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LA POLITICA POR OTROS MEDIOS. MALOS CALCULOS, DIPLOMATICOS Y DE TODO TIPO

La guerra de la Triple Alianza fue peleada en muchos frentes y no todas las batallas requirieron tiros y bayonetas. De principio a fin, también implicó la manipulación de las opiniones de los combatientes. Incluso aquéllos que estaban lejos de Humaitá, se ubicaban a favor de un lado o del otro y ello tenía un impacto potencial sobre el curso de la lucha.

Si extranjeros con ningún interés obvio en el conflicto podían ser persuadidos de intervenir, los parámetros que parecían ya determinados podían experimentar un giro fundamental.

Tanto López como sus oponentes aliados deseaban convencer a los de afuera de que sus respectivas causas merecían apoyo. E incluso si las potencias extranjeras se excusaban de hacer cualquier consideración específica sobre la guerra, aquellos hombres y mujeres que ya estaban peleando, necesitaban la tranquilidad de saber que sus esfuerzos eran apreciados o, al menos, reconocidos.

La propaganda jugaba un importante papel en este sentido. Como hemos visto, los países andinos simpatizaban con los paraguayos de una forma que sonaba grandilocuente, pero que en los hechos les costaba poco. En contraste, en Estados Unidos y Europa apenas se conocía dónde estaba el Paraguay, aunque ocasionalmente se hacían allí menciones positivas de la “heroica resistencia” del país.

López y sus agentes necesitaban sacar lo máximo posible de estas simpatías que, si bien basadas en información incompleta y débiles analogías, igual podían ser útiles. Si, por ejemplo, los extranjeros pudieran en sus mentes encontrar coincidencias entre la causa del mariscal y sus propias luchas y aspiraciones, mucho mejor para el Paraguay.

Si la guerra contra la Triple Alianza pudiera ser incluida dentro de una más amplia lucha “americanista” contra la monarquía y el imperialismo, mejor todavía. Y, de hecho, había varios conflictos en otras partes de Sudamérica que parecían hechos a medida para impulsar tal interpretación.

Con suerte, los paraguayos podrían ver que su contienda dejara de ser un prolongado desastre para transformarse en una tardía, pero aun así apetecible, victoria.

- Malos cálculos, diplomáticos y de todo tipo

El lugar más obvio para que el Paraguay buscara amigos o aliados eran los confines occidentales del continente, a lo largo de la costa del Pacífico. Durante 1864, una conflictiva y mal informada Administración en Madrid, despachó una fuerza naval al Perú para coaccionar al Gobierno de Lima a pagar una indemnización de tres millones de pesos por daños a la propiedad española durante las guerras de independencia.

Los peruanos se rehusaron a pagar y cuando el Escuadrón llegó al Perú en Abril, su almirante al mando desembarcó con 400 marineros en las costas de las islas Chincha con la esperanza de usar esos territorios ricos en guano como moneda de cambio. Esta muestra de fuerza estaba limitada a los objetivos iniciales.

Aun así, los peruanos pronto encontraron razones para describir la ocupación como parte de un esquema mayor de restituir la influencia española -si no el total control- sobre las ex colonias de Su Majestad Católica. Las ambiciones de la reina (Isabel II) -aseguraban- eran similares a las de Napoleón III, quien invadió México más o menos en la misma época, también con el declarado propósito de cobrar deudas impagas(1).

(1) Los paraguayos mostraban un sostenido interés por los asuntos mexicanos, quizás pensando que la situación que enfrentó el presidente Juárez -entre 1861 y 1867- era similar a la suya. Los representantes del mariscal en Europa llenaron varios detallados reportes sobre la intervención francesa en México y prestaron particular atención al triste destino del archiduque Maximiliano, cuya muerte ante un pabellón de fusilamiento juarista sugería ciertas lecciones para los monarquistas extranjeros que quisieran invadir el Paraguay. Ver Cándido Bareiro a ministro de Relaciones Exteriores Bergés, París, 8 de Julio de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-30, 5, 45, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En ambos casos, regímenes monárquicos habían lanzado su poderío militar en áreas que se habían liberado de reyes y príncipes varias décadas antes. Al considerar estos dos eventos, los locales más crédulos inevitablemente unieron los cabos. Temían que nuevas incursiones en la costa peruana fueran una señal de renacimiento de un amplio imperialismo europeo que, libre de obstáculos, terminaría arrastrando a las Repúblicas sudamericanas a la vorágine(2).

