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Actos de Dominio

A la instalación de la población, siguieron los primeros actos de dominio por parte de los europeos, tales como la distribución de la tierra y el sometimiento y encomienda de los indios, así como la organización económica de la ciudad.

a) Distribución de la tierra: sabemos que las cuadras y solares de la traza urbana se distribuyeron por el mismo Adelantado, aunque no se conserva el Padrón original.

La Ciudad de Vera se desarrollará entre la humildad y el valor de sus primeros pobladores, siendo menester una lucha enconada, por parte de los conquistadores, para lograr el sometimiento y pacificación de los indios.

Fue menester que el Justicia Mayor dejado por el fundador, usara de ruda energía para llevar a feliz término la empresa y de sus notables dotes como gobernante, que demostró en la ocasión, ha quedado testimonio imperecedero en copiosa documentación de la época.

Estos españoles procedieron enseguida a poner en práctica dos medidas políticas que son reveladoras de la intención con que se fundó la ciudad:

La primera de ellas fue el reparto de tierras a los primitivos pobladores, destinadas a servir de estancias para la crianza y explotación de las primeras “mil quinientas vacas y bueyes y los mil quinientos caballos y yeguas”.

Se habían llevado ganados de Asunción, de propiedad exclusiva de Alonso de Vera y Aragón, y su traslado estuvo a cargo de Hernandarias de Saavedra, designado por el Adelantado para cumplir esa misión(1).

(1) Raúl de Labougle, en su “Historia de San Juan de Vera de las Siete Corrientes (1588- 1814)” dice que el Adelantado designó a Hernandarias para cumplir esta misión el 25 de Enero de 1588. No da fuente de esta información. Otro autores señalan que Hernandarias podría haber partido de Asunción ya en 1585 (para la fundación de Concepción del Bermejo); otra fecha tentativa fue antes de Junio de 1587. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Dicho ganado, en número de mil quinientas cabezas, fue conducido por “tierra y por río”. Para impedir posibles escapatorias, se construyó un espacioso corral, donde se recogieron vacunos, caballos, yeguas, cabras y ovejas, encomendando su cuidado, bajo su responsabilidad y previa fianza que prestaron, a pobladores “de reconocida moralidad”.

Los Acuerdos capitulares del 27 de Mayo y 7 de Noviembre de 1588 registran los nombres de los primeros que ejercieron tan delicada función: Gaspar Portillo, que se hizo cargo de los caballos y yeguas; y Asencio González, que se hizo cargo, a su vez, de los vacunos(2).

(2) “Actas Capitulares de Corrientes” (1941-1946), tomo I, pp. 49 y 65, con Advertencia de Ricardo Levene e Introducción de Hernán Félix Gómez, Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia; Raúl de Labougle. “Orígenes de la Ganadería en Corrientes (siglos XVI y XVII)” (1962), en la “Revista de Humanidades” (La Plata); Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Sección Manuscritos, Colección Gaspar García Viñas, tomo 101, Nros. 151. 2 y 151. 3; y tomo 151, Nro. 2.792. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva Historia de la Fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Así, se puede leer, entre los Acuerdos del Cabildo, que el 27 de Mayo de 1588 se procede al remate del puesto de cuidador de caballos y yeguas por Gaspar de Portillo. Da fiadores y prestan juramento y el 1 de Junio de 1588, se dicta acuerdo, solicitando caballos, yeguas y víveres para el mantenimiento de la ciudad.

Estas medidas relacionadas con el cuidado del ganado, fueron contemporáneas de otro acuerdo del Cabildo, también del 1 de Junio de 1588, por el que se nombra Alguacil Mayor a Juan de Rojas, quien da fiadores y prestan juramento; y el 11 de Junio de 1588, cuando se concede permiso a Lucas de Balbuena, para continuar viaje a Asunción, llevando provisión de Su Magestad y del Santo Oficio.

b) Reparto en encomienda: La segunda medida que los españoles procedieron a tomar fue el reparto en encomienda de los indios traídos de Asunción para tal fin, más las tribus indígenas que moraban en los territorios de la Provincia y el cercano Chaco, aún en estado salvaje.

Esto quiere decir que será asignado en encomienda un gentío heterogéneo de tribus guaraníes, guaycurúes, abipones, carácaraes y hasta charrúas, indígenas aún desconocidos, de quienes sólo se tenía alguna idea por referencias de otros indígenas ya sometidos.

Los indios comarcanos serán encomendados gradualmente, en repartos que ya se registran en 1588, adjudicándose este año sesenta y un encomiendas.

Pero, el período comprendido entre Abril y Noviembre de 1588, en que el teniente de gobernador procede a distribuir los indios, se puede definir como un período de sometimiento del indio,  en un entorno caracterizado de máxima tensión entre colonizadores y los pobladores autóctonos.

Es que cuando esos primeros pobladores de la Ciudad de Vera procedieron a la implantación de la encomendación de indios de la comarca, ésta ya estaba situada en una zona de conflicto. Ya en la época de la fundación de Corrientes, las relaciones entre españoles y guaraníes del territorio tenían suficientes años como para haber dejado atrás la época del “tovaja” y su alianza recíproca.

