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La “Força Expedicionária” - una expedición brasileña desastrosa y tonta

El 20 de Diciembre de 1865, la “Força Expedicionária” llegó a Coxim, que los brasileños encontraron abandonada. La columna que había comenzado en São Paulo había cubierto parte de la peor extensión del territorio brasileño, pero algunos lograron sobrevivir. Taunay, cuyo propio orgullo nunca se puso más en evidencia, rindió el mayor de los tributos a sus camaradas que habían sufrido tanto:

Una coyuntura de tristes y excepcionales circunstancias hizo posible que [fuera testigo de] aquellas virtudes que siempre guían al soldado brasileño; ofrece prueba eminente de su habilidad de soportar [toda clase de tribulaciones] con una actitud de resignación, sumisión y disciplina que le surge naturalmente.
Después de muchos días de no recibir [raciones], él no se queja [...] ninguna demanda fue oída jamás. Todos se llenan [de determinación] y esperan lo que sea que la Providencia tenga preparado para ellos(1).

(1) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “Relatório Geral da Commissão de Engenheiros junto as forces em Expediçao para a Provincia de Matto Grosso. 1865-1866” (1874), en: “Revista do Instituto Histórico e Geographico Brasileiro”, n. 37: 2, p. 257. Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero las experiencias más terribles todavía no habían llegado. El principio del nuevo año trajo interminables lluvias a los confines sureños de Mato Grosso. Las tropas brasileñas en Coxim, que urgentemente necesitaban nuevas provisiones de alimentos y caballos, veían su situación deteriorarse cada vez más a medida que el Pantanal los iba envolviendo y aislando de cualquier apoyo. Hubo más enfermedad, más hambre, más deserción.

Galvão todavía poseía algunas cabezas de ganado y estas proporcionaban las únicas raciones para toda la fuerza. No había refuerzos en camino. Las autoridades provinciales en Cuiabá habían juntado pocos reclutas nuevos durante los últimos meses de 1865, y los que se enrolaron lo hicieron con la mediación del látigo(2). Nadie podía prometer a los oficiales de Cuiabá ganado o alimento, ya que no había excedentes(3).

(2) Augusto Leverger a Comandante de Tropas de Guardias, Cuiabá, 29 de Septiembre de 1865, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, liv. 220, n. 89; 2 de Octubre de 1866, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, liv. 220, n. 91; 18 de Octubre de 1865, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, liv 220, n. 104; Vicepresidente a Comandante en Ejercicio de Tropas de Guardias, Cuiabá, 14 de Noviembre de 1865, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, Registro, ofícios expedidos pela presidencia, 1865-1866, fol. 44v.
(3) Baron de Melgaço a José Antonio Fonseca de Galvão, Cuiabá, 16 de Enero de 1866, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, liv 209, n. 29; y José Antonio Fonseca de Galvão a consejero Nabuco de Araújo, Distrito do Taquarí, 20 de Febrero de 1866, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 363, pasta 49. En Abril, las autoridades provinciales sí enviaron una provisión de arroz, porotos, farofa y sal a las tropas acampadas en Coxim, pero las cantidades mencionadas (tres cargas de carreta) estaban lejos de ser inspiradoras. Ver: “Carta particular de Minas Gerais, Uberaba, 21 de Abril de 1866”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 11 de Mayo de 1866. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Y nadie sabía lo que harían los paraguayos (hasta el momento, todo el esfuerzo necesario para contener la amenaza brasileña había sido proporcionado por la naturaleza). Había incluso rumores de que los indios aprovecharían el desorden y harían incursiones por el lado de Miranda(4).

(4) Baron de Melgaço a Galvão, Cuiabá, 22 de Marzo de 1866, en: Arquivo Publico do Estado do Mato Grosso do Sul, Campo Grande, liv. 209, n. 32. Hubo rumores de inminentes problemas con los indios locales desde el principio de la guerra. Ver, por ejemplo, “Os Indios Coroados”, Imprensa de Cuyabá, 11 de Diciembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Las unidades de Galvão permanecieron en Coxim, rodeadas de terrenos inundados y agua estancada, hasta Junio de 1866, cuando partieron con destino a Miranda, quinientos kilómetros más al sudoeste. Tardaron otros tres meses en cubrir esa distancia, ya que el territorio intermedio, cerca del Río Negro, era incluso peor que el que los soldados ya habían conocido.

Les había tomado a Taunay y a los hombres provenientes de Río de Janeiro dos años enteros alcanzar este lugar, y un tercio de ellos había muerto o desertado(5).