(2) En relación con la intervención española en Perú y la subsecuente ocupación de las islas de guano de ese país, ver: William Columbus Davis, “The Last Conquistadores (The Spanish Intervention in Peru and Chile. 1863-1866)” (1950), pp. 51-72. University of Georgia Press. Athens, Georgia; aunque se focaliza principalmente en la Banda Oriental, Bárbara Díaz agrega mucho sobre las ilegítimas aventuras españolas en Sudamérica. Ver: Bárbara Díaz, “La diplomacia española en Uruguay en el siglo XIX (Génesis del Tratado de Paz de 1870)” (2008), pp. 241-258. Universidad de la República: Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Analistas más conocedores, incluso dentro de la región, veían la situación como más incierta e indeterminada. Los bonapartistas franceses no tenían una afinidad auténtica con los legitimistas Borbones de Madrid y sus intereses económicos en Sudamérica a menudo colisionaban. Había también un grado exorbitante de ambición personal en ambos sucesos, que nadie podía reducir a ideologías de ningún tipo.

Pero estos hechos, que parecen obvios en retrospectiva, no impidieron el desarrollo de un enfático republicanismo en la región. Elaboradas celebraciones patrióticas y ruidos de sable erupcionaron en todas las capitales andinas. Los periódicos lanzaron furiosas denuncias contra el Gobierno de Madrid. Para 1866, este sentimiento había evolucionado en una alianza entre Perú, Chile, Bolivia y Ecuador, todos reclamando pelear contra España y contra aquéllos que se percibían como sus adeptos.

La confrontación militar con la Armada española tuvo sus momentos sangrientos en los meses siguientes y, mientras el peligro de agresión externa permaneció activo, esta cuádruple alianza mantuvo un frente unido. También ofreció apoyo indirecto a los líderes montoneros en Argentina que se habían opuesto a la neutralidad de su Gobierno Nacional sobre la cuestión de las islas Chincha.

De hecho, Mitre no era proespañol (aunque abrió los puertos argentinos a los barcos españoles de aprovisionamiento); simplemente, no podía darse el lujo de tener otro enemigo mientras la guerra con el Paraguay siguiera sin definirse.

Los acuerdos de Buenos Aires con el Brasil monarquista eran otro punto de controversia. Aquí la reacción parecía más visceral. Colmaba a los habitantes cultos de las Repúblicas andinas con una fingida o legítima sospecha de una conspiración monárquica de amplio espectro, que ponía en peligro todo el continente. En esta formulación, que tenía sus aspectos imaginarios, el Paraguay estaba peleando del lado correcto.

Estadistas liberales en Santiago y Lima podían encontrar irritante tener que elogiar al mariscal López pero, no obstante, admiraban la resistencia de vida o muerte que su pueblo estaba llevando a cabo contra los monarquistas brasileños quienes, como los franceses, los españoles y los lejanos rusos, favorecían un régimen antiguo que los buenos republicanos hacía tiempo pensaban erradicado de Sudamérica(3).

(3) Esta referencia a los rusos no está tan fuera de lugar como podría parecer a simple vista. Tanto los rebeldes montoneros como sus benefactores chilenos regularmente comparaban a los brasileños con los adláteres del zar y hallaban desagradables similitudes en el tratamiento de los siervos rusos y los esclavos brasileños. Incluso Benjamín Vicuña Mackenna, prominente historiador chileno del siglo XIX, incurría en este hábito y en una carta -en otros órdenes, muy discreta a Mitre- arremetía contra el Brasil, calificándolo de “una Rusia americana”. Ver: Vicuña Mackenna a Mitre, Santiago, 1ro. de Enero de 1865, en Archivo, 21: 36-41. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Personalmente, el mariscal no ocultaba su alta consideración por Napoleón III, a quien veía como alguien que le había dado a Francia un sabio liderazgo y un modelo de civilización. En el contexto de América Latina, sin embargo, el Paraguay debía aparecer como una hermana agraviada en una familia(4).

(4) Así fue retratado en un grabado alegórico por Baltasar Acosta, titulado, “Paraguay sostenido solamente por el Mundo Sudamericano”, en Cabichuí (Paso Pucú), 16 de Diciembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por lo tanto, el mariscal asumió la máscara de un convencido republicano y esperó lo mejor. Ya había visto a los chilenos y peruanos tratar de mediar para hallar un acuerdo entre su Gobierno y los países de la Triple Alianza y no tendría vacilaciones para pedir su apoyo una vez más. Para dejar abierta esta posibilidad, el ministro de Relaciones Exteriores José Bergés mantenía una vívida, si bien limitada, comunicación con su contraparte peruano a través de la larga ruta a través del Chaco y el Altiplano(5).

(5) Ver: Bergés al ministro de Relaciones Exteriores boliviano, Ricardo Bustamante, Asunción, Octubre de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 27, 68, n. 4. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por su parte, los peruanos facilitaban el paso de notas diplomáticas entre Asunción y Europa. También expresaban un marcado interés en incluir a los paraguayos en un Congreso Interamericano en Lima que habían convocado para ayudar a coordinar la política antiespañola(6).

