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La prensa de guerra: los Aliados apuntalan su ventaja

Al principio del conflicto, cuando las estrategias y las reacciones seguían en duda, los periódicos en los países beligerantes exploraban las causas y el desarrollo de la guerra con considerable deliberación. Algunas veces reportaban eventos o decisiones militares en forma objetiva y aséptica; otras veces, tomando partido con cierta libertad.

Los periódicos de oposición en la Argentina y Brasil distaban de ser tímidos en producir coberturas que denunciaran las actitudes e intenciones de sus Gobiernos. El público culto podía reunir muchas interpretaciones diferentes casi a diario y no había escasez de lectores ávidos de noticias.

Todo esto tenía sentido mientras la guerra era novedosa o relevante en lo personal, cuando hombres y mujeres de Río de Janeiro y Buenos Aires todavía consultaban sus atlas para localizar Humaitá y buscaban en cada artículo alguna información sobre un hijo, un hermano o un marido que hubiera sido enviado al frente.

Sin embargo, la opinión pública puede ser caprichosa. Cuando Mitre cerró “La América”, en Junio de 1866, admitió que la prensa de oposición había influenciado sobre mucha gente susceptible en Buenos Aires y había, por lo tanto, interferido con la prosecución de la guerra. Para el año siguiente, en 1867, las noticias del Paraguay ya se habían vuelto viejas. Eran tal vez expuestas en forma más elaborada pero, en la Argentina al menos, los editores habían comenzado a relegarlas a resúmenes semanales en las páginas de atrás(1).

(1) El “Jornal do Commercio”, de Rio de Janeiro (19 de Febrero de 1867) reportó que solamente tres de los dieciocho diarios entonces en circulación en Buenos Aires -“El Pueblo”, “La Palabra de Mayo” y “La Unión Americana”- tenían posiciones editoriales que abiertamente se oponían a la Alianza; en justicia, sin embargo, el “Jornal” debió haber mencionado también que pocos de los demás periódicos realmente apoyaban la política de guerra de Mitre. El historiador militar argentino Juan Beverina, escribiendo en 1921, subrayó que debió haber habido mayor censura en los periódicos Aliados contra las faltas de lesa majestad; para ilustrar su punto, mencionó una carta escrita por el coronel Pallejá que describía las atrocidades cometidas tras la caída de Uruguayana, la cual fue posteriormente utilizada por enemigos de la Alianza para reunir apoyo para el Paraguay en Europa. Ver: Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay” (1921), 3: 517-520, (cuatro volúmenes). Ed. Establecimiento Gráfico Ferrari, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En Brasil, los relatos relacionados con la guerra retuvieron algo de su anterior vigor después de 1866, aunque tendían a perder las cadencias propagandísticas de los meses previos. La prensa ,a lo largo del país, trató a Curupayty como un desastre, por el cual Zacharias y los liberales debían rendir cuentas.

Por más que era posible admirar la bravura de los soldados y marinos brasileños, particularmente la de aquéllos que habían hecho el “sacrificio final”, la prensa encontraba difícil proyectar el conflicto paraguayo como una lucha justa que mereciera apoyo público.

En este momento, la mayoría de los brasileños aún no había sido afectada por la guerra. Si algún pensamiento le dedicaban al Paraguay, era para desear que la campaña terminara, de la misma forma que alguien mira el cielo nublado y espera que se abra para que salga el sol.

En los pasillos del Gobierno -y, especialmente, del Palacio Imperial- la guerra todavía importaba, pero el hombre en la calle había dirigido su interés hacia cualquier otro lado. Aunque el número de periódicos de oposición en el Imperio era pequeño, las críticas a la política marcial del emperador se volvieron rutina(2).

