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Emplazamiento geográfico de la ciudad fundada por Torres de Vera y Aragón

Es posible que las primeras ciudades que España fundó en América hubiesen sido entabladas sin un mayor estudio de su situación geográfica. Pero fueron tantas y tantas las ciudades abandonadas después de levantados sus cimientos, que las Leyes de Indias se cuidaron de establecer y actuar las condiciones que debían tenerse en cuenta, que dentro de una conducta lógica, no podían conocerse sino después de una exploración inteligente y seria(1).

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

A contar de mediados del siglo XVI nada se hizo, en lo relativo a la fundación de ciudades, sin que el lugar en que se entablaron fuese objeto de un estudio cuidadoso, consultando la fertilidad de las tierras, la existencia de agua potable, de bosques vecinos para arbitrar el combustible, de campos jugosos para el pastoreo del ganado, de lugares de abundante caza y pesca, y de condiciones topográficas tales que hiciesen posible el amparo de los elementos naturales y la defensa de la población autóctona que podía oponerse, pero cuya colaboración era esencial para el trabajo de las construcciones y el cultivo de la tierra.

El Acta de la fundación de la Ciudad de Corrientes dice, al referir al lugar elegido: “La cual y dicha parte parece ser mejor e buen sitio donde la gente puede estar y poblar por tener como tiene tierras de labor, leña, pesquería, caza, aguas e pastos e montes para sustanciación de los dichos pobladores y de sus ganados, para la perpetuación de dicha ciudad, etc.”(2).

(2) Véanse: “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I, p. 45, edición de la Academia Nacional de la Historia. Final del Acta de Fundación: “... y eligieron por ejido puesto de la dicha ciudad y a todos los vientos e moradores que poblaron en ella e vinieron a poblar cese de las cuadras que señaló hasta un cuarto de legua que tomó todo el contorno de la Ciudad”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

En otras palabras, su fundador, el Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, tenía la certeza de que el paraje elegido tenía estas condiciones, paraje que, geográficamente, comprendía, además de las cuadras del casco urbano que señaló, un sector circular a todos los vientos, de un cuarto de legua.

Está documentado que el 28 de Marzo de 1588, el Adelantado Torres de Vera y Aragón se encontraba en el río Paraguay, en viaje desde la Ciudad de Asunción(3), en que le es notificada la Provisión real de la Audiencia de la Plata, que él protesta ante el escribano del Cabildo de Asunción del Paraguay.

(3) Véase Manuel M. Cervera. “Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe” (1904), tomo I-Apéndice, en p. 45, Santa Fe. Tras una comunicación al Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón -que le fue entregada en el río Paraguay dentro de los términos de la Ciudad de Asunción, el 28 de Marzo de 1588- de una Provisión expedida por la Audiencia Real de la Plata, en la que se le prohibía diera oficios a sus parientes dentro del cuarto grado. El Adelantado Protesta y se reafirma en su derecho de utilizar a sus dos sobrinos de Vera y Aragón, el uno de los cuales estaba en Concepción del Río Bermejo y, el otro, en Corrientes. Dice: “Que asimismo señaló para la fundación de las Siete Corrientes al capitán Alonso de Vera y Aragón, que al presente está fundando la Ciudad de Vera, habiendo hecho excesivos Gastos en la jornada en tres navíos que ha traído para ello y veintiocho bajeles y los Gastos que tiene hechos para un navío de envío al Brasil por cosas necesarias para el sustento de la dicha Ciudad de Vera...”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Geográficamente, este paraje debe establecerse entre la desembocadura del río Bermejo y la unión del río Paraguay con el río Paraná y la razón de la notificación que el Adelantado recibe en el río Paraguay(4), pues se retiraba de la escena política.

(4) Seguramente, la Provisión real de la Audiencia de La Plata que le fue entregada al Adelantado a la altura de la desembocadura del río Bermejo, no había llegado al Cabildo de Asunción cuando se ausentó de ella. Si así no fuese, hubiera sido notificado en Asunción. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Si el 28 de Marzo de 1588 está en ese paraje, no pudo, con medios de navegación a vela, llegar al paraje Siete Corrientes antes del 1 de Abril. Y si, históricamente consta que el Acta de Fundación es del día 3 y antes de labrársela se determina el espacio del casco urbano, se miden cuadras, se asignan solares y se erige el Rollo de la Justicia, es evidente que el Adelantado procede en virtud de exploraciones previas, de todo un plan de acción, que él mismo documenta en su consignada Protesta.

Estas exploraciones estuvieron a cargo de uno de sus sobrinos, el experto capitán Alonso de Vera y Aragón. El debió adelantarse, en meses, a la llegada del Adelantado, para reconocer el paraje y sus recursos y decidir sobre el lugar de erección de la ciudad.

