recibía del Gobierno Nacional y con desinterés personal le permitieron atenuar las apremiantes necesidades de sus partidarios ... O en desafiante protesta armada, invocando -sin fundamento- el nombre y el apoyo de Urquiza para una cruzada federal que calculaba de proyecciones nacionales...

Desautorizando el “federalismo” del “Chacho”, una nota solidaria de varios gobernadores de provincias vecinas se dirigieron a Mitre protestando contra las actitudes sediciosas del caudillo y señalándole responsable de la guerra civil que desataba en el Interior.

Esto puso fin a las negociaciones que, obedeciendo al presidente, cumplían los jefes militares de las fuerzas nacionales, para obtener del “Chacho” una solución pacífica. Se inició una lucha armada que venció al “Chacho” y lo tomó prisionero en una guerra que, según reconoció el propio Mitre, incurrió en el exceso de darle muerte sin someterlo, cual correspondía, a la justicia a la que tras rendirse se entregó indefenso.

Como la totalidad de los hombres de la organización nacional, Mitre creía, y con razón, que los ferrocarriles podrían contribuir a efectivizar la unidad política, en la medida que ellos, al achicar distancias, vincularan las provincias y promovieran la economía del Interior...

Le correspondería pues a su Gobierno concretar el tendido de los rieles que, claro está, debían ser también un factor decisivo en el transporte de los inmigrantes y en la consiguiente colonización. El Ferrocarril Oeste, cuya inauguración había compartido Mitre en Agosto de 1857, continuaba siendo apenas algo más que un elemento de tracción urbana...

El 26 de Mayo de 1863, el Gobierno de Mitre firmaba un contrato para la constitución de una sociedad anónima que, bajo el título de Ferrocarril Central Argentino, debía construir y explotar, por “locomotivas a vapor”, un ferrocarril de una sola vía, que partiendo de la Ciudad de Rosario termine en la Ciudad de Córdoba, “según la traza presentada por el ingeniero Dn. Allan Campbell, en 1855”.

Se trataba en efecto de concretar el proyecto, que en esta última fecha había encarado Urquiza. El contrato firmado daba una garantía del 7 % sobre el capital invertido, concedía tierras que alcanzaban a una legua de cada lado de la línea, además de tres leguas cuadradas en Rosario y Córdoba, libertad para importar equipos y herramientas sin pagar impuestos durante cuarenta años, etcétera.

La compañía por su parte debía transportar gratuitamente el correo, tropas militares a media tarifa; se exigía que ella tuviera domicilio legal en la República Argentina y se eximía a los directores de notificar acerca de las reuniones que los accionistas tuvieran en el Reino Unido. El domicilio legal efectivo resultó sin embargo Gran Bretaña, sin que este cambio fuera objetado...

La concesión fue realizada con William Wheelwright, “uno de los grandes hombres de negocios del siglo XIX. Su imaginación abarcó los océanos y su ambición comprendió continentes enteros.

Originario de Massachusetts, llegó por primera vez a América del Sur como patrón de barco. Luego había organizado con banqueros londinenses importantes empresas de navegación marítima(10).

(10) H. S. Ferns: ‘“Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966). Ed. Solar Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Como empresa, el ferrocarril no mostró resultados organizativos halagüeños... Para completar el último tramo, el Estado debió comprar 17.000 de las 80.000 acciones emitidas y las adquiridas por el Gobierno lo fueron libres de dividendos, hasta que los accionistas privados hubieran recibido el 7 %.

De manera que el Gobierno venía a aportar 1/4 del capital sin derecho a compartir, quién sabe hasta cuándo, los posibles beneficios...

Se habían otorgado demasiadas facilidades para empezar algo que en definitiva suponían para el porvenir, responsabilidades que no figurarían en el haber de la comunidad argentina...

Iniciadas en 1865, las obras del Ferrocarril Central Argentino se concluyeron en 1870, dentro del plazo estipulado ... Mitre ya no preside la Nación. Pero recoge la experiencia suscitada por el contrato firmado por su Gobierno y encuentra en esa experiencia argumentos para fundar la necesaria rectificación...

Lo hizo desde su banca de Senador por Buenos Aires, que ocupaba a partir de Mayo de 1869, en oportunidad que el Gobierno de Sarmiento proyectaba entregar, a una empresa privada extranjera, la construcción del puerto de Buenos Aires.

En el debate que ocupó varias sesiones del Senado, en Septiembre de ese año, señaló Mitre:

... se quiere subordinar el interés general al interés particular, haciéndolo a éste dueño de posiciones en que, una vez establecido, costará desalojarlo, porque el interés privado aplicará toda su energía y toda su inteligencia, no a ensanchar el círculo de la prosperidad pública, sino a acrecentar sus ganancias y a perpetuarse en su posesión...
Todo nos dice y nos enseña que una vez que el Estado ha enajenado el derecho de explotar -en nombre y en el interés de la comunidad- aquellas obras públicas destinadas al bienestar general, el egoísmo particular se ha apoderado de ellas, lo ha convertido en un derecho y ha teorizado sobre él”.

Y Mitre encontraba, más allá de las fronteras argentinas, en la propia Inglaterra, el ejemplo demostrativo de un país que pugnaba por rescatar los ferrocarriles de manos de las empresas privadas...

Cuando con el transcurso de los años las tierras que cruzaba el ferrocarril se valorizaron; ya se había producido -en 1872- una transferencia de ellas a una compañía de tierras que logró, por pequeñas cantidades, las 500 leguas cuadradas concedidas como un subsidio al ferrocarril...

En una apreciación panorámica de las empresas similares a la fundada por Wheelwright, ha podido afirmarse:

... En verdad, en la Argentina el capital privado y sujeto a riesgo comenzó a predominar en las inversiones cuando ya no había más riesgos. Mientras hubo verdaderas incertidumbres los inversores esperaban que el Gobierno argentino los sostuviera(11).

(11) H. S. Ferns: ‘“Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966). Ed. Solar Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Rectificaciones como las de Mitre sólo son posibles en quienes ejercen el poder vacunados contra la codicia. En Enero de 1869, ante escribano público, se había consignado “... que don Bartolomé Mitre había descendido a la vida privada en condiciones modestas, por la exigüidad de las retribuciones con que la Nación recompensa todos los servicios, sin distinguir los que implican o simbolizan la abnegación de los ciudadanos que le consagran la plenitud de sus facultades...”, por lo cual sus partidarios, mediante una suscripción pública, le obsequiaban la casa que habitaba como inquilino...(12).

