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La Intervención Costa en Santa Fe

La Intervención en Santa Fe preocupó extraordinariamente a los políticos y fue la más discutida de entre todas las que se verificaron durante la presidencia del general Mitre.

A principios de 1868, la revolución se había adueñado de la provincia, eliminando las autoridades fieles al gobernador derrocado. El 9 de Enero, varios ciudadanos se congregaron en la plaza de Santa Fe, aplaudieron la acción llevada contra el gobernante que pretendía coartar la libertad de sufragio, “base de nuestras instituciones republicanas”, y confiaron interinamente el Gobierno, al presidente de la Cámara de Justicia, doctor José Benito Graña(1).

(1) Acta Popular, en: Archivo del general Mitre, I, p. 121. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Creían que esta actitud se ajustaba a un precepto constitucional que prohibía la ausencia del gobernador sin permiso legislativo y a otro que convertía al presidente de la Cámara de Justicia en su reemplazante; pero olvidaban que los mismos textos permitían la ausencia justificada por un grave asunto de interés público y sólo autorizaban aquel reemplazo en caso de renuncia, muerte, destitución, suspensión o imposibilidad física o mental permanente y no en caso de ausencia, pues entonces el propio gobernador debía designar al sustituto(2).

(2) Constitución de 1863, artículos 44, 45 y 63, inciso 18. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Graña aceptó el Gobierno; nombró ministro al doctor Simón de Iriondo, alma de la revolución, y declaró innecesaria la injerencia de las autoridades federales.

El presidente, que en esos momentos bajaba el río Paraná para dirigirse a Buenos Aires, desconoció el carácter legal del nuevo gobernador, expresó que la Intervención tenía un propósito claro que cumplir y concedió que se podia aceptar a Graña como a un funcionario que remediaba una necesidad pública, pero ello únicamente si reconociese la autoridad del gobernador titular(3).

(3) Mitre. Carta al gobernador Graña (Enero 17 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 130. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El comisionado Pico reaccionó en forma más enérgica, declarando ilegítima la autoridad de Graña y anunciando solemnemente, en nombre del Gobierno Federal, que aquél y sus adictos responderían del crimen de sedición en que incurrían(4).

(4) Pico. Manifiesto al pueblo santafesino, en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 40. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 27 de Enero llegó a San Nicolás la noticia de que el coronel Martínez había atravesado la provincia de Santa Fe y acampaba a media legua de Rosario.

El comisionado ordenó al general Conesa que se internase también en territorio santafesino, y él mismo se instaló ese día en Rosario, donde declaró repuesto en sus funciones al gobernador Oroño.

Antes de que entrasen las fuerzas nacionales, el jefe revolucionario Rodríguez evacuó la ciudad, situándose a unas tres leguas, con los mil quinientos hombres que estaban a sus órdenes.

Cuando Mitre reasumió el Ejecutivo, manifestó por un importante acto, su juicio acerca del proceso. El 31 de Enero nombró comisionado al ministro interino del Interior, doctor Eduardo Costa, a fin de, “facilitar por todos los medios constitucionales el ejercicio de las autoridades de la provincia de Santa Fe y hacer efectivo en ella el imperio de la ley".

Departamento del Interior

Buenos Aires, Enero 31 de 1868

Deseando el Presidente de la República facilitar por todos medios constitucionales el ejercicio de las Autoridades constituidas de la Provincia de Santa Fe y hacer efectivo en ella el imperio de la Ley, con arreglo a las instrucciones que tiene el Comisionado Nacional, doctor don Francisco Pico, para este negocio, y las que con esta fecha se le transmiten,

Ha acordado:

Que el Excelentísimo Señor Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, encargado interinamente del Ministerio del Interior, se traslade a aquella Provincia para que, en representación suya, adopte aquellas medidas que repute más eficaces al objeto de conseguir los propósitos de esta intervención, a cuyo efecto le confiere todas las autorizaciones necesarias.
Comuníquese al Comisionado Nacional, doctor don Francisco Pico, y al Gobernador de Santa Fe, don Nicasio Oroño.

