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DEFENSA DE LA JURISDICCION Y APROVECHAMIENTO DE LAS VAQUERIAS (1632-1715)

Defensa de la jurisdicción y aprovechamiento de las vaquerías. (1632-1715)

por el doctor Ernesto J. A. Maeder(1)

Desde el segundo tercio del siglo XVII, un proceso periférico influirá de modo decisivo en la historia del Litoral, y de Corrientes en particular.

A partir de la despoblación de Concepción del Bermejo y sus encomiendas de Guacará y Matará y el posterior abandono de Esteco, en 1692, el Chaco austral quedó virtualmente abandonado por los españoles, que se limitaron a la custodia fronteriza.

En su lugar, las parcialidades indígenas, caracterizadas por una economía cazadora y recolectora, adquirieron movilidad, y pasaron a una ofensiva firme, favorecida por la adopción del caballo.

La fecha de este acontecimiento ha sido anotada por Martín Dobrizhoffer, en 1641(2). Esta coyuntura histórica, debe correlacionarse con el estado de efervescencia migratoria y luchas intertribales por el dominio de zonas aptas para la caza y pesca en que se encontraban los pueblos del Chaco en el siglo XVI.

Los guaycurúes, gentilicio aplicado por los guaraníes a los indios del Chaco, estaban distribuidos en diferentes áreas. Los mbayáes se hallaban ubicados en la región litoral de los ríos Paraguay y Paraná, al Norte del río Pilcomayo.

A ese mismo grupo, pertenecían los abipones, tobas y mocovíes -conocidos también, entre los españoles, como frentones, por su costumbre de raparse-, dispersos desde el Bermejo hasta su límite meridional, en las costas del Salado.

A todos ellos es necesario agregar los grupos canoeros, sobre todo los payaguáes, de economía pescadora y de gran movilidad fluvial(3).

Esta familia lingüística guaycurú se dirigió sobre las poblaciones de la periferia en razzias depredadoras que obligaban a una política defensiva constante y a responder con entradas represivas, de desigual eficacia.

El impacto se hizo sentir tanto en las ciudades del Tucumán, como en el Paraguay, Santa Fe y Corrientes. El Valle Calchaquí, como curiosamente se llamó la región ubicada entre el Salado y el Bermejo, pasó a constituirse en foco de guerras endémicas y de inalcanzable conquista para los tercios de las ciudades del Litoral.

Corrientes debió enfrentar esta amenaza a su supervivencia desde muy temprano. Integró con sus milicias -los vecinos feudatarios y sus respectivas clientelas-, las expediciones repobladoras de Concepción, que fracasaron, y castigó las acciones de los caracaráes, que amenazaban gravemente a Santa Lucía.

En 1638, el capitán Nicolás de Villanueva, apremiado por pedidos de socorro a las castigadas reducciones guaraníes del Tapé, no pudo menos que señalar

la impusibilidad y pocas fuersas que tiene esta ciudad para dar socorro por tantas causas y tan legitimas que ay, como con el Presidio que a mas de un año tenemos en Santa Lucia; el enemigo que esta destotra vanda que cada dia amenaza algún desastre y asi mismo aviso que a ávido de la Asunción de que el guaycuru quiere y pretende dar en esta ciudad...(4).

La situación de Corrientes se hizo difícil a lo largo del siglo, con desgaste de hombres y expediciones, despoblación de la costa e inseguridad constante en las comunicaciones hacia el Sur.

Todo ello repercutió en la organización y economía de la ciudad, obligándola a vivir constantes alertas de guerra, reseña de milicias, rondas y guardias permanentes -que sólo se alzaban por pedido del Cabildo en la época de las cosechas-, o vigilancia de las costas del Paraná por medio de balsas de patrullaje(5).

La formación de contingentes era siempre difícil y cada vez más penosa. En 1672, se explicaban al gobernador Martínez de Salazar las dificultades para integrar el tercio,

... que sólo toca a los vecinos feudatarios, los cuales por la mayor parte son viejos y algunos viudos, sin que los mozos quieran acudir por sus escuderos como la experiencia los ha mostrado en otras ocasiones de maloca, por haber faltado el castigo(6).

A ello se unía la poca paga, la larga duración de las campañas -como las de Colonia del Sacramento, en 1680 y 1705-, y el abandono de chacras y ganados a su suerte.

