El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Los Aliados adoptan tácticas de desgaste para tomar Humaitá

Para principios de Julio de 1867, prácticamente todos los soldados al sur de la línea paraguaya se sentían ansiosos de reasumir la ofensiva contra López. Algunos querían pelear porque sus oficiales se lo pedían; otros, porque percibían una cuenta que saldar con el enemigo. La mayoría lo deseaba porque cada batalla los acercaba un paso más al hogar.

Además, sus ventajas se habían expandido. Bajo cuidado de Caxias, el Ejército ahora contaba con unos 45.000 efectivos, de los cuales 40.000 eran brasileños y un poco más de 5.000, argentinos. No más de 600, bajo el general Castro, eran uruguayos(1). Para enfrentar a esta enorme fuerza, el mariscal podía todavía depender de alrededor de 20.000 hombres desnutridos y con pocos suministros, de los cuales 15.000 eran infantes, 3.500 eran de caballería y 1.500, artilleros(2).

(1) “Diários do Exército em Operações sob o Commando em Chefe do Exmo. Sr. Marchal do Exército Marquez de Caxias (Acampamento em Tuiuti, Marcha para Tuiu-Cué”, en: “Revista do Instituto Histórico e Geográphico Brasileiro” (1922), n. 91-145, p. 43 (entrada del 26 de Julio de 1867).
(2) Charles J. Kolinski, “Independence or Death! (The Story of the Paraguayan War)” (1965), p. 149. University of Florida Press: Gainesville. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

A pesar de su obvia ventaja en números, los Aliados todavía tenían que lidiar con los desafíos que presentaba el carrizal y con la pobre información de inteligencia acerca de lo que había en el norte. El mapa de Chodasiewicz ayudaba, pero ninguno de sus hallazgos había sido puesto a prueba aún. Además, aunque nadie dudaba de la superioridad numérica de los Aliados en términos de hombres y material, ¿tenían también la voluntad de usar ese poder en pos del objetivo?

La respuesta fue sí. Los Comandantes aliados ya tenían un plan general de ataque en mente. Por casi un año, Mitre había defendido una maniobra de flanqueo que llevara el grueso del Ejército detrás del lado sur del cuadrilátero paraguayo y, luego, a través del Bellaco hacia Tuyucué, donde tomaría una posición frontal al lado Este del cuadrilátero.

Desde ese punto, las tropas Aliadas extenderían gradualmente sus puestos, cortando la ruta que ligaba Humaitá con la Capital. Se moverían por un largo circuito al norte de los esteros y, en Tayí, alcanzarían el río Paraguay, completando así el cerco de la fortaleza por el lado Este del río. De esa forma, los Aliados podrían estrangular lo que quedara del Ejército del mariscal en Humaitá.

El plan era simple. Los asaltos frontales ostentosos raramente habían tenido éxito en esta guerra, pero la sencilla maniobra que sugería Mitre inauguraría una efectiva y confiable táctica de desgaste que no podía fallar en causar la deseada victoria. El optimismo anterior ahora sólo parecía una expresión de deseos en el Campamento Aliado, pero este plan, en contraste, podía funcionar. Mitre delineó los detalles específicos de la maniobra en una carta a Caxias el 17 de Abril de 1867(3).

(3) Mitre a Caxias, Buenos Aires, 17 de Abril de 1867, en: Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), 3: 124-131, (veintiocho volúmenes), diario “La Nación”, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El Marqués, quien veía una rápida marcha hacia el nordeste como un complemento lógico del avance brasileño previo en Curuzú, en algún momento había abrazado ese plan, pero lo descartó debido al brote de cólera. Conjeturó que el tiempo estaba de su lado y que la epidemia debilitaría a los paraguayos aún más que a sus tropas, lo cual haría casi imposible para el mariscal resistir el avance Aliado(4).

(4) Caxias a Mitre, 30 de Abril de 1867, citado en: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 145-146, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Caxias ya había hecho la aritmética básica y había concluido que, al final, el peso de la mano de obra Aliada prevalecería sobre el coraje de los paraguayos. Aunque las tropas del mariscal estaban dispuestas a sacrificarse en una escala colosal, solamente podrían infligir muerte y destrucción en proporción a su número.

De acuerdo con la ruda, pero inexorable lógica del Marqués, era sólo cuestión de continuar el desgaste lo suficiente como para obtener el resultado deseado. Era tan simple como eso.

