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La prensa de guerra: una apelación a lo vernáculo

En algunos periódicos paraguayos de tiempos de guerra, la propaganda tuvo un objetivo diferente. En ellos, la gente no era desafiada a pensar, sino simplemente alentada a dar una buena pelea. El enemigo seguía siendo el enemigo y la causa seguía siendo la causa; una visión de claridad moral ofrecida como ración semanal.

Presentaban la lucha como un caso de blanco y negro en el que cada temor arraigado hacia los extranjeros podía hallar legitimidad. Así, el texto tomará la forma de procaz poesía, mordaz caricatura o serio relato de heroísmo individual; la prensa se concentraba en una única meta: la defensa del Paraguay.

“El Centinela”, que apareció por primera vez en Asunción a fines de 1867, puso el escenario. Escrito mayormente en español, con algún ocasional material en guaraní, rendía, no obstante, un efusivo tributo a esa lengua y al pasado indígena del país. Mientras los Aliados desdeñosamente llamaban a las comunidades paraguayas “colección de tolderías”, los periodistas de “El Centinela” se jactaban de ello:

¡Tolderías..! En el curso de dos años, estas tolderías le han dado al enemigo golpes mortales, y no sólo una vez, sino cientos. Estas tolderías han dejado al Imperio vacilando y a sus altos oficiales en estado de desesperación, rogando por paz, porque han visto la imposibilidad de incendiar estas tolderías de López(1).

(1) “El Centinela”, (Asunción), edición del 25 de Abril de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En cuanto a la lengua nacional, en un corto artículo, irónicamente escrito en castellano, el
diario hacía una justa comparación con el hablar del ancestral guaraní:

¡Sí! Nosotros hablamos nuestra lengua. No la usamos como en un cacareo. No tomamos las plumas de otros pájaros para adornarnos, burlándonos de lo que es nuestro.
Cantamos en guaraní nuestros triunfos y glorias, como en los viejos tiempos los descendientes de Lambaré y Ñanduazubi Ruvichá cantaban su resolución y bravura”.

En “El Centinela” se puede encontrar la sabiduría y el brío de la literatura guaraní, la fuente del amor apasionado a la patria, comunicado por la corriente eléctrica de la lengua nacional, que ha contribuido tan poderosamente a la fama del soldado paraguayo(2).

(2) “El Centinela”, (Asunción), edición del 16 de Mayo de 1867; la poesía en guaraní se incluía con alguna regularidad en el periódico, con un interesante ejemplo titulado: “Poesía nacional”, predeciblemente atacando a los “macacos” y adulando al mariscal López y la reta. Ver: “El Centinela”, (Asunción), edición del 27 de Junio de 1867. La poesía en español, con las mismas invectivas hacia los Aliados, se incluía con una frecuencia incluso mayor. Ver: “Cielito”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 20 de Junio de 1867; “Himno al Ser Supremo”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 8 de Agosto de 1867; “La Virgen de la Asunción, Patrona de la República”, en: “El Centinela”, edición del 15 de Agosto de 1867; y “Carta de un soldado argentino a su mujer”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 24 de Octubre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El que el autor de estos comentarios usara metáforas tan actualizadas -electricidad- para ilustrar la virtud tradicional del coraje físico, una vez más muestra el carácter ambivalente de la sociedad paraguaya. ¿Debía el país alinearse hacia un futuro definido por Europa y la era moderna, o debía refugiarse en sus fortalezas e impulsos tradicionales? Tal vez debía hacer ambas cosas, como un extraño artículo sobre la transmigración del alma parece querer sugerir(3).

(3) “La metempsicosis”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 12 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Además de fomentar el nacionalismo entre las tropas y la población civil, “El Centinela” acumulaba odio hacia el enemigo. Algunos de sus artículos y coplas “jocosos” se basaban en los temas de costumbre, tales como la ineptitud y bajeza de los brasileños y la avaricia y afeminación de Mitre y sus asociados argentinos.

La mayoría de estas piezas eran calumnias repetitivas que, a veces, se elevaban apenas un poco por encima del simple racismo y el insulto. Pero las más imaginativas descubrían algunas formas ingeniosas de menoscabar a los Aliados, como en una serie de “cartas” entre un imaginario soldado paraguayo, Mateo Matamoros, quien usualmente escribe en español; su hermano Matías, quien responde en el mismo idioma; su esposa Miguela y su amiga de la infancia Rosa, quienes ofrecen agudas líneas en guaraní; y un “corresponsal” en las fuerzas Aliadas, quien escribe en un nervioso y confuso español y es permanentemente burlado por los camaradas de Mateo(4).

(4) Ver, por ejemplo, “El Centinela”, (Asunción), ediciones del 23 de Mayo, 30 de Mayo, 13 de Junio, 20 de Junio y 4 de Julio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los paraguayos produjeron un periódico dedicado casi exclusivamente a la sátira, que Sir Richard Burton comparó con “Punch” o “Le Charivari”(5). Establecido en Mayo de 1867 en Paso Pucú, tenía la ventaja de ser publicado dentro del radio de operaciones y reflejar el sentido del humor del soldado ordinario mucho mejor que “El Centinela”, que salía en Asunción y llegaba a Humaitá mucho después(6).

