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Marcos Paz, Presidente Provisorio

- A la sombra de la guerra

El protagonismo de Marcos Paz habría de estar dado por un hecho conmocionante, que dejaría secuelas por largos años en toda la región del Plata: la Guerra de la Triple Alianza -conformada por la Argentina, el Brasil y el Uruguay- contra el Paraguay.

Tras la renuncia del general Pedernera, vicepresidente a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, el Congreso de la Nación debió abocarse al tema de la sucesión presidencial.

En esa circunstancia, el Senado no aceptó aplicar el artículo 75 de la Constitución Nacional y, por lo tanto, se negó a designar un presidente provisional que completara el mandato que habían dejado vacante tanto Derqui como Pedernera.

Lo que hizo el Cuerpo Legislativo, en cambio, fue determinar que quien había quedado a cargo del Poder Ejecutivo, que era Bartolomé Mitre, continuara en funciones hasta que el Congreso tomase una decisión definitiva sobre el asunto.

Diferente fue la posición adoptada por la Cámara de Diputados, que se inclinó a favor del cumplimiento a rajatabla de lo establecido por el artículo 75. Ante esta circunstancia, el general Mitre expresó que, de la única manera que continuaría al frente del Ejecutivo sería con el pleno de los poderes, única forma de contar con el suficiente caudal de poder político para manejar la compleja situación de aquel momento.

Por lo tanto, la Cámara Baja resolvió que “el gobernador de Buenos Aires ejercerá las atribuciones anexas al Poder Ejecutivo, hasta que el Congreso Legislativo de la República resuelva lo que corresponda”(1).

(1) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1998), p. 282. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

Así pues, se decidió convocar de urgencia a nuevas elecciones para presidente y vicepresidente. Los comicios tuvieron lugar entre el 27 de Agosto y el 7 de Septiembre de 1862, según la fecha establecida por cada provincia en particular.

En la reunión del Colegio Electoral, Bartolomé Mitre fue elegido presidente de la Nación en forma unánime por los 133 electores que votaron, de un total de 156. Por distintos motivos, hubo 23 que no asistieron.

El cargo de vicepresidente se le había ofrecido a Domingo Faustino Sarmiento, quien no lo aceptó. Por lo tanto, la competencia se dio entre Marcos Paz y Manuel Taboada. Paz obtuvo 91 votos y Taboada 16. La fórmula Mitre-Paz fue proclamada el 5 de Octubre y, una semana después, el 12, asumió el poder.

Declarada la guerra contra el Paraguay, el presidente Mitre tomó una determinación crucial: la de ponerse al frente de las tropas en el mismo campo de batalla.

La controvertida decisión de Mitre tuvo dos motivos: el primero fue que, en aquel momento, no había ningún otro General argentino, con autoridad suficiente, como para ejercer el mando sobre las tropas nacionales que integraban la Alianza; y, el segundo, fue la necesidad de no dejar el mando militar supeditado a las órdenes del emperador, Don Pedro II, del Brasil.

Hizo falta una laboriosa negociación -graficada por la famosa frase del emperador del “eu mando e você fara” (“yo mando y usted procura”)- para llegar al acuerdo que puso a Mitre al comando de las tropas Aliadas.

El 17 de Junio de 1865 el Congreso autoriza al presidente, por ley, a tomar la comandancia de los Ejércitos de la Alianza y a delegar el poder en el vicepresidente Marcos Paz.

Marcos Paz nació en Tucumán en 1813. Se recibió de abogado en 1834 y, en 1838, ya en Buenos Aires, se casó con Micaela Cascallares, hija de un estanciero rico. En paralelo a su profesión de abogado, realizó una carrera militar con poco brillo.

El 16 de Mayo de 1858 fue elegido gobernador de Tucumán. Su gestión allí fue muy controvertida, a pesar de que se levantaron escuelas, una biblioteca, edificios públicos y se organizó un censo. Renunció el 16 de Marzo de 1860.

Fue luego electo Convencional para la reforma de la Constitución Nacional de ese año. Se mudó después a Buenos Aires, en donde se hizo amigo de Mitre.

En 1861, tras la ruptura de las relaciones entre la Confederación Argentina y la provincia de Buenos Aires, Marcos Paz es despachado en una misión diplomática a Córdoba y a San Juan. En la ruta fue detenido por las fuerzas de la Confederación. Se le secuestraron unas cartas que portaba y que le fueron entregadas al presidente Derqui.

Esto dará pie a un malentendido de notables consecuencias políticas. La anécdota es así: Derqui guarda esas cartas en el bolsillo de su sobretodo, al que olvida tras una visita que le hace a Urquiza.