MITRE
Eduardo Costa, Rufino de Elizalde, Cristóbal Aguirre, W. Paunero

Este texto ambiguo presagiaba un nuevo criterio. En carta particular dirigida a Pico, el presidente explicó su concepto. Advertía fallas en la conducta del comisionado: no había efectuado intimaciones pertinentes antes de apelar a las armas, ni había requerido del gobernador repuesto, garantías prácticas para los opositores.

De una parte, Mitre creía hallarse frente a un Gobierno verdaderamente impopular, huérfano de ascendiente moral y fuerza material; de otra parte, frente a una revolución inequívocamente reaccionaria, encabezada por pésimos elementos. Y entendía que su deber era reponer las autoridades sin reprimir sangientamente a los revolucionarios(5).

(5) Mitre. Carta al comisionado Pico (Enero 31 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 147. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Comisionaba al ministro, pues -según luego lo expresó oficialmente- para que procurase arribar a un resultado pacífico ahorrando sangre argentina, aunque salvando los principios constitucionales sin transigir con el desorden(6). El doctor Pico quedó prácticamente despedido, pero sólo el 9 de Febrero pidió permiso para volver a Buenos Aires.

(6) Mitre. Mensaje al Congreso (Mayo 1 de 1868), en: H. Magrabaña, “Los Mensajes (Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. 1810-1910)”, III, p. 265. Buenos Aires, Comisión General del Centenario, 1910, (5 volúmenes). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El cargo de impopularidad formulado por Mitre, motivó vigorosas réplicas. Según Pico, había que sostener y alentar al partido “civilizado”, compuesto por los hombres instruidos y de fortuna, por todos los que tenían una digna posición social y amaban el orden; estos hombres eran menos que los rústicos y viciosos, como en todas partes ocurría; más, ello no autorizaba a entregar el poder a la discreción de estos(7).

(7) Pico. Carta al presidente Mitre (Febrero 9 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 167. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Oroño sostuvo los mismos conceptos. “Nuestras agitaciones internas -dijo- son el combate sostenido entre la civilización y la barbarie; en este combate, yo he aceptado la parte que me cupo, trayendo en favor de las buenas ideas el contingente pequeño que me fue posible”.

Añadió que la situación de Mitre era análoga a la suya, pues las grandes y numerosas revoluciones que habían ensangrentado el país, más que movimientos locales, fueron actos de resistencia a aquél: casi todos los pueblos se habían levantado contra Mitre o contra los Gobiernos que se le mostraban adictos; y si en Entre Ríos no hubo perturbaciones, se debió a que pueblo y Gobierno coincidían en su aversión a la política nacional(8).

(8) Oroño. Carta al presidente Mitre (Febrero 13 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 175. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La fórmula de Sarmiento se erigía en principio de política práctica: las minorías ilustradas reclamaban el poder antes ejercido por los caudillos secuaces de la fuerza. Siempre en nombre de la Constitución republicana y democrática...

El ministro del Interior llegó a Rosario el 2 de Febrero y solicitó una entrevista al jefe militar de la revolución; y éste contestó que tendría el honor de recibirlo, si se tomaba la patriótica molestia de acudir a su campamento.

Costa fue al campamento de Rodríguez y propuso las siguientes bases de arreglo: amplia amnistía para todos; elecciones dirigidas por un gobernador provisorio, nombrado con arreglo a las leyes locales, o designado por el Gobierno Federal, si de otra manera no se pudiese garantir la libertad de sufragio; desarme de los revolucionarios y devolución de los caballos ajenos.

Podía hallarse desde entonces de un gobernador provisorio, porque el período del titular estaba a punto de concluir. El coronel Rodríguez aceptó las bases, y el ministro pensó no formalizarlas por escrito, eludiendo entrar en arreglos oficiales con los revolucionarios(9).

