El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Los Estados Unidos pretenden mediar en el conflicto

La guerra de desgaste que ahora había comenzado, no dejaba de ser penosa para los paraguayos, que tendrían que luchar con escasez de materiales y recursos humanos detrás de trincheras ampliamente extendidas. Más aún, pese a todas sus desavenencias, los aliados todavía contaban con enormes ventajas materiales y, con Caxias en el frente, podrían también ser capaces de sumar voluntad política para continuar la guerra(1).

(1) Escribiendo desde la capital argentina, el ministro estadounidense Washburn observó que el orgullo, la política partidaria y el mismo peso de los acontecimientos se combinarían para extender la guerra por al menos otros doce meses. “Los tres poderes comenzaron la Alianza con la idea de que el Paraguay era un país ya conquistado y la división de los restos fue el asunto principal del Tratado. Retirarse ahora, bajo el oprobio de la derrota, no sólo sería una señal para la caída del partido del poder y del usurpador partido de Flores en Uruguay sino, se cree aquí, pondría incluso en peligro el trono del Brasil”. Ver Washburn a Seward, Buenos Aires, 8 de Octubre de 1866, WNL. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

López no podía contrarrestar estos hechos. No podía atacar sin riesgo de repetir la dolorosa experiencia de Tuyutí. Tampoco era factible un plan alternativo distinto al de defenderse en las líneas previamente establecidas. Bajo estas circunstancias, los observadores distantes que creían que los Aliados podrían finalmente estrangular al país, estaban probablemente en lo correcto.

Esta situación reforzaba la necesidad de una salida honorable del embrollo. Pero, ¿tenía el mariscal la flexibilidad e imaginación necesarias para encontrar una solución diplomática? En este sentido, el estudioso cauto debería recordar la previa experiencia en Yatayty Corá. Por propia voluntad, López había entrado en esa negociación, con suspicacias, pero con el corazón abierto, y había chocado -desde el principio- con el engaño argentino y la hostilidad brasileña. No tenía interés en repetir tal diplomacia, si ello significaba más humillación.

Otros lo veían diferente, sin embargo. Previamente, cualquier conversación fuera de una mediación provocaba una reacción fría en los Aliados, quienes presumían que un asalto decidido los llevaría rápidamente a Humaitá y a Asunción. Los paraguayos, confiando en la justicia de su causa y el coraje de sus soldados, habían especulado con que importantes potencias extranjeras -Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- impondrían una paz que dejara a los Aliados lejos de la victoria que esperaban(2).

(2) Incluso antes de que las tropas aliadas llegaran a suelo paraguayo, circularon rumores de que Francia y Estados Unidos intervendrían para forzar un cese de hostilidades. Aunque ésta era claramente una expresión de deseos en ese tiempo, con las secuelas de Curupayty la idea ya no parecía tan improbable. Ver: Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 6 de Marzo de 1866, en ANA-NE 681; y “La guerra del Paraguay”, en: periódico “El Siglo” (Montevideo), edición del 16 de Octubre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los funcionarios del Gobierno de López cuidaban de no discutir esto abiertamente, ya que tal proposición podría ser malinterpretada como derrotismo, pero ellos, mucho más que el mariscal, reconocían los costos de una lucha prolongada. Si los extranjeros podían ver las amplias pérdidas que ello supondría para todas las partes, podrían estimular una nueva ronda de útil diplomacia. ¿No había pasado algo similar cuando los británicos forzaron una paz entre Brasil y Argentina en 1828?

La figura capital desde este punto de vista era Charles Ames Washburn, el ministro de Estados Unidos ante el Gobierno de López. De todos los quisquillosos personajes que tomaron parte en el centro de la escena, durante la Guerra de la Triple Alianza, Washburn era el más frustrado en cuanto al papel que el destino le había asignado. Quinto hijo de una importante familia republicana de Maine, siempre había parecido el más relegado; un hombre de talento e introspección, que miraba de costado los galardones y honores que recaían sobre sus hermanos mayores.

