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La Ciudad de Vera y su planteamiento

En estos momentos del III Centenario de la fundación de Corrientes, todo rasgo histórico que se refiera a ella, tiene un interés palpitante. Es por eso que revistaremos, brevemente, los siguientes puntos históricos, de importancia topográfica, digámoslo así, pero que darán satisfacción a la curiosidad pública, despertada con motivo de las dudas v aserciones inesperadas manifestadas días pasados en el artículo del doctor Mantilla(1).

(1) doctor Ramón Contreras. Extracto de la obra “Recuerdos Históricos sobre la Fundación de Corrientes en el Tercer Centenario” (1888). El doctor Contreras fue el compilador de la documentación que la provincia de Corrientes hizo publicar oponiéndose a la separación del Territorio de Misiones con el pretexto de fijársele sus límites por Ley nacional y, en aquellos libros, manifiestos, etcétera, se habían dado al público antecedentes serios de la fundación de Corrientes (1588) y de su dominio jurisdiccional. Le fue fácil, entonces, escribir sobre los sucesos que dieron origen a la ciudad, con encomiable entusiasmo y erudición. Al darse el debate sobre varios aspectos de este proceso histórico con el doctor Manuel Florencio Mantilla, el doctor Contreras ahondó en sus informaciones, dando a luz el folleto “Recuerdos Históricos...”.

1.- ¿Vino, antes que llegara Juan de Vera, un destacamento?

2.- ¿Hubo acto expreso y solemne de la fundación de Corrientes?

3.- ¿Qué personas habrán sido las fundadoras?

4.- ¿Qué nombres ha tenido la ciudad?

5.- ¿Cuál habrá sido la primera construcción?

6.- ¿En qué paraje mismo se fundó la ciudad?

7.- ¿De qué carácter fueron los actos de gobierno del Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad?

1.- Don Juan Ortiz de Zárate, para conseguir el título de Adelantado del Río de la Plata, entre otras cosas, se había comprometido con el rey de España, a fundar cierto número de ciudades en el territorio de su adelantazgo.

Después de una serie de sucesos desgraciados, desde que salió de España hasta que pudo llegar al Río de la Plata, y después de tantos sinsabores que desde entonces le ocasionaron sus actos de gobierno, había muerto en Asunción del Paraguay, en 1575.

En su testamento había dispuesto que recayese el adelantazgo en quien se casara con su hija, doña Juana Ortiz de Zárate, la cual había preferido la mano de don Juan Torres de Vera. Ministro togado de la Audiencia Real de Charcas, a la de otros muchos pretendientes, habiendo pensado el virrey de Lima, don Francisco Toledo, casarla con un protegido suyo, y cuyas intenciones burladas, fue causa de las persecuciones del virrey a Juan Torres de Vera.

Este, “en cumplimiento” pues de esas “capitulaciones”, resolvió fundar la hoy Ciudad de Corrientes, en virtud de poderosas razones políticas y económicas, para la prosperidad de la colonización del Río de la Plata, y para adelantar la conquista de su territorio en posesión legítima de las poblaciones bárbaras.

A ese efecto, “mandó alistar una gran expedición y elementos de todo género, como que el Adelantado en persona iba a mandarla... Pregonada la empresa y arreglados los negocios administrativos y políticos de la Asunción, se dio a la vela Vera de Aragón hacia las ‘siete corrientes’, a los fines del mes de Marzo de 1588. Llevaba consigo la gente granada de la conquista, en oficialidad, y tropa; contándose entre ellos el teniente Gral. Juan Torres de Navarrete, pariente del Adelantado..., siendo los soldados ‘ciento cincuenta’ hombres casados y solteros elegidos. El convoy se componía de ‘tres barcos, un bergantín y veintiocho balsas’, verdadera y formidable escuadra para aquellos tiempos, que podía desafiar con serenidad y confianza todo el poder naval de los agaces y payaguás unidos, los dominadores de la navegación cuando Caboto remontó el Paraguay.

“Por tierra despachó Vera y Aragón ‘cuarenta’ hombres, conduciendo vacas, bueyes, caballos y yeguas para la alimentación, servicio e industria de la nueva ciudad; ganados que sirvieron para fundar las primeras estancias entre el Tevikuary y Paraná, territorio de la jurisdicción y de la propiedad de Corrientes hasta el malhadado tratado de Belgrano con el Paraguay en 1811” (Dr. Mantilla, artículo “La ciudad de Vera” citado).

Dados esos preciosos detalles proporcionados por el Dr. Mantilla, de que toda la expedición se componía de 190 soldados y pobladores; de que habían salido de Asunción “a fines de Marzo”, es claro que a esa parte principal de la expedición había precedido a su llegada al puerto de Arasaty, una pequeña porción de ella, que en Marzo fundó el “fuerte o reducto” de palo a pique que estuvo todo hecho para el día de la fundación, el 3 de Abril, lo que no habría sido posible para esa fecha, entre la del desembarco y la citada de la fundación, sin ese anticipado destacamento de la expedición principal.

