El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La Cautiva, doña Jacoba Plaza de Cabral

De Corrientes llevadas un día
en asalto imprevisto a la Patria
fueron cinco matronas cautivas
y después sus niños
que apenas hablaban...

Decidida la lucha retornan
los dos niños y cuatro cautivas
cada una es un año de guerra
y el grupo es la gloria del alma argentina.

profesor J. S. Cabral
(1911-1977) - poeta

- Ataque a Corrientes y comienzo de una odisea

Parece que fue ayer nomás y ya llega la centuria de un hecho que conmoviera la tranquila vida correntina. Seguramente, por aquello que me toca tan de cerca, esos recuerdos que los oyera desde la infancia y que también -hombre ya- lo recordara con mi padre, es que a uno le parece que lo ocurrido ha sido ayer(1).

(1) Material de Jesús Salvador Cabral. “Las Cautivas”. El autor de este escrito es nieto de la cautiva, doña Jacoba Plaza de Cabral, e hijo de don Manuel Cabral (h), “el Cautivito”. // Reproducido por Eduardo Rial Seijo y Miguel Fernando González Azcoaga. “Las Cautivas Correntinas de la Guerra del Paraguay (1865-1869)” (2007). Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes. Ed. por Amerindia Ediciones Correntinas, Corrientes.

Es tan breve el tiempo en medible longitud, que el siglo en lo infinito del vivir del mundo es una hora de inquietudes, agitaciones y hechos relámpagos.

jess salvador cabral
Prof. Jesús Salvador Cabral

- Recuerdo de una cautiva

Es así que doña Jacoba Plaza de Cabral, que toda la vida sufriera las consecuencias de aquella odisea de cautiva durante la guerra del Paraguay entre los años 1865 y 1869, vivía en una vieja casa que ya no existe y que hoy está completamente nueva y es donde vive la familia de don Vicente Seara y su señora Pola Gómez, en ese sitio, entonces calle Libertad, cuando iba a verla (siempre estaba a puerta cerrada), ella me la volvía a hacer cerrar enseguida para que no entraran -me decía- los soldados paraguayos y la llevaran.

No olvido, pese al tiempo transcurrido, de lo que yo me acuerdo; la impresión que me causó esa orden, pues aunque tenía 8 años, me parecía un despropósito eso de aparecer soldados paraguayos allí pero, cuando mi padre, Manuel Cabral (h), me contó lo que yo ignoraba y que por la edad no podía medir la magnitud de su temor, ante los hechos brutales que le tocó vivir y que le repercutía en su mente y que se azoraba ante cualquier ruido fuerte, esa sorna de criatura que tenía al principio, se tornó en curiosidad, en querer saber lo que había pasado.

A los chicos nos gustaba que nos contaran episodios de guerra, de esos hechos dramáticos que impresionaban nuestras mentes, pero la abuela era reacia a recordar esas horas vividas. Había veces cuando iba de tarde y me exigía que le acompañara a rezar el Rosario y luego me convidaba con un chipá o torta de maíz con mate cocido, se ponía más comunicativa pero, de repente, cortando en seco su relato, me miraba fijamente y me decía: “no vayas a contar a nadie, porque si sabe fulana (un nombre de mujer, que supongo ahora, sería una de las carceleras de ellas) ... me va a matar...”, y no había manera de conseguir que siguiera contando.

manuel cabral padre

MANUEL CABRAL (padre)
Esposo de Jacoba Plaza

Parecía que se apoderaba de ella un temor pánico que entonces yo no daba cuenta del por qué ... y yo insistía ... “cuénteme abuelita ... no sea mala. No voy a venir más si no me cuenta”.

Estaba ya en la escuela y mi gran maestra, la señorita Mercedes Sánchez Negrete había despertado en mí tantas inquietudes, que los misteriosos relatos de mi abuela eran para mi un acicate por saber esos episodios que tenían en mi alma, la impresión de relatos fantásticos.

Pero bastaba que le pidiese, para que se callara y hasta se fastidiaba. Ahora comprendo la razón pues tal sería la impresión que había en su espíritu, que no quería relatar cosas ya pasadas, pero que seguramente, para su mente, había corrido hacía poco tiempo, a pesar que de ello hacía ya cuarenta años.

