El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Vera nada tiene que ver con los Vera

Los historiadores que trataron el tema de la fundación coincidieron, unánimemente, en atribuir el nombre de la nueva ciudad al patronímico del fundador. Esa acepción es la reconocida por cuántos escribieron, y siguen escribiendo, sobre el tema, así como por el vulgo, que la repite sin hesitación(1).

(1) Presbítero, doctor César P. Zoni. Extraído del “Prólogo”, Punto  III, titulado “Acotaciones al tercer punto debatido”, del libro del doctor Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes. El doctor Zoni fundamenta y apoya la tesis del autor de la citada obra.

Se ignoraba, al parecer -o no se advirtió- la denominación que, muchos años antes, Alvar Núñez Cabeza de Vaca diera a las tierras que venía a gobernar. Era lógico entonces pensar que Juan de Torres de Vera y Aragón hubiese dado a la ciudad uno de los apellidos familiares. Tanto más, cuanto que, desde el principio, a Vera se le antepone San Juan, onomástico del fundador.

Conocido, interpretado y aplicado por Hernán Félix Gómez el documento, fechado el 28 de Noviembre de 1541, conforme consta en el Capítulo III de la obra “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros”, titulado “La Provincia de Vera”, ya no se puede dudar que Vera nada tiene que ver con los Vera, fundadores de la Ciudad de las Siete Corrientes.

Para confirmación de las acertadas razones aducidas por Gómez, para probar que, de acuerdo con la honrosa tradición de los conquistadores españoles, el Adelantado no pudo haber puesto a la nueva ciudad su propio nombre, viene al caso recordar lo que sucedió cuando se fundó Curuzú Cuatiá, en la misma región.

El Juez Comisionado José Zambrana se dirigió al virrey, marqués de Avilés, el 8 de Marzo de 1799; le dio cuenta de la terminación de una capilla y solicitó autorización para organizar un pueblo en el mismo lugar.

El virrey concede lo solicitado, el 18 de Abril de 1799, dándole las Instrucciones pertinentes. El 21 de Junio del mismo año, el juez le comunica al marqués haber establecido la población y cumplido lo ordenado.

En agradecimiento por el permiso otorgado, le dice:

Dicha población, Exmo. Señor, la he denominado Pueblo de Abilés y Ntra. Sra. del Pilar, y suplico a V. E. me lo permita, sin que su gran moderación me retraiga de su agrado, pues no allando otro medio con qué manifestar el justo reconocimiento en que debemos vivir a V. E. quiero que, eternizándose el Título de V. E. en este pueblo se perpetúe en los corazones de este vecindario.

El virrey le contesta de esta manera terminante:

Por Oficio de Vmd. de 21 de Junio último, quedo impuesto de las diligencias practicadas para la traza de esa nueva población del Partido de Nra. Sra. del Pilar. Y hallando propio que se conserve en él este nombre de la Virgen, sin el de mi Título, ni otro alguno que no pueda equiparar la dignidad de aquél, se lo prevengo así, para que cuide de su puntual observancia.

“Buenos Aires. 17 de Agosto de 1779.

 (Fdo.) el Marqués de Avilés

Al comisionado, don Francisco Zambrana(2).

(2) General Manuel Castrillón. “Expedición del Ejército del Norte al Paraguay” (1956), publicado por el Círculo Militar Argentino, Buenos Aires. // Citado por el presbítero, doctor César P. Zoni. Extraído del “Prólogo”, Punto  III, titulado “Acotaciones al tercer punto debatido”, del libro del doctor Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Esa conducta hidalga está demostrada en la toponimia general hispanoamericana. Solamente después de fallecidos los conquistadores, hecho por otros y no por ellos mismos, sus nombres aparecen en la nomenclatura geográfica. Torres de Vera y Aragón no pudo haber sido una excepción, sobre todo teniendo en cuenta la conocida hostilidad de la Audiencia que le seguía los pasos.

Hernán Gómez, luego de establecer el origen de la palabra Vera, se pregunta por qué Alvar Núñez Cabeza de Vaca le asignó ese nombre a la provincia. No acepta la explicación de los que la atribuyen a la semejanza de la región con Andalucía, patria del Adelantado, y ensaya otra, que sólo consigna como una hipótesis.

En ambos casos, se toma la palabra vera, en su acepción de verdadera, que así pasó directamente del latín vera, verae, al castellano, como en vera cruz, vera efigies, que aún están en boga. Pero la aplicación, en el caso, con la preposición de, señal de genitivo, resulta forzada, artificiosa, inaceptable.

