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Afuera con lo antiguo. Adentro con lo nuevo

Los malos presagios con que Flores contemplaba sus opciones, también se observaban en círculos gubernamentales en Brasil. La noticia de la reunión de Mitre con López en Yataity Corá no había sido bien recibida allí y alentó a aquéllos que siempre habían cuestionado la conveniencia de una alianza con la Argentina(1).

(1) Francisco Doratioto. “Maldita Guerra (Nova história da Guerra do Paraguai)” (2002), p. 248. Companhia das Letras, São Paulo; críticos del Gobierno en Pernambuco tuvieron una furiosa reacción ante las noticias de Curupayty y aprovecharon la derrota para lanzar propaganda antimonárquica:
- ¡Y hablan de Rusia! La autoridad [imperial] ha conseguido establecer una pasiva obediencia, ya que las únicas palabras que salen de las bocas de sus agentes son, yo cumplo órdenes. Y a través de tal servidumbre, los brasileños están siendo conducidos a su decapitación [...]. La guerra con Paraguay nos ha costado más de trescientos contos y más de 40.000 hombres, y todavía no sabemos por qué, ya que Su Majestad -según dicen- no quiere la paz.
Ver: “O Tribuno” (Recife), 25 de Octubre de 1866. Ver también, Visconde de Camaragibe a Comandante Militar, Recife, 6 de Noviembre de 1866, en la Biblioteca Nacional, I-3, 6, 10, Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)a” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Además, el fervor nacionalista desatado con las invasiones paraguayas a Mato Grosso y Rio Grande do Sul había amainado. Las odas a las victorias de Curuzú se volvían vacías y prevalecía un claro sentimiento de hartazgo en los cafés de Río de Janeiro(2). Las contribuciones voluntarias a la guerra hacía rato se habían disuelto en el éter de la vida cotidiana y todo hombre que podía ahora evadía el servicio en la Guardia Nacional(3).

(2) Rosendo Moniz. “A Victoria de Curuzú”, en el “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), 6 de Octubre de 1866. Al principio del conflicto, los cariocas se habían congregado a ver representaciones dramáticas en el teatro de São Pedro de Alcantara, que popularizaban la guerra, pero tales representaciones hacía tiempo habían sido olvidadas. Ver: Thomaz de Aquino Borges. “O soldado Voluntário, scena dramática” (1865), Río de Janeiro.
(3) Los reclutamientos habían sido sumamente pobres y había ahora un activo negocio con sustitutos de hijos de las familias prósperas que se enrolaban en la Guardia Nacional a un costo de entre 100 y 150 libras esterlinas por cada sustituto. Ver, por ejemplo, varios avisos en busca de sustitutos en el “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), 5 de Enero de 1867. Adicionalmente, como observó el “Brazil and River Plate Mail” (22 de Diciembre de 1866), “el Gobierno convoca a la Guardia Nacional, pero la guerra no es popular y el pueblo no se muestra inclinado a dejar sus hogares por honor y gloria”. Ver también, “O recrutamento na provincia das Alagoas”, en el “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), del 15 de Enero de 1867; “Relatório apresentado á Assambléia Legislativa Provincial (Espírito Santo) no dia da abertura da sessão ordinaria de 1866, pelo presidente, dr. Allexandre Rodrigues da Silva Chaves” (Vitória, 1866), pp. 4-5; “Soldados de Minas Gerais na Guerra do Paraguai”, en la “Revista de História e Arte” (Belo Horizonte), 3-4 (Abril-Septiembre de 1963), p. 946. Tomás José de Campos a João Lustosa da Cunha Paranaguá, Rio Grande, 1 de Diciembre de 1866, en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, lata 312, pasta 23, Río de Janeiro; y Hendrik Kraay. “Reconsidering Recruitment in Imperial Brazil”, en “The Americas” 55:1 (Julio de 1998), pp. 1-33. En cuanto a São Paulo, previamente una de las provincias con más voluntarios para los servicios de guerra, entre Noviembre de 1866 y Mayo de 1867, de 1.331 de sus hombres enviados al frente paraguayo, solamente 87 eran voluntarios. Ver: Francisco Doratioto. “Maldita Guerra” (2004), pp. 265-7. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Para conseguir reclutas para el ejército regular, los oficiales ahora recurrían a la conscripción forzosa, práctica que un parlamentario de Minas Gerais consideró una excusa de los políticos locales para deshacerse de enemigos personales a través del liso y llano secuestro(4).

