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Un dilema para los paraguayos

Uno podría pensar que el triunfo en Curupayty llenaría de renovada confianza a las tropas del lado paraguayo. Efectivamente, por varios días, cada pueblo de la República celebró la victoria. Hubo juegos, canciones, carreras de niños, discursos de felicitación al mariscal y su gloriosa causa, fuegos artificiales y un considerable consumo de alcohol. Hubo bailes en Humaitá, en los que los soldados participaron con sus recientemente capturados uniformes argentinos y brasileños, con los bolsillos llenos de objetos tomados como botín(1).

(1) Los primeros soldados paraguayos en alcanzar los campos de muerte en Curupayty se sirvieron de todo lo que pudieron encontrar, escarbando entre las túnicas y pantalones del enemigo y luego escondiendo su botín en sus ponchos. Esto no engañó a nadie y sus oficiales luego ordenaron a todos los hombres deshacerse de los objetos. Se quedaron con lo mejor para ellos y distribuyeron el resto entre los soldados que no tenían nada. Así, posteriormente se podían encontrar kepis aliados, raciones, mochilas, hebillas, sables, “varios cientos de rifles Liege en buena condición” y toda clase de enseres personales esparcidos entre las filas paraguayas. Thompson afirmó que batallones enteros de paraguayos estaban vestidos con uniformes aliados. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 181-182. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los oficiales habían prometido victoria y ahora ella había llegado. El Semanario celebró el hecho con irrefrenables aplausos. Los soldados habían visto los resultados de la derrota aliada con sus propios ojos. Con seguridad ello significaba que mayores éxitos se avecinaban. Pero el tremendo logro de las armas paraguayas solamente contaría si el balance político en el Plata se volcaba fundamentalmente contra los aliados. Y nadie podía estar seguro de que ello iba a ocurrir. El número de heridos y enfermos continuaba creciendo y era difícil para el mariscal reemplazar a esos hombres(2).

(2) En el campamento de Cerro León, cuatro oficiales y 2.110 soldados estaban heridos o enfermos a principios de Diciembre (cuarenta y cuatro habían muerto la semana previa). Y éste era sólo uno de los alrededor de doce hospitales llenos de discapacitados. Ver Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 2 de Diciembre de 1866, en Archivo Nacional de Asunción-NE 1733. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por lo tanto, el buen humor en Humaitá y otros campamentos paraguayos fue efímero, y el temperamento al norte de la línea pronto se disipó en la misma sombría resignación que caracterizaba a los soldados aliados del lado opuesto. La mayoría de los paraguayos eludía escrupulosamente cualquier conversación indiscreta o muestra de animosidad, ya que tal conducta llevaba invariablemente a un castigo por parte de los guardias, Acá Verá de López o de sus muchos espías, o pyrague, en el campamento(3).

(3) Las autoridades paraguayas trataban con dureza cualquier muestra de derrotismo o inclinación a la deserción. A principios de Noviembre de 1866, el comandante de Humaitá reportó el caso de una seguidora del campamento que evidentemente se había enamorado de un desertor y estaba planeando fugarse con él a San Juan Bautista cuando el plan fue descubierto. La mujer fue arrestada y reciamente interrogada. El desertor escapó hacia los esteros y aunque sus perseguidores encontraron varios refugios que había dejado, el hombre no había sido aún capturado. Ver: Comandante de Humaitá al ministro de Guerra, Humaitá, 3 de Noviembre de 1866, en Archivo Nacional de Asunción-NE 2408. Los que eran hallados culpables de deserción eran -por lo general- sentenciados a cuatro rondas de golpes por parte de 100 hombres y, si sobrevivían, recibían cuatro años de trabajos forzados con grillos y cadenas. Por ejemplo, ver: Proceso a Simón Aquino, Pilar, 30 de Enero de 1865, en Archivo Nacional de Asunción-SJC 1843, Nro. 1; Proceso a Florencio Godoi, Villa Franca, 9 de Abril de 1866, en Archivo Nacional de Asunción-SJC 1796, Nro. 10; y Proceso a Ildefonso Guyraverá, 15 de Noviembre de 1866, en Archivo Nacional de Asunción-SJC 1796, Nro. 9. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Había, desde luego, muchas dudas no expresadas. Los veteranos de guerra se daban cuenta, desde antes de fines de 1866, de que las potencias aliadas prevalecerían sin importar qué hiciera el mariscal. Pero a esas alturas ya no había nada que pudiera evitar el desastre, y la noción de sus obligaciones tampoco les permitía tomar ningún otro camino que no fuera la obediencia. Sus prospectos de éxito eran limitados.