Uno de sus asistentes encuentra ese sobretodo y, en busca de algún elemento que permitiera identificar a su dueño, halla las cartas, las que entrega a Urquiza quien, al leerlas -creyendo que estaban dirigidas a Derqui- se siente traicionado por éste, cosa que nunca le perdonaría y que mucho pesaría en el abrupto final de su presidencia.

Liberado, entre Diciembre de 1861 y Marzo de 1862, Paz realizó una campaña en el Interior que desestabilizó a todos los Gobiernos de cada una de las provincias en las que actuó: en Córdoba -que estaba sin Gobierno- repuso a Félix de la Peña a quien, después, obligó a renunciar. Tras ello, la Legislatura nombró gobernador al mismo Paz, quien luego llamó a elecciones para el cargo, no sin antes prohibir toda actividad opositora.

Pasó a Santiago del Estero y allí cooperó para el derrocamiento del gobernador Pedro Gallo por Manuel Taboada. En Catamarca, hizo nombrar a un nuevo gobernador, de clara filiación unitaria. En Tucumán dio sustento a José Posse, quien desplazó a todas las autoridades; y, por último, en Salta, forzó la renuncia del gobernador e hizo designar a Anselmo Rojo.

Una vez cumplido este raid tan poco democrático, Paz volvió a Buenos Aires.

A principios de 1867 la situación política interna del país acechaba tanto a Mitre como a su vicepresidente. La sombra de un complot en Buenos Aires, más la inquietud en varias provincias, sumada a la “revolución de los colorados” en la región de Cuyo, afligían a Paz.

El vicepresidente, además, se sentía agobiado por la pesada carga de encabezar un Gobierno con un gabinete en el que los ministros Gelly y Costa le complicaban la vida.

En ese marco, Mitre debe regresar a Buenos Aires en Febrero. Se encuentra entonces con la renuncia de Paz. Mitre la rechaza, argumentando que, si bien comprende las dificultades que se le presentan a Paz para gobernar, la Constitución establece el cargo de vicepresidente y sus responsabilidades.

Le exige a Marcos Paz que las asuma ya que él, Mitre, debe continuar al frente de los Ejércitos Aliados. Agrega el presidente que, si el vicepresidente renunciara, habría que nombrar un presidente interino, con las consecuentes complicaciones políticas que ello acarrearía.

El 23 de Junio de 1867 el Congreso rechaza la renuncia del vicepresidente.

De ahí en más, y catalizado por la cercanía de las elecciones presidenciales, hubo un enfriamiento progresivo de las relaciones entre el vicepresidente y los partidarios de Mitre. El asunto que más molestaba a estos últimos, y que más sospechas les generaba, eran las muy buenas relaciones que Paz tenía con Adolfo Alsina, gobernador de Buenos Aires, y líder indiscutido del partido autonomista.

Alsina, quien -en lo militar- daba apoyo total a Mitre, tenía con él grandes diferencias políticas. Además, aspiraba a la presidencia.

A este complejo cuadro político se le agregan hechos que molestan al vicepresidente. Es así que, en un artículo de Juan María Gutiérrez en el diario “La Nación Argentina”, se le atribuye a Paz haber dicho que el Poder Ejecutivo no podía quedarse en Buenos Aires sin jurisdicción sobre el municipio.

Paz replica, a través de su secretario, José M. Lafuente, que no había inconvenientes para el Poder Ejecutivo de quedarse en Buenos Aires, y teniendo en cuenta que “preside la Administración de esa provincia un patriota, tan ilustrado como el doctor Adolfo Alsina, que tantas pruebas de deferencia y consideración ha dado al Gobierno Nacional, es de esperar que, por parte de la provincia, le ofrezcan toda clase de facilidades”(2).

(2) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), p. 347. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

Gutiérrez, furioso con la reacción del vicepresidente, decidió iniciar una campaña en su contra. Paz, en consecuencia, ordenó retirarle la suscripción de 200 ejemplares en concepto de publicación de documentos oficiales.

La réplica del diario fue una denuncia por la cual se acusaba a Paz de una compra de terrenos en la zona de Rosario, junto con una campaña para que la Capital Federal se estableciera en la Ciudad de Buenos Aires.

El impacto en la opinión pública fue muy fuerte, ya que “La Nación Argentina” era un medio considerado oficialista. “Jamás el Primer Magistrado había sido objeto de un ataque semejante”(3).

(3) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), p. 348. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

Esto dio pie a una disputa periodística muy dura. Así fue como el vespertino “El Nacional” criticó duramente a “La Nación Argentina”, afirmando que “ningún hombre honesto podría leerla en adelante”(4).

(4) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), p. 348. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

A “El Nacional” se le sumaron “La Tribuna”, “El Pueblo”, “El Porvenir Argentino”, “The Standard” y “Le Courier del Río de la Plata”, que acusaron a Gutiérrez de escudarse en la libertad de prensa para hacer una imputación que, por su carácter de diputado, debería haber hecho en la Cámara Baja.

