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Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes

1.- Durante años, desde la expedición exploradora de Caboto, los barcos de Castilla habían navegado el Paraná cruzando, sin detenerse, frente al paraje que dieron en llamar Siete Corrientes(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

A contar del viaje de Ayolas y luego de la fundación de Asunción del Paraguay, el recorrido de la recta fluvial Paraguay-Paraná fue más activo. Puede afirmarse que ese camino entre el Plata y Asunción fue rápidamente explorado y conocido en la red de sus vientos, islas y recursos naturales; no así el territorio de sus márgenes, que no fue utilizado.

En la Geografía de Abraham Ortelio (1603), el cartógrafo no señala el Alto Paraná; recién lo encontramos en el Atlas de Blaen (1650), y ya con el paraje Siete Corrientes y las lomas de Santa Ana.

Y esto no es una simple afirmación; el asunto ha sido estudiado específicamente por el Departamento de Estudios Etnográficos y Colonias de Santa Fe, bajo el título “El Paraná y los Primeros Cronistas”, por Agustín Zapata Gollán, publicado en 1942.

No queremos decir que los hombres de Castilla no se hubiesen puesto en contacto con las naciones ribereñas del río. Por el contrario, hubo vínculos de carácter accidental, pero suficientes para que los conquistadores advirtieran que los pueblos sobre el río carecían de hábitos sedentarios y de trabajo, por las enormes reservas de caza y pesca.

Lo que interesaba al conquistador era la tierra poblada establemente, por tribus con hábitos de agricultura, que sólo encontraron en las de raza guaraní o en aquellas guaranizadas, o que habían adoptado, con algo del idioma, una parte de su técnica.

La fundación de una ciudad se hacía en tres jornadas: primero, la exploración para el encuentro de naciones indígenas sedentarias, que cultivasen la tierra, tuviesen un principio de orden y pudieran ser aliadas naturales del español para defenderse o vencer a las demás tribus nómades de la región; encontrada la zona propicia y la masa autóctona de labor, los expedicionarios volvían a los centros madres de la conquista -a Asunción del Paraguay, en nuestro caso- e informaban y pregonaban la empresa proyectada; se izaba bandera de recluta, y organizada la masa que afrontaba el nuevo poblamiento, partía la expedición a su destino. Se hacía el establecimiento provisorio, y sólo entonces, ratificado legalmente tanto esfuerzo, personalmente o con su consentimiento, el gobernador de la provincia fundaba la ciudad.

Así se procedió en toda América, y cuando estos actos previsores se olvidaron, las ciudades fundadas desaparecieron rápidamente. En cierto modo es lo que ocurre en nuestros días, en que un pueblo no nace al conjuro de una voluntad, sino de condiciones que lo congregan y fomentan.

En 1585, los conquistadores asuncenos y el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón se preocuparon de los territorios del Sudeste, que eran los de la provincia de Vera. Y paralelamente a la expedición que se abrió al Oeste, sobre el Chaco, para fundar a Concepción de la Buena Esperanza del Bermejo, otra no menos esforzada se corrió al paraje Siete Corrientes.

Antes, su caudillo había marchado más al Este, detrás del Yvera, hacia el río Uruguay, y traído la información de que tribus guaraníes, agricultores y de orden, poblaban las formaciones arenosas al Oeste de aquella gran laguna, que llamaron Santa Ana o Apupen.

La expedición de 1585 confirmó este hecho, en cuanto a las estribaciones medias y terminales de estas formaciones arenosas, llamadas lomas, algunas de las cuales terminan en Siete Corrientes, y las otras en escalones hacia el Bajo Paraná, entre ríos que después se llamaron Las Palmas (Riachuelo), Santiago Sánchez (Empedrado), San Lorenzo, Santa Lucía y Corriente.

Fue indudablemente ese año de 1585, ó de 1586, pero no después, cuando Alonso de Vera y Aragón, el Tupi, recorrió la zona Sur de la provincia de Vera, a contar de las últimas estribaciones del Tape, que estaba en jurisdicción de Ruy Díaz de Guzmán.

Vuelto a Asunción, informó sobre las tribus agricultoras guaraníes que poblaban las lomas de Santa Ana, o de la laguna de Santa Ana o Yvera, sobre los recursos naturales de la tierra, su calidad de pan llevar, el que esos guaraníes podían ser amigos de los conquistadores para luchar contra los nómades, que eran también sus enemigos, y que ahí, en Siete Corrientes, y no en paraje diverso, debía levantarse la ciudad de la provincia de Vera(2).

(2) Véase: Por qué se bautizó a la ciudad con el nombre de “Vera”// Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Entonces, el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón dispuso la ejecución del plan, y se pregonó en Asunción el nuevo poblamiento, a principios de 1587, según el Informe de Hernando de Montalvo al rey(3).

