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Hostilidad indígena. Asedio de la Ciudad de Vera desde 1589 hasta 1592

El 2 de Noviembre de 1588, Alonso de Vera y Aragón repartió los indios comarcanos en encomiendas entre los primeros pobladores, que eran ciento cincuenta, señalando algunas para la fábrica de la Iglesia Mayor y la de la Compañía de Jesús, y dispuso que se registrasen en el Cabildo las marcas de hierro para el ganado que correspondiese a cada uno de aquéllos.

Se comenzó, asimismo, el reparto de la tierra, que no se terminó hasta el 29 de Junio de 1598, fecha en la que Hernandarias de Saavedra, a la sazón Gobernador de las Provincias del Río de la Plata, otorgó ochenta y tres mercedes en la banda Norte del río Paraná, y aún, el 24 de Julio de 1601, el Teniente de Gobernador de la ciudad, Diego Martínez de Irala, hizo reparto en el Valle de Santiago, al Sudoeste de ella, “sobre la Laguna de las Garzas y el Pantano Grande del Algarrobal”, figurando entre los agraciados, Ruy Díaz de Guzmán, el autor de la “Argentina”, primera historia de la conquista de estos países escrita por un criollo(1).

(1) “Revista del Archivo de la Provincia de Corrientes” (1908), tomo I, edición de Corrientes. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

También en ese año de 1588 de la fundación, se realizó la adjudicación de solares en la traza de la ciudad y de chacras en el ejido. Luego, la de las suertes de estancia para labranza, que tenían de frente sobre la barranca del Paraná desde 200 hasta 600 varas de medir de Castilla y, por fondo, 3.000 varas hacia el interior (una vara es una medida de longitud equivalente a 835 milímetros y 9 décimas); con excepción de la que correspondió al Adelantado, que lo tenía de 6.000 varas.

Por el Sur, las mercedes llegaban hasta el río de las Palmas (el actual Riachuelo), y por el Este “hasta donde se halló el primer mandiocal de los indios guaraníes”.

Las mercedes situadas al Este tuvieron dos leguas de frente por tres de fondo. Beneficiarios de estos repartos fueron, además del Adelantado, los primeros pobladores, la Iglesia Matriz, el Hospital, la Compañía de Jesús, las iglesias de La Merced y Santo Domingo, destinándose una para “el convento de monjas que se fundare”(2).

(2) En el día de la fundación sólo hubo un fraile franciscano. La Compañía de Jesús recién se estableció en 1690; los dominicos, en 1728. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Un monte de algarrobos que quedaba junto al Río de las Palmas, se declaró de aprovechamiento común para la construcción de casas, provisión de leña y otras necesidades que se presentasen.

Se dispuso que, entre suerte y suerte, hubiere caminos de diez varas de ancho y que se colocaran mojones para indicar los límites de aquéllas, dejándose lo suficiente para los “caminos reales”, que servirían de unión con las demás ciudades.

Vera y Aragón ordenó que se sembrara trigo y se plantaran viñas y algodonales, pero fue menester al principio traer por agua cuarenta fanegas de trigo, de Santa Fe, para el sustento de los vecinos.

Más tarde, en diversas oportunidades -1591, 1592, 1595, 1598 y 1601-, se hicieron nuevas mercedes.

En la tercera y cuarta de las ocasiones mencionadas, se repartieron las tierras que estaban situadas en la banda Norte del río Paraná, hasta el río que “llaman del Puente”, o sea el Tebicuary; ciento sesenta y cuatro en total, de las cuales ochenta y una lo fueron por el teniente de gobernador, capitán Bartolomé de Sandoval, el 20 de Julio de 1595; y ochenta y tres, el 29 de Junio de 1598, por el gobernador, Hernandarias de Saavedra(3).

(3) Es interesante constatar que ya en 1598 Corrientes ejercía actos de dominio sobre la zona del Tebicuary, que años después le disputaría el Paraguay. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

El repartimiento de tierras e indios tuvo en Corrientes una particularidad: se comprendió en él a cincuenta y una mujeres, que habían concurrido a la fundación(4).

(4) “Revista del Archivo de la Provincia de Corrientes” (1908), tomo I, edición de Corrientes. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Los primeros religiosos que se establecieron fueron los de la Orden Seráfica y los Mercedarios, cuya presencia se señala en documentos del año 1600(5).

(5) “Revista del Archivo General de la Provincia de Corrientes” (1908), tomo I, edición de Corrientes. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

La hostilidad de los indios hacia los pobladores se manifestó desde el primer momento. Esa hostilidad y la vecindad de tantas tribus bárbaras, hizo penosos los comienzos de la nueva ciudad. Muchas de las mercedes acordadas en la distribución de solares, chacras y suertes de estancia, y el repartimiento de encomiendas, no llegaron a hacerse efectivas.

En los primeros años, los conquistadores apenas pudieron sostenerse dentro del perímetro asignado a la ciudad propiamente dicha, en lucha permanente y desigual, teniendo por únicos alimentos pescado, palmitos y raíces silvestres, circunstancia ésta en que, unánimemente, coinciden los documentos coetáneos.

Algunos de aquéllos, desanimados, intentaron abandonar la empresa, lo que les fue impedido con energía por los tenientes de gobernador. Uno de ellos fue Hernandarias de Saavedra, a quien Alonso de Vera y Aragón se vio obligado a intimar que “so pena de la Vida y dado por traidor no sea osado a salir desta dicha ciudad sin licencia y de lo contrario, haciéndole por condenado en la pena arriba contenida”. Esta medida se tomó con carácter general, extendiéndose a todos los pobladores, y se publicó “con tambor y voz de pregonero” el 12 de Julio de 1588(6).

