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Ubicación de la ciudad. El paisaje natural. Jurisdicción originaria

La ubicación y planta de la ciudad correspondieron a las prescripciones de la Recopilación Indiana, como que era entendido en leyes el Adelantado, autor personal de aquéllas(1).

(1) Extracto de la obra del doctor Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), Notas biográficas por Angel Acuña, tomo I, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El Acta de Fundación enumera las condiciones ventajosas del lugar. Para la delineación del pueblo fue elegido, con mucho acierto, el terreno comprendido entre dos arroyos que desaguan en el río Paraná y éste, a fin de aprovechar en la defensa los mencionados obstáculos naturales.

La curva que allí hacía el río Paraná resguardaba la fundación por el Norte y el Oeste y, entre las puntas de tierra que en ese espacio penetraban en aquél, formaba ensenadas cómodas para desembarcaderos y abrigo de buques.

Al Sudoeste y Sur, estaba el arroyo, hoy llamado “Salamanca”, entonces, Ysyry(2), profundo, barrancoso, de rápida corriente, tributario del Paraná, de curso más extenso que el de ahora, nacido de anegadizos interpuestos entre la zona alta de “las siete corrientes” y la agrícola, ocupada por los guaraníes, denominada hoy Lomas.

(2) De y, agua; syry, correr; agua que corre. El arroyo es correntoso. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. En guaraní actualmente se escribe del mismo modo: y, agua; syry (sustantivo guaraní), corriente, flujo, reguero, caudal, circulación.

Al Oriente corrían dos barrancosos arroyos designados hoy con los nombres “Arasá”(3) y “Poncho Verde”(4), los que se unen cerca del Paraná, en el que desaguan.

(3) Guayaba silvestre. Hasta principios del siglo XX, abundaba esta fruta en las costas del arroyo al que ha dado su nombre. Actualmente, en guaraní, se escribe: arasa (sustantivo guaraní), guayabo, guayaba, árbol frutal (sin tilde, ya que no se acentúan gráficamente las palabras que tienen su acento tónico sobre la vocal final).
(4) Ignoro -dice Mantilla- cuál haya sido el origen de este nombre raro, que es moderno, y también cuál fue el primitivo. Algunos viejos me han dicho que a principios del siglo XIX vivía de ese lado de la ciudad -absolutamente despoblado entonces- un insano que, durante el invierno y verano, usaba un poncho verde andrajoso; en la ciudad le llamaban “Poncho Verde”; de ese apodo se dio denominación al arroyo, cuyas costas recorría siempre el desgraciado.// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

No era plano el terreno; la parte mejor daba sobre el Paraná. La delineación del pueblo fue sencilla, tomando por centro la plaza en que colocaron el Rollo para la Justicia, y una Cruz, para señalar el lugar reservado a la Iglesia principal.

Situada la plaza cerca del desembarcadero en forma de cuadrado de ciento cincuenta varas por lado, salían de ella calles en la dirección de los costados y, paralelas a ésas, corrían otras más a cada lado, siendo la intersección de las extremas el límite de la planta urbana, que encerraba cien manzanas de 150 varas por costado.

Corresponde actualmente a esa traza la parte de la ciudad comprendida entre el río Paraná y las calles Córdoba y Ayacucho (hoy Yrigoyen). Las calles, delineadas “a cordel y regla”, eran angostas y se cruzaban en ángulos rectos.

Los solares fueron con capacidad suficiente para casas espaciosas, con grandes patios y corrales, donde los dueños pudiesen tener sus caballos y demás bestias de servicio.

Sobre la plaza se eligió sitio para el Cabildo y Justicia.

No conozco el Auto de repartimiento de solares dado por el Adelantado; en todas partes le he procurado con empeño y sin resultado. Perdido o extraviado, no es posible determinar cómo fueron adjudicadas las suertes, y quiénes los agraciados(5).