Durante ese siglo, la ciudad fue tomando conciencia no sólo de su situación expuesta, sino de lo que con exactitud, el Cabildo definió como frontera de guerra, como zona excepcional de apremio:

Y por cuanto esta ciudad, desde su fundación siempre ha sido frontera de guerra y combatida de los indios y naciones que residen en la otra banda deste rio Paraná, procurando siempre infestalla...(7).

Esta situación se mantuvo sin variantes hasta 1700(8). Todavía recrudecerá en el primer tercio del siglo XVIII, hasta que la defensa armada, en combinación con una inteligente y perseverante política misional, cambió el rigor de la guerra intermitente por una paz pactada.

En cuanto a los indios sometidos a la autoridad de los conquistadores, su régimen de vida presentaba no pocos problemas de organización, seguridad y controles fiscal y religioso.

Los pobladores de Corrientes no poseyeron gran cantidad de indios. Por el contrario, las encomiendas, generosamente repartidas entre 1588 y 1593, no pasaron, en su mayoría, de un gesto simbólico de dominio, y no todas llegaron a constituirse en patrimonio real de sus encomendadores.

Sólo a partir del empadronamiento hecho por el gobernador Góngora, es posible contar con un panorama más exacto, que se articula con los registros posteriores de 1673 y 1717(9).

Año

Población total

estimada

Total de indios encomendados

de ambos sexos y todas

las edades

Proporción de indios

encomendados en relación

con población total

 1622  1.927  1.381  71 %
 1673  3.230  ¿1.752?  54 %
 1717  5.000  912  18 %

La mayoría de los indios encomendados pertenece al grupo guaraní, radicado en el pueblo de Itatí. Los restantes son, en su mayoría, grupos provenientes del Chaco (ohomas, mogosnas, guácaras, entre otros), incrementados sin duda por el traslado de las encomiendas pertenecientes a los vecinos de Concepción del Bermejo, y aumentados, luego de la entrada al Valle Calchaquí, de Juan Arias de Saavedra(10).

Origen de los indios encomendados
1622 1673 1717
Guaraníes 78 % 58 % 90 %
Chaqueños 22 % 42 % 10 %

Los no guaraníes se hallaban distribuidos en los pueblos de Santa Lucía de los Astos, Santiago Sánchez y Candelaria de Ohoma, todos de reducida población(11).

La mano de obra indígena, que beneficiaba, primordialmente, a sus encomenderos, fue solicitada con frecuencia para trabajos de beneficio común.

La reparación de casas, calles y caminos, el refuerzo de brazos en la época de cosecha, o las recogidas de animales cimarrones, se hicieron muchas veces con esa ayuda, que el Cabildo requería a los privilegiados, para alivio de los más, “el común de los pobres”, que carecían de ese auxilio.

Esas mitas de indios encomendados, se pagaban en base al prorrateo de los beneficios, como puede leerse en 1664, en un caso de pesca:

... es costumbre muy usada desde la fundación desta ciudad bengan de las Redusiones y pueblos de yndios desta jurisdicción ... con sus canoas y demás peltrechos para pescar las cuaresmas y parece que esta costumbre se ha dejado de algunos años a esta parte ... se mande benir de todas las redusiones yndios de los jubilados para el abasto desta República y el común de los pobres con cargo que se le pagara a cada yndio 2 baras de lienso a 2 pesos en lo que el yndio se contentara ...(12).

El cumplimiento de estos servicios no siempre era eficaz, y a veces los encomendaderos procuraban eludir esta carga, seguramente en provecho personal de sus encomiendas.

En 1678, el alcalde propuso sacar indios para la siega del trigo,

que se está perdiendo, que aunque es verdad que han venido algunos y se han repartido, se han ocultado en las reducciones los más, y en particular en la reducción de Itatí...

acordándose que los alcaldes de Hermandad fueran en su búsqueda para contribuir a la cosecha(13).

Los indios prestaron, además, servicio en la hueste de sus encomenderos, integrando los contingentes de defensa o las entradas al Chaco; algunas veces, por el contrario, el peligro de invasión inminente, debilitó los lazos de subordinación y produjo fugas e indisciplina en las encomiendas(14).

Si bien la pobreza de recursos y dureza de costumbres nivelaban las condiciones de vida de todos los correntinos, no faltaron abusos, ni tampoco denuncias y correctivos. Las sacas desproporcionadas de indios, el alquiler de éstos y los despojos de salarios, fueron denunciados más de una vez.