En efecto, consta de las fuentes históricas ya citadas en el párrafo anterior, que un puñado de españoles (28, 60 u 80), echaron los cimientos de un “fuerte”, antes de la fundación de la ciudad, en Abril 3.

Pero en Marzo 28, el Adelantado con su expedición se hallaba todavía en el río Paraguay, en donde desde Asunción fue el escribano Juan Cantero a notificarle una provisión real de Marzo 19 de 1887, de la Audiencia de la Plata (según documento que obra en nuestro Archivo, agregados al Acta capitular de Agosto 16 de 1588); es razonable suponer que habrá llegado con la expedición al puerto de Arasaty el 29 de Marzo adelante.

Pero si desembarcaron el 30, de allí al 3 de Abril no había tiempo material para desembarcar, tomar tierra, refrescar la gente, hacerse de matalotaje, levantar barracas, cortar maderas y ramas y tener hecho el “fuerte”, antes del 3 de Abril.

Forzoso es entonces reconocer la verdad del hecho histórico, de que un puñado de españoles (28, 60 u 80), desembarcaron en Marzo en Arasaty, antes de llegar ahí el Adelantado con el resto de la expedición, entre el 28 de Marzo y el 3 de Abril.

De ese modo, las fuentes históricas citadas y el Dr. Mantilla, quedan en armonía y con la autoridad respectiva que merecen la naturaleza de sus narraciones. Pero, sin ese destacamento previo, se ponen en contradicción aquéllas con el Dr. Mantilla, y éste con nuestra narración del hecho de “Marzo 28”.

2.- Una vez llegado el Adelantado con su gente por agua en el sitio de las “Siete Corrientes”, llamado después por los españoles “El Pucará”, donde estuvieron por más de cien años a la vista el “fuerte” y la “ermita” de la Cruz del Milagro, procedió por medio de acto expreso y solemne, a fundar la ciudad, según el documento siguiente, publicado por el Dr. Mantilla a su artículo citado de Las Cadenas, como obsequio suyo a Corrientes es su tercer centenario, y por él obtenido en copia, de la que el Dr. Quesada había tomado del existente en el Archivo General de Indias, o como dice el Dr. Mantilla, “del Archivo de Indias de Sevilla”.

El Acta de la Fundación es la siguiente:

“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero, y de la Santísima Virgen su Madre, y del Rey D. Felipe, nuestro señor: Yo, el licenciado D. Juan de Torres de Vera y Aragón, Adelantado, Capitán General, Justicia Mayor y Alguacil de todas estas Provincias del Río de la Plata, por Su Majestad; en cumplimiento de las Capitulaciones que hizo el Adelantado, don Juan Ortiz de Zárate, de que poblaría ciertos pueblos en estas Provincias, fundo y asiento y pueblo la Ciudad de Vera, en el sitio que llaman ‘de las Siete Corrientes, Provincia del Paraná y Tape’, con los límites y términos siguientes: De las ciudades de Asunción, Concepción de Buena Esperanza, Santa Fe de la Vera Cruz y Salvador, Ciudad Real, Villa Rica del Espíritu Santo, San Francisco y Mbiaza, en la costa del Mar del Norte, para agora y para siempre jamás, en el entretanto que Su Majestad, o por mí, otra cosa no sea mandado en su real nombre. La cual y dicha parte parece ser mejor e buen sitio donde la gente pueda estar y poblar por tener como tiene tierras de labor, leña, pesquería, caza, aguas e pastos e montes para sustanciación de los dichos pobladores y de sus ganados, para la perpetuación de dicha ciudad, con muchas tierras para estancias para repartir a los pobladores y vecinos de ella, como Su Majestad lo manda por sus reales cédulas, con protestación que si se hallare otro sitio mejor ‘se pueda trasladar la dicha ciudad con el propio nombre’ donde convenga más al servicio de Dios y de Su Majestad y utilidad de los pueblos, y esta mudanza se haga con acuerdo y parecer del Cabildo, y así: en nombre de S. M. y por virtud de sus reales poderes que tengo y que por su notoriedad no van aquí insertos, nombro Alcaldes, Regidores, Procurador General de Ciudad, Mayordomo de ella, para que la tenga en justicia, guarda y conservación, administrando justicia en los negocios civiles y criminales anexos a sus Oficios, conforme a las Cédulas y Ordenanzas que Su Majestad tiene dadas a las ciudades de las Indias, para que gocen de dichos sus Oficios anexos a sus cargos, conviene a saber: alcaldes ordinarios y de hermandad, a Francisco García de Acuña y Diego Ponce de León; regidores: alguacil mayor, Juan de Rojas, Martín Alonso de Velazco y Héctor Rodríguez, Asencio González, Estevan de Vallejos, Francisco de León, Diego Natera, Francisco Rodríguez, Pedro López; fiel ejecutor: Melchor Alonso; procurador: Antonio de la Madrid; mayordomo: Gerónimo Ibarra; y pareciéndome que la dicha elección es justa, que de aquí en adelante se haga en un día señalado, desde aquí para siempre jamás por la presente nombro y señalo la elección de dichos Oficiales en cada un año por el día de año nuevo, nombrando los que salieron a los que entraren por voto, de bajo juramento, a derecho, estando en su Cabildo y ayuntamiento como Dios les diere mejor a entender en sus conciencias, nombrando a aquellas personas que con más rectitud y celo entendieren que conviene al servicio de Dios y de Su Majestad para el buen gobierno de dicha ciudad, como se hace en los virreinos del Perú y en todas las Indias.