(5) Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 18. Tinsley Brothers: Londres.
(6) Antes de la guerra, los paraguayos a menudo copiaban Ordenanzas españolas a mano (que López exigía memorizar a cada funcionario). Ver: “Segundo viaje al teatro de la guerra” [Memorias de Julián N. Godoy, edecán de López], en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 144, n. 1. También copiaban manuales tácticos, uno de los cuales fue más tarde capturado a bordo del vapor “Jejuí” en las postrimerías de la batalla del Riachuelo (ver: MG 2093). Subsecuentemente, el Gobierno operó una imprenta en Humaitá, donde manuales similares y boletines militares eran ocasionalmente publicados. Ejemplos de estos últimos son muy difíciles de encontrar hoy. En la Nettie Lee Benson Library de la Universidad de Texas hay una copia de Manuel Salustiano Moreno, “La Escuela del Oficial (Tratado teórico-práctico de las operaciones secundarias de la guerra compilado de las mejores autoridades modernas)” (Humaitá, 1866); y en la colección privada de este autor, una copia de A. Guillot des Bordeliers, “Moral Militar (Libro de los Deberes del Soldado)” (Humaitá, ¿1866?). Es posible, aunque no del todo seguro, que la misma imprenta que operaba en Humaitá fue trasladada a Paso Pucú para la publicación de “Cabichuí”. Sobre los boletines, ver: Víctor Simón Bovier, “Parte integrante del periodismo combatiente: ‘Boletines’ del Ejército paraguayo”, en: “La Tribuna”, (Asunción), edición del 10 de Mayo de 1970. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Talavera y Centurión eran los editores de esta nueva publicación, para la cual eligieron el apropiado nombre “Cabichuí”. Este término guaraní significa “avispa” y el membrete ilustrado del periódico incorporaba un enjambre del malévolo insecto asaltando a una figura negra, mugrienta en apariencia, obviamente como representación de los “salvajes brasileños”.

“Cabichuí” estaba escrito mayormente en español, aunque, como en “El Centinela”, ocasionalmente incluía insultos en guaraní, junto con un almanaque semanal, y artículos cortos, todos de un predecible carácter político(7).

(7) Entre los autores -cuyos escritos amenizaban las páginas de “Cabichuí”- estaba el correntino Víctor Silvero, quien había editado el diario prolopista “El Independiente” en su pueblo nativo, antes de ser uno de los tres miembros de la Junta Gubernativa durante la ocupación paraguaya de Corrientes en 1865. Silvero sobrevivió a la guerra y posteriormente fue enjuciado como colaboracionista por el Gobierno argentino. Sobre los juicios a colaboracionistas correntinos, ver: Dardo Ramírez Braschi, “Análisis de expediente judicial por Traición a la Patria a Víctor Silvero, miembro de la Junta Gubernativa correntina en 1865”, ensayo leído ante el XX Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina, Academia Nacional de la Historia, La Plata, 21-23 de Agosto de 2003; y Dardo Rodolfo Ramírez Braschi. “La Guerra de la Triple Alianza a través de los Periódicos Correntinos” (2000), pp. 136-138, 163-167. Amerindia Ediciones, Corrientes. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los autores usaban seudónimos con nombres de molestos insectos (Cabu, Cabyta, Mamanga y Cabaaguará). En lo que “Cabichuí” sobrepasó a todos los otros periódicos de la era, fue en las ilustraciones xilográficas que decoraron cada una de sus ediciones por más de un año. Los artistas que las grababan habían trabajado previamente en diseño mecánico, dibujando planos para el Teatro Nacional a fines de los años 1850(8).

(8) Entre los artistas estaban Saturio Ríos, Francisco Velazco, Inocencio Aquino, Baltasar Acosta, Francisco Ocampos, Gerónimo Cáceres y el italiano Alessandro Ravizza. Varias xilografías están en exhibición en el Museo del Ministerio de Defensa de Asunción. Ver: Víctor Simón Bovier, “Ultimas ediciones de seis páginas de ‘El Semanario’”, en: “La Tribuna”, (Asunción), edición del 5 de Abril de 1970; y Hérib Caballero Campos y Cayetano Ferreira Segovia, “El periodismo de guerra en el Paraguay”, Nuevo Mundo. Mundos Nuevos, Coloquios (2006). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En “Cabichuí” mostraron considerable talento en identificar peculiaridades físicas de oficiales enemigos y equipararlos con figuras animales del folclore nacional. Ninguna figura importante del lado Aliado se salvó de una caricatura burlesca o insultante.

Mitre fue mostrado como un perro aullante; Flores, como un burro; Gelly y Obes, como un carnero (“Gelli-oveja”); Pôrto Alegre como un carpincho tratando de escapar del calor de la guerra, escondiéndose en el agua de un pantano; el almirante Ignácio hacía de jinete marino, montado sobre un yacaré y moviéndose pesadamente para una reunión con el ilustre marqués de Caxias, que era rubio, pero que estaba representado como un “feo negro de labios gruesos” sentado sobre la más lenta de las tortugas del país(9).