En 1656, fray Juan de Baquedano, se queja al visitador Blázquez de Valverde de estas situaciones, acusando al teniente de gobernador

... de sacar el jugo a los pobres indios, teniéndolos tan apurados, y fatigados que han estado con resolución de irse a tierras de infieles ... Le consta la saca de sus pueblos y reducciones para alquilarlos a los pasajeros que van y vienen por el río, apremiándolos a ello y quedándose con la paga ... los tiene todo el año fuera de sus reducciones y pueblos ocupados en el paso de los ganados y en vaquear y en llevar y traer canoas ... como si fueran esclavos, de que resulta perdérseles sus cosechas y no tener sus mujeres y sus hijos de qué sustentarse...(15).

Las Ordenanzas de Alfaro, y las distintas matrículas e instrucciones, que por razones fiscales o de buen gobierno, se dictaron en el siglo XVII, contribuyeron a morigerar los abusos y a encauzar dentro de la Ley a los encomenderos.

Tales, las disposiciones de 1637 y 1639; las del visitador Garavito de León, en 1653; del gobernador Martínez de Salazar, en 1665 y 1667; el empadronamiento de Luis Toñanes, en 1673, y de Francisco de Villanueva, en 1684; del gobernador Herrera y Sotomayor, en 1687, y de Noguera Armengol, en 1717(16).

Las intervenciones o denuncias eclesiásticas, como las de 1649 y 1656, fueron cortadas drásticamente por autos del obispo y del gobernador en 1663, indicando que

... combiene que los curas en ninguna manera se entremetan en la distribusion y repartición de los indios de sus curatos y doctrinas, dejando ésto a quien por derecho le compete ... y que ... ni con ellos se meta más que en enseñarles la doctrina christiana ... no consintiéndoles borracheras, idolatrías, amancebamientos, ritos falsos de su gentilidad, dejando el dar los indios a la dicha Justicia Real sin tomar por color el bien de los mesmos indios, ausensias de sus pueblos ni otros pretextos(17).

A pesar de estas limitaciones, puestas al control eclesiástico, las cifras demuestran que las únicas encomiendas que subsisten, con el correr del tiempo, son aquéllas colocadas bajo la doctrina de los frailes franciscanos, como Itatí o Santa Lucía. Las restantes, fuera del control inmediato, concluyeron desapareciendo, hecho elocuente por sí mismo(18).

La economía de Corrientes se apoyó, desde sus inicios, en la agricultura y la ganadería. Ambas constituyeron la base de una economía cerrada y estática, orientada hacia la subsistencia, y cuyos escasos excedentes de producción alcanzaban a sostener un rudimentario comercio con las ciudades y provincias vecinas.

La ganadería tuvo origen en las tropas de vacunos y equinos arreados por Hernandarias desde Asunción, en 1588.

La propiedad de ese primer plantel pertenecía al fundador, Alonso de Vera, pero su alejamiento posterior hizo que los vecinos utilizasen como propios, o del común, los animales dispersos y alzados de ese ganado. Pedro de Vera reclamó, entonces, sus derechos como heredero de los bienes de su padre y, finalmente, en 1611, ante el oidor Francisco de Alfaro, convino con el Cabildo de la ciudad un acuerdo sobre el usufructo del ganado,

... en atención a los muchos trabajos y calamidades que los pobladores y conquistadores sufrieron en la conquista desta ciudad con su padre y que los ganados vacunos estaban muy multiplicados y por ser esta tierra y sus vecinos pobres, hizo donación a esta República de que pudiere libremente entrar en sus ganados a vaquear y charquear pagándole la quarte parte de la matanza que hiciese o recogiese otorgando cxcriptura para su efecto ante el dicho señor visitador...(19).

En 1627, Pedro de Vera vendió sus derechos de accionero mayor a Manuel Cabral de Alpoin, quien los ejerció con mano dura por largo tiempo.

Los conflictos que provocó, entre ellos la negativa a admitir a los pobladores de Concepción del Bermejo el derecho de vaquear, o los privilegios enojosos que favoreció, fueron enfrentados por el Cabildo en un largo litigio, en el que prevalecieron las razones del bien común, invocadas por vecinos y moradores, culminando con otro acuerdo transaccional en 1638, ratificado el 21 - II - 1639(20).