“Fecho en la Ciudad de Vera a 3 días del mes de Abril de 1588. - Juan de Torres de Vera y Aragón - Nicolás de Villanueva, escribano público y del cabildo, tomó e recibió juramento de los dichos alcaldes y regidores, alguacil mayor, procurador e mayordomo, que guardarán justicia a las partes y no llevarán derechos demasiados, y en todo harán aquello que más conviniere al servicio de Dios Nuestro Señor, de Su Majestad y bien de la República; y a la conclusión declara cada uno por sí y por lo que les toca sí ‘juro y amén’, y prometieron de lo así hacer - Testigo, el general Juan Torres de Navarrete; el capitán Diego Gallo de Ocampos, maese de campo general de estas Provincias; y el capitán Felipe de Cáceres, alférez general -estando en esta ciudad- Juan de Torres de Vera y Aragón - Nicolás de Villanueva, escribano público y de cabildo.

- “E luego el dicho Adelantado y Gobernador, en cumplimiento de todo lo susodicho, fue con los dichos alcaldes y regimiento, todos de un acuerdo y conformidad nombraron y situaron el sitio para la iglesia mayor y le dieron por advocación ‘Nuestra Señora del Rosario’, de lo cual doy fe, que en señal ‘de posesión’ pusieron ‘una Cruz, a la cual todos adoraron’ y lo pusieron por testimonio. - Nicolás de Villanueva, escribano público y de cabildo - E luego, el dicho día, mes y año susodicho, el dicho Adelantado y Gobernador, junto con los dichos justicia y regimiento, en la mitad de la plaza y mandaron fincar un palo para el ‘Rollo’ donde se ejecutase la justicia, y mandó dicho señor Gobernador que ninguna persona lo quitara de la parte y lugar donde quedaba fijo, so pena de la vida, sin licencia de Su Majestad o de su señoría u otro juez competente en nombre del dicho Gobernador mandase esta ciudad, y desenvainando la espada le dio dos golpes diciendo: ‘Por el Rey Dn. Felipe nuestro Señor’ - E pidió testimonio - E luego, el dicho día, mes y año, por ante mí, el dicho señor Adelantado, juntamente con la justicia y regimiento, andando por el campo de la ciudad, nombraron y eligieron por ‘ejido puesto’ de la dicha ciudad y a todos los vientos e moradores que poblaron en ella e vinieren a poblar, ‘cese de las cuadras que señaló’ hasta un cuarto de legua que toma ‘todo el contorno de la ciudad’, con todo lo cual acabó y feneció y fundó la dicha ‘Ciudad, Iglesia, Horca, Ejido’, protestando tiene de mejorar dicha ciudad, iglesia, horca y ejido, y todo lo demás cada y cuando se hallare mejor oportunidad en nombre de Dios e de Su Majestad, y pidió a mí el dicho escribano se lo dé por testimonio, de lo cual todo lo que dicho es yo el presente escribano doy fe que pasó y cumplió y protestó en la forma que va dicho y especificado y declarado, y lo firmó el dicho señor Adelantado e Gobernador e demás Justicias y Cabildo e Regimiento, Procurador e Mayordomos, testigos los susodichos: El licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón - Francisco de Acuña - Diego Ponce de León - Juan de Rojas - Martín Alonso de Velazco - Héctor Rodríguez - Asencio González - Estevan Vallejos - Francisco de León - Diego Natera - Francisco Rodríguez - Pedro López - Melchor Alfonzo - Antonio de la Madrid - Gerónimo Ibarra.

- “Pasó ante mí, Nicolás de Villanueva, escribano público y del cabildo.