(9) Costa. Carta al presidente Mitre (Febrero 5 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 152. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Pasó Costa la intimación convenida; más, Rodríguez, en vez de aceptarla de plano, pidió una expresa ratificación del arreglo y enunció sus bases en detalle, para mayor seguridad. El ministro tuvo que someterse a la triste necesidad de solemnizarlo...(10).

(10) Costa. Nota al coronel Rodríguez (Febrero 7 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 60. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Con la celebración del arreglo, la Intervención precisaba su carácter: a objeto de evitar el derramamiento de sangre, propósito añadido al inicial de reponer la autoridad derrocada, la intervención decidía garantir la libertad de sufragio en las elecciones provinciales. El desarme se efectuó a medias, porque gran parte de los revolucionarios se dispersaron antes de que se hiciese efectivo.

El gobernador expresó sus reparos. A nadie había facultado a amnistiar a los sediciosos, aunque nunca abrigó la idea de atentar contra sus vidas; tampoco había autorizado ofrecimientos relativos a la época en que debían realizarse las elecciones, admitiendo -sin embargo- que no podrían verificarse durante su Administración. Pero le interesaba establecer públicamente que su Gobierno se negaba a pactar con los revolucionarios, porque lo impedía su dignidad(11).

(11) Oroño. Nota al ministro Costa (Febrero 10 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 72. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Que la dignidad del Gobierno Federal corriese por cuenta de otros... Pensaba Oroño que el ministro se proponía apoyar a los revolucionarios, observando para con él nada más que las apariencias indispensables y sospechaba que perseguía objetos puramente políticos.

Trabajos electorales -dijo Oroño- no han sido el objeto expreso con que mi Gobierno solicitó la intervención(12).

(12) Oroño. Carta al presidente Mitre (Febrero 13 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 174. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En Rosario, los liberales formaron un Club político y fueron en manifestación hasta la casa de Oroño, donde éste pronunció un discurso en el que dijo, aludiendo al fanatismo que lo combatía, que él no era enemigo de la religión imperante...

Cuando el gobernador dejó de hablar, los circunstantes lo aplaudieron, así como al Gobierno Federal y, por último, un entusiasta vitoreó a Sarmiento, aclamándolo futuro presidente de la República(13).

(13) "El Ferrocarril" (Rosario), anticipación al Nro. 1.422. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Es que el 2 de Febrero de ese año, congregados en Buenos Aires los partidarios de Sarmiento y Alsina, habían resuelto unir sus fuerzas, votando al primero para la presidencia y al segundo para la vicepresidencia. Oroño y sus amigos aceptaban y ratificaban la alianza.

Cumplido el arreglo en Rosario, el ministro siguió viaje a Santa Fe. El gobernador revolucionario se apresuró a ofrecerle su acatamiento. “El gran principio de la democracia -la soberanía del pueblo, la libertad del sufragio, base fundamental de nuestras instituciones- está salvado en el arreglo celebrado con vuecencia”, manifestó Graña a Costa, interpretando el júbilo de sus adictos(14).

(14) Graña. Nota al ministro Costa (Febrero 13 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 85. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 13 de Febrero, día siguiente al de su llegada, el ministro designó al vecino Domingo Crespo, para que conservara el orden público hasta tanto el gobernador propietario proveyere lo conveniente. Poco después, reinstalaba a Oroño en la misma Capital.

El 23 de Febrero concluyó el período de Oroño. El problema del interinato estaba resuelto desde el día 13, fecha en la que la Legislatura se había reunido en Rosario y nombrado para esa eventualidad a Camilo Aldao, cuñado de Oroño y autor del vítor a Sarmiento a que antes se ha aludido.

Según la resolución respectiva, el interino debía vigilar el restablecimiento del orden constitucional; cuando esto se hubiese logrado, daría aviso a la Legislatura para que se señalase la fecha de los comicios(15).

(15) Legislatura de Santa Fe, sesión de Febrero 23 de 1868. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La resolución pronosticaba el conflicto futuro: gobernador interino y Legislatura no juzgarían a la provincia en condiciones electorales mientras el triunfo apareciera dudoso.