Para decir la verdad, Caxias necesitaba el tiempo extra. Había sacado a 4.500 de los 6.000 hombres de Curuzú el 30 de Mayo y ahora tenía que integrarlos a la fuerza principal en Tuyutí(5).

(5) La redisposición había tenido lugar bajo un fuerte bombardeo paraguayo, en el cual los brasileños sufrieron 31 bajas, pero sería exagerado afirmar, como lo hizo Natalicio Talavera en su crónica del acontecimiento, que los cañoneros del mariscal habían forzado a los brasileños a retirarse. Estos habían estado en Curuzú por varios meses, durante los cuales ya habían soportado bombardeos regulares, pese a lo cual no habían dado señales de moverse hasta ahora. Ver: Natalicio Talavera, “Correspondencia del egército”, en: “El Semanario”, (Asunción), edición del 31 de Mayo de 1867. El periódico brasileño “Ba-TaClan”, (Río de Janeiro), edición del 27 de Julio de 1867, hizo un extenso y cáustico comentario sobre el fracaso de la Armada en proporcionar cobertura de fuego apropiada en esta ocasión (“Cet imbecile d’Ignacio! Moi qui comptais sur lui pour avoir encore un prétexte à alléguer!”). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

También tenía que entrenar a las tropas que llegaron con el general Osório en Junio. Muchos observadores pensaban que esta columna de recientes reclutas (unos 10.000) sería destinada a un nuevo frente a través de las Misiones paraguayas, desde Encarnación(6). Pero al final, el Marqués decidió adherirlas a las fuerzas reunidas en Tuyutí(7).

(6) Las Misiones paraguayas experimentaron una interminable serie de ataques y contraataques durante la guerra, lo que las convirtió, probablemente, en el territorio más inestable de todo el frente y en un caldo de cultivo para un posterior bandidaje. Ni el mariscal ni los Comandantes aliados estuvieron dispuestos a despachar muchas tropas al sector y, como consecuencia, siguió siendo una tierra despoblada, incluso después de que terminara el gran conflicto. Ver: Francisco Bareiro a Ministro de Guerra, Asunción, 13 de Junio de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación, 767; “Alto Uruguay”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 17 de Febrero de 1867; Francisco Fernández a Ministro de Guerra, Asunción, 13 de Junio de 1867; y Venancio López a mariscal López, [¿Asunción?], 22 de Enero de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-30, 28, 16, n. 1.
(7) Leuchars señala que los Comandantes aliados dedicaron considerable energía a contemplar las ventajas de un frente en Encarnacion, pero abandonaron la idea por impracticable; las comunicaciones entre los principales Ejércitos Aliados sería dificultosa en todo momento y los planificadores militares sabían incluso menos del territorio misionero del Paraguay que de las áreas adyacentes a Humaitá. Ver: Christopher Leuchars. “To the Bitter End (Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 169. Greenwood Press, Westport, Connecticut; “Expedition by Itapúa”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 26 de Junio de 1867; y Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 86-87, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción, que cita una carta del 4 de Abril de 1867 de Caxias a Osório sobre el asunto.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Osório, todavía considerado el oficial más audaz del lado brasileño, había estado varios meses con licencia médica y ahora se mostraba ávido de reingresar en la refriega junto con su viejo amigo Caxias.

Este último le dio al General riograndense lo que quería: el Comando de dos Divisiones de caballería brasileña, dos Divisiones y dos Brigadas de infantería, un Regimiento de artillería “montada”, tres Compañías de ingenieros y el grueso de las unidades uruguayas. Esto constituyó la vanguardia, que encabezó el movimiento alrededor de la izquierda paraguaya(8). En total, tenía alrededor de 28.000 hombres y 69 piezas de artillería.

(8) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6: 340, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción; Osório a esposa, Paso de la Patria, 17 de Julio de 1867, en: Joaquim Luis Osório y Fernando Luis Osório filho. “História do general Osório” (1915), tomo 2, p. 364, (dos volúmenes), Pelotas. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El general Pôrto Alegre (quien no se llevaba bien con Osório) recibió instrucciones de permanecer en el principal Campamento Aliado con su Segundo Cuerpo, como una reserva de unos 10.000 hombres(9).

