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La Cruz y la civilización

La civilización de las naciones por la acción del cristianismo, por su propagación continua, era el altísimo ideal de la Iglesia. En las aplicaciones de ese ideal, los Papas, cuando las Cruzadas, consagraban las conquistas que los príncipes cristianos hicieron de los territorios pertenecientes a los pueblos mahometanos. La justicia de la fe, en aquellos siglos, era superior a la justicia del Derecho. La fe brillaba más; estaba en su momento histórico de apogeo. Eran siglos de preparación para la época presente, en que a su turno superaría el resplandor de la justicia del Derecho(1).

(1) Extracto de la obra del doctor Ramón Contreras. “Recuerdos Históricos sobre la Fundación de Corrientes en el Tercer Centenario” (1888). El doctor Contreras fue el compilador de la documentación que la provincia de Corrientes hizo publicar, oponiéndose a la separación del Territorio de Misiones con el pretexto de fijársele sus límites por Ley nacional y en aquellos libros, manifiestos, etcétera, se habían dado al público antecedentes serios de la fundación de Corrientes (1588) y de su dominio jurisdiccional. Le fue fácil, entonces, escribir sobre los sucesos que dieron origen a la ciudad, con encomiable entusiasmo y erudición. Al darse el debate sobre varios aspectos de este proceso histórico con el doctor Manuel Florencio Mantilla, el doctor Contreras ahondó en sus informaciones, dando a luz el folleto “Recuerdos Históricos”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

En ese mismo camino de ideas se colocaron los Papas Martín V, por su Bula de 1479, y Alejandro VI, en 1493, consagrando, el primero, los derechos de los reyes de Portugal, y el segundo, los de los reyes de España en los territorios de las naciones infieles que descubrieron, con tal que les llevaran la luz de la doctrina de Cristo y las sometiesen a la verdadera fe de la Iglesia.

Basada en ese título papal, la Ley 1ra., Tit. 1ro., Lib. III, del Código de Recopilación de Indias, declaraba incorporadas las Indias Occidentales a la Corona de Castilla, y la Ley 1ra., Tít. 1ro., Lib. I, expresaba que los reyes de España, más que ningún otro príncipe del mundo, reconocían la obligación de emplear todo su poder y sus fuerzas para propagar e implantar la fe cristiana, dado el singular favor divino del descubrimiento de América.

En efecto, después de la Revolución formidable de Mahoma por IX siglos contra la Cristiandad, cuyo baluarte del Extremo Oriente era Constantinopla, y del Extremo Occidente, España, era una fortuna que aquélla, al caer desgraciadamente en 1453 en el poder mahometano, ésta se levantase sobre él, triunfante, por la toma de Granada. Y como en compensación de ese servicio, que garantía definitivamente la Europa por esa parte, acto continuo de alzar la Cruz sobre la Media Luna, recibía también la gloriosa misión de llevar esa Cruz por medio de Colón al Nuevo Mundo. ¡Qué gloria imperecedera la de España!

Colón reconoció esa misión en su Diario del primer día de su viaje de Agosto 3 de 1492, diciendo: “In nomine D. N. Jesús Christi. Porque, cristianísimos y muy altos, y muy excelentes, y muy poderosos príncipes rey y reina de las Españas... este presente año de 1492, después de haber VV. AA. dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa, y acabada la guerra de la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año a dos días del mes de Enero... vi salir al rey moro a las puertas de la ciudad y besar las reales manos de VV. AA ... y luego, en aquel presente mes por la información que yo había dado ... de las tierras de indias ... VV. AA. ... como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa fe cristiana ... pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India, para ver los dichos príncipes y los pueblos de tierras, y la disposición de ellas y de todo, y la manera como que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra Santa fe...”.

Colón antes y después de eso, soñaba ser el apóstol de la fe a las naciones infieles de las regiones que pensaba descubrir, y dar con los fabulosos tesoros de ellas, para rescatar el Santo Sepulcro de Jerusalén.

“Se mezclaba con sus meditaciones un profundo sentimiento religioso, que las matizaba a veces de superstición, pero de una superstición grandiosa y sublime, mirándose como instrumento del cielo, escogido entre los hombres y las generaciones” (Washington Irving).

