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LA CIUDAD DE VERA DESDE SU FUNDACION HASTA LA CRISIS DE 1631

La ciudad de Vera desde su fundación hasta la crisis de 1631

por el doctor Ernesto J. A. Maeder(1)

La fundación de Corrientes en 1588 completó el largo proceso de conquista y poblamiento de la cuenca rioplatense. Con ella se anudaron definitivamente las comunicaciones fluviales entre Buenos Aires y Asunción, a través de un puerto intermedio.

Durante un siglo y medio, desde su enclave original sobre el Paraná y cerca de la desembocadura del río Paraguay, Corrientes se afirmó en esa situación, ensanchando muy lentamente y con dificultades el ámbito de su jurisdicción.

Aunque la crónica de esta época ha sido expuesta en varias oportunidades por autores calificados, parece necesario agregar a los hechos ya consignados una comprensión regional -antes que provincial-, de ese proceso, así como también una atención más cuidadosa a los problemas aborígenes y a las estructuras económicas y sociales que gravitaron en su desenvolvimiento.

A través de una síntesis así concebida, se muestran los inicios de la vida correntina hasta 1631, en que se produce el desdoblamiento del Guairá misionero y Concepción del Bermejo en el Chaco, hechos que influyen sobre la vida de Corrientes de modo singular y que marcan el inicio de una época en que la defensa de las fronteras se tornó un problema capital para esa ciudad.

Hay que referirse al poblamiento del territorio correntino desde la costa del río Uruguay por los guaraníes y describir después las características de la economía y la sociedad correntinas. Finalmente, hay que reseñar el proceso de definición del territorio sujeto a la ciudad, y su gradual poblamiento, hasta alcanzar las márgenes del río Santa Lucía. La posterior pacificación de las fronteras y el desarrollo ganadero, cierran este ciclo, que puede darse por concluido a mediados del siglo XVIII.

Esta etapa tan prolongada constituye, por ello, el pórtico y la introducción necesaria a la etapa de expansión de Corrientes, que recién se produce en la segunda mitad del siglo.

Por otra parte, sin el conocimiento de estos antecedentes, así como la marginalidad que le correspondió a Corrientes durante el período de la Gobernación del Río de la Plata, no es posible comprender la magnitud de los cambios que se produjeron en su territorio, y que afectaron a su población, su economía y aun a sus propias instituciones.

La fundación de Corrientes forma parte del proceso de conquista y poblamiento del Litoral argentino. Descubierto y explorado por las expediciones de Sebastián Caboto y Diego García, su conocimiento se fue haciendo más preciso en los viajes posteriores, que consolidaron el núcleo fundamental de la ciudad de la Asunción.

Un conjunto de observaciones y de referencias cartográficas indica que Corrientes había llamado tempranamente la atención de los españoles, tanto por su ubicación estratégica, como por las características de su población aborigen. Fray Juan de Rivadeneyra, en su relación al Rey, de 1581, resumió esta apreciación en términos geopolíticos.

La segunda gobernación (se refiere a las posibilidades de fundarla), alcanza ... hasta las siete corrientes, que es donde se dividen y apartan los ríos que dan el nombre al Río de la Plata, que se llaman Paraná y el Paraguay... y hay aparejo para poblar otras dos ciudades, en el Río que se llama de las Palmas (actualmente Riachuelo) que tiene mucha cantidad de gente, que se podrá dar de comer a cien españoles(2).

El acierto de esta observación fue apreciado algunos años más tarde. Juan de Torres de Vera y Aragón, heredero de las capitulaciones firmadas por su suegro, el Adelantado Juan Ortiz de Zárate, había logrado impulsar -por intermedio de sus capitanes-, la fundación de Buenos Aires, en 1580, y de Concepción del Bermejo, en 1585.

Con autorización de la Audiencia, viajó desde Charcas, en 1587, a tomar posesión de su Gobierno en Asunción, y desde allí dispuso las medidas necesarias para fundar una tercera población, fundación que se llevó a cabo el 3 de Abril de 1588.