Como un favor a la familia, el presidente Abraham Lincoln nombró a Washburn, comisionado en Asunción, en 1861, justo seis semanas antes de la primera batalla de Bull Run, uno de los mayores combates terrestres de la Guerra Civil de Estados Unidos. La posición fue subsecuentemente elevada a la de ministro. Esto le daba a Charles Ames la autoridad diplomática que pretendía, aunque el puesto no era el más apetecible, ya que el Paraguay seguramente constituía la más oscura de las Repúblicas sudamericanas, tan aislada diplomáticamente, de hecho, que varios norteamericanos influyentes ponían en duda la necesidad de una presencia estadounidense en ella.

Cualesquiera que hayan sido sus verdaderos sentimientos, Washburn reaccionó con inusual fortaleza y brío cuando arribó a la capital paraguaya, como mostrando a sus hermanos que estaba a la altura de sus estándares. Ofreció incluso, en Noviembre de 1864, asistir al Gobierno de Asunción en una mediación en la disputa entre Uruguay y el Imperio(3).

(3) Washburn a José Bergés, Asunción, 12 de Noviembre de 1864, en WNL. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Lamentablemente, la conducta franca y directa, tan típica de la gente de Nueva Inglaterra, encontró poca simpatía en el ambiente arbitrario del Paraguay lopista. Durante su estadía en el país, desde Noviembre de 1861 hasta Enero de 1865, Washburn se las arregló para irritar a ambos López, padre e hijo. Funcionarios estatales e importantes figuras de la escena social tendían a desairarlo, en consecuencia. Cuando no lo llamaban directamente un tonto, en las conversaciones íntimas decían que era un hombre sin finura y sin respeto por las sensibilidades locales.

Nunca escondía sus opiniones ni se disculpaba por ello. Y, para alguien que no perdía oportunidad de recitar los eslóganes igualitarios de su lejana República, tenía el desagradable hábito de tratar a la mayoría de los extraños -fueran paraguayos o extranjeros- como socialmente inferiores a él. En un país donde sólo un hombre era supremo, esto equivalía a una intolerable arrogancia. Era una actitud sospechosa y profundamente fuera de lugar en un diplomático(4).

(4) El sentido de cierta desubicación de Washburn en Paraguay, era bastante normal entre extranjeros que estaban acostumbrados a un clima político más abierto. En este sentido, Washburn siempre había sido especialmente sensible. Quizás extrañaba los días de libertad que había vivido en California, cuando incluso estuvo involucrado en un duelo con pistolas. O quizás simplemente no estaba preparado para el Paraguay. En cualquier caso, frecuentemente expresaba sus alborotados sentimientos en papel. Produjo lo que parece una interminable correspondencia, llena de quejas a los amigos, la familia y los funcionarios de Estados Unidos en Washington. Estas cartas, muchas de las cuales pueden ser encontradas hoy en Washburn-Norlands Library, en Livermore Falls, Maine, revelan mucho sobre la sociedad de Asunción a mediados de los 1860; pero también revelan a un hombre profundamente irritable, mal preparado para su ocupación, que tenía más tiempo libre en sus manos de lo que es saludable para un diplomático. Evidentemente, tuvo un romance con una mujer paraguaya durante su primera estadía, del cual nació un hijo que nunca reconoció formalmente, pero al que tampoco negó. Ver carta del ex ministro de Estados Unidos en Paraguay Martin McMahon en el “New York Evening Post”, del 13 de Enero de 1871. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Ahora, a fines de 1866, en lo que habrá parecido una ironía, Washburn se encontraba en la situación de poder restaurar la paz para el Paraguay. Estando de vacaciones en su país un año antes, se había casado con Sallie Cleaveland, una nerviosa y veleidosa muchacha de Nueva York, veintiún años más joven que él.

