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La batalla de Yataity Corá

El ministro estadounidense en Asunción, Charles Ames Washburn, y otros diplomáticos, podrían igualmente haber fracasado sin importar cómo. Siempre es tentador llenar nuestro análisis de la guerra con cualquier número de oportunidades perdidas de finalizar el conflicto más temprano o, al menos, de evitar sus peores calamidades.

En este caso, sin embargo, carecemos de un claro entendimiento de lo que pensaban las figuras involucradas. Todo lo que sabemos es que tenían que planificar su próximo enfrentamiento.

Un elemento clave de la estrategia aliada era la disposición del ejército de Pôrto Alegre. El alto comando tuvo en algún momento la intención de usar esta fuerza de 12.000 hombres para abrir un tercer frente (después del de Mato Grosso) a través de Encarnación, lo que distraería tropas de Humaitá y, simultáneamente, protegería el flanco derecho encima de Tuyutí. Una revisión del mapa hacía parecer deseable esta misión. Después de todo, esta fuerza de ataque podría golpear contra el punto más vulnerable del enemigo antes que contra su baluarte más fuerte, que definitivamente era Humaitá.

Sin embargo, Encarnación nunca llegó a convertirse en un objetivo militar razonable. Por un lado, Pôrto Alegre era un subordinado bastante díscolo que se erizaba bajo comandos que no fueran de su propio diseño y que desde el principio expresó sus dudas acerca de la conveniencia de tal jugada. Aunque estaba dispuesto a aceptar las instrucciones iniciales de Mitre, no obstante se quejó al ministro brasileño de Guerra por su impracticabilidad.

Muchas canoas y lanchas paraguayas bloqueaban el canal del río en ese punto y suponían un problema real para el paso de su ejército. Aun si se las arreglaba para hacer cruzar todas sus tropas al Paraguay, necesitaría atravesar trescientos kilómetros de supuesto “páramo” abandonado, que proveería muy poco alimento hasta que la vanguardia llegara a Villarrica(1).

(1) Pôrto Alegre -debe notarse- no podía usar la flota de Tamandaré para destruir la pequeña flotilla paraguaya en Encarnación, por la simple razón de que las cascadas, cerca de la isla de Apipé, sólo permitían el paso de embarcaciones de bajo calado al Alto Paraná (salvo en caso de inundaciones); solamente a fines delsiglo diecinueve estos obstáculos fueron dinamitados para abrir el tránsito a barcos mayores. Porto Alegre a ministro de Guerra, 8 de Mayo de 1866, en Augusto Tasso Fragoso. “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), capítulo 3, pp. 61-62. Ed. Biblioteca do Exército, Río de Janeiro; ver también Francisco Doratioto. “Maldita Guerra” (2004), p. 227. Ed. Emecé, Buenos Aires.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esto significaba que los brasileños tendrían que construir depósitos en su retaguardia a medida que avanzaban al Norte y carecían de lo necesario para hacer tal cosa. Además, la línea sugerida de marcha al norte de Encarnación excluía la posibilidad de apoyo naval y casi nada se sabía del terreno y de las fuerzas enemigas que se podrían encontrar en el camino.

Al final, Bartolomé Mitre y los brasileños abandonaron la idea del tercer frente. Pôrto Alegre, cuyas tropas ya se habían enfrentado a los paraguayos en algunas escaramuzas en Misiones, recibió órdenes de avanzar por la orilla izquierda del Paraná hasta unirse con la principal fuerza aliada. Esto no era fácil tampoco y para finales de Junio había llegado apenas hasta Itatí, todavía a veinte leguas de distancia del frente(2).

(2) Periódico “The Standard” (Buenos Aires), edición del 20 de Junio de 1866. La edición del 26 de Julio explicó la lentitud de Pôrto Alegre como resultado del difícil terreno: “... aquéllos que lo culpan, nunca han visto el país que tiene que atravesar”. Pero Edward Thornton, el ministro británico en Río de Janeiro, no admitía estas excusas. En una carta al Secretario Exterior, observó que si Pôrto Alegre hubiera “cruzado el Alto Paraná en Itapúa, podría haber marchado por la retaguardia del ejército del presidente López y cortarle el camino hacia sus suministros y la parte más populosa del país, cuyos habitantes probablemente se habrían declarado contra él [...] es esta aparente ausencia de sentido común lo que hace a uno dudar del futuro éxito de las fuerzas aliadas”. Ver: Thornton a Earl of Clarendon, Río de Janeiro, 7 de Julio de 1866, en George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), 1: 202-3, Londres.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por más que el Comando Aliado todavía no había encontrado la forma de usar las tropas de Pôrto Alegre, los paraguayos no podían darse el lujo de ignorarlas. Así fuera que se juntaran con Mitre o lanzaran un ataque desde una dirección alternativa, el ejército del mariscal debía mantener una fuerte posición en el Bellaco.