(9) Centurión estimó las fuerzas terrestres en un total ligeramente superior, con 38.500 en la vanguardia y 13.000 en la reserva. Ver: Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), 3:6, (cuatro volúmenes). Ed. El Lector, Asunción. La fricción entre Pôrto Alegre y Osório era más política que militar y databa de los tiempos en que los dos hombres estaban afiliados a facciones diferentes del Partido Liberal en Rio Grando do Sul. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Caxias mantuvo esta importante fuerza detrás, en caso de que el mariscal López ordenara a sus unidades moverse a lo largo del Bellaco, fuera de sus campos de tiro, y lanzase un ataque frontal a Tuyutí una vez que Osório hubiese partido. Comentaristas argentinos castigaron al Marqués por su pesada y tardía organización en este punto, pero sus preparaciones para esta contingencia tenían sentido desde el punto de vista militar.

En la práctica, las cosas ocurrieron más o menos de acuerdo con lo planeado. El presidente Mitre todavía no tenía barro paraguayo en sus botas cuando Caxias comenzó la esperada maniobra el 22 de Julio. Investigadores revisionistas le han encontrado demasiada significación al momento del ataque, afirmando ilógicamente que los argentinos -quienes, después de todo, eran parte de una Alianza- fueron empujados más allá de los intereses de su nación en esta oportunidad.

Pero el Marqués hizo lo correcto al lanzar la maniobra antes de que cuestiones de Comando pudieran causar otro retraso. Entendía que el retorno de Mitre ocasionaría dificultades que, probablemente, serían menores si él ya había logrado un buen progreso en el terreno(10). Caxias presentaría al presidente argentino un fait accompli, un hecho consumado.

(10) Una controversia menor surgió en 1903, cuando historiadores brasileños y periodistas publicaron una serie de artículos celebrando el centenario del nacimiento de Caxias. Estos artículos -que proyectaban una visión altamente crítica hacia el liderazgo de Mitre durante la guerra- atribuían el plan de flanquear a los paraguayos en Tuyucué al genio del Marqués. El ex presidente Mitre estaba todavía vivo en ese tiempo y respondió prontamente, divulgando correspondencia confidencial y otros documentos que mostraban incuestionablemente que el plan era suyo. La prensa brasileña, obstinadamente, se rehusó a dar su brazo a torcer sobre el punto y fue, a su vez, desafiada por periódicos argentinos que condenaban a Caxias como un permanente “peso muerto”. Punzantes misivas en favor de uno u otro continuaron por algún tiempo, con un autor paraguayo, Manuel Avila, recordando a todos que, más allá de las discusiones, la maniobra -en cualquier caso- había fracasado en su objetivo de tomar Humaitá. Ver: Luiz Jordão, “O General Mitre e a Guerra do Paraguay”, en: “Jornal do Brasil”, (Río de Janeiro), edición del 5 de Octubre de 1903; Affonso Gonçalves, “Guerra do Paraguay. Memoria. Caxias e Mitre” (1906). Río de Janeiro; colección de recortes de reacciones argentinas (tomadas de varios periódicos en Buenos Aires, San Pedro, Quilmes, Carmen de Flores, San Nicolás, Rosario, Balcarce, etc.), en: Biblioteca Nacional de Asunción-CJO; y Manuel Avila, “La controversia Caxias-Mitre. Notas ligeras”, en: “Revista del Instituto Paraguayo” (1903), n. 5:46, pp. 286-293. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El almirante Ignácio, cuya flota había bombardeado las posiciones paraguayas en numerosas
ocasiones desde finales del año anterior, ahora coordinaba la actividad de la Armada para colaborar con el avance de las fuerzas terrestres. El Marqués tenía la esperanza de que las unidades navales pudieran destrozar las defensas ribereñas en Curupayty y Humaitá o, al menos, neutralizar el fuego enemigo mientras Osório marchaba en paralelo al río Paraguay(11).

(11) El ministro de Estados Unidos en Buenos Aires reportó que la Flota brasileña ya había “recibido órdenes de ascender los ríos y pasar Humaitá, a pesar de todos los obstáculos e, incluso, si la mitad de sus barcos se perdieran en el intento”. Ver: A. Asboth a Seward, Buenos Aires, 11 de Julio de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., FM-69, n. 17; y Guilherme de Andréa Frota, ed., “Diário Pessoal do Almirante Visconde de Inhaúma durante a Guerra da Tríplice Aliança (Dezembro 1866 a Janeiro de 1869)”, (Río de Janeiro, 2008), p. 105 (entradas del 21 al 24 de Julio de 1867). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

La Armada ciertamente intentó cumplir estos cometidos, pero los hombres del mariscal habían llenado los pasos del río con damajuanas sospechosas y el temor a estos “torpedos”, así como la falta de maniobrabilidad en el estrecho canal, obstaculizaron su progreso(12).