Es así como lo dicho explica por qué ese cruzado moderno, plantó una Cruz y un altar en Guanahaní en el primer día de pisar en esa isla; por qué la Cruz seguía a Hernán Cortés de México y se glorificaba con la fundación de “Villa Rica de la Vera Cruz” en 1519, primera ciudad hispana en ese Imperio americano; por qué la Cruz se mostraba a Atahualpa, delante de las espadas de Pizarro; por qué la Cruz se enarbolaba en todo pueblo que se fundaba.

Así también había sucedido en la fundación de Corrientes.

Parece indudable que antes de llegar de Asunción el adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón con el grueso de la expedición para fundar en estos parajes la ciudad que meditaba, había despachado por delante un destacamento pequeño de soldados, para hacer descubiertas y exploraciones para fines útiles a la expedición próxima a llegar.

Eso se deduce claramente de los hechos que paso a narrar, y cuyo conocimiento hemos tomado de las fuentes históricas que iremos citando.

Un puñado de soldados españoles se desembarcaron en Marzo de 1588 (Martín de Moussy, Descrip. géogr. et statistiq. de la Confed. Argent., tomo III, libro I, Caps. II y III) en la costa oriental del Paraná, puerto de Arasaty, en número de 28, según unos, de 60 (El Telégrafo Mercantil, de 1802) ó de 80 (Guevara), según otros.

- “Veinte y ocho sólo fueron / En número los soldados” (3ra. estrofa de los “Gozos” que desde innumerables años se cantan y rezan anualmente en el templo de “La Cruz”, compuestos por el P. Zambrano).

- “Salido de la ciudad de Asunción, capital entonces del Paraguay, vino a desembarcar en este lugar, llamado de ‘Arasaty’, cerca de 1/4 de legua abajo de nuestra ciudad actual de Corrientes, el licenciado Dn. Juan de Torres de Vera y Aragón..., con veintiocho hombres dicen unos, sesenta según otros” (texto, sin saberse de qué tiempo y escrito por quién, transcripto en una nota por Moussy en el lugar citado).

Muy cerca de Arasaty, donde hoy desemboca la calle Ancha de la Columna sobre la barranca, y que desde este III Centenario se llamará Avenida de Tres de Abril según resolución de la Municipalidad del 6 del corriente, los españoles construyeron un Fuerte o una estacada de palos, etc., para resistir a los naturales, cuyas disposiciones hostiles en defensa de su libertad y de su territorio debieron ser desde luego manifiestas a los invasores.

Los españoles se fortificaban desde luego en donde resolvían hacer población. Así lo hizo Caboto en “Sancti Spíritu”; Diego García en “San Juan”, en la costa oriental; el adelantado Mendoza en “Buenos Aires” haciendo una cerca de tierra, y en “Corpus Christi”; Gonzalo de Mendoza en “Asunción”; Garay, en “Santa Fe”; Ortiz de Zárate, en “San Salvador”; etc.

¿Prescindieron de ese medio de seguridad los españoles en Corrientes? El silencio del Acta de fundación acerca de esa fortificación ¿prueba que no había sido construida?

- “Luego, después que desembarcaron, para resistir y defenderse contra una multitud de enemigos que ocupaban esos lugares, construyeron un fuerte, o más bien una apariencia de fuerte, con abatis de ramas de árboles o estacas y a una corta distancia levantaron una Cruz de 4 y media a 5 varas de altura” (texto anónimo, citado en Moussy).

- “Tomada posesión del sitio, erigieron los españoles el Sacrosanto madero de la Cruz en paraje algo distante del ‘fuerte’, que levantaron para reparo contra los infieles” (Padre Guevara, de la Compañía de Jesús, Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, § III).

- “... donde está la ciudad trabajaron un ‘fuerte de palos’ en esta plaza...” (Arts. publicados en El Telégrafo, de Buenos Aires, de 1801 a 1802).

- El Dr. Quesada y creo Domínguez, etc., hablan también del “fuerte”.