La nueva ciudad, que se llamó de Vera, fue establecida en el sitio de las siete corrientes, y a su fundación concurrieron dos contingentes simultáneos que partieron de Asunción.

Uno de ellos, navegó en balsas y navíos, al mando del capitán Alonso de Vera, “el Tupí”, y el dirigido por Hernandarias marchó arreando los

... caballos, yeguas y vacas, que fue de mucha importancia, en lo cual y en abrir camino se ocupó tres meses, pasando grandísimos trabajos...(3)

El propio Adelantado, personalmente, dio allí el nombre a la ciudad; señaló su jurisdicción; nombró a las autoridades, tomándoles inmediato juramento; indicó sitio para la iglesia, colocada bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario; alzó el Rollo y marcó el ejido de la población.

Cumplidos estos pasos, Torres de Vera se embarcó con destino a España, dejando a cargo de la empresa, con amplias facultades, a Alonso de Vera.

A la instalación de la ciudad, siguieron los primeros actos de dominio, tales como la distribución de la tierra y el sometimiento y encomienda de los indios, así como la organización económica de la ciudad.

De la tierra, sabemos que las cuadras y solares de la traza urbana se distribuyeron por el mismo Adelantado, aunque no se conserva el Padrón original. En años posteriores, a partir de 1590, se repartieron tierras para chacras, desde el ejido de la ciudad hasta 10 ó 12 leguas, sobre las costas del Paraná y del Riachuelo; en 1591 se distribuyeron suertes de estancias para ganado, que alcanzaron a unas 20 leguas de distancia, llegando, aproximadamente, a las costas del Empedrado o del San Lorenzo(4).

En 1595, 1598 y 1601 se aumentó el número de tierras distribuidas en Corrientes, a las que deben añadirse las que, en 1598, se otorgaron en la costa del Chaco(5).

Del mismo modo, fueron encomendados gradualmente los indios comarcanos, en repartos que se registraron en 1588, 1589, 1590, 1592, 1593 y 1598(6). Este empadronamiento se fue integrando en duras luchas, que tuvieron principio en los días iniciales de la fundación, como el propio Cabildo lo señaló a la Audiencia, merced al nervio tenaz de su caudillo, Alonso de Vera, quien

...siempre ha administrado justicia y traydo nuevas naciones de yndios al servicio de Dios Nuestro Señor y de Vuestra magestad, por su buena maña e yndustria, poniéndolos en pulicía del conoscimiento de Dios Nuestro Señor y obediencia y servidumbre de vuestra magestad, y mediante los dichos yndios, esta ciudad ba en aumento, porque nos ban sirviendo en la conquista y población desta ciudad. Y así fue Nuestro Señor servido para que se tubiese bitoria con los yndios guaranís que hacían muchos desastres por navegación y camino, en cierta batalla que se tuvo con ellos, y conseguida la bitoria, por ser indios tan belicosísimos, se a asegurado este camino... Espérase que será una de las poblaciones más fértil que a habido en esta provincia y más necesaria, por estar en medio de las ciudades desta provincia, donde era la ladronera de los yndios belicosos, y aun para la conservación della(7).

Fue menester una lucha enconada por parte de los conquistadores para lograr el sometimiento y pacificación de los indios. Estos llegaron a poner asedio a la ciudad, y entre los pocos hechos conservados por la tradición, se recuerda una derrota española en el campo de la mandioca (¿1590?) y la defensa del Fuerte, que dio lugar a la veneración de la Cruz erigida en aquel lugar, y que se llamó luego del Milagro(8).

Con intervalos, y aún con riesgos de despoblación, la lucha con los aborígenes se prolongó hasta la primera década del siglo XVII, en que el dominio del sitio se tuvo por seguro(9). A ello contribuyó, sin duda, la radicación de algunas parcialidades aborígenes en reducciones y poblados, como los de Itatí, Santa Lucía de los Astos y San Francisco, organizados entre 1615 y 1616 por la mano severa de Hernandarias, y colocados bajo la doctrina de los franciscanos(10).