(5) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “Memórias do Visconde de Taunay” (1948), pp. 171-172. Instituto Progresso Editorial: São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los paraguayos abandonaron Miranda igual que lo habían hecho con Coxim. Destruyeron los pocos edificios de la comunidad, lo que implicaba que los brasileños sólo podían usar sus carpas para cubrirse. En el ambiente húmedo e insalubre, no sorprende que todavía más hombres cayeran enfermos(6).

(6) Una carta sin firma (probablemente escrita por Taunay) desde Miranda y datada el 6 de Diciembre de 1866, registra varios hombres en el hospital por dolencias estomacales (debido al agua en mal estado) y también expresa preocupación por la inquietante posibilidad de una alianza entre los paraguayos y los indios. Ver: “Mato Grosso”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 23 de Febrero de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque nadie tenía pruebas de ello, era fácil suponer que el mariscal deseaba tentar al enemigo a adentrarse en su posición, donde su retirada ya no pudiera ser contemplada y la derrota fuera casi segura.

Galvão habría sentido cierto orgullo de que sus columnas hubieran logrado avanzar hasta allí de no haber muerto él mismo al cruzar los pantanos. El nuevo Comandante de la “Força Expedicionária”, si todavía podía llamársela así, fue el coronel Carlos de Morais Camisão, un petiso calvo de ojos negros con considerable experiencia en la provincia, de cuarenta y siete años de edad, que se había ganado una comisión de campaña dos décadas antes.

Camisão tenía mucho que demostrar. Había tomado parte en la evacuación de Corumbá en 1865 y llevaba consigo el estigma de los que supuestamente fracasaron en evitar aquella derrota(7). A Taunay, aunque siempre respetuoso, le preocupaba que el nuevo comandante quisiera aprovechar la oportunidad para reivindicarse a expensas de sus exhaustos hombres(8).

(7) Después de la caída de Corumbá, entre altos oficiales del Brasil circuló un panfleto sumamente crítico que acusaba injustamente a Camisão y otros de cobardía. Ver: Fernando dos Anjos Souza, “A Liderança dos Chefes Militares durante a Retirada da Laguna na Guerra do Paraguai” (1994), Monografia da Escola de Comando e Estado-Maior do Exército, pp. 24-25. Río de Janeiro.
(8) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), p. 38. São Paulo. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La “Força Expedicionária” ahora comprendía los batallones 17 -de voluntários de Minas Gerais-; el 20 y el 21 de infantería, un destacamento de artillería de Amazonas, que operaba con cuatro cañones estriados Lahitte remolcados por bueyes; un pequeño número de auxiliares indios; y las sufridas seguidoras. Las unidades tenían en total quizá 1.300 hombres, ninguno de caballería, lo que, en estas circunstancias, representaba una seria desventaja(9). Cada infante llevaba sesenta cartuchos, pero sus reservas de comida y municiones eran sumamente limitadas(10).

(9) Francisco Doratioto. “Maldita Guerra” (2004), p. 124. Emecé, Buenos Aires; Charles J. Kolinski, “Independence or Death! (The Story of the Paraguayan War)” (1965), p. 112. University of Florida Press: Gainesville, quien da la cifra de 1.600 hombres. Los auxiliares indios estaban armados con rifles Minié. Ver: “Expedition to Matto-Grosso”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 6 de Moviembre de 1866.
(10) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), p. 45. São Paulo. Que estos soldados portaran solamente sesenta cartuchos, es un signo de escasez de municiones;
durante la guerra, las tropas brasileñas llevaban normalmente cien cartuchos por individuo, sesenta en caja y cuarenta en la mochila. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Taunay y los otros ingenieros ofrecían un delgado barniz de apoyo profesional a este pequeño ejército, pero incluso sugerir algo cercano a lo militarmente efectivo superaría los límites de la veracidad. Para Camisão, esto hacía poca diferencia. Suficientemente sensato como para considerar Miranda indeseable en todo sentido para establecer el Campamento, el 11 de Enero de 1867 ordenó avanzar a Nioaque. Este sitio, que había caído en poder de los paraguayos en los primeros días de la guerra, era seco y relativamente alto, y los hombres del mariscal habían hecho un buen trabajo en mantenerlo(11).

