El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El escenario del poblamiento: los cambios climáticos y ambientales

Las variaciones climáticas ocurridas en el planeta durante los últimos 30.000 años ocupan un lugar preponderante en la discusión sobre el poblamiento. El clima fue uno de los agentes principales que, en diferentes momentos, condicionó el ingreso de las poblaciones humanas en el continente, principalmente por su efecto sobre las variaciones en el nivel del mar y en el avance y retroceso de los hielos continentales.

También el clima influyó sobre la dispersión de las especies de animales y vegetales a lo largo de América, muchas de ellas importantes para la subsistencia de las primeras sociedades indígenas que arribaron a este territorio. Las condiciones climáticas constituyen, por lo tanto, un factor importante que no sólo habría influido en que las sociedades aborígenes ocupen determinados lugares del espacio y no otros, sino en que los restos generados por ellas se preserven o sean visibles en el paisaje actual.

Si bien desde hace varios milenios no existe comunicación terrestre entre América y Asia, la vinculación entre ambos bloques continentales ha experimentado numerosos cambios a lo largo del lapso geocronológico conocido como Cuaternario, que incluye los últimos 2.600.000 años.

Actualmente, el lugar de mayor proximidad entre ellos se encuentra en el Estrecho de Behring, que separa el nordeste de Siberia y noroeste de Alaska. Este estrecho comunica también el océano Artico -por el norte- y el océano Pacífico -por el sur- y tiene un ancho cercano a los 90 kilómetros entre costa y costa.

mapa de behringia
Mapa de Beringia con la línea de costa hacia finales de la última glaciación.

A pesar de que esta situación no se ha modificado significativamente desde hace alrededor de 10.000 años, durante los últimos 100.000 años, el ascenso y descenso del nivel del mar ha dejado esporádicamente al descubierto el fondo del estrecho, posibilitando la emergencia de un puente terrestre entre Asia y América.

Entre los procesos que más afectaron la variación en el nivel de los océanos y, por lo tanto, las posibilidades de emergencia del lecho marino del Estrecho de Behring y de ingresar por tierra en América, se encuentran los cambios de temperatura ocurridos a nivel global.

El Cuaternario se caracteriza por la ocurrencia sucesiva y cíclica de períodos de marcado descenso de las temperaturas. En estos períodos se produjo un crecimiento significativo del tamaño de las masas de hielo en todo el planeta, por lo cual también se los conoce como Edad de los Glaciares o Era de las Glaciaciones; las épocas de mejoramiento climático entre glaciaciones se conocen como interglaciares.

Se cree que la sucesión de épocas glaciales e interglaciares continuará registrándose en el futuro y que en la actualidad nos encontramos en una época interglacial que se inició hace algo más de 10.000 años(1).

(1) E. Tonni, E y A. Cione. “Los mamíferos y el clima en el Pleistoceno y Holoceno en la provincia de Buenos Aires”, en: “Jornadas de Arqueología e Interdisciplinas”, Buenos Aires, Programa de Estudios Prehistóricos, CONICET, 1994, pp. 127-142. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Sobre las causas que generaron la ocurrencia de las glaciaciones, se han propuesto diversas hipótesis. En la mayoría de los casos, la distribución temporal de esos ciclos fue atribuida a diferentes factores astronómicos(2). Entre ellos pueden mencionarse:

a.- el cambio en la forma de la órbita terrestre (de excéntrica a circular y viceversa) que ocurre cíclicamente cada 100.000 años, que provoca una intensificación de las estaciones en un hemisferio y moderación en otro cuando la órbita adquiere forma de máxima excentricidad;
b.- el cambio en la inclinación del eje de rotación de la Tierra (entre 21,5ºC y 24,5ºC) que ocurre cíclicamente cada 41.000 años, que produce inviernos más fríos y veranos más cálidos cuando el ángulo de inclinación es mayor;
c.- el cambio producido por el “bamboleo” (o precesión) del eje de rotación de la Tierra, cuyo giro completo de 360º ocurre cada 23.000 años, aproximadamente.

(2) E. Tonni; A. Cione y R. Pasquali. “Los climas del Cuaternario: causas y consecuencias”, en: “Ciencia Hoy” 1998; 8 (45), pp. 52-60. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Además de los factores enumerados, también se propuso la influencia de la ubicación de las manchas solares y de la concentración de gases en la atmósfera sobre los cambios de clima operados en el planeta a lo largo de su historia. El último de los eventos glaciales ocurridos en la Tierra comenzó hace alrededor de 75.000 años y se caracterizó por la alternancia de períodos muy fríos (conocidos como estadiales(3)) separados por intervalos con mejoramiento climático temporario (conocidos como interestadiales).