(6) Ver: F. Pacheco a Bergés, Lima, 11 de Enero de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 6, 43. El mariscal López todavía consideraba usar el propuesto Congreso Interamericano para condenar a la Triple Alianza unos tres meses más tarde. Ver: López a Bergés, Paso Pucú, 11 de Abril de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 12, 2, n. 4. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

No había mucho que esperar de estos contactos. Las distancias en cuestión eran demasiado grandes y los intereses compartidos demasiado transitorios. Tomaba meses enviar un mensaje de la costa del Pacífico al Paraguay y viceversa, y las circunstancias cambiaban tan a menudo que cualquier coordinación de metas era imposible.

Cuando los exhaustos españoles retiraron su flota de las Chinchas, en Mayo de 1867, el sentido de peligro inmediato -y con él la resuelta amistad hacia el Paraguay- comenzó a apagarse en las Repúblicas andinas. Chile, Perú, Ecuador y Bolivia pronto volvieron al antagonismo mutuo que había caracterizado sus relaciones desde los 1820. El previo apoyo retórico hacia el Paraguay nunca fue del todo olvidado, pero ahora sonaba más como compasión por un sufrido vecino que podía ser devastado(7).

(7) Los paraguayos nunca olvidaron estas muestras de apoyo -por mínimas que hubieran sido- y, cincuenta años después, una publicación de mutuo respeto y admiración fue lanzada por Enrique D. Tovar (de Caras, Perú) y Alfonso B. Campos (de Asunción) como, “Homenaje al Paraguay. Homenaje al Perú” (Caras, 1919); incluye testimonios de Juan E. O’Leary y Pablo Max Ynsfrán, entre otros. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta decreciente solidaridad, por inadecuada que fuera para la posición paraguaya, todavía
presentaba algunas ventajas. Era obvio que la base para el optimismo era delgada, pero el mariscal no perdía nada con tratar de aprovecharla. Bergés, indudablemente, creía que la única posibilidad de ayuda significativa residía en renovados intentos de mediación pero, hasta ese momento, en lo que a las naciones andinas concernía, tales esfuerzos difícilmente arrojarían algún fruto.

Desde que las cláusulas anexionistas del Tratado de la Triple Alianza habían salido a luz, los chilenos y peruanos habían protestado contra las acciones de Mitre y los brasileños(8), por lo que habían perdido toda credibilidad como partes neutrales, lo que jugaba a favor de los duros del sector aliado, que podían rechazar sus propuestas sin parecer poco razonables. En general, ni los brasileños ni los argentinos dieron importancia alguna a las opiniones de los políticos andinos(9).

(8) Ver, por ejemplo, comunicaciones diplomáticas (y protestas) entre el canciller chileno, Álvaro Covarrubias, y el canciller brasileño, Antonio Coelho de Sá e Albuquerque (Enero de 1867), publicadas en: “El Araucano” (Santiago de Chile), ediciones del 8-10 de Octubre de 1867; y Covarrubias a Encargado de Negocios del Brasil, Santiago, 16 de Junio de 1867, citado en: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), 6: 255-6, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. En un lapso de dos años, los chilenos evidentemente se habían olvidado completamente del Paraguay y en su discurso al Congreso de 1869 el presidente Pérez no hizo mención alguna del mariscal y su lucha (aun cuando el conflicto de diez años de Cuba con España y las distintas campañas en Prusia e Italia recibieron amplia atención). Ver: “El Araucano” (Santiago), edición del 1 de Junio de 1869.
(9) Juan José Fernández, “La República de Chile y el Imperio del Brasil (Historia de sus relaciones diplomáticas)” (1959), pp. 49-57. Santiago; y Pablo Lacoste, “Las guerras hispanoamericanas y de la Triple Alianza (La revolución de los colorados y su impactos en las relaciones entre Argentina y Chile)”, en: “Historia”, Nro. 29 (1995-1996), pp. 125-58, passim.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cuando los diplomáticos aliados consideraron estas preocupaciones, meramente observaron que, como el Tratado de la Triple Alianza no amenazaba la independencia paraguaya, ello debía ser suficiente para tranquilizar a los extranjeros(10).

(10) Francisco Javier Aguiar D’Andrada, ministro residente del Brasil, a Covarrubias, Santiago, 9 de Junio de 1867, en: Juan José Fernández, “La República de Chile y el Imperio del Brasil (Historia de sus relaciones diplomáticas)” (1959), pp. 54-55. Santiago. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Funcionarios brasileños continuaron presionando calmadamente por la solución de las disputas terrestres del Imperio con Bolivia y Perú pero, en general, a los Gobiernos Aliados no les importaba lo que estos débiles foráneos, que no tenían nada que ver en el asunto, pudieran pensar acerca de su guerra con el Paraguay(11).

