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Agitada Intervención en La Rioja

La Intervención en La Rioja, llevada a cabo por Lafuente, tuvo más peripecias que la realizada en Catamarca. El comisionado llegó el 29 de Diciembre de 1867, encontrándose con el general Arredondo, que permanecía en la provincia sin ánimo de retirarse. La fracción adicta a este jefe salió en masa a esperar al Comisionado a una legua de la ciudad y lo acompañó hasta la casa que le había preparado, que era la misma del gobernador provisorio, Vega.

Cuatro días después, el comisionado repuso a Dávila en el Gobierno. Sin embargo, continuó en la provincia, puesto que -como decía Rawson- le correspondía garantir el goce y ejercicio de las instituciones riojanas, ejerciendo una función de superintendencia, en vista de que el gobernador había sido nombrado por el Ejecutivo y al solo objeto de organizar las autoridades definitivas.

Acompañaban a Arredondo, el mayor Julio A. Roca, el teniente Rufino Ortega y varios otros oficiales. Los amigos del gobernador repuesto veían con grima que se paseasen tranquilamente por las calles los jefes más caracterizados de la sedición que lo había expulsado del cargo, y expresaron que la tolerancia y la impunidad suelen producir efectos contrarios a los que se buscan, porque tácitamente consienten el escándalo y el crimen(1).

(1) Boletín Oficial (La Rioja), Enero 6 de 1868. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Lo cierto es que el comisionado se mostraba muy amigo de los adictos al general. Uno de estos contó luego que Lafuente, estimulado con la acogida que le dispensaron, les dejó entender su propósito de protegerlos con tal de que apoyaran la candidatura de Elizalde.

Los partidarios de Arredondo simularon asentir a sus ideas y, sin que nadie lo contradijese, el comisionado expresaba a menudo que toda La Rioja votaría por aquel candidato. “La palabra Sarmiento -dijo el citado testigo-, ni cuando hablaba de nuestras viñas la teníamos en cuenta(2).

(2) Vicente Almandoz Almonacid, “Felipe Varela y sus Hordas en la provincia de La Rioja", (Córdoba, Imprenta de “El Eco de Córdoba”, 1869) p. 43. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Era visible el desacuerdo entre el comisionado y el gobernador. Varias veces recordó aquél a éste su obligación de constituir cuánto antes los Poderes Públicos.

Dávila se sentía dominado por sus adversarios, que contaban con el apoyo de las fuerzas de línea, y pedía a Lafuente que por lo menos retrotrayese a la provincia las milicias movilizadas; al fin terminó por declarar que conceptuaba concluida la intervención con el hecho de su restablecimiento en el Gobierno.

El comisionado replicó que esas palabras cuadrarían bien a un gobernante elegido por el pueblo de la provincia y con arreglo a la Constitución local, pero no a Dávila, cuya situación legal era muy distinta(3).

(3) Lafuente. Nota al gobernador Dávila (Enero 14 de 1868), en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, IV, p. 137. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El título de gobernador alucinaba a quien era simple agente nombrado por el Ejecutivo. Ya en situación incómoda, el comisionado salió de La Rioja el 14 de Febrero, con intenciones -según dijo- de ir a Buenos Aires en procura de nuevas órdenes, pero sabiendo que abandonaba al gobernador al arbitrio de los adversarios.

Al día siguíente, Dávila huyó a Catamarca, delegando el Gobierno en Nicolás Carrizo, a quien los opositores solicitaron la renuncia. Como no la obtuvieron, optaron por apoderarse del delegado y someterlo a prisión.

Acto seguido se juntaron doce vecinos, manifestaron su ignorancia respecto a si Dávila había delegado el Gobierno o se había abstenido de ello; y dijeron que el citado acto era nulo, en caso de existir, pues la Constitución no prescribía que un gobernador provisorio pudiese delegar sus funciones... Por consiguiente, llamaron al pueblo para que proveyese el cargo vacante(4). Vega fue nuevamente electo por el voto de cien ciudadanos.