(6) “Revista del Archivo General de la Provincia de Corrientes” (1908), tomo I, edición de Corrientes. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Guerras y miserias de la ciudad

Junto con la distribución de las tierras se encomendó a los indios. En los Títulos de encomiendas conservados en el Archivo General de la Provincia, estipúlase que la dación se efectuaba por tres vidas, que los encomenderos debían instruir a los indios en la doctrina, enseñarles la ley natural, darles buen trato y no sacarles más tributo que los de la tasa, reservándose a los caciques sus mujeres e hijos.

Estas medidas que formalizaban la conquista, encienden de nuevo el encono de los naturales. Es que no pudo inventarse un sistema más aparente para hacer odiosa la conquista española, que el de las encomiendas.

Los siervos repartidos eran de dos clases: mitayos y yanaconas. Los primeros pagaban a sus dueños un fuerte tributo de lo que ganaban en faenas propias, estando, además, obligados al servicio personal durante dos meses del año, turnándose, desde los 18 hasta los 50 años de edad. Los segundos, pertenecían completamente al encomendero.

En cambio de la esclavitud, los indios debían ser tratados con paternal cariño y recibir instrucción religiosa, alimentos y vestidos; obligaciones jamás cumplidas. Inicuo en su fundamento e inhumano en la práctica, el régimen de las encomiendas fue, en todas partes, la causa de los alzamientos de los aborígenes, sin haber dado nunca buenos frutos a la colonización(7).

(7) Las Ordenanzas de Irala, el introductor de las encomiendas, consagraban el derecho de rescate; pero la degradación y la explotación a que los indios estaban sometidos por los “encomenderos”, no les permitían libertarse. La misma expiración del dominio particular, no beneficiaba a los desventurados naturales, porque retornaban a la propiedad de la Corona. Diversas cédulas reales establecieron restricciones al poder de los encomenderos, y también fiscalizaciones sobre ellos; empero, el interés brutal y sin límites de los conquistadores, dejaba aquéllas sin efecto. En el Río de la Plata no hizo la institución los estragos de muerte con que horrorizaba en las regiones mineras, pero apuró la extinción de  los indígenas, provocó guerras cruelísimas, embruteció a los indios, fue una de las causas principales de la holgazanería y de la corrupción de los conquistadores. Un país colonizador no las habría establecido; más ellas eran creaciones lógicas en el sistema de población de España que, según observó Adam Smith, fue el resultado de estos tres hechos: el anhelo de adquirir riquezas sin trabajar, que enloquecía a nobles y soldados incultos y aventureros; la exclusiva del fanatismo católico; el espíritu del Gobierno monárquico, absorbente, enemigo de la iniciativa particular y propio tan sólo para engendrar la esclavitud y la pobreza, tal como lo soportó Europa al salir del feudalismo. La enseñanza de la experiencia no depuró de vicios el sistema oficial, que con servidumbre y despotismo no regeneró a los aborígenes, privó al suelo de industrias e hizo raquítica y de casualidad  la población. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Al implantarle Alonso de Vera y Aragón en Corrientes, dio el primer paso hacia la guerra que evitó en un principio con mucho tino. El y los suyos tenían las ideas, los hábitos y las tendencias del Paraguay, calamitosos para los indios y no muy de orden entre los españoles mismos; de suerte que, obedeciendo la consigna de la época, abrió el período de las dificultades para la nueva ciudad, acaso sin sospecharlo.

Los amigos y aliados, transformados en dueños, obligaron a los indios a pensar en su defensa, y la que hicieron con las armas, aunque siempre vencida, retardó por mucho tiempo el desarrollo de la fundación.

Tal fue el cambio operado, que el valiente y astuto Alonso de Vera y Aragón se verá precisado a solicitar auxilios de Asunción y Santa Fe, para limpiar de enemigos tenaces el mismo territorio comarcano donde había tenido sus primeros protectores y auxiliares; empresa de necesidad vital, porque sin realizarla previamente, no podía repartir tierras de labor a los pobladores, y sin ellas estaba ahogada de enemigos la ciudad, y expuesta a perecer por hambre.

Esta lucha sin cuartel durará hasta fines de 1591, aunque algunos autores la extienden uno o dos años más.

En Noviembre de 1589, obrando a traición, los indios asesinaron a más de treinta pobladores, siendo necesario que, desde Asunción, fuese Hernandarias de Saavedra, designado al efecto por el Capitán General y Justicia Mayor de ella, al socorro de la incipiente ciudad, quedando momentáneamente apaciguados los salvajes.

El 19 de Diciembre de 1589 Francisco González de Santa Cruz es nombrado Alcalde Mayor, quedando a cargo de la Tenencia de Gobierno de Corrientes. Presta juramento, da fiadores y estos prestan a su vez juramento.

Ese mismo día, partió el Teniente de Gobernador Alonso de Vera y Aragón (“el Tupí”) para Asunción, en busca de socorros, delegando el Gobierno en el Alcalde Mayor Francisco González de Santa Cruz (1589-1591). Volverá recién el 5 de Abril de 1591, con un refuerzo de 40 soldados, con las armas y caballadas necesarias y abundante ganado vacuno.

- La batalla en el campo de La Mandioca

Escaso el número de los pobladores y poco aptos para asegurarse con el trabajo, medios propios de vida, la humilde colonia soportará pruebas crueles bajo la guerra de numerosos y airados pueblos, empeñados en destruirla, para librarse del rigor de las encomiendas, cuyos excesos crecían.