(12) Convertida actualmente en “Museo Mitre”, ella fue hasta hace poco sede de la Academia Nacional de la Historia. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Diciembre de 1869, en carta particular, Mitre escribe:

Cuelgo por ahora mi espada, que no necesita mi patria, y empuño el componedor de Franklin”... Alude de ese modo a un trabajo de imprenta: sobre el componedor de las letras, elegidas una a una, forman el renglón... En realidad, anticipa la aparición del primer número del diario “La Nación” que funda el 4 de Enero de 1870 ... En el diario, renglón a renglón, a lo largo de los años, Mitre dejaría columnas y páginas para reflejar su pensamiento.

Escritas u orientadas por él y aunque referidas a las más diversas cuestiones, claro está faltan allí las facetas indispensables en las biografías ... Agreguemos pues algo de su sicología...

Temperamento apacible, la sobriedad lo acompañaba en sus gestos habituales. De la malicia es posible que sólo conociera la dosis mínima; más ingenuo que receloso, cuéntase que un amigo y correligionario, al transmitirle las impresiones suscitadas por una actitud política adoptada por Mitre, le habría dicho:

- “Se piensa, general, que su buena fe, su honradez, han sido sorprendidas”.

Con vivacidad inusitada, respondió Mitre:

- “En una palabra, se piensa que soy sonso”.
- “¡Oh, señor, cómo puede atreverse nadie a...”, protestaba el otro.

Y el general, insistiendo:

- “Sí, sonso, dígalo nomás. La mayor parte de las veces ése es el mejor de los elogios que se puede hacer en nuestro país de un hombre público(13).

(13) Joaquín de Vedia. “Cómo los vi yo” (1954), Editorial Manuel Gleizer, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Era fatalista; cuando la epidemia de fiebre amarilla -en el Buenos Aires de 1871- desató el pánico y la emigración porteña, Mitre no se movió de la ciudad y enfermo sobrevivió a la terrorífica estadística...

Años después, cuando la muerte le llevó tempranamente su mujer y algunos de sus hijos, pudoroso del dolor y de las lágrimas, se ocultó para sollozar... Un fondo de estoicismo le atenuaba los desgarramientos que enlutan, como lo defendía de las euforias exageradas; fue corriente se le desconocieran las carcajadas y que una sonrisa plácida, y en la mirada un poco más de luz, bastaran para registrar su alegría...

La libre navegación de los ríos del sistema del Plata afectaba intereses de cuatro países: Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Razones geográficas explican, sin embargo, que fuera el Brasil el país más interesado en que ella se mantuviera y que el Paraguay no llegara a ser una potencia capaz de imponer obstáculos a la misma.

En efecto, “toda la producción del Estado brasileño de Mato Grosso debía bajar forzosamente por el río Paraguay, es decir, cruzar íntegramente el territorio de este país, y por ende sujetarse a las normas legales que él quisiera imponer”.

El equilibrio, desde luego inestable, existente hasta 1862, se vio perturbado ese año cuando a raíz de la muerte de Carlos Antonio López, el dictador del Paraguay, el poder pasó a manos de su hijo, Francisco Solano. En su lecho de muerte, Carlos Antonio dio a su hijo el siguiente consejo:

Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil(14). El gobernante que fallecía aludía así a que no estaban todavía precisados los límites ni con el Brasil ni con la Argentina.

(14) Efraím Cardozo: “Breve Historia del Paraguay” (1965), Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Por otra parte, sin perjuicio de un incuestionable autoritarismo político, que mantuvo alejado al Paraguay de las luchas internas tan comunes en la América española desde 1810, Carlos Antonio López había logrado para su patria importantes transformaciones económicas: ingenieros y técnicos extranjeros instalaban ferrocarriles y telégrafos, fundaban una industria siderúrgica, etcétera.

No corresponde subestimar la influencia de los factores personales cuando, como en el caso del nuevo gobernante paraguayo, no existían dentro de su país los de posible moderación. Dice a este respecto un historiador argentino:

La guerra era un hecho inevitable, impuesto por la formación mental de López. Cualquier pretexto hubiera sido bueno. General a los dieciocho años, Mariscal de los ejércitos de su patria a los cuarenta o cuarenta y dos, sin haber asistido a una sola batalla -que no las hubo, por entonces, en su tierra- vivía soñando con la gloria militar.
Acababa de pasar dos años en Europa, deslumbrado por la época de oro del segundo Imperio napoleónico, con el brillo rutilante de uniformes, entorchados, condecoraciones y medallas, que él vio con sus ojos en el Palacio de las Tullerías, que solía frecuentar.
En Europa, cumpliendo el objeto de su misión, adquirió armamentos para el Ejército de su país, maquinarias para sus industrias, contrató técnicos para éstas y especialmente instructores militares para sus Fuerzas Armadas.
Cuando heredó de su padre el Gobierno supremo, en la plenitud de su robusta madurez, juzgó que le había llegado la hora largamente esperada. El solar paraguayo de la vieja estirpe colonial resultaba chico para su avidez de grandezas. Un vasto imperio guaraní era la contrapartida natural a sus ojos alucinados del ya fuerte Imperio brasileño.
No son éstas conjeturas alegres. Durante varios meses ‘El Semanario’ -único periódico del Paraguay, por cierto que órgano oficial de su Gobierno- bajo el título de ‘Estudio de las Instituciones Políticas’, preconizó las ventajas de las monarquías como régimen de gobierno en los Estados americanos”.

Y López mismo se preparaba para ceñir la corona. No será ocioso repetir lo escrito por el historiador paraguayo Efraím Cardozo: mandó construir -para servirle de residencia- un palacio de características monumentales, así como un oratorio, también particular, con reminiscencias de Los Inválidos de París, y otras obras de grandiosa arquitectura para los miembros de su familia.

En el vasto salón de baile del Club Nacional se instaló para el presidente un sillón con estrado sobre gradas y bajo dosel, con todo el aspecto de un trono, y se encargó a París una corona que, aunque aparentemente destinada a la histórica Imagen de la Virgen de la Asunción, patrona de la capital, tenía muy poco de religiosa y mucho de imperial con su juego de rampantes águilas.

Y sobre todo, mucho boato y despliegue de arreos militares por todos lados, igual a lo que por entonces se veía en el París de Napoleón III, que tan vivamente había golpeado la imaginación de Francisco Solano.