(11) Aunque parecía bastante aislado en los mapas de 1860, Nioaque era una importante terminal del tráfico fluvial de y hacia São Paulo y Corumbá. El Gobierno Imperial había ordenado la construcción de dos asentamientos allí, una década antes (uno en cada extremo de un camino terrestre que conectaba dos ríos) y una Guarnición sustancial vigilaba el lugar los años previos de la guerra [comunicación personal con Adler Homero Fonseca de Castro, Rio de Janeiro, 12 de Junio de 2009]. Ver, también, Héctor F. Decoud, “3 de Enero de 1866 [sic]. Toma de Nioac”, en: “La República”, (Asunción), 2 de Enero de 1892, que describe la ocupación paraguaya inicial de este sitio; Thomas Whigham, “The Paraguayan War (Causes and Early Conducts)” (2002), Vol. 1: 210-213. University of Nebraska Press: Lincoln y Londres; y Thomas Whigham, “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e Inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur” (2010), pp. 230-231. Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Una vez más, los enemigos desaparecieron sin pelear, dejando que los brasileños ocuparan el lugar el 24. Resultó que los paraguayos ya habían mudado el grueso de sus fuerzas al lado opuesto del río Aquidabán varios meses antes, y destruido los edificios que habían abandonado, dejando intacta solo la pequeña capilla(12).

(12) En su relato de las acciones siguientes, Taunay presta amplia atención a José Francisco Lopes, baqueano de la “Força Expedicionária”, hombre de mediana edad, de origen mineiro y hábitos locales, casi una fuerza de la naturaleza él mismo. Taunay compara a Lopes explícitamente con el ilustre héroe Hawkeye, de Fenimore Cooper, y en verdad Lopes parecía el prototipo del sertanejo matogrossense, el autosuficiente, modesto morador de la frontera, que había sido sorprendido por la guerra, pero aceptaba sus consecuencias con melancólica resignación. En un conflicto en el cual las decisiones eran tomadas por generales, presidentes y emperadores, los sacrificios y experiencias de hombres como Lopes eran frecuentemente olvidadas en el torbellino. Y, sin embargo, tales hombres se encontraban en todos los bandos, en todos los momentos. Ver: Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), pp. 39-40, 47. São Paulo; Alfredo d’Escragnolle Taunay, “Cartas da Campanha. A Cordilheira. Agonía de Lopez (1869-1870)” (1921), p. 104. Cia. Melhoramentos: São Paulo; y Antonio da Rocha Almeida, “Vultos da pátria (Os brasileiros mais ilustres de seu tempo)” (1961), 3: 144-149. Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Camisão, que no tenía órdenes claras sobre cómo proceder, pensó que sus tropas debían abrir una amplia franja hacia el norte paraguayo, ocupar el pueblo de Concepción y, en una rápida redada, aislar las guarniciones enemigas río arriba, donde podrían ser cazadas a voluntad. En el mapa, esto parecía un objetivo razonable pero, con toda su experiencia previa con los paraguayos y el terreno en esa parte del mundo, el Coronel debió haber actuado con mayor cautela.

En cambio, ordenó a sus agotados hombres salir de Nioaque y avanzar el 25 de Febrero. Alrededor de una semana más tarde, todavía sin caballos, todavía sin muchas provisiones ni municiones, la fuerza cruzó el río Apa hacia el norte del Paraguay.

Los brasileños inicialmente encontraron poca resistencia; divisaron algunos jinetes galopando en la dirección opuesta y poco más que eso. Hasta ese momento, Taunay había creído que podrían acercarse a los paraguayos con argumentos razonables y amistosos, y su Comandante había incluso enviado un mensaje que se refería a una futura amistad entre “pueblos civilizados(13).

(13) Este mensaje, escrito en español, portugués y francés, es curioso en muchos sentidos, pero, sobre todo, muestra una notable ignorancia de las sensibilidades nacionales de los paraguayos, en cuanto presumía ingenuamente que podían ser separados de la causa del mariscal con meras palabras. Ver: Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), (cuatro volúmenes), 2: 260-263. Ed. El Lector, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Posteriormente, el puesto de Bella Vista cayó en manos de Camisão y sus soldados encontraron un cuero clavado en un árbol con un ominoso mensaje:

¡Avance peladito! Tonto un General que viene en busca de su sepulcro. Los brasileños creen que estarán en Concepción antes de las vacaciones, pero nuestros hombres los están esperando con bayonetas y látigo(14).

