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Enfermedades epidémicas. Las calamidades soportadas en el frente

Entre los cuatro jinetes del Apocalipsis, el poeta asignó el penúltimo lugar a la peste y, en una guerra tan terrible como la del Paraguay y la Triple Alianza, no sorprende que la fatalidad añadiera las enfermedades epidémicas a la lista de calamidades experimentadas por todos los contendientes.

Ya hubo signos de problemas a lo largo de 1865 y principios de 1866. Hasta ese momento, los principales males reportados en los hospitales -de ambos lados de la línea- eran diarreas simples, disentería y malaria(1).

(1) La diarrea puede ser fatal para hombres tan desnutridos. A fines de mayo de 1866, el oficial a cargo del Hospital Militar de Asunción reportó que dos oficiales y 86 hombres habían muerto la semana previa: un oficial y 32 hombres de ellos por heridas y el resto de diarrea. Ver: Francisco Bareiro a ministro de Guerra, 27 de Mayo de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 681; 652 muertes fueron registradas en Cerro León entre el 23 de Junio y el 29 de Septiembre de 1866, la gran mayoría de diarrea, y la mayor parte del resto de “fiebres”. Ver: “Lista de los individuos muertos en el hospital”, Campamento Cerro León, 23 de Junio a 6 de Octubre de 1866 (siete informes separados), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación, Nro. 2438. El sufrimiento de los enfermos y heridos en Cerro León fueron recordados después de la guerra en una marcha militar, “Campamento Cerro León”, que en sí misma se convirtió en objeto de estudio y reflexión por parte de académicos a principios del siglo veinte (y fue cantada de nuevo con fervor durante el conflicto del Chaco de 1932-1935). Ver: Silvano Mosquera, “Ideales. Discursos y escritos sobre temas paraguayos” (Washington, 1913), pp. 101-105. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Problemas respiratorios, “fiebres”, pie de trinchera y las normales dolencias de la soldadesca, completaban las quejas. Pero ahora, con las lluvias de otro año, las enfermedades epidémicas estaban listas para golpear a todos en el frente. El sarampión, la fiebre amarilla y la viruela habían castigado la región del Plata antes, con la última, llevándose una pequeña porción de la población paraguaya a mediados de los 1840(2).

(2) A juzgar por los reportes de funcionarios de pequeños pueblos, el Interior paraguayo fue particularmente afectado durante esta primera epidemia. Ver: Francisco Pereyra a Carlos Antonio López, Pilar, 29 de Febrero de 1844, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 395; Julián Bogado a López, Santa Rosa, 27 de Mayo de 1844 (que registra a 73 indios muertos de viruela desde el 16 de Abril), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación, Nro. 1.376; Juan Pablo Benítez a López, Villarrica, 25 de Junio de 1844 (que registra 70 muertes desde el 2 de Abril) en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1.376; Agustín Ramírez a López, Itauguá, 6 de Noviembre de 1844 (556 muertes desde la anterior temporada), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1376; y, especialmente, “Cuaderno que contiene [...] listas de los fallecidos de la peste de viruelas correspondiente al año 1845”, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 805. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Casi veinte años después, el Gobierno de López experimentó con un programa de vacunación para contener cualquier amenaza futura de viruela. Materiales instructivos y vacunas fueron distribuidos a funcionarios rurales en 1862 y 1863, pero no está claro hasta qué punto estos programas se extendieron o cuán efectivos fueron(3).