La ambición cesárea de López lo llevó a aspirar a un casamiento con Leopoldina, la hija menor del emperador del Brasil. Tampoco, en este caso, la afirmación se apoya en conjeturas caprichosas. La prensa mundial se hizo eco de ese proyectado matrimonio y, como lo observa Cardozo, tales versiones no fueron nunca rectificadas por “El Semanario”, siempre pronto para salir al encuentro de infundios y rumores que afectaran al Gobierno del Paraguay”(15).

(15) León Rebollo Paz en “La Nación”, 26 de Junio de 1971. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las guerras civiles de la Banda Oriental entre los bandos “blanco” y “colorado”, complicaron la situación internacional. El primero, necesitado de apoyo en la contienda y buscando lograr a todo trance el apoyo del Paraguay, malquistándolo con Argentina y Brasil, sin pararse en medios, envió a Asunción -en misión confidencial- al doctor José Vázquez Sagastume.

En una de sus cartas a éste, el canciller uruguayo Herrera, del partido blanco, le manifestaba:

Conviene aparentar ante ese Gobierno, serio temor de una inteligencia argentino-brasileña contra el Paraguay, que obraría contra éste después de triunfar en el Uruguay(16).

(16) León Rebollo Paz. “La Guerra del Paraguay” (1965), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

López creyó en ese entendimiento argentino-brasileño contra su país. Decidido a intervenir en favor del bando uruguayo blanco y contrarrestar el apoyo que -sin disimulo- prestaban fuerzas brasileñas al bando uruguayo colorado, inició contra el Brasil las hostilidades, apresando un barco de esa nacionalidad e invadiendo el territorio brasileño de Mato Grosso.

El 6 de Febrero, el Gobierno de Solano López solicitaba permiso al Gobierno argentino para que las tropas de ese país transitaran por la provincia de Corrientes, si la guerra con el Brasil así lo exigiera. Contestada en sentido negativo, dada la neutralidad en el conflicto, el gobernante paraguayo reunió el 18 de Marzo al Congreso de su país “para justifipar una declaración de guerra al Gobierno argentino”.

Y el 13 de Abril de 1865, sin esperar que la nota llegase a conocimiento del presidente argentino, cinco buques de guerra paraguayos aparecieron frente al puerto de Corrientes, atacaron y apresaron a dos cañoneras argentinas, bombardearon esa ciudad y un Ejército paraguayo invadió dicha provincia”.

El conocimiento de estos hechos provocó en Buenos Aires una exaltada reacción y el 17 de Abril Mitre, desde su casa, al dirigirse a la multitud que reclamaba su palabra, le expresa:

Dentro de 24 horas estaréis en los cuarteles; dentro de 15 días en campaña; y a los tres meses en la Asunción”. Ese mismo día, como testimonio de la solidaridad nacional ante la guerra provocada, Mitre designaba Comandante en Jefe de las fuerzas de Entre Ríos al general Urquiza.

El 1 de Mayo se firma el Tratado de la Triple Alianza: Argentina, Uruguay y Brasil, en cuyos considerandos los países mencionados declaraban estar ‘‘persuadidos que la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones, es imposible mientras exista el actual Gobierno del Paraguay, y que es una necesidad imperiosa reclamada por los más grandes intereses, hacer desaparecer ese Gobierno, respetando la soberanía, independencia e integridad territorial de la República del Paraguay...”.

El artículo III establecía:

Debiendo empezar las operaciones de la guerra en el territorio de la República Argentina, o en la parte del territorio paraguayo limítrofe con la misma, el mando en jefe y dirección de los Ejército Aliados queda confiado al presidente de la República Argentina, General en Jefe de su Ejército, brigadier general Dn. Bartolomé Mitre”.

El Congreso argentino le concedió licencia (17 de Mayo) para que se pusiera al frente de las operaciones y, de acuerdo a ello, el 10 de Junio, Mitre delega el mando en el vicepresidente doctor Marcos Paz, y el 17 de ese mes Mitre salió para Concordia, donde estableció su Cuartel General.

En la estimación del desarrollo de la guerra desencadenada por el Paraguay, Mitre había confundido deseos con realidades: la lucha duraría años...

El primer serio contratiempo apareció cuando las fuerzas entrerrianas, a las cuales su situación geográfica les confería lógica prioridad en la lucha, se sublevaron y, desconociendo la tradicional autoridad de Urquiza sobre ellas, desertando de las filas, se negaron a combatir ... Por lo demás, la guerra resultaría impopular en buena parte del país:

Cuando en las plazas públicas los bandos y decretos convocan a los soldados, estos no se presentan y huyen a la selva próxima. Y no es por miedo, pues han nacido y vivido en las batallas, pero es que para ellos el Paraguay es el amigo histórico”.

Las sublevaciones de fuerzas concentradas para marchar al frente se multiplicó y se temió que la guerra civil se reanudara en la Argentina.

La falta de una efectiva coordinación entre los elementos de los tres países, especialmente entre los armamentos navales brasileños y las tropas que combatían por tierra, es otro de los factores que prolongó la lucha.

En fin, pese al fracaso de las iniciales operaciones bélicas dispuestas por Solano López, la Nación paraguaya se identificó a tal punto con su gobernante que ni las derrotas ni la ocupación militar de la capital, la Ciudad de Asunción, permitieron obtener la paz y ésta sólo llegó con la muerte del jefe paraguayo y tras una terrible devastación de ese país.

La prolongada ausencia de Mitre respecto de su cargo de presidente agravó la situación del país. El doctor Marcos Paz, vicepresidente de la República en quien Mitre había delegado el mando, señalaba en carta a Mitre, con la experiencia de casi dos años de actuar en tal carácter, que el Jefe de un Estado no puede abandonar la silla de gobierno por un largo tiempo.

Que “si fuese legislador, prohibiría la salida del Primer Magistrado de mi patria como está dispuesto en casi todos los pueblos civilizados”. Presumía que si el jefe supremo del Imperio del Brasil hubiese abandonado su puesto desde que principió la guerra con el Paraguay, estaba seguro que en este momento el Imperio estaría envuelto en la más cruel anarquía.

Y en esa carta, fechada el 16 de Enero de 1867, el doctor Paz agregaba:

Los pueblos quieren ser mandados por aquél que tiene mejor derecho a mandar. Usted fue elegido canónicamente por el pueblo argentino para gobernar y no para mandar un Ejército”.

Al considerar como muy posible el desborde de la anarquía y que ésta abarcara todo el país, entendía Paz que Mitre debía retomar la presidencia y dejar al jefe brasileño, el marqués de Caxias, el comando del Ejército Aliado...