Este proceso de ocupación del suelo, organización de encomiendas y reducciones requiere indicar, siquiera someramente, la protohistoria aborigen y la descripción de sus habitantes a fines del siglo XVI.

Este mundo indígena que se enfrenta con los españoles, no formaba una sociedad culturalmente homogénea ni solidaria. Estaba constituido por parcialidades numerosas, separadas por leguas, economías e, incluso, rivalidades antiguas.

No obstante, por encima de este panorama, se pueden distinguir los límites más o menos precisos de ciertos pueblos, cuyas características, hasta donde es posible conocerlas, indican perfiles culturales propios.

La arqueología ha puesto de manifiesto un poblamiento primitivo del Norte de la Mesopotamia, caracterizado por industrias líticas y economía recolectora, que fue datado, aproximadamente, en los años 6000 y 1000 a. de C.

Una cultura de rasgos más evolucionados, propios de un pueblo muy extendido, cuyo origen está en el Sur del Brasil, hace su aparición en distintos lugares de la costa del Paraná. Se los conoce como grupo kaingang. Estos son los habitantes antiguos de la Mesopotamia, y las cronologías aproximadas los sitúan entre el 1500 a. de C y el 1000 d. de C.

Estos pobladores poseyeron una economía de caza y recolección de frutos y raíces, conocieron las redes y la cestería. Sus viviendas fueron mamparas de esteras o paravientos, y su vestido, mantos de pieles y cortezas. Dominaron el arco y las flechas, y practicaron la cremación de sus muertos. De físico bajo y grueso, parecen haberse refugiado hacia el interior de la Mesopotamia, debido a la presión de otros grupos indígenas.

En el siglo XVI, pueden ser identificados como yaros, en el río Uruguay, gualachíes, más al Norte, o como chanáes salvajes, según Schmidl. En Corrientes perduran hasta el siglo XVIII, diluyéndose gradualmente entre la población mestizada del interior, en el siglo XIX.

Algo más tarde, sin que se conozca con precisión la fecha, pero indudablemente antes de la llegada de los guaraníes, la arqueología ha localizado en ambas márgenes del río Paraná e islas, desde la desembocadura del río Paraguay hasta el Delta, restos cerámicos que indican la presencia de un pueblo típicamente agrícola.

Estos indígenas, que Canals Frau adscribe como grupo litoral, que Serrano denomina ribereños plásticos y González como chaná timbúes, presentan características particulares, tipificadas por una cerámica y zoomorfa de cabezas de loros, platos y la llamada alfarería gruesa.

Estos ribereños, que poseen canoas, que cultivan el maíz y el zapallo, que alternan caza y pesca, construyen sus poblados en la orilla de los ríos, en zonas apropiadas para extender sus cultivos. Entran en contacto con las poblaciones nativas más antiguas (la llamada cultura básica del litoral, de Serrano), y perduran en este estado hasta el siglo XVI.

Canals Frau ha identificado los nombres de algunos: al Norte del Guayquiraró, el grupo septentrional, compuesto por los mepenes y mocoretáes; el sector medio, dominado por los timbúes, caracaráes, corondas, quiloazas y calchines; y el sector meridional, donde se advierten los chanáes y mbeguáes.

Desde el punto de vista racial, eran altos y fornidos, y muy diferentes de los kaingangs;  la presencia de adornos de metal y de perros cebados, parece indicar contactos con los grupos andinos(11).

Pero, aproximadamente desde el siglo XIV al XV, los guaraníes llegan a esta región y la someten a su dominio. Un jesuita anónimo describe así el panorama indígena en 1620:

La provincia del Paraná es toda gente guaraní. Gente bellicosa que siempre ha sustentado la guerra contra el español. Estos indios tienen sujetas todas las naciones que estavan el Río Paraná abajo y muchas veces tubieron a punto de despoblar la ciudad de San Joan de Vera. También tenían tomado el passo de este Río del Paraguay de manera que no se podía entrar ni salir sino con escolta de gente y a veces con todo este resguardo quedaban muertos o pressos los que navegaban este rrío(12)

La vida de la ciudad, la organización de la producción y el abastecimiento, el laboreo de las tierras y el cuidado del ganado, constituyeron otra preocupación cotidiana y también esencial del núcleo fundador.