(9) “Cabichuí” (Paso Pucú), ediciones del 13 de Mayo, 6 de Junio, 3 de Octubre y 18 de Noviembre de 1867. Una edición posterior presenta a Caxias como una tortuga él mismo a punto de ser picoteada hasta la muerte por cuervos paraguayos. Ver: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 10 de Febrero de 1868. Un corto análisis de la imágenes animales puede leerse en: Ticio Escobar, “L’art de la guerre (Les dessins de presse pendent la Guerra Guasú)” (2007), en: Nicolas Richard, Luc Capdevila y Capucine Boidin, “Les guerres du Paraguay aux XIXe et XXe Siècles”, pp. 509-523. CoLibris: París. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Había algo de Rabelais en el efecto. Después de todo, las caricaturas no requerían educación. La idea no era provocar contemplación, sino risa, que era lo que los sufridos hombres en las trincheras querían más que cualquier otra cosa. Los artistas y escritores de “Cabichuí” reservaban sus cuchillos más afilados para Don Pedro y la familia imperial, a cuya obstinación los paraguayos responsabilizaban por la continuada efusión de sangre; sus textos y caricaturas mostraban al emperador por turnos como un criminal, un amo-marioneta, como el principal ingrediente de un guiso y como un rey de escuerzos(10). En la edición del 30 de Septiembre de 1867, lo exhibieron en una mesa junto con la emperatriz, esculpiendo pequeños soldados de barro para enviarlos a la muerte en Paraguay(11).

(10) “Cabichuí”, (Paso Pucú), ediciones del 15 de Julio, del 22 de Agosto de 1867 y del 6 de Febrero de 1868.
(11) “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 30 de Septiembre de 1867. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Como el mariscal le prestaba un activo interés, tanto a la composición como a la edición de esta revista, algunos de sus dardos reflejaban su deseo de pagar con la misma moneda las sátiras de la prensa porteña y carioca(12).

(12) López había expresado irritación con las sátiras en la prensa argentina y brasileña incluso antes de que comenzara la guerra y rutinariamente instruía a sus agentes en capitales extranjeras para investigar lo más posible a estos “detractores”, presumiblemente con el fin de devolverles algo de su propia medicina (o, quizás, para descubrir a los “traidores” paraguayos que les proporcionaban material útil). Ver, por ejemplo, José Bergés a Félix Egusquiza, Asunción, 6 de Octubre de 1864, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-22, 12, 1, n. 168. Mitre y los brasileños podían concebir que una sociedad pudiera tolerar, incluso celebrar, la ridiculización de importantes políticos, sin excluir al Jefe de Estado, pero nunca se le ocurrió a López que las representaciones desfavorables pudieran ser otra cosa que ataques intencionales a su investidura por parte de líderes o agentes extranjeros; para él, si su imagen era presentada en una caricatura insultante en cualquier periódico o revista brasileño, entonces Don Pedro lo debió haber puesto allí, y lo mismo era cierto para Mitre y las revistas satíricas argentinas (al hecho de que Mitre y el emperador fueran ellos mismos caricaturizados en estas publicaciones, no le atribuía importancia). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero había también una lógica más brutal detrás de estas caricaturas, pensadas para entretener a tropas combatientes en contactos regulares con el enemigo. La deshumanización de los brasileños contribuía a un distanciamiento psicológico que facilitaba matarlo cuerpo a cuerpo. Cuanto más bestiales consideraran al enemigo, más fácil les sería cortarlo en pedazos, no sólo en las mentes, sino con balas, sables y bayonetas en el combate real(13).

(13) La evocación del “otro” en tiempos de guerra, afecta a civiles y soldados en forma muy diferentes, como se explica en: J. Glenn Gray, “The Warriors (Reflections on Men in Battle)” (1959), pp. 133-134. Harcourt: Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Además, mientras el texto escrito podía parecer arcano al soldado común, las imágenes tenían un simbolismo folclórico que lo unía con un pasado mítico; el conejo, la rana, el carpincho y el pato real tenían sus papeles en el teatro de la experiencia paraguaya y podían fácilmente ser tornados héroes, villanos o tontos. Solamente el mariscal López y sus más cercanos colaboradores retenían una forma reconociblemente humana en las imágenes de “Cabichuí”.

Retratar a los combatientes enemigos, tanto oficiales como soldados, como animales, revelaba varios objetivos. Si bien el significado específico de cada matiz es esquivo para el estudioso moderno, “Cabichuí” y “El Centinela” obviamente nunca trataron de halagar la sensibilidad Aliada.

Y, sin embargo, ni las xilografías ni los textos deberían ser leídos como simples invectivas al otro, ya que al pintar al enemigo como salvaje o esclavo, los periodistas también tenían que pintar a los paraguayos como civilizados y libres. Por tanto, por cada mención de la inequidad o necedad de los Aliados, se necesitaba una que exaltara las virtudes nacionales(14).

(14) Luc Capdevila ha explorado el uso en la prensa paraguaya de opuestos absolutos (negro y blanco, bueno y malo, monarquía y república) en su: Luc Capdevila. “O gênero da nação nas gravuras (‘Cabichuí’ e ‘El Centinela’. 1867-1868)” (2007). ArtCultura 9: 14, pp. 55-69. Uberlândia. Está admitido que la propaganda es un asunto complicado y una presentación de opuestos absolutos puede funcionar en ciertas circunstancias y no en otras. Ocasionalmente, una exposición del enemigo sin concesiones puede debilitar, antes que fortalecer, la efectividad de la propaganda, ya que al describir al demonio puramente como demoníaco, uno puede correr el riesgo de convertirlo en una figura tentadora (como ilustraría cualquier lectura de “Fausto” o “El Paraíso Perdido”). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Muchas de estas últimas, estaban dirigidas a las mujeres. Los distintos tributos al “bello sexo” del Paraguay por haber donado sus joyas y adornos para la defensa de la patria, eran especialmente elocuentes(15).

