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La Cruz del Milagro fue el más antiguo de los cultos urbanos

1.- Hemos creído conveniente interrumpir el relato histórico sobre la fundación de la ciudad y la Cruz del Milagro, para iniciar la documentación perfecta de las circunstancias, que vienen a ser como las columnas que contienen la voz de la tradición que respetamos y sostenemos. Referimos al avecinamiento en el paraje donde el Adelantado funda la ciudad, el 3 de Abril de 1588, y antes de su llegada, de pobladores y colonos que habían ocurrido con el propósito de establecerse, de acuerdo con el pregón de la empresa realizado en Asunción, a principios de 1587, según el informe de Montalvo(1).

(1) Hernán Félix Gómez. “La Fundación de Corrientes y la Cruz de los Milagros” (1973), Capítulo Decimotercero: “Comprobación documentada del avecinamiento de pobladores antes del 3 de Abril y de que la Cruz del Milagro fue el más antiguo de los cultos urbanos”, Corrientes. Edición del Banco de la Provincia de Corrientes.

En segundo lugar, nos proponemos probar que el culto de la Cruz del Milagro fue el primero y el más antiguo que se tuvo en el paraje de las Siete Corrientes, hecho comprobatorio de la tradición que exalta el homenaje originario rendido al leño protector del establecimiento.

La prueba de la existencia de pobladores en el lugar, cuando llega el Adelantado y erige la ciudad, consta del propio texto del Acta de fundación. Naturalmente, resulta extraño lo que afirmamos, desde que el Acta fue conocida en Corrientes en 1877, y con todo su texto desde 1888, cuando el doctor Mantilla la publicó en el periódico Las Cadenas.

También a nosotros nos pasó inadvertida la comprobación, por la circunstancia de que el Acta doctor Mantilla -llamémosla así para individualizarla-, está en buena parte transportada al castellano en uso, faltando elementos para comparar su texto y reafirmar sentido y enunciados. La divulgación de otros dos textos, que también son copia, llevadas al castellano, sucesivamente, por el profesor Gez y el historiador Torre Revello(2), ponen al estudioso en condiciones de dar a las palabras su valor exacto, comprobando el tiempo en que los verbos son usados.

(2) Véase: Las ‘actas’ de fundación de la ciudad”.

Cuando las tres copias utilizan los mismos enunciados, ya no se está en presencia de posibles errores de copia o de interpretación, sino de afirmaciones o hechos que es necesario tomar en la expresión concreta que utilizan.

Ante todo, deseamos establecer que el Acta de fundación, aun siendo indivisa, consigna los siguientes proveídos, en orden cronológico o de realización:

1.- El Adelantado funda, orienta y puebla la ciudad en el sitio (paraje) las Siete Corrientes, cuyas condiciones de excelencia constata, y nombra a los miembros del Cabildo, al que indica período de renovación anual, y el que se ajuste a lo que se hace en el reino del Perú y en todas las Indias;

2.- A continuación, en nueva diligencia que, como la anterior, suscribe con el escribano público y de cabildo, recibe el juramento a los cabildantes nombrados, de ajustar su conducta al interés público. Lo hace ante dos testigos;

3.- En nueva diligencia, que certifica el escribano haberse realizado ante los mismos testigos, el Adelantado y los cabildantes eligieron de conformidad el sitio para la iglesia mayor, pusieron una Cruz, en señal de posesión, la adoraron y solicitaron testimonio;

4.- En otra diligencia, el Adelantado y los cabildantes van a la que debía ser plaza, y en su mitad levantan el Rollo para la ejecución de la Justicia. El Adelantado lo consagra espada en mano, y señala pena de vida a quien lo saque de su lugar;

5.- En nueva diligencia, los mismos funcionarios recorren el campo vecino, eligiendo el ejido público de la ciudad “para todos los vecinos y moradores que poblaron en ella e vinieron a poblar”. Y esta diligencia da fin al proceso de fundación y es suscripta por el Adelantado, cabildantes y escribano.