“Nos, los alcaldes ordinarios y de hermandad de esta ciudad de Vera, que aquí firmamos nuestros nombres, damos fe y verdadero testimonio a todos los que la presente viesen en cómo Nicolás de Villanueva, de quien va firmada esta Escritura, es escribano público y de cabildo de la dicha ciudad de Vera, a cuyas escrituras e autos que ante él pasan, firmadas con la firma de arriba, se da entera fe e crédito como a escribano fiel y legal - en fe de lo cual firmamos nuestros nombres.

“Fecho en esta ciudad de Vera, a cinco días de Abril de mil y quinientos ochenta y ocho años. - Francisco García de Acuña - Diego Ponce de León”.

La precedente Acta de la Fundación existía todavía en el Archivo del Cabildo en 1673, y se trajo a la vista de éste, para cerciorarse de los límites de la jurisdicción dada a la ciudad (Acta Capitular de Junio 15 de 1673). Igualmente existía todavía en 1760 (A. C., Junio 2 de 1760), pero ya no, sino en fragmentos en 1801 (El Telégrafo, artículo “Fundación de la ciudad”).

3.- ¿Qué personas habrán sido las fundadoras? Es de difícil contestación para precisarlas con exactitud. El Adelantado Juan de Torres vino en persona a fundar a Corrientes, según la precedente Acta. Ya habíamos indicado ese hecho en 1877, para rectificarse la aseveración de algunos autores, de que Alonso de Vera, "el Tupí", había sido comisionado por aquél para esa fundación (Colección de Datos y Documentos, etc., Nota 1ra. al Nro. 4, 1ra. Parte - Sección A).

Acompañáronle, sin duda, personas que no traían el ánimo de quedar en la ciudad a fundarse. V. g., D. Felipe Cáceres, Diego Gallo de Ocampo, Miguel de Rutia, Hernandarias de Saavedra, etc., pues a todas estas personas notables, no se les ha hecho parte en el señalamiento de tierras que se repartieron a los que han tenido intención de radicarse como pobladoras, como se ha hecho v. g. al general Navarrete, Gonzalo de Mendoza, Diego de Mendoza, etc.

En efecto, Felipe Cáceres, poco tiempo después, vemos que era teniente gobernador de Santa Fe, en Febrero de 1591 (Acta capitular de Febrero 13, 1591); Miguel de Rutia era antes y después de la fundación de Corrientes, vecino de la Concepción del Bermejo, y a su ruina en 1631, recién pasó con sus indios de encomienda a poblarse en “Guácaras”, donde nuestro Cabildo le dio asiento y población (así nos consta de Títulos de propiedad que hemos visto); Hernandarias, después de estar algunos días (A. C., Julio 11, 1588), pronto actuó en Asunción, hasta llegar a ser gobernador en 1591, para volver en tal calidad a Corrientes, en 1598 (Padrón de tierras que él repartió en el Chaco, de Junio 29, 1598).

Mientras tanto, si Navarrete vino con el Adelantado, y no los Mendoza, unos y otros no figuraron en Corrientes, pero sin duda mandaron gente a “su costa y mención” para la fundación, y por eso se les habrían dado tierras.

Consignamos enseguida, para eterno recuerdo y gratitud, los nombres de las personas que debieron de ser “los primeros pobladores” de Corrientes:

Pero Alvarez, Ambrosio de Acosta, Juan de Acosta, Francisco Arias Mansilla, Lucas de Arce (Darse), Catalina Alberto, Estevan Alegre, Gonzalo de Alcaraz, Diego Alcaraz, Isabel de Almaraz (¿Alcaraz?), Diego de Almirón, Francisco Arias de Leguizamo, Baltazar de Almada, María de Acevedo, Juan Bernal Cuenca, Juan Bernal, Gabriel Bernal, Juan Bravo, Gerónimo Baca, Isabel Baca, María de Burgos, Francisco de Burgos, Juan Balderas, Alonso Cabrera, María Sánchez Cabrera, Francisco de Esquivel Cabrera, Lucía Cabrera, Hernando (o Fernando) de la Cueva, Hernando de la Cueva Enciso, Juan de Carabajal, Sebastián de Carabajal, Juan de Carabajal, Cristóbal Cano Barciga, Francisco Colman, Fernando de Cabeza, Juan Alonso de Cozar, Urzula de Calzada, Gabriel Covos, María Clemente, Bernabé Delgado, Felipe Díez, Rodrigo Díaz, (Francisco de Esquivel Cabrera), Pedro Esquivel, Gabriel de Esquivel, Francisco de Esquivel, Juan de Estigarrivia, Sebastián de Estigarrivia, Juan Espinoza Belmonte, Pedro Fernández, Beatriz Fernández, Antón Figueroa, Andrés Figueroa, María de Figueroa, Francisco de Frías, Diego de Frutos, Melchor Fernández Rodríguez, Francisco González de Santa Cruz, Juan González, Tomás González, Gonzalo González, Tomás Gómez, Asencio González, Anselmo González, Violante González, Lorenzo González, Diego Gordon, Isabel Gómez, Juan Gómez, Diego García, Francisco de Acuña, Francisco García de Acuña, Juan Gauna, Ana de Génova, doña Juana de Guzmán, Juan González de Torquemada o Juan Gómez Torquemada, Sebastián de la Haba o Sava, Juana Hernández, Gerónimo Ibarra, Martín de Irrazábal, Juan Juárez (Ivárez), Juan Jaques, Julián Jiménez, Ana Jiménez Torquemada, Diego Ponce de León, Sebastián de León, Marina de León, Francisco de León, Blas de Leis o Loys, Francisco López Ortiz, Pedro López Enciso, Francisco López Pardo, Gabriel de Lara, Marcos López, Pedro López, Inés de Ledesma, Francisca de Ledesma, Alonso de Medina, Francisco de Medina, Juan Voz Mediano, Antón Martín, Martín Martínez, Matías Martínez, Isabel Martín, María Martín o Martínez, Juana Martín, Gonzalo de Mendoza, Diego de Mendoza, Francisco Méndez o Méndez Carrasco, Simón de Mesa, Magdalena de Mesa, Domingo Miño, Pedro Grande de Nogales, Marcos Noguera, Julián Núñez, Diego Martínez de la Orta, Francisco Ortiz o Francisco Ortiz de Leguizamón, Juan Ortega, Francisco Pérez, Diego Pérez, Bernardino Pérez, Hernando Polo, Pedro Polo, María Polo, Lucía Polo, Diego de Palma Carrillo, Alonso de Peralta, Gaspar de Portillo, Juan de Prado, Luis Ramírez, Héctor Rodríguez, Sebastián Rodríguez, Inés Rodríguez, Antón Rodríguez, doña Catalina Rodríguez, doña Isabel Rodríguez, Diego Rodríguez Natera, Juan Rodríguez Barcalero de Soto Mayor, Juan Romero, Francisco Romero, Martín de Rápalo, Bernardo de Rápalo, Diego Pérez Rápalo, Antón Roberto, Felipe Ruidíaz, Beatriz Ruiz, Alonso Ruiz de Rojas, María Roberto, Sancho Roberto, Lucas Roberto, Pedro de Rodas, Vicente Rolón, Diego de Sandoval, María de Sandoval, Alonso Sánchez Moreno, Agustín Sánchez, Juan Sánchez Gutiérrez, Martín Sánchez, Gonzalo Sánchez, Diego Sánchez, Diego Sosa, Fernando Sosa, Hernando de Sosa, Juan de Sumárraga y Barquecen, Diego Sena, Diego Salinas, Lucía de Salinas, Francisco de Zaias o Sayas, Juan de Sayas, Blas de Seis, doña María de Seis, Isabel Serrado, María Serrado, Andrés Sovato, Catalina de la Trinidad, Juan de Torres Pineda, Juan de Torres de Vera y Aragón, Juan Torres de Navarrete, F. Alonso de Vera, Juan Ramos de Vera, Pedro de Vera, Martín Alonso de Velasco, Martín Velasco, Sebastián Luis de Velasco, Hernando de Velasco, María de Velasco, Catalina de Velasco, Estevan de Vallejos, Cristóbal Veláustegui, Pedro Veláustegui, Pascual Veláustegui, Magdalena de Veláustegui, Blas de Venecia, Nicolás Villanueva.

A esos nombres, sacados de los Padrones de Encomiendas de Indios de 1588 a 1593, y de reparto de tierras para chacras de Sept. de 1591, hay que agregar los de Juan de Rojas, Francisco Rodríguez, Melchor Alfonso y Antonio de la Madrid (Acta de fundación), y tendremos 200, número muy probable de la expedición, exclusive el Adelantado, que vino a poblar a Corrientes, lo que confirma el número de 190 que da el doctor Mantilla.

No hay certeza completa, ni de ese número -porque los nombres distintos que nos han parecido de la misma persona, los hemos puesto juntos, y pueden no ser iguales, y los que pareciéronnos distintos, pero semejantes, los hemos puesto seguidos, porque pueden ser de un solo individuo-, ni de que sean ésas las personas que hayan venido en Marzo de 1588.

Pero si no todas fueran las “fundadoras”, es cierto que todas las personas citadas fueron las “primeras pobladoras”, puesto que son las que recibieran tierras en 1591; es decir, al cuarto año de la fundación, no se podía dar título definitivo de tierras repartidas en las nuevas poblaciones sino a los que en ellas hubiesen tenido “morada, labor y residencia” por 4 años, según Ley 1ra. - Tít. 12 - Lib. IV - Rec., y a los que sucesivamente iban poblándose, los Padrones posteriores hasta 1598, iban comprehendiendo.