(15) “La ofrenda del bello sexo. Joyas y alhajas”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 17 de Septiembre de 1867; “El bello sexo”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 19 de Septiembre de 1867; Barbara Potthast-Jutkeit. “¿Paraíso de Mahoma” o “País de las Mujeres?” (1996), pp. 256-265. Instituto Cultural Paraguayo-Alemán, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Y había evocaciones abiertamente políticas que, por un lado, ensalzaban a “la muger paraguaya” como una “amazona, heroína del siglo XIX”, al tiempo de notar que el progreso que habían conseguido era gracias al “ilustre mariscal López, quien [había] dado a las mujeres el honorable papel que merecen, restituyéndoles sus sagrados derechos, que incluso en Europa les escamotean(16). La prensa construía la patria como una entidad femenina, “la madre patria”, algo maternal, inspirador, comprensivo, pero que también necesitaba de la protección masculina(17).

(16) “La muger”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 18 de Julio de 1867; “La Muger”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 19 de Septiembre de 1867; “La muger
paraguaya”, en: “El Semanario”, (Asunción), edición del 12 de Enero de 1867.
(17) Gilberto Freyre observó que, para los brasileños que participaron en la guerra, la patria era invariablemente mariana en su naturaleza, igual que para los paraguayos. Ver: Gilberto Freyre (1970). “Order and Progress”, p. 21. Alfred A. Knopf, Nueva York. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las más intrigantes referencias a mujeres, provenían de reportes de incidentes específicos. Una historia fue que Francisca Cabrera, vecina de Pilar y madre de cuatro hijos pequeños, se internó en el monte para no entregarse a la lujuria de los brasileños.

Ante lo desesperante de su situación, le pasó un largo cuchillo de carnicero a su hijo mayor y le dijo que defendiera a la familia de los viles kamba. Aquí tenemos, observaba el artículo, “otra de tantas pruebas de las bárbaras intenciones de un enemigo sin Dios y sin conciencia, que profana el suelo de nuestra patria(18).

(18) “¡Francisca Cabrera!”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 12 Agosto de 1867 (con una ilustrativa xilografía en la edición del 10 de Octubre de 1867 de la misma publicación). El diplomático británico Thomas J. Hutchinson recordó la misma historia como un chisme común en los campamentos Aliados y como un ejemplo de “salvajismo femenino paraguayo”. Ver: Thomas J. Hutchinson. “The Paraná, with Incidents of the Paraguayan War and South American Recollections, from 1861-1868” (1868), pp. 336-337. Edward Stanford, Londres. Ver también: Michael Kenneth Huner, “Cantando la República: la movilización escrita del lenguaje popular en las trincheras del Paraguay. 1867-1868” (2007), en: “Páginas de Guarda” (primavera de 2007), pp. 119-120. Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La lección no podía ser más clara: la gente debía involucrarse en la guerra con el enemigo, desde la madre hasta el hijo, desde el mayor hasta el menor. La alternativa, en la cual la distintiva “raza” paraguaya sería aniquilada a través de la violencia militar y sexual por parte de los negros brasileños, jamás podía ser tolerada.

Más allá de Francisca Cabrera, la más famosa leyenda en torno a las mujeres paraguayas durante la guerra, se refiere a las mujeres del pueblo de Areguá, quienes se presentaron como voluntarias para servir bajo armas a mediados de 1867. En su tiempo, los funcionarios sacaron provecho de su propuesta y los escritores compusieron canciones patrióticas para celebrar a las bravas aregüeñas, que habían viajado a la Capital para demostrar su patriotismo(19).

(19) Ver, por ejemplo, la xilografía titulada “Las hijas de la Patria pidiendo armas para esgrimirlas contra el impío y cobarde invasor”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 9 de Diciembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Algunos comentaristas, sin exceptuar al coronel Thompson, descartaban el episodio como una maniobra diseñada por Madame Lynch(20). El mariscal López, sin embargo, evidentemente reflexionó lo suficiente como para declinar formalmente la oferta y repetidamente rechazar otras similares por parte de mujeres de otros pueblos durante los meses siguientes(21).

(20) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 201. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. Thompson distaba de ser el único que cuestionaba la “espontaneidad” de estas propuestas. Ver: Barbara Potthast, “Protagonits, Victims and Heroes (Paraguayan Women in the ‘Great War’)” (2004), en: Hendrik Kraay y Thomas L. Whigham, “I Die with My Country (Perspectives on the Paraguayan War. 1864-1870)”, p. 50. University of Nebraska Press: Lincoln y Londres.
(21) Ver, por ejemplo, Gaspar López a José Bergés, Areguá, 24 de Diciembre de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 9, 107; “Lista nominal de las hijas de la población de San Pedro que se han presentado espontáneamente a pedir que sean enroladas para empuñar las armas en defensa de la sagrada causa de la Patria”, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3231; “Sublimes rasgos de virtud”, (sobre mujeres voluntarias de la aldea de Lambaré) en: “El Semanario”, (Asunción), ediciones del 16 y 25 de Noviembre de 1867 (sobre mujeres de Ybytymí); y Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 4: 157; 5: 315-17; 7: 287-8, 333-4, 3835; 8: 14-5, 65-6, 76-7; (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. Barbara Ganson considera estas ofertas, y las canciones e ilustraciones que inspiraban, una prueba de “sentimientos patrióticos, propagandísticos, sentimentales y raciales de las mujeres”, pero no una evidencia de que estuvieran haciendo otra cosa que simplemente representando un papel. Ver: Barbara Ganson, “Following Their Children into Battle: Women at War in Paraguay. 1864-1870” (1990), p. 362, en: “The Americas” 46:3. Washington, D.C; y Barbara Potthast. “Residentas, Destinadas y otras Heroinas (el Nacionalismo Paraguayo y el papel de las Mujeres en la Guerra de la Triple Alianza” (2001), en Barbara Potthast y Eugenia Scarzanela, eds. “Las Mujeres y las Naciones (Problemas de Inclusión y Exclusión)”, pp. 77-92. Iberoamericana / Vervuert, Frankfurt, Madrid. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