La pareja estuvo unos meses en Buenos Aires y Corrientes, mientras el ministro trataba de obtener el permiso aliado para pasar a través del bloqueo y reasumir su puesto río arriba. Mitre se mostraba dispuesto a conceder el paso, pero el almirante Tamandaré, groseramente, se rehusaba a cooperar, probablemente para no darle al mariscal más legitimidad como Jefe de Estado de la que él consideraba que merecía. Washburn echaba chispas como resultado, en tanto que su esposa rezongaba por la falta de un hotel apropiado en Corrientes, pero ninguno conseguía persuadir a las autoridades aliadas.

A fines de Octubre, el comandante del USS Shamokin(5), un buque de guerra estacionado en el Río de la Plata, recibió órdenes de llevar a la pareja a Asunción y forzar el bloqueo aliado si los barcos brasileños interferían.

(5) El Shamokin no fue el único barco cuyo paso río arriba había sido impedido por orden aliada. Seis semanas antes, Tamandaré había prohibido el tránsito de la fragata francesa Decidée, aun cuando su capitán insistió en que llevaba consigo importante correspondencia diplomática para el cónsul francés en Asunción. Ver: Diario de Sallie C. Washburn, entrada del 30 de Septiembre de 1866, en WNL. Ver también: Thomas Whigham y Juan Manuel Casal, eds., “Charles A. Washburn. Escritos escogidos. La diplomacia estadounidense en el Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza” (Asunción, 2008), p. 197.

Claramente, las conexiones de la familia Washburn habían finalmente ejercido su influencia en Washington. Los oficiales navales de Estados Unidos en el Plata, del almirante S. W. Godon para abajo, habían evitado ayudar a Washburn hasta ese momento, considerando que había poca ventaja en ofender a los argentinos y los brasileños para defender el derecho del ministro a llegar al Paraguay(6). Ahora, que habían recibido instrucciones, sin embargo, estaban determinados a poner a Washburn sano y salvo en su puesto(7).

(6) Aunque fue más discreto que de costumbre en sus comentarios públicos sobre el tema, en una carta enviada mucho más tarde a su hermano mayor, Washburn fue completamente cáustico al referirse al “sucio maldito idiota” Godon, quien “posiblemente en colusión con el Gobierno brasileño para impedir mi llegada aquí, [sobre lo que] he enviado abundantes pruebas al Departamento de Estado, desobedeció sus instrucciones, evidentemente para agradar a los brasileños -qué consideraciones le hicieron, no lo se”. Ver: Washburn a Washburne, Legation of the United States, 15 de Enero de 1868, en WNL.
(7) La Armada estadounidense tendía a tratar a Washburn como a alguien innecesariamente confrontacional, capaz de poner bajo amenaza los intereses de Estados Unidos en Sudamérica sin razón alguna; funcionarios del Departamento de Estado, a menudo, pensaban lo mismo, aunque al mismo tiempo se sentían en deuda con su hermano Elihu, quien era una alta figura cercana al general Ulysses Grant. Al final, la presión más sustancial sobre su caso fue ejercida en Washington por sus amigos en el Congreso y, luego en Río de Janeiro por parte del ministro estadounidense Watson Webb. Este era un General y entendía las necesidades de un bloqueo militar, pero no toleraba ninguna falta de respeto a los derechos de su país bajo el Derecho Internacional. Los aliados finalmente se rindieron ante las presiones, aunque no antes de que el poder naval de Estados Unidos entrara en la ecuación. Ver: Webb a F. J. do Amaral, Petróplis, 18 de Agosto de 1866; y Amaral a Webb, Río de Janeiro, 21 de Agosto de 1866, en NARA, M-121, n. 34; Washburn a Elizalde, Buenos Aires, 24 de Octubre de 1866, en WNL; A. Asboth (otro General) a William Seward, Buenos Aires, 24 de Octubre de 1866, en NARA, EM-96, n. 17; y Harold F. Peterson, Argentina and the United States, 1810-1960 (Nueva York, 1964), pp. 185-188.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tamandaré hizo un último intento para impedir el paso de Washburn. Cuando la pequeña fragata navegó justo encima de la confluencia del Paraguay y el Paraná, los brasileños exigieron que se detuviera para un parlamento. Había habido comentarios de que la presencia de Washburn -y del Shamokin- era parte de un complot argentino para forjar una paz por separado con el Paraguay.