(12) El buen católico, almirante Ignácio, invocó al Señor de los Ejércitos en su mensaje a sus oficiales y tropa el 21 de Julio, diciendo que el Santo Patrono del Imperio protegería sus acciones en el río y que la próxima victoria dejaría Curupayty, “en la popa, después de haber destruido el primer potrero que separa Asunción del resto del mundo civilizado”. Ver: Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6:341, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. Con buena organización y control, los vapores podían pasar frente a posiciones fuertemente defendidas, como lo había demostrado David Farragut unos años antes en Mobile Bay. De más está decir, la contribución de la Armada brasileña -en esta ocasión- no mereció el jactancioso aplauso de Ignácio. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aun así, Osório hizo todo lo que se podía en esas circunstancias. Sus unidades salieron de Tuyutí a las seis de la mañana, acompañadas por un bombardeo general desde las líneas paraguayas. Detrás de él venía el principal Ejército Aliado, con unos 35.000 hombres.

Debido a un malentendido entre los Comandantes de campo, las fuerzas argentinas del general Gelly y Obes marcharon por la orilla derecha del Bellaco y no por la izquierda, hecho que las dejó sin la apreciable cobertura de los brasileños. Centurión posteriormente afirmó que si los paraguayos hubieran atacado a los argentinos en esta coyuntura, los habrían derrotado(13).

(13) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), (cuatro volúmenes), 111: 6-7. Ed. El Lector, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Pero López no pudo capitalizar este error porque carecía de fuerzas necesarias para hacer cualquier otra cosa que no fuera una muestra momentánea de resistencia. Ya tenía algún conocimiento del plan general Aliado merced a una indiscreción en la prensa argentina, pero evidentemente sintió que nada podía hacer sin arriesgar sus cuidadosamente preparadas defensas contra la abrumadora superioridad numérica enemiga(14).

(14) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en “La Tribuna”, 6:341, 6: 252-254, (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Osório, por lo tanto, continuó avanzando con mínima oposición. El terreno estaba más firme que del otro lado del Bellaco y los esteros parecían dar lugar a campos abiertos y secos, un hecho que alegró a las tropas Aliadas después de tantos meses en el barro(15). Tuyucué cayó en manos de Osório el 29. Hubo un pequeño choque de unidades de caballería hacia el final del avance pero, más allá de eso, poca pelea tuvo lugar(16).

(15) Caxias tal vez tenía en mente la novena máxima de Napoleón, en la cual el emperador francés saluda los efectos beneficiosos de una marcha sin inconvenientes: “Una marcha rápida aumenta la moral de un ejército e incrementa sus medios para la victoria. ¡Presionen!” Por otro lado, el objeto de la marcha -rodear la posición paraguaya en Humaitá- seguía siendo un objetivo lleno de peligros, ya que, como “O Tribuno” (Recife) señaló, dejar a un enemigo sin ruta posible de escape lo hace pelear aún con mayor determinación. Ver: edición del 5 de Septiembre de 1867.
(16) “Correspondencia (Tuyuty, 31 de Julio de 1867)”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 19 de Agosto de 1867. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque la captura de Tuyucué aseguraba que el objetivo primordial de la maniobra de flanqueo de Mitre se pusiera del lado Aliado, ello no resolvía el dilema de cómo tomar apropiadamente Humaitá.

La reducción del lugar por hambre estaba todavía fuera de discusión, porque sus accesos por el norte permanecían abiertos. Hasta tanto los hombres del mariscal pudieran arrear ganado desde esa dirección o transportar provisiones río abajo desde Asunción, el bastión continuaría resistiendo. Además, aunque Humaitá estaba ahora casi a la vista, los paraguayos ya habían extendido su línea de trincheras y cruces desde Curuzú para protegerse tanto por el este como por el sur(17).