La mayor parte de esos apellidos y hasta nombres, suenan en muchos documentos sobre tierras y testamentos del siglo XVII y XVIII, y muchos han llegado a nuestros oídos hasta hoy. Prueba eso que pertenecieron a familias que se radicaron.

Al recordarlos hoy, grande debe ser nuestra gratitud al contemplar en ellos el tronco genealógico de que muchos descendemos.

4.- ¿Qué nombres ha tenido la ciudad? En su fundación se le dio el de “Vera” en honor del Adelantado (A. C., Abril 4, 5, 7; Julio 11, 12; Sept. 2, 7; Agosto 16, etc., 1588; Enero 1ro., 1591; Oct. 26, 1593, etc.). Desde hacia el primer tercio del siglo XVII adelante, fue prevaleciendo el de “San Juan de Vera de las Siete Corrientes”, de “San Juan de las Corrientes” (A. C., Julio 24, 1793), quedando sólo el de “Corrientes” casi al fin del XVIII, aunque posteriormente hemos visto actas con la denominación de “Vera de las Siete Corrientes”, “... dándole por nombre ‘San Juan de Vera’. Las siete rapidísimas corrientes que forma allí el Paraná, le hacen conocer por este nombre, con usurpación del verdadero” (D. G. Funes - Lib. II - Cap. XI).

5.- ¿Cuál ha sido la primera construcción en la fundación? Hemos citado ya algunas fuentes históricas de que resulta de que el “Fuerte” ha sido la primera construcción. Compruébase por esta Acta Capitular, que dice:

“En la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, en 28 días del mes de Febrero de 1701, el Cabildo, Justicia y Regimiento es, a saber... estando juntos y congregados en esta casa... para conferir algunas cosas convenientes al bien y utilidad de esta República; y habiéndose propuesto, se halló sin haberse ejecutado los antecedentes cabildos y propuestos por no poderlo poner en ejecución; y siendo así que sucedió la ‘invasión’ de los indios el 21 del corriente, ‘que dio en la ciudad en el mismo costado del Reducto que cae al Poniente’; y aunque no lograron su intención pero lograron el despojar y llevarse una ‘campana’ de la ‘ermita de la Santa Cruz’, y que han sido repetidos, sin tener ningún remedio. Y es muy preciso de parte de esta Ciudad, escribir al Cabildo eclesiástico del obispado si se puede mudar la ermita con la Cruz en otra parte, donde se pueda reparar en dichas invasiones, por hallarse dicha ermita muy cerca de montañas y ‘cerca del río’, ocasionando a tener el enemigo el atrevimiento que se experimenta en ella. Y en ese ínter, se puede pedir una limosna a los vecinos encomenderos, que cada uno ayude con un indio para desmontar dichos montes, lo que encubre dicha ermita, y poder abrir las puertas para que no cesen las devociones a las Misas promeseras que le hacen...”.

Es claro, por una vez más, que se construyó el “fuerte” o “reducto” como se refirió en el párrafo anterior; que ese “fuerte” existía en 1707, y es el hallado en 1856 debajo de tierra por el P. Alegre; que estaba aislado y separado de la ciudad actual; que cae al O.

La otra construcción es la ermita de la Cruz. “Consérvase hasta el día de hoy el Sagrado leño, que en memoria del suceso se llama la Cruz del Milagro” (Guevara, ya citado). Esa Cruz se trasladó a una nueva capilla en Marzo 10 de 1730, donde hoy está; fue consagrada, por Auto de Octubre 19 de 1798, con excomunión contra los que arrancasen fragmentos de ella, y con indulgencias a los fieles que la venerasen, concedidas por los obispos D. Manuel de la Torre, F. Sebastián Malvar y Pintos, Benito Lué y Riega, Rodrigo A. de Orellana y Benito de Lascano.

El obispo D. Manuel Antonio de la Torre, la visitó en Junio 15 de 1764, regalándole un libro en blanco para copiarse su historia y el inventario de sus intereses. Se ocurrió a Roma, sin resultado conocido, con la información de 1713, acerca del Milagro. El obispo Lué trasladó la fiesta al 3 de Mayo, acostumbrándose así desde entonces (Quesada, Revista del Paraná, N° 1, Págs. 15 y 16). La capilla se reedificó en Mayo 3 de 1808, y se erigió “La Columna” en 1828, en el lugar de la antigua ermita.