- El hecho auténtico del “fuerte” primitivo estriba, por último, en la invención de sus restos en 1857 por el Padre J. N. Alegre, reconocidos y comprobados solemnemente según el documento siguiente: “En este puerto de Arasaty, a 1 minuto y 30 segundos al Sudoeste de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, comparecimos, y reunidos los infrascriptos, el Sr. D. Matías Carreras, juez de primera instancia en lo Civil, leyó en alta voz los documentos que autógrafos acompañan la presente bajo los números siguientes: 1.- Nota del cura de San José, fray Juan N. Alegre...; 2.- Nota del Delegado Eclesiástico al Exmo. Sr. gobernador...; 3.- Oficio del Superior Gobierno... al Sr. Juez de 1ra. instancia en lo Civil, D. Matías Carreras...; 4.- Nota del R. P. fray Juan N. Alegre, al Señor Escribano Público del Juzgado D. Juan Francisco Poisson...

“Asociado el señor Juez de 1ra. Instancia... de los ingenieros don José Caballero y don Tomás Dulgeon, del arquitecto don Nicolás Grosso, el Dr. D. Amado Bonpland y demás ciudadanos respetables suscriptos, ante el escribano que autoriza la presente ... procedimos al reconocimiento del muro que hasta el presente se halla descubierto, teniendo de Norte a Sur 50 varas castellanas de longitud; de Este a Oeste, por ambas extremidades, 6 varas de latitud, formando un área cuadrangular; y 1 vara de altura a 1 de profundidad bajo de tierra, siendo las paredes construidas de piedra tosca, cortada de la misma de que está formada la barranca a la costa del río, habiendo hallado una gran porción de fragmentos de loza de barro de tiestos que, por su material exclusivo, se reconoce ser trabajado en el Paraguay... cuyos fragmentos en gran cantidad reconocimos, y una estacada de palo a pique de 50 varas castellanas de longitud, en dirección de Sur a Norte, trabajada y dispuesta del mismo modo, que consta que lo hacían los primitivos españoles al tomar posesión en estos lugares...

“Hecho un examen prolijo de los objetos que dejamos referidos, considerada la historia que conservamos que ... según las observaciones del Padre José Quiroga ... corroborada la autoridad histórica por una información levantada en esta misma ciudad de San Juan de Vera en el año del Sr. 1713 ... consta pues de lo expuesto que, a inmediaciones de la Cruz, estuvo el fuerte construido por los españoles”.

Averigüemos hacia qué punto debieron éstos levantar el baluarte...

“En vista del examen prolijo de las ‘ruinas subterráneas’ en la barranca del puerto de la Columna, o Arasaty ... en vista de los poderosos razonamientos que dejamos indicados, y de que no hay tradición ni recuerdo ninguno de que en este lugar haya habido posesión alguna ... aseguramos... que este ‘muro y estacada’ son los que sirvieron de defensa a los primeros conquistadores...

“Cumpliendo con lo mandado por el Superior Gobierno, y siendo firmes nuestras creencias en lo que dejamos relatado, protestamos a la faz del universo, que es la verdad la que dejamos expuesta sobre este nuevo y portentoso descubrimiento; y en fe de ello, firmamos la presente acta con nuestro puño y letra, ante el escribano público ... en este puerto de Arasaty, a 18 días del mes de Enero del año del Señor de 1857”.

(Firman) Matías Antonio Carreras - José M. Rolón, Delegado Eclesiástico - Fr. Juan V. Alegre - Tomás Dulgeón - Francisco de Paula Rolón - Nicolás Grosso - Sebastián Alegre - Narciso Soloaga - Estanislao Fernández - Mariano L. Camelino - Roberto G. Billinghurst - José Fournier - Claudio Rolón - Adrián López - Pedro Vedoya - José Caballero - Amado Bonpland - Rafael Gallino - José de los S. Bargas - José Ignacio Rolón - Martín Blanco - Benito Alva - Gabriel Esquer - Zacarías Sánchez Negrete - Feliciano López - Francisco Suárez.

- En testimonio de verdad, Juan Francisco Poisson, escribano público y de juzgado.