Los cinco actos solemnes, así consignados, se cumplen el 3 de Abril de 1588. En su aparente simpleza, tales actos han exigido la elección del lugar, su medición central, el diseño del solar de la iglesia, de la manzana de la plaza mayor, la preparación de la Cruz y del Rollo de Justicia, y su colocación en grandes pozos bien firmes. El Rollo, que era todo una viga, de puro corazón de madera dura, donde se ataba a los condenados a exhibición y azotes, exige de por sí una buena jornada de labor.

Ahora bien, la parte más interesante del Acta, es la diligencia a la que hemos dado el número 5, dentro de la cual se encuentra la constancia documental a la que hemos aludido.

Dice el párrafo  donde consta la  documentación:

... e luego en el dicho día, mes y año susodicho por ante mi el dicho escribano juntamente con la justicia e regimiento andando por el campo de la dicha ciudad nombraron y eligieron por exido público de la dicha ciudad para todos los vecinos e moradores que poblaron en ella e vinieron a Poblar desde las quadras que señaló un cuarto de legua que toma todo el contorno de la ciudad con todo lo qual se acabo e fenecio y fundo la dicha población, ciudad, yglesia, horca, egido, protestando como el dicho gobernador protestado tiene, de mejorar la dicha ciudad, yglesia, horca y egido y todo lo demás, cada e quando que hallare mejor oportunidad en nombre de dios y de su magestad e Pidio a mi el dicho escribano se lo de por testimonio...

El enunciado “para todos los vecinos e moradores que poblaron en ella e vinieron a poblar”, es de una claridad absoluta. Dice de los que ya habían poblado y de los que vinieron a poblar -en la expedición que el Adelantado mandaba- y, naturalmente, “los vecinos y moradores que poblaron en ella”, estaban en el lugar cuando Torres de Vera señala el emplazamiento.

Si se continúa en el análisis del párrafo, y se advierte que el Adelantado confiesa que la “ciudad, yglesia, horca y egido” podían ser mejorados “quando hallare mejor oportunidad”, también se llega a la conclusión de que su obra del 3 de Abril tenía un confesado sello de provisorio; nadie iría a abandonar lo que hubiese construido o ya tenía, para situarse en el trazado incipiente y no perfecto de Torres de Vera.

Estos vecinos o moradores que poblaron o ya estaban en el paraje, debían de tener modestas residencias, o vivir ínterin en algún fuerte o lugar defendido. La cuestión se reduce a situar el punto geográfico de tal avecinamiento.

La tradición señala al Arasaty, y entendemos haber encontrado el documento comprobatorio.

2.- La investigación histórica es una pesadísima tarea, y más cuando el material a usarse consiste en papeles fabricados y escritos en el siglo XVI, con redacción, estilo, ortografía, abreviaturas y vocabulario diversos de los que nos son habituales. En nuestro caso, pero recién desde 1914, pudo el que estudiaba los orígenes de Corrientes, atenerse a la Revista del Archivo, donde se publicaron los papeles y las Actas de capitulares de los siglos XVI y parte del XVII.

Lo que habría ganado era poco; la publicación se ajustaba al original en la grafía, obligando a la conquista previa de una técnica para su lectura; y como los cuadernos se daban sin índices, era necesario leer todo lo publicado, para dar con algo de interés.

Desde 1941, la Academia Nacional de la Historia ha publicado las capitulares correntinas, pero esta vez se dan índices clasificados por materia. Tengo a mi cargo la tarea, y confieso que el índice obliga a un enorme esfuerzo, cuya primera etapa es conocer la historia, para interpretar el texto, a veces semidestruido.

Están en circulación tres tomos, y el cuarto en obra, total al que llegará la publicación de las capitulares a principios del siglo XVIII. Como los índices se hacen sobre el impreso, en páginas correctas, por las citas, es evidente que mi situación por hoy con respecto al contenido de las capitulares correntinas, es privilegiada.

Muy otra debió de ser la de los investigadores que abrieron el debate en 1888, librados a la colaboración de personas de buena voluntad, como los que han venido actuando hasta 1941, en que aparecen los tomos con índices de la Academia Nacional de la Historia.