Mitre contestó que, aun cuando su puesto “como presidente, por regla general era estar al frente del Gobierno, como gobernante tenía otros deberes constitucionales en su carácter de Jefe supremo de la fuerza pública cuando el orden, la seguridad y el honor de la Nación están amenazados”. Tal era su posición en ese momento, pues estaba en el cargo que la Constitución, las leyes y el honor, lo mismo que los compromisos internacionales, le habían señalado.

Recordaba Mitre que la guerra había debido ‘aceptarla como una necesidad imperiosa y cuando él no aceptarla era lo mismo que abdicar el rango de Nación’.
En cuanto a la actitud a tomar para enfrentar la anarquía de las guerras desatadas en algunas provincias por las montoneras, estaba dispuesto a hacer lo que fuera más conveniente, sea quedándose donde estaba, sea pasando a ocupar su puesto, sea adoptando un término medio como el de situarse en Rosario y afirmar allí la bandera de la autoridad nacional(17).

(17) La respuesta de Mitre tiene fecha 24 de Enero de 1867. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A la derrota sufrida por los Ejércitos Aliados en Curupayty, el 22 de Septiembre de 1866, luego de una infructuosa entrevista de Mitre con Solano López el 11 de ese mes, la guerra proseguía. Mitre enfermaba en Diciembre de 1866. Pero no eran vanos los temores del vicepresidente Paz ya señalados y, en Febrero de 1867, Mitre, abandonando al Comando del Ejército Aliado, después de adoptar desde Rosario medidas para sofocar la rebelión, reasumió en Marzo en Buenos Aires, la Jefatura del Estado.

En ese carácter envía en Mayo el correspondiente Mensaje al Congreso de la Nación. En Julio, terminada la rebelión, retorna al Paraguay y reasume el cargo de General en Jefe del Ejército Aliado.

Al aproximarse los comicios que debían renovar la presidencia, uno de sus más representativos partidarios, el doctor José María Gutiérrez, le escribió a Mitre una carta, el 18 de Noviembre de 1867, en la que le informaba acerca de las candidaturas probables.

Reconociendo Gutiérrez que Mitre “no se constituirá nunca en poder electoral, ni tomará iniciativa en el asunto”, no oculta que el candidato de Mitre y del partido liberal debía ser Rufino Elizalde, que desempeñaba en ese momento el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Gutiérrez menciona las otras candidaturas que circulan: Elizalde o Rawson por los mitristas; la de Urquiza o la de Alberdi, por las gentes de la extinta Confederación; la de Alsina, por elementos de Buenos Aires; la de Sarmiento, que aparecía auspiciada por algunas provincias del Interior...

Desde su Campamento en Tuyú Cué, Mitre responde con una extensa carta que José María Gutiérrez hizo pública y que se conoce con la designación de “Testamento Político de Mitre”, aunque esta designación no correspondiera al remitente, que la denominó “su programa electoral”, ni tampoco la llamara así su destinatario.

Mitre no soslaya lo concreto del tema. Al contestar, el 27 de Noviembre, recuerda que su empeño había consistido en preparar al país para una libre elección, “pues para escamotear la soberanía del pueblo, desacreditando la libertad y desmoralizar al Gobierno dándole por base el fraude, la corrupción o la violencia, ahí están sus enemigos que lo harán mejor...
Es preciso, pues, trabajar y triunfar con la verdad de nuestros principios y con fe en ellos y por medios análogos a los fines que nos proponemos, de manera que el partido liberal, teniendo razón de ser, tenga razón de triunfar y de gobernar para bien y honor de todos...”.

Condena moralmente -tildándolas de reaccionarias- las candidaturas de Urquiza y de Alberdi. También a la de Adolfo Alsina, por reputarla fruto espúreo de una liga de gobernadores...(18); “... El testamento, muy bien recibido por la opinión, desazona a los propios partidarios del presidente, esperanzados en que los resortes oficiales se pusieran al servicio de la candidatura de la aprupación(19).

(18) y (19) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las consideraciones de Mitre acerca de los candidatos motivaron ásperas respuestas de Alsina y de Urquiza; también Sarmiento se consideró ofendido por una expresión que lo aludía... Lo innegable es que Mitre no volcó en favor de Elizalde, candidato de su intimidad, el apoyo y los favores que en tales casos suele dispensar el poder y, al facilitar la aproximación de Alsina y de Sarmiento, el denominado “testamento político” terminó posibilitando el triunfo de Sarmiento.

La inesperada muerte del vicepresidente, el doctor Marcos Paz, víctima del cólera (Enero 2 de 1868) y la consiguiente acefalía del Poder Ejecutivo, determinan el regreso de Mitre a Buenos Aires para reasumir la Presidencia y abandonar la Jefatura de los Ejércitos que luchaban en el Paraguay.

Aunque las tropas aliadas ocupan Curapayty -en Marzo- y Humaitá en Julio, la guerra proseguía cuando Mitre recibe, a fines de Agosto, la visita de Sarmiento que, electo para sucederlo volvía de los Estados Unidos. El 12 de Octubre, concluido su período presidencial, entrega a Sarmiento la Primera Magistratura.

La política activa lo recupera eligiendo a Mitre, en Mayo de 1869, senador por Buenos Aires. Participa en los más importantes debates que tienen por escenario a dicha Cámara. Pero ya en Marzo de ese año llega a su poder una primera remesa de documentos del archivo de San Martín que, desde Francia, le han sido enviados por Mariano Balcarce, hijo político del General de los Andes.

La lectura meditada de esos documentos y de otros semejantes y del mismo origen son el punto de partida de la obra a la cual Mitre dedicará muchas de sus horas, alternando así las tareas parlamentarias con las de la investigación histórica y el periodismo. Para esto último ha fundado, el 4 de Enero de 1870, el diario “La Nación”.

Adversario político de Sarmiento, Mitre no dudó sin embargo aceptar, en Junio de 1872, una difícil misión diplomática que le encargara el presidente de la República.

La finalización de la Guerra del Paraguay, cuando las operaciones bélicas llegaron a su término, no significaron -lamentablemente- el fin de los problemas creados por la contienda. En efecto, contraviniendo expresas disposiciones del Tratado de la Triple Alianza, el representante del Brasil, barón de Cootepige, había firmado en Asunción, con el doctor Loizaga, canciller del Gobierno paraguayo, la paz por separado y Brasil continuaba manteniendo en el Paraguay vencido una importante fuerza militar de ocupación.

