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Mitre contempla el panorama

Observadores casuales podrían haber supuesto que el regreso de Mitre a Buenos Aires era
necesario por las revueltas montoneras en el Oeste de la Argentina; de hecho, la situación política en la Capital se había deteriorado por varias razones, sólo algunas de ellas conectadas con el Paraguay o con los levantamientos occidentales.

El vicepresidente Marcos Paz había intentado recientemente dejar su puesto por una disputa política trivial, y varios ministros del Gabinete también ofrecían su renuncia. Los autonomistas parecían haber incrementado su influencia a expensas de los liberales de Mitre, y había habido extensas quejas en el Congreso sobre la conveniencia financiera de los préstamos que el Gobierno Nacional había obtenido de Bancos británicos (algunos para la guerra)(1). Y había una próxima elección presidencial que considerar.

(1) Estas discusiones habían llegado a su pico máximo a principios de Septiembre de 1866, cuando Senadores autonomistas se quejaron ásperamente de que serían requeridos nuevos préstamos para cubrir pagos y asegurar nuevos créditos en Londres. Sus preocupaciones no parecen haber estado justificadas (aunque han sido ampliamente enfatizadas en la literatura revisionista). Ver: Congreso de la Nación Argentina, Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores (1866) (Buenos Aires, 1893), pp. 401-402 (sesión del 1 de Septiembre de 1866). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Don Bartolo tenía plena confianza en que podría sortear todas estas dificultades de una forma que redundara en su beneficio, y estaba -al menos en parte- en lo correcto. Envió a Wenceslao Paunero a aplastar a los montoneros occidentales y el general uruguayo inmediatamente se separó del frente paraguayo para juntar un nuevo Ejército de 5.000 hombres para el Gobierno Nacional.

Mientras tanto, Mitre mostró un inesperado ímpetu en poner la casa argentina en orden. Rechazó la renuncia de Paz y, por medio de una combinación de pacientes lisonjas e inclementes amenazas, logró poner al vicepresidente de nuevo donde lo quería(2).

(2) Mitre a Paz, Buenos Aires, 12 de junio de 1867; y Paz a Mitre, Buenos Aires, 12 de Junio de 1867, en: Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), 6: 212-213, (veintiocho volúmenes), diario “La Nación”, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Se mostró dispuesto a hacer compromisos con los autonomistas de Buenos Aires, pese a que se comportaban primero como porteños y sólo después como argentinos(3). Y al mismo tiempo aseveró que si Entre Ríos se unía a las montoneras, arreglaría el envío de tropas brasileñas a las provincias del Litoral para contener cualquier desafío del gobernador Urquiza(4).

(3) Miguel Angel De Marco. “Bartolomé Mitre” (2004), p. 343. Ed. Emecé, Buenos Aires.
(4) David Rock, “Argentina Under Mitre: Porteño Liberalism in the 1860s” (1999), en: “The Americas”, 56:1 (Julio de 1999), p. 54. Washington, DC.; el persistente temor en relación con las intenciones de Urquiza era enteramente injustificado, ya que el hombre fuerte de Entre Ríos hacía tiempo que había cambiado el papel de líder revolucionario por el de proveedor de ganado para los Ejércitos Aliados. Ver: F. J. McLynn, “Urquiza and the Montoneros (An Ambiguous Chapter in Argentine History)” (1982), en: “Ibero-Amerikanische”, Archiv 8, pp. 283-295. Berlín. Incluso Caxias tenía un toque de preocupación sobre el compromiso de Urquiza y se preguntaba -en una carta al ministro de Guerra- si los entrerrianos podrían unirse a los rebeldes occidentales. Ver: Caxias a Marqués de Paranaguá, Tuyutí, 7 de Abril de 1867, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 313, pasta 6.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Quizá más importante aún, Mitre movilizó apoyo en el Interior argentino, un área que tanto los montoneros como López creían cercana a sus intereses. Ciertos caudillos liberales, como los hermanos Taboada, en Santiago del Estero, fueron capaces de acudir al llamado del presidente.