(4) Acta de Febrero 16 de 1868, en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, IV, p. 156. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El presidente resolvió imprimir nuevo carácter a la Intervención, reconociendo como cierto el hecho que los revolucionarios habían alegado contra el provisorio, o sea, que alejaba inmotivadamente la instalación de las nuevas autoridades, faltando al deber contraído en el acto de su nombramiento.

Mitre consideraba que el gobernador provisorio es un mero agente federal, al que se puede remover cuando su conducta no satisface. Un paso más, y se volvería a sostener el derecho de asumir directamente la autoridad nacional el Gobierno de las provincias en los casos de acefalía absoluta.

Si se recuerda -explicó luego el ministro Costa- que el nombramiento de Dávila emanaba del Ejecutivo, se comprenderá fácilmente que éste podía prescindir de él y nombrar otra persona que comprendiese que su misión única consistía en formar los Poderes Públicos en el más breve tiempo posible(5).

(5) [Eduardo Costa]. Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), página XIV. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mitre sostenía además que el derrocamiento de Dávila había producido la acefalía y fundaba también en esta circunstancia el derecho de nombrar nuevo gobernador provisorio que, con arreglo a la ley de intervención en Catamarca, únicamente en ese caso podía efectuarse(6).

(6) Mitre. Mensaje al Congreso (Mayo 1 de 1868), en: H. Magrabaña, “Los Mensajes (Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. 1810-1910)”, tomo III, p. 265. Buenos Aires, Comisión General del Centenario, 1910, (5 volúmenes). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En esto, el juicio de Mitre difería del de Paz y Rawson pues, mientras el primero reconocía a la revolución el derecho de quitar gobernadores provisorios, los segundos consideraban que la circunstancia de emanar el nombramiento de la autoridad nacional obligaba a sostenerlos con más energía, reputando rebelión y no sedición al movimiento que los derrocase.

El Comisionado estuvo de regreso en La Rioja el 1 de Abril y, esa misma noche, se le obsequió con una serenata, en medio de la cual se oyeron algunas aclamaciones a Sarmiento.

Lafuente siguió cultivando, a pesar de ello, buenas relaciones con los adversarios de Dávila y el 3 de Abril nombró gobernador provisorio a Vicente Gómez, quien conservó el mismo ministro que había acompañado a Vega durante sus dos Gobiernos revolucionarios.

E1 12 de Abril se realizaron los comicios presidenciales, habiéndose ausentado Lafuente a Catamarca a efectos de cambiar ideas con el general Taboada, comisionado federal en esa provincia: parecía ya indudable que los votos riojanos serían para Sarmiento.

Ausente aun el comisionado, Gómez fue depuesto por un pronunciamiento que ocurrió el 14 de Abril y que se realizó entre aclamaciones al general Taboada.

Los autores de la revuelta pidieron a Dávila que reasumiese el Gobierno, en mérito a que su primer nombramiento había emanado de una asamblea de vecinos. Rechazaban aquéllos la facultad de nombrar gobernador provisorio que había ejercido Lafuente, y la creían un abuso suyo.

Este mal empleado -dijeron- en vez de secundar los nobles propósitos del ilustrado Gobierno de la República, ha pretendido invadir sus derechos, nombrando por sí un gobernador y desconociendo por lo tanto las prerrogativas del pueblo”.

Derribaban, pues, al provisorio erigido por el interventor, “con el fin de sostener los derechos sagrados del pueblo y hacer respetar su autonomía(7).

(7) Pablo Ferreyra de la Cruz, Manuel Cabral, Cirilo Montaño. Nota al gobernador Dávila (Abril 14 de 1868), en: Domingo A. De la Colina, “S. M. el Emperador de Los Llanos. 1861-1868 (Contribución a su historia)”, p. 155. Talleres Horacio Benavídez, La Plata, 1920. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Es interesante observar cómo subsistía el pensamiento de que los comisionados deben abstenerse de imponer a las provincias autoridades -por momentáneas que sean-, aún en casos de acefalía absoluta y aunque los nombramientos recaigan en vecinos del territorio.