La Argentina, que generosamente había proclamado por el ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento que “la victoria no da derechos”, envió al Paraguay al doctor Manuel Quintana, quien regresó (fines de 1871) sin lograr una solución.

El enfrentamiento de nuestro país con el Brasil, cuya cancillería gravitaba también en las decisiones del otro aliado, el Uruguay, provocó una tirantez diplomática entre la Argentina y el Gobierno carioca, que bordeó la guerra. El diario “La Nación”, en la edición del 22 de Marzo, en un artículo editorial que titulaba: “La Guerra con el Brasil”, expresaba entre otras cosas:

Tenemos un coloso que nos amenaza; un enemigo más fuerte que nosotros que ha empezado por engañarnos, que nos va a humillar, que va atacarnos de improviso cuando menos lo pensemos y, reposando sobre nuestros laureles y confiados en nuestra bravura, ni meditamos ni obramos...” “... viendo que no tenemos Ejército, ni Escuadra, creemos que lo que debemos hacer es armarnos hasta los dientes cueste lo que cueste...(20).

(20) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Al clima que la transcripción periodística refleja, debe agregarse que la cancillería argentina había carecido, en las Notas cambiadas con la del Brasil, de la prudencia en el lenguaje que, sin menoscabo de la firmeza en la conducta, hubiera debido presidir las tratativas. Hasta se llegó a considerar tardía e inútil la gestión encomendada a Mitre y éste mismo lo entendió así en un primer momento y rehusó aceptarla (Abril de 1872).

Cuando se le reiteró, en Junio, encargarle de la misión, Mitre aceptó. Y previa la licencia acordada por el Senado, se embarcó el 29 de Junio. La paciencia de Mitre, tanto como su prestigio y habilidad, posibilitaron el éxito de la gestión en Río de Janeiro.

“... Como toda buena operación diplomática, la misión de Mitre se fundaba en mutuas concesiones parciales para alcanzar grandes objetivos finales o evitar, según los casos, futuros y considerables perjuicios.
“Era, pues, un método oscilante de ventajas recibidas y concedidas. Reclamar la desocupación “de las fuerzas aliadas” del territorio paraguayo no era más que un eufemismo, en cuanto lo que debía obtenerse era el retiro de las tropas brasileñas” (a la sazón, Brasil mantenía 3.000 hombres en el Paraguay y una fuerte escuadrilla de guerra, mientras que la guarnición argentina llegaba escasamente a los 300 soldados).

Como corolario de todo ello, la parte argentina aparecía concediendo graciosamente su reconocimiento a los Tratados Cootepige-Loizaga.

“En cuanto a otras ulterioridades, la Argentina aspiraba a que la desocupación militar brasileña incluyera la isla del Atajo de Cerrito, territorio incuestionablemente nacional. La ocupación militar de esta isla no sólo era un problema de soberanía (su posesión le aseguraba a Brasil la desembocadura de los ríos Paraguay y Paraná), sino de defensa de intereses comerciales, puesto que los brasileños habían iniciado un activo contrabando mediante tres sistemas: exportando mercancías desde el Uruguay con destino aparente a Corumbá o al Paraguay, pero desembarcándolas en el Cerrito; haciendo despachar mercaderías desde el puerto de Buenos Aires; o desviando las ya transbordadas, y sacando efectos del Paraguay con el propósito oficial de abastecer a la población de la isla, cuando en realidad la mayor parte de aquéllos se hacía bajar subrepticiamente en la extensa y desierta costa del río Paraná y se negociaba en los pueblos correntinos sin pagar los correspondiente aforos”.

“Con esta misión, Mitre evitó la guerra argentino-brasileña; hizo volver a Río de Janeiro el espíritu del Tratado de la Triple Alianza; obtuvo la devolución de la Isla del Cerrito; logró la desocupación brasileña del Paraguay, evitando así un protectorado extraño y peligroso sobre un país limítrofe; y consiguió que Brasil no apoyara a Paraguay y a Bolivia en presuntas reivindicaciones territoriales que violaban la soberanía argentina”.

“Para todo esto -prosiguió el doctor Alonso Piñeiro- cuatro grandes potencias mundiales intervinieron a favor de la paz sudamericana y, con inequívoca inclinación hacia la Argentina, el pabellón nacional flameó en lo alto de la Escuadra norteamericana anclada en Brasil y el Gobierno de Su Majestad Imperial se deshizo en excusas ante Bartolomé Mitre, enviado extraordinario y plenipotenciario de la República Argentina en la Corte de San Cristóbal”(20).

(20) Dr. Armando Alonso Piñeiro. Disertación pronunciada en el Museo Mitre, el 31 de Julio de 1972, según transcripción de “La Nación” del día siguiente. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

De nuevo en Buenos Aires (Enero de 1873), fue enviado al Paraguay con la intención de llegar a un acuerdo definitivo del Tratado de Paz que fijara los límites argentinos con ese país. Llegado a la Asunción (Abril de 1873) diversos factores, entre ellos la inestable situación interna del Paraguay, el apoyo que esa nación recibía del Brasil, la indebida intromisión de Bolivia y las desinteligencias entre Mitre y la cancillería argentina, en cuanto a fines y procedimientos, malograron en lo fundamental la gestión y Mitre estaba de regreso en Buenos Aires el 11 de Septiembre de ese año(21).

(21) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Desde Mayo de 1873 diversos pueblos de la provincia: Mercedes, Chascomús, San Vicente, San Isidro, etcétera, proclaman a Mitre candidato a la presidencia para suceder a Sarmiento.

El día 22 de Junio la proclamación se efectúa en la Ciudad de Buenos Aires. Frente a ella, la candidatura de Avellaneda, que hasta Agosto de ese año integraba -como ministro de Educación- el gabinete de Sarmiento cuenta con las simpatías del Interior. Y a tal punto la candidatura de Avellaneda tiene carácter provinciano, que no faltará entre los partidarios de Mitre quien aceptando una supuesta reiterada polarización de provincianos y porteños, sostenga la necesidad de un nuevo Pavón...

La tercera candidatura probable pareció la de Adolfo Alsina, aunque ella era pasible de objeciones constitucionales, dado que el mismo era vicepresidente de la República ... Pero antes que se cuestionara este aspecto, la indudable mayoría de Avellaneda en las provincias en la elección de diputados indujo a Alsina a desistir de su candidatura presidencial y plegarse con sus partidarios a Avellaneda, para lo cual divide al partido nacional y forma el autonomista nacional.