(2) “O Tribuno”, (Recife), edición del 27 de Mayo de 1867, llegó incluso a repetir la tesis del equilibrio de poder que López había popularizado dos años antes, notando que el derrocamiento por parte del Imperio del legítimo Gobierno en la Banda Oriental, justificaba la beligerancia paraguaya, y que dependía de la prensa presionar al Gobierno de Río de Janeiro para poner fin a las hostilidades, abolir la tendencia militarista en la política exterior y reconocer más explícitamente el derecho a la libertad de expresión (presumiblemente, para permitir críticas aún más abiertas a los excesos del Gobierno). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Debido a esta actitud general, las historias de heroísmo Aliado reportadas en la prensa brasileña, ahora parecían secundarias frente a la cobertura de las decisiones políticas y los debates parlamentarios.

Desde principios de 1867, los artículos en los periódicos tomaron una postura predeciblemente negativa; se quejaban del carácter de la campaña, de la obstinación de López y, en contraste con el patriotismo de los soldados brasileños, de la pusilanimidad de los civiles, especialmente en Río de Janeiro.

Al final, los diarios habitualmente (y comprensiblemente) acusaron a los uruguayos y, especialmente, a los argentinos, de enriquecerse a costa del Tesoro y las vidas brasileñas. El reclutamiento forzoso recibió particular atención en la prensa brasileña debido a que ello encajaba con el problema perenne del Brasil, la esclavitud(3).

(3) James McFadden Gaston, un cirujano de Carolina del Sur y veterano del Ejército Confederado que había ido al Brasil en búsqueda de oportunidades agropecuarias, hizo un sucinto comentario sobre las prácticas de reclutamiento de las que fue testigo en el país: “El deber militar apela a los elementos más nobles de la naturaleza del hombre, pero cuando el cariño de la familia y el confort del hogar son contrastados con el amor a la patria, hay muchos -en todos los países- que están dispuestos a escapar del llamado de las armas; y las escenas que han sido presenciadas de hombres siendo llevados con cadenas en sus cuellos son solamente una exhibición agravada de lo que ocurre en la mayoría de los países envueltos en una guerra. Aquéllos que no cumplen su deber voluntariamente, deben cumplirlo bajo coerción”. Ver: James McFadden Gaston, “Hunting a Home in Brazil (The Agricultural Resources and other Characteristics of the Country. Also, the Manners and Customs of the Inhabitants)” (1867), pp. 218-219. King and Baird Printers: Filadelfia; y también: Zachary R. Morgan, “Legislating the Lash: Race and the Conflicting Modernities of Enlistment and Corporal Punishment in the Military of the Brazilian Empire” (2004), en: “Journal of Colonialism and Colonial History”, 5: 2. Baltimore. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La conscripción de la población masculina, tanto en la ciudad como en el campo, era condenada como un efecto pernicioso del conflicto paraguayo; ello invariablemente conducía a la cuestión del posible reclutamiento de esclavos.

Desde el estallido de la guerra, pequeños números de esclavos habían sido liberados para servir en la milicia, algunas veces como sustitutos, otras veces como “donaciones patrióticas”. A fines de 1866, cuando la crisis de mano de obra en el Ejército empeoró en el Brasil, el Gobierno Imperial consideró un reclutamiento sistemático entre la población esclava, pero el Consejo de Estado no se atrevió a tomar acciones que interfirieran con los derechos de propiedad de sus señores(4).

(4) El 13 de Septiembre de 1867, “A Opinião Liberal”, (Río de Janeiro), reportó el rumor de que el Consejo había decidido expropiar 30.000 esclavos para formar otro Cuerpo de ejército para su uso en Paraguay, pero no hubo nada de eso. De hecho, los señores en algunas áreas tenían mucho que temer si las tropas de sus distritos eran despachadas al frente; en 1867, por ejemplo, autoridades provinciales en Maranhão requirieron una suspensión del reclutamiento, específicamente debido a que temían asaltos de esclavos fugados y necesitaban desesperadamente a los Guardias Nacionales que habían sido llevados al Paraguay. Ver: Francisco Américo de Menezes Dória al Visconde de Paranaguá, São Luiz, 23 de Julio de 1867, en: Arquivo Nacional IG125 CX 530, folha 44; José Murilo de Carvalho, “Elite and State-Building in Imperial Brazil” (1975), tesis doctoral, pp. 31-34. Stanford University, Stanford; y Ricardo Salles (2003). “Guerra do Paraguai. Escravidão e Citdadania na Formação do Exército” (1990), passim, São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El Gobierno luego instituyó un modesto programa de compensación para los dueños que liberaran esclavos, bajo la condición de que se enlistaran en las Fuerzas Armadas. Desde principios de 1867 hasta mediados de 1868, estas emancipaciones indemnizadas generaron importantes ganancias a agentes que encontraban dueños dispuestos a liberar esclavos a cambio de bonos del Gobierno. El número de ex esclavos en la milicia brasileña se expandió, pero sólo por unos pocos miles, y siempre con la censura de la prensa(5).