(11) La diplomacia brasileña con Perú y Bolivia durante estos años tuvo muchos éxitos notables, incluyendo la firma de un Acuerdo de Límites con la última, el 27 de Marzo de 1867; este Tratado temporalmente truncó las relaciones paraguayas con La Paz, pero no consiguió una influencia sólida o de largo plazo con el Gobierno de Melgarejo. Ver: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), 6: 67-68, publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Otros sudamericanos podían quejarse cuanto quisieran acerca de los males hechos a la “República hermana” pero, al final, tales gruñidos no podían hacer nada para impedir el diseño Aliado. Brasil y Argentina podían haberse preocupado antes por otros Estados de Sudamérica; ahora ya no. La única República vecina que podía ofrecerle algo útil al mariscal era Bolivia. El Gobierno en La Paz tenía antiguos reclamos territoriales pendientes con la Argentina y el Imperio, así como una clara disposición, expresada en muchas ocasiones, a inmiscuirse en los asuntos internos de ambos(12).

(12) Rumores de una intervención boliviana en apoyo a los rebeldes montoneros, que en 1866 habían causado mucha preocupación en el Noroeste argentino, no estaban completamente descartados en 1867. Una incursión de ese tipo habría sido considerada proparaguaya por todos los involucrados. Ver: Tomás R. Alvarado a Manuel Taboada, Jujuy, 7 de Marzo de 1867; y José Benjamín Dávalos a Marcos Paz, Salta, 10 de Marzo de 1867, en: Archivo del coronel, doctor Marcos Paz, 6: 165-166, 172. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La tradición caudillista del país tenía mucho en común con el estilo político del Paraguay y, en Mariano Melgarejo -quien había llegado al poder a través de un violento golpe- el mariscal había hallado un espíritu gemelo. Había algunas ventajas materiales en el flirteo entre Asunción y La Paz.

Cuando tropas de López ocuparon las áreas sureñas de la provincia brasileña de Mato Grosso, a fines de 1864, heredaron una ruta comercial menor que comunicaba esa región a través de picadas con el Oriente boliviano. Durante el bloqueo, éste siguió siendo el único lazo del Paraguay con el mundo exterior y, aunque generaba solamente un hilo comercial en ambas direcciones, no era tan insignificante como para que Melgarejo lo desechara(13).

(13) Curiosamente, algunos comerciantes bolivianos que pasaban a través de Corumbá, dirigían sus miradas, no al sur, al Paraguay, sino al norte, a Cuiabá -todavía en manos brasileñas-, donde encontraban clientes más ávidos de ropa, sombreros, provisiones y, especialmente, sal. Ver: Joaquim Ferreira Moutinho, “Notícias sobre a Provincia de Matto Grosso” (1869), p. 324. Typographia de Henrique Schroeder: São Paulo; y Relatório apresentado ao Ilmo. S. Ex. Sr. Tenente Coronel, Vice-Presidente da Provincia de Mato Grosso pelo [...] Barão de Melgaço (Cuiabá, 1866), p. 5. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mientras tanto, una “Sociedad Progresista” de capitalistas se abalanzó a la pequeña comunidad boliviana de Santo Corazón y se dedicó a expandir ese comercio(14).

(14) José Flores y Elías Sánchez a Luis Caminos, Humaitá, 25 de Febrero de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 818; José Bergés a José Flores y Elías Sánchez, “miembros de la Sociedad Progresista de Bolivia”, Asunción, 5 de Marzo de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 25, 35, n. 5; Juan y García a Hermógenes Cabral, Santo Corazón, 14 de Abril de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 13, 37, n. 67; Francisco Bareiro a ministro de Guerra, Asunción, 23 de Noviembre de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 780; la Sociedad Progresista podría haber tenido mayor éxito si sus asociados no se hubieran fugado con una gran porción de sus fondos. Ver: José Bergés a López, Asunción, 29 de Agosto de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 13, 37. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El gambito era fácil de armonizar con los intereses políticos del Paraguay. En Marzo de 1867, el vicepresidente Sánchez reunió a un grupo de empresarios en Asunción para que juntasen capitales, en un esfuerzo por “estimular el comercio con Bolivia”. El plan ya había recibido sanción del mariscal en un decreto del 22 de Febrero, que liberaba las importaciones bolivianas del pago de cualquier tributo(15).

(15) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), 6: 14-15. Publicadas en “La Tribuna”, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los mercaderes asunceños y sus asociados de Santo Corazón, tuvieron algunos pequeños éxitos, a juzgar por el arribo, el 18 de Mayo, de una carga de azúcar, café, chocolate, harina y ropa importada que se había originado en Santa Cruz de la Sierra, pasado con una caravana de mulas a través de las selvas a Corumbá y luego embarcado río abajo en una goleta hasta la capital paraguaya. El cargamento no incluyó armamentos ni utensilios de ningún tipo, pero el gesto fue muy bienvenido por López y sus ministros(16).

(16) “Comercio con Bolivia”, en el “El Semanario”, (Asunción), edición del 18 de Mayo de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Bergés entendía que la mejor oportunidad que tenía el Paraguay de obtener un apoyo útil del exterior no tenía que ver con Bolivia, sino con las potencias europeas y, quizás, con Estados Unidos. Los Aliados encontrarían mucho más difícil ignorar las protestas de estos países si presionaban por una solución pacífica de la guerra(17).