Juntando sus fuerzas con las de los veteranos de Paunero llegados del Paraguay, organizaron un efectivo ejército contra los montoneros quienes, para entonces, habían más o menos conseguido poner la situación de su lado. Habían ganado territorio e influencia política, con considerable ayuda de Chile, en forma de armamentos y al menos dos batallones de “voluntarios(5).

(5) Trinidad Delia Chianelli, “El Gobierno del Puerto” (1975), p. 250. Ediciones La Bastilla: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Juan Saá y Juan de Dios Videla habían comenzado a avanzar desde San Luis al sur de la provincia de Córdoba, mientras que su aliado Felipe Varela había marchado a La Rioja, donde recibió la bienvenida con una rebelión de militares, a principios de Febrero de 1867.

Para Marzo, ya estaba en camino hacia otra provincia, Catamarca que, con Santiago del Estero y Salta, eran las últimas áreas en el Oeste que todavía se mantenían del lado del Gobierno Nacional(6).

(6) El gobernador catamarqueño, Jesús María Espeche, no alimentaba ilusiones sobre su capacidad de resistir la embestida de Varela: “No tenemos un peso -escribió-. El tesorero ha huido y cerrado su Oficina. Estoy comprando la carne de la guarnición de mi propio bolsillo”. Ver: Espeche a Rojo (gobernador de Tucumán), Catamarca, Enero de 1867, citado en: David Rock, “Argentina Under Mitre: Porteño Liberalism in the 1860s” (1999), en: “The Americas”, 56:1 (Julio de 1999), p. 53. Washington, DC. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Este fue el punto más alto del éxito montonero. Para prestar la frase de David Hume, los agentes del “Gobierno civilizado” habían temblado por un tiempo ante unos cuantos cientos de los “más valientes, pero menos valiosos” de sus súbditos.

El 1 de Abril, un ejército liberal, bajo las órdenes del general José M. Arredondo, golpeó a las fuerzas de Saá en San Luis y provocó su precipitada fuga. Arredondo, quien había tomado el lugar de Paunero en el plan de Mitre de reconquistar el Oeste, tenía considerable experiencia en esas lejanas provincias, donde había suprimido crudamente la revuelta de “Chacho” Peñaloza, en 1862. Ahora sus hombres se encargaban de destruir todo a su paso.

Una semana después, un segundo ejército liberal, al mando de Antonino Taboada, sobrepasó a Varela en un enfrentamiento de siete horas en Pozo de Vargas, en las afueras de la localidad de La Rioja(7).

(7) Manuel Macchi, “Guerra de montoneros. Pozo de Vargas” (1963), en: “Trabajos y Comunicaciones”, n. 11, pp. 127-147, La Plata. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Varela había llevado a sus gauchos demasiado lejos. Llegaron al campo de batalla fatigados, sedientos y listos para la derrota, en manos de los santiagueños y los veteranos de la Guerra del Paraguay. En total, 8.000 hombres tomaron parte en el combate, y nunca hubo dudas de quiénes lo ganarían.

Saá y el resto de su ejército montonero pronto huyeron a Chile, mientras que Varela se dirigió al norte de Salta. Encontró poca ayuda en esa zona. Mientras los gauchos occidentales se habían plegado a su bandera, los campesinos pobres salteños no quisieron tener nada que ver con su aventura, que pensaban que haría caer sobre ellos la ira del Gobierno Nacional y su poderío militar(8).

(8) Roberto Zavalía Matienzo, “Felipe Varela a través de la documentación del Archivo Histórico de Tucumán” (1967), p. 302. Archivo Histórico: Tucumán. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Varela logró ocupar la Capital provincial por un día, en Octubre, pero la suya era una fuerza desgastada. El 15 de Noviembre, guardias del lado boliviano desarmaron la derruida unidad federal que había cruzado la frontera junto con Varela, un caudillo derrotado. Exiliado en Chile, murió de tuberculosis tres años más tarde.