(3) Ver: Francisco Sánchez a Gefe de Urbanos de Atyrá, Asunción, 23 de Diciembre de 1862, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 331, n. 22; “Legajos de participantes de los Jueces de campaña sobre la inoculación de viruelas [1863-65]”, en Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 417, n. 1 y 7; e “Instrucción para la vacunación e inoculación de la viruela” (Asunción, s/f), en Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 340, n. 8. Del lado brasileño, regulaciones del Ejército insistían en que todos los reclutas fueran vacunados contra la viruela pero, dado el número de hombres hospitalizados por la enfermedad, no sólo en Mato Grosso, sino también en Tuyutí, podemos presumir que la regla era sólo parcialmente efectiva. De los 10.506 pacientes enlistados en el hospital en ese último campamento, en Mayo de 1867, 390 tenían viruela. Ver: Manoel Adriano da Sá Pontes ao Ajudante General Francisco Gomes de Freitas, Tuyutí, 10 de Mayo de 1867, en: Arquivo Nacional (extraído por Adler Homero Fonseca de Castro, “Uniformes da Guerra do Paraguai” (2006). Publicación virtual, Biblioteca Nacional, Rede de Memória Virtual Brasileira-[http://catalogos.bn.br/guerradoparaguai/artigos/ Adler%20Uniformes%20Guerra%20do%20Paraguai.pdf]). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El programa continuó irregularmente al menos hasta 1867, pero, de nuevo, es difícil determinar cuánta gente efectivamente recibió tratamiento(4). Una cosa es cierta, sin embargo: mientras la viruela aparecía ocasionalmente en las listas de enfermedades en los hospitales militares paraguayos y en Asunción, nunca llegó a convertirse en una epidemia generalizada en otras partes del país(5).

(4) Ver: Ramón Marecos a ministro de Guerra, Villarrica, 30 de Abril de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 758 (que señala que 295 niños habían sido inoculados contra la viruela); e “Instrucción para los empleados de campaña sobre el régimen a observarse en la epidemia de la viruela según algunos casos, particularmente en la actualidad en que se carece de la vacuna” (Asunción, 22 de Octubre de 1866), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3221.
(5) En un reporte a sus superiores en París, el ministro francés en Asunción afirmó que más de un décimo de la población asunceña había sucumbido de viruela entre Marzo y Mayo de 1867, pero es difícil corroborar esta estadística, ya que otras fuentes no sugieren nada tan drástico. El ministro estaba fuertemente a favor de introducir métodos modernos de inoculación y quizás su énfasis lo llevó a exagerar la prevalencia de la enfermedad en la capital paraguaya. Ver: Informe de Emile Laurent-Cochelet, n. 61, Asunción, 31 de Mayo de 1867, en Luc Capdevilla. “Une guerre totale, Paraguay 1864-1870 (Essai d’histoire du temps présent)” (2007), pp. 420-421. Presses Universitaires de Rennes, Rennes.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tal no fue el caso detrás de las líneas brasileñas en Mato Grosso. La provincia había sufrido dramáticamente debido a la guerra e, incluso, aquellas áreas que no estaban bajo ocupación paraguaya soportaron una amplia gama de problemas, sin excluir el sarampión, que apareció en forma limitada en Abril y Mayo de 1866(6).

(6) Ver: Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 16 de Abril de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 681; Martín Urbieta a Solano López, Mbotety en Nioac, 18 de Abril de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 11, 56; y Bareiro a teniente Núñez, Asunción, 16 de Mayo de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 767. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cuando la viruela también se introdujo al año siguiente, no había preparación ni defensa real. Más de la mitad de la población de Cuiabá murió como resultado(7).

(7) Relatório com que o Exm. Snr. Dr. João José Pedrosa, Presidente da Provincia de Matto-Grosso abrió a Primeira Sessão da 22a Legislatura da Respectiva Assembléa no Dia Primeiro de Novembro (Cuiabá, 1878), p. 32; Luiz de Castro Souza, A Medicina na Guerra do Paraguai (Rio de Janeiro, 1971), pp. 107-115. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Parece probable que Mato Grosso haya sufrido mucho más de viruela que el Paraguay mismo. De todos modos, la verdadera asesina entre las enfermedades en la guerra no fue ni la viruela ni el sarampión, sino el cólera asiático, la peor forma de gastroenteritis infecciosa (causada por la bacteria Vibrio cholerae).

Había aparecido en Rusia, a principios de los 1850, y dejó un millón de muertos antes de mudarse -a través de Crimea- a Europa Occidental, Africa y, finalmente, Sudamérica durante la última parte de la década. Las autoridades médicas habían mayormente contenido la amenaza en los Estados del Plata para mediados de los años 1860, pero la guerra, con sus antihigiénicas condiciones y las incontables oportunidades de contacto físico entre los hombres, atrajo una nueva incidencia horrible de contagio.

Surgió en Río de Janeiro, en Febrero de 1867; se movió a Buenos Aires y de allí río arriba,
probablemente a través de los barcos de transporte de tropas, antes de finalmente alcanzar los campamentos de Paso de la Patria para fines de Marzo(8).