Es pues auténtico que en Arasaty desembarcaron los españoles y levantaron un fuerte. Las ruinas de éste, conservadas bajo la tierra, fueron halladas en 1857. Si lo último no es cierto, todos esos respetables vecinos que firman esa solemne acta se concertaron entonces para sofisticar la verdad y para testificar una superchería fraguada entre ellos para engañar a la posteridad. Pero ¿es concebible ese plan farisaico e indigno en hombres como el gobernador doctor Pujol, el delegado eclesiástico, canónigo doctor Rolón, en el renombrado naturalista francés, compañero de Humboldt, Mr. Bonpland, en los ingenieros ilustrados, el inglés Dulgeon y el español Caballero, y en todos los demás honorabilísimos vecinos, europeos y argentinos, conocidos de todos y de los cuales muchos viven hasta hoy y que firmaron esa acta?

Pero así como acabamos de citar el testimonio de historiadores de nota que no habrían escrito en cuanto al “fuerte” sin tener a la vista algunas pruebas de convicción, tanto antiguos como modernos, así como los testigos de vista en cuanto a “los restos de ese fuerte”, superiores a toda tacha, citamos enseguida lo que hay en contra, y son las aserciones del doctor Mantilla, en su artículo “La ciudad de Vera”, publicado en Las Cadenas de días pasados, 3 de Abril, y que me ha determinado a escribir, a toda prisa, este pequeño folleto, sin el tiempo necesario para reunir los datos que me fueran posibles, a su objeto.

- No ha faltado, dice, “alma candorosa, que en 1857 creyera haber descubierto los restos de la fortaleza, a cuyo frente ocurrió el supuesto milagro, tomando por tales los troncos de un cerco de cierto poblador antiguo de las afueras de la ciudad. ¿Qué extraño es, entonces, que la generalidad crea en la fundación de Corrientes, tal como ella resulta de los versos del dominico Zambrano? ¿Cómo disculpar semejante error, cuando en él se ha vivido más de 200 años, y cuando aún en el día, se ve al poder público empeñado en perpetuar en una “Nueva Columna” la mentira histórica del desembarco en el Arasaty, la palizada de la invención de fray Alegre y el Milagro no ocurrido de la Cruz?”

El Dr. Mantilla no nos presenta las pruebas de tales afirmaciones; tampoco nos dice el nombre del “poblador antiguo”, de cuyo “cerco”, los “troncos” fueron tomados por Bonpland, Dulgeon, Caballero, P. Alegre, etc., por los “restos del fuerte” español de 1588.

La existencia del “fuerte” en Arasaty está apoyada en un documento clásico, y que comprueba los testimonios históricos citados a favor de esos hechos, y es la prueba directa de ser verdadero y el mismo “fuerte” de 1588 el encontrado por el P. Alegre. Es malo ir ligeramente contra las tradiciones populares, porque éstas generalmente tienen un núcleo de verdad. Citamos ese documento de Febrero 28 de 1701 en el párrafo siguiente:

Construida la fortaleza, los españoles resistieron, por 8 días, según los “Gozos” del P. Zambrano, a los aborígenes que los sitiaron, y vencieron por fin a éstos.               —

¿Cómo obtuvieron los españoles ese triunfo? Aquí es el caso del “milagro” de la Cruz colocada fuera del “fuerte” a un tiro de arcabuz, tal cual es narrado por Zambrano y sostenido por las creencias populares en Corrientes.

- Según Zambrano:

 

               Cuando los conquistadores                              Veinte y ocho sólo fueron

               Se vieron atribulados,                                       En número los soldados,

               De ejército infiel cercados,                            Y aunque de seis mil sitiados

               Los sacaste vencedores,                                    Ocho días resistieron,

               Dándoles un celestial                                         Sin hambre, sed ni señal

               Esfuerzo y marcial valor,                                   De cansancio ni dolor.

               Por la Santa Cruz, etc.                                       Por la Santa Cruz, etc.

              Esta resistencia hizo                                  Por qué a los tres que atizaban

              Creer a los combatientes,                                  El fuego, un rayo mató,

              Que nuestros padres valientes                          Y a los demás los dejó

              Tenían algún hechizo;                                 Tales, que a huir no atinaban,

              Que este hecho sin igual                                    Y en una angustia mortal

              No era efecto del valor.                                     Cercados de resplandor.