(5) De un Oficio del Cabildo de Corrientes al virrey, datado el 18 de Septiembre de 1785, se deduce que el Padrón del repartimiento urbano existía ya en esa fecha. El 23 de Junio de 1598, Hernandarias donó judicialmente al Escribano Nicolás de Villanueva, “un solar en la traza de esta ciudad, lindante con solares de Juan Gómez de Torquemada y Blas de Leis, esquina de la plaza, que se le dio cuando se hizo la traza de la ciudad”. Que el Adelantado hizo el repartimiento urbano está fuera de duda. En el Oficio antes mencionado del Cabildo, decía éste: “Informamos lo que consta en nuestros libros capitulares, y los padrones que se formaron en aquellos primeros tiempos de la fundación. El año de 1588 fue fundada esta ciudad por el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón. Y habiendo formado la planta de la ciudad y repartido sus cuadras y solares para pobladores y descendientes, se retiró sustituyendo los empleos en el general Alonso de Vera y Aragón”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

No cabe duda que todos los expedicionarios los recibieron, porque diversos documentos capitulares, así lo establecen; pero esta seguridad no basta para formar un plano exacto.

Las situaciones de la Plaza, del Fuerte, de la Iglesia principal, y de las manzanas destinadas a Conventos, han  sido comprobadas por documentos aislados, relativos a ellas.

- El paisaje natural

En el tramo en que el río, que subían los españoles con una dirección Sur-Norte, toma casi violentamente la de Oeste-Este, afloran piedras toscas, morado-oscuras sobre el arenal dorado que limita el río, piedras que se enciman, como si se multiplicaran, en puntas barrancosas, mayores y menores.

Las mayores formaban, y todavía semejan, grandes espigones, que durante cuatro largos siglos sufrieron el roce continuo de las aguas produciendo en su seno tantas corrientes oblicuas al eje del río.

Naturalmente, el panorama fluvial de 1588 no es el actual. Además del desgaste natural de las puntas por la acción de las aguas, el hombre utilizó sus piedras para el cimiento de diversas construcciones y, en casos excepcionales, enormes crecidas del río produjeron cambios memorables.

A su regreso a España, Sebastián Caboto informó de la existencia de esas siete puntas al rey, en el paraje que él identificó como de las “siete corrientes”.

Ahora: ¿Cuál fue el sitio elegido por el conquistador para fundar la nueva ciudad en ese extenso paraje denominado “Siete Corrientes”?

Cuando el 3 de Abril de 1588 el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón fundó la Ciudad de Vera, en el Acta de Fundación firmó: “fundo y asiento y pueblo ... en el sitio que llaman de las siete corrientes”.

El paraje era muy grande, amplio, y la zona más atractiva comprendía una extensión de costa alta, de barrancas, de piedra, de arenisca morada, típica de la región, situada sobre la margen izquierda del río, que hacia el Nordeste y el Sudoeste terminan en zonas bajas, de bañados -uno de estos situado al sur de donde está hoy emplazado el Puente interprovincial “Manuel Belgrano”-, y la boca del río Paraguay.

Estos bañados contribuyeron a destacar, en el horizonte local, la plataforma elevada a que hacemos referencia, sitio en que, además, los vientos suaves del Norte y del Este baten con el frescor natural que recogen en el amplio cauce de los ríos. Se puede decir que el sitio elegido por los conquistadores estaba como en un balcón.

Ahora, ¿dónde desembarcaron?

Como las corrientes, en el río, oblicuas al eje de su cauce, eran producidas por grandes puntas de piedra arenisca, y como la navegación dificultosa era la de aguas arriba, el punto geográfico más útil de ese balcón al río para los navegantes era aquél en que ellas se iniciaban para el tráfico de aguas arriba. En otras palabras, la última punta, hacia el Sur del lugar.