El momento de peligro para Mitre había pasado. En adelante, los chilenos mantendrían una mayor distancia de los asuntos políticos de las provincias argentinas. Al mismo tiempo, el apoyo que Urquiza supuestamente había prometido al levantamiento montonero, nunca se materializó, ni siquiera retóricamente. De hecho, cuando Mitre le pidió suprimir ciertos periódicos provinciales que voceaban su apoyo a los insurgentes de Cuyo, el gobernador entrerriano lo hizo sin titubear(9).

(9) Marcos Paz a Mitre, Buenos Aires, 6 de Febrero de 1867, en: Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), 6: 201-203, (veintiocho volúmenes), diario “La Nación”, Buenos Aires; “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 5 de Febrero de 1867; y F. J. McLynn, “Urquiza and the Montoneros (An Ambiguous Chapter in Argentine History)” (1982), en: “Ibero-Amerikanische”, Archiv 8, p. 287. Berlín. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Urquiza no aprobaba al presidente argentino ni a ninguno de los líderes porteños, y tenía fuertes reparos en relación con la Alianza con el Brasil, pero prefería que su disidencia se sintiera en las siguientes elecciones de 1868, antes que en una rebelión interna.

Habiéndoles ganado en el campo de batalla, Mitre se vengó de los montoneros de una manera predecible: al tiempo que las unidades del Gobierno Nacional ocupaban las provincias occidentales, sus oficiales de reclutamiento alistaron a todos los hombres sospechosos de albergar opiniones disidentes y los enviaron bajo custodia al frente paraguayo. En Junio de 1867, el presidente anunció al Congreso que estaba juntando una nueva fuerza de 3.000 hombres “de las provincias que han contribuido menos con la guerra(10).

(10) Citado en “El Nacional”, (Buenos Aires), edición del 11 de Junio de 1867. David Rock observó que la mayoría de los argentinos que murieron los meses siguientes en el frente paraguayo, provino de batallones reunidos en La Rioja. Ver: David Rock, “Argentina Under Mitre: Porteño Liberalism in the 1860s” (1999), en: “The Americas”, 56:1 (Julio de 1999), p. 55. Washington, DC. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mientras la Argentina continuara sacrificando a sus hijos en los esteros del Paraguay, ellos tendrían que dar su parte. Así se desvaneció la causa “americanista” que los montoneros habían abrazado, junto con su explícito apoyo al mariscal López. Alguna variante de las viejas simpatías federalistas reaparecieron en el Interior posteriormente, especialmente durante la revuelta de López Jordán en Entre Ríos, pero ello ocurrió demasiado tarde como para ser de ayuda para los paraguayos(11).

(11) Fermín Chávez. “Vida y Muerte de López Jordán” (1957). Ediciones Theoría, Buenos Aires; Pedro Santos Martínez, “La rebelión jordanista y el Brasil. 1870” (1996), en: “Investigaciones y Ensayos”, n. 46, pp. 73-88. Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

A mediados de 1867, cuando los principales movimientos montoneros colapsaron, un sentimiento todavía más agudamente sombrío impregnó la atmósfera de las trincheras de Curupayty: los paraguayos ahora enfrentaban el futuro sin aliados potenciales.

Mitre, por su parte, sobrevivió el desafío montonero y restauró parte de su influencia con políticos (y comerciantes) en Buenos Aires. Sin embargo, nunca consiguió cauterizar la herida infligida por las rebeliones. Sus políticas de reclutamiento habían perturbado no solamente a sus enemigos provincianos, sino también a una buena parte de sus amigos en todo el país.

Adicionalmente, al transferir tropas lejos de las guarniciones fronterizas en la provincia de Buenos Aires, pudo apuntalar el control en Cuyo y La Rioja, pero esto dejaba las áreas más al sur abiertas a las incursiones indias, lo que dañaba los intereses económicos de los estancieros, que él necesitaba para gobernar exitosamente. Como puntualizó el vicecónsul británico en Córdoba dos años después:

Durante la presidencia del general Mitre, el número de ganado, ovejas, caballos y yeguas que se llevaron los indios [...] se puede contar en cientos de miles, y el número de personas puestas en prisión, en cerca de doscientos(12).