El almirante no podía tolerar un desafío que supuestamente emanaba de conspiradores argentinos a la sombra, e hizo lo que estuvo a su alcance para plantear serias objeciones a los oficiales navales estadounidenses. Pero estos no se dejaron amilanar. Finalmente, no queriendo empujar al Imperio a una confrontación directa con Estados Unidos, hizo una somera protesta y luego “se volvió gentil como una paloma” y la fragata siguió su curso. Washburn, por su parte, decía -jactándose- que el almirante podía protestar todo lo que quisiera, siempre y cuando el Shamokin pasara al norte(8).

(8) Washburn a Washburne, 15 de Enero de 1868, en WNL; y Washburn, “The History of Paraguay”, 2: 126-135. La versión argentina (o, mejor, mitrista) de este intercambio, es diametralmente distinta, y hasta Tamandaré es reflejado, por una vez, como expresando una protesta razonable. Ver: “Correspondencia de Curuzú”, en el diario “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 13 de Noviembre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Resultó que los paraguayos habían estado al tanto, por algún tiempo, de las desventuras de Washburn en Corrientes y a bordo del Shamokin y esperaban que Tamandaré provocara una confrontación que equivaliera a una guerra con Estados Unidos. Al no ocurrir esto, fueron al encuentro del barco estadounidense que venía río arriba bajo bandera de tregua y le advirtieron que había torpedos en un paso encima de Curupayty. Washburn, por lo tanto, aceptó desembarcar en ese punto, donde se les proporcionó -a él y sus acompañantes- transporte hasta Humaitá(9).

(9) Como para confirmar las preocupaciones del almirante Godon, acerca de los peligros que podía enfrentar la Armada estadounidense en esas aguas tan problemáticas, durante su retorno río abajo, de noche, el Shamokin accidentalmente atropelló y hundió el vapor aliado “General Flores”, “cargado con importantes existencias para la Armada brasileña, que se perdieron totalmente”. Mathew a Lord Stanley, Buenos Aires, 27 de Noviembre de 1866, en: “Documentos sobre la guerra, 1864-1870”, ANA-SH 352, n. 3. Los estadounidenses, naturalmente, pagaron reparaciones por las pérdidas. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

A lo largo de toda la ruta, el ministro fue recibido con bandas militares y aclamaciones de júbilo por parte de los soldados paraguayos, que celebraban tanto la “ruptura” del bloqueo como la posibilidad de negociaciones(10).

(10) Diario de Sallie C. Washburn, entrada del 5 de Noviembre de 1866, en WNL. Uno de los oficiales del Shamokin se quedó muy impresionado por los soldados paraguayos, de quienes le habían dicho que estaban hambrientos y ansiosos de que la lucha terminase: “nos quedamos muy impactados por su magnífica apariencia”, señaló; “parecía como si hubieran sido alimentados para mostrarse en la mejor apariencia posible. Lucían frescos, bien ligeros y tenían un semblante de hombres desafiantes y listos para hacer su trabajo”. Citado en el “New York Times”, edición del 16 de Enero de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Washburn expresó sorpresa por no haber sido invitado a visitar al mariscal en Paso Pucú; la explicación fue, simplemente, que López estaba enfermo en cama y no podía recibir a nadie(11).