(3) Estadial es el período específico -dentro de una glaciación- en el cual se registraron pulsos de máximo avance de los glaciares. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Durante los estadiales se dieron los máximos avances de los glaciares -que cubrieron una tercera parte de la superficie total de Eurasia y América del Norte-, mientras que en los interestadiales, la superficie de las áreas enlazadas se redujo considerablemente. Los cambios climáticos que acompañaron a la última glaciación no sólo comprenden modificaciones bruscas en las temperaturas medias registradas en el planeta, sino también variaciones bastante recurrentes en las condiciones de humedad.

Por lo general, los episodios de descenso de las temperaturas fueron acompañados por períodos de mayor aridez, mientras que los más cálidos se caracterizaron por condiciones más húmedas.

El crecimiento del volumen de hielo ocurrido en la Tierra durante los pulsos de temperaturas bajas de la última glaciación, implicó que gran parte del agua, anteriormente contenida en los océanos, quede retenida en los glaciares, principalmente en las zonas frías más próximas a los polos y las de mayor elevación sobre el nivel del mar.

Este proceso trajo aparejado el descenso del nivel de los océanos que, en algunos momentos, alcanzó marcas cercanas a los 100 metros por debajo del nivel actual. El efecto directo más notable de estos cambios fue que grandes superficies que se encontraban debajo del agua emergieron y pasaron a formar parte de las masas continentales.

El proceso inverso ocurrió durante los intervalos de aumento de las temperaturas, en los que el derretimiento de los hielos devino en una elevación del nivel de los mares y en el avance de los mismos sobre extensas áreas continentales.

Estas variaciones fueron acompañadas también por cambios notables en la distribución de los organismos vivos y, por lo tanto, en la fisonomía general del paisaje. A diferencia de los seres humanos, que pueden adaptarse a una inmensa variedad de ambientes -gracias a las ventajas que les da la cultura-, la mayoría de los demás organismos vivos sólo puede sobrevivir en condiciones ambientales y climáticas específicas.

Por ese motivo, cualquier cambio en dichas condiciones conlleva a una reorganización del ecosistema en la que pueden ocurrir extinciones, generación de nuevas especies, arribo de especies de otros lugares y migración de especies locales.

Durante los períodos de avance de los glaciares registrados en la última glaciación, el área actualmente ocupada por el Estrecho de Behring -sumergida sólo 40 metros debajo del mar actual-, se encontraba emergida y el ancho de la faja de tierra en este sector habría alcanzado los 1.000 kilómetros(4).

(4) C. A. S. Mandryk; H. Josenhans; D. J. Fredje y R. W. Mathewes. “Paleoambiental del Cuaternario tardío del noroeste de América del Norte: implicaciones para las rutas de migración hacia el interior y hacia la costa”, en: “Quaternary Science Review” 2001; 20, pp. 301-314. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Esta gran porción emergida, que unía Siberia y Alaska, conocida con el nombre de “puente de Behringia”, cumplió un rol central en el proceso de poblamiento humano del continente americano.

Sin embargo, aun cuando la presencia de un área continental uniendo Asia y América era una condición necesaria para que las poblaciones humanas del Viejo Mundo puedan ingresar vía terrestre a Norteamérica, no constituía una condición suficiente para que el ingreso se produjera. Tan importante como eso, era que las condiciones de habitabilidad en Behringia y las áreas colindantes de Asia y América fueran adecuadas para los grupos humanos.

Para explorar en profundidad el contexto climático y ambiental que rodeó el poblamiento americano, es necesario enfocar con mayor detalle lo ocurrido antes y después del último período frío (estadial) de la última glaciación, más específicamente entre los 25.000 y 12.000 años 14C AP en los alrededores de Behringia.

Más allá de las diferentes opiniones respecto del momento de apertura y cierre del puente terrestre de Behringia durante el último avance glaciar (estadial), este habría estado disponible de manera casi permanente al menos entre los 27.000 y 12.000 años 14C AP.

A pesar de las bajas temperaturas medias, que podrían estimarse en alrededor de 11º C más bajas que las actuales, esta región habría permanecido durante largos períodos libre de hielos continentales. Puede imaginarse que se trataba de un ambiente frío y seco, similar al de la actual tundra(5) esteparia característica de una extensa región del norte de Asia.

(5) Un ambiente de tundra puede caracterizarse como un desierto polar que permanece la mayor parte del año congelado. Sólo existe un período muy corto en el que los vegetales pueden crecer y la diversidad de organismos que lo habitan es baja. En la actualidad, los ambientes de tundra se encuentran restringidos a regiones muy marginales, como en el extremo norte de Asia, Europa y Norteamérica y el sur de Groenlandia. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

En el Este de Siberia, así como en buena parte de Behringia, los glaciares habrían estado restringidos a las zonas montañosas, quedando amplias áreas bajas de estepas abiertas. Estas condiciones no sólo habían permitido la subsistencia de poblaciones humanas, sino también de varias especies de grandes mamíferos (p. ej. mamuts, bisontes y caballos) adaptados a este tipo de climas y que, como se verá más adelante, se extinguieron en su mayoría hace alrededor de 10.000 años.