(14) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), p. 62. São Paulo; insultos similares dirigidos a Camisão continuaron sazonando la prensa paraguaya por algún tiempo después de que el Coronel brasileño se hubiera retirado de la escena, con una nota burlesca que remarca -en forma bastante incorrecta- que “de los 3.000 carniceros que trajiste para conquistar [el Paraguay], sólo un cuarto se salvó la de carnicería, oh bravo Camissao”. Ver: “Camissao” [sic] “Cabichuí”, (Paso Pucú),edición del 1 de Agosto de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Más allá de toda su audacia, Camisão reconoció que su situación era precaria. Los paraguayos se habían rehusado hasta allí a ofrecer batalla y el tiempo parecía estar de su lado. El Coronel tenía que conseguir suministros de algún sitio. Todos sus hombres estaban fatigados y hambrientos y algunos enfermos de beriberi. No había posibilidades de obtener apoyo de las autoridades de Cuiabá.

En ese momento corrió un rumor entre las tropas de que grandes rebaños de ganado podían ser encontrados en una estancia cercana llamada “Laguna”, supuestamente propiedad personal del mariscal López.

Camisão ordenó avanzar una vez más. La vanguardia alcanzó la estancia el 1 de Mayo, cuando sus edificios todavía se estaban incendiando, sin una sola vaca a la vista. Luego salieron patrullas de exploradores, que encontraron unos cincuenta animales, lo que reconfortó a los hambrientos hombres(15), lo mismo que la imprevista llegada de un macatero que venía desde el norte con tres carretas de suministros(16).

(15) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “Memórias do Visconde de Taunay” (1948), p. 236. Instituto Progresso Editorial: São Paulo; y, más generalmente, Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay. 1864/70” (2008), 2: 268-74. Roma.
(16) Francisco Doratioto. “Maldita Guerra” (2004), p. 127. Emecé, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero los soldados brasileños, bajo el comando de Camisão, tuvieron poco tiempo para disfrutar de su banquete ya que, cuando se movilizaron para hacer un reconocimiento el 6 de Mayo, se toparon con una férrea resistencia por parte de los paraguayos.

Los que habían planeado inicialmente la campaña de Mato Grosso ya habían notado la ventaja del mariscal en términos de líneas interiores de comunicación en esa área. El podía fácilmente pedir refuerzos y, de hecho, acababan de arribar tropas desde Humaitá bajo el comando del mayor Blas Montiel. Cuando se unieron a las mermadas guarniciones del mayor Martín Urbieta, en total sumaban unos 780 hombres.

Estas tropas no tenían intenciones de entrar en acción de inmediato y venían con órdenes de esperar una clara oportunidad para barrer y perseguir a los enemigos. Como suele ocurrir, sin embargo, una gran confusión se hizo presente en el momento del contacto entre ambos bandos y estalló la refriega. Nadie podría decir quién disparó los primeros tiros.

Los soldados paraguayos habían cavado una pequeña serie de trincheras en Bayendé, situando detrás sus carpas y carretas. Durante las primeras horas de la mañana, la mayoría de los hombres todavía estaban durmiendo. Aunque lejos de estar bien descansados, parecían encontrarse en mejores condiciones que los hombres de las columnas opuestas.

El coronel Camisão había pensado mantener el plan establecido: cargar con bayonetas, superar las primeras unidades paraguayas que encontrara y confiscar sus cañones. Pero no tenía caballería y no podía reconocer fácilmente la posición del enemigo. Sus hombres tenían que aproximarse a las fuerzas paraguayas a pie y no podían hacerlo subrepticiamente.

Al principio, los brasileños tuvieron algún éxito, ya que la mejor parte de las fuerzas de Urbieta todavía no había llegado a la escena. En la reyerta inicial, fueron muertos alrededor de ochenta paraguayos y solamente un brasileño(17). Aunque el Coronel no consiguió capturar ninguno de los seis cañones enemigos, sus hombres lograron desmontar dos(18).

(17) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 160, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. J. Arthur Montenegro da una cifra de más de 200 paraguayos muertos en este enfrentamiento, frente a 12 muertos y 18 heridos para los brasileños. Ver: “Campaña de Matto-Grosso. Toma del atrincheramiento de Bayende (6 de Mayo de 1867)”, en: “Album de la Guerra del Paraguay” (1894), tomo 2, pp. 281-283.
(18) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 158-160, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción; es difícil de aceptar el juicio de Montenegro, quien afirma que la batalla de Bayende fue una “victoria decisiva” para los brasileños que, “una vez más mostraron la superioridad de sus soldados”. Ver: “Campaña de Matto-Grosso. Toma del atrincheramiento de Bayende (6 de Mayo de 1867)”, en: “Album de la Guerra del Paraguay” (1894), tomo 2, p. 283. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Alrededor de una hora más tarde, apareció la caballería paraguaya desde el monte y lanzó un ataque directo sobre la retaguardia brasileña. Esto amenazaba con abrir una cuña entre las fuerzas de vanguardia y la columna principal justo al norte. Antes que permitir tal posibilidad, el Coronel ordenó una retirada.