Las tribus guaraníes agriculturas ocupaban las tierras de formación arenosa, flojas, pues sus útiles de trabajo eran de madera. Las tierras gredosas y negras eran cazaderos de las naciones nómades, pero cuya vecindad a las primeras, las hizo guaranizadas en el sentido de la técnica y lenguaje.

Pero no eran pueblos mansos, categoría que no existió entre los indígenas de la Cuenca del Plata. Los guaraníes eran sedentarios, en el sentido de que, dominada la tierra, quedaban en ella; los nómades, a quienes se desapoderaba de sus cazaderos, buscaban nuevas tierras, abandonándolas al español. Pero volvían a vengarse y saquear.

Fue menester una lucha enconada por parte de los conquistadores para lograr el sometimiento y pacificación de los indios. Estos llegaron a poner asedio a la ciudad, y entre los pocos hechos conservados por la tradición, se recuerda una derrota española, en el campo de La Mandioca (¿1590?), y la defensa del Fuerte, que dio lugar a la veneración de la Cruz erigida en aquel lugar, y que se llamó luego del Milagro(8).

(8) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo I, pp. 72-73, Advertencia de Ricardo Levene, Introducción de Hernán Félix Gómez, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia (cuatro tomos). Respecto de la Cruz del Milagro, no hay constancias en las Actas del Cabildo. El histórico madero se veneró en la ciudad desde antiguo y la tradición oral fue recogida por Pedro Bautista de Casajús y certificada por el Cabildo de la ciudad el 5 de Febrero de 1760. Este documento inédito -en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, Colección de Angelis- sirvió para el Informe que el Teniente de Gobernador Bernardo López Luján elevó al gobernador ese año. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En fecha que hasta ahora no se ha logrado precisar, pero que quizá pueda situarse en el año de 1592, convocados por los indios de Itatí, se confederaron todos los comarcanos y pusieron sitio a la ciudad.

Hambre y calamidades sin cuento pasaron sus defensores, pero no cejaron en su lucha hasta que, llevado el asalto general, estuvieron a pique de ser aniquilados.

Salvóles la Cruz de urunde’y, que extendía sus brazos protectores sobre los cristianos y parecía arrojar llamas sobre los sitiadores; Cruz que éstos no pudieron quemar ni destruir, pese a que lo intentaron repetidas veces. Huyeron entonces, ante aquella manifestación sobrenatural.

En memoria de este suceso y en el lugar donde aconteció, se levantó por los vecinos un templo en el que se conserva la Cruz, que se conoce desde aquella época como “La Cruz del Milagro”, y es siempre objeto de veneración.

En el Archivo General de la Nación, en Buenos Aires, se guarda la Probanza de Méritos y Servicios labrada ante el Cabildo correntino, en Enero de 1664, a pedido del capitán Víctor de Figueroa, en la cual los testigos declaran todos uniformemente que, diezmados los primeros pobladores en el combate de La Mandioca y reducidos sólo a setenta, fueron sitiados por gran número de indios, de tal suerte que, si “Dios no usara de su Misericordia” -son sus palabras-, “los hubieran infaliblemente acabado y destruido, siendo el favor de Dios tan visto”, que el hecho alcanzó gran publicidad.

Los testigos, guerreros valerosos, de sangre española hidalga, incapaces de mentir, afirmaron que lo que referían lo habían oído contar muchas veces a los fundadores. Uno de ellos, el capitán García de Céspedes, tenía noventa años al prestar declaración, y la edad de los demás pasaba de los setenta(9).

(9) Archivo General de la Nación, División Colonia, Tribunales, Legajo E 1, expediente número 3, pp. 130 y 130 vta. Información de Servicios del capitán Víctor de Figueroa, año 1664. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Quedó así, después de esta victoria, con ayuda de Dios Nuestro Señor, dueño de la tierra aquel puñado de valientes y, como un presagio de su glorioso destino, sellada y rubricada el Acta fundacional de la Ciudad de Vera, con los signos de la Piedad y el Heroísmo(10).

(10) Raúl de Labougle. “San Juan de Vera de las Siete Corrientes” (1956), p. 17, edición Buenos Aires. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Para evitar cualquier nueva sorpresa se dispuso que, en adelante, nadie durmiese fuera de su casa, debiendo cada uno tener su caballo atado a la puerta para acudir al primer llamado.

Hubo época de tanta miseria, que el Cabildo impuso hacer depósito común de bastimento, en proporción al que tomasen al enemigo los soldados, a fin de repartirlo a los pobres; y fueron de tal naturaleza los apuros en la guerra, que, a mediados de 1593, sitió gran indiada la ciudad y le llevó del puerto todas las embarcaciones.

Quien sitúa este asedio indígena en 1593 es el doctor Manuel Florencio Mantilla, que también difiere sobre los acontecimientos relacionados con la Cruz de urunde’y plantada frente al fuerte del Arasaty. Dice Mantilla:

“A estos tiempos remonta la leyenda de la Cruz del Milagro. Para evitar sorpresas, construyeron los pobladores un reducto de palizada como a media legua al S.O., cerca de la barranca del Paraná, teniendo a espaldas de ella un arroyo barrancoso, que desaguaba en aquél; en ello ponían guardia avanzada. Atacada ésta un día por los indios, se defendió valerosamente, y los rechazó. Sobre este suceso creó la tradición la historia del Milagro de la Cruz (11), que en realidad fue sólo de arcabuces”.