(8) Alexandre José Soeiro de Faria Guaraní, “Esboço Histórico das Epidemias de Cólera-Morbos, que Reinaram no Brasil desde 1855 até 1867”, en: “Anais da Academia de Medicina do Rio de Janeiro”, tomo 55 (1889-1890); Enrique Herrero Ducloux, “Juan J. Kyle”, Anales de la Sociedad Química Argentina, 7: 31 (1919), pp. 9-10; y “Correspondencia (Tuyutí, 14 de Marzo de 1867)”, en: “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), 13 de Abril de 1867. Un periódico -más bien oscuro- de Buenos Aires, “El Inválido Argentino”, sugirió el 5 de Marzo de 1867, que la epidemia había de hecho comenzado en la zona de guerra misma, donde -se afirmaba- tanto los paraguayos como los brasileños solían tirar sus cadáveres al río y así contaminaban las aguas. Este ridículo argumento fue fácilmente refutado por individuos con experiencia médica. Ver: Miguel Angel de Marco, “La sanidad argentina en la guerra con el Paraguay (1865-1870)”, en la Revista Histórica (Buenos Aires), 4: 9 (1981), pp. 75-76. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cuando llegó al Paraguay, adquirió un comportamiento maniático. El cólera desarrolla su demonio en un tiempo notablemente corto, progresando desde la primera deposición líquida hasta el shock en sólo cuatro a doce horas, para provocar la muerte un día o dos después. Antes del advenimiento de los antibióticos, una pronta rehidratación oral era requerida si una persona infectada esperaba sobrevivir, y una cuidadosa eliminación de los residuos fecales, la ropa y las sábanas era esencial para mantener la enfermedad bajo control.

Bajo las condiciones del frente, en escasos tres días, el cólera se propaló por el Ejército brasileño. Muchachos campesinos, mezclados con otros hombres por primera vez en sus vidas, fueron especialmente susceptibles. Cuatro mil de ellos cayeron enfermos en Curuzú y, de estos, 2.400 -incluyendo a 87 oficiales-, posiblemente murieron por esa causa(9).

(9) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 189. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres; un “telegrama no corroborado de Buenos Aires” afirmó que 2.700 de 6.000 hombres en Curuzú habían muerto de cólera en sólo cuatro días. Ver: “The Times” (Londres), edición del 3 de Junio de 1867. El Arquivo Nacional en Rio de Janeiro exhibe un “Mapa do movimento dos coléricos desde a invasão da empidemia até esta data recibida (Tuyutí, 9 de Mayo de 1867)”, en el cual el oficial médico João de Souza Fonseca Costa reportó al general Polidoro que 4.735 hombres habían ido al hospital con la enfermedad, pero esta cifra era -casi con seguridad- demasiado baja y probablemente tenía en cuenta sólo los enfermos en Curuzú. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En Tuyutí las cosas fueron de alguna forma mejores, aunque la enfermedad dejó también una terrible marca. Para fines de Abril, 13.000 brasileños estaban incapacitados por la enfermedad, copando toda la capacidad hospitalaria en ambas márgenes del Paraná. No había un tratamiento universalmente aceptado.

Los doctores aliados tenían algunas buenas ideas de cómo combatir el contagio y prevenir la propagación. Distribuyeron jabón en gran escala y ordenaron a los soldados quemar todas las sábanas y colchas que habían usado los pacientes enfermos. Pero también tuvieron algunas malas ideas. Recomendaron, por ejemplo, que los afligidos se ayudaran con alcohol, lo que causó un agotamiento de la cerveza, el vino y los licores fuertes que los macateros tenían en stock(10).

(10) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes), 6: 83. Ediciones EMASA, Asunción; un análisis más extensivo de la enfermedad, con similares sugerencias en cuanto a su tratamiento, puede ser hallado en Lucilo del Castillo, “Enfermedades reinantes en la campaña del Paraguay” (Buenos Aires, 1870). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las autoridades médicas se sentían sobrepasadas por la enorme escala del problema, y por el hecho de que, una vez que un individuo se enfermara, las probabilidades de muerte fueran sumamente altas(11).

