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Las evidencias arqueológicas del poblamiento americano en el Hemisferio Norte

A partir de las últimas décadas del siglo XIX y en consonancia con las tendencias surgidas en Europa a partir del impulso del evolucionismo darwiniano, se comenzó a indagar en América sobre la antigüedad y el origen de las primeras ocupaciones humanas. Desde entonces, cientos de sitios arqueológicos -a lo largo y a lo ancho de todo el continente- fueron considerados candidatos a ocupar un lugar relevante en la mesa de discusiones, aunque sólo una pequeña proporción de ellos ha logrado mantenerse.

Con diferentes criterios y no siempre apelando a aspectos estrictamente científicos, algunos de estos sitios fueron severamente criticados y rechazados, otros aceptados y otros ni siquiera considerados.

En los siguientes apartados se presenta una síntesis general de las principales evidencias arqueológicas registradas en el Hemisferio Norte. Para la organización de esta información haremos referencia primero a las correspondientes al nordeste de Asia y luego a las de Norteamérica.

- Las poblaciones siberianas del Pleistoceno final

Hasta hace algunas décadas se creía que el Este de Asia había sido ocupado solamente por humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens), de los cuales existen abundantes evidencias arqueológicas. Sin embargo, los estudios más recientes sugieren -cada vez con mayor fuerza- que Homo erectus pudo haber alcanzado algunos sectores del continente como Mongolia, China e, incluso, el centro de Siberia.

Si bien la información cronológica precisa es escasa, también se detectaron en Siberia artefactos líticos característicos del Paleolítico medio y, por lo tanto, posiblemente asignables a neandertales. Aun cuando esta información muestra que los seres humanos y, posiblemente también algunos de sus más próximos parientes, habían alcanzado sectores cercanos al Estrecho de Behring mucho tiempo antes del poblamiento inicial del continente americano, la identificación de quiénes y cuándo lo hicieron es una tarea bastante más compleja.

En el sector de Asia, más próximo al antiguo puente terrestre de Behringia, es decir en Siberia, son diversas las evidencias sólidas de poblaciones humanas en momentos anteriores a los 10.000 años 14C AP(1). Los estudios realizados en varios sitios permiten estimar la presencia de grupos cazadores recolectores desde hace alrededor de 30.000 años 14C.

(1) Para profundizar véase: T. Goebel. “La búsqueda de un progenitor de clovis en la Siberia subártica”, en: “Entrando a America (Nordeste de Asia y Behringia antes del último máximo glaciar)”. D. B. Madsen (ed.), University of Utah Press, Salt Lake City, 2004, pp. 311-356. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Estas ocupaciones podrían organizarse cronológicamente en dos grandes grupos:

a.- las previas al último máximo glacial (antes de los 20.000 años 14C AP; y
b.- las posteriores a dicho evento (luego de los 18.000 años 14C AP).

Es posible que durante el lapso intermedio entre ambos momentos, en el cual se produjo el máximo episodio de descenso de las temperaturas, las duras condiciones climáticas hayan limitado la dispersión de los grupos humanos en este territorio.

Si bien esta hipótesis parecería estar apoyada por la ausencia de registros arqueológicos confiables de ese período en la mayor parte de Siberia, aún no puede descartarse totalmente que haya sido habitada. Hay que tener en cuenta que toda esta región se mantuvo mayoritariamente libre de hielos durante los últimos 70.000 años, tal vez por la escasa acumulación de nieve, lo cual no implica necesariamente condiciones inhabitables para los humanos.

Es interesante subrayar que, simultáneamente a este aparente despoblamiento del nordeste de Siberia, se registró un rápido aumento de la ocupación humana en la región ubicada más hacia el sur, en los alrededores del Mar de Japón. Esto podría estar indicando un desplazamiento de los grupos hacia las regiones costeras, donde la disponibilidad de recursos habría sido mayor. Se sabe que en Japón hubo pueblos marineros que utilizaban embarcaciones hace entre 25.000 y 30.000 años.

mapa de siberia
Mapa de Siberia con la línea de costa durante el Pleistoceno final y con la ubicación de los sitios arqueológicos mencionados en el texto: 1.- Afontova Gora; 2.- Ust’Kova; 3.- Nepa 1; 4.- Alekseevsky; 5.- Mal’ta; 6.- Studenoe; 7.- Ust’Menza; 8.- Cueva Khaergas; 9.- Cueva Dyuktai; 10.- Ushki.