(11) Manuel Florencio Mantilla remite a sus trabajos: “La Ciudad de Vera” y “La Cruz del Milagro”, publicado en el periódico “Las Cadenas”, de la Ciudad de Corrientes, Nro. 544, el 1 de Mayo de 1888 y en folleto. Buenos Aires. Imprenta de M. Biedma, 1888, “he dicho lo suficiente para esclarecer la verdad adulterada por la leyenda”. Véase: Apéndice en su “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Después de aquélla  buena disposición a que se alude, con la ayuda de alimentos por parte de la tribu de guaraníes de Yaguarón, en el actual Itatí, que hizo a la expedición de Caboto, no podrá citarse acto alguno posterior que revele una política de acercamiento del autóctono, hasta el Milagro de la Cruz.

Independientemente de cómo sucedieron los hechos (una fogonazo de arcabuz o un rayo), el milagro radicó a condición de que la ciudad se mantenga en el tiempo, imponiendo el orden a las masas indígenas.

Y ésa fue la epopeya de Corrientes: lo consiguió, no por el auxilio sistematizado de los grupos españoles de fuera, sino por la acción valiente de sus pobladores, en que se unieron las razas vencedora y vencida, bajo el signo de la Cruz.

Otro tema de interés es en relación al Fuerte, ubicado, probablemente, donde hoy está la Penitenciaría, frente al puente “General Manuel Belgrano”. Ya hemos dicho que los guaraníes no eran mansos; eran sedentarios, porque viven en una tierra y tienen la idea de su propiedad. Sus formas sociales dependen de la tierra que ocupan. Ellos ocupaban las lomas, o sea, las formaciones arenosas y flojas del paraje, durante mucho tiempo ejido agrícola de la ciudad de Corrientes.

Y precisamente, para no ofenderlos, Alonso de Vera y Aragón desembarca en el Arasaty, que es punto de tierra negra y de bosque. La geografía es inseparable de la historia, y el drama humano ocurre en la tierra.

Los hechos se aclaran perfectamente, cuando distinguimos el poblamiento de la erección de una ciudad. El poblamiento, o sea, la ocupación, el contralor de recursos naturales, el hacer pie firme y hasta la elección del lugar para la planta de la ciudad, lo hace el capitán Alonso de Vera y Aragón quien, incluso, probablemente ya estaba en el lugar a mediados de 1587; luego, meses o días después, llega el Adelantado, hace el trazado en ceremonia solemne, levanta el Rollo de la Justicia y establece el Cabildo.

Esto es, funda la ciudad, creando el núcleo político, o sea el común, el Cabildo, acto independiente de poblar el paraje; es el espaldarazo que arma para la vida pública. Y ése es el alto merecimiento de Juan de Torres de Vera y Aragón.

CABILDANTES CORRENTINOS (1591)

* Alcalde Mayor: Diego Ponce de León(12);

(12) Ponce de León es nombrado Tesorero de S. M.

* Alcaldes Ordinarios y de Hermandad: Diego de Sandoval y Juan Gómez Torquemada;

* Regidores: Diego de Sosa, Juan Juárez, Gabriel de Esquivel, Juan Gutiérrez, Juan Alonso, Diego Martínez de la Orta, Diego Peres, Vicente Delgado, Francisco Arias de Mansilla y Vicente Rolón;

* Alférez Real: Gonzalo de Mendoza;

* Fiel Ejecutor: Hernando de Polo;

* Procurador de la Ciudad: Francisco de Vera y Aragón y Diego de Palma Carrillo;

* Alguacil Mayor: Juan de Rojas de Aranda;

* Escribano Público y de Cabildo: Ambrosio de Acosta y Nicolás de Villanueva;

* Mayordomo: Gerónimo Ibarra.

Entre los Acuerdos registrados por el Cabildo se citan:

1ro. de Enero: El Alcalde Ordinario de Corrientes, Diego de Sandoval, y el Regidor Diego de Sosa, de la misma ciudad, fueron nombrados Diputados ante la Corte española.

8 de Febrero: Carta-pagaré - Obligación a favor de Juan de Rojas dada por Pedro López de Enciso. Además, se registra por estos días, una Nota dirigida por fray Baltasar Gómez al Cabildo tomando posesión de un terreno destinado a la construcción de una iglesia.

13 de Febrero: Remate: el puesto de cuidador de vacas por Juan Gauna y Pedro Lezcano, quienes prestan juramento.

22 de Junio: Alonso de Vera y Aragón entrega, al Alférez Real de la Ciudad de Vera, Gonzalo de Mendoza, el estandarte de la ciudad, y éste recibe y presta juramento.

23 de Junio: Provisión: Se reconoce una provisión y título de Alférez, presentados por Gonzalo de Mendoza. Además, fianza: dada por Gonzalo de Mendoza, para optar al puesto de portaestandarte y alférez. Finalmente, Gonzalo de Mendoza presta juramento para desempeñar el puesto de Alférez Real.

- Repartimiento de tierras

A partir de 1590, se repartieron tierras para chacras, desde el ejido de la ciudad hasta 10 ó 12 leguas, sobre las costas del Paraná y del Riachuelo. El primer reparto de tierras de labranza fue hecho desde 1590 hasta Noviembre de 1591.

Tomóse por punto de arranque, el ejido de la ciudad, río arriba y aguas abajo, siendo el frente de las suertes las barrancas del Paraná, con un fondo uniforme de tres mil varas, menos las del Adelantado y Alonso de Vera, las cuales tenían seis varas de longitud.