La escasez de mano de obra sólo podía ser aliviada recurriendo aún más a la decreciente población adolescente y los paraguayos tenían reservas mínimas de todo lo necesario para continuar la guerra. Las cargas cada vez mayores sobre la gente del campo exacerbaban su descontento.

Siempre habían tenido una vida difícil, pero no estaban acostumbrados a tanta presión externa. Podría ser necesaria una coerción todavía mayor para mantener la disciplina entre estos civiles y entre los soldados. Los resultados de tales medidas nadie los podía adivinar.

En un importante sentido, el logro paraguayo en Curupayty había tenido un efecto perverso. Confirmó la creencia de López de que la guerra era una disputa de voluntades, en la que la enorme ventaja material de los aliados apenas si importaba. Con perseverancia y coraje, todavía podía ganar.

Esta suposición, a la que se aferraba obstinadamente, proporcionó un cariz de tragedia griega a la guerra. Todos se encaminaron tozudamente hacia el desastre, pese al callado reconocimiento entre muchos paraguayos de que la lucha no tenía posibilidades de éxito, independientemente del vigor de su resistencia. Excepciones a este sentimiento existían, pero eran pocas(4).

(4) Un desertor paraguayo, el capitán Dolores Paiva, había huido a través del campo posterior a Cerro León, hasta el sur de las líneas aliadas a principios de Noviembre de 1866; llevó noticias de que el ejército del mariscal se estaba disgregando y de que el tirano había perdido el prestigio del que gozaba entre los paraguayos. Esta afirmación, aunque claramente expresada en tono serio (mechada con comentarios acerca del amor a la libertad y el respeto de la causa aliada) estaba destinada a decir a sus captores uruguayos lo que querían oír. Ver: Enrique Castro a coronel Simón Moyano, Tuyutí, 30 de Noviembre de 1866, en AGNM, Archivos Particulares, caja 69, carpeta 9, n. 6. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los soldados del mariscal no tenían intención de evadir sus deberes ni después de Curupayty ni en el futuro, y si se los llamaba a pelear con piedras, garrotes y bodoques, así lo harían.

Por ahora, tales conjeturas estaban puestas a un lado. Más cerca de la acción, los hombres podían solamente ver lo que ocurría en su vecindad inmediata y, en la acción, tal perspectiva era todo lo que se podían permitir.

Ciertamente, los soldados paraguayos tenían mucho que hacer en ese momento. La trinchera en Curupayty, que se había completado apenas unas horas antes de que comenzara el asalto, estaba ahora siendo ensanchada y extendida, y el parapeto y la banqueta, elevados. Los hombres se ponían cascos de cuero y se ubicaban a la vera del parapeto para mantener sus líneas de fuego despejadas en caso de un ataque aliado.

También construyeron nuevas trincheras y abrieron un camino para suministros en el monte y alrededor del carrizal desde el Fuerte principal de Curupayty hasta Sauce, una distancia de casi 30 kilómetros, a pesar del clima, el terreno y la fatiga. Asimismo, instalaron varios mangrullos y una línea telegráfica, que mantenía la comunicación de los Cuarteles centrales de López en Paso Pucú con Asunción y las posiciones de vanguardia(5).

