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Extraños personajes en el frente de guerra

Excepto por la larga ruta terrestre a Bolivia, el Paraguay estaba enteramente aislado del mundo exterior para fines de 1865 y, al tornarse hacia sí mismo, el país encontró fortalezas y debilidades que, de otra forma, habrían permanecido oscuras. El espíritu nacionalista, subestimado en años anteriores, ahora ganaba un sólido dominio en el país tanto como resultado de la incesante presión de la ideología lopista como por la guerra misma.

Para 1867, la sociedad paraguaya no solamente estaba cohesionada en torno al apoyo al esfuerzo de la guerra, sino inmensurablemente más xenófoba que antes. Cualquier intento de mediación extranjera se topaba con esta realidad y los extranjeros residentes en el Paraguay se sentían amenazados y nerviosos en un ambiente que reconocía cada vez menos vecinos neutrales, solamente enemigos pasivos o activos.

Entre estos extranjeros hubo varios particularmente extravagantes. El historiador estadounidense Charles J. Kolinski puntualiza que los dos más extraños que cayeron en el Paraguay en esta época fueron el estadounidense James Manlove y el prusiano Max von Versen, cuyas experiencias estuvieron rodeadas de las más asombrosas aventuras(1).

(1) Charles J. Kolinski, “Independence or Death! (The Story of the Paraguayan War)” (1965), pp. 137-138. University of Florida Press: Gainesville. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Ambos cruzaron el bloqueo Aliado cuando el control era más estricto, y cuando todos parecían espiarse unos a otros. Ambos eran hombres de armas con alguna experiencia previa de guerra y ambos eran excéntricos en actitud y motivación.

Caricatura viviente de la audacia y seducción sureñas, Manlove había nacido en Maryland a principios de los años 1830. Afirmaba haber pasado la Guerra Civil peleando al lado de Nathan Bedford Forrest, un imponente Comandante confederado de caballería que, más tarde, fundó el Ku Klux Klan.

Con trece caballos muertos debajo de él en batalla, Forrest podía jactarse de ser una de las figuras más intrigantes del Ejército del Sur. Manlove, que tenía el rango de Mayor, nunca emergió de la sombra de su colorido comandante. Ambos hombres, sin embargo, evidentemente estuvieron en Fort Pillow, donde presenciaron la masacre de la guarnición de soldados federales negros, en uno de los incidentes más controversiales de la guerra(2).

(2) Manlove negaba que hubiera habido una masacre en Fort Pillow. Su papel en el asunto y, en general, su relación con Forrest, permanecen en la nebulosa, aunque Washburn certificaba su servicio en la guerra, notando que tenía todas las características del veterano, un fortachón de un metro noventa, lleno de cicatrices de batalla. Desde luego, Manlove no sería el primer soldado en exagerar sus logros en búsqueda de una carrera más venturosa en Sudamérica (Wisner, Thompson y Pallejá habían hecho lo propio). Y, sin embargo, la documentación existente en el Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine, efectivamente muestra a un hombre supremamente confiado en sí mismo y leal a la causa sureña, incluso en la derrota. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sólo podemos adivinar cómo esta carnicería, y la guerra en su conjunto, afectaron a Manlove. Pero si un hombre puede aprender descaro y ambición de otro, el Mayor seguramente aprendió de su mentor, ya que esas fueron cualidades que llevó consigo a Sudamérica. Sería ilustrativo saber más de su pasado, ya que todo lo que tenemos es la palabra de sus interlocutores paraguayos y de Washburn, que lo conoció en Río de Janeiro, en 1865, y después lo volvió a encontrar en Buenos Aires antes de frecuentarse ambos en Asunción.

Inicialmente, se presentó como un simple turista, ansioso de ver el Paraguay y Chile antes de retornar a Estados Unidos. Un poco más tarde, le contó al ministro estadounidense sus verdaderas intenciones:

Dijo que tenía acuerdos con varios dueños de buques forzadores de bloqueos y tenía cartas de algunos de ellos [...] aunque por razones de prudencia no contenían nada del negocio en cuestión.
Su plan era pasar al Paraguay para obtener patente de corso del presidente López [...] para retornar a Estados Unidos y utilizar varios forzadores de bloqueo ociosos para cazar transportes y buques mercantes brasileños(3).