A su muerte, ocurrida en 1676, sus hijos heredaron el derecho, ejerciéndolo Cristóbal Cabral de Melo, con quien el Cabildo renovó sus discusiones, debido a los perjuicios que ocasionaba el agotamiento del ganado, dada la liberalidad del accionero. En 1687, el Cabildo,

... para atajar semejantes excesos (pidió) se llame al capitán Xptoval Cabral de Melo, accionero del ganado cimarrón, para que se le dé noticia se abstenga en el dar licencias para hacer carnes, sebos y grasas, porque dello se sigue gran perjuicio así el susodicho como a el bien común y que este cavildo de oy en adelante dará las licencias para que puedan hacer ... tan solamente para sus casas sin que de ello puedan obtener mercancía alguna(21).

Este control que impuso el Cabildo fue finalmente aceptado por Cabral de Melo, sin perjuicio de dejar a salvo su mejor derecho. En 1691, volvió a reclamar el ejercicio de su acción, incurriendo en nuevos abusos, hasta su fallecimiento, en 1699. Sus herederos no demostraron verdadero interés en reclamar el derecho a sucederlo, con lo cual se extinguió, en el filo del siglo, el antiguo privilegio del accionero mayor(22).

De cualquier modo, las existencias del ganado cimarrón habían disminuido ya sensiblemente a fines del siglo XVII, diezmados por frecuentes matanzas. Ello obligó a que el gobernador de la provincia dispusiera, en 1701, el cierre de las vaquerías de Corrientes, y en 1716 su clausura definitiva, autorizando sólo recogidas limitadas al abasto urbano de la población(23).

El aprovechamiento del ganado, que incluye también cerdos y ovejas, se hizo tanto por el régimen de vaquería, como en los rodeos de estancias. El primer sistema fue, inicialmente, el más importante y económico, y se acudió a él para la provisión de carne y grasa -alimentos básicos de la población-, así como para el aprovisionamiento de cueros y sebos, de aplicación múltiple(24).

Las estancias, donde se empieza a concentrar el ganado manso, individualizado con marcas, engordado y más próximo a la ciudad, aparecen en la década de 1630, y se consolidan en la siguiente. Disposiciones sobre yerra y marca de 1648, y alusiones a estancias y tierras de pastoreo en 1647, 1655 y 1667 así lo confirman(25).

Los remates del diezmo de la cuatropea y el estudio de los precios a lo largo del siglo, permiten ver con suficiente precisión, a pesar de algunas lagunas insalvables, la duración y las alternativas del régimen de vaquerías, así como el ascenso gradual del ganado manso en las estancias.

Las cifras del cuadro son elocuentes y demuestran, por un lado, la desaparición del ganado cimarrón a partir del remate de 1714; por otra parte, ponen de manifiesto que el ganado manso existe y se cotiza desde 1631, aunque con cifras inicialmente reducidas.

A partir del quinquenio 1686/1690, el ganado manso equivale ya al 40 % ó 45 % del cimarrón, y desde 1696 lo supera constantemente, hasta llegar a la desaparición del cimarrón.

A través de los mismos registros de los remates, se advierte también la considerable importancia de la agricultura en la economía local, con relación a los valores inferiores que registra la ganadería.

La proporción de esta última, frente a los restantes frutos diezmados, sólo alcanza valores que oscilan entre el 9 % y el 28 % para todo el siglo XVII y primeras décadas del XVIII(26).

Valores cuatropea

Quinquenios

Ganado

cimarrón

Ganado

manso

Total

Total de los

diezmos en

pesos

Relación porcentual del

valor de la ganadería

en el diezmo

1616/1620      213  213  937  23 %
 1621/1625  320  320  1.411  22 %
 1626/1630
1631/1635 188 65 253 893 28 %
1636/1640
1641/1645
1646/1650
1651/1655
1656/1660
1661/1665
1666/1670 179 295 474 3.583 13 %
1671/1675 115 61 176 1.196 14 %
1676/1680 1.188 368 1.556 6.005 25 %
1681/1685 636 285 921 4.732 19 %
1686/1690 510 430 940 5.470 9 %
1691/1695 485 311 796 3.328 23 %
1696/1700 308 433 741 3.927 18 %
1701/1705 215 376 591 3.679 16 %
1706/1710 272 778 1.050 5.066 20 %
1711/1715 86 463 549 4.321 12 %
1716/1720 533 533 4.065 13 %
                   
Es que la producción agrícola era fundamental para el sustento de la población.