(17) La idea de que una potencia europea se plegase abiertamente al Paraguay o, al menos, declarase su apoyo a una paz honorable, fue materia de correspondencia diplomática de ida y vuelta a Sudamérica por algunos meses después de Curupayty. Ver, por ejemplo, Carlos Saguier a Gregorio Benítes, Buenos Aires, 12 de Febrero de 1867, en: Biblioteca Nacional de Asunción-CJO. Documentos de Benítes (en los cuales a Benítes, ministro paraguayo en París, se le dice que la guerra solamente puede llegar a un final a través de la intervención de alguna gran potencia). N. R. Matveeva, “Paragvai i paragvaiskaia voina 1864-1870 godov I politika inostrannykh derzhav na La Plate”, tesis de candidato (Universidad Estatal de Moscú, 1951). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Incluso antes de que se iniciara el conflicto, el Gobierno de Asunción envió agentes y representantes diplomáticos a las principales capitales europeas, y estos hombres jugaron un papel activo en la búsqueda de atención para la agenda paraguaya después de 1864. Mientras tanto, por un tiempo se libró una guerra de publicistas y hubo mucha propaganda generada por ambos bandos. Crear simpatía hacia el Paraguay era una cuestión complicada, ya que era difícil retratar positivamente a López(18).

(18) Gregorio Benítes a López, París, 7 de Junio de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 11, 61; Benítes a López, 7 de Septiembre de 1866, en: Biblioteca Nacional de Asunción-CJO, Documentos de Benítes; Francisco Sánchez a Cándido Bareiro, Asunción, 5 de Septiembre de 1867, en: Biblioteca Nacional de Asunción-CJO, Documentos de Benítes. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los Gobiernos Aliados, además, podían gastar más que los agentes del mariscal para ubicar artículos favorables en periódicos europeos o para propalar panfletos en círculos diplomáticos(19).

(19) Un ejemplo curiosamente tardío de esta panfletería, en este caso dirigida al público portugués, puede ser visto en: “Un Punhado de Verdades. O Consul Geral do Brazil, os Falsos Moedeiros do Porto, A Hospitalidade Brazileira e os Admiradores de Lopez”. Opusculo pelo Redactor do Salamek (Porto, 1870). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sin embargo, debido a que los Aliados no consideraban la opinión pública europea como algo significativo, los paraguayos tuvieron la cancha libre y finalmente varios periódicos, incluyendo el “London Daily News”, el “Pall Mall Gazette”, “Le Pays”, “La Patrie”, “La Siècle”, y la “Opinion Nationale”, mantuvieron posiciones proparaguayas.

En Gran Bretaña, los miembros del Parlamento provenían casi exclusivamente de las clases aristocráticas y comerciales, que tendían a identificarse con Brasil. En contraste, los individuos de la clase trabajadora británica, que también leían sobre los sucesos internacionales, terminaron considerando al Paraguay como una “gallarda pequeña nación” peleando contra todos los pronósticos.

Tal vez por ello, algunos periódicos importantes de Gran Bretaña, como el “The Times”, de Londres, cambiaron de una absoluta indiferencia a una posición vagamente favorable al Paraguay durante el curso de la guerra(20).

(20) Los artículos sobre la guerra en el “Times” eran frecuentemente traducidos al español o al portugués y aparecían como ejemplos de la opinión europea en periódicos sudamericanos. Ver, por ejemplo, “O Brazil e o Paraguay”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 1 de Septiembre de 1865; y “Guerra no Paraguay”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 31 de Octubre de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En el continente, el “Neue Preussische Zeitung”, de Berlín, siguió el mismo camino(21). Y hubo también figuras públicas, tales como el geógrafo y anarquista francés Elisée Réclus, que tardíamente dieron su apoyo a los paraguayos, en forma bastante parecida a la de los europeos de diferentes inclinaciones políticas que se habían mostrado partidarios de los confederados estadounidenses en el momento en que la “causa perdida” se acercaba a sus horas finales(22).

(21) Ver: Charles Expilly, “Le Brésil, Buenos-Aires, Montevideo et le Paraguay devant la Civilization” (1866), pp. 91-93. H. Willems: París. Expilly fue un propagandista pagado por la Legación Paraguaya, un “escritor de cierta distinción dentro del ambiente literario francés, donde tiene muchos camaradas cuyo apoyo cuenta para alguna emergencia”. Ver: Gregorio Benítes a Francisco Solano López, París, 24 de Enero de 1866, en: Documentos de Benítes, Biblioteca Nacional de Asunción. En relación con la prensa en alemán, agentes paraguayos divulgaron artículos o correspondencia en una docena de otros periódicos en ciudades tales como Viena, Breslau, Colonia, Hamburgo y Königsburg. Ver lista de DuGraty (de 1865), en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 4, 35, n. 1-32.
(22) Milda Rivarola, “La polémica francesa sobre la Guerra Grande” (1988), passim. Editorial Histórica: Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Con todo, por persuasivos que pudieran ser los argumentos de los Aliados o de los paraguayos, por mucho que se admirara la heroica resistencia de estos últimos, era evidente que las guerras sudamericanas estaban lejos de las preocupaciones del europeo ordinario.