Es casi seguro, sin embargo, que la razón clara y sencilla de ese apelativo, es otra. La palabra vera proviene del sustantivo latino ora, que significa costa, orilla, ribera, lado. Por un proceso lingüístico, que no viene al caso exponer, la o inicial se convirtió en ue, como de ovum se hizo huevo, y de ossum, hueso, y en este vocablo, la u se trocó en v: ora, uera, vera; en castellano, costa, orilla, ribera, lado, próximo.

Con ese significado perdura en el idioma escrito, en expresiones clásicas, como a la vera del mar, a la vera del camino.

Es evidente que Ortiz de Zárate, al desembarcar en Santa Catalina, explorar y dar nombre a las dilatadas tierras extendidas entre el mar y Asunción, tuvo en cuenta la situación geográfica de las mismas. Eran las que daban sobre la costa del mar que las separaba de España, las más próximas a ella, en contraposición con las de tierra adentro.

La denominación hubo de surgir espontáneamente, del medio mismo. Provincia de Vera, o sea, provincia de la costa, de la orilla, de la ribera, del lado del océano que las separa de la Madre Patria. Sólo así, también, tiene cabal significado la preposición genitiva o de pertenencia de, que precede al nombre: Provincia de Vera, provincia de la costa, de la costa del mar, se sobrentiende.

El otro de los temas debatidos, con relación al nombre originario de la nueva ciudad, es el de San Juan, antepuesto al de Vera.

Mantilla, atenido al Acta, afirma que San Juan fue un agregado del Cabildo, “sin razón y sin derecho”(3). El documento más antiguo que lo consigna, según él, es el Acta del 30 de Mayo de 1633(4).

(3) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo 1, p. 316, Buenos Aires.
(4) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo 1, p. 15, Buenos Aires. // Todo citado por el presbítero, doctor César P. Zoni. Extraído del “Prólogo”, Punto III, titulado “Acotaciones al tercer punto debatido”, del libro del doctor Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Hernán Gómez opina que su origen se debe a que Alonso de Vera y Aragón arribó al Arasaty, con soldados y colonos, en Junio de 1587, seguramente el Día de San Juan.

Por ese motivo debe de haber elegido a San Juan como Patrono del nuevo poblamiento. Está documentado, como parte integrante antepuesta al nombre dado en el Acta de Fundación, el 1 de Octubre de 1598, cuando Hernando Arias de Saavedra designa, a Jacomé Antonio, Teniente de Gobernador de San Juan de Vera en las Corrientes. Diez años después de la fundación, ya se usaba el nombre en documentos oficiales.

Por el hallazgo y publicación de nuevos documentos queda demostrado, nada menos que con la autoridad del mismo fundador, que la población recibió el nombre de San Juan antes o durante su establecimiento legal o definitivo.

Sabido es que el Adelantado, luego de dejar establecidos la fundación y el ordenamiento de la Ciudad de Vera, se dirigió a Santa Fe de la Vera Cruz. Allí efectuó una serie de nombramientos, recaídos en sus principales colaboradores, con los que cubrió los puestos vacantes en Asunción y en la ciudad santafesina.

Resolvió, por último, fundar una nueva población, en la desembocadura del Bermejo, con el nombre de Villa de la Nueva Estepa, denominación del pueblo andaluz donde naciera. Encomendó la ejecución a los capitanes Diego de Olavarri y Sebastián de León.

En amplio y detallado documento, fechado el 4 de Mayo de 1588, establece los términos de dicha Villa para la repartición de indios a los futuros pobladores, que serán ocho leguas hasia la ciudad de la Concepción y otras ocho leguas hasia la ciudad de la Assumpción e quatro leguas hasia la ciudad de SAN JUAN de VERA río en medio...(5).

(5) Véase Federico Palma. “Don Juan Torres de Vera y Aragón”, en la “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” (1967), Nro. 2, p. 53. Documento tomado de Luis E. Azarola Gil, autor del “Proyecto de Fundación de la Villa de Nueva Estepa” (1936), Buenos Aires. // Citado por el presbítero, doctor César P. Zoni. Extraído del “Prólogo”, Punto  III, titulado “Acotaciones al tercer punto debatido”, del libro del doctor Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Un mes exacto después de la fundación, el mismo fundador Juan de Torres de Vera y Aragón, la llama San Juan de Vera. Como el fundador, conforme consta, se alejó de la fundación inmediatamente de realizada, está claro que conoció ese detalle antes de partir. Con este documento quedan, en consecuencia, descartadas todas las disquisiciones en contra. Es terminante.

Queda también confirmada la atinada opinión de Hernán F. Gómez, según la cual, Alonso de Vera y Aragón desembarcó en Arasaty el 24 de Junio de 1587, Día de San Juan, razón por la cual le dio ese nombre al poblamiento que iniciaba.

