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El poblamiento temprano de México y Centroamérica

En el territorio actual de México -dejando de lado la Caverna de Hoyo Negro, tratado en otro apartado- existen numerosos estudios en los que se propone la existencia de registros arqueológicos con antigüedades mayores a los 20.000 años(1).

(1) L. Mirambell. “Los primeros pobladores del actual territorio mexicano”, en: “Historia Antigua de México”, volumen I: “El México antiguo, sus áreas culturales, los orígenes y el horizonte Pre-clásico”, L. Manzanilla y L. López Luján (coordinadores). INAH, México DF, 1994, pp.177-208. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Sin embargo, la precisión de las descripciones de los materiales y de las metodologías aplicadas para su análisis son insuficientes aún para considerarlos como pruebas seguras de un poblamiento pre-Clovis de América.

Teniendo en cuenta los estándares de la ciencia arqueológica contemporánea y la escueta documentación proporcionada sobre estos sitios, puede señalarse que la mayor parte de ellos no exhibe contextos que justifiquen su aceptación plena(2).

(2) G. Acosta Ochoa. “Las ocupaciones precerámicas de la cuenca de México. Del poblamiento a las primeras sociedades agrícolas”, en: “Arqueoweb: Revista sobre Arqueología en Internet”, 2007; 8 (2), pp. 1-14; E. J. Dixon. “Huesos, barcos y bisontes: la arqueología y la primera colonización del oeste de América del Norte”. University of New Mexico Press, Albuquerque, 1999. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

El problema principal que presentan es la dificultad para determinar si los materiales fechados tienen la misma antigüedad que las evidencias arqueológicas allí registradas y, en algunos casos, si estas últimas evidencias son realmente materiales producidos por humanos.

Entre estos sitios pueden mencionarse Rancho La Ampola y el Cedral (San Luis de Potosí), donde se propone la presencia de cazadores recolectores de más de 30.000 años de antigüedad a partir del fechado de carbones interpretados, sin evidencias suficientes, como el producto de fogones.

mapa de mxico y sudamrica
Mapa con ubicación de los sitios de México y Centroamérica mencionados en el texto. 1.- El Cedral y Rancho La Ampola; 2.- El Peñón 3; 3.- Tlapacoya 1; 4.- Valsequillo; 5.- Los Grifos; 6.- Las Palmas/Naharon/Aktun Ha (México); 7.- Los Tapiales (Guatemala); 8.- Corona; 9.- Agua Dulce; 10.- Cueva de los Vampiros (Panamá).

Tampoco son sólidos los argumentos para sostener las dataciones más antiguas del conocido sitio Tlapacoya 1, ubicado en la cuenca de México. Allí se identificaron algunos posibles artefactos líticos, varios restos óseos de fauna extinguida y una estructura circular interpretada como un fogón, de cuya ceniza se obtuvieron fechados de alrededor de 24.000 años 14C AP.

Sobre la ocupación temprana de México hay que mencionar también la conocida localidad arqueológica Valsequillo (ubicada al sur de Puebla) que ha sido objeto de numerosas investigaciones y polémicas desde mediados del siglo XX. De esta zona proceden numerosos reportes de sitios con una gran abundancia y diversidad de fauna extinguida como bisontes, caballos, antílopes, gliptodontes y perezosos.

Si bien en estos sitios las evidencias humanas de más de 20.000 años eran -hasta ahora- muy fragmentarias y endebles, sobre todo por los problemas que presentan en cuanto a la cronología y los procesos naturales de formación, investigaciones recientes dirigidas en el área sugieren una ocupación temprana.

En un trabajo publicado en 2006(3), ya se proponía una edad de 40.000 años para una serie de huellas dejadas presumiblemente por seres humanos en un sedimento blando. Estas huellas habrían sido producidas por un grupo de personas de diferentes edades en una capa de cenizas volcánicas depositadas sobre la playa de un antiguo lago cercano al volcán Toluquilla. La fosilización de los rastros se produjo porque fueron rápidamente cubiertos por el lago y tapados con depósitos de limo.