Dávila encontró justo el reclamo y se declaró restituido en las funciones gubernativas por la espontánea voluntad del pueblo. El Ejecutivo rechazó estas ideas, comunicó a Dávila que jamás reconocería un gobernante nacido de origen tan impuro y lo declaró rebelde, así como a sus secuaces(8).

(8) Costa. Nota al gobernador Dávila (Abril 24 de 1868), en: "El Nacional", Nro. 6.598, Mayo 8 de 1868. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El provisorio Gómez reunió algunos hombres en Los Llanos y avanzó sobre la capital. El 12 de Mayo, a las once de la noche. Dávila huyó a la sola vista del polvo que levantaba la fuerza atacante y se dedicó a alzar montoneras(9).

(9) Gómez. Nota al gobernador Alsina (Mayo 14 de 1868), Ms., en: Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Gobierno, 1868, expediente número 391. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al fin, el general Arredondo, actuando por pedido de Gómez, derrotó a Dávila en el combate de Aimogasta, tomándolo prisionero junto con casi toda su gente, la cual fue remitida al teatro de la guerra, como era costumbre, para que evidenciase su patriotismo bélico frente a los paraguayos y olvidasen sus pretensiones sobre autonomía.

El Comisionado regresó a La Rioja y se propuso anular los votos de la provincia en la elección presidencial, ya que habían fracasado las tentativas de atraerlos hacia su candidato. Al efecto, como medida previa, ordenó la salida de Arredondo, a lo que replicó el General que aquél carecía de derecho para dictar la orden y de medios para cumplirla.

Informado el presidente, se decidió a degradar al General, ordenándole que se presentase arrestado en Buenos Aires. “He hecho cuanto era posible por salvarlo -dijo Mitre- y al fin se ha perdido por su gusto(10).

(10) Mitre. Carta al ministro Gelly y Obes (Junio 2 de 1868), en: Archivo del general Mitre, III (Buenos Aires, Biblioteca de “La Nación”, 1911), p. 233. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A pesar de que Arredondo no se alejaba, el comisionado llevó adelante sus propósitos, procurando que la Legislatura se instalase después del 12 de Junio, fecha en que debía practicar el escrutinio de las elecciones de electores, ya efectuadas por el pueblo. De esa manera, los votos de la provincia no podrían ser computados por el Congreso.

Pero los riojanos obviaron los inconvenientes. Permitieron que la Legislatura no se constituyese, sabiendo que la ley electoral autorizaba a los gobernadores a allanar cualquier dificultad o duda, con tal de que después sometiesen sus actos al Congreso, el cual resolvería en definitiva.

En consecuencia, decidieron que una Junta nombrada por el gobernador relevase a la Legislatura inexistente en la tarea del escrutinio. Para que el plan tuviera buen éxito, era preciso que el comisionado se retirase de la capital. Así fue cómo saltó la especie de que el pueblo, indignado por el entredicho que existía entre Lafuente y Arredondo, manifestaba el propósito de sublevarse, poniendo en peligro la vida de aquél. El comisionado se impresionó, mandó enganchar su carruaje y fue a detenerse en la Posta de don Diego(11).

(11) Vicente Almandoz Almonacid, “Felipe Varela y sus Hordas en la provincia de La Rioja”, (Córdoba, Imprenta de “El Eco de Córdoba”, 1869) p. 52. Gómez. Nota al comisionado Lafuente (Mayo 31 de 1868), en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, IV, p. 169. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Libre para proceder, el gobernador formó la Junta. El comisionado se apresuró entonces a expresar su sorpresa y desaprobación, comunicándole que carecía de derecho para dar ese paso. Gómez había sido nombrado al solo objeto de erigir los Poderes Públicos: nada más ni nada menos.

Desde el ingrato lugar donde se hallaba -internado en el desierto, azotado por los vientos y casi sin agua para beber-, el comisionado amenazó al gobernador diciéndole que la única forma de salvar su responsabilidad consistía en la anulación de la Junta y en la declaración de que carecía de autoridad para formarla(12).