Costa reparó en el obstáculo que se le ponía por delante, sin desanimarse: en el fondo, le agradaban las dificultades, porque pensaba que habrían de servir “para ir haciendo doctrina en materia de intervención nacional, sobre lo que hay tan poco todavía(16).

(16) Costa. Carta al presidente Mitre (Febrero 12 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, p. 170. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Frente a la resolución legislativa, expresó que el aplazamiento indefinido de las elecciones podría crear una situación violenta, por cuanto postergaba sin término la garantía del libre sufragio ofrecida por la Nación al pueblo de la provincia(17).

(17) Costa. Nota al gobernador Oroño (Febrero 19 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 96. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 23 de Febrero, Aldao prestó, ante la Legislatura, el juramento de ley. Costa fue advertido de inmediato de que la Legislatura había sesionado sin quorum. Comprobar el hecho, desconocer al nuevo gobernador y designar otro con carácter de provisorio, fueron cosas que realizó en un solo acto...

Para el cargo de gobernador provisorio eligió al doctor Luciano Torrent, elizaldista decidido, a quien el ministro había prestigiado antes para el cargo de gobernador interino. El nombramiento se efectuó de acuerdo con las reglas que, para los casos de acefalia, el Congreso estableció en la ley de intervención en Catamarca...

Aldao protestó enérgicamente; estando reunida la Legislatura, el acto del ministro significaba una usurpación de sus facultades soberanas y una dolorosa violación del precepto constitucional que asegura a las provincias el derecho de elegir sus gobernadores sin la injerencia federal(18).

(18) Aldao. Nota al ministro Costa (Febrero 26 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, p. 137. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El argumento resultaba concluyente. Costa expresó entonces que iba a demorar la entrega del Gobierno a Torrent, como prueba de templanza y a efectos de permitir que la Legislatura -reunida en quorum- tomase nuevo juramento al gobernador nombrado por ella(19).

(19) Costa. Nota al gobernador Aldao (Febrero 27 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, p. 142. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El ministro se consideraba triunfante, a pesar de todo, pues no creía que Aldao se sometiese a tamaña humillación(20). No obstante, éste se avino a la exigencia, con lo que pasó a ser el gobernador de los dos juramentos de las crónicas satíricas.

(20) Costa. Carta al presidente Mitre (Febrero 29 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 198. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apenas instalado en sus funciones, el gobernador interino envió a Buenos Aires a su ministro doctor Pedro Rueda, para que gestionara una aveniencia. Rueda dijo al presidente que si éste prestigiase la candidatura de Torrent, todos se plegarían a ella. Mitre le contestó que no entraba en sus principios fabricar gobernadores ni influir en las elecciones locales, aunque mucho simpatizaba con esa candidatura, creyéndola capaz de evitar que Santa Fe cayese bajo la influencia de Urquiza, cuyas cortesías de entonces le inspiraban desconfianza(21).

(21) Mitre. Carta al ministro Costa (Marzo 4 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 204. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Las palabras del presidente fueron mal interpretadas por el gobernador, quien expresó su intención de cumplir el “arreglo” convenido(22), concepto que aquél aclaró, precisando que nada había pasado de simples conversaciones y repitiendo que nunca se permitiría proponer candidato, a pesar de su aprecio por Torrent(23).

(22) Aldao. Carta al presidente Mitre (Marzo 11 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 217.
(23) Mitre. Carta al gobernador Aldao (Marzo 13 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 218. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Pero los santafesinos ignoraban las formas protocolares, y Rueda insistió en hablar a Mitre del convenio celebrado entre los dos...(24).

(24) Rueda. Carta al presidente Mitre (Marzo 17 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 224. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El apresuramiento de Costa impidió el éxito de las disposiciones amistosas. Tan pronto como Aldao asumió el Gobierno, lo instó a que realizase los actos preparatorios de las elecciones.

En Santa Fe existía el mismo motivo de urgencia que por la misma época los comisionados federales invocaban en Catamarca y La Rioja: los próximos comicios presidenciales, que el Ejecutivo quería realizar sin que ninguna provincia estuviese intervenida.