(3) González González, H., C.; A. Rojas Sandoval; M. Terrazas Mata; Benavente Sanvicente y W. Stinnesbeck. “Poblamiento temprano en la Península de Yucatán: evidencias localizadas en cuevas sumergidas de Quintana Roo, México”, en: “Simposio Internacional del Hombre temprano de América”. Conaculta, INAH, México, 2006. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

La exposición posterior de estos sedimentos, a causa del descenso del nivel del lago y la erosión del limo depositado sobre las huellas, permitió observarlas nuevamente en el paisaje actual. Es importante aclarar que este sitio aún debe ser considerado con precaución, debido a que otras investigaciones efectuadas en la misma localidad(4), sugieren una edad de más de un millón de años para la capa de cenizas sobre la que se encuentran las huellas. Si así fuera, sería muy poco probable que las hayan producido seres humanos.

(4) P. Renne; J. Feinbeirg; M. Waters; J. Arroyo-Cabrales; P. Ochoa-Castillo; M. Pérez-Campa y K. Knight. “Edad de la ceniza mexicana con supuestas ‘huellas’”, en: “Nature”, 2005; 438, pp. E7-E8. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

No obstante, si la profundización de los estudios confirma la antigüedad de este sitio (y todo hace pensar, tras Hoyo Negro que sería así) pronto podría convertirse en la evidencia sólida más temprana del poblamiento americano. Esto obligaría, al mismo tiempo, a reevaluar y reestudiar cuidadosamente los numerosos sitios ubicados en otras zonas de México actualmente no considerados confiables.

Aun reconociendo que la hipótesis de la ocupación muy antigua del actual territorio de México carece de respaldo empírico, debe señalarse que existen evidencias concretas de presencia humana pre-Clovis o para-Clovis (es decir contemporáneo de Clovis) en este sector del continente. Entre estas evidencias se destacan los restos humanos de 11.650 años 14C AP hallados en el sitio Naharon, en la Península de Yucatán (Quintana Roo).

Uno de los aspectos más interesantes de estos materiales y de muchos otros de cronología similar o algo más tardía procedentes de la misma región, es que fueron detectados en el interior de sistemas de cuevas sumergidas. El escaso movimiento o baja energía del agua en estas formaciones ha permitido un alto grado de preservación de los conjuntos arqueológicos.

Varios esqueletos humanos registrados en estas cuevas (como Las Palmas y Aktun Ha) presentan edades máximas similares a los de otras zonas de México, como El Peñón III y Tlapacoya 1, ubicadas entre los 9.000 y 11.000 años 14C AP. Estas cuevas fueron recurrentemente utilizadas por sociedades aborígenes cuando el mar Caribe registraba una cota de 50 metros por debajo de su marca actual.

Como fue señalado en otro apartado, el avance de los mares sobre los continentes -a finales del Pleistoceno- se debió al derretimiento de los glaciares, cuyo efecto más visible fue el anegamiento de amplias extensiones de ambientes litorales y de los sitios arqueológicos generados con anterioridad por las sociedades establecidas en la costa.

Sólo en el extremo Este de la Península de Yucatán se identificaron más de 150 cuevas de este tipo, en algunas de las cuales se hallaron abundantes y diversos restos arqueológicos. El estudio de este tipo de conjuntos es muy costoso y constituye la tarea principal de un área especial de la arqueología, denominada Arqueología Subacuática.

Un tema sobre el que todavía no se conoce demasiado en la región, es el referido a las sociedades vinculadas con Clovis. A pesar de la amplia distribución -en las planicies norteamericanas ubicadas más al norte-, los contextos tecnológicos de este tipo son escasos en México. La mayoría de ellos se registró en el noroeste del territorio y, debido a que generalmente proceden de sitios superficiales, no ha sido posible determinar su antigüedad.

El único dato con cronología precisa de puntas acanaladas en México, procede del sitio Los Grifos, en el Estado de Chiapas, con una edad sorprendentemente joven para este tipo de registro (9.400 años 14C AP). Incluso, algunas puntas acanaladas presentes en este sitio son algo diferentes a las Clovis, asemejándose -en algunos casos- a las denominadas puntas “cola de pescado” que son características de ocupaciones antiguas de Sudamérica.

Lo que parece claro es que si bien los cazadores de fauna extinguida (p. ej. mamuts) de finales del Pleistoceno ocuparon buena parte de esta región, no utilizaron -de forma generalizada- una tecnología de puntas acanaladas.

