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La prensa de guerra: los paraguayos contraatacan

En Paraguay, el Gobierno no toleraba ninguna oposición en absoluto. Así como el vicepresidente Sánchez organizaba la economía de manera que todo convergiera en el apoyo al esfuerzo de la guerra, así los funcionarios estatales coordinaban la prensa para servir al mariscal(1).

(1) Aníbal Orué Pozzo, “Periodismo en Paraguay (Estudios e Interpretaciones)” (2007), pp. 19-66. Arandurã Editorial: Asunción; y Gladis Fois Maresma, “El periodismo paraguayo y su actitud frente a la guerra de la Triple Alianza y Francisco Solano López” (1970), tesis de maestría, University of New Mexico, Latin American Studies Program. Albuquerque. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

A fines de Agosto de 1867, “El Centinela”, que se autocalificaba como una publicación entre seria y jocosa, publicó una pequeña, pero reveladora descripción de los cuatro periódicos entonces en circulación en el país. Los trató como individuos vivientes y exultantes miembros de una comunidad más amplia de paraguayos, que “hablan guaraní, la lengua del corazón [e inflaman nuestro] patriotismo, evocan las glorias de nuestros abuelos(2).

(2) “El Centinela”, (Asunción), edición del 22 de Agosto de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tal descripción ejemplificaba la típica apelación paraguaya al patriotismo: la nación, ñane retã (nuestra tierra), estaba primero. Estaba compuesta por los hombres comunes que hablaban guaraní y habían heredado un espíritu indomable de sus antepasados, tanto españoles como indios.

En ninguna parte de esta evocación se mencionaba al mariscal López, ni era necesario, ya que el argumento no estaba dirigido a la conciencia política o a la racionalidad popular, sino directamente al sentimiento. Los paraguayos veían el conflicto como una invasión brasileña a su territorio. Proteger la patria era la máxima prioridad. Todo el resto era secundario.

“El Semanario de Avisos y Conocimientos Utiles” era, sin duda, el más venerable y, al menos inicialmente, el más convencional de los periódicos paraguayos de esta orientación y estilo. Establecido a mediados de los años 1850, estaba escrito en español y salía semanalmente en un formato de páginas de seis por doce, los sábados. Era una publicación de élite con un alto precio de cuatro reales que siempre encontró a sus más ávidos lectores entre los residentes extranjeros y los habitantes cultos de la capital.

“El Semanario” hacía poco esfuerzo por atraer la simpatía o, incluso, el interés, de los campesinos, la mayoría de los cuales apenas podían firmar sus nombres; y las copias distribuidas en distritos del Interior llegaban con claras instrucciones de que el diario debía ser leído en público y devuelto a Asunción(3).

(3) Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 18. Tinsley Brothers: Londres; una vez que la guerra comenzó, estas lecturas públicas adquirieron gran relevancia, ya que la gente que se quedó en las aldeas del Interior estaba ansiosa de recibir noticias de sus familiares en el frente. Ver, por ejemplo, una carta del Juez de Paz de Villa Franca, escrita a fines de Agosto de 1867, que registra el arribo de varios periódicos del Estado, lo que generó alto entusiasmo y “sentimientos de gratitud a la merecedora persona de Su Excelencia, el Mariscal Presidente de la República y Comandante en Jefe de sus Ejércitos”. Ver: Isidro José Arce al ministro de Guerra [?], Villa Franca, 31 de Agosto de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 779. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Considerando las aisladas circunstancias del Paraguay, “El Semanario” exhibía una sorprendente sofisticación de análisis. Antes de la guerra, publicaba detallados artículos sobre comercio, asuntos de actualidad, doctrina política, cuestiones de política exterior y avances en la ciencia, la medicina y la literatura, todo lo cual apuntaba a una madurez periodística comparable con la de los periódicos de Buenos Aires y Rio de Janeiro.

Como diario de registros, “El Semanario” publicaba decretos del Gobierno y comunicaciones misceláneas del mariscal López y sus ministros. En ocasiones, transcribía artículos de la prensa extranjera, plenamente atribuidos, pero nunca sin réplicas y comentarios cuidadosamente elaborados(4).

