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La teoría del Estado

La Teoría del Estado

por Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce(*)

“Antimaquiavelistas” y “ortodoxos”, los pensadores españoles del siglo XVII se plantean, como otrora, la cuestión del orden de la sociedad y del poder, de su necesidad y de su origen.

Se refuerza la tesis del origen divino del poder, ante los desafíos de la época. Y por la religión pasa la línea “amigo-enemigo”.

El siglo XVII es el de los príncipes, que se consideran enrolados ya en uno u otro bando, según sea su militancia religiosa o laica, y que buscan consolidar su poder. Poder de origen divino, titularidad -para algunos- de origen popular, ejercicio principesco, éste sigue ordenado al bien común.

El empirismo domina al pensamiento político español, tanto como a buena parte del transpirenaico: La mayoría se inclinará por la monarquía, que en España se defiende con argumentos que destacan su eficacia.

Para el español del siglo XVII no se trata ya de convencer a nadie sobre las bondades del sistema, sino de dar a éste orden y medida. Como bien describe Maravall, el Gobierno monárquico con pleno ejercicio de la soberanía por el titular, designado éste por principio hereditario, sujeto a la Ley, es la concepción predominante entre los escritores españoles del siglo XVII.

Si en Rivadeneyra, el rey es “vicario de Dios”, se debe no sólo a que el poder tiene un sentido determinado por su origen y por su fin, sino porque el rey es aglutinante político ligado a la religión.

Si España es la “ortodoxia” frente a la “heterodoxia” europea, el gobernante de un Estado cristiano debe ser un “príncipe cristiano”.

La teoría política española del XVII llega, así, a una idea “personalizada” del Estado, encarnado en el príncipe que, por lo tanto, hay interés en educar, porque es el “alma del Estado”, el “corazón del Reino”.

Sólo al príncipe -hombre público-, le es accesible el arte político, y su cultivo requiere cualidades que el escritor español resume, en general, en que ha de ser verdaderamente virtuoso.

El título de la obra clásica de Saavedra Fajardo -Idea de un príncipe político cristiano-, representa la preocupación de los españoles que teorizan sobre el poder: El príncipe debe ser virtuoso, prudente, veraz, justo, templado, fuerte -en primer lugar para resistir a sus impulsos, pero también por necesidad del “arte militar”- y, sobre todo, fiel a la “religión verdadera”.

Se teoriza, incluso, sobre los consejos, sobre el valido -amigo del rey, no suplente-, y sobre la tiranía. Guillén de Castro hará decir, en El amor constante, que: ¿El Rey, en siendo tirano, luego, deja de ser Rey?

Y Quevedo: “Ser tirano no es ser, sino dejar de ser”.

Nota

(*) Material extraído del libro “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 5, de Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce.

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