(4) Discurso de Evaristo Ferreira da Veiga, 24 de Junio de 1866, en “Annães do Parlamento Brazileiro”, Câmara dos Senhores Deputados (Rio de Janeiro, 1866), tomo 3, p. 238. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La práctica era profundamente impopular, como lo dejó claro un editorial del “O Constitucional” de Ouro Preto:

Sus hijos, sus hermanos, sus parientes, sus amigos, están por ser tomados prisioneros, encadenados, esposados y llevados a montones a la tortura, luego de un viaje prolongado -andrajosos, hambrientos, sedientos, golpeados con palos y látigos- por sus crueles conductores [...].
Después de llegar a la carnicería, si una bala enemiga no pone un caritativo fin a sus sufrimientos, si por si acaso una bala mal apuntada, una espada desastrosamente manejada desgarra su pecho o corta un miembro sin causar la muerte, después de un día o dos de abandono y exposición, será llevado al hospital, donde nadie se interesará, ya sea por la ausencia de un doctor o por la falta de [medicinas].
Si, pese a todos estos martirios, no sucumben, si dejan [el servicio] lisiados y mutilados, ellos le darán su retiro y su comandante [...] declarará que ya no puede ser alimentado por la nación(5).

(5) Citado en el “Anglo-Brazilian Times”, 7 de Noviembre de 1866; el reclutamiento forzoso tenía un efecto terrible sobre muchas pequeñas comunidades en el Interior brasileño a juzgar por el testimonio de Isabel Burton, la esposa del famoso explorador británico, sir Richard Burton, quien visitó la aldea minera de Barbacena más o menos por esa época. Encontró una “especie de lugar más muerto que vivo, con todas las casas cerradas [...] Todos los hombres jóvenes se habían ido a la guerra. No había nadie en los alrededores [...] ningún carruaje más que los coches públicos, con caballos esqueléticos comiendo el pasto de las calles”. Ver: Isabel Burton y W. Y. Wilkins. “The Romance of Isabel, Lady Burton. The Story of Her Life” (1899), tomo 1, p. 281, New York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tales sentimientos eran comunes. Ya no había “hijos ardientes desesperados por gloria” y el brasileño medio ahora consideraba la Guerra del Paraguay como una úlcera péptica, costosa e irritante, si bien probablemente no fatal. La depresión era especialmente notoria en la capital imperial, frecuentemente visitada por soldados y marineros de franco que manifestaban su disgusto y frustración en vueltas de tragos, durante las cuales se preguntaban en voz alta si los líderes podrían alguna vez cambiar el curso de la guerra y cuándo.

Lo mismo se preguntaban algunos estadistas brasileños, ya que las condiciones políticas domésticas acababan de tomar un giro poco auspicioso. Siete semanas antes del desastre de Curupayty, un nuevo gabinete había asumido el Gobierno. Encabezado por Zacharias de Góes e Vasconcellos, estaba compuesto por díscolos conservadores y liberales moderados que se habían juntado en una “Liga Progresista”.

El gabinete se enfrentaba a muchos oponentes. Los liberales radicales -que habían involucrado al Imperio en el embrollo uruguayo en 1864 y quienes aún profesaban el mayor entusiasmo por la guerra- se oponían al Primer Ministro tanto como lo hacían los conservadores de la vieja guardia. Estos se sentían más preocupados por su exclusión del poder que por la prosecución de la guerra. Demasiados asuntos trascendentes, sin excluir el futuro de la esclavitud, requerían urgente atención y la mayoría de los políticos brasileños prefería concentrarse en estas cuestiones antes que en la lucha con el Paraguay(6).

(6) Wilma Peres Costa. “A Espada do Dâmocles” (1996), pp. 222-5, São Paulo; en 1867, en el discurso desde el trono (escrito por el ministro Zacharias) por primera vez se mencionó la esclavitud como uno de los problemas de la nación y se insinuó la abolición como la solución más lógica. Ver: John Henry Schulz. “The Brazilian Army and Politics. 1850-1894” (1973), tesis doctoral Princeton University, p. 98, Princeton. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La figura más significativa que permanecía inalterablemente enfocada en la victoria final era el emperador Pedro II. A principios de Octubre escribió: “Hablan de paz en el Río de la Plata, pero yo no haré las paces con López y la opinión pública está de mi lado; por lo tanto, no dudo de un resultado honorable de la campaña para el Brasil(7).