(3) Informe datado en Buenos Aires el 23 de Agosto de 1587. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Hasta este momento de la investigación histórica, se ignora la fecha en que el capitán Alonso, con sus soldados y sus enrolados en la empresa, iniciaron el viaje y llegaron al paraje elegido.

Pero de que no se trataba de una empresa de exploración, de que era la llamada a establecer la ciudad, se tiene como elemento de juicio el que vinieron mujeres casadas y solteras, cuyos nombres figuran en los Padrones de la tierra(4).

(4) La nómina puede verse en el trabajo del doctor Ramón Contreras. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Es de presumir que el arribo de los soldados y colonos fue en Junio de 1587, y seguramente el 24, día de San Juan. La hipótesis no sólo resulta de la fecha del pregón y de lo que pudo demorarse en el viaje, sino de una circunstancia que debe ser considerada. Cuando se funda la ciudad por el Adelantado, el 3 de Abril de 1588, o sea cuando se da personalidad política al vecindario, se le asigna la denominación de Ciudad de Vera y se nombra Patrona a Nuestra Señora del Rosario.

Apenas desaparece de la escena Juan Torres de Vera y Aragón, la ciudad aparece designada como San Juan de Vera en las Corrientes, y su Iglesia Mayor es construida bajo la advocación de San Juan Bautista, sobrentendiéndose de los enunciados de las Actas Capitulares(5), que fue el Patrono del poblamiento(6).

(5) Véanse “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomos I y II, Academia Nacional de la Historia. Advertencia de Ricardo Levene. Introducción de Hernán Félix Gómez. Buenos Aires.
(6) Véase: Vera nada tiene que ver con los Vera. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

La primera vez en que se advierte en las capitulares, y documentación anexa, el nuevo nombre, es en la designación que Hernando Arias de Saavedra, como Gobernador General del Río de la Plata, hace el 20 de Diciembre de 1598 de Jacomé Antonio, como Teniente de Gobernador de la Ciudad de San Juan de Vera en las Corrientes.

Antes de este año, las Actas Capitulares consignan el nombramiento de otros Tenientes de Gobernador pero, por el estado de los papeles o el carácter sintético de las transcripciones, no se advierte el título que en ellos asignan a la Ciudad de Vera.

El nombramiento de 1598 es el primero en denominar San Juan de Vera de las Corrientes a la ciudad creada en 1588. La circunstancia de que lo firme una de las primeras figuras de su establecimiento, el que trajo al nuevo solar urbano el arreo de los ganados, da la sensación de que se trata del restablecimiento de la denominación originaria, que los primeros pobladores habían elegido, antes del 3 de Abril y que la providencial designación del criollo Hernandarias para el Gobierno del Río de la Plata, permitiría rectificar.

La expedición pobladora del capitán Alonso -llegada en Junio de 1587, o en el resto de ese año- tocó tierra en el lugar llamado Arasaty, o sea en la última de las siete puntas de piedra que engendraban corrientes diagonales al eje del río.

Como ocurre en estos casos, y es general advertirlo en la crónica de la segunda guerra mundial que convulsionó al mundo, lo primero que hace el invasor es consolidar lo que llaman la cabecera de puente, el punto de apoyo, y más el del Arasaty, en cuya ensenada sur y en la boca del arroyo de su nombre, encontraron amparo las embarcaciones del transporte.

Se labró entonces un reducto y frente a él, tierra adentro, se levantó la Cruz simbólica de la posesión, conmemorando el flamear del estandarte real, y el triunfo de la catolicidad.

La resistencia de los autóctonos no pudo ser inmediata o consecutiva con el desembarco, porque toda acción de guerra obliga a reunir las fuerzas operantes. Recién cuando el reducto se construía, advirtieron los nativos el propósito de poblar, y reaccionaron planteando la resistencia.

Todo esto es lógico, deducido de la naturaleza humana y de las formas sociales guaraníes. Estos carecían de organización estatal; vivían distribuidos en familias, en sus tierras de labranza, de acuerdo con costumbres dignas de un sentido comunicante curiosísimo, y sólo para resistir y guerrear reunían a sus varones y se daban caudillos de pelea. Sus caciques eran los conductores, por el doble atributo de la elocuencia y el valor.

Los conquistadores tuvieron tiempo de levantar el fuerte y explorar la tierra inmediata, en cuya circunstancia se produce el choque.

2.- Naturalmente, estos hechos, que tienen la espontaneidad de un proceso regular dentro de una interpretación racional de las fuentes documentales, no han sido presentados siempre con el mismo sentido, sobre todo en los escritos que fueron en su mayoría polemistas, porque el propósito no fue la investigación histórica desinteresada, sino la acumulación de material e interpretación respecto al Milagro de la Cruz.