(17) “Correspondencia”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 3 de Septiembre de 1867; el historiador militar brasileño Tasso Fragoso, subrayó que la “situación no correspondía en absoluto con lo que Mitre y Caxias habían esperado, ya que el camino ya había sido herméticamente sellado con obras defensivas, en las cuales los [paraguayos] parecían estar tan confiados como lo estuvieron [más al sur]”. Ver: Augusto Tasso Fragoso. “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), 3: 254. Biblioteca do Exército, Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

Aunque la distancia entre Tuyutí y Humaitá era menos de 20 kilómetros -en línea recta-, los esteros y palmares intermedios suponían que el Ejército Aliado en Tuyucué solamente pudiera ser abastecido a través de un largo circuito de casi 70 kilómetros(18).

(18) Arthur Silveira da Motta Jaceguay, “A guerra do Paraguai: reflexões combinadas da esquadra brasileira e exército aliados”, en: “Barão de Jaceguay”; y Carlos Vidal Oliveira de Freitas, “Quatro Séculos de Atividade Marítima: Portugal e Brasil” (1900), p. 134. (Rio de Janeiro. Francisco Xavier da Cunha observó -en 1914- que se habría logrado mayor progreso si en la gran maniobra de flanqueo no se hubiesen quedado tantas carretas con provisiones en el barro. Ver: Francisco Xavier Da Cunha, “Propaganda contra do Imperio. Reminiscencias na Imprensa e na Diplomacia, 1870 a 1910” (1914), pp. 16-17. Imprensa Nacional: Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (el Triunfo de la Violencia; el Fracaso de la Paz)” (2011), volumen II. Santillana S. A. - Prisa Ediciones, Asunción.

El mariscal López, cuyo desprecio por los brasileños no tenía límites, estaba listo para poner un francotirador detrás de cada arbusto en el camino. Fuerzas móviles podían hostigar las caravanas de suministros casi a voluntad y, quizás, incluso conseguir algunas provisiones para las unidades paraguayas.

Las escaramuzas se convertirían probablemente en acontecimientos diurnos y el éxito Aliado en tales enfrentamientos no estaba en modo alguno asegurado. En ciertos sentidos, por lo tanto, la posición Aliada se había vuelto más precaria.

El 31 de Julio, Caxias ordenó al principal Cuerpo de su ejército avanzar hacia Tuyucué y, ese mismo día, Mitre llegó al frente y retomó el Comando. Trajo con él una escolta de 200 artilleros, bien ataviados y con apariencia profesional, pero incapaces de restaurar el aura de autoridad del presidente argentino, que ahora encabezaba un Ejército compuesto principalmente por brasileños.

El Marqués expresó su disposición a recibir las órdenes de Mitre, pero ambos hombres sabían que las realidades políticas habían cambiado. Ahora, incluso más que antes, la guerra contra el Paraguay sería una cuestión mayormente brasileña, desarrollada a lo largo de las líneas brasileñas y dirigida hacia los objetivos del Brasil.

- Consideraciones sobre este momento de la contienda

La Guerra de la Triple Alianza fue un catalizador clave para estimular un nacionalismo moderno en Sudamérica. De los campos de batalla suelen surgir nuevas identidades, que son moldeadas de forma tal que hacen más digeribles y fáciles de superar los desafíos del futuro.

La violencia de la segunda guerra mundial, de acuerdo con este concepto, dio lugar a un nuevo orden internacional a través del cual una paz -y una prosperidad- más amplias, fueron aseguradas mediante deliberaciones en Cuerpos tales como la ONU y la OEA.

Aun cuando otras confrontaciones fueron inevitables, como en Corea o Yugoslavia, estuvieron confinadas dentro de claras demarcaciones que los beligerantes de generaciones anteriores habrían encontrado excesivas y absurdamente ilusorias. Las guerras se volvieron “frías”, cuando antes siempre habían sido calientes, y las naciones resultantes (argentina y Brasil, en este caso) se hicieron proclives a fusionarse en una comunidad humana más universal.

Este proceso dialéctico -podríamos estar tentados a creer- ha promovido el bien común. La destrucción de Hiroshima y Nagasaki hizo posible una nueva cohesión social mediante la cual alemanes, griegos y portugueses, por primera vez, pudieron pensarse a sí mismos como europeos, unidos en un propósito más aglutinador y acaso más feliz, un reflejo de lo cual se pudo ver en las posturas políticas de los países del Pacto de Varsovia.

La horrible violencia de la guerra genera nuevas configuraciones políticas, nuevas diplomacias y nuevas identidades. La idea no es novedosa. Hegel la argumentó más efectivamente. Lo mismo hizo, de gran manera, Carlos Marx. Esta dialéctica tiene cierto efecto tranquilizador, ya que propone un lazo positivo de causalidad entre la peor manifestación de la conducta humana -la violencia bélica- y la realización final de una paz superior.