              Por la Santa Cruz, etc.                                       Por la Santa Cruz, etc.

             Pensaron que ese madero                                  Las armas en tal conflicto

             Que afuera estaba arbolado                             De las manos arrojaron,

             Era del noble soldado                                        Y por su Dios confesaron

             Nigromántico hechicero;                                Al Dios del cristiano invicto.

             Creyeron aunque muy mal                                Trocando en  reverencial

             Que erais vos encantador.                                 Respeto, el pasado horror.

             Por la Santa Cruz, etc.                                     Por la Santa Cruz, etc.

             Luego se determinaron                                      El bautismo a grandes voces,

             A quemar el hechicero,                                      Con ansias y con gemidos

             Y para hacerlo, primero,                                    Pidieron arrepentidos

             Mucha leña amontonaron;                                De haber sido tan feroces,

             Quiso su encono brutal                                     Cobrando un amor filial

             Dar muestras de gran furor.                              A su insigne bienhechor.

             Por la Santa Cruz, etc.                                     Por la Santa Cruz, etc.

             La leña ardió presurosa,                                    Desde entonces se quedó

             Y cuanto más la aumentaban,                           La tierra pacificada,

             A la Santa Cruz miraban                                  La nueva ciudad fundada,

             Más reluciente y hermosa;                                 Y todo a vos se debió.

             Pero el indio irracional                                     Sois, oh Cruz, su principal

             Ni así aplacó su rencor.                                    Caudillo y conquistador.

             Por la Santa Cruz, etc.                                     Por la Santa Cruz, etc.

             Por ocho veces volvieron                                    Sois de esta noble ciudad

             A practicar nuevas pruebas,                               Protectora, honor y gloria,

             Haciendo fogatas nuevas,                                   Paz, salud, luz y victoria,

             Y el mismo milagro vieron;                                Defensa y felicidad;

             Al cabo un lance fatal                                       Su Escudo, su antemural,

             Llenó a todos de pavor.                                      Su esfuerzo, brío y valor.

             Por la Santa Cruz, etc.                                     Por la Santa Cruz, etc.

“Esos hombres y sus jefes no tardaron en ser sitiados por los indios bárbaros, en número de más de 6.000 hombres, como resulta de la historia que prueba el milagro. Estos intentaron primero tomarlos por las armas, luego por el hambre y la sed, pero no pudieron lograrlo por muchos días. La tradición narra que todas las noches un hombre disfrazado de indio bajaba al Paraná a buscar agua para él y sus compañeros.

“En fin el viernes de N. S. de Dolores, al fin de un largo y ardiente combate, sostenido con valor, de parte a parte, los indios infieles quedaron convencidos que esa Cruz, que se alzaba a la puerta del fuerte, era su enemigo y servía al mismo tiempo de defensa a los españoles; que era un talismán que debía destruirse ante todo. Se pusieron inmediatamente en obra, y amontonaron tanta leña cuanta los alrededores se la proporcionaron. Pero toda esa leña ardió, se redujo en cenizas, y la Cruz quedó intacta...” (texto anónimo citado).

- Dícese que en ese lugar los españoles edificaron una humildísima ermita de pared de adobe y techo de paja para conservar la Cruz. Que en las ruinas encontradas de esa ermita, mediante una información prolija de la autenticidad del lugar, el gobernador Ferré, en 1828, mandó edificar la Columna actual que está partida por mitad por un rayo, desde su cúspide hacia la base, y va a ser reemplazada por otra, por resolución de la Municipalidad actual.

En 1730 fue trasladada la Cruz a otra capilla, reedificada, y donde hoy se encuentra. Así se dice en la siguiente acta del Cuerpo municipal o Cabildo de Corrientes:

“En la Ciudad de Juan de Vera de las siete Corrientes a 15 de Marzo de 1730 años. El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella que infra firmarnos, juntos y congregados en esta Sala de nuestros acuerdos a tratar y conferir materias de la utilidad de esta República, con asistencia del Sr. Justicia Mayor y no concurrieron los capitanes D. Ignacio de Villanueva, D. Ignacio de Soto, regidores, ni menos el Alcalde Provincial Dn. Jorge Martínez, por estar en sus estancias de esta Jurisdicción.