- Pesadilla del cautiverio

Todos los días iba a la casa de mi abuela, sea a la salida de la Escuela Sarmiento donde estudiaba o por la tarde; de repente, como si hablara consigo misma, decía en voz alta lo que pensaba, hasta que se daba cuenta que yo la escuchaba y callaba, pero peor era que yo insistiese, sabía que iba a pura pérdida.

jacoba plaza de cabral

JACOBA PLAZA DE CABRAL
(+ 7/III/1912)

Callado ganaba más, pues cuando menos lo esperaba seguía hablando sobre algún episodio de ese infierno que seguramente fue para ella y las damas correntinas en cautiverio en el peregrinar de esa guerra.

A la incierta luz de mis recuerdos, parecería revivir vagamente algunos de sus relatos sobre el trabajo de todas ellas, del carpido de la tierra para sembrar, de ir a buscar agua a pie para beber y regar las plantaciones. Los tropiezos y penurias para ello.

Luego, cuando ya iba a sazonar lo sembrado, un buen día venía la soldadesca y le quitaban todo y las dejaban con lo puesto y lo poco que podían tener entre manos, y de nuevo a comenzar para no morirse de hambre.

Su preocupación para que Manuelito (mi padre, que tenía 2 años cuando lo llevaron con mi abuela), no se fuera tan lejos de ella en sus jugarretas con la otra niña cautiva (inocentes ellos del drama que vivían sus madres), los dos niños que tuvieron que hacer ese peregrinar -la nenita Carmencita Alsina y Manuelito Cabral- que siempre acompañaban a todas ellas para traer agua. Desde pequeños conocieron los sinsabores de la vida fuera del territorio patrio y en medio de la hostilidad que los rodeaban.

Otro episodio, que seguramente lo tenía grabado en su alma, era cuando se vieron con la necesidad de abrir la fosa para sepultar a doña Toribia de los Santos de Sosa, que murió en cautiverio. Entonces yo no sabía de qué murió, pero cuando se acordaba, seguramente, de esos tristes trances vividos, ella agradecía de todo corazón e iba ante una mesa, convertida en altar, donde tenía un crucifijo, una Imagen y varías estampas grandes, se posternaba y rezaba y rezaba fervorosamente.

No me explicaba entonces ese fervor y la miraba absorto, pero ahora que sé que fue el cólera lo que la llevó para siempre a la señora de Sosa, comprendo ese fervoroso agradecimiento a Dios que la hubiese librado de tan terrible epidemia y así poder volver al terruño, al lado de los suyos, de donde fue arrancada sorpresivamente un día, en una guerra inexplicable.

- Celebración del episodio

Y decía que ya va para una centuria los hechos ocurridos, pues fue el 13 de Abril de 1865 cuando las tropas paraguayas tomaron sorpresivamente a Corrientes y en el mes de Junio del mismo 1865, cuando las patricias correntinas fueron llevadas como rehenes al Paraguay.

manuel cabral hijo

MANUEL CABRAL (h), “el Cautivito”
(1865-1941)

Allí comienza el peregrinaje de las “cautivas” que el escultor Perlotti grabó en el Monumento a Mitre -que se erige en esta ciudad- en el paseo de su nombre y también, en el atrio de la Iglesia de La Merced perdura, mediante el recuerdo de almas nobles, el episodio del regreso que fue para ellas el milagro que Dios y la Virgen hicieron para rubricar en esta generosa tierra correntina, no sólo que selló esta naciente ciudad, sino que la Virgen de La Merced devolvió a estas hijas que, con su sacrificado peregrinar, supieron dejar en la historia de Corrientes el blasón de un estirpe de patricias espartanas.

- Referencias de un homenaje

El año pasado, con motivo de celebrarse el centenario del nacimiento de Manuel Cabral (h) -que fue uno de los cautivos en esa guerra- el eminente profesor correntino, historiador, destacado político, doctor José Antonio González, pronunció en el local de la Asociación Correntina “General San Martín” de Buenos Aires, una conferencia que tituló “Manuel Cabral (h): Maestro y Poeta en el Centenario de su Nacimiento”.

Chico resultó el salón para contener tan selecta y distinguida concurrencia. Los residentes correntinos llenaron el local de la Asociación así como miembros de la Asociación de la Historia, del Museo Mitre, del Jockey Club y para quienes resultó una novedad el relato del episodio de las cautivas, que la historia argentina no la recoge.