Camisão pensó que el repliegue sería temporal, pero los horrores recién habían comenzado. El 8 de Mayo, una gran fuerza paraguaya de, tal vez, unos 2.000 hombres, emboscó a los brasileños cerca del arroyo Machorra(19).

(19) Parece haber considerables dudas sobre cuántos hombres participaron en este enfrentamiento. El general Resquín habla de una fuerza paraguaya, bastante numerosa, de 2.000 hombres (y seis cañones) y una fuerza incluso mayor de 5.000 brasileños. Ninguno de los otros comentaristas se acerca a estas cifras. Ver: Francisco I. Resquín. “La Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 58. El Lector, Asunción. Por su parte, el coronel Thompson (quien nunca estuvo siquiera cerca de Mato Grosso), afirmó, incorrectamente, que no había tenido lugar ningún choque pero, correctamente, que “los paraguayos rodearon [repetidamente a los brasileños] en su marcha, cortando su línea de aprovisionamiento y capturando el poco ganado que tenían”. También subrayó que el mariscal mantuvo todo el asunto en secreto, “no se sabe con qué objeto”, lo que proporciona una verosímil explicación de sus propias inconsistentes observaciones. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 203-204. Ed. Longmans, Green, and Co., Londres. De hecho, una vez que las tropas paraguayas -que habían participado en la campaña- retornaron a Humaitá, López no tuvo problemas en divulgar información sobre el tema en las páginas de sus periódicos. Ver: “Los laureles de la campaña del Norte”, en: “El Centinela”, (Asunción), edición del 18 de Julio de 1867; y “La espedición brasileira del Norte”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 22 de Julio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Sus adversarios habían tratado de erigir una línea de trincheras reforzadas, pero Urbieta envió dos columnas de tropas montadas directamente contra ellos, matando por lo menos a 200 hombres y perdiendo sólo sesenta de los suyos(20).

(20) Este recuento de los hombres fuera de combate está ostensiblemente exagerado en favor de los paraguayos quienes, casi con seguridad, perdieron más que las cifras sugeridas. Ver: “La invasión del Norte”, en: “El Semanario”, (Asunción), edición del 13 de Julio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Dos días más tarde, arrastrándose con el mayor orden que les fue posible a través de los arbustos, las fuerzas brasileñas volvieron a cruzar el Apa hacia el Mato Grosso. Otro feo enfrentamiento ocurrió el 11, cerca de Nioaque (en Ñandypá), donde quedaron quizás otros 250 cadáveres en el campo. Los brasileños se detuvieron sólo lo suficiente para enterrar a sus muertos, sin preocuparse de los cuerpos paraguayos(21).

(21) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), p. 86. São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Incluso entonces, un mes de escaramuzas, hambruna y cólera todavía esperaba a la “Força Expedicionária” en su huida al norte; esta retirada, que constituyó el foco de la obra clásica de Taunay, fue una verdadera “vía dolorosa” para todos los que la sufrieron. Aun estando bien adentro del territorio brasileño y, por tanto, lejos de cualquier apoyo, Montiel y Urbieta
mantuvieron su hostigamiento casi a diario.

Incendiaban los campos para dificultar la retirada del enemigo, trataron de robar las pocas cabezas de ganado que los brasileños todavía poseían y mataban a los rezagados donde fuera que los encontraran(22). Fue una amarga marcha. Algunos paraguayos heridos cayeron en manos de los auxiliares guaycurúes de los brasileños, quienes los torturaron horriblemente hasta la muerte(23).

(22) Lobo Vianna, “A epopeia da Laguna”. Conferencia pronunciada no Club Militar (Rio de Janeiro, 1938), passim; João Lustoza da Cunha Paranaguá, “Relatório Apresentado a Assembléa Geral na Segunda Sessão da Deceima Terceira Legislatura” (Rio de Janeiro, 1868), pp. 83-88.
(23) Camisão amenazó a sus aliados indios con la ejecución si continuaban con actividades tan deplorables, pero no está claro si ello surtió algún efecto. Ver: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 165, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. Los brasileños de la región costeña definitivamente tenían sentimientos encontrados acerca de tales auxiliares indígenas. Ver: Matthew Barton. “Sons of the Forest (Perceptions of the Brazilian Indians during the Paraguayan War)” (2006), tesis de maestría, University of Chicago. Chicago. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En otra ocasión, con muchos de sus hombres postrados por enfermedad, Camisão tomó la difícil decisión de abandonar a “más de 130 enfermos de cólera”, confiando -sin mucha esperanza- en la piedad del enemigo. De hecho, todo hombre abandonado fue o bien fusilado por los paraguayos, o bien dejado morir a su suerte (tal era el miedo al contagio)(24).