(11) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes), 5: 84-90. Ediciones EMASA, Asunción. Washburn, posteriormente deslizó que esta enfermedad era política, un resultado de la desilusión del mariscal, que ansiaba que Tamandaré hubiera forzado un incidente con los estadounidenses (Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 137. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York); esta explicación parece sumamente improbable, incluso maliciosa, ya que el mariscal -efectivamente- había estado enfermo por días y permanecería así por varias semanas, durante las cuales recibió las atenciones médicas de su formidable (y espléndidamente fea) madre, Juana Carrillo (quien no habría ido a Paso Pucú por ningún otro motivo), y el consejo de doctores de lugares tan lejanos como Villarrica. Los detalles de su enfermedad, que probablemente fue una simple gripe de verano, fueron reportados en “El Semanario” (Asunción), edición del 1 de Diciembre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por lo tanto, el norteamericano prosiguió a Asunción, estableció su legación -una vez más- y se reunió con su contraparte francés, el cónsul Emile Laurent Cochelet. Este individuo, posiblemente el extranjero más refinado y educado en Paraguay, le reportó que las cosas habían ido de mal en peor en el país, con algunos distritos enfrentando una inminente hambruna. La policía había recientemente arrestado a varios extranjeros y muchos de los ingenieros y doctores británicos que habían ayudado a la causa paraguaya habían caído en sus garras(12).

(12) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 138-155. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En años posteriores, Washburn tendió a adoptar la peor interpretación posible de estas noticias y su visión negativa parece, de hecho, justificada. Ya había indicios de un declive general en Paraguay, derivado de las exigencias de la guerra y no surgían alivios en el horizonte. Al tiempo que Washburn preparaba su propuesta para la mediación estadounidense, también trataba de dar protección diplomática a cuanta gente podía, una práctica que les acarreó a él, a su familia y a su Gobierno considerables problemas.

En cualquier caso, el retorno de Washburn a la capital paraguaya trajo un apreciable movimiento oficial. Una ceremonia de bienvenida tuvo lugar en las primeras horas del 26 de Noviembre, con discursos a favor de los Estados Unidos, bebidas suaves y varias danzas improvisadas con la ayuda de las bandas musicales(13).

(13) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes), 5: 125-126.. Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Unos días más tarde, el ministro de Relaciones Exteriores, José Bergés, escribió al ministro estadounidense una nota en la que saludaba su retorno al país en nombre del Gobierno y se regocijaba por el hecho de que, “la bandera de la gran República americana haya forzado el escandaloso bloqueo de la Triple Alianza”, al tiempo de manifestar su complacencia por el triunfo “de la causa de la libertad en los Estados Unidos de América(14).

(14) Bergés a Washburn, Asunción, 30 de Noviembre de 1866, en ANA-CRB I-22, 2, n. 1; ver también “Presencia del señor Washburn en la República”, en el “El Semanario” (Asunción), edición del 10 de Noviembre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Bergés, sin duda, estaba pensando en las implicancias geopolíticas a largo plazo de la Guerra de la Triple Alianza y en la relación con Estados Unidos. En contraste con otros ministros del mariscal, quienes nunca habían salido del país y eran proclives a decir las cosas más exageradas sobre las intenciones foráneas, Bergés tenía un panorama más amplio y pensaba que las ofertas de ayuda armada estadounidense eran importantes, aun si solo servían para ganar un poco de tiempo(15).

(15) Posteriores diplomáticos paraguayos jugaron este juego explícitamente y, hasta cierto punto, todavía lo hacen en el siglo veintiuno. Ver: Frank O. Mora y Jerry W. Cooney, “Paraguay and the United States. Distant Allies” (Athens, Georgia, y Londres, 2007), pp. 43-53, 64-65, 69-72, 82-87, 122-123, 179-181, 251-252, y passim. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La propia carrera de Bergés como diplomático ya estaba declinando y el mariscal cada vez recurría menos a él, pero esta oportunidad de mediación con Estados Unidos le daba nuevas esperanzas. Los estadounidenses -razonaba- acababan de finalizar su propia guerra civil y estaban ayudando al Gobierno de Benito Juárez para expulsar a los intervencionistas franceses en México.

El presidente Andrew Johnson y el general Ulysses Grant eran también conocidos por sostener una visión fuertemente promexicana y, presumiblemente, prorepublicana, en los asuntos continentales. En el contexto sudamericano, era fácil leer esto como una inclinación favorable al Paraguay o como una posición proclive a sacar de apuros al Gobierno de López.