(5) Las operaciones telegráficas paraguayas se habían expandido desde 1864, cuando la primera línea se abrió entre Villeta y Asunción. El ingeniero jefe detrás del proyecto era un alemán, Robert von Fischer Truenfeldt, en cuyas manos las líneas de telégrafo llegaron a alcanzar una escala impresionante en el país. Sus esfuerzos, y los de sus asistentes paraguayos, permitían a López mantener contacto simultáneamente con el frente, la capital y todos los principales campamentos militares en Paraguay. Para más detalles, ver: Robert von Fischer Treuenfeldt a Francisco Solano López, Asunción, 26 de Mayo de 1864, en ANA-CRB I-30, 5, 12, n. 2; von Fischer Truenfeldt a Venancio López, Asunción, 25 de Agosto de 1864, en ANA-CRB I-30, 19, 170; Von Fischer Truenfeldt a ministro de Guerra, Asunción, 1 de Diciembre de 1864, en ANACRB I-30, 21, 167-78, n. 11; “El Semanario” (Asunción), 25 de Junio y 9 de julio de 1864; Eliseo Alfaro Huerta, “Documentos oficiales relativos a la construcción del telégrafo en el Paraguay”, en: Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación, 3 (Octubre de 1943), pp. 2.381-2.390; y, más generalmente, Benigno Riquelme García, “El primer telégrafo nacional, 1864-1869”, en: “La Tribuna” (Asunción), 13 de Junio de 1965. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El cónsul británico en Rosario, Thomas Hutchinson, observó que el sistema telegráfico paraguayo tenía más que una lejana similitud con el operado por Napoleón III durante sus campañas en Italia -un telégrafo ambulante, hecho de cables, baterías y polos de bambú, suficientes para cubrir circuitos muy amplios(6). Fue un emprendimiento impresionante, demostrativo una vez más, de la adaptabilidad a circunstancias difíciles que caracterizó los esfuerzos paraguayos durante la guerra.

(6) Thomas J. Hutchinson. “The Paraná, with Incidents of the Paraguayan War and South American Recollections, from 1861-1868” (1868), p. 306. Edward Stanford, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El coronel Thompson y los demás ingenieros extranjeros trabajaron hasta bien entrado el año 1867 y construyeron una serie de defensas aún más elaboradas. Thompson era un flemático inglés a quien le disgustaba la teatralidad de sus asociados paraguayos, quienes no gustaban de él tampoco, pero usualmente se las arreglaba para hacer las cosas a su modo debido a que el mariscal abiertamente apreciaba sus esfuerzos.

En tiempo y forma, los ingenieros terminaron 12.000 metros de trincheras, la mayor parte de 3 metros de profundidad, con parapetos reforzados con resguardos de enramadas y pesados rollos de lapacho. Como las baterías estaban ubicadas en amplios intervalos, los soldados simulaban cañones en los espacios intermedios con troncos y cueros, con lo que lograban engañar a los oficiales aliados a cargo de las patrullas de reconocimiento(7).

(7) Albert Amerlan. “Nights on the río Paraguay. Scenes of War and Character Sketches” (1902), pp. 89-90. Traducción del alemán al inglés de Henry F. Suksdorfj, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los paraguayos también experimentaban considerables problemas con el agua que se filtraba desde los esteros(8). Al final, cuando Thompson completó la vasta obra defensiva, unió los dos conjuntos previamente separados de trincheras en Sauce y Curupayty, que ahora formaban un inmenso rectángulo protector de más de 60 kilómetros de largo. Los aliados lo bautizaron “Cuadrilátero” y tuvieron varias oportunidades de conocerlo durante los dos años siguientes(9).