(4) Ver, por ejemplo, “El Perú y la Alianza Oriental” (reproducido de “El Independiente” de Santiago de Chile) y “La Paz” (reproducido de “La Unión Americana”, de Buenos Aires), ambos en “El Semanario”, (Asunción), 26 de Enero de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los artículos en “El Semanario” raramente identificaban al autor por su nombre, pero no es difícil entender a estos escritores como grupo. Como ocurría con muchos de sus contrapartes brasileños y argentinos, medían el mundo como lo hace un ingeniero, en líneas derechas, vivos colores, colosales potencialidades en mármol y acero. Y en la construcción del futuro tenían un papel crucial que cumplir. Se consideraban hombres progresistas tratando de despojar a los paraguayos de sus orígenes primitivos(5).

(5) Se puede fácilmente sobreestimar la inclinación positivista de estos hombres, cuyas contrapartes en Brasil y Argentina finalmente llegaron a gobernar sus respectivos países. Pero si tal actitud estaba presente en algún lugar del Paraguay, era en este grupo. Ver: Harris Gaylord Warren, “Revoluciones y Finanzas” (2008), pp. 71-98. Servilibro: Asunción; Ricardo Caballero Aquino, “La 2da. República Paraguaya (Política, Economía, Sociedad)” (1986), pp. 45-60, 111-68, passim. Edipar: Asunción; y Raúl Amaral. “Escritos Paraguayos (Introducción a la Cultura Nacional)” (1984), Primera Parte, pp. 129-38 (sobre el subsecuente y relacionado movimiento Ateneo). Ediciones Paraguayas, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta autovaloración ignoraba mucho de la realidad. Los editoriales y artículos en “El Semanario” se mostraban modernos a los asunceños porque desplazaban el tradicional énfasis definido por la Iglesia, con una orientación supuestamente científica. El anterior punto de referencia, que los paraguayos relacionaban con el doctor Rodríguez de Francia, era escolástico, venerable, frío, rígido y, en cierta forma, sin vida.

Pero, ¿estaban estos nuevos proponentes de un estilo iluminista europeo mejores preparados para esculpir una nación con el barro paraguayo? ¿Podían proporcionar una defensa irrefutable a la causa para contrastar con la de la Triple Alianza y promover la necesaria cohesión en el lado paraguayo?

Una forma de examinar su éxito es repasando la carrera de Natalicio de María Talavera, un escritor que “El Semanario” sí identificaba como uno de los suyos. Historiadores literarios hace tiempo han reconocido a Talavera como el primer poeta paraguayo. Cercano a Juan Crisóstomo Centurión, perdió la oportunidad de acompañar a su amigo cuando el futuro Coronel recibió una beca del Gobierno para estudiar en Inglaterra a fines de los años 1850.

En cambio, Talavera se quedó a trabajar con Ildefonso Bermejo, un dramaturgo y escritor español, que el Gobierno de Carlos Antonio López había contratado para dirigir una gaceta de corta vida, el “Eco del Paraguay”.

Bermejo, que más tarde rompió con el régimen lopista, estableció un pequeño instituto de altos estudios en Asunción, el “Aula de Filosofía”, dentro de la cual el joven Talavera tomó cursos de gramática, geografía, historia, literatura, cosmología, francés y derecho civil(6).

(6) Ildefonso Bermejo. “Vida Paraguaya en Tiempos del Viejo López” (1973), pp. 177-8 y passim. Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Talavera fue un pupilo excepcional y, cuando completó su escolaridad en 1860, se unió a su mentor y compañeros para crear “La Aurora”, la primera “enciclopedia mensual popular de ciencias, artes y literatura” del país. Esa curiosa publicación tenía formato y contenido similar al de las revistas académicas europeas de la misma era y exhibía sólo ocasionales pistas de un origen paraguayo(7).

(7) “La Aurora”, (Asunción), 1861-1862 (una edición facsimilar de esta fascinante publicación, acompañada por una útil introducción escrita por Margarita Durán Estragó, apareció en la capital paraguaya en 2006). Ver también: Francisco Pérez Maricevich, “Revistas literarias paraguayas” (1975), tomo I: “La Aurora”. Contenido y significado. Cuadernos Republicanos: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tal vez debido a ello, se cerró después de un corto tiempo, habiendo publicado doce números, pero fue suficiente para darle a Talavera alguna experiencia práctica en periodismo y edición. Cuando Bermejo partió, en 1862, su aprendiz paraguayo se hizo cargo de muchos de los esfuerzos del Gobierno en esa crucial área.

