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Costumbres

En medio de este cuadro económico-social, los usos y costumbres se desarrollaban naturalmente dentro del estilo español, pero adaptándose al medio local. Una simplificación de aquellos usos, propia del igualitarismo americano, y un sistema de vida muy primitivo en los medios rurales, eran las características distintivas, a las que se agregaba un gusto por la ostentación en quienes habían llegado a la riqueza recientemente y encontraban en el dinero el soporte de su posición social. En muchas regiones esta ostentación adquirió con frecuencia formas parciales, dada la escasa riqueza del medio: El vestido, la vajilla, un pórtico, eran símbolos de la categoría de sus dueños. En Buenos Aires, la riqueza acumulada en el ejercicio del comercio permitió exteriorizaciones más ruidosas.

No todo era barro y paja, como parece surgir, del relato del señor de Massiac, y prueba de ello era la casa del Retiro de don Miguel de Riglos, uno de los hombres más ricos de la ciudad en las postrimerías del siglo XVII. Constaba la casa de tres salas con cielorrasos de cedro labrado, treinta y nueve cuartos en dos plantas, unidas por doce escaleras con barandillas de balaustres torneados, ventanas con rejas de hierro y sótano. Entre el moblaje se contaba una docena de cuadros al óleo, incluido el retrato de Felipe V, muebles de nogal, mesas y escritorios de jacarandá, un biombo de ocho bastidores pintados con escenas de montería y batallas, etc. Y en la cochera lucía un carruaje con tachuelas doradas, con vidriera y forrado por dentro en damasco carmesí. Suponemos que si bien el caso de Riglos es algo excepcional, habrá tenido sus émulos menores y que situación semejante nos descubrirá algún día la investigación en la vida de algún jerarca cordobés o de otro de las principales ciudades de entonces.

Los juegos y diversiones continúan siendo los toros, las cañas, los naipes, las carreras de sortija, etc. Aparecen las carreras de velocidad y en Buenos Aires se practica el ajedrez y el juego de truques, antepasado del billar y verdadera novedad, pues los billares públicos se conocieron en Europa en el siglo siguiente. Desde 1610 hay antecedentes de que se practicó el popular juego del pato, cuya progresiva violencia provocó sanciones civiles y eclesiásticas desde los primeros años del siglo XVIII.

La moral familiar era alta, sin perjuicio de las circunstancias que hemos indicado al hablar del mestizaje. No faltaron algunos juicios de divorcio, menos de uno por año, y de los cuales sólo un tercio llegó a sentencia. La causa más frecuente de divorcio era la actitud violenta del marido con la mujer y los hijos.

Bibliografía:

Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce - “Historia de los argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 6.

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