Algunos, por ejemplo, han dado influencia preeminente a Hernando Arias de Saavedra, el criollo valiente y laborioso, a quien tanto debe el Río de la Plata. Según la Historia de la Nación Argentina, editada y organizada por la Academia Nacional de la Historia (volumen III), Hernandarias estuvo dos años en Concepción del Bermejo, de la que fue Alcalde de Hermandad.

Volvió después a Asunció, acompañando al Adelantado Torres de Vera y Aragón en la guerra contra los guaycurúes, que se habían sublevado y cuyo plan de dominación integraba la fundación de la Ciudad de Vera.

He aquí los hechos presentados fuera del plan de poblar la Provincia de Vera en la región al sur del Tape, donde el dicho Adelantado organiza las provincias llamadas del Paraná y Uruguay.

Los guaycurúes eran del litoral chaqueño, a contar de Asunción, en la margen derecha; y si en realidad al fundar a Corrientes se los contenía en sus vínculos con los nómades del oriente del Paraná, no vemos por qué este resultado implícito en la fundación de dicha ciudad, puede ser superior al propósito orgánico y sabio de conquistar, para España, las tribus agricultoras y laboriosas de las lomas occidentales del Iberá.

En los hombres de esta raza -los carios del Paraguay- encontró la conquista su puntal mejor cuando la fundación de Asunción; es decir, cuando se abrió su drama, y evidentemente la posible reproducción de este orden de alianza en la zona de Siete Corrientes, era un fin superior al de crear la ciudad para contener a los guaycurúes...

La misma "Historia de la Nación Argentina"(7) hace la crónica inmediata a la fundación de Corrientes. Alude a un asalto de indios guaraníes, en Noviembre de 1589, a la Ciudad de Vera, a la venida de Hernandarias con soldados de Asunción, a que construyó una fortaleza de madera y castigó a los indios.

(7) Ricardo Levene. “Historia de la Nación Argentina”, volumen III, pp. 308 y siguientes. Ed. Academia Nacional de la Historia. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Sexto: “Antecedentes de la población del paraje Siete Corrientes”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Que habiéndose ausentado Hernandarias, en socorro de la Ciudad de Concepción del Bermejo, volvieron los indios a asaltar a Corrientes, cuyos vecinos se salvaron en el fuerte que éste hiciera, lo que habría sucedido a principios de 1590.

Resulta ilógico que un poblamiento iniciado a principios de 1588 -al que también asistió Hernandarias- no hubiese construido un reducto fuerte para amparo, y que debiese volver Arias de Saavedra a fines de 1589 a crearles la construcción defensiva que en toda guerra es el primer acto de conquista.

También resulta innecesario, para glosar los méritos de Hernandarias como hombre de guerra, borrar de la crónica al capitán Alonso de Vera y Aragón, Padre de la Ciudad de Vera. Y esto se dice después de una consignación previa de que los pobladores de Corrientes, en 1588, fueron de 300 a 400, entre españoles y mancebos de la tierra, y de consignar páginas después que, de acuerdo con la inspección que Diego de Góngora (1618-1623), gobernador del Río de la Plata, hizo entre 1620 y 1621 a su distrito, la población de Corrientes era de 91 vecinos o jefes de familia, equivalentes a 405 habitantes; de 89 indios en la ciudad y 1.292 entre Itatí y Santa Lucía.

Suponiendo que las guerras entre 1588 y 1620 hubieran costado vidas humanas y alejado a los colonos más timoratos, la población originaria debió de tener un poder relativamente respetable.

El vecindario aumentó a contar de 1631 con la llegada de los habitantes de Concepción del Bermejo, destruida por los indios, a quienes la Audiencia de la Plata reconoció años después actuar en las elecciones capitulares y ser elegidos regidores.

3.- Estas referencias son necesarias para ver claro en el choque inicial de conquistadores y guaraníes, a raíz del poblamiento de los primeros en el lugar Arasaty del paraje Siete Corrientes, del cual va a resultar una unión inteligente de esfuerzos para resistir el ataque de los nómades.

La fórmula de paz fue el régimen de la encomienda, que se ejercitó en la ciudad de Vera con un sentido netamente cristiano en las obligaciones del feudatario, clave que establece por qué subsistió Corrientes en el hervidero de naciones nómades que cubrían el resto de su jurisdicción.

Esa unión fue legal e indestructible hasta 1611, año en que se establecen las Ordenanzas de Alfaro, las cuales, al suprimir las encomiendas por el tributo o prestación obligatoria de servicios, hirió la altivez de los guaraníes, que se sintieron afrentados y como esclavos, prefiriendo volver a sus bosques.

Alfaro mismo documentó esta posición de los guaraníes, consignando: “porque dicen que ellos sirven cuando quieren y como quieren y que vienen a ayudar a los españoles, no a título de tasas o de servicios, sino como parientes”.

Desde 1612 se limitaron los cultivos, se inició la despoblación indígena que Góngora documenta, y se abrió aquí y en Asunción un período de decadencia.

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