(7) Carta del 8 de Octubre de 1866, citada en: Roderick Barman. “Citizen Emperor: Pedro II and the Making of Brazil, 1825-1891” (1999), p. 211. Stanford University Press, Stanford. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El que Pedro realmente tuviera o no apoyo en Río de Janeiro sobre el tema de la guerra era irrelevante. La Constitución de 1824 le garantizaba un “poder moderador” que le permitía nominar o remover ministros cuando lo creyera conveniente. Aunque prefería no disolver la Cámara (y ganarse acusaciones de despotismo), el emperador no obstante jugaba un papel esencial en mantener el Gobierno estable.

Debido a ello, ningún político y, menos aún Zacharias, podía permitirse ser “incompatible” con Pedro. Impecable profesor de leyes y legislador conservador de Bahía, el Primer Ministro se consideraba supremamente idóneo para encabezar el gabinete. Pertenecía a la primera generación de graduados de las dos escuelas de leyes del Brasil y era, por tanto, emblemático de la “civilización” que el emperador buscaba llevar al Paraguay. Zacharias tenía, en consecuencia, mucho que probar (y mucho que ganar).

Hasta los 1860, su carrera había seguido un curso ortodoxo. Había servido como presidente de tres provincias antes de asumir una banca de diputado. En 1852, aproximadamente en la época del levantamiento de Urquiza contra Rosas en la Argentina, Zacharias se unió al gabinete como su ministro más joven. Al final de la década, sin embargo, encontró su escalada política bloqueada por líderes conservadores esclerotizados que copaban el Senado.

Le habría resultado más fácil si hubiera tenido una fuerte base personal. La política imperial siempre había operado con sistemas de patronazgos en los cuales los favores y las responsabilidades se podían vender o intercambiar, donde el dinero en sí mismo, aun en pequeñas cantidades, era un factor, y donde se esperaba que los actores políticos respetaran, si no obedecieran, los muchos lazos que los unían con sus clientes(8).

(8) Richard Graham. “Patronage and Politics in Nineteenth Century Brazil” (1990), passim. Stanford University Press, Stanford. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La familia de Zacharias, sin embargo, sólo gozaba de un poder limitado en Bahía y, él no había logrado crear una red de subordinados vinculada a través de favores recibidos. Consecuentemente, su éxito como estadista dependía exclusivamente de retener la confianza del emperador, y era allí donde dirigía sus energías.

Una combinación de resentimiento personal y legítimo deseo de cambio animaba su política; ello explicaba sus esfuerzos por establecer una coalición progresista y todo lo que había alrededor. Tuvo éxito en derrocar al ministro conservador en Mayo de 1862, pero su primer gabinete apenas duró tres días. Un segundo, reunido en 1864, duró ocho meses, pero confirmó el aparentemente inevitable hecho de que Zacharias, de allí en adelante, lideraría todo gabinete que no fuera conservador.

Su selección como senador de Bahía en 1864 (una banca de por vida) fortaleció su posición política todavía más, tanto porque implicaba la aprobación de Pedro como porque lo ponía por encima de las refriegas electorales. Zacharias sabía cómo conservar la gracia del emperador(9).

(9) En 1861, había incluso elaborado un estudio clásico del papel del monarca en el sistema político brasileño, titulado “Da Natureza e Limites do Poder Moderador” (1978), Brasilia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cuando se estableció su segundo gabinete, el Primer Ministro, en contra de su voluntad, se sometió a la demanda del monarca de tomar acciones legales para ir eliminando gradualmente la esclavitud. Una situación similar ocurrió dos años y medio más tarde, cuando la cohesión de su tercer gabinete requería un compromiso para continuar la guerra contra el Paraguay pese a lo que había pasado en Curupayty.

Pedro había insistido en la victoria total como el único “resultado honorable de la campaña” y entonces, una vez más, Zacharias hizo lo que Su Majestad Imperial demandaba. Desde luego, ni un triunfo completo ni una paz improvisada podían alcanzarse con la misma estrategia o bajo el mismo liderazgo militar. Los actuales comandantes brasileños, sus asociados civiles y asesores, habían todos tenido su oportunidad y habían fallado. Octaviano, Pôrto Alegre, Argolo y Tamandaré, además, eran todos liberales y cado uno a su manera había tratado de mejorar la posición de su partido en el Gobierno Imperial, una meta que se había vuelto poco realista después del 22 de Septiembre.

Esto dejaba al margen a Polidoro, el comandante conservador del Primer Cuerpo, quien siempre había sido visto como mejor administrador que oficial de campo. A la edad de 64 años, sufría de neuralgia y recurrente fatiga y les hizo saber a sus oficiales que estaba dispuesto a renunciar al honor del comando supremo(10).

