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El origen de las migraciones prehistóricas

1.- Hrdlicka y la teoría del ingreso desde Siberia cruzando el Estrecho de Behring

En 1937, Aleš Hrdlicka, retomando un argumento de Samuel Haven(1) sostuvo que el ser humano había ingresado a América por Alaska, proveniente de Siberia, Asia, cruzando el Estrecho de Behring.

(1) Samuel Haven. “Arqueología de Estados Unidos” 1856. Ed. Smithsonian Institute.

Algunas publicaciones le atribuyen erróneamente a Hrdlicka haber postulado la teoría más moderna, aquella que señala que el hombre cruzó caminando por una zona llamada Puente de Behringia formado a raíz del descenso del nivel de las aguas del Estrecho de Behring, durante el último período glacial.

Si bien Hrdlicka nunca se pronunció expresamente sobre la fecha de llegada del hombre al continente americano, rechazó sistemáticamente las pruebas que proponían la existencia de paleoindios y sostenía que, a diferencia de Europa, no existían rastros en América que permitieran hablar de presencia humana durante el Pleistoceno (entre 2.600.000 y 10.000 años AP), en tiempos de la última glaciación.

De hecho, Hrdlicka consentía la creencia del Instituto Smithsoniano, representada por William Henry Holmes, que sostenía que los primeros habitantes de América habían ingresado en un pasado reciente, imprecisamente estimada en unos pocos siglos.

- Teoría del poblamiento por el puente de Behring, el corredor libre de hielo y el Consenso Clovis

Se encuentra plenamente probado que durante la última glaciación -la Glaciación de Würm o Wisconsin-, la concentración de hielo en los continentes hizo descender el nivel de los océanos en unos 120 metros. Este descenso hizo que en varios puntos del planeta se crearan conexiones terrestres como, por ejemplo, Australia-Tasmania con Nueva Guinea; Filipinas e Indonesia; Japón y Corea.

Uno de esos lugares fue Behringia, nombre que recibe la región que comparten Asia y América, en la zona en que ambos continentes están en contacto. Debido a que el Estrecho de Behring, que separa Asia de América, tiene una profundidad de entre 30 y 50 metros, el descenso de las aguas dejó al descubierto un amplio territorio que alcanzó 1.500 kilómetros de ancho uniendo las tierras de Siberia y Alaska, hace aproximadamente 40.000 años.

Existía en esa época un puente terrestre entre Asia y Alaska, que surgió cuando los glaciares del último período glaciar estaban en su máximo nivel, acopiando millones de toneladas de precipitación que normalmente habrían ido a los océanos. La falta de esa agua redujo el nivel del Mar de Behring más de 90 metros, suficientes para convertir las zonas bajas del estrecho en un puente de tierra que unía los dos continentes.

Su primera formación sucedió aproximadamente 40.000 años AP, manteniéndose unos 4.000 años. Su segunda formación se produjo aproximadamente hace 25.000 años AP, permaneciendo hasta aproximadamente 11.000 - 10.500 AP, cuando volvió a subir el nivel de las aguas al final de la glaciación, inundando gran parte del territorio y separando Asia de América por el Estrecho de Behring.

El dato más importante para establecer una teoría migratoria durante la última glaciación es el hecho de que Canadá estaba completamente cubierta de hielo durante la última glaciación, invadida por dos gigantescas placas: la Placa de Hielo Laurentina y la Placa de Hielo de la Cordillera. Esto hacía imposible la entrada al continente más allá de Behringia.

Apareció entonces la teoría del “corredor libre de hielo”. Según esta teoría, en los instantes finales de la última glaciación comenzaron a derretirse los bordes en contacto de las dos grandes placas de hielo que cubrían Canadá, abriendo un corredor libre de hielo de unos 25 kilómetros de ancho que seguía, primero el valle del río Yukón y luego el borde este de las Montañas Rocallosas por el corredor del río Mackenzie.

Los científicos que sostienen la teoría estiman que esto ocurrió hace 14.000 años AP, aunque otros cuestionan la fecha y afirman que no pudo haber sucedido hasta 11.000 años AP, invalidando así la posibilidad que quienes originaron las culturas de Folsom y Clovis usaran esa ruta, ya que éstas ya existían en esta última fecha.

Una vez abierto el corredor, los seres humanos que estaban en Behringia pudieron avanzar hacia el interior de América y dirigirse al sur. La teoría ha sido ampliamente aceptada como parte integrante del Consenso de Clovis, pero no hay evidencias directas que prueben el paso de seres humanos por ese corredor.

El primero en proponer la posibilidad de ese corredor fue el geólogo canadiense W. A. Johnston, en 1933, y quien acuñó el término “corredor libre de hielo” fue Ernst Antevs, en 1935.

A partir de esos datos cronológicos, se desarrolló entonces una teoría migratoria sosteniendo que las tribus asiáticas que habían penetrado en Behringia, permanecieron allí varios miles de años hasta que, poco antes de finalizar la última glaciación (10 000 AP) y de que el puente de Behringia se inundara y se formara un estrecho- quedó un corredor libre de hielo que les permitió dirigirse al sur.

Esta teoría se articuló con los descubrimientos de la cultura Clovis que databan del año 13.500 AP para concluir que había sido integrada por los primeros migrantes que ingresaron por el puente de Behringia, de la que a su vez habrían descendido todas las demás culturas indoamericanas.