(12) M. Gordon a Stuart, Córdoba, 25 de Junio de 1869, citado en: David Rock, “Argentina Under Mitre: Porteño Liberalism in the 1860s” (1999), en: “The Americas”, 56:1 (Julio de 1999), p. 57. Washington, DC.; ver también Alvaro Barros a Marcos Paz, Azul, 29 de Marzo de 1866, en: Archivo del coronel, doctor Marcos Paz, 5: 88-9. Los ataques indios siguieron hasta después de que Mitre dejó el poder; el año 1868 fue particularmente violento en las provincias de Córdoba y Santa Fe, que eran dominios del jefe indio Calfucurá, y en las praderas bonaerenses no muy lejanas de la Capital. Ver: John Lynch, “Massacre in the Pampas. 1872” (1998), pp. 16-18 University of Oklahoma Press: Norman; y Rinaldo Alberto Poggi, “Alvaro Barros en la Frontera Sur (Contribución al estudio de un argentino olvidado)” (1997), passim. Fundación Nuestra Historia: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Tales pérdidas probaron ser muy dañinas, y no menos para la fortuna política del presidente. En estas circunstancias, tenía dos obvios cursos de acción que podrían todavía darle una porción de poder. Podía dedicar sus energías a apoyar a su fiel Canciller, Rufino de Elizalde, quien ambicionaba sucederlo en 1868(13).

(13) Por una variedad de razones, Elizalde era también el favorito de los brasileños, no en menor medida debido a que recientemente se habíacasado con la hija del ministro brasileño en Buenos Aires. Ver: José Luis Busaniche, “Historia Argentina” (1976), p. 773. Oriente: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

O, aún más importante, podía ganar la guerra con Paraguay -mejor una victoria tardía que un abierto fracaso-. Finalmente, eligió esto último, aunque significara conceder una incómoda medida de autoridad política al Ejército Argentino. Marcos Paz reasumió sus deberes administrativos en Buenos Aires y Mitre se embarcó de nuevo al Paraguay en Julio de 1867(14).

(14) “Departure of President Mitre”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 26 de Julio de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El presidente argentino técnicamente recobró el completo Comando de las Fuerzas Aliadas a su retorno al frente, pero Caxias continuó teniendo amplio poder y toda la libertad para ejercitarlo coercitivamente.

En público, el Marqués mantuvo una cortés deferencia hacia el Comandante aliado, quien era trece años más joven que él. Como todos los Generales brasileños, sin embargo, desconfiaba de cada demostración argentina de autoridad, que siempre causaba la impresión de estar diseñada para favorecer los intereses económicos de los comerciantes de Buenos Aires y, quizás, para prolongar la guerra(15).

(15) José Luis Busaniche, “Historia Argentina” (1976), p. 769. Oriente: Buenos Aires; Sena Madureira, por su parte, adscribe una actitud bastante indiferente y antibrasileña a Mitre, señalando que, en vez de organizar la campaña paraguaya como correspondía, el Comandante aliado perdía el tiempo en su “chalet”, escribiendo obras literarias y jugando ajedrez, “al que era extremadamente aficionado”. Ver: Antônio de Sena Madureira. “Guerra do Paraguai (Resposta ao Sr. Jorge Thompson, autor da ‘Guerra del Paraguay’ e aos Anotadores Argentinos D. Lewis e A. Estrada)” (1982), p. 52. Ed. Universidad Nacional de Brasilia, Brasilia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Mitre y Caxias se admiraban el uno al otro, pero nunca se agradaron mutuamente. El General brasileño era profundamente consciente de que, en el Paraguay, él representaba la majestad de Don Pedro y de que el presidente electo de una República, independientemente de cuán excelentes fueran sus cualidades personales, jamás podría elevarse por encima del estatus de un político partidario.