Desde el mismo momento en que se fundó la ciudad, se hicieron chacras y se cosecharon cereales y frutos europeos, en combinación con los numerosos cultivos  aborígenes.

Los remates de diezmos indican que la producción funcionó desde 1588. Las labranzas merecieron siempre, de vecinos y moradores, una atención preferente, que en ocasiones reclamó el alivio del servicio real para atender las sementeras y que llevó al propio Cabildo, con una simplicidad romana, a suspender sus acuerdos semanales para que sus regidores acudieran personalmente a la siega de las mieses en sazón(27).

En el orden económico, el Cabildo cumplió una función reguladora muy amplia. No sólo veló por la exactitud de las unidades de medida y la fijación de precios tenidos por justos, sino que intervino decididamente en defensa de los intereses de la comunidad cuando éstos se vieron afectados.

Impuso, en los primeros tiempos, la venta obligada de cereal a los necesitados, corral común para los animales y la adopción de la moneda de la tierra o pesos huecos, para sustituir la falta de plata acuñada, ajustados a un valor fijado periódicamente(28).

La presencia del ganado suelto, en la zona de las chacras, provocó desde temprano la necesidad de establecer guardas que recogieran los animales (1593 - 1636) y sanciones para los destrozos en los cultivos. Pero, a pesar de ser reiterado por Bandos frecuentes, este problema se mantuvo constante, y las quejas abundan y se repiten; en 1665, el Procurador reclama

... que entre las chacras y sementeras aigan ganados mayores y menores ... que al mejor tiempo destruyen las chacras y sementeras y en particular las del común de los pobres que no tienen quién se las guarden, sino tan solamente sus personas y las más veces por acudir a los mandatos de la Real Justicia y otras veses por venir a oyr Misa, las dejan desiertas y cuando buelben las hallan comidas y destrydas...(29).

Los precios fueron fijados por el Cabildo como un medio de reglar los trueques, pagar los derechos reales o la Bula de la Santa Cruzada y, desde luego, para cortar los abusos introducidos por los mercaderes(30).

Este tráfico se hallaba limitado al envío de ganado en pie al Paraguay, a través del paso de Itatí y su permuta por yerba, tabaco, azúcar, sal o lienzo. Algo similar ocurría con las Misiones, pero más esporádico. A Santa Fe o Buenos Aires, el tráfico bajaba en balsas y barcos ligeros, o en carretas, con la producción paraguaya o misionera, a las que Corrientes agregaba algo cuando disponía de excedentes.

Las tropas eran controladas en Itatí o en Santiago Sánchez. Una idea de lo limitado que fue este comercio, lo ofrece el reclamo del Procurador para eximir a la ciudad del pago del derecho de alcabala, aludiendo a

la notoriedad y pobresa que padeze, y que no ai tratos ni contratos porque asimismo los frutos ... de esta tierra no son baliosos, como no ai mas trato que algunos bueyes que entre unos y otros se traspazan y algunas vacas en poca cantidad de la misma manera...

Y agregaba en otra parte

Lo que acaso se vende entre los mismos vecinos es ... poco de trigo y maíz y un poco de algodón que las mujeres ... se visten assi(31).

El acaparamiento en pocas manos de los frutos entrados hizo intervenir al Cabildo, que obligó a cumplir disposiciones antiguas que ordenaban que un tercio de las mercaderías compradas fueran a su vez vendidas por los adquirentes a los restantes vecinos, a justo precio, para abasto de la población.

Esta regulación que cubría la falta de comercios y tiendas, permitió que todos pudieran obtener lo necesario, sin abusos(32).

Sobre la base de los precios fijados periódicamente por el Cabildo para adquisición de las Bulas, o en aranceles ocasionales, y a falta de otras series más precisas, es posible trazar un cuadro comparativo de los precios de los productos correntinos y de otros que llegaban del Paraguay, tales como el tabaco, la yerba y el azúcar.

Si bien las tablas de precios son fragmentarias, al menos permiten una apreciación de conjunto para el período 1635 - 1724. A lo largo de éste, el ritmo de los precios se manifiesta pausado y con escasas alteraciones hasta fines del siglo XVII, para adquirir, posteriormente, una tendencia al aumento.