(24) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), pp. 114-115. São Paulo. Los brasileños posteriormente afirmaron que los hombres dejados atrás fueron decapitados por los paraguayos (y que ello fue supuestamente reportado por un sobreviviente). Ver: “Falla dirigida a Assembleia Legislativa da Provincia de S. Pedro do Rio Grande do Sul pelo Presidente Dr. Francisco Ignácio Maicondes Homen de Mello (Porto Alegre, 1867)”, en: MHMA, Collección Gill Aguinaga, carpeta 135, n. 3; Walter Spalding, “A Invasão Paraguaia no Brasil” (1940), pp. 614-619. Companhia Editora Nacional: São Paulo; y Genserico de Vasconcellos, “A Guerra do Paraguay no Theatro de Matto-Grosso” (¿1921?), pp. 57-58. São Paulo. Los brasileños mismos fueron acusados de degollar a un número mucho mayor de paraguayos que cayeron en sus manos después de la momentánea recaptura de Corumbá, en Junio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El coronel Camisão y su segundo al mando murieron ambos de cólera pocas semanas después. Lo mismo ocurrió con el Jefe de Ingenieros -el superior inmediato de Taunay- y muchos otros. En las primeras etapas de la campaña, los hombres podían ser estimulados con la promesa del hogar y la familia detrás del horizonte, pero ahora la simple supervivencia era la única preocupación(25).

(25) La marcha en este punto presenta una analogía directa con el tercer libro de “Anábasis”, en el que Jenofonte urge a sus hombres a seguir adelante diciéndoles: “¡Recuerden que ésta es una raza de Hellas! ¡A sus esposas e hijos! Un pequeño esfuerzo más y completaremos lo que resta de nuestro viaje”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La comida había desaparecido casi completamente y los hombres se mantenían en movimiento gracias a esponjosos corazones de palmas, naranjas verdes y mandioca silvestre, cuyas raíces excavaban y devoraban crudas. Como muchas variedades de estas últimas eran venenosas, la mortalidad aumentó(26).

(26) Antônio Fernandes de Souza, “A Invasão Paraguaia em Matto-Grosso” (1919), p. 47. J. Pereira Leite: Cuiabá. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los paraguayos detuvieron su persecución el 8 de Junio. Tal vez Urbieta, Montiel y los otros oficiales del mariscal se dieron cuenta del sinsentido de continuar hostigando a las fuerzas enemigas, o quizás se debió a su propia fatiga. En cualquier caso, la columna brasileña que habían perseguido durante días ya estaba destruida para entonces, y los paraguayos lo celebraron con toques de cornetas y sapukái(27).

(27) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 233-234, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La mayor parte de la fuerza de Montiel retornó de inmediato a Humaitá, que estaba a más de 500 kilómetros. Cuatro días después, una masa andrajosa de esqueléticos soldados brasileños, algunos indios y unas pocas mujeres, emergió de entre los arbustos desde el sur y acampó en Porto Canuto, sobre el río Aquidauana.

Aquéllos que todavía tenían un resto de energía, se lanzaron al agua y limpiaron el polvo, el lodo y los parásitos sus cuerpos ulcerados. Conscientes de su debilidad y su hambre, se acomodaron como pudieron, descansaron y trataron de disfrutar de la “tierra de hermosas aguas” que habían hallado. Poco después llegaron alimentos y ayuda. De los 1.680 hombres que habían cruzado al Paraguay con Camisão, sólo 700 seguían vivos(28).

(28) Alfredo d’Escragnolle Taunay, “A Retirada da Laguna” (1957), p. 137. São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Los sobrevivientes habían mantenido su disciplina de principio a fin, un hecho que Taunay y otros nunca se cansaron de elogiar. Las tropas se las arreglaron para acarrear sus cuatro cañones con ellas, pero la columna en general estaba destrozada. Si su imaginación no lo hubiera sostenido en medio de la soledad y la desnutrición, probablemente Taunay también habría sucumbido.

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