La presión externa de los indígenas obligó, durante muchos años, a imponer una verdadera economía de guerra, con intervenciones comunales sobre los bienes y obligaciones solidarias de defensa. A pesar de la colaboración de indios aliados, los mahomas,

que son los que ayudan a correr la tierra, reedificar este fuerte y aunque en número serán pocos más de 20, y como son enemigos de los guaranís, animan a otras naciones comarcanas a ayudarnos(13).

El radio de dominio efectivo de la ciudad estaba limitado a pocas leguas de ésta. Dentro de ese cinturón, las chacras comenzaron a producir sus primeras cosechas, donde se advierte, desde temprano, las consecuencias del recíproco intercambio cultural:

cógese trigo, maíz, mandioca, que es una raíz de que se hace razonable harina... hacen mazamorra y baypí, que es a modo de sopada, y otras comidas y guisados. Hay papas y algunas frutas de España...(14)

La otra fuente de recursos se fundaba en la ganadería. Los primeros animales que aportaron con Alonso de Vera y Hernandarias se dispersaron por los campos linderos, en ocasiones con perjuicio de los sembrados de las chacras.

Tanto por razones de defensa como por buena administración, se hizo necesario establecer guardas de ganado, corrales y obligaciones cuidadosamente estipuladas(15). Pese a los cuidados, parte del ganado se alejó de la ciudad y se hizo cimarrón.

En 1593 y en 1604, el Cabildo alude a la dura faena que significaba entonces ir a buscar sebo, grasa y cueros, o arrear los animales para el abastecimiento de carne vacuna, incluso del ganado disperso en la costa del Chaco(16).

Hacia 1620, un conjunto de relaciones y documentos oficiales, coincide en describir algunos de los aspectos más salientes de la ciudad y su jurisdicción:

... está fundada la ciudad de San Joan de Vera de hasta 40 vecinos españoles, en unas barrancas sobre el Río de la Plata; llámase este lugar en lengua de indio Taragüiró, que quiere decir lagartija, también le llaman de ordinario de las Siete Corrientes, por estar fundada la ciudad sobre una alta barranca que tiene siete puntas, que por ellas, y las juntas de los ríos, se hazen siete remolinos, por cuia causa le dan este nombre.

Agrega, además, que los indios que sirven a los españoles

son de nación guaraníes... que parte de ellos están en paz, y los más de guerra...

y que

El trato principal de los vezinos desta tierra es corambre, y gran tragin de carretas para el Tucuman y buenos ayres...(17)

El gobernador, que la visitó y empadronó a principios de 1622, señala por su parte que

Tiene buenas tierras y mucha cantidad de ganados bacuno cimarrón. Es la tierra fértil, de mucho monte, madera y leña, y tienen mucho pescado. Quando el dicho governador la visitó, la halló falta de trigo y de maíz y de legunbres, porque ninguna destas cossas tenían respecto de las muchas aguas que en aquella tierra abia avido(18).

El gobernador Góngora y el jesuita Justo van Suerck coinciden en anotar la pobreza general del vecindario, que en cuanto a ropas se refiere, no se diferenciaba mucho de los indios(19).

La situación de las reducciones comarcanas ofrecía un panorama desigual. En la de San Francisco, se quejaban sus naturales del sitio elegido y de la mortalidad, que había reducido mucho a la población originaria.

La de Santa Lucía, que tampoco ofrecía más progreso que una iglesia de tapias y maderas, y algunas casas de madera y paja, mal reparadas. Ambas se proveían de ganado cimarrón y de sus cosechas, y coincidían en quejarse del trabajo de remar en balsas y canoas, en el río Paraná(20).