(3) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 217. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York; ver también: Robert Conrad Hersch, “American Interest in the War of the Triple Alliance. 1865-1870” (1974), disertación doctoral, pp. 496-500. New York University, Nueva York. Un rumor, que circulaba en Montevideo, señalaba que Manlove se había acercado previamente al ministro chileno -en la capital uruguaya- y ofrecido incendiar los buques españoles entonces en el puerto. El diplomático de Santiago prudentemente despidió al aventurero estadounidense como un loco o un provocador. Ver: Conde Joannini a Ministro Exterior Italiano, Buenos Aires, 27 de Septiembre de 1868, en: Archivio Storico Ministero degli Esteri (Roma) [extraído por Marco Fano]. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Washburn le advirtió sobre la temeridad de su misión, recordándole que los Estados Unidos habían firmado un Acuerdo con el Brasil en contra de la práctica corsaria (en 1828), y que su propuesta podría involucrar a Washington en varias violaciones de las leyes de neutralidad. Además, las sospechas del mariscal eran tales que, incluso si un Mayor estadounidense pasaba al Paraguay, estaba seguro de que lo trataría como espía o agente provocador.

En cualquier caso, su plan parecía demasiado arriesgado como para ser tomado seriamente. Washburn presentía problemas con su legación, si López aceptaba esta propuesta, por lo que hizo todo lo que estuvo a su alcance para disuadir a Manlove de su idea. Pero no lo consiguió. En Agosto de 1866, habiéndose congraciado previamente con Mitre y los oficiales argentinos en Tuyutí, una mañana se fue solo a cazar patos, se escondió en los pastizales al norte del campamento Aliado y se deslizó a través de la línea, escoltado por un piquetero paraguayo.

Llevado a Paso Pucú, explicó su presencia en los mismos términos que había usado con Washburn. Los soldados examinaron sus papeles y, “como no había nada en ellos que mostrara estar apoyado por una parte responsable, López, como era habitual, llegó a la conclusión de que era un espía o asesino, y su primer impulso fue fusilarlo(4).

(4) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 218-219. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York; “The Paraguayan War”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 24 de Enero de 1869. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

No obstante, el mariscal decidió confiar la interrogación a su secretario, Luis Caminos, un coronel del Estado Mayor paraguayo que Washburn consideraba un “inquisidor” de primer orden, el tipo de hombre que hurgaría hambriento y haría suyas las opiniones del mariscal como haría un perro con pedazos de carne cruda.

Aunque Caminos no tenía forma de entender a este raro intruso estadounidense, sabía cómo decirle a López lo que quería oír. Un periódico de Buenos Aires había afirmado que el oriundo de Maryland era un “experto tirador de los servicios argentinos, con la misión de cazar oficiales paraguayos(5).

(5) George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 187. Ed. S. Low, Son and Marston”, Londres; “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 13 de Junio de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Este comentario generó suspicacias en todos los bandos. No obstante, Manlove insistió en la veracidad de su propuesta y envió notas a López y al ministro de Guerra que detallaban el esquema(6).

(6) Manlove a López, [¿Humaitá?], Agosto de 1866; y Manlove a ministro de Guerra, [¿Humaitá?], 6 de Agosto de 1866, ambos en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 347, n. 39. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

También negó que Washburn hubiera hecho algo inapropiado para un representante de una potencia neutral. Pero Caminos rechazó la historia; aun si fuera parcialmente cierta -argumentó-, el extranjero venía al Paraguay a vincular al Gobierno del mariscal en un infame proyecto de piratería, con la ayuda del ministro de Estados Unidos quien, en todas sus acciones y propósitos, estaba ahora actuando en favor de los Aliados.

Manlove era temperamental y pendenciero, incluso cuando estaba de buen humor. Aquí su furia fue palpable. No solamente negó los cargos de espionaje y colusión con los Aliados, sino que también hizo saber que si el mariscal deseaba tener más información, entonces debía enviar a un caballero a interrogarlo, no a un canalla como Caminos.

López, en esta ocasión, escuchó los consejos de todos a su alrededor, que daban un veredicto
contradictorio sobre el hombre. Algunos decían que Manlove debía ser ejecutado sin demora; sin embargo, tanto Madame Lynch como el doctor Stewart se pronunciaron a favor del estadounidense, diciendo que, si su historia era cierta, Washburn pronto vendría a través de las líneas trayendo con él la posibilidad de una favorable intervención estadounidense. Fusilar a Manlove sería, en ese caso, inconveniente en extremo(7). Así el hombre fuera un espía o un tonto, no debía ser muerto, al menos no hasta que la actitud oficial de Estados Unidos se aclarara.