Los Gobiernos son como las personas en ciertos sentidos y, aunque los trágicos eventos en Paraguay pudieron haber despertado momentáneamente atención e inquietud en esa parte del mundo, no podían por sí mismos generar un tipo de acción que hiciera alguna diferencia.

Cualquier esperanza real de intervención externa dependía de los diplomáticos, idealmente individuos con amplia experiencia en Sudamérica. Como de costumbre, el hombre que se ofreció para la tarea fue Charles Ames Washburn. El ministro estadounidense en Asunción no era un experto diplomático, pero muchos en el frente -Aliados y paraguayos-, habían de alguna manera desarrollado un profundo respeto por la lejana República del Norte, la tierra de Franklin y Lincoln(23).

(23) En ocasión del Día de la Independencia de Estados Unidos, “El Semanario”, (Asunción), incluso creyó apropiado entregar a sus lectores una “traducción libre" de la “Star-Spangled Banner”, el Himno Nacional estadounidense, acompañado por palabras de elogio al “Aguila Americana” (edición del 6 de Julio de 1867). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Este prestigio, se esperaba, podía ahora tornarse en un bien común si Washburn conseguía algún modo de usar una varita mágica. Había dedicado los primeros meses de 1867 a dar seguimiento a propuestas de su Congreso para convencer a las partes beligerantes de la factibilidad y conveniencia de una mediación de los Estados Unidos(24).

(24) Inicialmente, los funcionarios del Departamento de Estado habían sugerido -en 1866- que los Estados Unidos ofrecieran sus buenos oficios para resolver el conflicto. Ciertos miembros del Congreso insistieron luego en que se hiciera una oferta formal de mediación, propuesta que volvió al Departamento de Estado y más tarde fue remitida a Washburn. Debe notarse que la política de Estados Unidos en Sudamérica había estado tirante durante algún tiempo con los brasileños quienes, contra los deseos de Washington, habían reconocido al Imperio de Maximiliano en México. Para 1867, sin embargo, el archiduque austríaco veía derrumbarse su impopular régimen y a sus patrocinadores franceses abandonarlo. Esto dio una oportunidad a los estadounidenses no solamente de reiterar su apoyo a Juárez, sino también de recomponer las relaciones con el Gobierno de Don Pedro. La oferta de mediación con Paraguay era evidentemente parte de este desarrollo. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 216. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El canciller Bergés aprobaba esta posibilidad, pero nadie podía estar seguro del mariscal, cuyo sentido del honor y cuya dignidad ofendida debían ser consultados.

El 7 de Marzo, Washburn partió a Humaitá a bordo del pequeño vapor “Olimpo”. Uno de sus compañeros de viaje era Benigno López, hermano menor del presidente, hombre de considerable influencia, aunque no siempre en los mejores términos con el mariscal. Mientras el barco navegaba río abajo, los dos hombres tuvieron varias conversaciones, una de las cuales tuvo que ver con el endeudamiento Aliado con Bancos europeos. Tal como lo relató luego Washburn,

Benigno me dijo que el Brasil ya había contraído tanta deuda [...] que sus prestamistas no podían permitir que perdiese, ya que si no ganaba la guerra, y sus ejércitos eran conquistados y expulsados del Paraguay, la Nación probablemente repudiaría la deuda que ya había contraído(25).

(25) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 179-180. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta interpretación de los hechos, que incluso hoy continúa dando a escritores revisionistas un amplio espacio para comentarios, tenía su fuente en la intransigencia Aliada fuera de Sudamérica; pero es dudoso que Caxias y sus asociados en el Gobierno Imperial se preocuparan demasiado por las opiniones de los banqueros.

Al invocar la influencia de fuerzas siniestras, además, Benigno ignoraba convenientemente el hecho de que Gobiernos y financistas europeos preferían una Sudamérica en paz, ya que ello era mejor para el comercio. En cualquier caso, las palabras de Benigno dejaban entrever una nueva y más peligrosa clase de pesimismo, ya que, un cerco mental estaba comenzando a dominar el pensamiento dentro de la familia López.

Si el mariscal no era disuadido de esta perspectiva, entonces, a los ojos de su Gobierno, el mundo entero se volvería crecientemente belicoso. La posición paraguaya se endurecería aún más, si ello era posible, y Washburn y otros neutrales podrían ya no ser bienvenidos en el país y sus propias vidas podrían estar en peligro. Acciones rápidas eran esenciales y el ministro estadounidense debía encontrar una solución lo antes posible.