Río abajo, terminaban las suertes en el Pindoy; río arriba, a una distancia igual, sin límite natural como aquél. A lo largo del Pindoy, subiendo hacia sus nacientes y con frente a él, fueron también señaladas chacras, desde donde concluían los fondos de las situadas sobre el Paraná.

Igualmente, desde el ejido de la ciudad, tierra adentro, fueron ubicadas otras con fondo, hasta las repartidas río arriba. Reservóse a la ciudad los anegadizos con todas sus lagunas, pesquerías, cazaderos, pastos y montes, excepto lo bañado por el Pindoy, hacia sus nacientes.

Los algarrobales situados entre el Pirayuí y el Pindoy, quedaron “monte común para las casas y leña y necesidades de los vecinos”.

Tres caminos reales, de cuarenta pies de ancho, ponían en comunicación la ciudad con las chacras, y entre éstas, debían dejar los propietarios, abrevaderos de diez varas de ancho.

La propiedad territorial en Corrientes principió con aquel repartimiento, que hizo ciento veintinueve propietarios.

Bartolomé de Sandoval, en 1595, y Hernando Arias de Saavedra, en 1598, dieron nuevas tierras a los viejos pobladores y a los nuevos, siendo éstos veintitrés el año 1595, y veintidós, el 1598.

Llegan refuerzos de Asunción

A Corrientes, salvóla, más de una vez, la oportuna protección del Paraguay. El 5 de Abril de 1591, Alonso de Vera (“el Tupí”) vuelve a Corrientes, con un refuerzo de cuarenta soldados, con las armas y caballadas necesarias y abundante ganado vacuno. Luego, da cuenta de la comisión encomendada por el Cabildo para traer de Asunción socorro de gente, caballos y ganado.

Para vengar la muerte de algunos españoles sacrificados en el lugar llamado “La Mandioca” y castigar a los guaraníes que obstaculizaban las comunicaciones, hizo Liga con los capitanes Alonso de Vera y Aragón, su primo, del mismo nombre -Justicia Mayor de la Ciudad de Asunción- y con Felipe de Cáceres, Teniente de Gobernador de la Ciudad de Santa Fe.

El 5 de Abril de 1591 el Cabildo labró ese pacto con el capitán Alonso de Vera y Aragón “a secas” -Justicia Mayor de Asunción- y con Felipe de Cáceres, Teniente de Gobernador de Santa Fe, para castigar a los indios guaraníes, por haber dado muerte a españoles en la batalla de La Mandioca.

El Cabildo resolvió que salga el general Alonso de Vera y Aragón, “el Tupí”, con cincuenta soldados y amigos a encontrar a la gente que le envía el capitán Alonso de Vera y Aragón desde Asunción. Asimismo, comisionan a Diego de Palma Carrillo para traer municiones y otras cosas.

El 8 de Abril de 1591, Francisco de Vera y Aragón y Diego de Palma Carrillo fueron nombrados Procuradores Generales de la Ciudad de Corrientes con amplios poderes.

Vera y Aragón estaba ausente al momento de su nombramiento, y el 21 de Abril se firma un Acuerdo mandando a Alonso Sánchez a pacificar a los indios mahomas.

La Liga de los ilustres capitanes tuvo sus inconvenientes. Por una parte, era reducido el número de armas y municiones, tal que se apoderó a Diego de Palma Carrillo para traerlas y, por la otra, las fuerzas que debía traer Cáceres no aparecían.

Como la incertidumbre no podía continuar, el Cabildo resolvió que mientras la ciudad quedase custodiada por 40 soldados, saliese Alonso de Vera con los restantes 50 de sus milicias a encontrar a las fuerzas que en número de 80 hombres enviaba el otro capitán Alonso de Vera, desde Asunción.

Consecutivamente, el 21 de Abril, se envió a Alonso Sánchez a tratar con los ahomas, con expresa recomendación de no inferirles agravios.

Entre las buenas iniciativas de la gestión de Alonso de Vera y Aragón tenemos

* el establecimiento de un depósito de cereales, formado por donaciones, para arbitrarlo a los pobres y necesitados con cargo de devolución del duplo;

* la orden de que los sábados se limpiasen las calles por los vecinos;

* de los montes que las obstruían, bajo pena de multa;

* la construcción de una iglesia, de cuyo terreno tomara posesión, en 1591, fray Baltazar Gómez, levantando una Cruz, y a cuyo servicio puso sus indios que habían de dirigir vecinos por turno;

* la provisión a pobladores de arneses para caballos, celadas y quijotes de cuero, etc.

Tales fueron sus servicios que, cuando en Agosto de 1593 entra a gobernar el Río de la Plata Hernando de Zárate, y se sabe la designación de Bartolomé Sandoval como Teniente General de la zona, el Cabildo se le dirige pidiendo fuese nombrado Teniente de Gobernador de Corrientes el general Alonso de Vera y Aragón, a quien se titula “Padre de esta población de Vera”.

Consecutivamente, y por ante Sandoval -que fijó su residencia en Asunción- el Cabildo apoderó a Hernando de Polo para que solicitase elementos convenientes y necesarios al vecindario.

En esa presentación el Cabildo de Corrientes reprochaba a sus ex apoderados Francisco García Acuña y Antonio de la Madrid el olvido en que tenían a la ciudad, tan absoluto que ejercían el cargo de Regidores en Asunción. Y agregaba: “Corresponde a los padres proteger a los hijos; para hacer el bien a la ciudad no es menester de Procurador”.