(11) José María Penna, escribiendo treinta años después de la virulencia de la enfermedad durante la guerra, señaló, de manera bastante improbable, que el ratio de mortalidad entre los soldados aliados enfermos con cólera se aproximaba al 61 por ciento entre los brasileños y al 77 por ciento entre los argentinos. Ver: José Penna, “El cólera en la República Argentina” (Buenos Aires, 1897). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esto desesperaba tanto a los doctores como a los hombres. En sus reminiscencias, el oficial brasileño Dionísio Cerqueira repitió la historia de un médico agotado y descorazonado hasta la locura que servía en un barco hospital. Este hombre, cuando entraba en la sala, automáticamente prescribía vomitorios para los pacientes de la izquierda y purgantes para los de la derecha; y cuando regresaba al día siguiente revertía el orden de la prescripción(12).

(12) Evangelista de Castro Dionísio Cerqueira. “Reminiscências da Campanha do Paraguai. 1864-70” (1948), pp. 279-80. Gráfica Laemmert, Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sólo nos queda adivinar lo que pudo haber ocurrido con los pacientes con cólera. Aunque es bastante fácil condenar a tales médicos por incompetencia, lo cierto es que los doctores y enfermeros hicieron un mejor trabajo que los soldados comunes encargados de mantener limpios los campamentos. En demasiadas ocasiones, la impropia eliminación de los desperdicios contaminaba las fuentes de agua, lo que esparció la enfermedad por toda la línea y los rangos argentinos y uruguayos(13).

(13) El Comandante de las unidades uruguayas restantes en Paraguay después de la partida de Flores, reportó que el cólera afectó primero a los brasileños y argentinos y sólo alcanzó a los uruguayos a fines de Mayo de 1867; trece casos habían sido registrados en esas unidades en la primera semana de exposición, de los que nueve murieron. Ver: Enrique Castro a Venancio Flores, Tuyutí, 6 de Junio de 1867, en: Archivo General de la Nación, Montevideo, Archivos Particulares, caja 10, carpeta 10, n. 48. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por mucho que insistieran los doctores con una apropiada política sanitaria, a los soldados les costaba entender que el agua, que parecía limpia, pudiera albergar millones de mortales microbios. Se resistían a dejar de compartir las bombillas metálicas con las que bebían su yerba mate. Todos sufrieron las consecuencias. Lo único que podían hacer los Comandantes era ordenar la construcción de más instalaciones y esperar por lo mejor. Equipos de soldados fueron despachados a construir barracas y galpones en Potrero Piris y estos se llenaban de pacientes con cólera del día a la noche(14).

(14) Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 158. Greenwood Press, Westport, Connecticut. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cada día parecía peor que el anterior. En el ocaso de la epidemia, los Comandantes aliados trataron de disimular la extensión del problema y ocultar sus peores manifestaciones, tanto a la población civil como al enemigo. Los corresponsales de los periódicos tenían prohibido entrar en los campamentos del frente y el uso de la palabra “cólera” fue completamente suprimido de los comunicados oficiales. Tales prohibiciones sólo empeoraron las cosas y fueron pronto abandonadas.

La presencia del cólera en las tropas en Paraguay no causaba sorpresa, ya que el azote ya había golpeado a varias comunidades río abajo, sin excluir a Buenos Aires, donde unos 1.500 habitantes sucumbieron entre el 3 y el 25 de Abril de 1867(15). No fue mejor en Rosario y otras ciudades y pueblos a lo largo del río(16).

(15) “Anglo-Brazilian Times” (Río de Janeiro), edición del 8 de Mayo de 1866.
(16) Oscar Luis Ensinck, “Las epidemias de cólera en Rosario”, en: “Revista de Historia de Rosario”, Nro. 1 (1964), pp. 6-7.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los habitantes de Corrientes, que captaban más que un vistazo pasajero de los pacientes de cólera que eran traídos desde el otro lado del río, reaccionaron con considerable alarma y algunos incluso amenazaron con quemar el hospital brasileño(17).

