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Fundación de San Juan de Vera de las Siete Corrientes contada por Raúl de Labougle

Era el 3 de Abril del Año del Señor de 1588, Domingo, Día de la Resurrección de Lázaro. Sobre las barrancas del Paraná, en el sitio conocido de antaño por “las Siete Corrientes”(1), se apiñaba gran concurso de soldados, un fraile franciscano, algunas mujeres y niños. Estaban en el centro de una amplia palizada, con pretensiones de fuerte, que sus manos levantaran poco antes, y en la que también se agrupaban ganados y variadas clases de animales domésticos.

(1) Padre Pedro Lozano, de la Compañía de Jesús. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” (1874), tomo III, pp. 280 y 281, Buenos Aires. Se ha atribuido la idea de la fundación al Padre Juan de Rivadeneyra, de la Orden Seráfica. Sea como fuere, era en el Consejo de Indias y en las capitulaciones donde se establecía qué debía fundarse; el lugar del asiento lo elegía el conquistador. El Adelantado la llamó Ciudad de Vera, como consta en el Acta de Fundación. Al comenzar el siglo XVII empezó a ser designada con el nombre de “San Juan de Vera”; más tarde aparece en algunos documentos con el aditamento “de las Siete Corrientes”. Y este último fue el nombre que predominó, aunque el de “San Juan de Vera de las Siete Corrientes” se empleara oficialmente desde la segunda mitad del siglo mencionado. Cf. “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I, edición de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

Quien mandaba en aquel abigarrado conjunto era el licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, quinto Adelantado, Gobernador, Capitán General, Justicia Mayor y Alguacil Mayor de todas las provincias del Río de la Plata, por Su Majestad el Rey de España y de las Indias, Don Felipe II(2).

(2) El licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, de familia noble e ilustre, hijo legítimo de Alonso de Vera y Aragón y de Luisa de Torres. Su padre asistió a la conquista de Estepa, combatiendo contra los moros, y su abuelo ganó, en contradictorio juicio, Ejecutoria de Nobleza, en 1528, ante la Real Chancillería de Granada. Cf. Carlos A. Luque Colombres. “Don Juan de Vera y Zárate” (1944), edición de Córdoba. Oidor de la Real Audiencia de Concepción, en el “Reino de Chile” en 1565; fue trasladado -con igual cargo- a la de  Charcas, en 1575, por el virrey del Perú, Francisco de Toledo. Allí contrajo matrimonio, el 15 de Diciembre de 1577, con Juana de Zárate, hija única y heredera del cuarto Adelantado del Río de la Plata, Juan Ortiz de Zárate, en las circunstancias novelescas que son sobradamente conocidas. Federico Palma ha escrito una excelente biografía de este quinto Adelantado. Cf. “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” (1967), Nro. 2, pp. 11 a 64, edición de Corrientes. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

Con alta voz, que hizo resonar en aquellas soledades por primera vez el viril y armonioso idioma de Castilla, declaró que “en cumplimiento de la Capitulación que hizo el Adelantado Juan Ortiz de Zárate, Caballero del Orden del Señor Santiago, su suegro, con Su Majestad, de que poblaría ciertos pueblos en estas provincias, como más largamente se contiene en la dicha Capitulación, fundaba y asentaba la ciudad de Vera, en el sitio que llaman de las Siete Corrientes, provincia del Paraná y Tapé”.

Asignó luego los límites y términos que le correspondían y, para su gobierno, nombró los Alcaldes y Regidores, Procurador General y Mayordomo que integrarían el Cabildo, estableciendo que dichos oficios fuesen cadañeros.

Tomó el Adelantado juramento a los funcionarios designados, que lo prestaron “en forma debida de derecho por Dios Nuestro Señor y por Santa María su Madre y por las palabras de los Santos Evangelios, y por una Señal de la Cruz, de que usarían bien y fielmente los dichos oficios y guardarían justicia a las partes y no llevarían derechos demasiados”, y en todo harán aquéllo que más conviene al servicio de “Dios Nuestro Señor y de Su Majestad y bien de la República y a la conclusión del dicho juramento dijeron cada uno por sí y por lo que les toca, sí juro y Amén y prometieron de lo así hacer”(3).