Para afianzar la nueva ciudad sus pobladores debieron luchar no solamente con los indios del oriente del Paraná. Sus actividades también se desplegaron respecto a las tribus situadas al occidente de este río, que la ciudad de Concepción del Bermejo no podía conservar en paz.

Sólo con prodigios de valor lograron someterlos distribuyendo las tolderías y cacicazgos en encomiendas de 1588 a Mayo de 1593 en más de ciento treinta pobladores y por el propio Alonso de Vera y Aragón(13).

(13) Según cartas de Montalvo en representación de Alonso de Vera y Zárate ante el rey, Corrientes fue fundada con un grupo inicial de 150 hombres, entre casados y solteros, introduciéndose 1.500 vacas y bueyes y otros tantos caballos y yeguas. Véase pues, que las luchas iniciales disminuyeron su población. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Las luchas más tenaces fueron contra los indios tapés y los de la zona del Tebicuary y el Paraná, venciéndose a tapés e itapúas que se encomendaron.

Contra las tapés y charrúas de la costa dal Uruguay también se luchó, poco después, a las órdenes de Hernando Arias de Saavedra encomendándoselos en 1589.

A estas expediciones aparentemente ofensivas, pero en realidad pacificadoras, porque se planeaban sobre hábiles contraataques(14), agregábanse las dificultades producidas por la indisciplina y temeridad de los pobladores, sin los hábitos militares que imponían los momentos de peligro.

(14) “Los pobladores de Corrientes hubieron de luchar y con los de valor pudieron sostenerse. Entre 1590 y 1593 fueron sitiados por indios de una y otra banda del Paraná y sólo con prodigios pudo salvarse y con refuerzos de pobladores o debido a hábiles contraataques que desde Concepción del Bermejo se llevaban a los pueblos de indios”. “El Telégrafo...”, etc., Buenos Aires, números de 1801-1802. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Basta para convencernos del peligro que importaban los actos irregulares de los vecinos, la mención de los primeros Bandos de buen gobierno, que no fueron sino prohibiciones de expedicionar aisladamente, de perseguir a los indígenas, de dormir fuera de las casas y desarmado, serie de cuestiones que llevan al Cabildo a un control severo y a la reglamentación de los hábitos del vecindario(15).

(15) Disposiciones contenidas en las Actas Capitulares. Véase su sumario, en el libro “Orígenes de la sociabilidad correntina”, de Hernán Félix Gómez, p. 86, Archivo de la Provincia de Corrientes. Por ejemplo, la del 12 de Julio de 1588 prohibe salir a los vecinos de la ciudad so pena de la vida y declaración de traidor. Se notificó a Hernandarias que era vecino de la ciudad. La disciplina era imprescindible, porque a los indios de la región se agregaban, con expediciones guerreras, algunos establecidos lejos de la ciudad, como los mocoretás (sobre el río), los mepenes (sobre el río, hasta la boca del Paraguay), los agases (sobre el Pilcomayo). Estos últimos eran verdaderos corsarios del río y dueños de grandes flotillas.  // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Era ello necesario. No obstante la leyenda del sometimiento de algunas tribus cuando el Milagro de la Cruz, la pequeña ciudad era continuamente atacada por los naturales.

Producíanse verdaderos sitios, como los de 1590 y 1593(16), en que Corrientes permaneció aislada, pero sea la valentía y astucia de los pobladores o refuerzos oportunos venidos de Concepción del Bermejo, se pudo vencer a los indios y reanudar las expediciones conquistadoras no suspendidas desde la fundación.

(16) El sitio se levantó el 1 de Julio de 1593. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

En 1591 se distribuyeron suertes de estancias para ganado, que alcanzaron a unas 20 leguas de distancia, llegando, aproximadamente, a las costas del Empedrado o del San Lorenzo(17).

(17) Informe del Teniente de Gobernador Alonso de Quesada, al Intendente de Buenos Aires, del 26 de Octubre de 1785, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentos de Gobierno 26 (1785). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

En 1595, 1598 y 1601 se aumentó el número de tierras distribuidas en Corrientes, a las que deben añadirse las que, en 1598, se otorgaron en la costa del Chaco(18).

(18) El 18 y el 21 de Noviembre de 1591 se distribuyeron 259 mercedes de tierra costa arriba y costa abajo y, más hacia el sur, con frente al Río de las Palmas, hoy Riachuelo. También en estos actos se adjudicaron 7 suertes para dehesas y estancias. El 20 de Julio de 1595 y el 29 de Agosto de 1598 se otorgaron 163 suertes en la costa del Chaco y el 24 de Agosto y 30 de Noviembre de 1601 se agregaron otras 14 mercedes. Las adjudicaciones totalizaron 436 suertes. El Padrón, en la “Revista del Archivo de la Provincia de Corrientes” (1909), tomo I, pp. 79-103, Corrientes. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Del mismo modo, fueron encomendados gradualmente los indios comarcanos, en repartos que se registraron en 1588, 1589, 1590, 1592, 1593 y 1598(19).

