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LA DUALIDAD PENDULAR DE ESPAÑA

La dualidad imperial de España

por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce(*)

La España imperial, la que había conjugado hasta Felipe II el poder y la gloria y había hecho de su “misión civilizadora” un comportamiento nacional destinado a Europa tanto como al Nuevo Mundo, comienza un trascendental repliegue histórico.

El paso de la ecumenidad al aislamiento, de la alteración al ensimismamiento, de la vertebración con Europa a una suerte de vago repudio a lo europeo, es uno de los hilos conductores de la trama del siglo, visto desde España.

José Antonio Maravall lo sigue desde Fernando e Isabel hasta Carlos I, en que los pensadores españoles hablan de Europa y del orbe cristiano con la confianza y la autoridad de los portavoces legítimos.

Durante el reinado de Felipe II y, especialmente de Felipe III y Felipe IV, España trata de imponer a Europa “su” concepto civilizador y levanta una columna política y otra militar, que forman un trípode con la religiosa de la Contrarreforma.

Paulatinamente, el pensamiento político y teológico español a través de Rivadeneyra, de Márquez y Quevedo, de Saavedra Fajardo, de Andrés Mendo y otros, bosqueja una concepción del “orbe cristiano” que se opone a la de la Europa de Maquiavelo, Guicciardini, Bodin, Grocio, Hobbes, Pufendorf y aún a las ideas revolucionarias de la ciencia de Kepler, Bacon, Galileo y Descartes.

La casi totalidad de los pensadores españoles se alza contra la imagen de Europa que se fragua fuera de España. Esa imagen es la de la neutralidad religiosa, la monarquía absoluta, fundada en la “razón de Estado”, la secularización y la amoralización del orden y de la acción política.

No se entiende la vigencia de la llamada “leyenda negra” sin ese proceso simétrico: España no se sitúa ya “en” Europa, sino “contra” Europa.

Europa comienza, junto con las acciones guerreras y los litigios dinásticos, el proselitismo deliberado contra la monarquía española. España responde con el aislamiento y la hostilidad.

Lo “extranjero” será combatido, porque equivale a “lo europeo”. Notable mutación de la postura mental y política de España: Asume la actitud del “pueblo elegido”, asediado por la herejía y la heterodoxia.

Europa se erige, para ella, como el reino del “maquiavelismo”. Y entonces España responderá con el antimaquiavelismo, pero bajo la forma de una ideología política.

El maquiavelismo será para los españoles la herejía de los “políticos” y la doctrina de Europa. Los pensadores españoles terminarán por nacionalizar el antimaquiavelismo y por hacer de la interpretación española del catolicismo la ideología de su monarquía.

Nota

(*) Material extraído del libro “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 5, de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce.

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