(7) Manuel Peña Villamil, “Los corsarios sudistas en la guerra de la Triple Alianza” (1966), en: “Historia Paraguaya”, n. 11, pp. 150-152. Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El mariscal entonces optó por enviar a Manlove a Asunción, donde Washburn se reunió con él en Noviembre de 1866. Aunque todavía técnicamente un prisionero, no sufrió maltratos directos. Era, sí, un indigente. Por pedido del ministro, los paraguayos le concedieron un subsidio gubernamental(8).

(8) Washburn a López, Asunción, 28 de marzo de 1867, en Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine; recibo de Manlove por 300 pesos en papel moneda, Asunción, 21 de Abril de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 19, 45. Para Noviembre, el evidentemente avergonzado Manlove le estaba pidiendo a Washburn más ayuda material, notando que su “familia considerará la deuda como suya”. Ver: Manlove a Washburn, Asunción, 23 de Noviembre de 1867, en Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sus planes corsarios habían fracasado, como Washburn había previsto y, como otros extranjeros en Paraguay; el pretendido pirata de alta mar tuvo que contentarse con mantener su propia seguridad. Pese a alguna ayuda permanente de Washburn -que el hombre de Maryland, como ex confederado, no se consideraba con derecho a recibir-, era inevitable que se hundiera en un estado de ánimo cada vez más depresivo y aislado(9).

(9) Charles A. Washburn. “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 220-222. Ed. Lea and Shepard, Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque los paraguayos siempre desconfiaron de Manlove, su excéntrico proyecto podría haber funcionado. Los forzadores de bloqueos, de los que constantemente hablaba de hecho, habían destruido millones de dólares en tráfico comercial de los Estados del Norte durante la Guerra Civil, y ninguno de los Estados europeos se había quejado demasiado de la ilegalidad o irregularidad de esos ataques en su momento. De hecho, un representante paraguayo en París, reportó que oficiales navales confederados le habían presentado la idea en Mayo(10).

(10) La documentación existente no menciona a estos ex confederados con nombres ni relaciona necesariamente su propuesta con la de Manlove pero, dado que el Paraguay nunca había firmado la Convención de París de 1856, que prohibía la emisión de patentes de corso, el representante diplomático del mariscal en Francia se sintió libre de sostener que la oferta debía al menos ser considerada seriamente. Ver: Gregorio Benites. “Primeras Batallas contra la Triple Alianza” (1919), pp. 257-262. Talleres Gráficos del Estado, Asunción. Un corresponsal argentino en París, se preguntó abiertamente por qué los paraguayos se abstenían de otorgar tales comisiones que, como habían mostrado los chilenos, podían ser decididamente ventajosas en tiempos difíciles. Ver: “La América”, (Buenos Aires), edición del 18 de Marzo de 1866. Por supuesto, lanzar corsarios sobre mercaderes Aliados en el Caribe sin duda habría irritado a Gobiernos extranjeros, independientemente de su orientación política e, incluso, los normalmente lacónicos británicos se habrían puesto lívidos si corsarios paraguayos abordaban buques brasileños con mercaderías de Manchester. Tuviera o no el país el derecho de emitir patentes de corso en 1867, los extranjeros sin duda habrían tratado a Manlove y a sus asociados como piratas. Esta, tal vez, era razón suficiente para que el mariscal rechazara la propuesta. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Si el mariscal hubiera dado a Manlove patente de corso, el conflicto con la Triple Alianza podría haberse tornado mucho más complejo y, tal vez, con un carácter internacional más favorable. Si los piratas paraguayos se hubieran armado, habrían dañado gravemente la marina atlántica del Brasil, y esto habría causado un mayor disgusto hacia la guerra en Rio de Janeiro. Pero López nunca llegó a considerar seriamente esa opción(11).

(11) Los relatos de las peripecias de James Manlove, tanto las relativamente escasas referencias históricas disponibles como las más ricas historias transmitidas de generación en generación por las familias paraguayas que se toparon con el enigmático personaje, sirven de hilo conductor al novelista Juan Bautista Rivarola Matto, para narrar y reflexionar sobre la tragedia de la guerra en su: Juan Bautista Rivarola Matto, “Diagonal de Sangre” (1986). Ediciones NAPA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Max von Versen estaba cortado con una tijera distinta. Soldado profesional, con un interés académico en los mecanismos y las estrategias de la guerra, Maximilian Felix Christoph Wilhem Leopold Reinhold Albert Füchtegott von Versen, detentaba el rango de Mayor del Ejército prusiano. Era un oficial entrenado, que trabajaba para Helmut von Moltke.