(19) En 1588 se hicieron 61 encomiendas; en 1589, otras 3; en 1590 se agregaron 20; en 1592, otras 12; en 1593, se añaden 16; y, por fin, en 1598, otras 3. Todas ellas sumaron 120 encomiendas. En el “Telégrafo mercantil...”, etc. edición facsimilar de la Junta de Historia y Numismática (1914- 1915), tomo II, pp. 257-266, Buenos Aires. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Este empadronamiento se fue integrando en duras luchas, que tuvieron principio en los días iniciales de la fundación, como el propio Cabildo lo señaló a la Audiencia, merced al nervio tenaz de su caudillo, Alonso de Vera, quien

...siempre ha administrado justicia y traydo nuevas naciones de yndios al servicio de Dios Nuestro Señor y de Vuestra magestad, por su buena maña e yndustria, poniéndolos en pulicía del conoscimiento de Dios Nuestro Señor y obediencia y servidumbre de vuestra magestad, y mediante los dichos yndios, esta ciudad ba en aumento, porque nos ban sirviendo en la conquista y población desta ciudad. Y así fue Nuestro Señor servido para que se tubiese bitoria con los yndios guaranís que hacían muchos desastres por navegación y camino, en cierta batalla que se tuvo con ellos, y conseguida la bitoria, por ser indios tan belicosísimos, se a asegurado este camino... Espérase que será una de las poblaciones más fértil que a habido en esta provincia y más necesaria, por estar en medio de las ciudades desta provincia, donde era la ladronera de los yndios belicosos, y aun para la conservación della(20).

(20) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I (1588-1646), pp. 61-63, Advertencia de Ricardo Levene, Introducción de Hernán Félix Gómez, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia (cuatro tomos).

El esfuerzo desplegado fue tan intenso que los primeros repartimientos de encomiendas y terrenos, comprendidos desde el río de las Palmas (hoy Riachuelo) hasta el de los Patos, sobre el litoral del Paraná, fueron seguidos de otros en el Chaco actual, desde el río Puentes al Paraná, realizados por el gobernador Sandoval (1598) y por Hernando Arias de Saavedra en 1598(21) o en Corrientes por Martínez de Irala (1601) desde Laguna Garzas al Pantano Grande(22).

(21) Decretada el 29 de Junio de 1598. Hernandarias ya era gobernador del Río de la Plata. // Todo citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.
(22) La distribución de tierras hecha por Diego Martínez de Irala, el 24 de Julio de 1601, corresponde a la expansión rural de la ciudad, ganando para la civilización las tierras salvajes de su zona oriental. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

 CABILDANTES CORRENTINOS (1591)

+ Las autoridades del Cabildo, que reciben a Alonso de Vera y Aragón (“el Tupí”) de su regreso de Asunción son:

* Alcaldes Ordinarios y de Hermandad: Francisco González de Santa Cruz y Diego Ponce de León;

* Regidores: Francisco Martínez de Merlo, Diego de Sandoval, Antón Martín, Luys Bustos, Héctor Rodríguez y Martín Alonso de Velazco;

* Regidor y Procurador de la ciudad: Juan Gómez Torquemada;

* Fiel Ejecutor: Melchor Alfonzo;

* Alguacil Mayor: Juan de Rojas;

* Escribano Público y de Cabildo: Nicolás de Villanueva;

* Mayordomo: Gerónimo Ibarra.

Nuevas autoridades en 1592

1ro. de Enero: Elección y Juramento - Se eligen nuevas autoridades del Cabildo. Las nuevas autoridades prestan juramento. Se reúnen el Teniente de Gobernador Alonso de Vera y Aragón; el Alcalde Ordinario y de la Hermandad, Diego de Sandoval; y los Regidores: Diego de Sosa, Gabriel de Esquivel, Juan Alonso y Diego Martín (los otros estaban ausentes), para elegir a los nuevos cabildantes correntinos. Con la presidencia del Capitán General y Justicia Mayor, Alonso de Vera y Aragón, son electos:

CABILDANTES CORRENTINOS (1592)

* Alcaldes Ordinarios y de la Hermandad:

- de Primer Voto: capitán Diego de Palma Carrillo;

- de Segundo Voto: capitán Juan Ramos de Vera

* Regidores: Martín Alonso de Velazco(23), Martín de Bernal de Rapalo, Francisco Pardo, Diego de Sosa, Gabriel de Esquivel y Diego Martínez de la Orta.

(23) Regidor Alcalde en ausencia de Diego de Palma Carrillo.

* Procurador de la Ciudad: Hernando de Polo;

* Alguacil Mayor: Pedro López de Enciso

* Alférez Real: Gonzalo de Mendoza (Regidor);

* Escribano Público y de Cabildo: Nicolás de Villanueva

* Mayordomo: Juan de Acosta.

* Fiel Ejecutor: Francisco Pardo y Martín de Bernal de Rapalo;

*Alcalde Mayor y Justicia Mayor(24): capitán Diego Ponce de León.

(24) En algún momento del del año y en ausencia del Teniente de Gobernador Alonso de Vera y Aragón, Diego Ponce de León (1592-1593) ocupará el cargo de Alcalde Mayor y Justicia Mayor, presidiendo incluso la elección de las autoridades de 1593.

3 de Febrero: Francisco Pardo fue nombrado Fiel Ejecutor por el término de dos meses.

2 de Abril: Remate - Hecho por Baltazar de Almada, de cuidador de ganado.

9 de Abril: Martín de Bernal de Rapalo es nombrado Fiel Ejecutor, por el término de dos meses; además, Fianza: Baltazar de Almada presenta fiadores para desempeñar el puesto de cuidador de ganado vacuno.

13 de Julio: Denuncia - Martín Alonso de Velazco pone en conocimiento el hallazgo de una mina de hierro.

28 de Abril: Nombramiento - Gerónimo de Ibarra es nombrado cuidador de ganado vacuno en reemplazo de Baltazar de Almada.

18 de Mayo: Nombramiento - Pedro López de Enciso presentó título de Alguacil Mayor, el cual fue expedido en Asunción por Alonso de Vera y Aragón. Fue nombrado y presenta fianzas.