En el mes de Enero de 1588, un grupo de soldados, que ya se encontraba en el sitio que luego serviría para la fundación de la ciudad, sufrió el ataque indígena, conducido por los caciques Kanindeju, Pajaguán, Aguara Koemba y Mboripe.

La consecuencia de la instalación del régimen de encomienda, desde la misma fundación de la ciudad, fue que durante muchos años los pobladores de Corrientes deberán vivir en permanente estado de guerra con las tribus de la región, incluido el Chaco.

Los primeros en ser atacados y sujetados a la encomienda fueron los guaraníes, porque ellos eran los habitantes de las riberas de los ríos y sus hábitos aldeanos los fijaban más o menos al territorio.

El proceso de dominación de los guaraníes debió ser rápido, porque en los documentos de la época comienza a mencionarse, con posterioridad a 1610, la participación de guaraníes aliados en expediciones punitivas al Chaco, contra abipones, guaycurúes y payaguaes, o a los esteros del Iberá, contra carácaraes y kaingangé.

La voz de que invasores habían poblado en el territorio corrió, seguramente veloz, de caserío en caserío; más, como el jefe de la conquista tuvo la prudencia de no principiarla a sangre y a fuego, ya por recelo al poder de los naturales o porque fue su intento ganarlos con la paz, ninguna manifestación hostil sintieron los pobladores.

Alonso de Vera y Aragón entabló relaciones amistosas con las tribus cercanas y “con su buena maña é industria” atrajo a su dominio nueve de ellas, moradoras de las costas del arroyo Pirayuy(3), río Pindoy y arroyo Ahomá(4); supo inspirarles confianza, y arraigar en ellas la idea de que los españoles no pretendían oprimirlas ni quitarles sus tierras, sino buscar su amistad y ofrecerles su protección.

(3) Río del pez amarillo o del dorado; de: pirayú, dorado (el pez, así llamado); y, agua, río; pirayu, pez dorado: de, pirá, pez; yu, amarillo. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. En la actualidad, en guaraní, se escribe: piraju (sustantivo guaraní), dorado, variedad de pez; pira (sustantivo guaraní), pez, pescado; ju (adj.), amarillo.
(4) Modificación de Yhóima, río bajo (de poca agua); de antiguo: de ihó, aguas bajas; ima, antes, tiempo pasado. El río es barrancoso, profundo y de escasa agua. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

“Mediante dichos indios -decía el Cabildo al rey, el 20 de Agosto de 1588-, esta ciudad va en aumento, porque nos sirven en la conquista y población de ella”.

Cuando  de esa suerte hubo asegurado Alonso de Vera auxiliares para la guerra, proveedores de bastimento, de mujeres y de hombres de trabajo, puso la vista en los guaraníes del Paraná arriba, con el objeto de garantir sus comunicaciones terrestres con el Paraguay; pero tuvo que hacer uso de las armas, porque ésos no admitieron tratar de paz.

Los españoles obtuvieron la victoria y fueron blandos con los vencidos; agradecidos éstos, aceptaron su amistad. Cuatro meses después de la fundación, el Cabildo presentó al rey tan felices resultados, apoyándose en ellos para solicitar la continuación de Alonso de Vera en el mando, pedido que fue, seguramente, bien despachado, pues hasta la mitad del año 1596 figuró aquél en su puesto.

La hostilidad de los indios hacia los pobladores se manifestó desde el primer momento. Esa hostilidad y la vecindad de tantas tribus bárbaras, hizo penosos los comienzos de la nueva ciudad. Muchas de las mercedes acordadas en la distribución de solares, chacras y suertes de estancia, y el repartimiento de encomiendas, no llegaron a hacerse efectivas.

En los primeros años, los conquistadores apenas pudieron sostenerse dentro del perímetro asignado a la ciudad propiamente dicha, en lucha permanente y desigual, teniendo por únicos alimentos pescado, palmitos y raíces silvestres, circunstancia ésta en que, unánimemente, coinciden los documentos coetáneos.

Algunos de aquéllos, desanimados, intentaron abandonar la empresa, lo que les fue impedido con energía por el teniente de gobernador. Uno de ellos fue Hernandarias de Saavedra, por quien, el 12 de Julio de 1588  el Cabildo correntino debe tratar una urgente notificación, hecha a dicho capitán, ordenándole que no puede salir sin previo permiso del general Alonso de Vera y Aragón, so pena de la vida.

Alonso de Vera y Aragón se vio obligado a intimar que

“so pena de la Vida y dado por traidor no sea osado a salir desta dicha ciudad sin licencia y de lo contrario, haciéndole por condenado en la pena arriba contenida”.

Además, el Cabildo extiende un Auto de buen Gobierno prohibiendo la salida a toda persona de la ciudad, so pena de la vida y dados por traidor.

Esta medida se tomó con carácter general, extendiéndose a todos los pobladores, y se publicó “con tambor y voz de pregonero” el 12 de Julio de 1588(5).

(5) “Revista del Archivo General de la Provincia de Corrientes” (1908), tomo I, Corrientes. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

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