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Las sociedades tempranas de la costa Pacífica de Norteamérica

Las investigaciones arqueológicas en el litoral oeste de Norteamérica adquieren una especial relevancia en el contexto del poblamiento inicial del continente y, al mismo tiempo, imponen serias dificultades para su abordaje. Su relevancia radica en que esta faja de costa pudo haber constituido una vía de comunicación utilizada por los primeros aborígenes llegados desde Asia.

Incluso la información paleoclimática y paleoambiental sugiere que esta vía habría estado libre de hielos más tempranamente que el corredor de Alberta -ubicado al Este de la cordillera- y que, tal vez, ofreció mejores condiciones de habitabilidad para los primeros pobladores.

Sin embargo, debido al aumento del nivel de los océanos en tiempos postglaciales (alrededor de 150 metros en el sur de Alaska), la mayor parte de la antigua faja litoral se encuentra actualmente sumergida. Esto implica que los restos de las ocupaciones humanas establecidas aquí a finales del Pleistoceno, también se encuentran bajo las aguas y, por lo tanto, presentan grandes dificultades para ser hallados e investigados. Además muchos pudieron simplemente desaparecer durante el proceso de ascenso marino.

A pesar de las limitaciones señaladas, las investigaciones en el extremo oeste del continente están generando abundante información sobre los habitantes tempranos de esas regiones. Los fechados más tempranos fueron obtenidos en dos sitios, Daisy Cave y Arlington Springs, ubicados en las islas Channel, en California, cuya cronología los ubica entre los 10.500 y 11.000 años 14C AP(1).

(1) J. M. Erlandson; D. J. Kennett; B. L. Ingram; D. A. Guthrie; D. P. Morris; M. A. Tveskov; G. J. West y P. L. Walker. “Una cronología arqueológica y paleontológica para Daisy Cave” (CASMI-261), San Miguel Island, California, en: “Radiocarbon” 1996; 38, pp. 355-373. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Aunque las fechas no son tan antiguas como las registradas en el interior del continente, las características de los hallazgos ponen de relieve que estas poblaciones desarrollaban una forma de vida muy diferente a la de los cazadores de tierra firme. Estos grupos no sólo habrían empleado embarcaciones para moverse mar adentro, sino que disponían de una tecnología especializada para el aprovechamiento de los recursos del mar, como anzuelos y redes de fibra vegetal y se alimentaban principalmente de moluscos, peces y mamíferos marinos.

Sociedades con características similares, aunque algunos siglos más tardíos, habrían ocupado varias islas ubicadas entre la isla canadiense de Vancouver y el sur de Alaska (p. ej. sitios Kilgii Gwaay, Richardson Island, PET-408)(2). En este caso también habrían subsistido sobre la base del aprovechamiento de los recursos del mar, lo cual fue corroborado mediante estudios específicos de paleodieta efectuados sobre huesos humanos de más de 9.000 años 14C AP(3).

(2) D. W. Fedje; Q. Mackie; E. James Dixon y T. Heaton. “Ambientes tardíos de Wisconsin y visibilidad arqueológica en la costa nor-noroeste ”, en: “Entrando a América (nordeste de Asia y Behringea antes del último máximo glacial)”, editado por D. B. Madsen. University of Utah Press, Salt Lake City, 2004, pp. 97-138.
(3) Dixon, E. J.: “Huesos, barcos y bisontes: la arqueología y la primera colonización del oeste de América del Norte”. University of New Mexico Press, Albuquerque, 1999.
// Todo citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Este tipo de análisis, consistente en la identificación de componentes isotópicos diagnosticados en los huesos, permitió determinar que la dieta habría estado compuesta principalmente por productos marinos. La tecnología lítica utilizada por estos grupos (algunos bifaces lanceolados e instrumentos unifaciales) no tiene analogías claras con otros artefactos de sitios contemporáneos.

El último aspecto relevante de estas sociedades, es la intensa intercomunicación que se habría producido entre las diferentes islas, sea por comercio o por traslado de los propios grupos. Esto se infiere de la presencia -en algunos sitios- de instrumentos elaborados con rocas procedentes de otras islas de la misma región.

- Los hallazgos en las Channel Islands

Así pues, ¿cómo y cuándo alcanzaron el Nuevo Mundo los pobladores iniciales? Este punto sigue abierto a conjeturas aunque, puesto que algunos pueblos se desplazaron hasta el sur de Chile hace más de 14.000 años, sería sorprendente que no hubiesen hecho la travesía por mar.

