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El lugar del Fuerte inicial de la conquista

Una de las evidencias geográficas, para quien estudia la fundación de la ciudad y las circunstancias correlativas, es el lugar en que los españoles levantaron el Fuerte inicial de la conquista(1).

(1) Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Referimos, naturalmente, a aquellos encargados de explorar el paraje con vistas a la fundación de una ciudad, acaudillados por el capitán Alonso de Vera y Aragón.

Los otros, los que acompañaron al Adelantado fundador, llegaron al paraje del 31 de Marzo al 2 de Abril, y su tarea fue la de abrir los cimientos y labrar las actas.

Mucho se ha escrito sobre esta circunstancia, sin la exégesis lógica del acta de protesta que el Adelantado labró, desde el río Paraguay, en la jurisdicción de la ciudad de Asunción, el 28 de Marzo de 1588.

El documento fue encontrado en el Archivo General de la Nación, de donde lo tomó el doctor Cervera, para su “Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe”, donde se publicó por primera vez.

El documento, publicado por el doctor Cervera, tiene una diligencia que autentica su texto; él no puede ser puesto en duda.

En la notificación, hecha al Adelantado, ese 28 de Marzo de 1588, por Juan Cantero, escribano del Cabildo de Asunción, consta la protesta de ese funcionario. Se le intimaba no mandasen los parientes del Adelantado Juan de Vera dentro del cuarto grado, intimación que se hacía en virtud de Provisión de la Audiencia de la Plata, de los reinos del Perú, cédula real del 19 de Marzo de 1587.

En el documento se dice que Alonso de Vera y Aragón estaba fundando la Ciudad de Corrientes. Está datado en el río Uruguay, términos de Asunción. Su original obra en la Biblioteca Nacional, señalado en la página 238 del catálogo de manuscritos, bajo el Nro. 7.295.

Según algunos, la misma cédula real fue reiterada el 26 de Abril de 1589, de que no se nombrasen, en oficios de Justicia, a parientes del Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, que habría sido notificado el 12 de Febrero de 1590 a Juan de Torres Navarrete, representante de Vera y Aragón. Torres Navarrete protestó en el acto, interponiendo apelación.

En consecuencia, Alonso de Vera y Aragón llega al paraje con formidable poder, a explorarlo y preparar el acto oficial del entablamiento de la ciudad, cuya ceremonia oficial, o final, debía realizar Juan de Torres de Vera.

Recurriendo al texto, se ve que el Adelantado, el 28 de Marzo, al protestar del Proveído de la Audiencia de la Plata, señala que está el capitán Alonso de Vera y Aragón fundando la nueva ciudad, en el paraje de las Siete Corrientes, y que, al referir a los sacrificios realizados, habla de tres navíos y veintiocho balsas con soldados e implementos, que habría conducido el expresado capitán (el doctor Manuel F. Mantilla alude, a este elemento fundador, como capitaneado por el mismo Adelantado).

¿Dónde se estableció Alonso de Vera y Aragón inicialmente?

La tradición es continua e indivisa: en el lugar Arasaty, la última de las puntas del litoral de la ciudad, en la proyección Sur, aguas abajo, y en cuyo seno sur desembocaba un arroyo, cuyo cauce -era afluente y emisario del Paraná-, en sus aguas podía amparar a la escuadrilla que transportaba la expedición.

Si nosotros consideramos el paraje Siete Corrientes desde el punto de vista de un navegante que trae veintiocho balsas, el lugar lógico de desembarco habría sido la última, ya que las Siete Corrientes comprenden un paraje extenso, de varias leguas, entre Camba Punta y Arasaty.

Hacia el Nordeste, está el lugar de amarre de las jangadas, denomínase hoy Puerto Italia, por su falta de formaciones de asperón; iniciadas éstas, no terminan hasta el Arasaty, que es la última, y es obvio que los navegantes del siglo XVI huían de las piedras, por carecer de anclas, pues el hierro era un artículo de lujo. Era la época en que la gente destruía el navío que venía de ultramar, para usar el hierro en los mil menesteres de la colonización.