Es que transitando el río hacia el Sur, el orden de las puntas era el siguiente:

1) La punta Aldana: que se encuentra sobre el Alto Paraná y recuerda el apellido español de algún vecino que pobló el lugar;

2) La punta Yatigta: en guaraní, “caracol de tierra”. Proviene de un árbol frutal de ese nombre, abundante en el lugar;

3) La punta Arasa, de la Batería o Mitre; Arasá es el nombre guaraní del guayabo, entonces, “Punta Guayabo” derivó también del nombre de esa planta frutal que abundaba en las inmediaciones; Batería, porque el gobernador Pedro Ferré hizo instalar allí, en 1825, una defensa de pequeños cañones denominada “Batería de San Pedro”, y el pueblo comenzó a llamarla “Punta de la Batería”; y Mitre, porque después de la Guerra de la Triple Alianza comenzó a ser llamada así, ubicándose el paseo de ese nombre en el lugar;

4) La punta Ñarõ o San Sebastián: ñaró, en guaraní, significa bravo, nombre relacionado con una lavandera, llamada Isabel Durán, a quien sepultó una enorme piedra desprendida de la barranca del antiguo solar jesuítico -después, Colegio Nacional-, con cuyo nombre algunos denominaron, a raíz de la tragedia, la punta tradicionalmente conocida como Ñarõ; San Sebastián, porque allí los españoles de la fundación levantaron una ermita para el culto de este Santo y que subsistió hasta 1690;

5) Punta Takuru o Vidal: a su pie desemboca el arroyo Tacurú, hoy entubado. Tacurú es un montículo de tierra formado por las termes (termitero), no por hormigas, como generalmente se cree; esta punta también fue conocida como punta Ysyry por ser un punto de la costa que servía de base a la desembocadura del arroyo Ysyry -también llamado Salamanca en el siglo XIX-, convertido hoy en desagüe pluvial entubado de la ciudad;

6) Punta Takuaras: tomó su nombre de la caña tacuara, abundante en la zona; y

7) Punta Arasaty, en guaraní, “montón o abundancia de guayabos”, árbol frutal que cubría la zona, lugar donde, finalmente, se produciría el primer desembarco de los conquistadores para fundar la ciudad.

Era una ensenada que se formaba en esta parte del litoral. Dentro de la ensenada desembocaba un arroyo, que también llevaba su nombre, y cuyo cauce disminuía como resultado de la sedimentación a través del tiempo.

Además, el Arasaty, como punta rocosa, sólida, saliente, guiaba, orientaba en el tráfico aguas arriba, mientras que la desembocadura y pequeña ría del arroyo formaban protección a las pequeñas embarcaciones y balsas que debieron usarse.

Era un lugar admirable, porque además de los silvestre frutales, era un paraje de abundante caza.

- Jurisdicción originaria

La determinación exacta de la jurisdicción originaria de la ciudad es tarea difícil y controvertible, porque las ciudades se fundaban, para crear el dominio español, en el centro de zonas desérticas, por lo que la extensión efectiva fue aquélla que cayó bajo el contralor de la conquista, utilizada después en la colonización.

En tal sentido tiene una base exacta y que no lograron penetrar. Si llevados del propósito de fijar la jurisdicción originaria de Corrientes abundásemos en el asunto, podríamos resolver provisionalmente estas dificultades relacionando la jurisdicción que le asigna el Acta de Fundación, con las jurisdicciones que tienen las otras ciudades (que le eran anteriores) y que la misma Acta menciona.

Corrientes fue fundada con los “términos”, o zona intermedia existente entre los “términos” o jurisdicciones de las ciudades de Asunción (Paraguay), Concepción de la Buena Esperanza (Chaco), Santa Fe de la Vera Cruz (Santa Fe), Ciudad Real y Villa Rica del Espíritu Santo (Guayrá) y San Francisco y Mbiazá (sobre el Atlántico casi frente a la isla de Santa Catalina).

De acuerdo a estos datos, Corrientes comprendía parte de la provincia del Chaco, de la provincia de Entre Ríos, del Estado brasileño de Río Grande del Sur, las viejas misiones Orientales, Occidentales y Centrales, y el Sur de la República del Paraguay.