Desde ya se supone que ambos procedían sobre la conveniencia de fundar la ciudad en el paraje Siete Corrientes(5). La cuestión era elegir el lugar geográfico conveniente, cuestión que para nosotros comprende hoy la de individualizar el punto de la costa en que el explorador desembarca inicialmente, donde se establece con carácter provisorio para las exploraciones y si ese lugar es el mismo en que se fundó la ciudad.

(5) La necesidad de fundar una ciudad en el paraje de las siete corrientes para proteger y fomentar la navegación, resulta de apreciaciones de las distancias. Entre Buenos Aires y Asunción del Paraguay la extensión de río era enorme; la escala en Santa Fe era insuficiente. Cuando España, para proteger a Santa Fe, la convirtió en puerto preciso del Paraná, omitió crear regalías para el puerto de Corrientes, que las tenía de hecho. Y cuando cortó las regalías a Santa Fe y ésta protesta, se produce un documento en que el Procurador de dicha ciudad expone sus razones (véase la citada “Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe” (1904), de Manuel M. Cervera, tomo I, p. 127 del Apéndice). // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

El paraje Siete Corrientes era conocido por los navegantes de fines del siglo XVI; su propia denominación induce las condiciones acuáticas, características de las siete corrientes.

Andando en embarcaciones pequeñas, que eran movidas y zarandeadas navegando con vientos contrarios, no podían dejar de preocupar a los navegantes y canoeros. Debe tenerse presente que, prácticamente hasta la navegación a vapor, el río Paraná no era navegado de noche. Cuando ésta llegaba, los barcos amarraban en la costa.

De ahí la equidistancia de los puertos del río y su espaciamiento, generalmente igual a las distancias que un velero menor podía recorrer en horas de luz. Las siete corrientes, que signaban el paraje, requerían la silga de las embarcaciones, operación peligrosa, porque las tribus de la región no estaban sometidas.

Era necesario proteger a los silgadores, sobre todo porque las tareas pesadas de las embarcaciones eran propias de los indios sometidos, usados como remadores y silgadores.

La fundación debía hacerse en el paraje Siete Corrientes, paraje muy extenso; comprende la extensión de costa alta, barrancosa, situada entre el bañado Sur de la ciudad de nuestros días y la boca del río Paraguay.

Como las corrientes, en el río, oblicuas al eje de su cauce, eran producidas por grandes puntas de piedra arenisca, y como la navegación dificultosa era la de aguas arriba, el punto geográfico más útil del paraje para los navegantes era aquél en que ellas se iniciaban para el tráfico aguas arriba. En otras palabras, la última punta, hacia el sur del lugar.

La tradición verbal, uniforme e indivisa, las consignaciones de los cronistas del período colonial y las comprobaciones indiciales que resultan de los documentos públicos están de acuerdo en que los españoles arribaron en el lugar de la costa denominado Arasaty, al sur de la punta del mismo nombre, en la ensenada que ésta forma en esa parte del litoral.

Arasaty es la séptima y la última de las puntas que conforman el litoral de la ciudad; dentro de la ensenada desemboca un arroyo, que también lleva su nombre, y cuyo cauce disminuye, como resultado de la sedimentación a través del tiempo.

Si a las comprobaciones de la tradición una, indivisa, constante, agregamos que el Arasaty, como punta rocosa, sólida, saliente, guiaba, orientaba en el tráfico aguas arriba, y que la desembocadura y pequeña ría del arroyo, formaban protección a las pequeñas embarcaciones y balsas que debieron usarse, nos encontramos con elementos lógicos concurrentes que ratifican el hecho histórico.

Arasaty es bosque de guayabas, lugar en que abunda el fruto exquisito; restos de grandes bosques subsistieron en torno, donde la clase popular hacía, hasta hace algunos años, sus paseos domingueros. Hoy está completamente urbanizado.

Antes debió de ser un lugar admirable, porque además de los silvestres frutales, era un paraje de abundante caza.

La existencia del cauce del arroyo Arasaty, imprescindible para proteger las embarcaciones de los vientos que encrespaban el río volviéndolo peligroso, es otro argumento de consideración lógica. La técnica de buscar una ría o cauce protector, la inaugura Pedro de Mendoza, al llevar sus naves al Riachuelo, hablando de grandes embarcaciones.

La vemos cuando la primera fundación, en Táva Kue, de la reducción de Nuestra Señora de Itatí. Es, también, la costumbre de nuestros isleños para juntar y proteger sus modestas canoas.