23 de Junio: Fianza - Gerónimo de Ibarra presenta fiadores, y estos prestan juramento.

Con intervalos, y aún con riesgos de despoblación, la lucha con los aborígenes se prolongó hasta la primera década del siglo XVII, en que el dominio del sitio se tuvo por seguro(25).

(25) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941), tomo I (1588-1646), pp. 72-73; 100-101; 133-134; 140; 207-208, Advertencia de Ricardo Levene, Introducción de Hernán Félix Gómez, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia (cuatro tomos). // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

A ello contribuyó, sin duda, la radicación de algunas parcialidades aborígenes en reducciones y poblados, como los de Itatí, Santa Lucía de los Astos y San Francisco, organizados entre 1615 y 1616 por la mano severa de Hernandarias, y colocados bajo la doctrina de los franciscanos(26).

(26) Los orígenes de estas poblaciones son poco conocidos. Itatí fue un agrupamiento de varias parcialidades guaraníes cuya conversión inicial se adjudica a fray Luis de Bolaños; a ellos se agregaron luego grupos doctrinados por el jesuita Roque González de Santa Cruz. Su instalación fue dispuesta por Hernandarias, en Diciembre de 1615. El mismo gobernador ubicó las reducciones de Santa Lucía de los Astos con indios del Chaco y la de San Francisco, frente a Corrientes, entre 1615 y 1616. Sobre el tema, Raúl de Labougle. “La reducción franciscana de Itatí” (1967), en Investigaciones y Ensayos, Nro. 3, Buenos Aires, recoge toda la bibliografía que se refiere a los orígenes de las reducciones franciscanas de esta región. Hay que añadir el trabajo de Víctor A. Núñez Regueiro y Beatriz N. de Lorenzi. “Arqueología Histórica del Norte de la provincia de Corrientes” (1973), tomo IV, pp. 23-68, Córdoba, en la “Revista del Instituto de Antropología” de la Universidad Nacional de Rosario. // Citado por Ernesto J. A. Maeder. “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810” (1981), Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia.

Finalmente, cabe decir que en estos tiempos se inicia la declinación definitiva de los Vera y Aragón, que mantuvieron el poder desde 1585.

- Renovación política en el Río de la Plata

Los dos funcionarios nombrados por el Adelantado, Alonso de Vera y Aragón “a secas”, y Juan de Torres Navarrete, cogobernantes en el período 1588-1592, Tenientes de Juan de Torres de Vera y Aragón en las ciudades del Norte y del Sur de la provincia del Paraguay y Río de la Plata, respectivamente (el primero, con Título del 3 de Mayo de 1588 y, el segundo, del 27 de Julio de 1583), ejercieron el poder hasta que se vieron obligados a dejarlo.

El primero, renunció en Asunción, el 12 de Julio de 1592 y, el segundo, en Buenos Aires, el 12 de Febrero de 1590, quedando cada ciudad a cargo de su propio Teniente de Gobernador.

En Corrientes, Alonso de Vera y Aragón “el Tupí”, gobernará hasta 1596, siendo el último de su familia -con retención de poder- en alejarse de la función pública.

Para fines de 1589, el Adelantado, Gobernador y Capitán General del Paraguay y Río de la Plata Juan de Torres de Vera y Aragón se hallaba en Sevilla; allí, luego de un largo proceso, renunció a su cargo.

Es que la Audiencia de Charcas lo había acusado de nepotismo, es decir, de ubicar a sus parientes en los cargos oficiales. Dos años después (1591) se dice que renunció al adelantazgo para luego retornar a América.

Lo cierto es que en 1606 estaba en Charcas, donde murió, en fecha imprecisa del año 1610, sin que hasta el momento se tengan noticias de dónde descansan sus restos.

El 13 de Julio de 1592, un día después del alejamiento de Alonso de Vera y Aragón “a secas”, como Teniente de Gobernador de las ciudades del Norte, Hernando Arias de Saavedra -Hernandarias- fue elegido por el Cabildo paraguayo, Teniente de Gobernador de Asunción (1592-1593), debido al prestigio que ya gozaba en esa ciudad y de conformidad con la real Provisión de la Audiencia de Charcas, del 20 de Octubre de 1587.

Es el primer gobernador criollo de las Provincias del Paraguay y Río de la Plata. De noble estirpe, este destacado “hijo de la tierra”, se distinguirá por sus dotes de gobernante. Fue la “manifestación más pura de la estirpe criolla, el sujeto de mayor envergadura entre los hombres de su edad”.

El gran criollo realizará una labor constructiva, pues mejorará las costumbres, dará ocupación a los vagabundos, levantará templos y pacificará a los indígenas; y gobernará -alternadamente-, en forma interina o como gobernador titular hasta 1618.

A principios de 1593, Hernando de Zárate (1594 -     ) es nombrado Gobernador y Capitán General de las Gobernaciones del Paraguay y Río de la Plata y del Tucumán por el virrey del Perú, García Hurtado de Mendoza, Manrique y Fonseca.

En Abril de 1593, Hernando de Zárate, Gobernador y Capitán General de las Provincias del Tucumán y Paraguay y Río de la Plata, llega al Tucumán.

Los Títulos de Zárate será confirmados por el monarca el 29 de Diciembre de 1593 y el 21 de Enero de 1594.

Llegará a Buenos Aires a principios de Febrero de 1594, y regresará al Tucumán a fines de Mayo de 1594.

Con las designaciones regulares de gobernadores se puede afirmar que para el 29 de Marzo de 1593, en el Río de la Plata, el régimen del Adelantazgo concluyó.

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