Desde 1588, la Fundación, a 1816, la Independencia, esta amplísima jurisdicción llegó a determinarse con más exactitud, disminuida en buena parte por actos del soberano (España) o por el contacto o la usurpación que nacieron de la fundación o expansión de otras ciudades.

* Hacia el Oeste, la provincia del Chaco actual, el límite originario fue el de los términos de Concepción de la Buena Esperanza, también denominada “del Bermejo”.

Esta línea partía de las márgenes del río Bermejo, como a ocho leguas al Oeste de su desembocadura en el río Paraguay, proyectándose rectamente hacia el Sur, hasta el Sur del río Negro, en cuyas márgenes los hombres de Corrientes fundaron la reducción y fuerte de Resistencia, o San Fernando del Río Negro, hoy capital de la provincia del Chaco.

Cuando Concepción del Bermejo fue destruida por las indiadas bravías del Gran Chaco, el dominio de Corrientes sobre esa frontera se extendió de hecho al límite de su poder militar, que ejerció en una guerra permanente, en penetraciones sucesivas y con el estalecimiento de obrajes.

Expediciones memorables por tierra, para fijar una ruta a Salta, y por los ríos Bermejo y Pilcomayo, para explorarlos y utilizarlos, traducen esta posesión útil cuyas penetraciones sirvieron de base a las provincias de Formosa y Chaco.

* Hacia el Sur la jurisdicción originaria de Corrientes lindaba con la de Santa Fe de la Vera Cruz, a cuya ciudad se le habían atribuido cincuenta leguas en la orilla izquierda del río Paraná, zona que hoy integra la provincia de Entre Ríos. Ambos Cabildos (Corrientes y Santa Fe) convinieron, en 1592, indicar “la boca de los anegadizos grandes” como el lugar del que debían contarse esas cincuenta leguas.

Cuando el territorio se valorizó por la ganadería, o mejor decir, por las haciendas salvajes que se explotaban por el procedimiento denominado de vaquerías, hubo interés en la determinación geográfica de esas bocas. Santa Fe sostuvo que eran las de desagüe de los bañados del río Santa Lucía (entre Goya y Lavalle actuales) y Corrientes a su vez las determinó en la boca de los carrizales que terminaban en el actual Departamento La Paz (Entre Ríos).

Las diferencias se transaron señalándose, por ambos Cabildos, como límite jurisdiccional, la boca del río Guayquiraró, accidente geográfico que resultó definitivo y rige en la actualidad.

* Hacia el Oriente, la jurisdicción originaria de Corrientes fue objeto de modificaciones de hecho y derecho. Estas últimas fueron establecidas en los acuerdos sucesivos de límites entre España y Portugal, cuya línea de frontera señalaba el límite de los términos de Corrientes a contar de los territorios sujetos al Gobierno Militar de Montevideo.

El derecho de Corrientes se tradujo en la guardia que sus milicias regladas tenían permanentemente en Río Pardo (actual Estado de Río Grande del Sur), guardia que se renovaba anualmente como una carga de la población correntina.

En 1801 esas milicias fueron retiradas y los portugueses avanzaron hasta la línea del río Uruguay, el límite actual. Pero si esto era en cuanto al derecho, en los hechos la frontera originaria de Corrientes sufrió una penetración sucesiva y usurpadora, al principio sin actos oficiales que lo homologasen, y después conformadas a un régimen de cosas que naturalmente llegó al Derecho positivo.

Referimos a las misiones jesuíticas, establecidas primero en el Guairá y desplazadas luego al Sur, hasta ocupar la jurisdicción correntina en una línea formada por los Esteros del Iberá, el río Miriñay y una franja a lo largo del río Uruguay, más o menos hasta el emplazamiento actual de la ciudad de Concordia.

Amparada por la influencia que la Compañía de Jesús ejercía en la Corte española, esta penetración fue progresiva y explicada en forma diversa, creando conflictos que la crónica ha recogido y el principal de los cuales fue la insurrección de los Comuneros correntinos.