La reducción de la Limpia Concepción de Itatí, en cambio, parecía hallarse en estado más floreciente. Según el relato de Góngora, que la visitó, eran sus indios

... todos de nación guaraní ... la mayor parte baptizados, los demás infieles. Tenían una buena Iglessia nueva y una cassa para el sacerdote que los doctrina, de tapias y madera; asimismo, tenían ornamentos y otros aderezos para el servizio de la iglessia, que los indios con sus limosnas habían comprado.

y agrega

Esta es gente de mejor inclinación que las demás naciones, porque son labradores, andan bestidos, biven en casas de tapia y madera que iban haziendo. Tienen estancia de ganado bacuno, del cual y de maíz y de pescado, que lo ay muy bueno en aquel sitio, se sustentan, y para arar tienen bueyes y herramientas.

Concluye Góngora, señalando el orden y adelantos espirituales bajo la dirección de fray Juan de Gamarra, paraguayo,

... que save muy bien la lengua de los indios, con él están contentos, porque los doctrina y tiene en pulicía, saben algunos leer, escrevir y cantar y tienen algunos maestros desto que los enseñan en su misma lengua(21).

Estas pequeñas poblaciones y Corrientes, fundadas por la corriente pobladora venida desde Asunción, formaban parte de la vasta provincia del Río de la Plata.

Esta jurisdicción fue dividida, por R.C. del 16 - XII - 1617, en dos provincias distintas, adjudicándose, a cada una de ellas, cuatro de las ocho ciudades entonces existentes en la antigua provincia. Buenos Aires, Santa Fe, Concepción del Bermejo y Corrientes integraron el patrimonio urbano otorgado al Río de la Plata, mientras que Asunción, Villa Rica del Espíritu Santo, Ciudad Real y Santiago de Jerez, correspondieron al Paraguay.

De este modo, Corrientes quedó separada de la dependencia asuncena, a la que la unían lazos de origen. La posterior división del obispado, determinada por Bula del 30 - III - 1620, ajustó el ordenamiento eclesiástico de la provincia, ubicando a Corrientes en la diócesis bonaerense.

A fines del primer tercio del siglo XVII, una conmoción general sacudió a ambas provincias. Las malocas paulistas, desde el Este, asolaron las nuevas reducciones jesuíticas del Guairá, Tapé e Itatín, provocando, junto con el éxodo guaranítico, la evacuación de Ciudad Real, Villa Rica, en 1631, y Santiago, en 1632.

De las tres, sólo Villa Rica volvió a repoblarse, pero ya no en el Guairá. En la provincia del Tucumán, los alzamientos calchaquíes, iniciados entre 1630 y 1636, pusieron en grave riesgo las ciudades del Noroeste.

En el Interior del Chaco, Concepción del Bermejo, jaqueada desde tiempo atrás, es abandonada, ante el gran alzamiento de los indios comarcanos, aliados con los guaycurúes, en 1631, que obligaron a sus habitantes a refugiarse en Corrientes, tras largo y penoso éxodo(22).

Todo el edificio, fundado en el siglo XVI, se conmovió bruscamente y sólo la tenacidad de españoles y criollos les permitió conservar, firmemente aferrado, el fruto de tantos afanes y esperanzas.

Notas

(1) Extracto del libro “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776 - 1810”, del doctor Ernesto J. A. Maeder, publicado por la Academia Nacional de la Historia en 1981.