Después de haber participado en la campaña contra Austria, en 1866, decidió visitar el frente sudamericano como un observador neutral y componer un relato de la lucha desde el aventajado punto de vista de un oficial experimentado. En ese momento, creía que la guerra no podía durar mucho más, ya que las acciones del Paraguay contra la Triple Alianza no tenían más oportunidades que las que hubiese tenido el duque de Anhalt si hubiera atacado a su señor Hohenzollern(12).

(12) Max Von Versen, “Reisen in Amerika und der Südamerikanische Krieg” (1872), p. 2. Málzer: Breslau. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Esta era una conclusión totalmente desinteresada, basada en los hechos que tenía a su disposición. Y, sin embargo, su plan de observación del frente, por racional que fuera, tenía en contra el simple hecho de que nadie en Paraguay podía ver la guerra racionalmente, y cuanto más insistía en la verosimilitud de una interpretación objetiva, más loco se lo consideraba.

Von Versen obtuvo un permiso temporal del Ejército a principios de 1867. Reunió un equipaje ligero, consiguió apropiados pasaportes de representantes paraguayos y Aliados en París, y se embarcó a Sudamérica en Febrero. Llegó al frente cinco meses más tarde, habiendo sido detenido por los brasileños en Río de Janeiro y por los argentinos en Buenos Aires. Literalmente, todos pensaban que era un espía(13).

(13) En un despacho al Palacio de Itamaraty, el ministro brasileño en Berlín dio su opinión de que el “distinguido, impetuoso y enérgico” von Versen, claramente tenía en mente ofrecer sus servicios a López y se debía evitar a toda costa que lograra su objetivo. Ver: Marcos Antonio de Araújo a Antonio Coelho de Sá e Albuquerque, Berlín, 15 de Junio de 1867, en: Arquivo Nacional, Coleção Duque de Caxias, caixa 805, fundo 2h, pacote 3, documento 60. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque sus papeles estaban en orden, y la historia de sus intenciones parecía verosímil, su disposición a hablar con completos extraños le solía acarrear problemas. Lo mismo ocurrió con su decisión de usar un alias en la ruta río arriba a Corrientes. Una vez que arribó aquí, contactó con todos los comerciantes y representantes diplomáticos que pudo encontrar, le confió su equipaje a una banda de indios guaycurúes para que lo llevaran al Norte a través del Chaco hasta Humaitá, y se embarcó en un vapor comercial.

Finalmente, apareció en el campamento Aliado en Tuyutí, donde las tropas lo tomaron por un macatero más. Su paso a través de las líneas del frente el 17 de Junio fue casi cómico por la facilidad con que lo consiguió. Von Versen había traído un caballo inusualmente grande de Rosario y, con su montura arreglada “como si estuviera en un día en el hipódromo”, simplemente cabalgó frente a los puestos de tiradores y mangrullos y se internó entre los helechos.

Los soldados Aliados que lo vieron pasar observaron su presunción pero, debido a sus revólveres, su túnica azul y su talante imperial, supusieron que iba en alguna clase de misión militar autorizada y no hicieron nada para obstaculizar su avance. A último momento, un par de jinetes gauchos lo siguieron, le exigieron detenerse, y lanzaron sus boleadoras a las patas traseras de su caballo.

Von Versen ya había entrado al perímetro de los bosques de palma, sin embargo, y las bolas no lo alcanzaron. Sus perseguidores, maldiciéndose el uno al otro detrás de él, pronto abandonaron la persecución. Media hora más tarde, el prusiano se encontró con los primeros paraguayos, que consideró flacos, pero bien nutridos, primitivamente ataviados con ponchos cuadrados y chiripás. Les dijo algunas frases en español que logró recordar, pero descubrió que ellos eran menos versados que él “en la lengua de Cervantes(14).

(14) Max Von Versen, “Reisen in Amerika und der Südamerikanische Krieg” (1872), pp. 119-120. Málzer: Breslau; Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay. 1864/70” (2008), 2: 372-374. Roma. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los soldados le confiscaron sus pistolas y lo llevaron junto a un oficial de barba blanca, quien le restituyó sus armas y le proporcionó una escolta para llevarlo a los cuarteles del general Resquín. Von Versen se reunió poco después con el mismo Luis Caminos que había interrogado a Manlove. En este caso, el oficial prusiano portaba una carta de presentación del padre del propio Caminos, pero ello no fue suficiente, ya que el joven insistió en que nadie podía ser admitido en presencia del mariscal sin credenciales apropiadas.