Cuando llegó a Paso Pucú, Washburn encontró al mariscal en un estado de ánimo tolerablemente bueno, y ansioso de facilitar su paso al campamento Aliado a través de las líneas(26). Aunque sospechaba que el marqués de Caxias podría tramar algún tipo de maniobra, López todavía tenía “altas esperanzas de que algo grande en su favor podría resultar de la propuesta de mediación de los Estados Unidos(27).

(26) Washburn a Sallie Washburn, Paso Pucú, 10 de Marzo de 1867, en: Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine.
(27) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 180-181. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York; y Frank O. Mora y Jerry W. Cooney, “Paraguay and the United States (Distant Allies)” (2007), pp. 25-26. University of Georgia Press: Athens y Londres; periódicos en las capitales aliadas ya habían expresado su agradecimiento por la oferta estadounidense, pero ninguno pensaba que la idea fuera practicable. Ver, por ejemplo, “La mediación de EE.UU.”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 27 de Febrero de 1867. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero Washburn estaba menos confiado. Los Aliados -recordó- habían puesto todo tipo de obstáculos en el camino durante su previo paso a Asunción y ahora probablemente harían oídos sordos a sus argumentos de paz. Era, desde luego, un hombre orgulloso que todavía quería hacer una diferencia pero, en realidad, el ministro estadounidense solamente mantenía una pequeña esperanza de una solución feliz al conflicto.

El 11 de Marzo, los paraguayos despacharon una bandera de tregua a las líneas del frente junto con mensajes de que Washburn había solicitado una entrevista con Caxias. El requerimiento fue inmediatamente aceptado y el ministro norteamericano cabalgó al otro lado acompañado por una escolta de tropas paraguayas encabezada por el hijo de 14 años del mariscal.

Panchito, como se le llamaba, un mocoso malcriado hecho a la imagen de su padre, provocó un innecesario altercado cuando estuvo frente a frente con varios oficiales aliados. Los insultó en voz alta en términos vulgares y puso a prueba la paciencia de Washburn y de todos los hombres en su presencia(28).

(28) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 182-183. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La reunión con Caxias fue cordial, pero no exitosa. El marqués inicialmente negó saber mucho acerca de los esfuerzos del bigotudo general Alexander Asboth y su colega, general James Watson Webb, ministros de los Estados Unidos en Buenos Aires y Río de Janeiro, respectivamente.

Como Washburn, los dos ministros habían recibido instrucciones de Washington de plantear la cuestión de la mediación. Asboth había propuesto concurrir al teatro de la guerra para conferenciar con Washburn y preparar un plan concreto, pero los agentes brasileños, supuestamente (algo difícil de creer) en colusión con Sylvanus Godon, el Comandante de las unidades de la Armada estadounidense en el Plata, habían frustrado el intento.

Caxias observó que la intransigencia del mariscal hizo que la guerra continuara, no alguna truculencia por parte del Gobierno Imperial, y que ése era el mensaje que Washburn debía llevar a Paso Pucú. Si López era persuadido de la lógica de abandonar el Paraguay, entonces “los Aliados siempre estarían dispuestos a poner un puente de oro para un enemigo en retirada”, dijo Caxias citando el proverbio ibérico(29).

(29) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 185. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York; “Correspondencia de Buenos Aires”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), 5 de Abril de 1867; Joaquim Pinto de Campos, “Vida do Grande Cidadão Brazileiro Luiz Alves de Lima e Silva, Barão, Conde, Marquez, Duque de Caxias” (1878), p. 392. Imprensa Nacional: Lisboa. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta sugerencia, que implicaba que el mariscal debía aceptar una especie de soborno en forma de exilio europeo, no era nueva ni mucho menos, pero mostraba una mala valoración y poca comprensión de las realidades paraguayas. Aunque venal en ciertos aspectos, López tenía un sentido del honor personal que tal oferta ofendía y Washburn sabía que sería inútil seguir esa línea de argumentación con él. Pero era todo lo que Caxias tenía para ofrecer.

La propuesta de mediación estadounidense fue así rechazada por los Aliados, y el marqués despidió a Washburn diciéndole que si su presencia allí no tenía otro objeto que repetir los mismos presupuestos, ya podía volver al lado paraguayo de las líneas. Caxias podía enviarle allí cualquier correspondencia de Washington.

Aun cuando el ministro nunca se había sentido optimista acerca de las negociaciones, este trato lo dejó perplejo. El marqués se había esforzado por tratar de darle la mala noticia con cortesía, pero sabía que Don Pedro era tan terco como López, por lo que no tenía caso crear falsas expectativas. Como probando el punto, el 23 de Marzo el emperador le escribió a la condesa de Barral para comentarle la entrevista con Washburn, notando que “los buenos funcionarios de Estados Unidos no me dan razones de preocupación, ya que todos son conscientes de mi firme resolución(30).