De allí en adelante, rumores de un “batallón de amazonas” sirviendo al Ejército paraguayo circularon por los campamentos Aliados y finalmente alcanzaron los periódicos de Europa y Estados Unidos(22). Había poco o nada cierto en estas historias; no obstante, el valor simbólico de los relatos podía ser invaluable para inspirar todavía más sacrificios a los hombres paraguayos, que ahora podían reconocer a sus compatriotas mujeres como “capaces y listas para pelear contra los vándalos que quieren esclavizarlas(23).

(22) Rumores sobre mujeres paraguayas organizadas por Madame Lynch en batallones de combate surgieron en Mayo de 1868 en Montevideo y llegaron a la capital brasileña, donde fueron recibidos con franco asombro. Ver: “Correspondencia de Montevideo”, en el “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 20 de Mayo de 1868. Luego cruzaron el Atlántico a Inglaterra, donde “The Times”, de Londres, mencionó un ejército de 4.000 mujeres (edición del 25 de Junio de 1868). Estas historias incluso encontraron eco en los Estados Unidos, donde el “Baltimore American and Commercial Advisor” (edición del 26 de Junio de 1868) reportó que mujeres paraguayas no sólo estaban bajo armas, sino también
desempeñando funciones de magistradas civiles. “A Vida Fluminense”, (Río de Janeiro),edición del 30 de Mayo de 1868, publicó un dibujo humorístico a lápiz de López pasando revista a sus tropas femeninas, cada una de las cuales portaba una lanza de tacuara. En realidad, el Ejército del mariscal nunca incluyó unidad alguna de mujeres combatientes, pero ello no evitó que futuros escritores revisionistas y ciertas paleofeministas ingenuas afirmaran lo contrario. La evidencia citada para sostener la afirmación es de lo más endeble, usualmente simples repeticiones de rumores divulgados por periódicos europeos basados en relatos provenientes de Buenos Aires y Río de Janeiro, nunca del frente. El que no existieran unidades femeninas, no significa que las mujeres nunca hayan tomado las armas, especialmente hacia el final de la guerra. Ulrich Lopacher, el soldado suizo, se refirió a tropas de amazonas entre los paraguayos, pero como prueba solamente pudo citar el caso de una mujer que se había plegado a las fuerzas del mariscal disfrazada de hombre. Ver: Ulrich Lopacher y Alfred Toble. “Un suizo en la guerra del Paraguay” (1969), pp. 29-30. Editorial del Centenario, Asunción. Martin McMahon, el ministro de Estados Unidos en Paraguay en 1869, más tarde hizo una presentación ante un Comité del Congreso en la cual afirmó que, “muy positivamente que ninguna mujer estuvo en el Ejército [de López] durante mi residencia en Paraguay, excepto las seguidoras de los campamentos. Que un número de mujeres murieron [en la batalla de Piribebuy es un hecho de común conocimiento], pero ellas no portaban armas”. Ver: “Additional Testimony of Martin T. McMahon [Washington, 15 de Noviembre de 1869]”, en: “Report of the Committee on Foreign Affairs on the Memorial of Porter C. Bliss and George F. Masterman in Relation to their Imprisonment in Paraguay” (de aquí en adelante, “The Paraguayan Investigation”) (Washington, 1870), p. 273.
(23) “La muger paraguaya”, en: “Cabichuí”, (San Fernando), edición del 22 de Junio de 1868; para este tiempo, una “Canción en Honor a las Mujeres de Areguá”, escrita por el boliviano Tristán Roca, había sido convertida en una de las más conocidas marchas del Ejército paraguayo. Ver: Olinda Massare de Kostianovsky, “La mujer en la historia del Paraguay (Su contribución a la epopeya de 1864/70)” (1967-1968), en: “Historia Paraguaya”, Nro. 12, pp. 215-218, Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los diarios también se referían positivamente a un Paraguay idealizado, no el país quebrantado de 1867, en el cual la gente común apenas sobrevivía, sino una tierra sin mal (yvy marane’y) poblada por héroes decididos, sabios reverenciados y damas virtuosas, todos ligados en una única comunidad. El país era como una aldea grande, defendida por un redentor nacional, el mariscal López, cuya entallada figura era más grande aún.