(10) En una carta posterior al ex ministro de Guerra Ferraz, Polidoro delineó los distintos fracasos del comando en Curupayty -cuidadosamente exceptuándose a sí mismo de cualquier crítica- y señaló lo cansado que estaba de todas las malintencionadas “acusaciones”. Ver Polidoro a Ángelo Muniz da Silva Ferraz, Tuyutí, 29 de Octubre de 1866 y 31 de Octubre de 1866 en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, lata 312, pastas 18 y 12, respectivamente; igualmente, Firmino José Dória a Marqués de Paranaguá, Estero Bellaco, 4 de Octubre de 1866, en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, lata 18, pasta 22, Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero, ¿qué General en el ejército brasileño poseía el temperamento para alzarse por encima del infortunio de Curupayty y enfrentar la presente adversidad? Sólo el emperador podía decirlo. Al hacer su nominación, Pedro reconoció que Zacharias, quien alguna vez había planteado limitaciones legales sobre las prerrogativas imperiales, ahora necesitaba que el monarca ejerciera su autoridad.

El doctor Herrera también había visitado el palacio para hacerle saber las opiniones del general Flores, quien igualmente exigía algún tipo de medidas. Pedro nunca dudó de lo que debía hacer. Silenciosamente y sin fanfarria puso sobre la mesa el nombre del único hombre con el prestigio y la experiencia necesarios para liderar las fuerzas imperiales en Paraguay, por encima de Tamandaré y los generales con autoridad sobre las unidades terrestres y navales brasileñas. El nombre que Pedro sugirió había estado, de hecho, en toda discusión de los asuntos militares desde el principio de la guerra: Luís Alves de Lima e Silva, el marqués de Caxias.

- Adentro con los nuevo

Nacido cerca de Río de Janeiro en 1803, Caxias era el vástago de una notable familia fluminense. Ingresó al ejército a temprana edad y participó con distinción en cada campaña en la que estuvo envuelto el imperio. Si la perfecta atención al deber podía en sí misma conferir inmortalidad, entonces la fama de Caxias estaba asegurada.

Era, sin embargo, más que un buen oficial. La diplomacia discreta e inteligente que utilizó para poner fin a la secesión de los farrapos en 1845 demostraba una habilidad que iba más allá de la esfera militar, lo que precipitó su entrada a la arena política, donde siempre pudo hablar con voz convincente. Para los 1850, Caxias era -sin discusión- el General más famoso del ejército, el de mayores recursos y el más capacitado para alcanzar el éxito en cualquier proceso político(11).

(11) Adriana Barreto de Souza, Duque de Caxias. “O Homen por Tras do Monumento (2008), passim, Río de Janeiro. En el primer capítulo del “Sun Tzu Ping Fa”, el sabio chino Sun Tzu observa que “la guerra es un pesado asunto del Estado, el campo que separa la vida de la muerte, el camino que separa la existencia del olvido; no debe ser malentendida”. Si hubiera agregado un conocimiento de chino a sus muchos logros, el marqués de Caxias habría adoptado con gusto este enunciado y lo habría hecho suyo, ya que encapsula perfectamente su visión del conflicto armado. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La apariencia rubicunda y las maneras aristocráticas de Caxias eran lo primero que los extraños notaban en él, pero su carácter era más complejo de lo que sugería su rojizo exterior. Internamente aprensivo, compensaba esta tendencia cultivando una autoexigencia profesional estricta -incluso severa- y un sentido de permanente autosuperación.

El marqués no tenía problemas en aprender de sus subordinados y, en ocasiones, podía mostrarse solícito hacia ellos, aunque le preocupaba caer en errores de cálculo. Si los cometía, antes que perder el control con los hombres a su alrededor, sin embargo, siempre se esforzaba por reprimir su ira y hacerlo mejor en el futuro.

Con los años, su perfeccionismo se manifestó en una impresionante capacidad administrativa, una inquebrantable lealtad al monarca y una profunda competencia militar. En su cerebro, además, había siempre un espíritu rector que le susurraba “control, control, control”. Todo ello lo hacía el mejor candidato para salvar el esfuerzo bélico aliado, el hombre que todos respetaban(12). A diferencia de Polidoro, quien tenía que predicar ante oyentes incrédulos, los argumentos del marqués suscitaban instantánea convicción. Como astutamente había notado el emperador algunos años antes, “creo que Caxias es mi amigo y es leal a mí, especialmente, porque es muy poco político(13).