Paz respondió con calma y dijo que, efectivamente, tenía terrenos en Rosario desde hacía trece años; que su intervención en el Congreso, en relación con la cuestión de la capital, se refería a la opinión -llevada al Congreso- por el doctor Guillermo Rawson, ministro del Interior.

Además, le pidió a Gutiérrez que diera los nombres de los diputados que habían influenciado el voto de él. Finalmente, Paz concluyó que todos los ataques tenían que ver con su decisión de retirar las 200 suscripciones.

Enterado de esto, Mitre, quien era amigo de Gutiérrez, no dudó en apoyar a su vicepresidente:

“No necesito decirle cuánto me ha afectado el intempestivo e injusto ataque que le fue dirigido por la prensa. Los hombres públicos, que nos consagramos al servicio del pueblo, estamos expuestos a estas pruebas, y se necesita serenidad y fuerza de alma para soportarlas, esperando que nuestros ciudadanos nos hagan, en todo caso, la debida justicia.
“No deben mirarse con indiferencia por el propio decoro y por el respeto que se debe al pueblo, pero tampoco deben convertirse en cuestiones de Estado, que afecten más los espíritus y hagan más hondas y rencorosas las decisiones, sobre todo en épocas como la presente, en que todos tenemos que dar pruebas de abnegación y prudencia, en honor y en bien de los altos intereses que nos están confiando.
“Por lo mismo, que el ataque ha sido brutal, su actitud debe ser noble y digna como corresponde al alto puesto que ocupa”(5).

(5) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), pp. 348-349. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

Ante esta situación, Paz planteó el asunto en el Congreso para que éste determinara si correspondía la realización o no de un juicio político en su contra. A esto se opusieron los ministros Elizalde y Costa quienes, tras una ardorosa discusión, en la que no lograron convencerlo al vicepresidente de cambiar su postura, decidieron presentar sus renuncias.

Paz las rechazó, pero los ministros insistieron en lo indeclinable de sus determinaciones. Por lo tanto, y en forma inmediata, el vicepresidente designó a sus reemplazantes: el doctor Marcelino Ugarte -como ministro de Relaciones Exteriores- y el doctor José Evaristo Uriburu, como ministro de Cultura e Instrucción Pública.

Paz comunicó esto a Mitre, agregando que los nombres de los nuevos ministros habían sido sugeridos por los renunciantes. En consecuencia, el presidente no puso obstáculos a tales designaciones.

Con este contexto se llega a Diciembre de 1867. Los albores de la campaña electoral se hacen sentir y, sobre todo, en Buenos Aires.

Rufino de Elizalde acusa a Paz de no dar un solo paso sin el consentimiento de Adolfo Alsina, a esa altura ya jugado por la candidatura de Sarmiento. Ante ésto, el vicepresidente responde negándolo, asegurando la libertad del sufragio (esto era una ficción en aquella Argentina) y expresando que “los esfuerzos de todos deben concentrarse en la más grande de las victorias de la democracia, la libertad del sufragio”(6).

(6) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), p. 352. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

A Marcos Paz le pesa, y mucho, la tarea de encabezar el Poder Ejecutivo en las circunstancias que presentaba aquella realidad. Es así que, en una de sus cartas a Mitre le dice:

“Si fuese legislador prohibiría las salidas del Primer Magistrado de mi patria, como está dispuesto en casi todos los pueblos civilizados...
“Los pueblos quieren ser mandados por aquél que tiene mejor derecho a mandar. Usted fue elegido para gobernar y no para mandar un Ejército”(7).

(7) Archivo del general Mitre, tomo VI, p. 183, citado por Ricardo Levene, en Academia Nacional de la Historia. “Historia Argentina Contemporánea”, volumen I, Primera Sección, capítulo “Presidencia Mitre”, citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1992), p. 608. Ed. Larousse, Buenos Aires. // Referenciado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

Será ésta una de las últimas expresiones de Paz. El 28 de Diciembre amanece muy enfermo. Ha contraído el cólera que, desde las riberas del Paraná, se extiende a Buenos Aires. El deterioro de su salud es vertiginoso.

El 1ro. de Enero de 1868, el doctor Rawson le envía una carta a Mitre diciéndole: “Apenas tengo la esperanza de salvarle la vida”(8).

(8) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1997), p. 352. Ed. Planeta, Buenos Aires. // Citado por Nelson Alberto Castro. “La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos” (2009), Editorial Vergara, Grupo Zeta, Barcelona.

La esperanza no alcanzó. Marcos Paz falleció el 2 de Enero de 1868, en su casa de San José de Flores.

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