“Y en este estado se acordó por este Cabildo el que se ponga por escrito para que en todos tiempos conste el día que se trasladó ‘la Santísima Cruz del milagro’ de su capilla antigua a la nueva donde al presente se halla colocada y venerada por los fieles cristianos, cuya traslación fue el viernes pasado que se contaron 10 del corriente de este presente año, a las 3 de la tarde, a la que concurrieron las Sagradas Religiones de San Francisco, Jesuitas y Mercedarios, Cabildo, su Cura Vicario y demás individuos de esta Ciudad.

“Y habiéndose fijado en su altar de la Capilla nueva, se le cantaron las vísperas con toda solemnidad, y el día siguiente que fue sábado 11 de Marzo, le cantó la Misa el R. P. Rector de este Colegio, Lorenzo Rafé, con diácono y subdiácono, ‘cuyo triunfo y milagro de dicha Santa Cruz’ lo predicó el R. P. José Gaete de la Compañía de Jesús, de este Colegio, con el espíritu y elocuencia tan eminentes de dicho R. P. que dejó su predicación admirados a sus oyentes, infundiendo con más fervor la sagrada devoción de los vecinos de esta Ciudad.

“Y al siguiente día, este Cabildo en común pasó a dar las gracias a su Cura Rector y Vicario Juez Eclesiástico, Maestro D. Ignacio de Ruilova, Conventos y Colegio por la concurrencia a dicha fiesta, y demás personas particulares de primera clase, etc., etc”.

(Firman) Diego Fernández - Juan Crisóstomo de Dísido - M. G. de Hendara - Gregorio de V. y Ascona - Adrián Cabrera Cañete - Sebastián Villanueva - Francisco Molina Zalazar - Juan José de Pesoa y Figueira - Antonio Aguirre - y lo firmaron ante nos, por no haber Escribano y este papel común a falta del sellado.

- “Arrimáronse éstos (los infieles) en gran número para desalojar los nuevos huéspedes, los cuales con esfuerzo y valor frustraron las diligencias de los indios. Entonces uno de ellos, que acaso descubrió el Santo madero, explicó su furia contra él, aplicando fuego para convertirlo en cenizas. Pero las llamas respetaron la Santa Cruz, y el sacrílego cayó muerto de un balazo. Consérvase hasta el día de hoy el sagrado leño, que en memoria del suceso se llama ‘la Cruz del Milagro’” (el P. Guevara - Lib. II, § XIII citado. Guevara nació en 1720).

- En 1713, ante un juez eclesiástico, que era un cura de Santa Fe, en esta ciudad se hizo información de testigos sobre el Milagro, y su interrogatorio y contestaciones obran en el Acta del 18 de Enero de 1857, que ya citamos, y fue publicada en folleto que hasta hoy muchos lo tienen. Esa información, por un comisionado especial, fue enviada a Roma, para obtenerse a su vista la declaración de la fiesta religiosa en la fecha del Milagro (Quesada, Revista del Paraná, Pág. 15).

En sentido diverso respecto del Milagro, hay lo siguiente:

- “Según tradición, tiene la Ciudad por armas una Cruz, en campo de fuego, alusivo al milagro que obró en su conquista, ‘aunque de esto no he visto documento de aquellas antigüedades’, sólo muestran estas noticias los que le sucedieron” (Art. “Fundación de Corrientes”, en El Telégrafo de 1801 a 1802).

El Dr. Quesada, en su folleto La Provincia de Corrientes, niega el milagro, o lo explica por causas naturales y ordinarias.

- El Dr. Mantilla, en el artículo “La ciudad de Vera”, ya citado, afirma en cuanto al milagro “ser cierta su absoluta falsedad”.