Precios de la producción agrícola y ganadera

Producciones

(en pesos y reales)

1635

1644

1645

1654

1655

1664

1664

1674

1675

1684

1685

1694

1695

1704

1705

1714

1715

1724

 buey manso  6,4  4  3,4  6  8
 vaca cimarrona  0,4  0,4  0,4   0,4  0,4  2
 vaca gorda  1  1  2  4
cuero vacuno 10 7 4 4 5 3 1 2
cuero ciervo 2 3 2 5
suela 6 5 2
@ de sebo 1 2  
fanega de trigo 3 7 12
 fanega de maíz    5  6
fanega de maní     4
@ algodón 5 3 3 3 3 3 6
libra de pabilo 0,6 0,6 1 0,6 0,4 0,6  
vara de lienzo 1 1 0,6 1 1 1
@ de yerba     6       4 4
@ de tabaco 6 8 8

 

 

Notas

(1) Extracto del libro “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776 - 1810”, del doctor Ernesto J. A. Maeder, publicado por la Academia Nacional de la Historia, en 1981.
(2) Martin Dobrizhoffer, Historia de los abipones, con noticia bibliográfica de Guillermo Furlong, trad. de E. Wernicke y Clara V. de Guillén y advertencia de Ernesto J. A. Maeder, Resistencia, 1967 - 1970, t. III, Págs. 14 y ss.
(3) La bibliografía sobre los aborígenes del Chaco es muy amplia. Al trabajo de Alfred Metraux, Ethnography of the Chaco, en el HSAI (Washington, 1946), t. I, donde hay un buen resumen de la cuestión, pueden agregarse: Ciro R. Lafón, Introducción a la arqueología del Nordeste argentino, en RSAA, Buenos Aires, 1971, t. V, nueva serie, N° 2, Págs. 119 - 152, que incluye una bibliografía detallada sobre los trabajos en curso; Ludwig Kersten, Las tribus indígenas del Gran Chaco hasta fines del siglo XVIII. Una contribución a la etnografía histórica de Sudamérica. Trad. Jorge V. Hauenschild y advertencia editorial de Eldo S. Morresi, Resistencia, 1968. Ultimamente, Branislava Susnik, Dimensiones migratorias y pautas culturales de los pueblos del Gran Chaco y de su periferia. Enfoque etnológico. Resistencia, 1972.
(4) En Manuscritos da Coleçao de Angelis, Río de Janeiro, 1951 - 1970, 7 Vols. (en adelante, MCDA), t. III, Págs. 17 - 18., t. III, Págs. 241 - 242.
(5) ANH, Actas Corrientes, t. III, Pág. 190; t. IV, Págs. 391 y 558.
(6) ANH, Actas Corrientes, t. IV, Págs. 371 - 373; y t. III, Págs. 420 - 423.
(7) ANH, Actas Corrientes, t. IV, Pág. 11. Un testimonio elocuente de 1638 en MCDA cit., t. III, Págs. 254 - 255.
(8) El 28 - I - 1701, el Cabildo, alarmado por el enemigo fronterizo, “por hallarse esta ciudad y sus defensas y guardias desmanteladas, sin el reparo que deben tener los soldados, particularmente los reductos que existen en los costados...”, acordó, “se pusiese en cada reducto un cerco o fuerte de maderas de palmas y un galpón de texado para el albergue y reparo de los soldados”. En AGPC, AC 13 (1698 - 1704).
(9) Una idea de la población encomendada, se halla en la carta anua de 1609, del P. Diego de Torres: “Las siete corrientes tendrá 60 españoles. No tienen muchos indios de paz...”. En Carlos Leonhardt, S.J., Cartas anuas de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucuman de la Compañía de Jesús (1615 - 1637), Buenos Aires, DHA, 1929, t. XIX, Pág. 16; las cifras de indios encomendados en la relación del gobernador Góngora cit. Emilio Ravignani, la población indígena de las regiones del Río de la Plata y Tucumán en la segunda mitad del siglo XVII, en Actas y trabajos científicos del XXV Congreso Internacional de Americanistas (La Plata, 1932), Buenos Aires, 1934, t. II, Págs. 294 - 295. Finalmente, el Padrón de 1717, inédito, en Archivo General de la Nación (en adelante, AGN), IX.40.8.5. Las cifras y porcentajes correspondientes a 1673 son estimativos, ya que el Padrón publicado anota sólo los indios de tasa y no la totalidad de la población.