(17) Caxias envió tropas a proteger los hospitales de esta eventualidad. Ver correspondencia miscelánea y reportes sobre los hospitales correntinos de 1867 en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Gill Aguinaga, carpeta 3, n. 1-17, y carpeta 91, n. 1-25; “Correspondencia de Corrientes (5 de Mayo de 1867)” en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 9 de Mayo de 1867; y Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 90, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En ausencia de información confiable, al ciudadano medio le era fácil imaginar lo peor sobre la situación en el frente. “La Nación Argentina” reportó un falso rumor de que la epidemia había obligado a las restantes fuerzas argentinas a relocalizar su campamento lejos del insalubre Tuyutí(18).

(18) “La enfermedad reinante”, en el periódico “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 18 de Abril de 1867; “Ejército del Paraguay”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 27 de Abril de 1867 (los argentinos, de hecho, movieron una gran porción de sus tropas a un nuevo campamento unos meses más tarde). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las familias temían por sus hijos e, incluso, en la lejana Francia las noticias del cólera en el Plata les daban a los críticos nuevas razones para reprobar la guerra(19).

(19) En una corta nota escrita justo antes del comienzo de las condiciones epidémicas en el frente, el general Gelly y Obes rogó a su viejo asociado, coronel Alvaro Alsogaray, asegurarles a sus amigos mutuos en Buenos Aires que los cuentos de una nueva crisis de cólera eran “un completo sinsentido”. Ver: Gelly y Obes a Alsogaray, 7 de Abril de 1867, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 149, n. 33; el comentario del general, desde luego, reflejaba más una remota esperanza que la verdad, y para cuando las noticias de la epidemia llegaron a Europa, la alarma ya había crecido extravagantemente en la mente del público y era frecuentemente mencionada por Juan Bautista Alberdi y otros enemigos acérrimos de la Alianza con Brasil. Ver: Alberdi a Gregorio Benites, Saint André, 17 de Noviembre de 1867, en: Museo Histórico Militar, Asunción, doc. 2303. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En cuanto a López, el mariscal tenía una idea bastante aproximada de la extensión de la epidemia. Los espías lo mantenían bien informado de la situación y sus tropas ya habían comenzado a extrañarse por la creciente actividad que podían divisar desde sus mangrullos en los hospitales de campaña aliados.

Habrán estado tentados de regodearse con la desgracia del enemigo, ya que era otra prueba de que Dios estaba de su lado. Pero tuvieron poco tiempo para ello, ya que pronto ellos también aprendieron algunas pavorosas lecciones de la enfermedad. La rutina médica en Humaitá inicialmente se asemejaba a la de los aliados. Pero la incidencia de diarrea simple, chucho y fiebres, indicaba condiciones previas de seria malnutrición entre los paraguayos.

La mayoría de las epidemias son oportunistas y generalmente atacan a individuos de por sí débiles. La malnutrición es, en tal sentido, un grave catalizador. A medida que pasaban los meses, la situación se volvió más desesperada entre las tropas paraguayas y los civiles que las acompañaban. Comida y medicinas se volvieron difíciles de encontrar(20).

(20) La circunstancia de la malnutrición y la falta de medicinas forma el contexto de un curioso artículo en uno de los periódicos estatales sobre la utilidad de la planta de coca, que no es parte de la flora nativa del Paraguay, pero es muy usada en el Altiplano boliviano para proporcionar energía y mitigar el efecto del hambre. Ver: “La coca”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 26 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El mariscal se enfrentaba a algunas decisiones difíciles. Ordenó que cualquier contacto con los hombres en las trincheras opuestas cesara de inmediato y retiró sus piquetes en consecuencia(21). Había leído todo acerca del cólera durante su tour europeo en la década previa y había visto su devastación durante sus viajes. No deseaba nada parecido en ese momento(22).

(21) Charles Ames Washburn había enviado correspondencia -a través de las líneas- en varias ocasiones anteriores, pero ahora este contacto quedó también prohibido. Ver: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 7: 118, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción.
(22) López a José Bergés, Paso Pucú, 18 de Abril de 1867, en: ANA-CRB I-30, 13, 2, n. 5. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La propia enfermedad de López, los meses anteriores, lo había vuelto sensible sobre los efectos de este tipo de enfermedades y no podía darse el lujo de descartar la posibilidad de que todo su ejército fuera barrido por ellas.