Esta actitud debilita las perspectivas electorales de Mitre y asegura, para la fórmula Avellaneda-Acosta, éste último candidato a vicepresidente propuesto por Alsina, el triunfo en la elección verificada el 12 de Abril: 146 electores para ella y sólo 79 para la de Mitre-Torrent.

Los partidarios de Mitre se sienten burlados y el partido nacionalista se lanza a la insurrección. Pero más que el triunfo de Avellaneda, es el encono entre los “crudos”(22), como se denominaban a los alsinistas”, y los “cocidos”, como se apodaba a los mitristas, la causa del desborde.

(22) “Crudos”, por no haber sido cocidos en las “calderas” del federalismo de Urquiza como lo habían sido los mitristas. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

“Se ha colmado la medida del escándalo”, gritan los nacionalistas. Jamás la exacerbación de los ánimos partidarios toca peores extremos. La gente sale armada a la calle y con cualquier pretexto, las grescas degeneran en tiros y cuchilladas. Los comercios entornan a cada rato las puertas; las mujeres se recluyen medrosas en sus hogares; y los hombres no los abandonan de noche. Se producían verdaderas batallas campales”(23).

(23) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Los comicios de los diputados bonaerenses, verificados el 1 de Febrero, son aprobados en el mes de Julio, adjudicando el triunfo -por escaso margen- a los “crudos” de Alsina... En la elección presidencial de Abril, la fórmula encabezada por Mitre, aunque vencida en el Interior, había logrado el triunfo en Buenos Aires ... De ahí que la elección de diputados bonaerenses se calificara de fraudulenta.

En Agosto de 1874, ante una manifestación de sus partidarios, Mitre había afirmado: “Lo peor de las votaciones legales, vale más que la mejor revolución”. Pero la pasión de sus correligionarios terminaría desbordándolo.

En un Manifiesto puntualizó Mitre que continuaba acatando el resultado de la elección presidencial y consideraba definitivamente eliminada su candidatura a la más alta magistratura; y que lo condenable era lo ocurrido con las elecciones de diputados de la provincia de Buenos Aires, cuya aprobación “excluía a los verdaderos representantes del pueblo”.

Aunque Mitre deslindaba las razones de la insurrección deseada por su partido ella aparecía, ostensiblemente, contra Sarmiento y Avellaneda. Estallada el 24 de Septiembre, Mitre que la encabeza, se despide de los suyos, y se marcha al Uruguay, previa renuncia de su jerarquía militar de Brigadier General.

El Gobierno clausura el día 26 la imprenta que edita “La Nación” y en Octubre lo da de baja como militar.

Partiendo de territorio uruguayo, con un grupo de partidarios desembarca en la desembocadura del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires y se une a las fuerzas sediciosas que en el Campamento de Los Médanos, que comanda el coronel Rivas.

La derrota sufrida en “La Verde” por una división del Ejército insurrecto, vencido por tropas gubernamentales al mando del coronel Inocencio Arias (26 de Noviembre), inducen a Mitre a no prolongar la contienda y capitular ante este jefe, pidiendo garantías para todos sus compañeros menos para él (Junín, 2 de Diciembre de 1874).

El 18 de Diciembre se decreta la formación de un Consejo de Guerra que “juzgaría con arreglo a las leyes militares a los jefes y oficiales que tomaron parte en la rebelión”.

Está preso en la cárcel de Luján cuando (Febrero de 1875) redacta el prólogo o introducción a la “Historia de San Martín”. En la introducción Mitre explicaba: “... sólo tuve en vista la investigación de la rigurosa verdad histórica...” “... sin alterarse el autor por las pasiones o los intereses momentáneos que pasan con los hombres, que nada legan a la conciencia de la humanidad...”.

El 1 de Marzo comienza a publicar esta Historia de San Martín como folletín en “La Nación” que, levantada la clausura, había reaparecido ese día.

Trasladado de la prisión -en el Cabildo de Luján- al Cuartel del Retiro (6 de Marzo de 1875), fue puesto en libertad el 25 de Mayo.

La política de conciliación que, en 1877, con Avellaneda en la presidencia de la República quiere borrar los enfrentamientos provocados cuando la insurrección de Septiembre de 1874, tiene una de sus expresiones al reincorporar a Mitre al Ejército con el grado de Brigadier (Junio de ese año).

El 7 de Octubre “el ministro de Guerra y Marina, don Adolfo Alsina, le devuelve simbólicamente sus despachos militares frente a la estatua de Belgrano en la Plaza de Mayo, sellándose así la conciliación entre los partidos autonomista y nacional”(24).

(24) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El fallecimiento de Alsina, producido poco después, traería variantes importantes a esa política. Mitre, elegido en Mayo de 1878 diputado por la provincia de Buenos Aires, participa en debates sobre las más diversas cuestiones: de límites interprovinciales, problemas financieros, fueros parlamentarios, asuntos económicos, etc. Consecuente con el ideario liberal de su partido, que Mitre sustentaba desde el diario “La Nación”, en la Cámara se opuso (Sesión del 10 de Septiembre de 1879) a la ley aduanera correspondiente a 1880. Disentía así con las tendencias proteccionistas a las industrias nacionales que, iniciadas en 1875, orientaban la política económica del Poder Ejecutivo y del Congreso.

La designación del general Roca para suceder en el Ministerio de Guerra a Alsina dio al nuevo ministro oportunidad de acrecentar, con la “campaña del desierto”, los méritos contraidos en oportunidad de la represión de López Jordán -en 1872- y al vencer al general Arredondo, uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mitre, en 1874.

La candidatura presidencial de Roca, apoyada por las provincias, resultó enfrentada por la del gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, que calculaba también el apoyo de Corrientes. Desde Agosto de 1879 podía darse por concluida la política de conciliación. Otra vez la pasión desbordaba a los partidarios de los dos candidatos.

“Aunque ni Tejedor ni sus partidarios, ni la prensa de ambas tendencias lo mencionaran expresamente, la batalla no era consecuencia de una puja por la sucesión presidencial. Era, en el fondo, el último episodio de la lucha por la conquista de la capital de la República...”(25).