En otros dos puntos de este arco de circunvalación, pudo desembarcar el explorador: al Sur de la punta Baterías, o al Este de la punta Tacuaras, donde también desembocaban arroyos con cauces torrentosos; pero mientras el punto Baterías tenía el peligro de los vientos del Norte, el de Tacuaras es suelo movedizo, de cangrejales. Por eso mismo, para levantar el muro de contención de la Avenida Costanera a la ciudad, ha debido cederse playa al río.

La lógica apoya, entonces, a la voz de la tradición, como las cien referencias indiciales que fluyen de la documentación del Archivo colonial.

Pero un ilustre sacerdote correntino, el R. P. Juan Nepomuceno Alegre, fue el encargado, por el destino, para consignar fehacientemente el suceso. A él se debe la individualización del lugar y restos del fuerte inicial de la fundación de Corrientes, descubrimiento que fue documentado oficialmente.

El Fuerte quedaba sobre la barranca del Arasaty. Su ruina consistía en “un muro, teniendo de Norte a Sud cincuenta varas castellanas de longitud; de Este a Oeste, por ambas extremidades, seis varas de latitud, formando un área cuadrangular; y una vara de altura, a una profundidad bajo de tierra, siendo las paredes construidas de piedra tosca, cortada de la misma de que está formada la barranca a la costa del río, habiendo hallado una gran porción de fragmentos de losa barro de tiesto, que por su material se conoce ser trabajado en el Paraguay, y una estacada de palo a pique de cincuenta varas castellanas de longitud en dirección de Sud a Norte, trabajada y dispuesta como se ve en las trincheras de las guardias y fortines de la República del Paraguay, donde se conserva la costumbre primitiva de los españoles”.

El lugar, según el Acta, quedaba al Noroeste de la ciudad. Se hizo mérito de que ésta fue -según observaciones del Padre José Quiroga- fundada a los 27° 43' de latitud y 318° 57' de longitud, como de una información levantada a petición del mayordomo de la Cruz del Milagro, S. M. F. Alarcón, y tomada por el ministro Tomás de Zalazar, cura párroco de la parroquia de San Roque, de la Ciudad de Santa Fe.

Estos restos del Fuerte inicial quedaban al Oeste de la columna erigida, para señalar el lugar donde se levantaba la Cruz del Milagro en el momento de la fundación, que fue trasladada a la ermita donde se le rindió culto hasta 1730, año en que se la trasladó al santuario construido en el lugar en que se levanta el templo de nuestros días.

Las instalaciones ferroviarias construidas después en esta parte de la ciudad han cambiado su topografía(2). En sus inmediaciones se erigió (1929), la estatua del general Carlos María de Alvear, en cuya oportunidad restos arqueológicos de la época colonial fueron hallados, depositándoselos en el Museo Histórico Colonial de Bellas Aries de la Provincia.

(2) Las instalaciones feroviarias fueron trasladadas en 1969. Actualmente es el lugar de bajada -egreso e ingreso- a la Ciudad de Corrientes del puente interprovincial “General Manuel Belgrano”.

Pero de la ruina de 1588, individualizada en 1857, nada puede observarse en el lugar. Sólo un resto de aquella empalizada histórica escapó al abandono, debido a un gesto de gentil homenaje cumplido, en aquel entonces, por el gobernador de la provincia, doctor Juan Pujol.

Referimos al envío de un fragmento de la palizada de madera, hecho al primer presidente, general Justo José de Urquiza, que se custodia en nuestros días en el Palacio San José (Concepción del Uruguay), ex residencia de aquel ilustre argentino. De esa madera tres veces centenaria, sólo nos queda su amable recuerdo.

Cuando el Adelantado, después de su Protesta, llegó al paraje Siete Corrientes para fundar la ciudad, el Fuerte inicial debió de estar terminado y listo para la defensa lo que explica el hecho de que la ciudad se situara en la punta llamada Pucará, sin que haya argumento alguno para negar la construcción del Fuerte, que fue centro de la vida de aquel núcleo, hasta que las construcciones de la ciudad fueron hechas. Y ellas no fueron tarea de un día, sino de una década.

Por eso el Fuerte inicial se llama Pucará, amparo del núcleo fundador en los momentos de peligro, como fueron los pucarás de la civilización incaica y en todo el Noroeste argentino.

El nombre, atribuido por los españoles, puede tener una acepción guaraní, y esto confirmaría lo que tenemos expuesto.

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