(10) La relación de la entrada al valle Calchaquí, de 1656, anónima, se refiere al reparto de presas tomadas en la campaña, en BNRJ, Colección de Angelis, 1.29.2.6, manuscritos.  Además, ANH, Actas Corrientes, t. II, Págs. 450 - 456 y, sobre todo, t. III, Págs. 316 - 320, donde consta el reparto de 150 piezas de indios chaguayasques “... entre los capitanes oficiales de guerra pobres demás soldados... se hizo dicho repartimiento y remuneración con calidad en primer lugar de su buen tratamiento y enseñanza christiana y con advertencia que se les permitía el servicio de dichas piezas por tiempo limitado...”. Esto ocurría el 12 - VI - 1663.
(11) La creación de reducciones en 1615 aumentó el número de indios encomendados. A ellas siguieron, en fechas inciertas, Santiago Sánchez,  anterior a 1638, en la desembocadura del río San Lorenzo, y Nuestra Señora de la Candelaria de Ohóma, sobre el río Empedrado, en fecha similar. Sobre el tema, las monografías de Raúl de Labougle, La reducción franciscana de la Candelaria de Ohóma, en RJHC, N° 3  (Corrientes, 1698), Pág. 714, y La reducción franciscana de Santa Lucía de los Astos, en IE N° 5, Buenos Aires, 1968, Págs. 131 - 152.
(12) ANH, Actas Corrientes, t. III, Págs. 371 - 372. Los testimonios de los servicios aludidos, aparecen con frecuencia en los acuerdos capitulares. A título de referencia, pueden confrontarse en t. I, Págs. 358, 361-2, 467-8; II, 41, 73, 175-6, 211, 248, 353, 466; III, 15, 33, 50, 67, 131, 255, 414, 490; IV, 62-5, 89, 244, 348-9, 384, 560, 572. El 8 - IX - 1665, el gobernador Martínez de Salazar estableció esta contribución, en el artículo 6to. de las instrucciones dadas a su teniente en Corrientes, capitán Crespo Flores; ver en RAGBA, t. I, Buenos Aires 1869, Págs. 404 - 406.
(13) En AGPC, AC de 1678. Son igualmente de interés, las Actas de 1701 y 1702.
(14) El sentido originalmente feudal de la Institución, está bien resumido por un texto, algo tardío, pero muy representativo, debido a Isidoro Martínez y Cires, publicado en 1801: “Los repartimientos -decía-, se les hacían en nombre de Su Majestad en premios de sus servicios, con el cargo de doctrinarlos, darles buen tratamiento, inclinarlos al trabajo e industria, en que se prevenía el descargo de la conciencia del Gobierno y la de Su Majestad, que lo facultaba y bajo la obligación e feudo de conservar armas y caballos, casa y vecindad, y de concurrir con dichos indios a las urgencias públicas”. En el Telégrafo Mercantil, etc., cit., Pág. 186. Ejemplos de lo dicho, pueden verse en ANH, Actas Ctes., t. 1 - Págs. 207-8, 409; II, 77, 98-9, 169, 327, 453-6; III, 134-5 y AGPC, AC, 1701.
(15) En ANH, Actas Corrientes, t. II, 421-3, 415. Si bien las denuncias son graves y el Cabildo no las atendió inicialmente, es necesario recordar que es el mismo año de la entrada de Juan Arias de Saavedra al Chaco, que obligó a un vasto esfuerzo de apoyo.
(16) Véase ANH, Actas Corrientes, t. I, 311-12, 457; II, 342 - 352; III, 247, 341-2, 408 - 410, 483-5; IV, 75-6, 84-6; AGPC, AC 1681, 1687 y RAGBA, Buenos Aires, 1869, t. I, Págs. 404 - 408.
(17) Auto del obispo Mancha y Velazco del 18 - V - 1663, en ANH, Actas Corrientes, t. III, 303, y del gobernador Mercado y Villacorta, del 19 - V - 1663, en Pág. 304. Otros datos, sobre las denuncias anteriores, en t. II, 71, 158 - 163, 415 - 420 y 421-3.
(18) El número de encomenderos descendió rápidamente. En 1673, hay 45 títulos; 19, en 1717; y 5, en 1760, todos estos últimos en Itatí.
(19) AGPC, AC 10 (1680 - 1688).