Ello sugería a López atacar de nuevo, cualquiera fuera la fuerza disponible, para perturbar el robustecimiento aliado antes de que nuevas tropas alcanzaran los campamentos enemigos. Esto sólo podría demorar lo inevitable o conseguir alguna concesión en la mesa de negociación. En cualquier caso, al mariscal no le quedaba más que esperar lo mejor.

Los paraguayos habían probado las líneas de avanzada enemigas y creían haber encontrado un punto débil en la derecha aliada, cerca de un amplio palmar llamado Yataity Corá. A las 3 de la tarde del 10 de Julio, los hombres de López golpearon este punto con dos batallones de infantería.

El asalto tuvo éxito -por un tiempo- en cortar varias unidades aliadas recientemente arribadas de la provincia occidental argentina de Catamarca. Cerrando filas, los paraguayos dispararon sus cohetes Congreve desde corta distancia e incendiaron el pastizal. Ello colmó el ambiente de tanto humo que se volvió imposible observar las reservas aliadas acercándose desde el sur(3).

(3) El coronel Pallejá, en uno de sus últimos despachos a diarios de Montevideo y Buenos Aires, admitió la superioridad de los proyectiles del mariscal ante cualquier cosa que poseyeran los aliados: “si los paraguayos supieran cómo dirigir correctamente su [fuego] [...] habrían tenido un efecto terrible”. Ver: León de Pallejá. “Diario de la Campaña de las Fuerzas Aliadas contra el Paraguay” (1960), tomo 2, pp. 363-4, (dos volúmenes), Montevideo; y periódico “La Tribuna” (Buenos Aires), edición del 18 de Julio de 1866.

Estas unidades, todas ellas de la infantería correntina, lanzaron una ruidosa ronda de mosquetería que hizo retroceder a los paraguayos en buen orden hasta sus propias líneas(4).

(4) José Ignacio Garmendia. “Recuerdos de la Guerra del Paraguay”, Primera Parte: “Batalla de Sauce - Combate de Yataytí Corá - Curupaytí)” (1890), pp. 124-5. Ed. Peuser, Buenos Aires, afirma que el retiro paraguayo era parte de una maniobra planificada, pero no ofrece pruebas para ilustrar su argumento; ver también, “Triunfo sobre los paraguayos”, recorte no identificado, Tuyutí, 2 de Julio de 1866, en Biblioteca Nacional de Asunción - CJO; el General argentino nacido en Italia, Daniel Cerri, quien presenció la batalla como un joven oficial, más tarde enfatizó que, pese al humo y la incertidumbre, las fuerzas argentinas nunca se replegaron de su línea defensiva original; no importaba que ciertas fuentes paraguayas (en particular, Monografías históricas de Juansilvano Godoi) aseveraran lo contrario. Ver: “El combate de Yataitic”, diario “La Nación” (Buenos Aires), edición del 28 de Abril de 1893.

Las bajas habían sido escasas, principalmente debido a los muchos árboles que protegían a los hombres de los disparos.

Al día siguiente, los paraguayos lo intentaron de nuevo. Esta vez, el ataque vespertino estuvo precedido por un bombardeo de cohetes de 68 libras contra toda la línea aliada. El general Díaz, que había recibido dos heridas en Tuyutí, lideraba la carga en Paso Leguizamón con 2.500 hombres de su lado (cuatro batallones de infantería, un regimiento de caballería y dos unidades de artillería que operaban con los Congreve).

Los paraguayos perforaron el camino hasta la parte principal de las unidades enemigas, pero los cinco batallones argentinos que encontraron en el abierto del Paso presentaron una férrea resistencia. Luego, en medio del humo y el ruido de la batalla, una fuerte tormenta de arena repentinamente vino desde el Chaco. Estas tormentas, que son formaciones normales del fastidioso viento norte, son episodios familiares en el sur del Paraguay y a menudo hacen correr disparadas a sus víctimas en busca de refugio.