(5) La esclavitud fue siempre un tópico controversial y la prensa brasileña reflejaba este hecho, con periodistas abolicionistas denunciando la liberación de esclavos para que sirvieran en la milicia como una gruesa hipocresía, mientras los partidarios de la institución lamentaban que se abriera otra puerta a la manumisión. Algunos comentaristas tomaban la actitud más práctica de señalar que las deficiencias en la mano de obra tenían que ser abordadas de alguna manera y que los esclavos, o antes, los libertos, eran al menos parte de la respuesta. Don Pedro mismo dio el ejemplo liberando esclavos imperiales (que fueron inmediatamente reclutados en el ejército). Ver: Hendrik Kraay, (2004). “Patriotic Mobilization in Brazil: the Zuavos and Other Black Companies in the Paraguayan War. 1865-70”, pp. 61-80. En: Hendrik Kraay y Thomas Whigham. Eds., “I Die with my Country (Perspectives on the Paraguayan War). University of Nebraska Press, Lincoln y Londres. Los únicos esclavos no libertos que terminaron en las filas de las Fuerzas Armadas durante la campaña paraguaya eran fugitivos que se habían presentado como voluntarios o habían sido apresados; estos hombres corrían el riesgo de ser devueltos a sus amos al final de su servicio, aunque en la práctica el Ejército o la Armada compraban los derechos de los dueños para que permanecieran en uniforme. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Incluso periódicos progubernamentales, tales como el “Jornal do Commercio” o el “Diário do Rio de Janeiro”, que habían blandido sables en 1865, ya no estaban inmunes al cansancio de la guerra. Desde 1866 en adelante, cuando los periodistas le prestaban atención al conflicto, era a menudo para tratarlo en términos abstractos o moralistas, con artículos sobre la flaqueza humana frente a los llamados a la determinación(6).

(6) Ver: “¿A guerra ou a paz?”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 27 de Marzo de 1867. En generaciones posteriores, el relato moralista y sentimental de los sacrificios de la guerra recibieron mucha mayor atención que en los años 1860; tenemos, por ejemplo, el caso del poeta modernista Oswald de Andrade, quien escribió sobre un joven recluta brasileño que le juró a su amada que incluso si moría retornaría a escucharla tocar el piano, pero que se quedó en Paraguay para siempre: O noivo da moça / Foi para a guerra / E prometeu se morresse / Vir escutar ela tocar piano / Mas ficou para sempre no Paraguai. Ver: “O Recruta” en: “Poesias Reunidas” (São Paulo, 1966), p. 85 (originalmente publicado en 1925). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por encima de todo, la prensa parecía haber reducido el conflicto paraguayo a una cuestión de segunda importancia, sólo otro irritante problema que el Gobierno todavía no había resuelto, pero no algo que requiriera todas las energías del pueblo brasileño. La campaña militar continuaba consumiendo recursos y vidas, y esto era frustrante, pero ya no suponía otro desafío más que ése para el Imperio.

Dado el creciente desencanto, no sorprende que el impulso puramente propagandístico en la prensa brasileña se hubiera relajado para 1867. Los editores ya no sentían que fuese su deber movilizar apoyo popular para la guerra o hacer llamados para mayores sacrificios. En este respecto, entendían bien a sus lectores, ya que los consumidores aristocráticos o burgueses de periódicos -en la capital imperial- querían hacer lo que sus contrapartes en Buenos Aires ya habían hecho: dejar la guerra a un lado.