(8) Ver Hermosa [?] a ministro de Guerra, Humaitá, 24 de Noviembre de 1866, y 5 de Diciembre de 1866, ambos en ANA-NE 2408.
(9) El término “cuadrilátero” derivaba evidentemente de la línea de ciudades fortaleza que habían guarnecido a las provincias italianas de los Habsburgo, en los 1850. Richard Burton tuvo la oportunidad de examinar de cerca el cuadrilátero paraguayo en Agosto de 1868 y compilar considerable información sobre él, del ingeniero polaco Robert Chodasiewicz, quien trabajó tanto para el ejército argentino como para el brasileño durante la guerra. Ambos hombres coincidían en que la construcción de la línea había sido un error estratégico, pero estaban impresionados al mismo tiempo por su extensión. Ver: Burton, Richard (1870). Letters from the Battle-fields of Paraguay, pp. 351-62. Tinsley Brothers: Londres.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Habiendo demostrado su maestría en el barro, la piedra y las ramas, el coronel Thompson dirigió su atención al agua. Sus hombres primero represaron el canal norte del Bellaco, lo que inundó el área adyacente y la hizo intransitable, a no ser a través de puentes de tabla que podían ser destruidos rápidamente. Luego cavaron una acequia para dirigir el agua hacia las viejas trincheras de Sauce, con una compuerta para inundarlas en caso necesario(10).

(10) Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), pp. 155-156. Greenwood Press, Westport, Connecticut. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El mariscal comprendía que troncos camuflados, torpedos y canales inundados, sólo podían proporcionar una seguridad mínima para su ejército, por lo que incrementó sus baterías activas con cañones transportados desde Humaitá. Con esto, el número total de armas pesadas paraguayas apuntando al río desde Curupayty llegó a treinta y cinco. Dos de 24 libras de alma lisa habían sido enviados al arsenal de Asunción, donde los estriaron para permitir el uso de proyectiles de 50 libras. Estos también terminaron en Curupayty(11).

(11) Thompson señaló que estos cañones improvisados nunca funcionaron muy bien, siendo su rango de solo 1.300 metros. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 191. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La fundición de Ybycuí produjo una importante pieza de artillería en este período. Con un peso de doce toneladas y capaz de lanzar bombas esféricas de 10 pulgadas a unos 4.500 metros, fue remolcado con bueyes y mulas al arsenal de Asunción para su montaje, antes de ser agregado a los otros cañones apostados a lo largo del río en Curupayty. Debido a que se hizo con el metal fundido de las campanas de varias iglesias paraguayas, los hombres lo llamaron “El Cristiano”(12).

(12) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 191-192. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres; en relación con la producción de cañones y bombas en la fundición en esta época, ver: Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 2 de Julio de 1866, en ANA-SH 350, n. 2, y 5 de Agosto de 1866, en ANA-NE 761; y Thomas Lyle Whigham (1978). “The Iron Works of Ybycui: Paraguayan Industrial Development in the Mid-Nineteenth Century”, en: The Americas, 35: 2 (Octubre de 1978), pp. 213-217. Washington. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Varios otros grandes cañones, uno de ellos llamado “General Díaz” -en honor al célebre jefe-, salieron de la fundición de Ybycuí durante la guerra. Si los paraguayos pensaban usar “El Cristiano” para enseñar a los aliados los rudimentos de la fe católica, ciertamente concedieron a sus enemigos muchas oportunidades de instrucción religiosa durante los meses siguientes.

Observadores casuales de los duelos de artillería se preguntaban cómo el ejército de López conseguía seguir bien aprovisionado de pólvora y balas. De hecho, los depósitos de salitre en San Juan Nepomuceno y en la cabecera del río Ypané, proporcionaban la mayor parte de la materia prima para la primera, y resultó que las segundas eran mayormente suministradas por los propios aliados(13).

