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Imagen de la Monarquía barroca

Imagen de la Monarquía barroca

por Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce(*)

La Europa barroca es un continente crítico. Crisis económicas -hambres, revueltas campesinas-; crisis políticas -la guerra de los Treinta Años (1618 a 1648); la Fronda; la revolución inglesa de 1688; crisis religiosas -el jansenismo, la revocación del Edicto de Nantes-; crisis, por fin, intelectual.

Es también la época del apogeo del absolutismo, en la que llega a su madurez la “monarquía absoluta de derecho divino” con su más precisa encarnación: Luis XIV, Rey de Francia.

Arbitro de Europa, hábil diplomático, admirable reorganizador de su Administración y del ejército -que hacia 1667 era el mejor dotado del continente-, para él, “engrandecerse es la más digna y la más agradable ocupación de los soberanos”.

Francia salió favorecida de ello.

Pero en el siglo XVII no sólo importan los teorizadores sino el pensamiento de algunos hombres que hacen política. Por un lado, Europa asume el sentido de la modernización del pensamiento político señalado en España por Vitoria y Suárez, especialmente en cuanto a la concepción de la política como ordenación de un sector de la realidad natural mediante criterios, igualmente, naturales(1).

Temas encarados por aquéllos se harán transparentes en Hobbes, y aún en Grocio, Pufendorf y Wolff.

Por otro lado, son también representativos los escritos de los hombres de acción, como Richelieu, Luis XIV, Bossuet, Fenelon, que traducen experiencias y denuncian la influencia de los acontecimientos.

El Estado, en Hobbes, es el Estado absoluto en plenitud. El soberano no está sujeto a límites de ninguna clase. Aquél escribe en medio de la lucha política y piensa en la monarquía como salvación de un Estado en quiebra. Imagina una deidad formidable y dominante: el Leviatán.

El sistema absolutista tendrá, para su apogeo, una rotunda teorización. Pero el intelectual es un moralista de su tiempo. Y si Hobbes había buscado la exasperación del poder para dominar una realidad díscola, Milton, Sidney, Harrington y Hooker anuncian a John Locke, a quien preocupará sobre todo la limita­ción del poder para evitar la prepotencia arbitraria del príncipe.

La teoría política refleja la renovación de las ideas, pero también la influencia recíproca entre el pensamiento y la vida política concreta.

Europa proyecta la sombra de Maquiavelo y el perfil de Richelieu. Y es curioso que mientras en España se pierde el aliento imperial de otrora, el “testamento” de aquel explotador de la “razón de Estado” diga que es cosa segura que los españoles nos superan en constancia, firmeza, celo y fidelidad hacia su rey y su patria...

Notas

(*) Material extraído del libro “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 5, de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce.

(1) Halperín Donghi, Tulio, Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo. Ed. Eudeba. Buenos Aires, 1961. 

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