Sin embargo, aunque en los momentos más fríos del último estadial las condiciones en algunos sectores de Siberia, en el puente de Behringia y en Alaska pudieron ser propicias para la ocupación humana, en Norteamérica existían barreras de hielo infranqueables que habrían vuelto poco menos que imposible el ingreso por las zonas interiores del continente.

corredor de alberta
Corredor de Alberta entre los bloques glaciares Laurentiano (al este) y Cordillerano (al oeste).

La mayor parte del territorio actual de Canadá se encontraba cubierta por una formidable barrera de hielo continental constituida por dos grandes bloques: uno en el centro y este (o bloque Laurentiano) y otro en el oeste (o bloque Cordillerano). Recién a partir de los 11.500 años 14C AP se habría comenzado a abrir un angosto corredor libre de hielo (o “corredor de Alberta”) entre ambas masas glaciales(6).

(6) C. A. S. Mandryk; H. Josenhans; D. J. Fredje y R. W. Mathewes. “Paleoambiental del Cuaternario tardío del noroeste de América del Norte: implicaciones para las rutas de migración hacia el interior y hacia la costa”, en: “Quaternary Science Review” 2001; 20, pp. 301-314. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

No obstante, las condiciones climáticas extremadamente duras que se habrían registrado en el interior del corredor, habrían vuelto muy difíciles las condiciones para el desplazamiento humano y la supervivencia(7).

(7) J. J. Clague; R. W. Mathewes y T. A. Ager. “Ambientes del noroeste de América del Norte antes del último máximo glaciar”, en: “Entrando en América desde el nordeste de Asia y Behringia antes del último máximo glaciar”, editado por D. B. Madsen. University of Utah Press, Salt Lake City, 2004, pp.63-94. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

En el litoral marítimo del Pacífico Norte, el período de cobertura total de la superficie con glaciares fue más corto que en el sector continental contiguo, comenzando hacia los 20.000 años 14C AP y finalizando alrededor de los 14-13.000 años 14C AP(8).

(8) Ibidem.

Antes y después de esas fechas, en la faja costera existió un área paralela al océano donde las condiciones paleoambientales habían posibilitado el desplazamiento y subsistencia de grupos aborígenes.

Diversos estudios permitieron determinar la presencia de una amplia diversidad de vegetales y de animales terrestres y marinos, muchos de ellos potencialmente aprovechables para los cazadores recolectores (peces, moluscos, aves y mamíferos). Es posible, incluso, que en el momento de máxima expansión glacial, los caribúes y los osos hayan encontrado en la costa un refugio apto para la supervivencia(9).

(9) T. H. Heaton; D. L. Talbot y G. F. Shield. “Un refugio de la Edad de Hielo para grandes mamíferos en el Archipiélago de Alexander, sudeste de Alaska”, en: “Quaternary Research” 1996; 46, pp.186-192. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

En suma, durante la última glaciación, iniciada hace alrededor de 75.000 años, la comunicación terrestre entre Asia y América a través de Behringia estuvo disponible en los períodos de máximo descenso de las temperaturas. Si bien en el último de esos eventos el puente emergió al menos entre 24.000 y 12.000 años 14C AP, el paso terrestre hacia América habría estado obstruido buena parte de este lapso por la presencia de grandes glaciares continentales ubicados en el actual territorio de Canadá.

Los únicos espacios libres de hielo contemporáneos al puente terrestre habrían sido la faja de costa pacífica del sur de Alaska y oeste de Canadá (entre 24.000 y 18.000 años 14C AP y a partir de los 14.000 años 14C AP) y el corredor continental ubicado entre los glaciares Cordillerano y Laurentiano (entre 24.000 y 20.000 años 14C AP y a partir de los 11.500 años 14C AP).

No obstante, el pasaje por el corredor continental durante su última apertura posiblemente sólo fue practicable luego de los 11.500 años 14C AP por las duras condiciones climáticas allí desarrolladas.

En el caso de Sudamérica, las condiciones ambientales durante los últimos 20.000 años siguieron la misma tendencia, sobre todo en cuanto a la contracción y avance de los glaciares, al aumento y descenso del nivel del mar y a los cambios en las condiciones de temperatura y humedad, aunque con dos aspectos diferenciales para subrayar: primero, todos estos cambios tuvieron una manifestación más atenuada que en otros sectores del planeta y, por lo tanto, una menor incidencia en la variabilidad ambiental.