El gobernador contestó que la revolución permanecía en pie, quieta pero no desarmada, y protegida por el ministro, mientras que el Gobierno se sumía en la impotencia, por habérsele prohibido reunir milicias so pretexto de que la pacificación corría por cuenta de la autoridad interventora. Además, convenía tener presente que el garantir la libertad de sufragio, compete al Gobierno de la provincia y no al de la Nación(25).

(25) Aldao. Nota al ministro Costa (Marzo 2 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 169. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La réplica del gobernador provocó en el ministro una lamentable salida de tono.

Cuando el Gobierno de la Nación es llamado a ejercer el penoso deber de intervenir en los negocios de una provincia -expresó Costa- su acción no es la de un mero instrumento, cuya misión sea sólo reducir por el poder de las armas y castigar a los que dieron ocasión a que se lo llamara. Si tal fuera su triste y menguado rol, se mandaría simplemente un general que obedeciera las inspiraciones del Gobierno que pidió la intervención y no un comisionado nacional que, inspirándose en sentimientos más altos, busque el bien de todos y exija de los unos y de los otros el cumplimiento de los preceptos constitucionales”.

La crítica del Gobierno autómata, enunciada en el Congreso de 1866, daba sus primeros frutos extravagantes: llamado para sostener o restablecer autoridades, el Gobierno Federal acudía en busca del bien de todos asumiendo funciones de paterfamilias.

Puesto en tal aprieto, Costa advirtió que faltaba apoyo constitucional a su doctrina, y entonces se asió de otra cláusula del artículo 6: el hecho de la intervención -dijo- supone la obligación de garantir la forma republicana de Gobierno(26).

(26) Costa. Nota al gobernador Aldao (Marzo 7 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 185. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Tan inconsistentes principios le sirvieron para fijar la fecha de las elecciones de gobernador propietario, de acuerdo siempre con las medidas que en su consecuencia dictase el interino.

En los fundamentos de la respectiva resolución, expresó que la demora en llamar a elecciones constituía una manifiesta violación de la forma republicana de Gobierno, cuya garantía más esencial es la renovación de las autoridades en épocas precisas y determinadas; y repitió que garantir la forma republicana es “uno de los principales objetos de toda Intervención(27).

(27) Costa. Resolución de Marzo 7 de 1868, en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 188. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Esto -a juicio del ministro- significaba ir formando doctrina en la materia... El mismo día en que apareció la resolución, el gobernador publicó su propósito de no cumplirla. En dos motivos fundaba su actitud: la convición de que el ministro no podía arrogarse atribuciones correspondientes a la Legislatura; y la de que la provincia no se hallaba pacificada, de lo que era testimonio la presencia del ministro, quien tendría que retirarse en caso de estar aquélla en calma(28).

(28) Aldao. Nota al ministro Costa (Marzo 7 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 198. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Por ese tiempo, llegó a la ciudad de Santa Fe el candidato de los federales, Cabal, anunciando a sus amigos el próximo triunfo. Por las noches recorrió las calles una serenata encabezada por aquél, la que se dirigió a festejar al ministro, vivando a Elizalde y Urquiza y profiriendo gritos de muerte contra el gobernador de los dos juramentos, Oroño, los masones y el matrimonio civil.

El gobernador, indignado, reafirmó ante Mitre el vítor que había dado por Sarmiento cuando era simple particular, vítor que -en su opinión- venía repercutiendo en todos pueblos donde no pesaba la mano de hierro de Urquiza o de los Taboada(29).

(29) Aldao. Carta al presidente Mitre (Marzo 7 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 212. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A la vez, pidió oficialmente la sustitución de Costa, a quien acusó de alentar y halagar a los elementos sediciosos, constituyéndose en agente electoral y jefe de partido(30). A Mitre le desagradó que se hubiera permitido la serenata, alimentando la creencia de que el ministro trataba de influir en asuntos de la política interna.