- El ataque a Corrientes y destierro de las “Cautivas”

Para eso es interesante transcribir parte de la conferencia del doctor González en lo referente a este acontecer histórico. Dice así:

El 13 de Abril de 1865, fuerzas paraguayas que obedecían órdenes del dictador Francisco Solano López tomaron al abordaje los buques argentinos “Gualeguay” y “25 de Mayo”, fondeados pacíficamente y desarmados en el puerto de Corrientes; hicieron fuego contra la ciudad inerme, a la vez que dos poderosos Ejércitos invadían la provincia.
Uno marchaba por la costa del río Uruguay; otro ocupaba la capital y se internaba en el territorio. Ningún motivo explicaba el insólito atentado. Pero los dictadores entonces y siempre, juegan con los destinos de los pueblos según los versádicos delirios de sus mentes y sus ambiciones desenfrenadas.
¿Por qué esa agresión contra la Nación Argentina y en particular contra la provincia de Corrientes? Acaso, ¿nada separaba y todo unía a Corrientes y Paraguay? Tienen el mismo río, que cambia de nombre pero con el mismo espejo de agua y es el antiguo vehículo de un intercambio activo. Son dos pueblos hermanos, esforzados, valientes, heroicos hasta el sacrificio. La misma fragancia penetrante de sus bosques seculares. El mismo idioma vernáculo, de voces musicales, que en labios femeninos ... azul se divisa detrás del abanico de los rayos dorados del sol en el centro y de noche ... de noche misteriosa, pareciera descender tan bajo, que las estrellas diríase, podían alcanzarse con las manos.
En verdad, nada justificaba la agresión paraguaya y no había existido, siquiera, declaración previa de guerra.
El gobernador Lagraña se dirigió a la Villa de San Roque para organizar la reconquista de la ciudad capital y de la defensa de la provincia. Acudieron los varones más denotados de aquella tierra prodigiosa.
El enemigo interceptó algunos de los mensajes de cariño y estímulo que les dirigían sus esposas. Entonces, como represalia, fueron detenidas ellas en las oscuras salas del viejo Cabildo, con la advertencia de que debían revelar el lugar en que se hallaban sus esposos o, en su defecto, serían desterrados al Paraguay.
Prefirieron ser fieles a su patria y sus maridos y aceptaron con espartana altivez el martirio que les esperaba. En la tétrica penumbra de la noche fueron embarcadas con destino al fortín paraguayo de Humaitá.
Fueron ellas: doña Victoria Bart de Ceballos, esposa de don Alejo Ceballos, rico estanciero que generosamente puso sus ganados para proveer el Ejército del general Mitre; doña Carmen Ferré de Alsina y doña Toribia de los Santos de Sosa, esposas de los coroneles Fermín Alsina y Desiderio Sosa, jefes de las milicias correntinas en armas y director el último de la resistencia opuesta en el asalto y toma de los vapores argentinos en el puerto de la capital; y doña Encarnación Atienza de Osuna y doña Jacoba Plaza de Cabral, cuyos esposos actuaban en las fuerzas del gobernador Lagraña.
Como única gracia se permitió que dos de ellas llevaran sus hijos más pequeños: doña Carmen Ferré de Alsina a una niña de escasa edad y, doña Jacoba Plaza de Cabral, a su hijo Manuelito, que entonces tenía dos años de vida”.

- Un justiciero recordatorio

Hemos de tratar otros puntos de este tema que es para los correntinos un hecho heroico de su historia y que las generaciones de ahora deben recordar, puesto que es una herencia que enaltece y glorifica a un pueblo en sus luchas, sus sacrificios y sus triunfos que son acervos de una tradición y de una vida que no hay que olvidar, pues constituyen páginas de su historia y de frente a aquel acontecimiento que en Abril de 1965 hará un siglo que ocurrió; la sociedad y el pueblo de Corrientes no pueden mostrarse indiferentes.

Existen aún descendientes de aquellas familias que en tanto sufrieron el martirologio de aquella guerra y que hoy, siquiera para los que va, no están, pero sí perduran sus heroicos recuerdos; merecen por lo menos que el histórico templo de La Merced sea el punto de cita para que Corrientes, como un homenaje a aquellas patricias de honrosa estirpe, eleven una plegaria por sus almas, en un solemne funeral recordatorio.

Información adicional