(12) Incluso los argentinos eran pródigos en sus elogios a Caxias (aunque sospechaban de sus intenciones). El crecientemente antibélico periódico “La Palabra de Mayo” (Buenos Aires), del 4 de Noviembre de 1866, señaló que el advenimiento de este “mesías brasileño” sellaba las viejas políticas imperiales en el Plata. Lo que esto significaba para el “incompetente” Mitre y su Gobierno era dejado a la imaginación de los lectores.
(13) Citado en Roderick Barman. “Citizen Emperor: Pedro II and the Making of Brazil, 1825-1891” (1999), p. 170. Stanford University Press, Stanford.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

De hecho, el marqués se inclinaba a veces a dudar de la utilidad de los partidos políticos como tales y, en cambio, compartía con otro eminente soldado, el duque de Wellington, la creencia de que “el Gobierno del rey debe continuar” sin importar cómo. Su padre había sido un regente cercano a aquéllos que habían fundado el Partido del Orden, por lo que no sorprende que las conexiones familiares de Caxias, su visión general y su defensa del statu quo lo alinearan con los conservadores(14).

(14) Comunicación personal con Jeffrey D. Needell, Gainesville, 11 de Octubre de 2007. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por un tiempo, en 1856, había incluso servido como Jefe del Gabinete conservador. Lo mismo hizo una vez más en 1861, sólo para ver su partido derrocado por los progresistas de Zacharias. Este giro había decepcionado y turbado al marqués, quien esperaba que el emperador disolviera la Cámara de Diputados para apoyarlo. También fortaleció su identificación con el partido Conservador, que se mantenía en la oposición, cuando comenzó la Guerra de la Triple Alianza.

Caxias no había encontrado razones para que el conflicto le hiciera modificar su opinión sobre el gabinete de Zacharias, al que no le tenía la más mínima simpatía. Por lo tanto, si bien reconocía la necesidad de una campaña concertada contra López, se abstuvo de participar en la campaña paraguaya en sus etapas iniciales. Un año antes, los progresistas habían evitado que asumiera la presidencia de la provincia de Rio Grande do Sul. Además, estaba molesto por el hecho de que Zacharias le hubiera dado la cartera de Guerra a Angelo Moniz da Silva Ferraz, un hábil político al que el marqués detestaba.

La derrota en Curupayty, sin embargo, cambiaba las cosas. Aun cuando Caxias era sólo un año más joven que Polidoro, nadie podía poner en duda su vigor físico, su compromiso con la causa ni su idoneidad para el comando. La designación del marqués, no obstante, ofrecía pocos beneficios inmediatos para Zacharias y sus colegas. Dadas las lealtades partidarias, la nominación implicaba admitir a un disidente en el castillo del poder.

Que Don Pedro urgiera su nombramiento, de alguna manera lo hacía más digerible para los progresistas, quienes se identificaban como guardianes del emperador, pero era una decisión difícil de todos modos. Ferraz no era solamente un aliado político de Zacharias, sino también su pariente y mejor amigo. Pese a ello, le pidió al ministro de Guerra realizar un acto patriótico y este no lo dudó un instante. Renunció al ministerio a principios de Octubre de 1866 y fue posteriormente ennoblecido como barón de Uruguaiana(15).

(15) Ver Jeffrey D. Needell. “The Party of Order. The Conservatives, the State, and Slavery in the Brazilian Monarchy. 1831-1871” (2006), pp. 240-1. Stanford University Press, Palo Alto; comunicación personal con Roderick Barman, Vancouver, 12 de Octubre de 2007. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El nuevo ministro de Guerra, João Lustosa da Cunha, inmediatamente alineó sus políticas con las de Caxias. Habiendo hecho una penosa concesión, Zacharias envió al marqués una evocadora petición que acentuaba el mismo llamado a un acto patriótico y de deber al emperador que había utilizado para apartar a Ferraz. Caxias no podía rehusarse. Se reunió con varios ministros del gabinete para garantizar su apoyo futuro a cualquier estrategia que él pudiera contemplar en el frente.

Luego, ataviado en su uniforme, se embarcó al Paraguay. Como presagiando los desafíos que lo esperaban, al paquete francés “Carmel”, en el cual partió, se le rompió el motor y tuvo que ser remolcado de nuevo al puerto, obligando a Caxias a reembarcarse en otro buque(16).

(16) “New York Times”, 1 de Diciembre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

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