La expulsión de los jesuitas puso término a estas usurpaciones territoriales sistemáticas de los pueblos de las Misiones, sobre todo cuando fueron organizados, por real cédula de 1803, en Gobierno independiente.

Desde ese entonces, el litigio se redujo a los terrenos de la banda Sur del río Miriñay, que el pueblo de Yapeyú siguió creyendo suyos no obstante la resolución del virrey, del 18 de Enero de 1800, fijando ese río como límite de las jurisdicciones de Corrientes y Yapeyú.

En esta convicción, los indígenas realizaban excursiones continuas que retardaban el progreso, especialmente del vecindario de Curuzú Cuatiá. Cupo al general Manuel Belgrano la última palabra en el asunto ya que después de acampar en este vecindario, donde reorganizó su parque y remontó su ejército, decretó el 16 de Noviembre de 1810 la refundación del pueblo de ese nombre, con jurisdicción hasta el Miriñay y dependencia del Gobierno de Corrientes.

* En lo que respecta al Norte, la línea con la actual República del Paraguay, la jurisdicción originaria de la Ciudad de Corrientes llegaba al río Tebicuary, afluente del río Paraguay, límite que se dio durante la colonia a las Provincias, después Intendencias, de Paraguay y Buenos Aires, a contar de la división de la “provincia gigante de Indias” en época de Hernando Arias de Saavedra.

Conforme a estos antecedentes, Curupayty, Lomas de Pedro González y demás vecindarios sobre el río Paraguay, en la actual República del mismo nombre, son de origen correntino, y fue su maestre de campo, el general Juan Benítez de Arriola, el conquistador de esa zona.

El dominio de ese rico territorio constituyó el precio que la Junta Provisoria de la revolución de Mayo pagó para que el Paraguay la reconociera y concluyera la Convención de paz, etcétera, el 12 de Octubre de 1811, suscripta en la Ciudad de Asunción.

Se adoptó en este Convenio la línea del río Paraná, deslinde que fue después de la Guerra de la Triple Alianza, ratificado por la Nación al celebrar, con el Paraguay, el Tratado del 3 de Febrero de 1876, aprobado por Ley del 27 de Junio de 1876.

- Consolidación castellana en la región de “los grandes ríos”

Desde la fundación de Sancti Spiritu, el 9 de Junio de 1527, a la fundación de la Ciudad de Vera, el 3 de Abril de 1588, transcurrieron seis décadas, durante las cuales la Corona castellana consolida su situación en la región de “los grandes ríos” con la fundación de fuertes y aldeas que correrán suertes diversas.

De esta manera se buscaba frenar las apetencias territoriales de su vecina Portugal, ya que las ciudades se fundaban para crear el dominio español.

Algunas fundaciones no prosperaron, como el caso de Sancti Spiritu, Salvador o Concepción del Bermejo que desaparecerán o la primera fundación de Buenos Aires, que tendrá que volver a ser refundada cuarenta años después, o la de Ontiveros que fue absorbida por Ciudad Real.

Finalmente Asunción, fundada en 1537 por Juan de Zalazar, asumirá el papel hegemónico y se convertirá en “madre de ciudades”. Desde allí y en sus entradas al Alto Perú, nacerá Santa Cruz de la Sierra (1561), fundada por Nufrio de Chávez.

En su marcha al Guairá y a la costa atlántica, Ruiz Díaz de Melgarejo fundará, en 1566, Ciudad Real y, en 1575, Villa Rica del Espíritu Santo y, finalmente para asegurar la navegación fluvial, Juan de Garay fundará Santa Fe (1573) y Santísima Trinidad y Puerto de Buenos Aires (1580), correspondiendo al licenciado Juan Torres de Vera y Aragón fundar la ciudad de Vera en 1588.

Con esta última ciudad se cierra el ciclo de fundaciones del siglo XVI y de la llamada “corriente atlántica”, la que será complementada en el siglo XVII por un nuevo frente poblacional: el misionero jesuítico. 

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