La menor extensión del manto glaciar continental -restringido casi exclusivamente a los sectores andinos altos y a la porción más meridional- determinó efectos menos severos y marcados que los registrados en Norteamérica, donde el poderoso impacto del máximo avance glacial produjo condiciones bastante homogéneas, con predominio de paisajes de estepas con climas fríos y áridos.

En Sudamérica, las condiciones fueron similares pero menos extremas, permitiendo el mantenimiento de una mayor variedad de paisajes, con presencia de ambientes más templados que los típicamente periglaciales.

El segundo aspecto a considerar es que aun cuando el pico de máxima expansión de los glaciares ocurrió entre los 20.000 y 18.000 años 14C AP, el clima continuó siendo seco en Sudamérica durante varios milenios. Las condiciones más húmedas recién se registran hacia finales del Pleistoceno, es decir, hace alrededor de 10.000 años.

Aún así, si nos encontráramos en la región patagónica a finales del último máximo glacial, podríamos imaginar un escenario bastante diferente al de nuestros días. En primer lugar, encontraríamos la costa atlántica muy lejos de la línea litoral actual, debido a que el nivel del mar estaba alrededor de 100 metros por debajo.

Los hielos eternos, restringidos hoy a ciertos sectores cordilleranos altos, habrían alcanzado una baja altitud, aunque siempre en áreas pericordilleranas. El clima habría sido significativamente más frío, registrándose temperaturas ubicadas entre los 3 y 6º C por debajo de las medias actuales.

En cuanto al territorio pampeano, el escenario también se nos presentaría diferente. La costa atlántica se habría ubicado a más de 200 kilómetros de la línea de costa contemporánea. El paisaje era similar al que actualmente se desarrolla en el norte de la región patagónica -frío y semiárido- con vegetación esteparia baja y con grandes acumulaciones de arena transportadas por el viento(10).

(10) E. Tonni; A. Cione y R. Pasquali. “Los climas del Cuaternario: causas y consecuencias”, en: “Ciencia Hoy” 1998; 8 (45), pp. 52-60. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Los paleontólogos Eduardo Tonni y Alberto Cione arribaron a esta conclusión, entre otras evidencias, por la identificación de varias especies de animales típicamente patagónicas en la región pampeana de fines del Pleistoceno (p. ej: cuis chico patagónico, zorro colorado, piche y ñandú petizo).

Aunque hasta esta región no llegaron las masas de hielos continentales, en determinados lugares se formaba una delgada cubierta de hielo (denominada “calota glacial”), característica de áreas ubicadas en el faldeo y a los pies de los Andes(11).

(11) Ibidem.

Los cambios climáticos ocurridos en todo el planeta entre finales del Pleistoceno y principios del Holoceno, también impactaron en las zonas tropicales sudamericanas. Entre los 18.000 y 12.500 años 14C AP se habrían registrado condiciones más frías que las actuales, contribuyendo a la formación de áreas abiertas de sabana.

Las áreas de selva, que dominan actualmente la mayor parte del norte de Sudamérica, habrían quedado reducidas a parches dispersos, que funcionaron como refugios para plantas y animales tropicales(12).

(12) J. R. Oliver. “La arqueología del forraje forestal y la producción agrícola en la Amazonia”, en: “Amazonas desconocido”, editado por C. Mc Ewan, C. Barreto y E. Neves. British Museum Press, 2001, pp. 50-85. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Para finalizar, debe señalarse que, si bien las condiciones de mayor aridez y bajas temperaturas de finales del Pleistoceno fueron globales, en Sudamérica no habrían sido tan extremas como en Norteamérica. Un emergente de estas diferencias es la ausencia de evidencias claras, en el Hemisferio Sur, del período denominado “Younger Dryas”(13).

(13) A. Coronado; M. Salemme y J. Rabassa. “Condiciones paleoambientales durante el poblamiento temprano de Sudamérica Sudoriental (Glacial Tardío-Holoceno Temprano, 14-8 ka BP)”, en: “Quaternary International” 1999; 53/54, pp. 77-92. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

El "Younger Dryas", definido inicialmente para Europa, constituye un período de gran aridez y descenso de las temperaturas ocurrido a finales del Pleistoceno(14) y que es fácilmente reconocible en una gran parte de Norteamérica por la depositación de una capa de sedimentos con características muy particulares.

(14) C. F. Haynes, Jr. “Evidencia geoarqueológica y paleohidrológica de una sequía de Clovis en América del Norte y su incidencia en la extinción”, en: “Quaternary Research” 1991; 35, pp. 438-450// Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Información adicional