(25) Carlos Heras. “Presidencia de Avellaneda”, capítulo IV, Academia Nacional de la Historia. “Historia de las Presidencias”, volumen 14. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No se ocultaba, en efecto, que los partidarios de Roca calculaban la federalización de Buenos Aires. Mitre se identificó con Tejedor, que intentó resistir disposiciones del presidente Avellaneda. Componente de la Cámara de Diputados, Mitre integró la parte de ella que no aceptó trasladarse -como el Senado- al pueblo de Belgrano, donde Avellaneda instaló la sede del Gobierno Nacional por entender que su presencia en la Ciudad de Buenos Aires era ya incompatible con la rebelión.

Pero más que en el Congreso, Mitre actuó como jefe militar encargado de la defensa de la Ciudad de Buenos Aires, atacada por fuerzas del Ejército Nacional en jornadas que dejaron el saldo penoso de varios miles de muertos y de heridos. Cuando la evidente superioridad de los elementos del Gobierno Nacional hizo razonable negociar la paz, fue Mitre el encargado de encarar la misma.

Juzgando la conducta de Mitre en este proceso ha podido decirse:

“Vencida la rebelión porteña, se reavivó el sentimiento federalista del Interior. Roca era sin duda el exponente de la corriente federal que siempre había resistido la hegemonía porteña y ansiaba cobrarse la revancha de Pavón.
“Por eso Mitre apoyó a Tejedor; defendía su obra y la solución nacional dada en 1862. Permanecía fiel a su programa, consecuente con la acción de casi treinta años, expuesta en el Manifiesto de la revolución del 11 de Septiembre de 1852.
“Hubo, tal vez, error de perspectiva; el problema de 1880 ya no era el de 1852. Entonces se salvaba la unidad nacional; ahora, ésta no peligraba; al contrario, debía afianzarse con el sacrificio de la cabeza de la provincia metrópoli.
“No se produciría el desplazamiento de una oligarquía porteña por otra provinciana, como se ha escrito; el planteo en estos términos es ingenuo. Las fuerzas nuevas representaban otro matiz riguroso del sentimiento nacional; equivocada o no, la “imposición” era una fatalidad histórica como lo fue la resistencia...”(26).

(26) Carlos Heras. “Presidencia de Avellaneda”, capítulo IV, Academia Nacional de la Historia. “Historia de las Presidencias”, volumen 14. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En un balance más personal de la insurrección del 80, cabe señalar que el 9 de Junio, Mitre había sido dado de baja del Ejército...

Hacia 1881-1882 se entabla entre Mitre y Vicente Fidel López una polémica acerca de cuáles métodos debían inspirar el estudio de la historia argentina. Los contendientes, camaradas en la lucha antirrosista, discreparon luego de Caseros cuando se trató del Acuerdo de San Nicolás: mientras López, colaborador directo de su padre, don Vicente López y Planes -firmante del Acuerdo- defendió a éste, Mitre lo había impugnado, en Junio de 1852, desde su banca en la Cámara de Representantes de la provincia.

Pero, aclaremos que ni esa divergencia ni la polémica que ahora recordamos, interrumpieron una recíproca estimación. En especial Mitre insistió en lo impersonal de la disputa y no es exagerado afirmar que por la jerarquía intelectual y la sinceridad con que ambos se expresaron, la polémica honra a sus participantes y a la cultura del país.

Digamos, resumiendo, que Vicente Fidel López, partícipe como Mitre de los ideales de la generación de Echeverría, había ya probado en la novela histórica excelentes condiciones de escritor cuando abordó el estudio del pasado nacional(27).

(27) Ricardo Piccirilli: “Los López (una dinastía intelectual)” (Enero de 1972). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Lo hizo fundamentalmente valido de una tradición oral, recogida en el hogar: su padre, don Vicente López y Planes, podía testimoniar de los sucesos que desde comienzos del siglo, y por muchas décadas, conmovieron al país(28).

(28) Ricardo Piccirilli: “Los López (una dinastía intelectual)” (Enero de 1972). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A esa tradición hogareña, Vicente Fidel López le había dado el cómodo soporte de las generalizaciones filosóficas y el atrayente colorido dramático de su imaginación de escritor...

Impugnando este punto de vista, Mitre -en carta al historiador chileno Barros Arana- ya en 1875, anotaba:

“... el bagaje de López es muy liviano. Escribe la historia según una teoría basada en hipótesis, iluminándose en su camino por ideas preconcebidas, afirmando dogmáticamente, lo contrario de lo que dicen los documentos inéditos que he consultado, incurre en errores gravísimos”.

Estos dos criterios explican la polémica desatada en 1881-1882. En ella reitera Mitre la importancia de una historia documentada: “No es posible hacer alquimia histórica, pues así como sin oro no se hace oro, sin documentos no se hace historia”.

Y aludiendo a su labor:

“Nuestra tarea es la de los jornaleros que sacan la piedra bruta de la cantera y cuando más la entregan labrada al arquitecto que ha de construir el edificio futuro; y en este sentido creemos haber desempeñado en conciencia la nuestra, sin dar a nuestra obra más valor que el que tenga o le den los materiales de que está formada”.

El resultado concreto de estas opuestas actitudes trascendió al de las rectificaciones que se incorporaron a la obra de López. Pues, el criterio de Mitre, al que se adhirieron figuras prestigiosas de la intelectualidad argentina, es el que en definitiva hizo escuela y el que ha orientado a los estudiosos empeñados en investigar el pasado argentino.

Está Roca en la presidencia de la República cuando en Agosto de 1883 se le confiere a Mitre el rango de Teniente General de los Ejércitos Nacionales, y es dado de alta en el Ejército. Sería, sin embargo, breve esta situación; a solicitud de Mitre se le concede, a fines de Noviembre, el relevo absoluto de esa institución.

Ya había efectuado en Abril de ese año una visita a Chile, país al que volvía tras más de treinta años de ausencia; había publicado artículos de carácter histórico: “El libro de Bernal Díaz del Castillo”, sobre la conquista de México; “Recuerdos del Sitio de Montevideo”, etc., y recibido designaciones que lo vinculaban con diversas entidades culturales del país y del extranjero.

En Octubre de 1887 polemiza con Adolfo Saldías, en oportunidad de la aparición de “La Historia de Rosas”, de dicho autor, y en Diciembre aparece su primera edición de “Historia de San Martín”. Ese mismo año publicaba la cuarta edición, que juzgó definitiva, de su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”.

Cuando la presidencia de Juárez Celman, la crisis económica de 1889 y sus repercusiones políticas no lo dejan indiferente. Una novedosa actividad, iniciada por la juventud, agitaba la ciudadanía y maduraba el 13 de Abril de 1890 en un mitin que originaba un partido: la “Unión Cívica”.