(20) ANH, Actas Ctes., t. I, Págs. 399 - 401, se conoce el auto del gobernador Dávila autorizando a los vecinos de la despoblada Concepción a sacar ganado, sin pagar derechos, dada su necesidad, aludiendo a Cabral, que “... los obliga y apremia ... a que le den y paguen la quarta parte por decir tiene derecho y acción en el dicho ganado ... y que éste executa con mano poderosa por serlo él y su suegro, cuñados y deudos en la dicha ciudad y que no se hace en ella contra su voluntad ... y aunque otras personas tienen acción y derechos al dicho ganado, no se aprovecha de él como el dicho Manuel Cabral”. Las desiguales oportunidades de otros vecinos, ante el accionero mayor, se ponen de manifiesto en otro texto del Procurador de la ciudad, del 23 - I - 1650, cuando alude: “a la mucha necesidad de hambres (de los vecinos), por ser como son todos pobres y necesitados, que si no se juntan unos con otros para adquirir caballos y indios para hacer las vaquerías, no pueden por sí solos hacerlas...”; y concluye reclamando mejor distribución de las licencias, favoreciendo a los que no hubieran tenido oportunidad de vaquear. ANH, Actas Ctes., t. II, Págs. 264-6. El acuerdo entre Cabral y el Cabildo, en t. I, Págs. 436 - 437. En 1662 hay testimonios de que el conflicto subsiste, ya que “los pobres vecinos tienen queja porque no se les quiere dar licencia por el dicho maestre de campo”. El Cabildo requirió a Manuel Cabral que entregara las licencias correspondientes. ANH, Actas Corrientes, t. III, Págs. 160-1.
(21) AGPC, AC 10  (1680 - 1688).
(22) El problema jurídico a que dio lugar la propiedad del ganado cimarrón, fue estudiado en la monografía de Raúl de Labougle, Orígenes de la ganadería en Corrientes, siglos XVI y XVII, en Buenos Aires. N° 2, Buenos Aires, VII, 1962, Págs. 47 - 66.
(23) Dictados en Buenos Aires el 14 - VII - 1701 y 28 - III - 1716, ambos en AGPC, AC 13 (1698 - 1704), y 15 (1715 - 1718). La suspensión de las vaquerías no impidió el abastecimiento de carne, sebo y grasa a la ciudad, pero sí las sacas de animales para la venta fuera de la jurisdicción.
(24) Las “cerdeadas” son mencionadas varias veces en las Actas, y de la existencia de ovejas sabemos por las listas de precios. Tampoco puede olvidarse el aprovechamiento de los venados, cuyos cueros eran muy estimados. ANH, Actas Ctes., t. I, Pág. 319; t. III, Págs. 15, 60, 175; y t. IV, Pág. 55.
(25) ANH, Actas Corrientes, t. II, Págs. 53, 68 - 69, 359 - 360; t. IV, Pág. 26.
(26) Los remates de diezmos constituyen una fuente inapreciable de información, apenas aprovechada hasta la fecha. Sus cifras son tomadas del AGN, IX.13.3.5.
(27) ANH, Actas Corrientes, t. II, 248, 409.
(28) ANH, Actas Corrientes, t. I, 190, 216, 255, 262. Un ejemplo de pesos huecos en t. II, 100.
(29) ANH, Actas Corrientes, t. III, 465.
(30) Una de las tablas de precios más tempranas, del 28 - XII - 1635, puede verse en ANH, Actas Corrientes, t. III, 319. Un cotejo con el original muy divulgado permitió corregir algunos errores de transcripción, como “queros” por quesos. Sobre el pago de la Bula de la Cruzada, hay numerosos testimonios en t. I, 338 y ss. Lo mismo respecto de pagos en especies a la Real Hacienda, en t. I, 453 y ss. En cuanto a los abusos de los mercaderes, era frecuente que éstos no entraran a la ciudad y vendieran sus productos por las chacras y estancias, fuera del control municipal. ANH, Actas Corrientes, t. IV, 202-3, 214-5, 323-4 y AGPC, AC 1679.
(31) ANH, Actas Corrientes, t. II, 17 y 44-5. Una idea sobre lo superfluo que se entendía este comercio, lo brindan las palabras del Procurador, en 1649, cuando se refiere al ganado vacuno: “y ser el género común con que esta ciudad come y viste por no tener otra moneda mas usual y darse, como se ha dado, a gastos oy por géneros del Paraguay, que todos ellos son poco necesarios...”, aludiendo algo después al vicio de la yerba y el tabaco. Actas Ctes., t. II, 128-9.
(32) Ejemplos muy claros de esta política de abastecimiento, en ANH, Actas Corrientes, t. III, 441 - 444.

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