El hombre en el campo aliado que mantuvo la cabeza fría durante esta difícil etapa de la guerra fue Caxias. Consciente de los exactos peligros que el cólera podía significar, el marqués tuvo especial cuidado con sus hábitos personales. Se aseguró de que sus Cuarteles fueran cuidadosamente limpiados cada día y se limitaba a beber agua mineral embotellada que había traído con él desde Río de Janeiro(23).

(23) Evangelista de Castro Dionísio Cerqueira. “Reminiscências da Campanha do Paraguai. 1864-70” (1948), p. 215. Gráfica Laemmert, Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Paralelamente, requirió la ayuda organizativa del doctor Francisco Pinheiro Guimarães, quien había comenzado su carrera como Cirujano Naval y ya había visto epidemias en el Brasil. El doctor trabajó rápidamente. Aisló los casos conocidos de cólera y estableció áreas especiales separadas dentro de los hospitales, para lidiar con las amenazas inmediatas. Puso en vigor estrictos estándares de sanidad(24). Los pobladores de Corrientes comenzaron lentamente a calmar sus nervios, convencidos de que lo peor había pasado(25).

(24) Ver: “Medidas que de prompto se devem tomar nos acampamentos dos exercitos alliados para prevenir-se o apparecimento de qualquer enfermidade epidemica” (Tuyutí, 31 de Marzo de 1867) (y passim) en: “Exterior”, periódico “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), edición del 18 de Mayo de 1867.
(25) Miguel Arcanjo Galvão a João Lustosa da Cunha Paranaguá, Montevideo, 28 de Mayo de 1867, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 312, pasta 55 (Coleção Marqués de Paranaguá).
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pronto, el mismo sentimiento se consolidó en los campamentos aliados más cercanos al frente. Caxias, cuya fe en Pinheiro Guimarães fue así bien recompensada, llamó de nuevo al doctor algunas semanas más tarde, esta vez para recorrer sistemáticamente los hospitales aliados en búsqueda de muchos que fingían estar enfermos. Esto puso a otros 2.500 hombres de nuevo en actividad en el frente(26). Cuando la epidemia de cólera comenzó a aminorar entre los Aliados -a mediados de Mayo-, cruzó la línea en Paso Gómez y cayó sobre los paraguayos(27).

(26) Francisco Pinheiro Guimarães, “Um Voluntário da Patria” (Río de Janeiro, 1958), p. 222. Unos pocos meses antes, Caxias se había quejado -con buena razón- de que muchos hombres en el hospital estaban simulando y que las instancias de dolencias en el campamento estaban exageradas; pero el carácter epidémico de la enfermedad, en esta ocasión, no puede ponerse en duda. Ver: Caxias a Marqués de Paranaguá, Tuyutí, 30 de Enero de 1867, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 313, pasta 4.
(27) “Correspondencia” (Corrientes, 24 de Mayo de 1867), en: “Jornal do Commercio” (Río de Janeiro), edición del 3 de Junio de 1867.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El efecto fue inmediato. Aunque la evidencia estadística sigue siendo muy rudimentaria, la epidemia claramente fue peor para los hombres del mariscal que para los de Caxias, ya que al menos éste tenía acceso a alimentos y medicinas modernas.

Las instalaciones médicas del lado paraguayo, ya de por sí cerca del punto del colapso, ahora tenían que sortear un desafío mucho más elaborado. Algunos meses antes, unos ingenieros habían erigido un nuevo hospital localizado a mitad de camino entre Humaitá y Paso Pucú y sus 2.000 camas y hamacas ahora se llenaron con pacientes de cólera de la noche a la mañana(28).

(28) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 201. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Otras estaciones de auxilio, o “boticas”, fueron ocupadas en poco tiempo, lo mismo que una docena de ranchos en Paso Pucú reservados para oficiales veteranos. Pese a todos los esfuerzos, la epidemia se esparció implacablemente. Varias de las más notables figuras paraguayas contrajeron la enfermedad las semanas siguientes, pero gracias a las atenciones de William Stewart, el experimentado doctor británico empleado por los paraguayos, la mayoría logró reponerse.