(30) Aldao. Nota al subsecretario del Interior (Marzo 7 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 193. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mitre se mostró disconforme con la resolución dictada por Costa, declarándola ajena a sus instrucciones; pero decidió aprobarla, porque era irremediable(31).

(31) Mitre. Carta al ministro Costa (Marzo 10 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 210. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Las ideas del ministro conducían a una situación en la que había que prescindir del gobernador interino y de la Legislatura, verificando las elecciones bajo la dirección federal. En el presidente primaba el propósito de respetar la autonomía.

El orden público -en su concepto- estaba afianzado en la provincia, de modo que la misión del Ejecutivo se limitaba a vigilar a un gobernador interino perpetuado en sus funciones sin título constitucional y a una Legislatura que aplaudía y fomentaba sus manejos.

En tal situación, el presidente adoptó una actitud inesperada y definitiva: ordenó al ministro que diese por terminadas sus gestiones y arreglase el inmediato regreso al Paraguay de las tropas estacionadas en Rosario, declarando a las autoridades fuera de las condiciones del sistema representativo republicano y no merecedoras, por lo tanto, de la protección federal(32).

(32) José M. Cantilo. Nota al ministro Costa (Marzo 20 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 210. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En esta forma, dio vida al pensamiento ya manifestado cuando realizaba -en 1865- la Intervención en Córdoba. La actitud era respetable y lógica dentro de un severo concepto personal.

En la Convención porteña de 1860, Mitre había expresado que la intervención constituía un deber para el Gobierno Federal cada vez que fuese válidamente requerido; frente a ese principio absoluto, se presentaba ahora el caso que era su excepción y complemento.

La autoridad nacional concurría a una provincia a pedido de sus gobernantes y comprobaba la impopularidad de estos y su falta de consistencia en todos los medios y, entonces, les retiraba su ayuda, librándolos a su propia suerte. Que el examen precediese a la intervención fuera procedimiento más correcto; pero mal podía acogerse a él quien había prestigiado la obligatoriedad de la Intervención, siempre que hubiese requerimiento en forma.

Atendiendo al caso que estuvo a punto de acaecer en Córdoba y al que se produjo en Santa Fe, se puede inferir la doctrina que se elaboraba: el Gobierno Federal acepta todo requerimiento de autoridad depuesta, la repone, y se retira de inmediato si advierte en ella deficiencias que afectan el régimen fijado por la Constitución Nacional.

Claro está que si en tal caso una nueva sedición derrocase esas autoridades locales, el Poder Central se abstendría de protegerlas, dejándolas que triunfasen por sus propios medios o que la provincia reconstruyese por sí sola su ser político, tal como Mitre pretendió que procediera San Juan en 1860.

Sin perjuicio de disponer el retiro del comisionado, el presidente intentó justificar su conducta. La defensa fue poco feliz, cosa nada extraña, si se atiende al íntimo desacuerdo que aquél mantenía con el ministro.

El presidente estableció que la Intervención tuvo por objeto garantir el sistema representativo republicano, con arreglo al artículo 5to., y restablecer las autoridades constituidas, de conformidad al artículo 6to.. Afirmada esta rara premisa, resultaba cómodo deducir consecuencias en cualquier sentido.

La conclusión que sacaba era que el interventor podía realizar los comicios nombrando un delegado para presidirlos y prescindiendo de las autoridades locales; conclusión que no aplicaba en Santa Fe, en el deseo de respetar su decoro, evitándole imposiciones apoyadas en la fuerza(33).

(33) Cantilo. Nota al ministro Costa (Marzo 20 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 210. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Por suerte no atrajeron adeptos estas erróneas apreciaciones, formuladas para salir de una situación desairada. El Nacional volvió las ideas a su quicio: las garantías al goce y ejercicio de las instituciones provinciales, de que habla el artículo 5to., son ajenas a las Intervenciones políticas: éstas sólo proceden en los casos del artículo 6to., porque así lo expresa claramente el texto constitucional(34).