(12) Lafuente. Nota al gobernador Gómez (Junio 8 de 1868), en: Vicente Almandoz Almonacid, “Felipe Varela y sus Hordas en la provincia de La Rioja”, (Córdoba, Imprenta de “El Eco de Córdoba”, 1869) p. 52. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Gómez rehuyó la polémica y mantuvo firme su decisión, expresando que el comisionado y aún el propio Ejecutivo eran incompetentes en el asunto. Debía entender el Congreso, y confiaba en su decisión favorable...(13).

(13) Gómez. Nota al comisionado Lafuente (Junio 10 de 1868), en: Vicente Almandoz Almonacid, “Felipe Varela y sus Hordas en la provincia de La Rioja”, (Córdoba, Imprenta de “El Eco de Córdoba”, 1869), p. 54. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los hechos le dieron la razón. Los votos de La Rioja fueren aceptados y contribuyeron a formar la mayoría que dio el triunfo a Sarmiento.

Gómez constituyó luego la Legislatura y el Colegio Electoral, el que el 14 de Junio nombró gobernador propietario al doctor J. Benjamín de la Vega, que se hallaba ausente e, interino, hasta tanto llegare aquél, al teniente coronel Nicolás Barros.

Apenas se organizaron los Poderes Públicos, el comisionado partió para Buenos Aires, despidiéndose de Gómez y declarando concluida la Intervención por nota que firmó el día de su regreso, o sea, el 5 de Julio de 1868.

Al teniente coronel Barros le cupo un difícil interinato. Los trajines políticos habían dejado exhausta la provincia y colocádola a merced de cualquier aventurero.

El 18 de Agosto, la capital se rindió a la montonera rediviva que la sitiaba desde días atrás; el gobernador interino delegó el cargo en Lorenzo A. Blanco, anciano apropiado para tales emergencias; y el delegado, rememorando una ocurrencia ingrata, nombró Comandante General de Armas a Elizondo, caudillo de la montonera.

Esta vez, siguiendo una práctica ya establecida, el Ejecutivo actuó directamente contra la montonera sin dictar decreto de Intervención.

El 22 de Septiembre, previo sometimiento de Elizondo, el general Octaviano Navarro ocupó la ciudad con algunas fuerzas nacionales y Barros se declaró reinstalado en el Gobierno, sin recurrir al general para que lo repusiese y procediendo con un claro sentido del caso institucional(14). El 14 de Marzo de 1869, Vega ocupó el cargo de gobernador.

(14) Barros. Nota al general Navarro (Septiembre 22 de 1868) y decreto de Septiembre 23 de 1868, en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, IV, pp. 191 y 194. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mientras la intervención de Lafuente entraba en su última fase, se produjo una incidencia interesante. El doctor San Román, que el 7 de Octubre de 1867 había sido nombrado por Dávila presidente de la Cámara de Justicia, pidió al ministro del Interior que lo encargase del Gobierno, en virtud de tal título y con arreglo a un precepto de la Constitución de la provincia.

Costa manifestó que el Ejecutivo había procedido en la creencia de hallarse La Rioja en completa acefalía y expresó su asombro por el anterior silencio del reclamante, quien pudo haber facilitado la acción federal si hubiese hablado a tiempo(15).

(15) Costa. Nota al doctor San Román (Abril 22 de 1868), en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, IV, p. 166. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El trámite fue lento: San Román formuló el pedido el 10 de Abril de 1868; el ministro solicitó informes al comisionado el 22 del mismo mes; y éste, el 3 de Junio pasó el reclamo al provisorio.

Terminada la Intervención, concluyó la incidencia. El derecho de San Román era dudoso, pues provisorio tuvo que ser su carácter judicial, conforme provisoria era la investidura de quien lo nombró; y si el Ejecutivo había prescindido del gobernador, bien pudo prescindir de los funcionarios designados por éste.

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