Hemos consignado estas circunstancias, para explicar la imperfección de las buscas y la no individualización de un Acta capitular que ratifica el contenido de la tradición. También para aclarar la posición en que muchos han incurrido, de suponer documentos que no existen, ni pudieron existir. Ejemplo: un Acta del 16 de Junio de 1663, fecha que no coincide ni siquiera con los días de Acuerdo del Cabildo.

3. La primera referencia expresa que las Actas capitulares de Corrientes contienen con respecto a la Cruz del Milagro, se encuentra en la del 3 de Agosto de 1649. La población, concentrada en un núcleo que rodeaba la plaza mayor desde 1598, había abandonado el avecinamiento inicial de Arasaty, donde sólo contaban con refugios de fuertes puertas, que se abrían en los días de paz y tranquilidad.

Como las tierras fértiles y flojas, de pan llevar, se hallaban al Este y al Sudeste, la zona de Arasaty se convirtió en un lugar apropiado para el corte de leña y el pastaje de animales, para cuya defensa construyeron corrales. Pero entre el bosque, y disimuladamente, se hicieron corrales pequeños, en que pobladores vivos encerraban las vacas de noche y bueyes del vecindario, hurtándolos cuando se abandonaba su busca. Todo este manejo se hacía en ese campo de uso común, sin propietario responsable, campo que quedaba entre el casco urbano, hacia el Sur o, como dice el Acta capitular, hacia la Cruz del Milagro. Como ésta ocupaba una pequeña construcción, una ermita, tenemos que la documentación de su existencia y del lugar de su emplazamiento data de 1649.

Restaría probar la antigüedad y la trascendencia de su culto, lo que resulta del Acta capitular del 26 de Septiembre de 1661, en otras palabras, a los setenta y tres años de la fundación de la ciudad.

Según el documento, la ciudad sufría la más severa seca, estando a perderse totalmente los trigales y demás plantaciones. Para llegar a la misericordia divina y aplacar lo que creían un castigo, los cabildantes resuelven “que se continúe la antigüedad que los antiguos pobladores tuvieron”, con cuyas palabras parece quisiera significarse que se volviese al culto preferente, o fe de los primeros pobladores.

El mismo Cabildo indica la fórmula: “y se lleve la Madre de Dios, del Rosario, en procesión a la (ermita de la Cruz) del Milagro, que es la antigüedad antigua, en concurso de todo el pueblo adonde esté nueve días rogando y suplicando a su preciosísimo hijo, se apiade de este pueblo y sus criaturas...”. Y luego agrega: “Y... que los nueve días asistan en la Santa Ermita de la Cruz de los Milagros dos vecinos encomenderos, cada uno con sus luces...”.

Si recordamos que, al fundarse la Ciudad de Vera, en 1588, le dio el Adelantado por Patrona a la Virgen del Rosario(3), las consignaciones del Acta y el simbolismo que en ella se proyecta, resulta de una trascendencia significativa. El Cabildo resuelve recurrir al más antiguo de los cultos, al que los primeros pobladores tuvieron, y se resuelve llevar la Imagen de Nuestra Señora del Rosario, Patrona jurada de la ciudad, indicada por el Adelantado el 3 de Abril de 1588, a la Santa ermita de la Cruz del Milagro, que es la ermita antigua, donde debía quedar nueve días rogando y suplicando a su Hijo, se apiadara del pueblo.

(3) Titular de la Iglesia. (Véase: Vera nada tiene que ver con los Vera).

Hay en las consignaciones de esta Acta y en el simbolismo de lo que se proyecta, el más diverso contenido. Se busca el amparo de la Cruz protectora del culto más antiguo, como si hubiese temor en los espíritus por el auge de otros, y se concreta en esa moción, llevando a la después declarada Patrona de la ciudad al santuario de la Cruz del Milagro.

La documentación es concluyente: actúan en 1661 los hijos de los pobladores de 1588, y tal vez alguno de los más jóvenes soldados de la fundación.

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