En esta ocasión, fueron los argentinos los que comenzaron a titubear. Se podrían haber dispersado completamente de no haber sido por la obstinada resistencia del coronel argentino nacido en Uruguay, Ignacio Rivas, cuya frialdad bajo el fuego impresionó a toda la fuerza aliada ese día.

El general de blancas patillas Paunero, también nacido en el Uruguay, se había apresurado a reforzar las unidades del frente (varias de las cuales estaban integradas por mercenarios italianos) y quería irrumpir en el enfrentamiento. Dado que el sol había comenzado a ponerse, el general se sintió seguro de que los paraguayos no harían nuevos intentos de avanzar. Justo cuando el fuego comenzó a disminuir, a las 19:00, sin embargo, recibió instrucciones de Mitre de lanzar un contraataque.

Paunero tenía poca confianza en esta orden. Sus hombres ya estaban fatigados y no podían ver nada a través del humo, la arena y la creciente oscuridad. Pero igual avanzó con su comando. En unos minutos, lo que había sido un incómodo pero limitado choque, derivó en algo que más parecía un completo caos. Los soldados disparaban sus armas a ciegas hacia el enemigo, a veces hiriendo a sus propios compañeros.

Los paraguayos rociaron la línea argentina con una carga de artillería, pero fueron repelidos. Mitre llegó inmediatamente después con dos batallones y pudo tomar el campo en disputa, sólo para ser atacado aún con más fiereza por Díaz, quien hizo llover bombas sobre la posición argentina. Una explotó a pocos metros del presidente y otra por poco mató al general Flores, que había cabalgado desde el centro para observar la acción.

En ese momento, el coronel Rivas trajo cinco batallones frescos desde la retaguardia, lo que dio a los aliados una ventaja de 11 batallones contra 4 de los paraguayos. Esto pronto probó ser demasiado, incluso para el tremendo luchador que era Díaz, quien dio la orden de retirada a las 21:00. Cuando cesó el tumulto, la mayor parte del campo quedó ardiendo mansamente, iluminado por las agónicas llamas. La batalla de Yataity Corá costó a los paraguayos 400 muertos y heridos, mientras que los argentinos perdieron algo menos de 300, incluyendo tres oficiales(5).

(5) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), volumen 4, p. 91, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción; Flores a “Mi querida Agapa”, Tuyutí, 12 de Julio de 1866, en el Archivo General de la Nación, Montevideo, Archivos Particulares, caja 10, carpeta 13, Nro. 51.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Previsiblemente, ambos bandos se atribuyeron la victoria. Natalicio Talavera, corresponsal de guerra de “El Semanario”, se declaró incapaz de describir el sentimiento de júbilo que había presenciado en el campamento paraguayo: las cornetas, los tambores y las bandas musicales tocaban sus dianas; las aclamaciones, las hurras, el general sentimiento de satisfacción [se palpaba] de unidad en unidad con cada vez mayor entusiasmo. Los batallones marchaban adelante y atrás, tocando su música, haciendo flamear sus banderas [mientras todos] bailaban la galopa [...] por el triunfo(6).

(6) “El Semanario” (Asunción), edición del 14 de Julio de 1866. Ver también, Pompeyo González [Juan E. O’Leary]. “Recuerdos de gloria, 16 de Julio de 1866. Yataity Corá”, en “La Patria” (Asunción), del 11 de Julio de 1902.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En realidad, los paraguayos no deberían haber celebrado. Como observó Thompson, la batalla fue “sólo otra instancia en la que López se debilitó a sí mismo en pequeños combates donde no había ventaja alguna por ganar(7).

(7) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 159. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mitre siguió determinado a no lanzar el peso de su ejército contra las fuertes líneas paraguayas al norte del Bellaco; si Yataity Corá fue un esfuerzo para tentar a los aliados a realizar tal ataque, entonces con seguridad fue un fracaso. Por otro lado, el enfrentamiento demostró la eficacia, bajo ciertas condiciones, de los tan vilipendiados cohetes Congreve, que estuvieron cerca de matar tanto a Mitre como a Flores.

La batalla también mostró cierta vacilación, por parte de los comandantes argentinos, quienes pudieron haber causado una mayor destrucción al enemigo si lo perseguían con mayor determinación. Quizás Paunero tenía razón en querer suspender la batalla cuando quiso hacerlo y, quizás Mitre estuvo errado al desear continuarla después del anochecer. En cualquier caso, una buena cantidad de paraguayos logró escapar.

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