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El significado político de la erección de la ciudad y el signo epopéyico de su existir

Dentro de las Leyes de Castilla, que los conquistadores practicaban en América, el poblamiento de un lugar no equivalía a la fundación de la ciudad(1).

(1) Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Octavo: “El significado político de la erección de la ciudad y el signo epopéyico de su existir”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Poblar era vivir en un lugar, estar a las órdenes del caudillo, actuar en dependencia del centro político que había organizado la expedición. Cuando una ciudad se fundaba, formaba parte del poder político del común, con su intervención legal, que mantenía unidos a los pobladores con el centro institucional. Ese vínculo quedaba roto en el instante mismo del advenimiento urbano.

Fundar una ciudad, era crear una individualidad y, por eso, Juan de Torres de Vera y Aragón funda, asienta y puebla la Ciudad de Corrientes, y antes de cualquier otro proveído, instituye el Cabildo, toma juramento a sus regidores, los pone en posesión de sus cargos y, recién después, diseña, juntamente con los cabildantes, el damero urbano, levanta el Rollo de la Justicia y determina los ejidos.

La lectura del Acta de Fundación y el orden lógico de las cinco diligencias sucesivas que documenta, aclaran perfectamente el espíritu político que preside estos actos dentro del Derecho hispánico, y que pasa íntegro a las Leyes de Indias.

Como todas las ciudades sobre ríos afluentes del Plata, fueron fundadas por hombres salidos de Asunción del Paraguay, con el plan de auxiliarse recíprocamente, el distingo entre el poblamiento y la erección de la ciudad carece de importancia en la crónica regional de la Colonia.

Pero basta recordar el debate jurisdiccional entre los hombres de Córdoba y Juan de Garay, cuando funda a Santa Fe de la Vera Cruz, como el abierto entre los fundadores de Concepción del Río Bermejo y los de la Ciudad de Esteco, dependiente del Tucumán, para advertir el distingo entre un poblamiento y una fundación.

Alonso de Vera y Aragón explora y puebla el lugar de las siete corrientes, y el Adelantado erige la ciudad, creando su individualidad política, para dar personalidad al común o interés colectivo de los vecinos.

Las consecuencias que fluyen de este distingo, son trascendentes. Cuando Hernán Cortés, designado para la expedición a México por el gobernador de Cuba, llega a Vera Cruz, advierte que todos sus esfuerzos no harían otra cosa que mantenerlo en dependencia de quien había dispuesto y financiado la empresa.

Entonces recurre a un expediente hábil: sus hombres estaban por todo Vera Cruz, organizando la marcha al interior; los congrega, e instala en la ciudad, les da el gobierno de un Cabildo, y adviene el ente político del común, independizado del enlace con Cuba. Luego, ese Cabildo encomienda a Cortés la conquista de México, quien la realiza con brillantez y sin dependencia de su originario comitente.

Mientras la ciudad no es fundada, los pobladores no tienen por qué documentar sus días. Ellos transcurren con la normalidad de un existir individual; pero así que adviene el común, la vida lleva el sello de lo colectivo, y los intereses son defendidos y trabajados para el bien de todos.

El Cabildo, que representa a la comunidad, documenta en sus deliberaciones la crónica del existir, y adviene el plan de gobierno, los actos a producirse, las empresas a lograrse con aporte general, etcétera.

Alonso de Vera y Aragón fue el poblador. Sus actos se cumplieron sin necesidad de documentación. Son los saldos de su esfuerzo los que accionaron en una realidad cambiante en que él es el caudillo y conductor. La única posible documentación de la obra buena que hubiese rendido, habríase podido lograr de esos memoriales o fojas de servicios, que los hombres de la Colonia habituaban elevar al rey, pero que en el caso de Alonso de Vera y Aragón no se conoce.

Queremos con esto significar que la explicada falta de documentación de los actos del poblador no puede ser usada para negar su acción meritoria y cierta, ni la efectividad de sucesos que durante ese tiempo debieron de producirse, llegando a nosotros por una tradición continua e indivisa.

Providencialmente, la obra de Alonso de Vera y Aragón, "el Tupí", no está únicamente ligada a las consignaciones dispersas de la crónica general, en lo que tiene de trascendente para los orígenes de Corrientes.