La comprobación fehaciente de que el capitán Alonso de Vera y Aragón llegó al punto geográfico del Arasaty, donde desemboca y establece su real, resulta sobre todo de la certeza histórica de dos lugares cuya comprobación histórica y geográfica es incuestionable: aquél, en que erige la Cruz, símbolo de la posesión; y aquél en que se descubren las ruinas y restos del fuerte originario.

Ambos lugares están en el Arasaty de la denominación histórica, que la más ligera observación topográfica puede comprobar.

Establecido el lugar geográfico del poblamiento inicial, y explicado el motivo, en el extenso paraje de las Siete Corrientes, queda una pregunta que cientos de personas se han formulado:

¿Cómo es que los restos de la Ciudad de Corrientes, que su casco histórico, no se encuentre en aquel lugar de Arasaty? ¿Por qué y desde cuándo fue desplazada hacia la punta denominada San Sebastián?

Muchos de nuestros historiadores -seguramente, por carecer de informaciones documentales- vienen sosteniendo que décadas después de la fundación y establecimiento de la ciudad en el lugar de Arasaty, también llamado Pucará, fue trasladada al Nordeste, al lugar denominado Taraguy, lugar donde actualmente se encuentra. Casi puede decirse que esta creencia es tenida como cosa juzgada.

La publicación ordenada y con índices detallados de las Actas Capitulares de Corrientes, que 1941 efectuó la Academia Nacional de la Historia, con la intervención personal del doctor Hernán F. Gómez, prueba que este argumento carece de valor.

Las Actas de los siglos XVI y XVII se encuentran íntimamente ligadas a su destino y es obvio que si la ciudad hubiese sido desplazada de su primer asiento tal circunstancia hubiera resultado del texto de las mismas.

Por el contrario, las Actas prueban que el proceso urbano de la ciudad fue dificultado por el hecho de que los beneficiarios de los solares que rodeaban la Plaza Mayor no habían levantado sus casonas propias, porque abandonaron, desampararon, junto con la ciudad, los solares que se les atribuyeron(6).

(6) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo I, pp. 135-136, de la Academia Nacional de la Historia. Advertencia de Ricardo Levene, Introducción de Hernán Félix Gómez, Buenos Aires. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Segundo: “Comprobaciones histórico-geográficas previas”. Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Ante la necesidad -sobre todo para la defensa- de formalizar el casco urbano, fue necesario volver a distribuir los solares centrales. Entonces, el Cabildo realiza procesos indagatorios, a cuyo término se declaran vacuas las asignaciones anteriores y con algunas reservas con estos nuevamente distribuidos a los pobladores de verdad, de acuerdo con gestiones del Procurador General de la Ciudad, Juan Gómez de Torquemada.

Esto ocurre en 1598 y en 1608, en las dos décadas que siguen a la fundación; pero en momento alguno la ciudad cambia de lugar.

Como al período de exploración y conquista del capitán Alonso de Vera y Aragón sigue el de fundación, abierto por el propio Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, el 3 de Abril de 1588, tales antecedentes dicen que el emplazamiento de la ciudad fue su lugar actual y que las ceremonias determinadas por el Acta inicial, de situar la Plaza Mayor, diseñar los solares y cuadras inmediatas, levantar el Rollo de la Justicia, establecer el sitio para la iglesia, etcétera, todos sitios sobre la plaza, se ejecutaron en terrenos junto a la actual plaza “25 de Mayo”, que es la Plaza Mayor de nuestros días y cuyo solar asignado a Iglesia Mayor es la actual Casa de Gobierno.

La ciudad no fue trasladada. Juan de Torres de Vera y Aragón la delineó en el paraje que ocupó un cuarto de legua que tomó todo el contorno de la ciudad, donde se levantaron las primeras construcciones. Su establecimiento no fue un transplante, sino pura y definitivamente una fundación.

Eligió el lugar más alto y oportuno, en la base de la punta que se llamó San Sebastián, aquélla que forma la corriente más poderosa y de cuyo balcón se advierte, hacia el Este, la perspectiva del río hasta el lugar llamado las "Tres Bocas", con los canales descendentes al infinito.

Debió de ser el lugar que el propio Alonso de Vera y Aragón tuvo en cuenta, pero que no estaba en sus facultades para poder distribuir a los pobladores que lo acompañaban. Su establecimiento en Arasaty tenía el sello de lo provisorio, como quien busca un lugar propicio para el primer esfuerzo.

También y dentro de la lógica, ese poblamiento inicial del Arasaty debió continuar hasta que se levantasen construcciones definitivas, lo que ocurre de acuerdo con las Actas Capitulares dentro de la década, pues los reclamos se abren por solares abandonados, en 1598 y las calles se limpian en 1593.

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