La situación del conocimiento sobre el poblamiento temprano de Centroamérica presenta algunas similitudes con el panorama observado en México. Aquí también se conocen referencias de materiales atribuibles a momentos tempranos, pero la información obtenida de los sitios de donde proceden no es suficiente para establecer asociaciones contextuales y cronológicas precisas. Tal es el caso de los hallazgos de puntas de proyectil acanaladas, tanto Clovis como del tipo “cola de pescado”, en numerosos sitios -en su mayoría superficiales- de Guatemala, Belice, Costa Rica, Panamá y Honduras(5).

(5) A. J. Ranere y R. Cooke. “Ocupación paleoindia en los trópicos centroamericanos”, en: “Clovis: orígenes y adaptaciones”, editado por R. Bonnichsen y K. L.Turnmire. Ed. por el Centro para el estudio de los primeros americanos, Oregon State University, Corvallis, 1991, pp.237-253. // Citado por Gustavo G. Politis, Luciano Prates y S. Iván Pérez. “El poblamiento de América (Arqueología y bio-antropología de los primeros americanos)” (2008), en: “Colección Ciencia Joven” 35. Ed. Eudeba, Buenos Aires.

Los únicos sitios con puntas acanaladas y edades bien definidas son “Los Tapiales”, en Guatemala (fechado entre 9.000 y 11.000 años 14C AP) y la Cueva de los Vampiros, en la costa Pacífica de Panamá (fechado entre 9.000 y 11.500 años 14C AP), este último con puntas “cola de pescado”.

Otros sitios tempranos de Panamá -con fechas cercanas a las mencionadas, pero sin hallazgo de puntas- son los abrigos de Aguadulce (ca. 10.700 años 14C AP) y Corona (ca. 10.500 años 14C AP). A pesar de que las limitaciones señaladas no permiten alcanzar un alto grado de resolución en las interpretaciones sobre la vida de las sociedades en el pasado, la combinación de los datos disponibles con la información paleoambiental permitió inferir algunas tendencias generales.

Los ya citados autores Ranere y Cooke, concluyen que los cazadores recolectores tempranos de Centroamérica se organizaban en pequeñas bandas, altamente móviles, que explotaban una amplia diversidad de los recursos típicos del área boscosa que ocupaban. A pesar de la mayor temperatura y aridez registradas durante finales del Pleistoceno, gran parte de esta región habría estado ocupada por bosques.

Esto refleja una importante diferencia respecto de la concepción generalizada, según la cual las sociedades que empleaban puntas acanaladas ocupaban las grandes praderas habitadas por los grandes mamíferos pleistocénicos.

A modo de cierre, pueden señalarse varias tendencias generales que permiten, al menos, sintetizar el estado de la situación:

* primero, parece claro que las ocupaciones más tempranas se establecieron en Norteamérica entre los 12.000 y 17.000 años 14C AP.
* segundo, hacia los 11.000 años 14C AP, los grupos asociados con estas ocupaciones ya se habían distribuido a lo largo de una amplia diversidad de ambientes y exhibían una gran variabilidad adaptativa, desde cazadores especializados en la captura de megafauna pleistocénica -ocupantes de las planicies interiores- hasta grupos típicamente litoraleños que aprovechaban recursos del mar.
* tercero, hacia esta misma fecha, no se observa ninguna tendencia en cuanto a la cronología y distribución espacial de los sitios y, por lo tanto, no sugieren una direccionalidad en el desplazamiento de los grupos. Esto podría indicar que ellos no se encontraban -en ese entonces- en proceso de expansión sino que, posiblemente, la irradiación se había producido algunos milenios antes.

En términos generales, la idea del ingreso de un grupo colonizador único en el continente hace poco más de 11.000 años 14C AP -como proponen los defensores del modelo “Clovis-primero”, parece improbable. No se esperaría, en este caso, un proceso de expansión y diferenciación adaptativa tan veloz. Tampoco parece consistente el modelo con la ausencia en Siberia de una tecnología equivalente a la de Clovis, lo cual se esperaría si el desplazamiento de esta cultura desde el Viejo Mundo fue tan rápido como se propone.

Esta hipótesis también ha encontrado serias dificultades para explicar el ingreso de los grupos a través del “Corredor de Alberta”, donde las condiciones debieron ser extremas para la supervivencia. Debe también señalarse que, así como la simplicidad del modelo “Clovis-primero” no parece explicar la complejidad del registro arqueológico de Norteamérica y Siberia, falta confirmar fehacientemente las evidencias sólidas de ocupaciones significativamente más tempranas (por ejemplo algunos milenios antes).

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