Las Channel Islands, ubicadas frente a la costa meridional de California, son un paraje agreste y escarpado donde conviven un parque nacional, un santuario marino nacional y un puesto de entrenamiento de los Navy SEALs, las fuerzas especiales de la Marina estadounidense. El archipiélago alberga también miles de yacimientos arqueológicos, la mayoría aún inexplorados.

En 1959, cuando el conservador de museo Phil Orr inspeccionaba la isla de Santa Rosa, descubrió varios huesos de un humano que designó como hombre de Arlington Springs. En aquel momento se atribuyó al conjunto óseo una antigüedad de 10.000 años AP, pero 40 años después los investigadores utilizaron técnicas de datación mejoradas y la fijaron en 13.000 años AP, lo que situaba estos restos humanos entre los más antiguos jamás descubiertos en América.

Hace 13.000 años, las islas más septentrionales que hoy conforman las Channel Islands estaban fusionadas en una sola isla, separada del continente por ocho kilómetros de mar abierto. Obviamente, el hombre de Arlington Springs y sus vecinos isleños tenían embarcaciones capaces de navegar lejos de la costa.

- Una cultura marítima muy desarrollada

Jon M. Erlandson, de la Universidad de Oregon, lleva tres decenios excavando en distintos sectores de estas islas. No ha encontrado vestigios tan antiguos como los del hombre de Arlington Springs, pero ha identificado pruebas contundentes de que la población que vivió aquí algo más tarde, hace unos 12.000 años, poseía una cultura marítima muy desarrollada, con puntas y hojas que recuerdan a útiles de períodos anteriores hallados en las islas japonesas y en otros lugares de la costa asiática del Pacífico.

Según Erlandson, los habitantes de las Channel Islands podrían descender de los grupos que recorrieron lo que él denomina una ruta del kelp -un ecosistema relativamente continuo formado alrededor de lechos de kelp, rebosante de peces y mamíferos marinos- desde Asia hasta América, quizá con una larga escala en Behringia.

Sabemos que en Japón hubo pueblos marineros que utilizaban embarcaciones hace entre 25.000 y 30.000 años. Por lo tanto, parece lógico argumentar que algunos pudieron seguir viaje hacia el norte, surcando la cuenca del Pacífico, hasta alcanzar el continente americano”.

Es fácil imaginar a los cazadores a bordo de sus pequeñas embarcaciones avanzando velozmente cerca de la orilla, aprovechando la abundancia de carne. Pero la imaginación no puede sustituir -en ningún caso- las pruebas fehacientes y, hoy por hoy, aún no se tiene ninguna. El nivel del mar está entre 90 y 120 metros por encima de los máximos alcanzados al final de la última glaciación, lo que significa que los antiguos asentamientos costeros podrían estar bajo decenas de metros de agua y a kilómetros de la línea de costa actual.

Aunque quizá resulte paradójico, el mejor indicio de una migración marítima podría estar tierra adentro, ya que es muy probable que los pueblos que viajaron bordeando la costa explorasen los ríos y las ensenadas que encontraban en su camino.

Existen ya algunas pruebas sugerentes de este hecho en el centro de Oregon, donde se han descubierto -en el interior de unas cuevas- armas arrojadizas parecidas a las puntas halladas en Japón, en la Península de Corea y en la isla rusa de Sajalín, junto a lo que constituye indudablemente el testimonio más pedestre de la ocupación pre-Clovis de América del Norte: heces humanas fosilizadas.

En 2008, Dennis Jenkins, de la Universidad de Oregon, informó del hallazgo de unos coprolitos (término exacto para designar los excrementos fósiles) humanos de entre 14.000 y 15.000 años de antigüedad, en una serie de cuevas poco profundas aledañas a la localidad de Paisley y desde las que se domina un antiguo lecho lacustre.

Las pruebas de ADN han identificado como residuos humanos los coprolitos de las cuevas de Paisley y Jenkins especula con la hipótesis de que las personas que los dejaron podrían haberse adentrado en la región desde el Pacífico, remontando el curso de los ríos Columbia o Klamath.