Los afligidos incluían a los generales Bruguez y Resquín, a James Rhynd y Frederick Skinner (dos de los otros médicos militares británicos al servicio del Paraguay) y a Benigno López, el hermano más joven del mariscal(29). Estos hombres tuvieron suerte, ya que muchos otros oficiales murieron, incluyendo el coronel Francisco Pereira, jefe de la caballería, y el coronel Francisco “Mangú” González, comandante del sexto batallón(30).

(29) En relación con el doctor Rhynd, cuyos servicios a la causa paraguaya le habían merecido la Orden Nacional del Mérito el año anterior, ver: Juan Gómez a Fausto Coronel, Asunción, 8 de Junio 1867, en ANA-NE 2459; en un comentario al margen, el coronel Thompson atribuye la enfermedad de Benigno López al “susto” pero, dada la virulencia de la epidemia de cólera en la época, no hay razones para suponer que un personaje de ese nivel no pudiera caer en ella como tantos otros. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 202. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres.
(30) Víctor I. Franco, “La sanidad en la guerra contra la Triple Alianza” (Asunción, 1976), p. 80; Dionisio M. González Torres, “Centenario del cólera en el Paraguay”, en: “Historia Paraguaya”, 2 (1996), pp. 31-47.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En ausencia de medicamentos modernos, los doctores paraguayos recurrieron a las hierbas, la leche de asno y otros remedios tradicionales. Extrañamente, tenían hielo disponible, producido con amonio por los ingenieros británicos(31).

(31) Ver, por ejemplo, recibo por 15 pesos de pago de salarios a seis peones para la producción de hielo para el Gobierno Nacional (27 de Enero de 1867), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1765. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Lo usaban para hacer compresas frías y para enfriar el tereré y otros brebajes medicinales que frecuentemente constituían el único alivio. Conscientes de que la enfermedad se había esparcido a través de agua contaminada, los doctores prohibieron a sus pacientes beber cualquier cosa que no hubiera sido hervida. López dio órdenes de mantener en cuarentena a los hombres afligidos, y también de prender fuego en los campos con hojas y pasto para fumigarlos(32).

(32) Barcos que venían de Humaitá eran también puestos en cuarentena por diez días una vez que llegaban a la capital paraguaya. Ver: ministro francés Laurent-Cochelet a marqués de Moustier, Asunción, 31 de Mayo de 1867, citado en: Milda Rivarola, “La polémica francesa sobre la Guerra Grande” (Asunción, 1988), p. 161. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esto dejaba a sus Cuarteles con una nube casi constante de humo, que irritaba pulmones y ojos, pero no provocó ningún impacto favorable sobre la epidemia. Quizás la medida convenció a los más crédulos de que se estaba haciendo algún progreso en contener la amenaza cuando, de hecho, la situación continuó empeorando, ya a que los hombres desnutridos les resultaba difícil combatir la enfermedad(33). Las muertes por cólera en el campamento paraguayo nunca bajaron de cincuenta por día en esta época(34).

(33) El coronel Centurión cuenta una anécdota que ilustra la resistencia del mariscal a escuchar la simple verdad de que el número de soldados afligidos se había expandido dramáticamente debido a la malnutrición. Cuando un doctor paraguayo se atrevió a recordarle este hecho, López supuestamente lo recompensó con “cuatro balas”. Ver: Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), (cuatro volúmenes), 2: 265. Ed. El Lector, Asunción; el mayor Antonio E. González, el anotador militar de las memorias del coronel, rechaza absolutamente esta explicación del incidente, asegurando que había suficiente cantidad de comida disponible y, además, ningún Comandante en el mundo habría actuado de esa manera contra el personal médico. González opinaba, en cambio, que el doctor habría dicho algo más equivalente a la traición para merecer tal castigo (pp. 265-266, nota de pie de página); quizás fuera así, pero el hecho es que el suministro de alimentos era realmente escaso en Humaitá. Francisco Bareiro notó -en Mayo de 1867, por ejemplo-, que la cantidad de naranjas requeridas por los hospitales no podía ser entregada, debido a que todos los vapores y veleros estaban ocupados en el transporte de municiones. Ver: Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 14 de Mayo de 1867, en: “Sección Histórica”, “Revista de la Escuela Militar” 4: 38-9 (1929), pp. 185-186.
(34) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), (cuatro volúmenes), 2: 257. Ed. El Lector, Asunción.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La reacción sensata que había mostrado Caxias, contrastaba con el comportamiento de López, quien obsesivamente contradecía a su personal médico e interfería hasta en muchas cuestiones insignificantes. Siguiendo el ejemplo del comandante brasileño, prohibió mencionar la palabra “cólera”. Ya era muy tarde para eludir el pánico -sin embargo- y los soldados respondieron a la orden de su líder simplemente rebautizando la enfermedad como cha’ĩ, palabra guaraní que significa arrugado o encogido, que es el efecto que provoca el cólera en el cuerpo del sufriente después de un día o dos(35).