Los sitios arqueológicos correspondientes al primero de los períodos mencionados (antes de los 20.000 años 14C AP) conocidos en el Este de Siberia, son muy pocos y, en algunos casos, sus antigüedades han sido cuestionadas. Sólo en unos pocos sitios anteriores a los 18.000 años puede defenderse la hipótesis de que los seres humanos acumularon los artefactos líticos y restos de animales. Entre ellos pueden citarse los sitios Alekseevsky y Nepa I, ambos ubicados en el centro de Siberia(2).

(2) Estudiado por O. Zadonin y colaboradores: S. Khomik y V. Krasnoshchekov. “Monumentos arqueológicos del Pleistoceno tardío y del Holoceno temprano del norte de la Alta Lena”, en: “Problemas de arqueología y etnografía de Siberia y el Lejano Oriente, Nauta, Krasnoyarsk”, 1991, pp. 45-48. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

En Alekseevsky, un grupo de cazadores recolectores habría establecido un campamento temporario en proximidades del río Lena, hace alrededor de 24.500-23.000 años 14C AP. Allí habrían efectuado diversas actividades, como confección de instrumentos de piedra y procesamiento y consumo de animales. Entre los artefactos líticos no se registraron instrumentos bifaciales(3) (p. ej. puntas de proyectil), lo que parece ser una característica común en los sitios de este período.

(3) Instrumento bifacial es aquel cuyas dos caras han recibido trabajo de talla. Unifacial es el instrumento que sólo ha sido trabajado -mediante talla- en una de sus caras. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

instrumento
Instrumento compuesto confeccionado con microlitos (tomada de W. Andrefsky, 1998).

Los artefactos más comunes son los instrumentos unifaciales tallados como raspadores (para trabajar el cuero), lascas con filo (posiblemente para cortar materiales blandos como carne) y perforadores(4). El único animal posiblemente cazado y consumido por los ocupantes del sitio fue el reno (Rangifer tarandus).

(4) Raspador: instrumento lítico con filo retocado en ángulo abrupto, cuyo uso más frecuente habría sido el raspado de cueros durante el trabajo de curtido; lasca: desecho de talla en el que puede definirse la dirección del golpe a partir del cual se extrajo; perforador: instrumento de piedra utilizado para perforar materiales más blandos mediante rotación o punción. // Todo citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

La presencia de este animal en el sitio también confirma su cronología previa al avance glacial, porque sólo habitó esta zona durante episodios de aumento de las temperaturas. Este sitio podría considerarse una de las pocas evidencias más o menos firme de ocupación humana temprana en el Este de Siberia. El sitio Nepa I se encuentra a pocos kilómetros al norte del anterior. Los resultados de su estudio fueron publicados en 1991 por un equipo de arqueólogos rusos y resumidos en 2004 por Goebel(5).

(5) T. Goebel. “La búsqueda de un progenitor de clovis en la Siberia subártica”, en: “Entrando a America (Nordeste de Asia y Behringia antes del último máximo glaciar)”. D. B. Madsen (ed.), University of Utah Press, Salt Lake City, 2004, pp. 311-356. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

También se trata -en este caso- de los restos de ocupaciones de cazadores recolectores establecidos en proximidades del río Nishnaia-Tunguska, alrededor de 26-33.000 años 14C AP. Además de identificarse numerosos artefactos líticos, en su mayoría desechos de talla, se registraron varias especies de grandes mamíferos posiblemente transportados hasta el lugar para su procesamiento y consumo. Entre ellos se encuentran restos de caballo (Equus), rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), auroch (Bos primigenius, considerado el antecesor salvaje del ganado vacuno) y ciervo (Cervus sp.).

Como en el caso del reno, el tipo de ciervo hallado también confirmaría la antigüedad del sitio, porque sólo habitaba áreas vegetadas típicas de ese período (floresta boreal o floresta esteparia).