Ninguno de los testigos citados ha vivido en la fecha del Milagro, ni lo ha presenciado. ¿Quién de ellos merece más fe? ¿El Padre Guevara o el doctor Quesada? ¿Los testigos de la información de 1713 o el Dr. Mantilla? ¿Los testigos más cercanos al hecho de que se trata o los más remotos? ¿La naturaleza extraordinaria del hecho o los razonamientos conjeturales, desde el punto de vista de las leyes y de las cosas tales cuales nosotros comúnmente las conocemos? La ciencia y la conciencia, la Teología razonada con una sana filosofía, da fórmulas de crítica juiciosa para contestarse cada uno a sí mismo, las anteriores preguntas. No es de este lugar ni de estos momentos sobre todo discutirlas, cuando todo un pueblo se levanta a celebrar noblemente sus orígenes y parte notable de él a glorificar sus creencias y su fe.

La fe que glorifica el Milagro, o las maravillas de la naturaleza misma, glorifica así el principio del infinito y lo perfecto, y sin este principio, que es fuente continua de progreso y de regeneración, no hay grandeza ni elevación posible en las naciones ni para las horas del sacrificio ni para las generosas empresas. ¡Pobre del pueblo sin fe alguna, o en la religión o en la política, o en las ciencias o en el trabajo legítimo!

Esas son las enseñanzas verdaderas de toda la historia, de acuerdo con la razón cuando ésta se escruta profundamente en sus leyes constitutivas. Por lo demás, el P. Alegre ha bajado a la tumba lleno de mérito para con Corrientes, provincia de su nacimiento. Un extranjero ilustre, Mr. M. de Moussy, le dedicó elogios, hasta llamarlo un “segundo Padre Solanos” en su artículo “La Virgen de Itatí”, que publicó en Corrientes en 1856.

Pero la fe entusiasta hasta las concepciones del Milagro, tenía su razón de ser, en España sobre todo, bajo el doble vínculo de la religión y la patria. Ella, al frente de la tempestuosa revolución iniciada por la Reforma de Lutero en 1515, tuvo la misión social de combatirla con Carlos V y Felipe II, quien murió en 1598.

Corrientes estaba ya fundada antes de 1598. Y es así, bajo el inmenso influjo de la fe que los 200 españoles en Haití atribuyeron su salvación de los 10.000 indios (1495) en la “Isabela” al milagro respecto de una Cruz plantada en el frente. Así, en el recio asalto de “Corpus Christi”, los indios que lo tenían reducido al último extremo, dícese que vieron en el baluarte, un personaje que los llenó de terror, y los españoles vieron en ello el favor de San Blas, en Febrero 3 de 1539 (Deán G. Funes, Lib. I - Cap. V).

Así, los españoles, a su regreso de Santa Cruz de la Sierra, ante el peligro inmenso al ser rodeados por los indios “Itatí”, recurrieron a la protección del cielo, y su salvación en 1569 la atribuyeron a un venerable personaje, o Santiago o San Blas, que arrojaba dardos contra esos indios (D. G. Funes, Lib. II - Cap. II).

La civilización actual, siendo hija del cristianismo, la Cruz es su más expresivo símbolo. La civilización, a través de la Cruz, trayendo a sí los pueblos oprimidos, ganó el Imperio Romano con Constantino, en 335. Se acrisoló y brilló ante las discusiones provocadas por el dogma, la herejía y el cisma. Dominó, para 613, los pueblos bárbaros que destruyeron ese Imperio. Luchó desde el siglo VII contra la Revolución de Mahoma, venciendo en el XV por España.

A partir de aquí, la Cruz, por Colón y España, trajo la civilización a América. Entretanto, entre el siglo XVI al XVII preparó, desde la Reforma, los principios cristianos para la constitución del mundo político y social. Desde el siglo XVIII esos principios, simbolizados en la Cruz, luchan hasta hoy por triunfar bajo la forma sagrada de la verdadera República, en Europa y América.

He ahí los grandes Milagros de la Cruz en la historia de la civilización moderna. No ha pasado el tiempo de los Milagros, vencido ante esas verdades de la historia, exclama Edgard Quinet. Este escritor no es por cierto tachable para los enemigos de la Iglesia Romana.

Corrientes, pueblo generoso, en la Cruz de su fundación, en este III Centenario de ella, va también a glorificar esos grandes milagros de la civilización.

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