(35) Dionisio M. González Torres, “Aspectos sanitarios de la guerra contra la Triple Alianza” (1996), p. 63. Universidad Nacional de Asunción: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

López podría ser disculpado por sus inconsistencias. Estaba bajo gran estrés y sufrió él mismo la versión débil del flagelo, que cayó sobre él no mucho después de su recuperación de su previa enfermedad. Pero el cólera convirtió su habitual suspicacia, irritabilidad y neurosis en algo mucho más temible.

En una ocasión, la fiebre le produjo una sed incontrolable que le hizo ignorar su propia regla de no beber agua no hervida. Con sudor en el cuello, agarró un vaso de agua aún no esterilizada de la mesa e intentó llevárselo a la boca. A último momento, un paramédico, Cirilo Solalinde, golpeó violentamente de las manos de su patrón el recipiente, que se hizo añicos en el suelo.

Este acto probablemente salvó la vida del mariscal, pero su inmediata respuesta fue predeciblemente furibunda. Cuando estaba a punto de hacer que el impertinente fuera arrestado y fusilado, el obispo intervino y censuró a Solalinde como cruel y estúpido por no haber permitido a su patrón un simple sorbo de agua.

Esta reprimenda verbal satisfizo a López, quien volvió a la cama sin beber y pronto se olvidó del incidente. Escribiendo muchos años después del hecho, Centurión lamentó los rápidos reflejos y el coraje del enfermero, ya que al interponerse entre el mariscal y un posible peligro fatal, había actuado honorablemente en el estricto sentido del término; pero, salvando a López, había condenado al pueblo paraguayo a otros tres años de carnicería(36).

(36) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), 2: 256-7, (cuatro volúmenes). Ed. El Lector, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La fiebre pudo haber turbado la razón y la fuerza del mariscal, pero nunca su terquedad. En los peores momentos, mientras entraba y salía de estados de conciencia, López comenzó a percibir cualquier número de enemigos merodeando a su alrededor; cuando se despertó, actuó sobre la base de esas impresiones. Acusó a sus doctores de proporcionarle veneno junto con sus medicinas y bebidas, “cargos en los que fue secundado por el obispo(37).

(37) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 202. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

López nunca había sido paciente y en numerosas ocasiones durante la guerra evidenció palpable ira cada vez que las noticias del día se volvían contra él. Sus subordinados hacía tiempo habían aprendido a no interferir ante estas muestras de mal temperamento, que solamente Madame Lynch o sus hijos parecían capaces de aliviar.

Sin duda, López fácilmente sucumbía a una desenfrenada ferocidad cuando estaba en ese estado de ánimo. En este caso, sin embargo, los hombres a su alrededor tenían incluso mayores razones para temblar, ya que durante su convalecencia habían presenciado la emergencia de una característica perturbadora en la personalidad del mariscal. Sus detractores prefieren llamarla locura.

Probablemente no llegara a eso, pero su creciente exasperación sin duda era otra razón de preocupación acerca del futuro. La paranoia, como la ancianidad, puede invadir a un individuo en lentas cuotas las cuales, aun cuando se vuelven obvias para los demás, pasan frecuentemente desapercibidas para la persona en cuestión.

El cólera comenzó a aplacarse en los campamentos paraguayos para principios de Junio, pero la aprensión de que López pudiera caer más y más en un mundo de alucinaciones nunca declinó. Ello fue simplemente engullido por la amplia tragedia de la guerra y por el hecho de que el cólera se había esparcido a la población civil en los meses de invierno de 1867. Allí atacó con renovado vigor y, un tiempo más tarde, mató hasta al hijo de un año del propio mariscal.

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