Como había dicho el ministro de Estados Unidos en Brasil, ya en Agosto, “debemos impregnar a todos los Gobiernos americanos con la convicción de que está de acuerdo con sus intereses y su obligación recurrir a los Estados Unidos por protección y consejo; protección de la interferencia europea y consejo y asesoramiento amistoso en relación con las dificultades con sus vecinos(16).

(16) Watson Webb a William H. Seward, Río de Janeiro, 7 de Agosto de 1866, en Departamento de Estado, Papers Relating to Foreign Affairs (Washingon, 1866), 2: 320. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tanto Paraguay como los aliados habían -hasta entonces- ignorado a los Estados Unidos como una potencia desinteresada, que sólo deseaba paz y estabilidad en la región. Quizás había llegado el momento de abrir serias negociaciones.

Mientras los Estados del Plata se adentraban en uno de los veranos más calurosos de los que se tuviera memoria, Washburn preparaba una propuesta escrita de mediación. Probablemente ya sabía que, aunque el Departamento de Estado se mantenía frío frente a la idea de interferir en la lucha paraguaya, autoridades del Congreso, en Washington, tenían ideas similares a las suyas.

A mediados de Diciembre, la Cámara de Representantes aprobó una resolución sugiriendo la posibilidad de una mediación estadounidense, tanto en el conflicto paraguayo como en la guerra entre España y las Repúblicas del Pacífico, en Sudamérica(17).

(17) Congressional Globe, 39th Congress, 2nd. Session (1866-1867), 37: 1, p. 152. La Cámara puso como razón de su oferta, que la guerra era “destructiva del comercio e injuriosa y perjudicial a las instituciones republicanas”. Ver también, Harold F. Peterson, “Efforts of the United States to Mediate in the Paraguayan War”, Hispanic American Historical Review, 12: 1 (Febrero de 1932), pp. 2-17, Durham. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Una circular, con proposiciones específicas para ese efecto, fue despachada a las naciones beligerantes. Proponía que plenipotenciarios del Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil fueran invitados a una conferencia en Washington. Se le pidió al Paraguay nombrar un delegado, mientras que los Aliados podrían seleccionar a uno de cada Gobierno o a uno que representara a los tres.

El presidente de Estados Unidos podría presidir la conferencia con voz, pero sin voto. Todas las resoluciones adoptadas tendrían que ser unánimes y ratificadas por los respectivos Gobiernos. El presidente de Estados Unidos podría oficiar de árbitro en caso de desacuerdo. Una vez se aceptaran las proposiciones generales por parte de todos los representantes, podrían comenzar en serio conversaciones dirigidas a un armisticio(18).

(18) Harold F. Peterson, “Efforts of the United States to Mediate in the Paraguayan War”, Hispanic American Historical Review, 12: 1 (Febrero de 1932), p. 6, Durham.; una caricatura en la revista satírica argentina, “El Mosquito” (edición del 13 de Enero de 1867) representa al Tío Sam como un cowboy, portando revólveres tanto contra Mitre como contra López y proclamando: “Ugh. Ustedes dos han estado peleando por mucho tiempo y yo he venido a hacer la paz, y he traído conmigo dos pequeñas piezas de ferretería para hacerlos entrar en razón”. Es dudoso que el humorista argentino hubiera estado al tanto de la previa experiencia de Washburn en un duelo en California, pero en este sentido la caricatura era más pertinente de lo que cualquiera hubiera sospechado. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La oferta estadounidense era bien intencionada y, en general, estaba bien diseñada. En el sofocante calor del verano, sin embargo, estaba también claro que sería ignorada por políticos y comandantes militares que no tenían deseos de una mediación externa. Washburn, imperturbable, trabajó incansablemente en su estudio de Asunción. Bebía tereré y organizaba detalles de su propia oferta integral de mediación, sin percatarse demasiado de que los distintos Gobiernos involucrados ya estaban determinados a encontrar maneras cordiales de desechar sus esfuerzos.

Información adicional