Talavera tenía veinticinco años cuando comenzó la guerra en 1864 y podía considerarse ya un escritor veterano de “El Semanario”. Parece haberse sentido de algún modo vacilante sobre las perspectivas de su país, una vez que los Aliados expulsaron al ejército de Corrientes y lo obligaron a cruzar de nuevo el Paraná pero, como la mayoría de los hombres de su generación, nunca permitió que tales dudas interfirieran con su sentido del deber o, por lo menos, su noción de lo que debía ser un curso honorable de acción(8).

(8) Centurión recordó una conversación con Talavera -la noche previa a Tuyutí- en la cual el poeta predijo el desastre en manos de los Aliados:
“¿Qué pasará con nosotros”, preguntó.
Al responder, Centurión expresa pena por su amigo y, por extensión, por sí mismo, como un hombre forzado a reprimir sus pensamientos, repetir falsedades e insistir en la conveniencia de todavía mayores sacrificios frente a un desafío imposible. Ver: Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), 2: 105-106, (cuatro volúmenes). Ed. El Lector, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mientras las tropas del mariscal peleaban sus batallas con mosquetes y bayonetas, Talavera las peleaba con la pluma. Estudiosos modernos han rendido tributo a su habilidad poética en composiciones tales como, “Reflexiones de un centinela en la víspera del combate”, y la humorística, “La botella y la mujer(9).

(9) “Reflexiones de un centinela en la víspera del combate”, fue por primera vez publicado en la edición del 30 de Mayo de 1867 de, “El Centinela”, (Asunción); y “La botella y la mujer” apareció por primera vez en una publicación póstuma en “Cabichuí”, (San Fernando), edición del 6 de Julio de 1868. Talavera también escribió una corta biografía del general Díaz, varios artículos sobre educación moderna, un ensayo sobre Cristóbal Colón y una traducción de la novela “Graciella”, de Alphonse de Lamartine. Una caricatura del poeta, dibujada a lápiz -aparentemente en vivo-, puede hallarse en la Benson Library de la University of Texas, en MG 1970b; en la misma colección (MG 1970k) hay otro poema, “Cuando López se alzó majestuoso”, atribuido a Talavera, aunque su autoría permanece incierta. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sus contemporáneos, sin embargo, admiraban más a Talavera como corresponsal de guerra, el tipo de testigo cuyos agradables, introspectivos y ágiles relatos de los hechos eran altamente apreciados por todos(10).

(10) Catalo Bogado Bordón. “Natalicio de María Talavera (Primer poeta y escritor paraguayo)” (2003). Ed. Casa de la Poesía, Asunción; y, más particularmente, Raúl Amaral, “Natalicio Talavera y la literatura de época”,en: “Escritos Paraguayos (Introducción a la Cultura Nacional)” (2003), 1: 101-109. Ediciones Paraguayas, Asunción; Carlos R. Centurión, “Historia de la cultura paraguaya” (1961), 1: 267-270. Ed. Biblioteca Ortiz Guerrero, Asunción; José Bernabé, “Natalicio Talavera, Corresponsal de guerra”, en “La Tribuna”, (Asunción), edición del 6 de Junio de 1971; y, más sucintamente, Juan E. O’Leary. “El Libro de los Héroes” (1970), pp. 87-96. Imprenta del Ministerio de Hacienda, Asunción. No todos los críticos literarios paraguayos son admiradores de Talavera. Ignacio A. Pane, por ejemplo, se queja de que “ni siquiera sus ensayos en ‘El Semanario’ son correctos, reflexivos o de algún valor estético”. Ver: Ignacio A. Pane, “El Paraguai [sic] intelectual” (1902). Conferencia pronunciada en el Ateneo de Santiago de Chile, el 26 de Noviembre, p. 15. Santiago. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sus finamente compuestas cartas semanales desde Paso de la Patria y Humaitá eran leídas y discutidas en Asunción y en las trincheras. Constituían un paralelo a las misivas que el fallecido coronel León Pallejá había escrito a periódicos orientales y porteños. En ambos casos, un tono de imparcialidad y simpatía por el recluta ordinario siempre envolvía la descripción de la batalla(11).