(3) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I, pp. 35 a 39, edición de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

El Adelantado y las autoridades por él constituidas, “todos de un acuerdo y conformidad”, eligieron y situaron el lugar para la Iglesia Mayor “y le dieron por advocación Nuestra Señora del Rosario”, poniendo allí, en señal de posesión, “una Cruz a la que todos adoraron” y, luego, continuando la tarea fundacional, fueron en mitad de la plaza y mandaron fincar un palo para el Rollo, donde se ejecutase Justicia y mandó el señor que ninguna persona lo quitase de la parte y lugar donde queda fijado, so pena de la Vida, sin licencia de Su Majestad o de Su Señoría u otro Juez competente que en nombre del dicho señor Gobernador mandase(4).

(4) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I, pp. 35 a 39, edición de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

Juan de Torres de Vera y Aragón, entonces, desenvainó su espada y dio con ella dos golpes en el Rollo, diciendo en alta e inteligible voz: “¡Por el Rey Don Felipe, nuestro Señor!” Terminado que fue ese acto, “andando por el campo de la dicha ciudad”, señalaron el ejido y cuadras donde se había de poblar, que tendría un cuarto de legua de cada lado.

Con todo lo cual, “se acabó é feneció y fundó la dicha población ciudad iglesia horca ejido”, reza el Acta pertinente, que redactara el escribano Nicolás de Villanueva y que firmaron y rubricaron, como correspondía, el Adelantado y los miembros del Cabildo, haciéndolo como testigos “el general Juan de Torres Navarrete y el  capitán Diego Gallo de Ocampos, maese de campo general de estas provincias, y el capitán Felipe de Cáceres, alférez general, estantes en esta ciudad”.

El Adelantado nombró Capitán General y Justicia Mayor a su sobrino, el capitán Alonso de Vera y Aragón y, cumplidos los requisitos que para el caso eran menester, el 6 de Abril se embarcó rumbo a España.

Con él fue también el capitán Diego Gallo de Ocampos, en calidad de Procurador General de la nueva ciudad, portador de sendas cartas, de fecha 5 de Abril, del Cabildo al rey Felipe II, en las que solicitaba mercedes, expresando en ellas que el Adelantado, habiendo comprobado que frecuentemente no era posible navegar el Paraná porque los indios, embarcados en canoas, salían a robar y matar los españoles que de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires iban a Asunción, o de ésta a aquéllas, decidió la fundación realizada de Vera.

El Padre Lozano, de la Compañía de Jesús, historiador erudito y veraz, escribe al respecto: “El fin de ésta fue para que por ambas márgenes del gran Río de la Plata tuviesen los indios enfrenado su orgullo, dándose las manos recíprocamente ambas ciudades de la Concepción y de las Corrientes, y para que ésta sirviese de escala en la navegación desde Buenos Aires al Paraguay”(5).

(5) Padre Pedro Lozano, de la Compañía de Jesús. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” (1874), tomo III, pp. 280 y 281, Buenos Aires. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

El Cabildo aseguraba al rey en sus cartas que la ciudad de Vera, asentada “en las rriberas del Rrio de la plata a la boca del gran Río Paraná en la mejor parte que en todas estas provincias se halla, así por obviar los males arriba dichos como para el bien de los yndios y españoles que en estas provincias estamos de donde se hará gran aumento y comercio con españa brazil chile tucumán y Pirú por respeto destar en medio de las provincias del Guaira y del rrío Bermejo donde está poblada la ciudad de la concepción de buena esperanza camino del Pirú agora nuevamente poblada”(6).

(6) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I, p. 46, edición de la Academia Nacional de la Historia. Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Sección Manuscritos, tomo 151, expediente 108, año 1588. Carta del 5 de Abril de dicho año, del Cabildo de Corrientes al rey. // Citado por Raúl de Labougle. “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. 1588-1814” (1978), Buenos Aires. Edición del Autor.

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