(2) La relación de fray Juan de Rivadeneyra, en RBPBA, Buenos Aires, 1881, t III Págs. 14 - 30. Otras referencias tempranas pueden hallarse en la carta de Luis Ramírez (1528); la relación de Irala al despoblar Buenos Aires (1541); o el texto de Ulrico Schmidl; la primera, publicada por Trelles, en RBPBA, Buenos Aires, 1879, t. I, Págs. 123 - 154; la segunda, por Estanislao Zeballos, en BIGA, Buenos Aires, 1898, t. XIX, Págs. 261 - 271; la tercera, en la edición traducida por A. Lafone Quevedo, con notas de Bartolomé Mitre, Viaje al Río de la Plata, Buenos Aires, 1903. En el orden cartográfico, es útil examinar el planisferio de Caboto (1544), el croquis del citado Rivadeneyra, y, además, el mapa de Ruy Díaz de Guzmán, tan valioso por su toponimia temprana. Este último, en Paul Groussac, El mapa atribuído a Guzmán y facsímil de él, en ABN, Buenos Aires, 1944, t. IX, Págs. 472 - 479; Rivadeneyra, en José Torre Revello, Adición a la relación descriptiva de los mapas, planos, etc., del virreinato de Buenos Aires, existentes en el Archivo General de Indias, Buenos Aires, FFyL, 1927, lámina XXXV.

(3) Relación de servicios de Hernandarias de Saavedra, por su apoderado Dr. Salcedo, Madrid, 28-III-1600, en Manuel M. Cervera, Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, 1573 - 1853. Santa Fe, 1907, t. I, apéndice XIX, Pág. 62.

(4) Informe del teniente de gobernador Alonso de Quesada, al intendente de Buenos Aires, del 26-X-1785, en AGPC, DG 26 (1785).

(5) El 18 y el 21-XI-1591 se distribuyeron 259 mercedes de tierra costa arriba y costa abajo, y más hacia el Sur, con frente al Río de las Palmas, hoy Riachuelo, También en estos actos se adjudicaron 7 suertes para dehesas y estancias. El 20-VII-1595 y el 29-VIII-1598 se otorgaron 163 suertes en la costa del Chaco, y el 24-VIII y 30-XI-1601, se agregaron otras 14 mercedes. Las adjudicaciones totalizaron 436 suertes. El padrón, en RAPC, Corrientes, 1909, t. I, Págs. 79 - 103.

(6) En 1588 se hicieron 61 encomiendas; en 1589, otras 3; en 1590 se agregaron 20; en 1592, otras 12; en 1593, se añaden 16; y, por fin, en 1598, otras 3. Todas ellas sumaron 120 encomiendas. En el Telégrafo mercantil, etc. edición facsimilar de la Junta de Historia y Numismática, Buenos Aires, 1914 - 1915, t. II, Págs. 257 - 266.

(7) Academia Nacional de la Historia, Actas capitulares de Corrientes. Advertencia de Ricardo Levene. Introducción de Hernán F. Gómez. Buenos Aires, 1941, t. I (1588 - 1646), Págs. 61 - 63 (en adelante ANH, Actas Ctes.)

(8) ANH Actas Ctes., t. I, Págs. 72 - 73. Respecto de la Cruz del Milagro, no hay constancias en las actas del Cabildo. El histórico madero se veneró en la ciudad desde antiguo, y la tradición oral fue recogida por Pedro Bautista de Casajús y certificada por el Cabildo de la ciudad, el 5-II-1760. Este documento inédito, en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (en adelante, BNRJ), Colección de Angelis, sirvió para el informe que el teniente de gobernador Bernardo López Luján, elevó al gobernador ese año.

(9) ANH Actas Ctes., t. I, Págs. 72 - 73; 100 - 101; 133 - 134; 140; 207 - 208.

(10) Los orígenes de estas poblaciones son poco conocidos. Itatí fue un agrupamiento de varias parcialidades guaraníes, cuya conversión inicial se adjudica a fray Luis de Bolaños; a ellos se agregaron luego grupos doctrinados por el jesuita Roque González de Santa Cruz. Su instalación fue dispuesta por Hernandarias, en XII-1615. El mismo gobernador ubicó las reducciones de Santa Lucía de los Astos, con indios del Chaco, y la de San Francisco, frente a Corrientes, entre 1615 y 1616. Sobre el tema, Raúl de Labougle, La reducción franciscana de Itatí, en IE, N° 3, Buenos Aires, 1967, recoge toda la bibliografía que se refiere a los orígenes de las reducciones franciscanas de esta región. Recientemente, se ha añadido el trabajo de Víctor A. Núñez Regueiro y Beatriz N. de Lorenzi, Arqueología histórica del Norte de la Provincia de Corrientes, en RIAC, Córdoba, 1973, t. IV, Págs. 23 - 68.

