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Las extinciones masivas de mamíferos luego del último avance glacial

Uno de los aspectos más fuertemente asociados con el debate sobre el poblamiento americano, además de los cambios climáticos de finales de la última glaciación, es la extinción masiva de los grandes mamíferos terrestres ocurrida entre el Pleistoceno final y el Holoceno temprano (aproximadamente entre 12.000 y 8.000 años 14C AP).

Durante este período, numerosas especies desaparecieron del continente (y de la faz de la Tierra) en un lapso relativamente corto, principalmente en Sudamérica. Aquí, el 80 % de los mamíferos de más de 44 kilos de peso y el 100 % de los mayores de 1.000 kilos se extinguió en unos pocos milenios(1).

(1) A. L. Cione; E. P. Tonni y L. Soibelzon. “El Zig-Zag roto: mamíferos grandes del Cenozoico tardío y extinción de tortugas en América del Sur”, en: “Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales” (2003); 5(1), pp. 1-19. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Entre las especies desaparecidas se encuentran gliptodontes, perezosos terrestres gigantes, toxodontes, mamuts y mastodontes.

Desde ese momento no existe megafauna en este sector de América comparable, por ejemplo, a la que habita actualmente el continente africano (p. ej. elefantes, rinocerontes e hipopótamos). El mamífero terrestre sudamericano más grande viviente es el tapir, que llega a lo sumo a los 300 kilos de peso, un pobre remanente de una riquísima fauna de grandes animales que había existido en el continente durante todo el Cuaternario.

Un rasgo característico de las extinciones de mamíferos de gran tamaño en Sudamérica es que, a diferencia de otros eventos similares ocurridos en diversos lugares y tiempos, no parece haber afectado prácticamente a otros grupos de plantas ni animales.

Teniendo en cuenta esto y la contemporaneidad de las extinciones con cambios climáticos globales y con el ingreso de Homo sapiens en este territorio, varios investigadores comenzaron a evaluar la influencia de estos factores en el desencadenamiento de la desaparición de la megafauna.

megafauna fsil
Reconstrucciones de especies de megafauna fósil sudamericana (tomadas de Carlini y Tonni, 2002).

Si bien han sido evaluados otros posibles agentes determinantes de este proceso (p. ej. enfermedades infecciosas, desequilibrios ecológicos)(2), su importancia en las discusiones fue mucho menor. Las preguntas más recurrentes y controvertidas formuladas en torno a este tema fueron: ¿qué ocasionó la desaparición de los grandes mamíferos americanos a finales de la última glaciación? y ¿qué impacto tuvieron en ella los cambios climáticos postglaciales y el arribo de los primeros grupos humanos?

(2) Ibidem.

Las posibles respuestas a estos interrogantes podrían ser ordenadas según los agentes considerados más influyentes en el desencadenamiento del proceso de extinción. En este sentido, podría comenzarse por aquellas según las cuales los humanos constituyeron el principal factor. Uno de los primeros defensores de esta idea fue Paul Martin quien, en 1967, propuso que la extinción habría sido ocasionada por voraces cazadores que ingresaron en el continente a través del Estrecho de Behring hace unos 11.000 años.

La alta especialización de las técnicas desarrolladas para la caza de mamíferos de gran tamaño, sumada a la inexperiencia de las presas frente al nuevo y desconocido predador, habrían conllevado a grandes matanzas y consiguiente extinción de las especies de mayor tamaño. Entre las principales debilidades de esta tesis pueden señalarse:

a.- son escasas las evidencias arqueológicas de matanzas de una magnitud tal que hayan implicado, por sí solas, la extinción de la megafauna;
b.- las evidencias arqueológicas disponibles sugieren que sólo una baja proporción de las especies extinguidas fueron cazadas por los indígenas a fines del Pleistoceno;
c.- existe un sólido cuerpo de información que sugiere que en muchas regiones del continente las especies se extinguieron antes de la llegada de Homo sapiens y que, por otro lado, algunas especies coexistieron con los seres humanos durante varios milenios.

La hipótesis opuesta a la anterior es la que sostiene que el proceso de extinción de megafauna se produjo por los cambios ocurridos en el ambiente a finales del Pleistoceno y que la acción antrópica no tuvo un efecto significativo en este proceso. Desde esta perspectiva, sostenida por varios investigadores(3), la marcada variación en el clima, signada por una tendencia general hacia el aumento de la temperatura y la humedad, habría sido muy desfavorable para ciertas especies de mamíferos, sobre todo los de gran tamaño.

(3) A. D. Barnosky; P. L. Koch; R. S. Feranec; S. L. Wing y A. B. Shabel. “Evaluación de las causas de extinciones tardías del Pleistoceno en los continentes”, en: “Science” (2004); 306, pp. 70-75. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

La mayor parte de ellas estaba adaptada a los ambientes abiertos, secos y fríos predominantes durante tiempos glaciares. El cambio de escenario habría conducido a la drástica reducción de este tipo de paisajes y, por lo tanto, a la extinción de los animales de mayor tamaño, que serían más sensibles a estas alteraciones.
Entre los aspectos más débiles de esta hipótesis se ha sugerido, por ejemplo, que cambios climáticos similares ocurrieron varias veces con anterioridad durante todo el Cuaternario y no generaron extinciones masivas(4).

(4) Ibidem.

Las dos hipótesis generales enunciadas hasta aquí pueden considerarse posiciones ubicadas en extremos opuestos de la discusión. Sin embargo, la que más consenso parece tener actualmente (apoyada entre otros por los investigadores argentinos Luis Borrero y Eduardo Tonni) es aquélla que ve a las extinciones de la megafauna como el resultado de la conjunción de diversos factores.

Básicamente, se ha propuesto que los cambios ambientales de finales del Pleistoceno habían ya impactado fuertemente sobre las poblaciones de megamamíferos y que los cazadores tempranos habrían acentuado esta tendencia, sea mediante la caza o a través de la modificación efectuada sobre el ambiente.

En este escenario, los primeros indígenas que llegaron a América podrían haber dado el “golpe de gracia” a varias especies que, luego de cientos de miles de años de evolución en el continente, estaban agotando su capacidad adaptativa (como, por ejemplo, los gliptodontes o los perezosos gigantes) o pudieron haber jugado un rol más decisivo en la extinción de otras especies que aparentemente estaban aún en pleno proceso de radiación adaptativa, como los caballos americanos.

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