La conjetura es atinada porque responde a la ininterrumpida costumbre de los navegantes y conquistadores hispanos de poner el nombre del Santo, o de la principal conmemoración religiosa del día, al puerto al que se arribaba, a las tierras que se descubrían y ocupaban o a las poblaciones que se fundaban. Hay numerosos ejemplos, que nos tocan de cerca.

Como lo constata Antonio Pigafetta, Magallanes denominó Santa Lucía al actual Río de Janeiro; San Sebastián y Cabo de las Once Mil Vírgenes, al puerto y cabo patagónicos, por entrar en ellos el día de esas conmemoraciones. Tienen el mismo origen Sancti Spiritu, establecido por Caboto; Corpus Christi, por Ayolas; La Candelaria, por el mismo; Vuestra Señora de Asunción, por Zalazar.

Garay, al fundar de nuevo a Buenos Aires, da a la ciudad el nombre de Santísima Trinidad, por ser ése el día del acontecimiento.

¿Por qué San Juan fue omitido en el Acta?

Es difícil colegirlo. Quizá obedezca al mismo motivo que apunta Gómez: evitar que los tenaces censores de Lima creyeran que deseaba, el Adelantado, perpetuar, no sólo su apellido -como aparentemente pudo pensarse ya entonces- sino también su propio nombre.

El Acta iba a llegar a la Corte y a la Audiencia. Convenía despojarla de todo asidero que permitiera continuar las hostilidades contra su persona. Pero no podía omitirse, en documentos como el de la Nueva Estepa, con el que se limitaba su jurisdicción territorial. Por eso, el mismo Adelantado lo usa oficialmente: San Juan de Vera.

Conviene, por último, para aclarar confusos comentarios de los historiadores, tener en cuenta la diferencia que existe entre Titular de la Iglesia Mayor de una ciudad y Patrono de la misma.

Titular es la advocación de Dios, de María o de los Santos, que dan nombre al templo, a la parroquia, y cuya imagen o efigie se coloca en lugar preferente del altar mayor.

Patrono, es la advocación religiosa que patrocina a toda una ciudad, provincia, nación o naciones. Un ejemplo conocido es el de Buenos Aires: Titular de la Iglesia Catedral, la Santísima Trinidad; Patrono de la ciudad, San Martín de Tours.

En San Juan de Vera de las Siete Corrientes sucedió lo mismo. Titular de la iglesia, Nuestra Señora del Rosario; Patrono, San Juan.

Resta, por fin, establecer por qué y cuándo aparece agregado al nombre asignado a la ciudad en el Acta, el aditamento de las Siete Corrientes. Los que no admiten nada que no conste en el Acta piensan que surgió muchos años más tarde, como expresión geográfica, anteriormente conocida, según es sabido. Los cabildantes la adoptaron, sin razón y sin derecho.

Pero no cabe duda que ese complemento, el único que quedó después, fue usado por los mismos fundadores. La suposición está documentada. El mismo Adelantado, al replicar a la Audiencia, que le prohibía emplear a los parientes, dice: Que asimismo, señalo para la FUNDACION DE LAS SIETE CORRIENTES al capitán Alonso de Vera y Aragón, que al presente está FUNDANDO la ciudad de Vera...(6).

(6) Véase Federico Palma. “Don Juan Torres de Vera y Aragón”, en la “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” (1967), Nro. 2. // Citado por el presbítero, doctor César P. Zoni. Extraído del “Prólogo”, Punto  III, titulado “Acotaciones al tercer punto debatido”, del libro del doctor Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Del mismo modo, cuando Hernandarias, en Octubre de 1598, diez años después de la fundación, designa a Jacomé Antonio, le da el nombre de Teniente de Gobernador de la Ciudad de San Juan de Vera de las Corrientes.

Puesto que tanto Hernandarias como Alonso de Vera "el Tupí", fueron actores principales en la exploración, poblamiento y fundación de la ciudad es de suponer que no iban a adulterar, a cambiar, arbitrariamente, el nombre oficial de la misma.

Por consiguiente queda documentado por la autoridad de los mismos fundadores, lo que recogió la tradición, o sea, que la ciudad, desde sus comienzos recibió -con pequeñas variaciones- el nombre de San Juan de Vera de las Siete Corrientes y por motivos muy distintos de los supuestos por los que se atienen estrictamente al Acta, sin otro análisis.

De este modo, los nuevos documentos que van apareciendo y que examinó e interpretó prolijamente Hernán Félix Gómez, comprueban la veracidad de la tradición, cuya mejor documentación orientadora es el espíritu colectivo, infalible, en la perpetuación de los recuerdos que fundamentan la existencia de los pueblos.

Información adicional