Aun así, en un área la prensa brasileña continuó involucrándose en propaganda bélica: caricaturas, litografías, ilustraciones de todo tipo, e historias satíricas. En Buenos Aires, las revistas ilustradas eran raras en los años 1860(7).

(7) Las dos excepciones eran: “El Correo del Domingo”, que apareció entre 1864 y 1867; y “El Mosquito”, de Buenos Aires, que apareció entre 1862 y 1886. Ambos publicaron caricaturas y litografías de importantes personajes durante el conflicto con Paraguay. “El Mosquito” era probablemente mejor conocido y más leído; a pesar de sus representaciones consistentemente desfavorables de López, era abiertamente contrario a la guerra, burlándose de Mitre con una virulencia equivalente a la que reservaba para el mariscal, y retrataba a los Generales brasileños, casi como una cuestión de costumbre, como monos uniformados. Ver: André Toral, “Imagens em Desordem (A Iconografia da Guerra do Paraguai. 1864-1870)” (2001), p. 66. Humanitas/FFLCH/USP: São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En São Paulo, Bahia y Rio de Janeiro, en cambio, una subdivisión entera de la prensa estaba dedicada a tales publicaciones. Normalmente se concentraban en las personalidades políticas del Brasil, con Don Pedro compartiendo el escenario con el barón de Rio Branco, el consejero Octaviano, el ex ministro de Guerra, Silva Ferraz, y los distintos miembros de la nobleza, todos expuestos -en forma jocosa- para el regocijo popular(8). La Guerra del Paraguay proporcionó un nuevo blanco para estas publicaciones, una de las cuales, “Paraguai Ilustrado”, se dedicaba exclusivamente a imágenes del conflicto(9).

(8) Los artistas relacionados con esta corriente -especialmente Angelo Agostini y Henrique Fleiuss- continuaron contribuyendo con dibujos políticos y caricaturas a la prensa brasileña durante el Segundo Imperio. Ver: Herman Lima, “Histórica da Caricatura no Brasil” (1963), 1: 208-38. José Olympio Editora: Río de Janeiro.
(9) “Paraguai Ilustrado. Semanário Paficronológico, Asneirótico, Burlesco e Galhofeiro” (Rio de Janeiro); duró solamente de Julio a Octubre de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta revista temática, que nunca tuvo mucha circulación, se cerró temprano, más o menos por el tiempo de la victoria Aliada en Uruguayana. No obstante, marcó el tono de varias publicaciones similares que aparecieron más tarde. En general, sus imágenes se concentraban en burlarse del mariscal, pintándolo como un buitre uniformado que perdía el tiempo en un zoológico cerca de un retrato de su “pariente”, un chancho de cola enrulada(10).

(10) “Paraguai Ilustrado”, (Río de Janeiro), edición del 13 de Agosto de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

“Paraguai Ilustrado” también se ocupaba de soldados paraguayos, con una caricatura mostrando un par de reclutas vestidos con la más improbable colección de andrajos(11).

(11) “Paraguai Ilustrado”, (Río de Janeiro), edición del 20 de Agosto de 1865. Aunque la mayoría de los caricaturistas en estos periódicos elegían al mariscal para ridiculizarlo, pocos lo hacían con su pueblo, que era retratado como un indio salvaje. Estas imágenes podrían quizá leerse como glosas al imperialismo brasileño. Esto es, los desnudos paraguayos serían alguna vez vestidos por la civilización que los Aliados les ofrecían. Se convertirían en totalmente humanos, abandonarían sus flechas y se unirían a la gran sociedad de naciones, pero primero deberían dejar atrás a López y aceptar un período de tutelaje brasileño. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Lo que “Paraguai Ilustrado” inauguró se hizo mucho más común en la “Semana Ilustrada” (1860-1882) y “A Vida Fluminense” (1868-1875), ambas publicadas en Río de Janeiro. En Mayo de 1867, el ex periódico repitió el retrato de López como un buitre, esta vez sentado sobre una pila de cadáveres, víctimas de cólera(12).