(30) Citado en: Alcindo Sodré. “Abrindo un Cofre” (1956), p. 123. Editora Livros de Portugual S.A., Río de Janeiro; todavía en Julio de 1867, la prensa paraguaya seguía retratando a Estados Unidos como un bienintencionado buscador de una futura paz, cuyos esfuerzos habían sido frustrados exclusivamente por la insistencia Aliada en la letra del Tratado de la Triple Alianza. Ver: "Cabichuí", (Paso Pucú), 1 de Julio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Cuando más hablaba el ministro norteamericano con los brasileños, más cuenta se daba de su propia impotencia. Al día siguiente, volvió a las líneas paraguayas por una ruta deliberadamente indirecta preparada para él, apenas intercambiando algunas palabras con los hombres de su escolta. Entre los papeles que llevaba, había un mapa elaborado por uno de los ingenieros de Caxias que, cuidadosamente, delineaba la posición de las baterías paraguayas, las trincheras e incluso el propio puesto de comando del mariscal.

El marqués pensó que si López captaba lo bien que los Aliados entendían su situación, vería que cualquier resistencia sería inútil y aceptaría la oferta de un soborno. Caxias de nuevo juzgó mal a su hombre. Cuando Washburn llegó a Paso Pucú se dirigió directamente donde el mariscal quien, con Wisner, el obispo, los generales Bruguez y Barrios, y Panchito López, esperaban ansiosamente su reporte.

El ministro no se anduvo con rodeos. Le dijo al grupo allí reunido que, aunque muchos en Buenos Aires estaban cansados de la guerra, ningún cambio fundamental de política se produciría en el futuro cercano. Los levantamientos montoneros en las provincias del Oeste estaban prácticamente contenidos, por lo que los Aliados probablemente reanudarían su anterior determinación de estrangular a los paraguayos en Humaitá.

Washburn señaló que tampoco había visto ninguna evidencia de que los brasileños estuvieran experimentando dificultades para obtener nuevos préstamos del exterior. Caxias no parecía apurado. Todo lo contrario, daba la impresión de estar dispuesto a continuar la guerra por todo el tiempo que tomara, seguro del hecho de que su Ejército se fortalecía mientras que el del Paraguay iba de revés en revés.

En este punto, el mariscal despachó a los otros hombres y continuó la conversación a solas con el norteamericano. Para acentuar su pesimismo, Washburn desplegó el mapa que se le había dado y explicó los detalles, señalando que los espías aliados habían reunido amplia información sobre las condiciones en Humaitá.

Los brasileños, especuló, pronto presionarían fuerte sobre el perímetro. Incluso si decidían demorar la ofensiva todavía más, estaban bien situados para desangrar hasta la muerte al Ejército paraguayo. Para resumir, no había buenas noticias para reportar, y el franco hombre de Nueva Inglaterra consideró su deber -como hombre de paz- exponer ante el mariscal los hechos tal como los veía.

López trató de mostrar indiferencia ante esta información de inteligencia. Preguntó acerca de Caxias como hombre y recibió como respuesta que, aunque el marqués era estricto con la disciplina, su mesa parecía demasiado suntuosa para un General en guerra.

El mariscal sonrió ante este comentario, que Washburn hizo como una forma de elogiar el compromiso espartano de su anfitrión paraguayo. Más tarde se vio, sin embargo, que el mariscal había tomado la observación personalmente como una crítica(31).

(31) López era un miembro típico de una pequeña minoría de paraguayos que se jactaba de tener cierto refinamiento europeo, pero que tenía poca aptitud para ello. Era pretencioso en esas cuestiones, pero frente a extranjeros inmediatamente sentía un agudo complejo de inferioridad. Así fue en esta ocasión. Ver: Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 188. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

López preguntó sobre los rumores de que el general Osório abriría un frente en Encarnación, pero Washburn tenía poco que decir acerca de esa posibilidad. Todavía con una fachada amigable, López pidió al ministro estadounidense que retornara al día siguiente antes de embarcarse a la Capital. En su entrevista final, el mariscal le reiteró su bien conocida posición sobre la guerra:

“[Dice que] peleará hasta al final y caerá con la última guardia. Sus huesos deben descansar en su propio país y sus enemigos solamente deberían tener la satisfacción de contemplar su tumba; no les daría el placer de verlo como un fugitivo a Europa o a ningún otro sitio [...] era mejor caer ante su pueblo entero destruido que negociar sobre la condición de su salida del país [...] si fuera necesario, coronaría sus triunfos con un acto de heroísmo y perecería a la cabeza de sus legiones(32).

(32) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 190-191. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Washburn, quien ya había anticipado esta declaración, se refugió en un cliché, señalando que Napoleón no había sido más honorable por haber muerto como prisionero en Santa Helena de lo que lo habría sido si hubiera fallecido en las Tullerías. Pero López ya había tenido suficiente. Aparentando apreciar los esfuerzos del estadounidense, le deseó buen viaje y lo despidió a Asunción con un amigable apretón de manos.

En realidad, ya había dibujado un círculo en torno a su nombre.

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