El emperador, aunque sin duda una figura política, era también la encarnación viviente de todo lo que había de distinguido en el Brasil. Y si la nación misma tenía su parte de atraso, Don Pedro daba pruebas de que el futuro era tan estable como brillante. En contraste, el presidente argentino solamente podía prometer una serie de “revoluciones” que, si bien no siempre violentas, provocaban interminables divisiones. Era mejor, concluía el Marqués, ofrecer un apretón de manos a este hombre, pero reservar otras muestras de afabilidad para los salones de la Corte.

Caxias había pasado los meses intermedios fortaleciendo las obras de atrincheramiento desde Tuyutí hasta Curuzú. Sus ingenieros reforzaron -la larga línea- con tierra compactada y ramas de árboles y construyeron muros en intervalos regulares. Caxias también mejoró los servicios médicos y la comisaría, asegurándose de que se hicieran inspecciones periódicas de ambos. Estableció guías para una mejor higiene en los campamentos y reescribió los manuales de campaña para que reflejaran las circunstancias del terreno paraguayo.

Hizo traer alfalfa y harina de maíz para los caballos, que previamente habían tenido que alimentarse con lo que encontraran (y a veces adquirían sarna o muermo y se volvían inservibles). También comenzó a promover a Oficiales de probada capacidad y profesionalismo, algo que contrastaba con la costumbre anterior entre Comandantes brasileños, que tendían a reservar las promociones, especialmente en tiempos de paz, para los bien conectados(16). Ningún detalle era insignificante para Caxias y cada hombre que mostrara dejadez o se desviara de las reglas era sumariado(17).

(16) Los brasileños inicialmente no tuvieron un sistema de promoción basado en el mérito durante la guerra, mientras que, en tiempos de paz, las promociones se hacían estrictamente sobre la base de la antigüedad. De acuerdo con Adler Homero Fonseca de Castro, se habían hecho promociones en campaña durante las luchas por la independencia y las distintas rebeliones internas, pero un congelamiento de las mismas durante la Regencia y los primeros años del Segundo Imperio, hizo que la mayoría hubiera ocurrido hacía bastante tiempo y alcanzado solamente a los altos mandos. Como resultado, la pereza y la indolencia caracterizaban a muchos Oficiales en los mandos medios de las fuerzas que servían en Paraguay, mientras que los Oficiales Superiores destinaban más tiempo a discutir sobre presupuestos que sobre tácticas de combate. Caxias comenzó a asignar comisiones durante la campaña de 1866-1869, pero la práctica se extendió fuertemente bajo su sucesor, el Conde D’Eu [comunicación personal con Adler Homero Fonseca de Castro, Río de Janeiro, 12 de Junio de 2009]. Ver también: Joaquim Pinto de Campos, “Vida do Grande Cidadão Brazileiro Luiz Alves de Lima e Silva, Barão, Conde, Marquez, Duque de Caxias” (1878), pp. 372-273 y passim. Imprensa Nacional: Lisboa; y Víctor Izecksohn (1997). “O Cerne da Discórdia (A Gerra do Paraguai e o Núcleo Profissional do Exército Brasileiro)” (1997), pp. 133-166. Biblioteca do Exército Editora: Rio de Janeiro.
(17) El oficial a cargo de un Batallón en el cual un centinela fuera encontrado sin las botas reglamentarias, era puesto bajo arresto, como lo fue un Teniente que se había ausentado cuando se distribuyó el forraje a los animales. Ver: Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 168. Greenwood Press, Westport, Connecticut.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

En forma lenta, pero segura, el Marqués fue restaurando la moral del Ejército Aliado y renovando el entusiasmo por proseguir la guerra. Incluso hizo pensar a ciertos ministros gubernamentales y miembros del Parlamento, que todo el Tesoro gastado había valido la pena y que comenzaría a rendir frutos a corto plazo(18).

(18) La edición del 4 de Junio de 1867 del “Times”, de Londres, reportó que, “en el mes de Abril de 1867, los Aliados estaban en posesión de no más de 30 millas cuadradas [77,6 kilómetros cuadrados] de suelo paraguayo, por el cual se dice que el Brasil está pagando una tasa de [...] 200.000 libras esterlinas [por día]”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

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