Von Versen reiteró entonces, y siempre, que su objeto era actuar como un observador militar en la campaña y, por si acaso, que ya había concebido simpatía por la causa paraguaya.

Caminos permaneció suspicaz. Sabía que el mariscal ya había leído algo de los movimientos del prusiano en la prensa argentina, pero no sabía específicamente qué revelaban los reportes. Luego, como un policía, el futuro ministro de Guerra específicamente preguntó acerca de una fotografía que fue descubierta entre las pertenencias de Von Versen, que mostraba al Comandante de infantería argentino, coronel Susini.

Ni Caminos ni los otros paraguayos habían oído de la costumbre de cambiar cartes de visite entre oficiales, y ninguna palabra dicha por el prusiano los convenció de que no había nada sospechoso en el hecho.

Otro asunto inusual captó la atención de sus interlocutores. Como explicó Masterman:

El mayor von Versen tiene una flaqueza perdonable; cree en la homeopatía. Tenía en su bolsillo un botiquín con esos inocentes globulillos y, envuelta dentro de éste, una receta en alemán de la dosis y manera de usarlos.
López, al verlos, se asustó y pretendió descubrir en ellos una conspiración para atentar contra su vida y envenenar a sus oficiales [...]. Convocó inmediatamente un Consejo de médicos [uno de los cuales negó que los globulillos fueran peligrosos, diciendo que] si Su Excelencia cree que esos son venenos, los tomaré todos de una vez para probar su completa ineficacia(15).

(15) George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 330. Ed. S. Low, Son and Marston”, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Insatisfecho con esta explicación, el mariscal se rehusó por un tiempo a ver a Von Versen. El equipaje que el Mayor había enviado con los indios, nunca llegó, lo que suscitó todavía más sospechas en los paraguayos. La comida y enseres que se le suministraron fueron de los más básicos, aunque Von Versen más tarde sostuvo que había sido bien tratado. En una ocasión, Madame Lynch le hizo saber que quería conocerlo, pero él neciamente remarcó que tal entrevista sería inapropiada sin primero haberse reunido con el mariscal. Con este comentario se ganó su fuerte antipatía, lo cual se volvería contra él más tarde(16).

(16) Max Von Versen, “Reisen in Amerika und der Südamerikanische Krieg” (1872), pp. 136-137. Málzer: Breslau. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El 29 de Julio, López finalmente cedió y permitió al oficial prusiano comparecer a su presencia. El momento fue mal elegido, ya que los Ejércitos Aliados acababan de quebrar el frente y avanzaban en un amplio arco por el flanco norte, tomando Tuyucué y aislando todavía más Humaitá. El mariscal se escondía detrás de un sustancial muro en Paso Pucú, evidentemente muy preocupado por lo que ocurriría después.

Von Versen, voluntariamente opinó que los Aliados pronto cortarían las principales líneas paraguayas y la guerra llegaría a su trágico, pero no inesperado, desenlace. López había escuchado malas noticias antes y tenía poca paciencia para ellas ahora. Cualquier extranjero que las portara era indigno de confianza y tal vez algo mucho peor.

Antes que correr cualquier riesgo con su huésped, el mariscal dio órdenes de que el prusiano fuera más vigilado que nunca. Las líneas se estabilizaron poco después, pero la situación del Mayor siguió siendo la misma. Nadie lo maltrataba pero, como había ocurrido con Washburn y Manlove, un círculo había sido dibujado alrededor de su nombre.

Uno de sus compañeros prisioneros -que era en lo que se había convertido- ya le había dicho a Von Versen, sin pizca de sarcasmo, que había caído en una trampa, “al igual que el resto de nosotros(17).

(17) Max Von Versen, “Reisen in Amerika und der Südamerikanische Krieg” (1872), p. 134. Málzer: Breslau. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La noción de que la guerra había tomado el carácter de una trampa, se había vuelto palpable no sólo para los residentes extranjeros en el Paraguay del mariscal, sino para todos los involucrados en el conflicto. Y lo que parecía cerca de acabar a fines de 1866, para mediados de 1867 presentaba un horizonte desastroso.

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