(34) Nro. 6.568, Marzo 31 de 1868. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Conviene anotar el hecho de que Mitre omitió toda referencia a la primera parte del artículo 6to., que autoriza intervenciones para garantir la forma republicana: tan restrictiva le parecía esa frase.

Mientras el presidente expedía tales órdenes, el ministro ventilaba con el gobernador un menudo asunto judicial, que encerraba sin embargo profundo sentido.

El Jefe Político de Coronda había detenido al ex capitán de milicias, José M. Almendra, y a dos sujetos más, revolucionarios todos, y los había enviado a la cárcel de la capital, conforme a los procedimientos usuales.

Informado el ministro de que las causas de la detención eran enteramente triviales y de que en realidad se trataba de persecuciones políticas, pidió informes al gobernador, sintiéndose compelido a cumplir las garantías ofrecidas a los revolucionarios(35) y, éste, replicó desconociendo la función inquisitorial que se pretendía asumir sobre asuntos completamente ajenos a la intervención, pero agregó que ninguna orden suya había autorizado persecuciones políticas y que ignoraba que existiesen detenciones provocadas por delitos contra el orden público(36).

(35) Costa. Nota al gobernador Aldao (Marzo 20 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 264.
(36) Aldao. Nota al ministro Costa (Marzo 20 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 265. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Costa afirmó entonces su perfecto derecho para ejecutar las garantías, aún desentendiéndose de las autoridades de la provincia y, a efectos de tomar declaración a los detenidos, mandó que un oficial los sacase de la cárcel(37).

(37) Costa. Nota al gobernador Aldao (Marzo 20 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 266. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Aldao protestó con más vehemencia que nunca. El ministro, a más de impedir el castigo de los sediciosos, se arrogaba facultades judiciales, sustrayendo procesados de la acción penal ordinaria y constituyéndose en dictador con atribuciones omnímodas.

En consecuencia, y a falta de otros recursos más efectivos, Aldao resolvió que un apoderado de la provincia demandara en Buenos Aires la reparación del ultraje que el ministro había inferido a su autonomía(38).

(38) Aldao. Nota al ministro Costa (Marzo 24 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 271. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La réplica del ministro fue curialesca y pobre. Alegó que el juez de la causa no había jurado el cargo ante la Cámara de Justicia y que el Poder Judicial se hallaba acéfalo; de no ocurrir tales circunstancias, quizás hubiese optado porque los detenidos continuasen bajo el fuero correspondiente...(39).

(39) Costa. Nota al gobernador Aldao (Marzo 26 de 1868), en: Intervención en Santa Fe, 1868, etc., p. 274. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A continuación dispuso la libertad de los detenidos. El hecho fue muy comentado y criticado: por primera vez un comisionado federal asumía funciones judiciales.

El 28 de Marzo de 1868 el ministro dio término a la intervención, dirigiéndose a Buenos Aires. Aldao le remitió su renuncia, declarando que abandonaba la autoridad en las propias manos de quien se la había arrancado; y se refugió en el mismo barco en que aquél partía.

Acéfalo el Gobierno, Graña no pudo asumirlo porque Oroño lo había suspendido de su cargo judicial, y lo ocupó el camarista, doctor Federico Ibarguren.

Al pasar por Rosario, Costa obtuvo la libertad de Oroño, a quien sus adversarios habían detenido cuando conocieron el término de la Intervención, y lo asiló en el barco en que viajaba. Por resolución del 1 de Abril, el presidente aprobó la conducta del ministro.

Cuando se retiró de Santa Fe, dijo Costa que probablemente se suspenderían en la provincia las elecciones presidenciales y que todas las personas de influencia aseguraban que no existía el menor temor, si las hubiese, de que triunfara Urquiza. El impedir la victoria de éste, fue el único trabajo electoral que el ministro se había permitido...(40).

(40) Costa. Carta al presidente Mitre (Marzo 28 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 243. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los acontecimientos ocurrieron de otra manera: las elecciones se verificaron; las presidió Cabal, ya gobernador titular; y los Electores de Santa Fe votaron por Urquiza.

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