La circunstancia de que los severos oidores de la Audiencia de la Plata hubiesen dictado provisión real, conminando al Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón a que no diese mando a sus parientes dentro del cuarto grado, dio pie a la Protesta del 28 de Marzo de 1588.

Juntamente con ese Proveído se notificó al Adelantado otra real cédula, del 19 de Marzo de 1587, por la que la Gobernación del Río de la Plata quedaba en la jurisdicción de la misma Audiencia, la que era juez de las apelaciones, en los casos de Derecho administrativo y judicial, en los del fuero religioso, etcétera.

La real cédula ordenaba una gran publicidad a estos recursos y a ese efecto, entre otros, que su texto fuese transcripto en los Libros de los Cabildos de las ciudades que dependiesen del Gobierno del Río de la Plata.

El portador de esta real orden llegó a la Ciudad de Corrientes a mediados de Agosto de 1588, transcribiéndose el texto y las notificaciones que, hasta ese momento, se habían hecho en el Libro Capitular, con fecha 16 de ese mes(2), en que el proveído real es acatado por el Cabildo.

(2) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo I - pp. 53-60, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Octavo: “El significado político de la erección de la ciudad y el signo epopéyico de su existir”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

Imagínese ahora cuál sería el espíritu de la ciudad, cuyos vecinos no ignoraban el primer proveído real y la protesta del Adelantado (28 de Marzo de 1588), cuando llega este otro, estableciendo el recurso de alzada ante la misma Audiencia real que negara la entrega de mandos a los parientes de Torres de Vera.

Agréguese que gobernaba la nueva ciudad el capitán Alonso, implicado en el Proveído primero, recibido como tal por el Cabildo después de la Protesta y aún cuando nombrado antes para la exploración y poblamiento del paraje(3) y se tendrá una medida del espíritu público que debió de nacer.

(3) Véase: Protesta del Adelantado. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Octavo: “El significado político de la erección de la ciudad y el signo epopéyico de su existir”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

A los cuatro meses y días de fundada la ciudad (3 de Abril a 16 de Agosto), se volcaba sobre sus encomenderos y vecinos la inmensa duda de qué se hacía sobre arena.

Estamos seguros de que si el poblamiento del paraje hubiese datado del 3 de Abril, la empresa de hacer y conservar la ciudad hubiera sido abandonada en el acto, y fue sólo porque la población era de mucho antes -de 1585, según Madero y el Bando de Silva de 1815, o fines de 1586, según lo más lógico- y era tan enorme el esfuerzo rendido, que aquellos feudatarios insistieron en conservar la ciudad, sus tierras y encomiendas.

Pero como no podían callar, el 20 de Agosto de 1588(4) enviaron dos cartas, del mismo tenor, a la Audiencia de la Plata y al rey, con la exposición de los hechos y de la empresa cumplida.

(4) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo I - p. 62, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Octavo: “El significado político de la erección de la ciudad y el signo epopéyico de su existir”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

El documento es de una admirable simplicidad, sin argumentaciones legales, pero con una cuidadosa referencia a la realidad vivida. Su texto, en el castellano usado en el siglo XVI, dice, traducido al de nuestros días:

* El Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón fundó esta Ciudad de Vera, en nombre de V. M.,

* y en ella nos dejó, cuando fue a los Reinos de España a dar aviso a V. M. del estado de estas provincias.

* Con Alonso de Vera y Aragón, su sobrino, por Capitán y Justicia Mayor, de esta ciudad, Provincia del Paraná, Uruguay y Tapé (zona sudoeste de la vieja Provincia de Vera).

* Por haberse asentado (refiere a don Alonso) con él los soldados, pobladores y conquistadores que vinieron a esta población (o poblamiento) y conquista, cuando pregonó (don Alonso) en la Ciudad de La Asunción esta población (o empresa) en vuestro Real nombre,

* y después (desde entonces) acá (a la fecha) siempre ha administrado Justicia,

* y ha traído nueve naciones de indios al servicio de Dios Nuestro Señor, y de V. M. por su buena maña e industria,

* poniéndolos en policía del conocimiento de Dios Nuestro Señor, y obediencia y servidumbre de V. M.,

* y mediante los dichos indios esta ciudad ya en aumento, porque nos van sirviendo en la conquista y población de la ciudad (es decir, les servían de auxiliares),