Otro sitio de importancia que debe ser mencionado es Ust’-Kova, ubicado algo más al Este que los anteriores, en proximidades del río Angará (Siberia Central). La importancia de este sitio radica en que los cazadores recolectores establecidos allí -alrededor de 23.000 años 14C AP- habrían empleado una tecnología ausente en la mayor parte de los sitios contemporáneos de esta región.

A diferencia de ellos, se evidenció aquí el empleo de puntas de proyectil bifaciales, lo que le valió a este sitio ser considerado una de las evidencias más firmes de la existencia de grupos siberianos ancestros de “Clovis”(6).

(6) Ibidem.

Los ocupantes de Ust’-Kova también dejaron aquí restos óseos de mamut, rinoceronte lanudo, caballo, bisonte, cérvidos y numerosos objetos de arte confeccionados sobre marfil. Si bien el carácter arqueológico de la mayoría de los materiales del sitio no ha sido puesto en duda, la asociación y la validez de los fechados no ha sido plenamente aceptada y, por lo tanto, algunos autores -como Goebel (2004)- recomiendan ser cautelosos.

En efecto; si bien existen probables evidencias de ocupación del extremo nordeste de Siberia antes del último avance glacial, éstas son muy pocas y no pueden ser consideradas concluyentes. Esto se debe a que la información disponible sobre ellas y el estudio de los procesos de formación de los sitios no permite confirmar que los conjuntos hayan sido generados por seres humanos ni que correspondan al período de tiempo considerado.

Con las evidencias disponibles en la actualidad, es difícil imaginar que antes del último máximo glacial se haya producido el poblamiento de América a través de este sector continental del norte de Siberia.

Como fue señalado, los cazadores recolectores del Pleistoceno final se habrían retirado de la mayor parte de Siberia al comienzo del máximo avance glacial (ca. 20.000 años 14C AP). Posiblemente se dirigieron hacia el sur, buscando tierras más cálidas y húmedas, donde los recursos eran más abundantes y las condiciones climáticas más templadas. Dos mil años después (ca. 18.000 años 14C AP) y, luego del restablecimiento de las condiciones algo más cálidas, habrían avanzado nuevamente hacia el norte.

Este desplazamiento no sólo se infiere por el aumento bastante repentino en la densidad de sitios en toda Siberia, sino en la correlativa disminución de evidencias de ocupación en algunos sectores ubicados al sur, como el Archipiélago de Japón.

Rápidamente, los cazadores recolectores siberianos parecen haberse dispersado por un amplio territorio dominado por tundra esteparia, siendo sus evidencias arqueológicas mucho más numerosas y algo diferentes a las del período anterior.

Los investigadores que han trabajado en esta zona denominan a este período como Paleolítico Superior final e incluyen en él a todas las sociedades siberianas que se establecieron allí entre los 18.000 y los 11.000 años 14C AP. Si bien para este período se definieron dos entidades culturales regionales diferentes -Dyuktai y Afontova-Kokodevo- ambas son cuasicontemporáneas y comparten la mayoría de los rasgos de su cultura material. Algunos de los sitios arqueológicos asociados con ellas son Afontova Gora y las cuevas Dyuktai y Khaergas.

Los cazadores recolectores de este período se habrían organizado en pequeñas bandas, posiblemente constituidas por varias familias emparentadas. La poca extensión y simplicidad de los campamentos, la ausencia de estructuras de almacenamiento y la identificación de diferentes eventos de ocupación en algunos de ellos, sugieren que estas bandas trasladaban sus residencias con mucha frecuencia (posiblemente después de algunas semanas) y que los reocupaban repetidas veces(7).

(7) Ibidem.

La alta movilidad residencial pudo estar vinculada con el seguimiento de las manadas de animales que constituían su principal recurso de subsistencia. La economía de estos grupos habría estado basada en la caza de cérvidos (p. ej. ciervos colorados, Cervus elaphus) y, en menor medida, caballos (Equus sp.) y bisontes (Bison sp.). También fueron importantes algunas especies de menor tamaño como liebres árticas, zorros polares y lobos.

excavacin de una vivienda
Izquierda: excavación de una vivienda semisubterránea de huesos y defensas de mamut en el sitio Mezhirich, Ucrania. Arriba a la derecha: reconstrucción del mismo tipo de vivienda en el Museo de Paleontología de Kiev, Ucrania (tomadas de Soffer, 1985). Abajo a la derecha: reconstrucción tomada de Mongait (1959).