“En la ciudad de ‘San Juan de Vera de las Siete Corrientes’, en 29 días del mes de Marzo de 1681... el sargento mayor Alonso Sánchez Moreno... hizo una propuesta movido de caridad y el buen celo en el razonamiento que hizo. Se ‘ve’ y es en esta razón, en cómo ‘la ermita de la Santa Cruz del Milagro’ una reliquia tan grande que atemoriza al infierno y dice ‘cómo los antiguos levantaron la capilla de la Santa Cruz’ del Milagro y que hoy está en poca decencia, y las paredes ya robadas por las aguas y que esto que tiene referido, es público y notorio en esta ciudad, y que para este efecto, por ser como es obra tan pía..., suplica a la ‘Sría’ de este Cabildo, que en virtud de la propuesta que fecho tiene, sea servido de requerir y exhortar a dicho Justicia Mayor, que presente está, sea servido mandar... que del pueblo y reducción de N. S. de la Limpia Concepción de Itatí, el corregidor y alcalde mayor de los indios... pagándoles conforme real Orden, que será luego de Pascua Florida, que salgan luego a poner a ejecución lo que lleva pedido...”

Es claro, “los antiguos (los fundadores) levantaron la capilla de dicha Santa Cruz”, cuya traslación y festejos de 1730, se refiere en el A. C. de Marzo 15 de 1730 que se transcribió anteriormente.

6.- ¿En qué paraje mismo se fundó la ciudad? Los Padrones de reparto de tierras no nos dan luz sobre la ubicación primitiva. El de reparto de solares está perdido, salvo sus fragmentos en algunos títulos de propiedad. Además, los Padrones se variaron, una vez que la “planta” de la ciudad primitiva del Adelantado, se “trasladó” en donde está, y el doctor Mantilla aparece equivocado en cuanto a esto.

Nos quedan dos puntos fijos: la “ermita” o “La Columna” hoy, y el lugar del “Reducto” a que se refiere el A. C. de Febrero 28 de 1707, citada. Con ello, y el A. C. siguiente, sabemos que la ciudad de “Vera” se planteó en “Arasaty” hoy, o “Pucará” antes.

“En la ciudad de ‘San Juan de Vera de las Corrientes’, en 5 días del mes de Abril de 1688 años, el Cabildo... y estando en este estado, entró en este Cabildo el capitán Andrés de Figueroa, Procurador General de esta ciudad... y presentó una petición...”.

Es la siguiente: “El capitán Andrés de Figueroa, vecino y morador de esta ciudad de San Juan de Vera y Procurador General de ella, como más haya lugar y en nombre de mi parte ante Va parezco y digo:

“Que habiéndose poblado los antiguos y demás que se hallaron en la primera población que comúnmente llamaban ‘El Pucará’, sitio a donde está la ‘Cruz del Milagro’, de donde por lo montuoso y arriesgado por los continuos asaltos que el enemigo daba, y por otras incomodidades, de común acuerdo les fue forzoso a los dichos pobladores ‘coger diferente asiento’, para poder llevar la pensión de tan continuos trabajos y riesgos de la vida que fue ‘donde hoy estamos actualmente poblados’, de que fue forzoso ‘hacer nueva planta de la ciudad’ y Padrón de lo que a cada uno de los pobladores les fue repartido, así de solares como de lugares de chacras y estancias, para que lo poblasen y con su constancia se mantuviesen defendiéndola del enemigo, por tenerla actualmente cercada y los pobladores con las armas en las manos, con excesivos trabajos, ‘con riesgo de que dicha población no se extinguiese’.

“Y sin embargo, de todos estos riesgos tan manifiestos ‘desampararon parte de dichos pobladores la dicha población luego que se les hizo merced de las dichas tierras, dejando a los pocos que quedaban con mayor riesgo de sus vidas, tanto por salvarlas como por (ser) vasallos de Su Majestad, deseosos de darle mayores aumentos, se esforzaron, duplicando las cortas fuerzas que le asistían con el cuidado y vigilancia que se debía a costa de los pocos medios que les habían quedado, de los gastos que habían hecho en la ‘dicha población’ por cuya causa el procurador, que lo era Juan Gómez de Torquemada, el año de 1598... pidió por su escrito ‘que se volviese a repartir nuevamente’ los solares y sitios que les habían dado a los que después se ausentaron...”.

Por lo demás, si el sitio se llamó el “Pucará” después de la fundación, desde antes de ella el paraje se llamaba las “Siete Corrientes”.

La razón de esta denominación es, según una antigua tradición de barrio en Corrientes, las siete puntas más sobresalientes de la barranca de piedra que rodea la ciudad, y sirven de otros tantos rompientes de la corriente del Paraná. Pero es que hay muchas otras puntas notables en ella, que pasan de siete.

La desviación insignificante en sentido diagonal en el ángulo formado por la corriente del río, y el costado batido por ella en cada “punta”, es un accidente tan ínfimo, que en todas las costas barrancosas del Paraná se repite.

Sin embargo, los cronistas repiten eso mismo, y en el “Escudo Municipal” tiene ese accidente su alegoría:

“Llámase ciudad de las Siete Corrientes, porque el terreno donde está la ciudad, ‘hace siete puntas de piedra, que salen al río’, en las cuales la corriente del Paraná es más fuerte” (Padre José Quiroga, Descripción del río Paraguay, I).