(12) “A Semana Ilustrada”, (Río de Janeiro), edición del 26 de Mayo de 1867. Ver también Edgley Pereira de Paula, “Imaginário, representações e poder na Guerra da Tríplice Aliança: o papel dos periódicos na construçao de identidades”, en el: II Encuentro Internacional de Historia sobre las Operaciones Bélicas durante la Guerra de la Triple Aliaza, Asunción/Ñeembucú, Octubre de 2010. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Más comúnmente, era exhibido como un tirano payasesco y cobarde, con una gorra militar fuera de molde, especie pavo real con un bacín en la cabeza(13). Otras revistas ilustradas aparecieron durante la guerra en Bahía, São Paulo y Río de Janeiro. Todas ofrecían una similar interpretación satírica del conflicto(14).

(13) “A Semana Ilustrada”, (Río de Janeiro), edición del 13 de Octubre de 1867 (la imagen también incluye a Madame Lynch empacando sus cosas para dejar el Paraguay).
(14) São Paulo tenía dos revistas ilustradas: “Diabo Coxo” (1864) y “Cabrião” (1866-1867), que rivalizaban con “A Semana Ilustrada” y generalmente producían un contenido y estilo similares. Bahía tuvo su propia “Bahia Ilustrada” durante la misma época (pero que es conocida hoy solamente en una deteriorada copia de microfilm en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro arm 1, prat 2, esc 15, pastas 310-6). La otras revistas ilustradas -de origen carioca- que aparecieron durante la guerra fueron: “Bazar Volante” (1864-67), “O Arlequim” (1867), “Revista Ilustrada” (1867), “Mosquito” (1869), “A Comedia Social” (1870) y, en francés, “Ba-Ta-Clan” (1867-1871). Ver también: Mauro César Silveira, “A Batalha de Papel. A Guerra do Paraguai através da Caricatura” (1996). L&PM Editora: Porto Alegre; y Pedro Paulo Soares, “A Guerra da Imagen: Iconografia da Guerra do Paraguai na Imprensa Ilustrada Fluminense” (2003), tesis de maestría, Universidade Federal do Rio de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esto reflejaba un oportunismo que respondía a un cambiante estado de ánimo del público. Cuando las clases altas brasileñas comenzaron a tornarse en contra de la guerra, en 1866, las caricaturas e imágenes cambiaron en consecuencia, volviéndose más despreciativas de las políticas gubernamentales. Aunque López y los paraguayos continuaron siendo objeto de burla, ahora compartían ese lugar con funcionarios brasileños y, especialmente, con oficiales de reclutamiento.

Una imagen de Septiembre de 1867, por ejemplo, mostraba a São Paulo vacía de hombres, todos los cuales habían huido a la selva para escapar de las patrullas de alistamiento(15).

(15) “O Cabrião” (São Paulo), edición del 15 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los periódicos ilustrados nunca cumplieron un papel propagandista, y ni siquiera nacionalista, a excepción de los primeros meses del conflicto. Todos eran costosos y sólo alcanzaban a un selecto número de lectores(16).

(16) “O Cabrião” costaba 500 réis y “A Vida Fluminense”, 1.000. Ver: André Toral, “Imagens em Desordem (A Iconografia da Guerra do Paraguai. 1864-1870)” (2001), p. 63. Humanitas/FFLCH/USP: São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Todos exhibían una arrogante independencia de la política del Gobierno. En el Uruguay ocupado por Brasil, en contraste, la dictadura del general Flores mantuvo un cuidadoso control sobre los pocos periódicos que circulaban en la ciudad capital. Aunque buques europeos a veces se las arreglaban para contrabandear a Montevideo periódicos que ridiculizaban la postura Aliada, y que circulaban subrepticiamente entre la comunidad extranjera, en general el Gobierno hacía esfuerzos para asegurarse de que la línea oficial colorada fuera tratada con respeto.

Los diarios producidos localmente, “La Tribuna” y “El Siglo”, tendían a cuidar sus maneras en consecuencia. Ocasionalmente daban espacio a políticos que se habían vuelto contrarios a la guerra, pero no con un volumen más alto del que se permitiría en círculos oficiales.

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