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Frontera comercial en Jujuy

Casi inmediatamente Buenos Aires gestionó una suavización del régimen del puerto y el traslado de la Aduana Seca a Jujuy. Lo primero se fue realizando lentamente con sucesivas Reales Cédulas y lo segundo tuvo satisfacción relativa en 1676 y definitiva y total en 1696. El traslado de la Aduana a Jujuy ponía una suerte de frontera comercial al territorio, favoreciendo la integración económica de todas las ciudades entre Jujuy y Buenos Aires. Conviene señalarlo para recordar que la constitución definitiva del territorio argentino no fue casual ni deriva exclusivamente de las vicisitudes de la guerra de la Independencia.

Además de la moralización de la función pública, otro gran problema se presentó a la administración colonial de toda América, estrechamente vinculado con el anterior y que muy pocos en la época vieron en toda su dimensión. Nos referimos a la venta de los cargos públicos. El ruinoso criterio fiscalista de la política de la Corte, dispuesta a sacrificarlo todo a la solución de los apremios financieros, encontró en América un buen terreno para la negociación de los oficios públicos, que se ofrecieron en venta tanto en España como en América.

No era éste el mejor medio de moralizar la administración ni de lograr que ésta estuviera en la mano de los mejores, antigua y olvidada aspiración del rey Carlos I. Cuando el cargo confería un prestigio particular o daba al titular la ocasión de obtener poder o fortuna, la compra era disputada, no faltando quien, habiéndolo comprado en España, lo revendiera en América con gran ganancia. Pero si se trataba de una región pobre como Buenos Aires, los aspirantes a la compra eran escasos, y oportunidades hubo en que ofrecido un cargo de Regidor públicamente, quedó vacante por falta de interesados.

La Administración pasó así a aquellos para quienes el servir al Rey era cosa secundaría, y lo principal servirse a sí mismos. Por supuesto hubo excepciones y fieles servidores aún en los cargos que se vendieron. Pero más interesante que tratar de establecer un cómputo -por otra parte imposible-, de funcionarios leales o interesados, es de destacar que pese a este duro golpe llevado a la administración indiana desde su misma cúspide, fue tan sólida su estructura que se mantuvo en pie y sin variantes, útil a la Corona y a los americanos, por más de un siglo.

Bibliografía:

Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce - “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 6.

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