Y lo que es más, Jenkins dirige su atención a una pista presente en los coprolitos: semillas de Lomatium dissectum, una planta diminuta, nativa del oeste de América del Norte, cuya raíz, comestible, se encuentra enterrada a 30 centímetros de profundidad: “La raíz está ahí abajo -dice-, y para arrancarla necesitas una coa [un palo aguzado para abrir hoyos].
Eso implica, en mi opinión, que aquellas gentes no sólo se dejaron caer por aquí”.

Dicho de otro modo, quienesquiera que vivieron en este lugar no estaban de paso: conocían a fondo el territorio y sabían muy bien cómo obtener sus recursos.

Aparentemente, este es un tema de debate en auge. Se diría que define la historia no sólo de las cuevas de Paisley, sino también de Monte Verde y Friedkin. En cada uno de estos casos -en Oregón, Chile y Texas- cabe apuntar que las poblaciones vivían bien asentadas, cómodas con el entorno y adaptadas para explotarlo, lo que incita a pensar que, mucho tiempo antes de que la cultura de Clovis empezara a expandirse por América del Norte, el continente entero acogió a diversas comunidades de humanos que debieron de llegar en un número indeterminado de migraciones y por otras tantas rutas.

Algunos probablemente llegaron por mar, otros por tierra. Incluso hubo quienes vinieron en un número tan reducido que nunca se encontrará el menor rastro de su existencia.

Hay un montón de información que ignoramos y que tal vez no conozcamos nunca -dice David Meltzer, arqueólogo de la Universidad Metodista del Sur-. Pero no paramos de ingeniar nuevos métodos para encontrar cosas y nuevos medios de dilucidarlas”.

- Huellas muy antiguas en la costa Pacífica de Canadá

Los arqueólogos sabían que en los últimos 15.000 años, durante la era postglacial, cuando las masas de hielo retrocedieron, el nivel del mar experimentó grandes cambios a lo largo de la costa Pacífica de Canadá.

Pero también sabían que el nivel del mar permaneció relativamente estable en algunas regiones costeras exteriores, por ejemplo en la isla de Calvert, en la Columbia Británica, una isla remota que “presenta una oportunidad significativa para localizar sitios arqueológicos de larga duración e indicios de ocupación humana de comienzos de la era postglacial”, según observaron los investigadores en un artículo publicado en “Quaternary Science Reviews”, en Agosto de 2014.

En concreto, estábamos buscando yacimientos arqueológicos de entre 14.000 y 10.000 años de antigüedad, porque sabíamos que el nivel del mar era ligeramente más bajo en esa época(4). Y encontraron las huellas de los pobladores primitivos de Norteamérica, impresas en el suelo arcilloso, como esperando a ser descubiertas.

(4) Duncan McLaren, de la Universidad de Victoria, a “Historia National Geographic”.

- “Los primeros pobladores utilizaron embarcaciones”

La primera huella apareció en un cuadrado de tierra de 50 centímetros por lado que fue analizado en Abril de 2014. Un año después, en Mayo de 2015, aparecieron doce pisadas. “Las huellas se habían conservado en un sedimento blando, en una especie de arcilla gris, y no estaban fosilizadas. Las medidas corresponden a un adulto grande, uno pequeño y un menor”, afirmó McLaren. Evidentemente, podría tratarse de un hombre, una mujer y su hijo, pero todo son conjeturas. Los arqueólogos también han hallado los restos de una hoguera asociada a las pisadas, que presentaba un círculo de guijarros.

Las huellas estaban cubiertas de una arena negruzca, carbonizada, que las ha conservado durante miles de años y que ha permitido fecharlas en unos 13.200 años de antigüedad”, añadió.

Las huellas de la isla de Calvert son una de las más antiguas que se han hallado en Norteamérica. En cambio, en Sudamérica han aparecido huellas más antiguas, de unos 14.500 años de antigüedad, concretamente en el sitio arqueológico de Monte Verde, al sur de Chile.

¿Cómo fue poblado el continente a finales de la última edad de hielo? Es la gran cuestión de la arqueología americana. Los primeros asentamientos de Sudamérica son anteriores al período final de la era glacial, cuando lo que hoy es Canadá estaba principalmente cubierto de hielo.
¿Cómo se desplazó la gente desde Behringia hasta las regiones situadas al sur de estas capas de hielo? Los hallazgos que hemos realizado sugieren que hubo una ruta viable de acceso al continente americano a través de la costa Pacífica. Esto significa que los primeros pobladores utilizaron embarcaciones”, sostuvo McLaren.

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