(13) La existencia de depósitos de salitre, útil para la manufactura de pólvora, era conocida en Paraguay desde tiempos coloniales, pero recibió considerablemente mayor atención durante los 1850 y 1860 gracias a los esfuerzos del ingeniero británico Charles Twite, quien había sido comisionado por el Gobierno de Carlos Antonio López para hacer un estudio mineralógico del país (ver papeles de Twite, Quiindy, 11 de Agosto de 1864, en ANA-CRB I-30, 25, 50, n. 8-12; y “Diário de la marcha (Francisco Arze)”, Quyquyó, 30 de Septiembre de 1864, en ANA-CRB I-39, 25, 14, n. 1. El comienzo de la guerra generó una expansión radical en el uso de este nitrato, considerable cantidad del cual se encontró cerca de Cerro León, Paraguarí, y los cuarteles de Ypané. Cuando se combinaba con carbón y sulfuro (de piritas de hierro), producía una pólvora servible (que raramente era tan efectiva como la que los aliados importaban de Europa). Sobre la extracción de salitre, la producción de pólvora y los peligros de las periódicas e imprevistas explosiones, ver: Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 12 de Agosto de 1866, en ANA-NE 1731; Bareiro al comandante de Concepción, Asunción, 24 de Enero de 1867, en ANA-NE 3221; Twite a ministro de Guerra, Valenzuela, 3 de Julio de 1867, en ANA-NE 2465, y Zenón Ramírez a Juansilvano Godoi, Asunción, 10 de marzo de 1918, en UCR Godoi Collection, box 5, n. 91 (acerca de los esfuerzos realizados a principios de los 1900 para reestablecer explotaciones de nitrato en Valenzuela). // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La flota de Tamandaré, como hemos visto, no pensaba en otra cosa que en disparar mil bombas por día sobre Curupayty, y muchos de estos pertrechos eran juntados y reutilizados por los hombres de López. Cada puñado de esquirlas que podía ser colectado y reutilizado equivalía a una taza de maíz como recompensa(14).

(14) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 205. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres; un gracioso grabado publicado en el periódico satírico “Cabichuí” más tarde en la guerra muestra a los cañoneros del mariscal capturando las bombas disparadas contra ellos por los aliados para reutilizarlas en su propia artillería, con un epígrafe que agradecía las bombas de regalo que les enviaban. Ver: Cabichuí (Paso Pucú), 5 de Diciembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Solo raramente los aliados acertaban un tiro de suerte, como el que ocurrió, por ejemplo, en Diciembre de 1866, cuando una bomba alcanzó un polvorín paraguayo y provocó una explosión que mató a cuarenta y seis. Como ese incidente coincidió con un breve bombardeo aliado contra Paso Gómez, los comandantes de campo paraguayos pensaron que, tal vez, el enemigo había comenzado un asalto frontal, pero esto nunca ocurrió(15).

(15) Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 156. Greenwood Press, Westport, Connecticut. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Como regla, las descargas causaban poco o ningún daño; de hecho, cuando los cañones aliados comenzaban a disparar, los paraguayos respondían haciendo sonar rústicas cornetas de cuerno que llamaban turututú por el sonido que hacían. Su cacofónica burla, con su inconfundible sarcasmo, podía ser oída a bordo de todos los barcos de la flota enemiga y, según se decía, sacaba de quicio a Caxias y a muchos otros oficiales(16).

(16) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), (cuatro volúmenes), 2: 235. Ed. El Lector, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las actividades del lado paraguayo de la línea a fines de 1866 y principios de 1867 estaban dirigidas a hacer su posición impenetrable. Algunos analistas han caracterizado la actitud del mariscal como narcisista y rígida(17). La debacle aliada en Curupayty le hacía disfrutar de los sufrimientos y desorientación de Mitre y los brasileños, como un niño que se regocija por la caída de un rival en la escuela. Sin embargo, López tenía que considerar la disposición estratégica de su ejército, que seguía siendo la misma que antes del 22 de Septiembre.

(17) Ver, por ejemplo, James Schofield Saeger. “Francisco Solano López and the Ruination of Paraguay (Honor and Egocentrism)” (2007). Rowman & Littlefield, Lanham y Boulder. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

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