Pero volviendo a la Guerra de la Triple Alianza, encontramos su impulso más catalítico no en sus mayores confrontaciones, sino en los períodos, mucho más prolongados, de incertidumbre entre los combates. Argumentar que los momentos de estancamiento y tensa calma crean más que las batallas, parecería una premisa nueva.

El punto desafía inevitablemente la formulación clásica que enfatiza los sacrificios a gran escala, lo que Juan E. O’Leary llamó “recuerdos de gloria”.

Por un lado, la Guerra de la Triple Alianza puede ser considerada como una disputa de voluntades entre el mariscal López y los líderes militares Aliados. Pero considero concluyente que los verdaderos cambios que engendró el conflicto ocurrieron osmóticamente, y que no fueron ni previstos ni deseados por ninguno de los contendientes, ni por los paraguayos ni por los Aliados.

En este sentido, debería recordarse que cuando estalló la guerra ninguno de los actores estaba interesado en fomentar un cambio social. Los paraguayos habían supuestamente asaltado Mato Grosso como una suerte de ataque preventivo, para preservar un equilibrio de poderes (que resultó ser altamente ficticio).

Los argentinos y los brasileños mantuvieron la guerra no porque les importara la geopolítica del Plata, sino por el honor ofendido. Aun cuando su propaganda acentuaba el pretendido propósito de salvar a los paraguayos del “déspota López”, realmente no tenían un plan ambicioso en mente para el Paraguay de postguerra.

En esa etapa del conflicto, por lo tanto, los objetivos de ambos bandos tomaban una forma convencional, incluso conservadora. Y, sin embargo, la despiadada lógica de la guerra de desgaste forzó cambios sumamente profundos en los países beligerantes. Con el fin de poder ganar, los líderes tomaron direcciones que iban contra sus propias inclinaciones y -en muchos sentidos- contra sus propios intereses.

El mariscal López comenzó a dar crecientemente la espalda a las élites paraguayas desde Tuyutí y a apelar en forma más directa al campesinado y a los pequeños propietarios. Celebraciones y bailes obligatorios tenían lugar no sólo en Asunción, sino en todo el país, y esto mezcló a las clases sociales de una forma que habría sido vista como escandalosa apenas uno o dos años antes.

Y luego estuvieron los periódicos. El mensaje político de “Cabichuí” y “Cacique Lambaré” estaba dirigido principalmente a la gente del pueblo y del Interior, una clase de ciudadanos que el mariscal previamente habría despreciado.

Similarmente, los brasileños tuvieron que cambiar su manera de concebir la lucha. En Río de Janeiro y São Paulo, la guerra se había vuelto impopular para los ricos y las capas medias, que ya no ofrecían su servicio voluntario (ni su dinero) para demostrar su apoyo al emperador. Debido a ello, los miembros de las clases bajas brasileñas fueron cada vez más presionadas a involucrarse en un conflicto que pocos habían jamás concebido como propio.

El advenimiento del marqués de Caxias debería ser interpretado como un reflejo del deseo de la élite de ganar una guerra prolongada con la menor transformación posible, en la forma como el Imperio manejaba sus asuntos. Sin embargo, una vez que llegó a la escena, el marqués se dio cuenta de que ciertos cambios institucionales y logísticos en escala sustancial eran inevitables.

Por lo tanto, se abocó a reconfigurar la organización militar, para crear una fuerza cohesionada que pudiera superar la obstinación paraguaya. Si esto suponía promover a hombres de antecedentes humildes a posiciones de mando, estaba dispuesto a hacerlo, aun cuando reconocía que los más ambiciosos no querrían retornar a las barracas una vez que se alcanzara la victoria.

Para fines de 1866, el conflicto había adquirido el aspecto de un largo sitio alrededor de la fortaleza de Humaitá. Este objetivo estratégico no podía ser tomado con las abruptas tácticas de la guerra gaucha. Requería tiempo y paciencia. Y los estudiosos que han enfocado su análisis en las grandes batallas de Tuyutí, Boquerón y Curupayty y han soslayado tanto la indecisión Aliada como la incapacidad paraguaya de admitir la realidad, hacen mal en ignorar o minimizar la importancia de los largos intervalos.