Esta particular exhortación a la cohesión y la resistencia contra el enemigo se reflejó numerosas veces en “Cacique Lambaré”, el cuarto de los periódicos de tiempos de guerra del Paraguay y el único impreso en papel de karaguata. Haciendo su aparición en Asunción en Julio de 1867, este “papel parlante [cuyas certeras palabras] resuenan desde las alturas de la gran montaña” continuó por un año promoviendo la causa del mariscal, usando la lengua guaraní para evocar un espíritu de comunidad inequívoco en pasión y franqueza(24).

(24) Los paraguayos comúnmente afirman que Cacique Lambaré, cuyo nombre fue acortado a Lambaré a partir de su cuarto número (5 de Septiembre de 1867), duró sólo trece ediciones y paró de circular cuando el Ejército se movió a Luque, a fines de Febrero de 1868. Pero la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro tiene un número catorce (Luque, 16 de Marzo de 1868) y un catálogo tomado de una colección privada de documentos brasileños registra una hoja de un número veintitrés (Luque, 15 de Septiembre de 1868); Ver: Plínio Ayrosa. “Apontamentos para a Bibliografía da Lingua Tupí-Guaraní” (1943), p. 145 (n. 286). USP, São Paulo. Los números intermedios parecen haberse perdido; el Museo Mitre, en Buenos Aires, alguna vez poseyó una colección casi completa de esta inusual publicación, pero desapareció varias décadas atrás y no se tiene información de su presente paradero. “El Centinela” también probablemente continuó publicándose a mediados de 1868 y fue reportado estar todavía activo en la edición del 15 de Junio de 1868 de “Cabichuí”, (San Fernando). “El Semanario” evidentemente lanzó su último número en el Interior paraguayo el 14 de Noviembre de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El Gobierno había tratado previamente al guaraní como una lengua vernácula muy básica y simplista, demasiado ruda para la compañía gentil, demasiado directa para capturar los matices modernos que requerían terminología española y receptividad para las abstracciones.

En la Constitución de 1844, por ejemplo, el guaraní estuvo completamente ausente. Las especiales circunstancias de la guerra, sin embargo, cambiaron la estimación oficial. López cayó en la cuenta de que la palabra escrita tenía un estatus casi sagrado para la mayoría de los campesinos, cuyo único contacto con la escritura en tiempos normales era dentro de la iglesia.

Esta misma fascinación, comprendió, podía ser transformada en un instrumento de resistencia nacional en el cual la espontaneidad del guaraní sería su principal ventaja. Además, con tantas ricas alusiones al ambiente natural, y su casi musical evocación de lo onomatopéyico, la lengua parecía especialmente apta para burlarse del enemigo y alentar los esfuerzos de los paraguayos.

El mariscal dio muestras de entender esto cuando dio órdenes a Luis Caminos, Carlos Riveros, Andrés Maciel y al capitán Centurión, todos hombres educados con Bermejo o en Europa, de formar una comisión en Mayo de 1867 para regularizar la ortografía guaraní. Tenía en mente utilizar sus hallazgos para establecer un poderoso vehículo de propaganda en la lengua nacional(25).

(25) Centurión y los otros tuvieron que adaptar la ortografía del guaraní al conjunto de tipos que tenían disponibles en Humaitá. Ver: Manfredo Ramírez Russo, “El coronel Centurión: Historiador y Diplomático” (1972), p. 14. Partido Colorado: Asunción; Cesare Poma, “Di un Giornale in Guaraní e dello Studio del Tupí nel Brasile” (1897), pp. 15-16. Tip. Eredi Botta di L. Clemente Crosa: Turín; Wolf Lustig, “¿El guaraní lengua de guerreros? (La ‘raza guaraní’ y el avañe’e en el discurso bélico-nacionalista del Paraguay)” (2007), en: Nicolas Richard, Luc Capdevila y Capucine Boidin, “Les guerres du Paraguay aux XIXe et XXe Siècles”, pp. 525-540. CoLibris: París; y Roberto A. Romero, “Protagonismo histórico del idioma guaraní” (1992), pp. 59-88. Rotterdam Editora: Asunción. Delicia Villagra-Batoux ha observado, con alguna exageración, que “paradójicamente, una guerra cuyo objeto era la exterminación de la población paraguaya, proporcionó el estímulo para el renacimiento de la lengua guaraní”. Ver: Delicia Villagra-Batoux. “El Guaraní Paraguayo (de la Oralidad a la Lingua Literaria)” (2002), p. 296. Expolibro, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

“Cabichuí” ya había estado haciendo esto con sus caricaturas de los líderes Aliados. Con la ayuda de la comisión, “Cacique Lambaré” fue incluso más allá, al incorporar nuevos conceptos y vocabulario en una forma maravillosamente creativa y única. En sus páginas, referencias semieruditas a Pascal compartían espacio con aforismos sencillos, fábulas religiosas, anuncios de bailes y disquisiciones sobre el comportamiento apropiado de los hombres de armas(26).