(11) La información sobre el tema es abundante, aunque la arqueología del Litoral requiere todavía mejorar su conocimiento del terreno. A la bibliografía clásica, consignada en la obra justamente célebre de Salvador Canals Frau, Las poblaciones indígenas de la Argentina. Su origen, su pasado, su presente, Buenos Aires, 1953, deben añadirse los siguientes títulos que actualizan la cuestión: Antonio Serrano, Los pueblos y culturas indígenas del litoral, Santa Fe, 1955, y Líneas fundamentales para una arqueología del litoral (Una tendencia de periodización), Córdoba, 1972; Osvaldo F. A. Menghin, El poblamiento prehistórico de Misiones, en AAE, Mendoza, 1956, t. XII, Págs., 19 - 40; Ciro R. Lafon, Introducción a la arqueología del Nordeste argentino, en RSAA, Buenos Aires, 1971, t. V, nueva serie, N° 2, Págs. 119 - 152, que incluye una bibliografía detallada sobre los trabajos en curso. Una buena síntesis del tema en Alberto Rex González y José A. Pérez, Argentina indígena; vísperas de la conquista, Buenos Aires, 1972, Págs. 122 - 137.

(12) BNRJ, Manuscritos da Coleçao de Angelis, Río de Janeiro, 1951 - 1970, 7 Vols. (en adelante, MCDA), t. I. Pág. 169.

(13) ANH, Actas Ctes., t. I, Págs. 100 - 101. Intervenciones del Cabildo en épocas difíciles para obligar a la venta de trigo a los necesitados y acopio de granos para siembras, en 1602, 1604 y 1608 - Págs. 190, 216, 255 y 262.

(14) Antonio Vázquez de Espinosa, Compendio y descripción de las Indias Occidentales. Transcripción de Charles Upson Clark, Washington, Smithsonian Institution, 1948 - Pág. 639.

(15) Ejemplos de estos contratos y preocupaciones iniciales, pueden hallarse desde el 7-X-1588 a 1608, en ANH, Actas Ctes., t. I, Págs. 49, 72, 84 - 85, 93, 107, 115 - 117, 124 - 125, 175 - 176, 225 - 226, 256.

(16) ANH, Actas Ctes., t. I, Págs. 92 - 93 y 220; Vázquez de Espinosa, ob. cit., Págs. 640 - 641, menciona “la infinidad de ganado mayor” que se hallaba desde el Chaco hasta Santa Fe. Un siglo más tarde, Juan Francisco Aguirre, en su Diario, recoge información sobre el ganado que había en el Chaco, frente a Asunción, en las dos primeras décadas del siglo XVII, en RBNBA, Buenos Aires, 1950, t. II - Pág. 364.

(17) Vázquez de Espinosa, ob. cit., Págs. 638 - 639, 631 - 632 y 640 - 641.

(18) Relación del gobernador Diego de Góngora al Rey, fechada en Buenos Aires el 20 - V - 1622, en Archivo General de Indias (en adelante, AGI), Charcas, 27.

(19) Relación cit. La carta del jesuita belga es del 1 - III - 1629 y puede hallarse en Guillermo Furlong, Justo van Suerck y su carta sobre Buenos Aires, Buenos Aires, 1963, Págs. 83 - 88.

(20) Relación, cit.

(21) Relación, cit.

(22) Este proceso, tan relacionado entre sí, puede ser seguido en Ramón I. Cardozo, El Guaira. Historia de la antigua provincia. 1554 - 1676. Buenos Aires, 1938; José Torre Revello, Esteco y Concepción del Bermejo, dos ciudades desaparecidas, Buenos Aires, FFyL, 1943; Aníbal Montes, El gran alzamiento diaguita (1630 - 1643), en RIAR, t. 1 - Págs. 81 - 159.

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