Estos períodos de relativa inacción, de hecho, proporcionaron el crisol para transformar la campaña en algo bastante moderno. Del lado paraguayo, se volvió el tipo de guerra popular que T. E. Lawrence y Vo Nguyen Giap habrían reconocido como necesaria para la elaboración de un auténtico sentido nacional.

Del lado Aliado, se convirtió en una lucha que era, cuando menos, convincentemente industrial, apropiada para la Era del hierro y del vapor, y caracterizada por el uso de armamento actualizado, buques acorazados, globos de observación y rifles de repetición.

En ciertos paréntesis del conflicto, al menos en sus etapas intermedias, la Guerra de la Triple Alianza se pareció a la primera guerra mundial. En ambos casos, las ventajas naturales en favor de la defensa, que temporalmente transformaban la confrontación en un empate, se unían a la poca disposición a considerar un compromiso político como una forma de salvar el honor y hacer regresar a las tropas a casa.

De hecho, pese a que en cierto momento los Gobiernos aliados y paraguayo tuvieron claro que no podían superarse sin un altísimo costo, todos los esfuerzos externos de iniciar negociaciones de paz quedaron truncos.

Las potencias extranjeras no eran desinteresadas, o al menos no totalmente, aunque su verdadero interés no era el que a veces se busca insinuar. No existen pruebas históricas de la afirmación revisionista de que la Inglaterra imperial quería la guerra para aplastar un desarrollo económico independiente en el Paraguay y poner a los países de la Triple Alianza en una posición de sometimiento a los especuladores comerciales en Londres.

Este argumento, bastante ingenuo, propagado por autores tales como Eduardo H. Galeano, León Pomer o Julio José Chiavenato, así como por ciertos escritores fascistas argentinos, tiende a banalizar la experiencia histórica de estos pueblos sudamericanos.

Esta visión los describe exclusivamente como víctimas de un mundo depredador y sugiere que no tenían la capacidad de ser los artífices de sus propias proezas, de sus propias tragedias, de su propia locura. Esto es injusto, tanto para el registro histórico cuanto para ellos como seres humanos.

Lo que sí es obvio es que las prioridades bélicas de la Argentina y del Brasil los distraían del libre comercio que, desde las potencias extranjeras, se buscaba expandir en Sudamérica. Los comerciantes europeos no podían hacer intercambios con el Paraguay mientras el país estuviera bloqueado, por lo que había algún (si bien probablemente no demasiado) interés en poner fin a la guerra.

Los mercaderes, desde luego, tenían el Caribe, la India y muchos otros lugares en el mundo donde generar sus ganancias, y los Gobiernos de sus respectivos países estaban -por lo general- ocupados con otras cuestiones distintas a esta guerra sudamericana.

La frustración y la indiferencia que sentían los extranjeros eran ya patentes para 1867. Las potencias externas relativamente distantes de los campos de batalla -Gran Bretaña, Francia, Italia y, especialmente, Estados Unidos- habían tratado, una y otra vez, de interesar a las partes beligerantes en una mediación. Cuando estos esfuerzos quedaron en la nada, lamentablemente comenzaron a ver el conflicto paraguayo como un atolladero sin solución, típico de la política de los sitios más atrasados del mundo.

Incluso, regímenes inicialmente bienintencionados, como los de Chile, Bolivia y Perú, terminaron condenando a los belicistas de todos los bandos y maldiciendo por igual a López y al emperador.

Con toda esta experiencia de retrasos e irritación, las potencias extranjeras no pueden ser culpadas por malinterpretar lo que estaba en juego para los pueblos de la región del Plata. No lograron ver los trágicos caminos que la guerra estaba por seguir en los meses y años siguientes.

De hecho, nadie lo concibió de esa manera, a no ser los soldados en el campo, cuyas realidad cotidiana de insuficiente alimento, enfermedades, sensación diaria de terror físico e incertidumbre en la supervivencia no puede ser confundida con otra cosa distinta de lo que fue: una trampa sangrienta y horrible, una miseria sin rasgos atenuantes.

Y la gran paradoja es que, a medida que el concepto de Nación se expandió y se volvió más inclusivo, también se expandió la violencia y se volvió aún más brutal. Cuando el sacrificio, especialmente el de los paraguayos, llegó a niveles absolutos, la nación creció para abarcar a todos sus hijos e hijas. Todos tenían que participar, aunque no en una gloriosa epopeya, sino en una tremenda danza macabra de muerte y destrucción.

Información adicional