(26) La referencia a Pascal en “Cacique Lambaré”, (Asunción), edición del 8 de Agosto de 1867, parece tergiversar deliberadamente los Pensées n. 858 (“Hay placer en estar en un barco golpeado por una tormenta cuando estamos seguros de que no se hundirá; las persecuciones que hostigan a la Iglesia son de esta naturaleza”), haciendo al sabio francés decir que si confiamos en el barco, entonces ningún viento, por fuerte que sea, nos disuadirá de navegar a bordo, torciendo así sus palabras, para argumentar en favor de una lealtad ininterrumpida al mariscal López. El autor de esta pieza fue, casi con seguridad, Francisco Solano Espinosa, el editor, quien era también cura católico. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Por otro lado, este contenido mezclado responde a la avidez de los soldados campesinos por anécdotas que reflejaran sus comunidades. Los oficiales tenían que leer estas historias en voz alta a los hombres en las trincheras, lo que era recibido con sumo beneplácito(27).

(27) La lectura pública de las gacetas oficiales a los soldados reunidos, era una práctica regular desde antes de que la guerra comenzara; tenemos, por ejemplo, el testimonio de Wenceslao Robles, más tarde Comandante paraguayo en Corrientes, quien reportó a López, el 25 de Octubre de 1864, que artículos de “El Semanario” habían sido leídos a los hombres en Cerro León con efectos muy positivos. Ver: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 748. La edición del 8 de Agosto de 1867 de “Cabichuí” incluye una xilografía sobre ello, en la cual un suboficial lee en voz alta un periódico a un grupo de soldados descalzos sentados en torno a una mesa; a la orden de escuchar cuidadosamente, respondían con un sonoro: “¡Lo escuchamos!”, seguido por cantos patrióticos y promesas de proteger a las mujeres paraguayas de los negros invasores. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Al mismo tiempo, los editores -que frecuentemente eran clérigos- tendían a adoptar un tono de homilía, similar al usado en las Misas. Por sobre todo, en todo el texto se traslucía siempre la intención de esparcir el mensaje inherente a la ideología oficial: que el sacrificio por la patria era una señal de honor que debía unir a los paraguayos.

Esta táctica era tan compleja como perversa. Al usar deliberadamente adjetivos superlativos y violentos, junto con eufemismos para encubrir realidades, al repetir estereotipos del enemigo y al inclinarse por lo emotivo antes que por lo analítico, “Cacique Lambaré” manipulaba el lenguaje tradicional para fortalecer la voluntad popular de resistir a los Aliados(28).

(28) Este mismo fenómeno, que está más comúnmente asociado con prácticas lingüísticas en Estados totalitarios modernos, ha sido analizado en relación con la Alemania nazi por Víctor Klemperer, “Lingua Tertii Imperii. Notizbuch eines Philologen” (1975), passim. Reclam: Leipzig. En una comunicación personal, el 23 de Diciembre de 1998, Wolf Lustig nos advirtió sobre diferencias importantes en el paralelismo con el análisis de Klemperer, ya que mientras las nazis intencionalmente distorsionaban la lengua alemana para cambiar el pensamiento de la gente, los escritores en “Cacique Lambaré” usaban el guaraní en una forma completamente natural que evitaba neologismos; de hecho, lo que argumenta Klemperer podría tener mayor relevancia para la prensa en castellano en Paraguay (aunque uno podría también notar que tanto los escritores de “Cacique Lambaré” como los cronistas del doktor Goebbels sí manipulaban un simbolismo pseudoreligioso para dar a sus mensajes una cierta trascendencia ante los ojos de sus compatriotas). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esto, por supuesto, es frecuente en la propaganda, pero está lejos de ser claro que el guaraní de tiempos de guerra fuera el mismo que antes de 1864. Además, para el ojo moderno, algunos de los elementos folclóricos parecen forzados, en ocasiones incluso oscuros, pero para los paraguayos de 1867, allí donde un texto asumiera una expresión vaga, su ambigüedad, de alguna manera, lo hacía parecer más convincente, más poderoso, como ocurre con ciertas parábolas.

El nacionalismo -o quizás la etnogénesis- que buscaba construir “Cacique Lambaré” profundizaba las raíces indias del Paraguay, aunque de manera un tanto paradójica. Por un lado, los nativos “indígenas” no españolizados del país -los mbayá, los payaguá y los guaycurúes- eran excluidos de la nación paraguaya, porque no habían contribuido a su construcción y defensa.

Los guaraniparlantes, por el otro, habían protegido la sociedad católica bicultural desde los tiempos coloniales y ahora proporcionaban la fuerza para asegurar su sobrevivencia contra el imperialismo Aliado. Previamente, los criollos de piel blanca habían españolizado a los indios, transformándolos en hombres y mujeres modernos. Ahora, el ruvicha Lambaré, actuando como un Sigfrido o un Barbarroja indio, retornaba el favor, enseñando a los hispanoparlantes cómo ser paraguayos leales.

Sus palabras a soldados y civiles eran directas y enfáticas. Hablaba a veces en prosa, a veces en verso, declarando que, siendo un indio, no necesitaba fingir refinamiento, ya que había venido solo a “matar negros” con flechas afiladas durante tres siglos, para clavarlas en sus costillas. El mariscal López era el jefe que, con su bien templada espada, expulsaría a los demonios al infierno, adonde irían a tragar el naco que escupen(29).