(11) Talavera nunca encajó con la imagen corriente del corresponsal de guerra que se acerca a la acción para denunciar la complicidad de su propio Gobierno en algo criticable. Todo lo contrario, sus escritos mostraban una inequívoca lealtad al mariscal López. Sin embargo, pese a su abierto y obligatorio favoritismo, escribía considerada y compasivamente acerca de la gente en aprietos, aunque fueran contrarios. Sus despachos desde el frente han sido colectados en una compilación única titulada: Natalicio Talavera. “La Guerra del Paraguay (Correspondencias Publicadas en El Semanario)” (1958). Ediciones Nizza, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Ninguno de los dos hombres se privaba de algún tributo ocasional al coraje del enemigo. Ninguno se mostraba particularmente obnubilado por la autoridad. Claro que “El Semanario” estaba dirigido a la élite y cualquier evaluación del trabajo de Talavera requiere tomar eso en consideración. Se preocupaba por mantener la objetividad, no porque lo encontrara natural, sino porque sus lectores se habrían mofado de un tratamiento muy simplista de los acontecimientos o algo que no pasara de una desdeñosa burla de los kamba.

La guerra del mariscal merecía una convincente justificación, y la propaganda que ofrecía el poeta para ese fin no era menos comprometida por ser más urbana. Desde el principio, Talavera y los otros periodistas paraguayos acentuaron que el orden republicano -bajo el cual habían prosperado- valía el apoyo de una más amplia causa americanista. Los soldados del frente entendían sus obligaciones para con la nación, y también sus parientes en sus hogares. Exactamente lo contrario ocurría con el régimen esclavócrata en Brasil y la pérfida oligarquía “liberal” en Buenos Aires.

Talavera y los demás se hacían eco de la línea oficial. Aunque el mariscal López jamás pretendió ser un demócrata, mostraba sensibilidad acerca de lo que se asemejaba a una cierta opinión pública en la Capital. Estaba ansioso, especialmente después de Tuyutí, de que hombres y mujeres con quienes él pudiera compartir el pan, vieran la guerra a su manera: no era sólo una venganza del emperador, era también un complot para desmembrar la nación paraguaya y aniquilar a su pueblo.

Talavera nunca disputó esta interpretación. Al igual que los otros escritores del periódico, estaba determinado a emplear sus más eficientes recursos retóricos, convencido de que cuanto más persuasivo fuera en la transmisión de su mensaje, mejor podría el pueblo resistir la arremetida aliada.

A medida que pasó el tiempo, sin embargo, las sutilezas que habían caracterizado la prensa en castellano en Paraguay dieron lugar a una postura más agresiva e intolerante. Muchos lectores de la vieja élite habían muerto en el conflicto y “El Semanario” hacía cada vez menos concesiones a su forma de describir e interpretar la guerra.

Talavera y los otros periodistas abandonaron el vocabulario de la razonada persuasión y los enemigos dejaron de tener un lado humano. El mariscal, para entonces ya objeto de descontrolada adulación, fue transformado en la personificación de la causa, una figura casi divina, incapaz de error o capricho. Aquéllos que alguna vez habrían desechado semejantes evocaciones por primitivas, torpes o carentes de refinamiento, ahora encontraban prudente adoptar el nuevo lenguaje(12).