La caza de mamuts parece haber sido excepcional. Como aspecto más característico de la tecnología lítica empleada por estos cazadores, puede destacarse la elaboración de instrumentos sobre lascas pequeñas, obtenidas de bloques de piedra especialmente preparados, denominadas microhojas. Estas microhojas pudieron ser empleadas para la confección de un tipo especial de instrumentos denominados “compuestos”.

También eran comunes los instrumentos con dos caras bien definidas o bifaciales, como puntas de proyectil, e instrumentos confeccionados sobre huesos y asta (p. ej. agujas, cuchillos y puntas de proyectiles). De los sitios Studenoe 1 y Ust’Menza 1, ubicados en el Este de Siberia, provienen las evidencias más tempranas de cazadores en esta región, luego del máximo avance glacial.

Una particularidad de estos sitios es la presencia de áreas de habitación de forma circular, de 4-5 metros de diámetro y delimitadas con acumulaciones de piedra. La forma de vida de estos grupos presenta algunas diferencias respecto de los establecidos poco tiempo antes en el sur de Siberia. Los estudios efectuados en el sitio Mal’ta, sugieren que allí los aborígenes podrían ser comparables con los del Este de Europa (p. ej. Ucrania y República Checa) adaptados a la tundra.

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Excavaciones en el sitio Broken Mammoth, Alaska Central (tomada de Hoffecker, 2005).

Ellos ocupaban los campamentos durante un tiempo más prolongado, utilizaban viviendas semisubterráneas más grandes, confeccionadas con paredes de cueros sostenidas con defensas de mamuts y cornamentas de ciervo (Figura 13). También construían estructuras especiales para el almacenamiento de alimentos.

Estos cazadores recolectores habían desarrollado un arte mobiliar bastante complejo y diverso, entre los que se incluyen brazaletes y estatuillas de marfil y hueso, escasamente representado en el centro y Este de Siberia. Una estatuilla de marfil representa una mujer que viste una prenda con capucha similar a la utilizada por los esquimales(8).

(8) S. J. Fiedel. “La gente del Nuevo Mundo (evidencia presente, nuevas teorías y direcciones futuras)”, en: “Revista de investigación arqueológica” 2000; 8, pp. 39-103. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Para finalizar con la caracterización de los cazadores recolectores siberianos, es necesario hacer referencia a dos sitios arqueológicos (Ushki 1 y 5), ubicados más hacia el Este, en la Península de Kamchatka, a orillas del lago Ushki, e investigados inicialmente por N. N. Dikov en 1965; Ushki 5 fue reestudiado recientemente por un equipo ruso-americano encabezado por Dicova, Waters y Goebel(9).

(9) T. Goebel. “La búsqueda de un progenitor de clovis en la Siberia subártica”, en: “Entrando a America (Nordeste de Asia y Behringia antes del último máximo glaciar)”. D. B. Madsen (ed.), University of Utah Press, Salt Lake City, 2004, pp. 311-356. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Ambos sitios presentan una antigüedad de entre 10.000 y 11.500 años 14C AP y su importancia radica en que los cazadores recolectores que los ocuparon a finales del Pleistoceno no dejaron evidencias de utilización de tecnología lítica de microhojas, como sí se observó entre los grupos contemporáneos de Siberia Central. También confeccionaron grandes viviendas semisubterráneas -similares a las del sur de Siberia y Europa Oriental-, puntas de proyectil bifaciales y raspadores.

La subsistencia habría sido establecida sobre la base del aprovechamiento de bisontes, caballos, cérvidos y, en menor medida, aves y peces. Aquí también se registraron restos de perro doméstico(10), cuya presencia pudo implicar cambios significativos en las estrategias utilizadas para las cacerías.

(10) Recuérdese que el perro, sin dudas el animal más fuertemente ligado a las sociedades humanas en la mayor parte del planeta, fue domesticado a partir del lobo (Cannis lupus) con anterioridad a los 12.000 años 14C AP. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Uno de los aspectos más relevantes de estos sitios, para la discusión del poblamiento americano, es que tienen atributos semejantes a los contextos arqueológicos más antiguos de Alaska Central, conocidos como Complejo Nenana (Figura 14).

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