Ya hemos visto lo que dice el Dr. G. Funes, deán, más o menos en el mismo sentido. Sólo el Padre Guevara insinúa algo más razonable, diciendo: “...ha prevalecido el de Siete Corrientes’, por otras tantas en que parece dividirse el río” (obra citada anteriormente). Como se ve, prescinde de las “puntas” y las “piedras”.

Lo único que hay en derredor de Corrientes, son siete ríos o corrientes diferentes, y casi enfrente, siete canales entre las islas de “Antequera”, del “Medio” y de “Meza”, que son cuatro, y más abajo, frente a Corrientes, tres más, y son dos, entre la islita arenosa al frente, y un pequeño canal, llamado “Yne” también, que corta al S. O. la isla Antequera.

7.- ¿De qué carácter fueron los actos de gobierno por la Justicia y Regimiento de la ciudad? Fundada la ciudad el 3 de Abril, el Cabildo dio cuenta de ello al Rey y al Consejo de Indias con copia de todo, por medio de su enviado, que lo fue el Procurador, capitán Diego Gallo, y con instrucciones para hacer ciertas peticiones y el cual marchó por la vía de Chuquisaca, acompañándole hasta Concepción del Bermejo o Buena Esperanza, Diego Ponce de León, con algunos soldados (A. C., Abril 4 y otra sin fecha).

Envió también a Asunción al Procurador Antonio de la Madrid a traer “mantenimientos y sacerdote” (A. C., Abril 4), pues sin duda a la sazón no habrían llegado los “ganados” que venían por tierra y que menciona el Dr. Mantilla; “ganados”, tal vez, confundidos con los traídos de Asunción por Alonso de Vera, con 40 soldados, en 1591 (A. C., Abril 5).

Ya constituido el “Justicia Mayor” D. Alonso de Vera, el “Tupí”, nombrado por el Adelantado y reconocido por el Cabildo bajo juramento y previa fianza (A. C., Abril 7), el Gobierno se aprestó para la lucha y la defensa contra los aborígenes, que duraron 234 años; se afanó en plantar otras poblaciones, y fueron “Itaty”, “Guácaras”, “Candelaria de Ohóma”, “Santiago Sánchez”, “Ka’a Katï, “Santa Lucía de los Astos”, “Garzas”, “Saladas”, “Pedro González”, “San Fernando”, etc.; incansablemente trató de extender el territorio y de ocupar la parte no poblada por los jesuitas del “Tape”, que era de Corrientes según el Acta de Fundación; guardó a éstos ojeriza por esa causa y otras, y litigó cerca de 140 años sosteniendo ante gobernadores y virreyes de la Colonia y ante nuestros Gobiernos provisorios de 1810 a 1814, sus derechos a ese territorio; acudió a los servicios generales de la provincia y del virreinato con contribuciones de sangre y de guarniciones de largos años.

Así, bajo ese pie de guerra, de hambre y de pobreza continuas, no pudo desenvolver la población primitiva de 200 habitantes sino a 11.000, que según Azara fueron 9.228 en 1797, al comenzar nuestra Independencia en 1810.

Corrientes fue el baluarte que garantizó la subsistencia de los pueblos de Misiones; que hizo posible la colonización de Entre Ríos; y más tarde del Chaco por nuestro Gobierno nacional en años recientes; que protegió a retaguardia la población del Paraguay y ayudó a Santa Fe.

Ya conocemos todos que la “Columna” y “La Cruz” son dos testigos solemnes que dicen: “Aquí fue el origen; aquí fue la planta de la Ciudad de Vera”.

Toda Corrientes puede, en procesión cívica, con plena “certidumbre histórica” en las fiestas de su III centenario, ir a “La Cruz” y a “La Columna”, o el “Fuerte”, los unos a rememorar sus orígenes, los otros a venerar su fe: todos, a gloriarse en la cuna de sus progenitores de que surgió más tarde el pueblo de “Pago Largo”, “Ka’a Guasu” y “Caseros”.

¡No! No es “una mentira histórica”, como opina el Dr. Mantilla, la que será glorificada en esos lugares, ni la que los poderes públicos de la Provincia van a solemnizar, ni la que el Pueblo y la Municipalidad van a perpetuar allí con un nuevo templo y una nueva Columna o monumento.

Es la bandera de la cruzada de Colón y España, entrevista por el sabio más profundo de la Grecia filosófica y desplegada con el fulgor del Evangelio en la República, la que va a izarse hasta el tope de los recuerdos, de la gratitud y de las creencias de un pueblo civilizado, para constancia, por una vez más, de que es una sociedad nueva, pero con fe, capaz por tanto de gloria y de progreso.

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