(12) El culto a la personalidad que se desarrolló en torno a Francisco Solano López tenía un doble propósito: por un lado, apuntaba a reforzar una incuestionable lealtad hacia el mariscal entre las masas paraguayas, uniéndolas en una fe común, con la nación y su líder ligados en una entidad única, cuasireligiosa. Pero el otro propósito era ofrecer a la gente un ideal de humanidad que inspirara afán de emulación tanto como reverencia. López, el “hombre montado a caballo”, estaba constantemente obligando a las hordas brasileñas a retroceder, en una muestra de coraje que el López histórico nunca demostró. La imagen exhortaba al sacrificio y a la continuada resistencia, y ningún verdadero paraguayo podía desligarse de su responsabilidad en ambos. Ver: Harris Gaylord Warren, “The Paraguayan Image of the War of the Triple Alliance” (1962), en: “The Americas”, 13: 1, pp. 14-16. Washington, D.C.; François Chevalier, “‘Caudillos’ et ‘caciques’ en Amérique: contribution á l’étude des liens personnels” (1962). Melanges offerts a Marcel Bataillon par les Hispanistes Français, edición especial de “Bulletin Hispaniques” 64, pp. 30-47. Burdeos; y, más generalmente, Glen Dealy, “The Public Man (An Interpretation of Latin American and Other Catholic Countries)” (1977), pp. 3-32. University of Massachusetts Press: Amherst.// Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Lo que se escribía en español comenzó a converger con lo que se decía en guaraní, una lengua que se reserva sus ambigüedades para cosas distintas a la guerra(13).

(13) El guaraní tuvo una evolución bastante errática, desde una lengua exclusivamente oral a una lengua escrita primero, con una orientación eclesial y, finalmente, a una lengua popular escrita durante la guerra. Ver: Delicia Villagra-Batoux. “El Guaraní Paraguayo (de la Oralidad a la Lingua Literaria)” (2002). Expolibro, Asunción. Más generalmente, ver: Iván Jaksic, ed. “The Political Power of the Word: Press and Oratory in Nineteenth-Century Latin America” (2002), passim. Universtiy of London: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

“El Semanario” era evidentemente un diario estatal, no tenía independencia editorial y cuanto más débil se volvió el Ejército de López después de Curupayty, menos paciencia tenía el mariscal con el pequeño espacio para el análisis político y la delicadeza que profesaban Talavera y los otros.

Un Jefe de Estado pretendidamente constitucional, como Mitre, podía capear un período extendido de baja estima, debido a que el orden político permitía otras opciones, además de la victoria o la derrota. Un autócrata en el molde de López, en cambio, fustigaba cualquier crítica o, incluso, cualquier sugerencia útil(14).

(14) El mismo temor o inseguridad de ser sobrepasado, explica la poca disposición del mariscal a dar a sus Comandantes de campo cualquier libertad real de acción, aun estando frente al enemigo. Baltasar Gracián, escribiendo a mediados del siglo XVII, observó que ningún príncipe, “gusta ser sobrepasado en inteligencia. Esta es un atributo del rey y cualquier crimen contra ello es de lesa majestad [...]. Los príncipes gustan de ser ayudados, no sobrepasados, [y cuando] usted aconseja a uno, debe aparentar estar recordándole algo que ha olvidado, no alumbrándolo en algo que él no es capaz de ver. Son las estrellas las que nos enseñan esta sutileza. Ellas son hijas brillantes, pero nunca se atreven a brillar más que el sol”. Ver: Baltasar Gracián, “The Art of Worldly Wisdom” (1892), p. 4. Macmillan and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Con enfermedades y malnutrición crecientes en el Interior, y sin progresos reales en el frente, no podía saber si sus partidarios de las clases altas podían estar contemplando cometer contra él, asesinato o traición, más allá de su forzado entusiasmo. Era mejor para la nación hablar con una voz única.

Para mediados de 1867, en consecuencia, “El Semanario” había descartado toda pretensión de periodismo balanceado. La repetición de frases hechas, la técnica catequista de hacer preguntas retóricas y luego reiterar la respuesta de siempre, el uso de estereotipos grotescos y peyorativos y el rechazo de hechos desagradables mediante el expediente de poner las palabras entre comillas o darles un énfasis irónico (por ejemplo, los “logros militares” de Mitre, el “coraje” de los brasileños), todo se volvió habitual en “El Semanario”.

Talavera continuó informando desde el frente, pero sus cartas ahora empleaban insultos y exageraciones. Los escritores del diario eran todos hombres educados dispuestos a transformar sus inseguridades en cuentos de proezas militares. Aunque pocos en Asunción creían en estas exageraciones, habían aprendido a reconocerlas como indicadores de lo que era y no era la opinión permisible. En este sentido, las escandalosas afirmaciones de “El Semanario” ayudaron a contener la amenaza del disenso interno, por más que esa amenaza nunca existió realmente.

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