* y así, fue Nuestro Señor (Dios) servida para que se tuviese victoria con (sobre) los indios guaraníes que hacían mucho desastre por navegación y camino (tierra), en cierta batalla que se tuvo con ellos,

* y conseguida la victoria, por ser indios tan belicosos, se ha asegurado este camino (la navegación y tráfico por tierra), por el que desde antes (de muy antiguo) se suele (acostumbraba) andar con acopio de gente, andan ahora los hombres solos,

* se espera que (la Ciudad de Vera) será una de las poblaciones más fértiles (progresistas) que ha habido en esta provincia (del Río de la Plata) y más (muy) necesaria por estar en medio de las ciudades de esta provincia (del Río de la Plata), donde era la ladronera de los indios belicosos (zona de asaltos, etcétera), región que (hoy) ampara y conserva (la Ciudad de Vera).

Luego viene la petición de que fuese reformada la Provisión real y la promesa de reformas, siempre sobre los actos que se cumplieran, seguido de un elogio discreto del capitán Alonso.

Quien, con criterio sereno, transporte a la realidad geográfica del siglo XVI lo que significaba la obra puesta sobre los hombros de la Ciudad de Vera, de asegurar y penetrar la tierra vecina y de tutelar la paz del río, sin centros poblados entre Santa Fe y Asunción, y la Concepción del Bermejo al Oeste, puede apreciar la tarea que realizaba Alonso de Vera y Aragón.

¿Y es dado suponer que en sólo cuatro meses (3 de Abril a 20 de Agosto de 1588) hubiese cumplido esta tarea, de pacificar las rutas y penetrar el territorio al oriente del paraje Siete Corrientes?

En absoluto; la tarea documentada al 20 de Agosto de 1588 es de dos ó de un año de labor diaria, y no pudo ni fue realizada esporádicamente, sin plan orgánico ni serio, así como las circunstancias lo obligaron a la acción.

Fue una labor enorme y sistemática, como quien construye un monumento, que sigue en su ritmo de sacrificio después de Agosto de 1588 hasta fines del siglo.

En Acta Capitular del 5 de Abril de 1591, a los tres años de la  fundación, consta que el capitán Alonso de Vera y Aragón volvía de Asunción, donde fuera enviado por el Cabildo, trayendo cincuenta soldados de refuerzo, y que, de acuerdo, en alianza con los capitanes y Justicia Mayor de Asunción, Concepción del Bermejo y Santa Fe, se expedicionaría contra los indios, para vengar la muerte de españoles sorprendidos en el paraje de la Mandioca.

Y la guerra sigue y entre las batallas va levantando el casco perenne de la ciudad de Vera. En 1598, los combates retornan a una furia desconocida, y de lejos, del Sur o del Oeste, malones de charrúas y abipones traen su ayuda a las tribus sometidas.

La Ciudad de Vera vive el sino epopéyico de su establecimiento y Alonso de Vera y Aragón es el paladín de la Cruz del Milagro. Cuando terminó su primer período -en 1593- el Cabildo solicitó su reelección. La obtiene en Enero de 1594 y es de nuevo el caudillo de la resistencia. Cuando vence el nuevo plazo, se ausenta de la ciudad, que era como hija de su corazón.

A mediados de 1603 está de paso en la Ciudad de Vera. Sus regidores se reúnen y lo designan en el cargo de Alcalde Ordinario, que estaba vacante; pero el soldado excusa las funciones de Justicia.

Entonces, el Cabildo pide al Teniente de Gobernador (30 de Junio de 1603) lo obligue a aceptar el cargo, porque don Alonso era feudatario de la ciudad. Pero Vera y Aragón reitera su negativa, se acoge al subterfugio de que sólo estaba de paso en la ciudad, que vivía en La Plata; se acata su voluntad y toda la población, de ancianos guerreros, de jóvenes hombres de armas, de mujeres, de la indiada que supo de su lealtad y energía, está sobre el embarcadero del río Paraná cuando el Padre de la Ciudad de Vera ordena izar las velas del bergantín que lo lleva al Sur.

Ya no vuelve al solar en que volcó su juventud el paladín de los cien combates. Su última mirada es para la ermita que custodia la Cruz del Milagro, que sigue en la barranca del Arasaty y que está, para el guerrero anciano, en la guarda de su espada de pelea.

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