El primero en componer un posible modelo migratorio de asiáticos hacia América a través de Behringia fue Caleb Vance Haynes, en un artículo publicado en la revista “Science”, en 1964. Esta explicación, conocida actualmente como teoría del poblamiento tardío o “consenso Clovis”, fue aceptada en forma generalizada durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX.

Más recientemente se ha fortalecido la posibilidad de que los pobladores de América provenientes de Behringia, utilizaran una ruta alternativa hacia el sur bordeando la costa. Debido al descenso del nivel del océano, esa posible ruta se encontraba al oeste de la actual costa norteamericana y en el presente está cubierta por las aguas del océano Pacífico, complicando los estudios arqueológicos. En 2003, un estudio submarino encontró una herramienta de piedra de una antigüedad de 8000 años AP a una profundidad de 53 metros.

2.- La hipótesis de la inmigración desde Europa Occidental

En las últimas décadas, la evidencia arqueológica se multiplicó y se sumaron numerosos sitios antiguos ubicados en áreas poco exploradas hasta ese momento, como Alaska o la Cordillera Central de la Argentina y Chile.

También se propusieron otras alternativas a la hipótesis que defiende un único origen asiático de los primeros americanos, siendo la más provocativa la expuesta por los arqueólogos norteamericanos Dennis Stanford y Richard Bradley, planteada sin mucho éxito algunas décadas atrás por otros científicos.

La idea central es que, en algún momento del Pleistoceno Tardío, posiblemente entre 15.000 y 20.000 años atrás, poblaciones que habitaban originariamente Europa Occidental habrían arribado al nuevo continente bordeando las extensas áreas enlazadas del Atlántico Norte.

El principal argumento utilizado para este planteo fueron las similitudes registradas entre la tecnología y morfología de los artefactos líticos de los contextos Clovis (de Norteamérica) y Solutrenses (del Paleolítico Superior europeo)(2)Una de las principales características de los sitios Solutrenses es la presencia de una tecnología de puntas de proyectil similar a la Clovis.

(2) Solutrense es un período cultural de la prehistoria europea anterior al Magdaleniense (cercano a los 20.000 años AP). Durante el Solutrense se fabricaron puntas planas y delgadas en forma de hoja, trabajadas por ambas caras. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

A pesar del impacto que generó esta teoría, la comunidad arqueológica contemporánea la ha considerado poco probable, y parece estar más de acuerdo en que las similitudes tecno-morfológicas entre artefactos Clovis y Solutrenses son más aparentes que reales y, muy posiblemente, producto de procesos independientes que habrían resultado en puntas parecidas.

En las últimas décadas también se empezaron a considerar más sistemáticamente los datos dentarios y de morfología craneofacial a partir de los cuales se propusieron nuevas interpretaciones. Uno de los más populares se conoce como “modelo de las tres migraciones”, basado en análisis dentales no métricos y apoyados por evidencias genéticas y lingüísticas(3). Este modelo propuso tres oleadas de población: la más antigua, que habría dado origen a los amerindios y, otras dos más recientes, la na-dene y la esquimal. Posteriormente se propuso una cuarta, la paleoamericana, que debió anteceder a las otras tres(4).

(3) C. Turner. “Estimaciones de separación cronológica dental para poblaciones de la costa del Pacífico”, en: “Science” (1986) 232, pp. 1.140 - 1.142.
(4) W. A. Neves y H. M. Pucciarelli. “Relaciones biológicas extracontinentales de los primeros restos humanos sudamericanos: un análisis multivariado”, en: “Ciência e Cultura” (1989) 41, pp. 566-575. // Todo citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

El análisis de los pocos esqueletos tempranos encontrados indicó que no poseen afinidades morfológicas con los esqueletos asiáticos sino con las poblaciones de Africa y del Pacífico Sur(5).

(5) W. A. Neves; J. P. Powell; A. Prous; E. G. Ozolins y M. Blum. “Lapa Vermelha IV Hominid 1: Afinidades morfológicas de los primeros americanos conocidos”, en: “Genetics Molecular Biology” (1999); 22, pp. 461-469. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Los trabajos sobre ADN mitocondrial han producido avances significativos en la última década, aunque generaron figuras muy divergentes sobre el número de migraciones involucradas y la época de entrada de las primeras poblaciones.

A pesar de estas líneas de investigación novedosas generadas alrededor del problema del poblamiento, el enfoque que aún predomina es el arqueológico, sobre todo porque los restos humanos asociados a sitios tempranos son muy escasos, en general no están completos y no se han podido obtener de ellos secuencias confiables de ADN. En consecuencia, el sustento de los modelos actuales descansa en la evidencia material obtenida en los sitios mediante excavaciones sistemáticas.

A través de ellas se ha podido obtener abundante información sobre la tecnología (casi exclusivamente del material lítico), las asociaciones faunísticas y la cronología de las ocupaciones más tempranas. En el debate actual, la conjunción de estos elementos tiene la prioridad para validar sitios y teorías.

Aun así, la información genética, en particular la obtenida del ADN mitocondrial de indígenas actuales, está entregando también información significativa y cobrando cada vez más protagonismo en los argumentos explicativos del poblamiento de América.

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