(29) “Cacique Lambaré”, (Asunción), edición del 24 de Julio de 1867. Ver también: Wolf Lustig, “Die Auferstehung des Cacique Lambare (Zu Konstruktion der guarani-paraguayischen Identität während der Guerra de la Triple Alianza)” (1999), ensayo presentado ante el coloquio “Selbstvergewisserung am Anderen order Der fremde Blick auf der Eigene”, 18 de Septiembre, Mainz. Disponible en: http://romsem3.romanistik. uni-mainz.de/html/GUARANI/cacique/cacique.htm. Paraguay dista de ser único en elevar póstumamente a líderes indios al estatus de héroes nacionales. Honduras tiene su Lempira, Perú su Huáscar, Ecuador su Atahualpa y México su Cuauhtémoc. Ver: Rebecca Earle, “The Return of the Native (Indians and Myth-Making in Spanish America. 1810-1930)” (2007), pp. 47-48 y passim. Duke University Press: Durham y Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Evocaciones así de vulgares son parte de la propaganda más conspicua y explícita que apareció durante la guerra. El “Cacique” parece insinuar que las consecuencias negativas de la conquista española, unos trescientos años antes, podían ser expurgadas destruyendo a los pretendidos conquistadores de la nueva era. Matar a los brasileños y a sus lacayos argentinos y orientales, podía hacer borrón y cuenta nueva, y un virtuoso Paraguay emergería de las cenizas.

Esta violenta apelación contrastaba con el mensaje político producido por los periódicos Aliados durante los mismos años. Hay también una diferencia cualitativa entre los dos modelos. “El Mosquito” argentino y la “Semana Ilustrada” brasileña siempre representaban a López como la fuente de la crisis en el Plata y a su gente como ingenuos infelices(30).

(30) Ver, por ejemplo, “El Mosquito”, (Buenos Aires), edición del 22 de Abril de 1866, que muestra una caricatura de López colgando al obispo; o del 29 de Abril de 1866, con López cambiando de ropa con Madame Lynch. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En cambio, “Cacique Lambaré”, “Cabichuí” y los otros periódicos paraguayos retrataban a los argentinos como autodeclarados miembros de una raza superior y a los brasileños como esclavos natos. Sus ataques contra los Aliados no estaban, por lo tanto, limitados solamente a los líderes de los enemigos. Los argentinos eran insoportablemente petulantes y los brasileños -hasta el último de ellos- eran innobles hasta lo más profundo(31).

(31) El término guaraní para “negro” -kamba- era frecuentemente emparejado en la prensa paraguaya con tembiguai, que significa “sirviente” o “esclavo”, sugiriendo así que lo verdaderamente objetable de los soldados brasileños no era su raza, sino su servilismo. Ver: Michael Kenneth Huner, “Cantando la República: la movilización escrita del lenguaje popular en las trincheras del Paraguay. 1867-1868” (2007), en: “Páginas de Guarda” (primavera de 2007), p. 121. Buenos Aires. El cuarto número de “Lambaré”, (Asunción), edición del 5 de Septiembre de 1867, explicó este desprecio en términos claros e irreprochables: “El Brasil no respeta otra ley que la esclavitud, que incluso la persona más ignorante puede reconocer como innatural; no contentos con las multitudes que ya han esclavizado, los brasileños ahora quieren dominar toda América...”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Es fácil percibir la injusticia y el racismo en estas representaciones. Había, después de todo, negros que servían al Ejército del mariscal que eran tan paraguayos como sus camaradas mestizos(32).

(32) En 1912, Arsenio López Decoud, el compilador de uno de los primeros grandes libros paraguayos de referencia, se sintió seguro de afirmar que, entre sus compatriotas, existía “una perfecta homogeneidad étnica, no habiendo pigmentos negros escondidos en nuestra piel”. La falsedad de esta observación -y su decidido racismo- habría sido fácil de probar si las mujeres hubieran estado dispuestas a admitir que muchos de sus hijos tenían soldados brasileños por padres y abuelos. Ver: Album Gráfico de la República del Paraguay (Buenos Aires, 1912), p. 8. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero en la propaganda las contradicciones tienden a ser desechadas de plano y la posición paraguaya, sedienta de sangre como estaba, necesitaba presentar el claro y férreo mensaje de que los negros brasileños eran una “amenaza” racial para la patria.

El mensaje propagado por los Aliados era igual de hipócrita. Los Aliados, de hecho, sí consideraban a los paraguayos como una raza peligrosa, que debía ser “civilizada” o, si fuera necesario, destruida. Ya en 1865, el periódico carioca “Paraguai Ilustrado” retrató a cada soldado paraguayo como “una rareza merecedora de un lugar en el zoológico(33).

(33) “Paraguai Ilustrado”, (Río de Janeiro), edición del 20 de Agosto de 1865. Apenas necesita ser remarcado que el racismo era de ida y vuelta en la Guerra del Paraguay; así como los Aliados retrataban a los paraguayos como indios salvajes, así, también, los propagandistas del mariscal presentaban la amenaza a su país en una forma racial, mezclando la mofa hacia los negros con la burla hacia los esclavos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Y estas opiniones no se alteraron con el tiempo. Si bien los estudiosos sensatos deberían evitar nutrir las rimbombantes historias de un supuesto objetivo genocida en la guerra del emperador, también deberían recordar que los Aliados nunca llegaron a considerar a los paraguayos como sus iguales.

Cada onza de elogios que prodigaban al coraje de los soldados del mariscal, los hacía parecer como algo distinto -e inferior- a los humanos. En toda guerra prolongada, con el fin de denigrar al enemigo, es necesario pensarlos como inferiores, y durante la campaña paraguaya ningún bando tuvo problema alguno en hacerlo.

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