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Consejo de Indias

Inmediatamente después del Rey en dignidad y atribuciones, venía el Consejo de Indias, creado en 1524. Organo asesor del monarca y vocero de su voluntad en asuntos americanos, tenía plenas facultades administrativas y judiciales.

La actual división de poderes que distingue a la organización constitucional de los Estados modernos fue una creación del siglo XVIII y por ende era desconocida en aquel tiempo. Las actividades del Estado se distinguían entonces por funciones y éstas eran fundamentalmente cuatro:

1) Gobierno, que comprendía la tarea legislativa, el nombramiento de funcionarios, capitulaciones, mercedes, etc.; en fin, todo lo que hoy se entiende por “Administración del Estado”, con exclusión de los aspectos impositivos, financieros y militares.

2) Justicia, o sea el ejercicio de la actividad judicial.

3) Guerra, que abarcaba todo lo relativo a la organización y defensa de los reinos de la Corona; y

4) Hacienda, comprensiva de la organización y administración financiera e impositiva del Reino.

Contra lo que es usual en nuestra época, estas funciones no eran atribuidas con exclusividad a distintos órganos o funcionarios. Por el contrario, la mayor parte de estos desempeñaban varias de las nombradas funciones.

Por ejemplo, los gobernadores tenían funciones de Gobierno, Guerra y Justicia; las Audiencias, de Gobierno y Justicia; los Cabildos, de Justicia, Gobierno y Hacienda; y así sucedía en casi todos los casos.

Este sistema, que puede parecer caótico visto superficialmente, no lo era en realidad y respondía a una estructura coherente. Al acumular diversas funciones en un mandatario se producía simultáneamente la diversificación de cada función entre varios de ellos, de modo que resultara un recíproco control entre los diversos magistrados y funcionarios. No existía entre ellos una estricta dependencia. El virrey podía dar órdenes a los gobernadores, pero éstos no eran nombrados por aquél, sino por el Consejo de Indias, y podían comunicarse con éste sin intervención del virrey.

A su vez las resoluciones de los gobernadores podían ser revocadas por la Audiencia.

La clave del sistema residía en el concepto de equilibrio de las funciones -a diferencia de la separación moderna de poderes-, y este equilibrio se logró tan acabadamente que puede decirse que no existía entre las autoridades residentes en América una propiamente suprema, al punto que hoy se discute aún si la Audiencia era superior al virrey o éste a aquélla.

Esta carencia de autoridades supremas constituye, con la división de funciones, la característica fundamental del régimen político indiano. Esto ha hecho decir a Zorraquín Becú, que en el caso de la América hispánica no puede recurrirse a la imagen de la “pirámide jurídica” y que mejor debe representarse el sistema por una circunferencia cuyos rayos parten todos de la Corona, quedando cada autoridad en estado de interdependencia y a la vez con cierta autonomía funcional.

El Consejo de Indias reunía inicialmente todas las funciones mencionadas, pero ya en el siglo XVI perdió la mayor parte de las de Hacienda en beneficio del Consejo de Hacienda, y las de Guerra que pasaron a la Junta de Guerra. Agregaba en cambio una facultad importantísima que podía extenderse a las cuatro funciones y de la que también gozaron los magistrados de Indias en la esfera de su competencia: Asesorar al Rey en todo lo que conviniese. El Consejo era el máximo legislador de las Indias, se ocupaba del ejercicio del Real Patronato, de las divisiones territoriales, del nombramiento de los funcionarios y del cuidado de los indios.

Era también el máximo tribunal de apelación en asuntos judiciales y controlaba el buen funcionamiento de los tribunales inferiores.

Bibliografía:

Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce - “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 6.

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