De ese mitin, en el cual hicieron uso de la palabra destacadas individualidades: Alem, Aristóbulo del Valle, José Manuel Estrada, etc., participó Mitre, como primer orador. Las nuevas camadas poco lo conocían: hacía más de dos décadas -terminada su presidencia- le había entregado la suprema magistratura a Sarmiento.

Hacía más de quince años, vencido en una insurrección que dirigió para reclamar contra una elección que juzgó fraudulenta, lo habían metido en la cárcel, casi fusilado y, desde entonces, dado de baja, no figuraba en el Ejército. No tenía ningún cargo público, no tenía partido...

La multitud oyó el nombre de Mitre, aureolado ya por la leyenda y, al verlo avanzar, los asistentes, generalizando un gesto de respeto, se sacaron el sombrero. Pero Mitre, a quien los setenta años no le habían quitado su sensibilidad para manejar las multitudes, empezó su arenga con imperativa exhortación que obligó a rectificar ese gesto colectivo: “¡Todos cubiertos menos el orador que se dirige al pueblo soberano!”

Si las primeras palabras habían halagado a la multitud al dignificarla en la cortesía de la postura, una meditada prudencia inspiró el resto del discurso. Prevenido contra el peligro de las improvisaciones, Mitre rehusó el empleo de una probada veteranía en las arengas y leyó un mensaje:

“Conciudadanos:
“No hay necesidad de declararlo; la composición de este mitin y el espíritu que lo anima lo dice: un mitin de oposición popular y de saludable agitación política”, para concluir:
“La misión encomendada a la nueva generación es de lucha y de labor; normalizar la vida pública encaminando al país por las vías constitucionales para conciliar el hecho con el derecho y fundar el Gobierno de todos y para todos...
“Con esta bandera constitucional y estos patrióticos propósitos afirmemos una vez más nuestra decidida actitud de resistencia y de protesta”.

Con posterioridad al mitin del 13 de Abril, se acentuó la intranquilidad pública. La agitación contra el Gobierno de Juárez Celman se alimentaba de una crisis económica y financiera que se expresaba en el muy sensible “termómetro” de la continua y alarmante cotización del peso; al afectar de ese modo a todos los sectores de la población politizaba a ésta en favor de la oposición.

Los rumores de una próxima revolución ganaban la calle y los hogares, cuando se anunció la partida de Mitre para Europa. Antes de embarcarse -lo hizo el 3 de Junio- el Gobierno de Juárez Celman, acaso intentando neutralizarlo en su postura, le acordaba por ley del Congreso el grado de Teniente General.

Pero la visita de Mitre a Juárez Celman para agradecer la distinción fue de simple cortesía y careció de trascendencia... ¿Con esta ausencia calculaba Mitre eludir la jefatura de la revolución que se avecinaba? ... ¿Calculaba incluso mejorar así sus posibilidades a una nueva presidencia..?

Cuesta creerlo ... Mitre no podía ignorar la influencia de Roca y Pellegrini y que sus casi setenta años no lo favorecían para volver a un cargo ejecutivo y absorbente... ¿No era ya Mitre hombre de otra época..?

“Casi todo el equipo de Mitre está en el cementerio”, había dicho Wilde haciendo en la frase coincidir las verdades de la cronología y de la necrología...

Es posible que en ese momento hiciera crisis en Mitre esa convivencia, hasta entonces equilibrada, del historiador y del político ... Tal vez el reposo del gabinete y de los libros le ganaba la batalla al trajinar del hombre público. ¿Lo que había aprendido estudiando el pasado, acaso le hacía ver, sin muchas ilusiones, lo que él pudiera seguir realizando desde el poder..?

Lo concreto es que la insurrección estallada el 26 de Julio en Buenos Aires encuentra a Mitre curioseando -en Alemania- galerías de pinturas y “visitando al ministro de Relaciones Exteriores de ese país que ha manifestado deseos de conocerlo”(29).

(29) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Llega a París, donde es agasajado, y en la antigua metrópoli, desde la cual emprende el regreso, la Real Academia Española, “atendiendo a sus conocimientos lingüísticos, méritos literarios y demás circunstancias recomendables que lo adornan, lo nombra Miembro Correspondiente”(30).

(30) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Marzo, ya en Buenos Aires, recibido con entusiasmo popular, visita a Pellegrini, ahora presidente por la renuncia de Juárez Celman, y a Alem, uno de los jefes de la Unión Cívica y de la revolución de Julio.

Una convención constituida por las dos viejas fuerzas gobernantes (nacionalistas y autonomistas) reunida en Rosario, le ofrece a Mitre la candidatura presidencial. Pero cuando se trató de llegar a un “acuerdo” o alianza con la oposición -representada por la Unión Cívica- surgieron objeciones y protestas pues núcleos importantes de esta última agrupación interpretaron que el “acuerdo” suponía eludir la lucha comicial y quitarle autenticidad al sufragio popular.

Mitre renunció entonces a disputar su candidatura y prestigió la que, apoyada por él, por Pellegrini y por Roca, permitió el triunfo del doctor Luis Sáenz Peña (1892).

En Mayo de 1894, Mitre es elegido Senador por Buenos Aíres, cargo para el cual es reelecto en Mayo de 1901. Su vieja devoción por la historia lo lleva a fundar, el 4 de Junio de 1893, la Junta de Historia y Numismática, origen de la actual Academia Nacional de la Historia.

En 1895 sus “Horacianas” y en 1897 la traducción al castellano de “La Divina Comedia”, certifican sus dotes de humanista.

La celebración, el 26 de Junio de 1901, del octogésimo aniversario de su natalicio, se celebra en todo el país. Declarado feriado nacional, embanderada la ciudad, puesto su nombre al de una calle de Buenos Aires, el desfile de ese día frente al domicilio de Mitre da dimensión de multitud a las miles y miles de personas que se allegaron para verlo, aplaudirlo y escucharlo.

Reiteró entonces su fe en la Nación que había contribuido a organizar y en cuyo pasado habíase internado estudioso para poderlo explicar... Confiaba -dijo- en una Argentina capaz de influir de modo positivo en el porvenir moral de la humanidad...

Laborioso siempre, afirmó a quienes le oían: “Nos queda todavía mucho por hacer y mucho por aprender...”.

Sus últimos años los vivió Mitre en la austera sencillez del patriarca que asesora a los gobernantes y cotidianamente marcha entre sus conciudadanos con espontánea y democrática actitud...

Información adicional