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Actuación de Torres de Vera y Aragón en el Reino de Chile

Durante su permanencia en el Reino de Chile, Torres de Vera y Aragón desempeñó el Juzgado de Bienes de Difuntos, y efectuó la visita de la tierra de las ciudades de Santiago y La Serena. A la supresión del Tribunal, fue residenciado por el licenciado Calderón, quien le condenó duramente por cuarenta cargos que le habían formulado(1).

(1) Javier Barrientos Grandón. “La Real Audiencia de La Concepción. (1565-1575)”, Revista de Estudios Histórico-Jurídicos (sección “Historia del Derecho Indiano”), Valparaíso, Chile, 1992-1993. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

El licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón no sólo se encargó de administrar Justicia en el Reino de Chile. Durante el Gobierno del doctor Bravo de Saravia, fue nombrado Capitán General de la Guerra, con un salario anual de 2.500 pesos.

Su nombramiento se debió a la incapacidad del doctor Bravo de Saravia de llevar adelante los asuntos de guerra. Habiéndose perdido la Casa-Fuerte de Arauco y la Ciudad de Cañete, los capitanes y soldados le suplicaron al licenciado que aceptase  el cargo, ya que veían en él a un buen Capitán General.

Inmediatamente, el licenciado Torres de Vera se dirigió por mar a la Ciudad de Santiago, donde trabajó arduamente por tiempo de tres meses, para rearmar un ejército.

Reclutó ciento treinta soldados e hizo fabricar las jinetas, lanzas, celadas y demás elementos necesarios para la guerra; además, se juntaron y domaron mil cuatrocientos caballos, porque la mayoría de ellos se habían perdido en las guerras pasadas(2).

(2) Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Inició, así, una serie de jornadas por el Reino, matando a los caciques Caupulien y Millar Lermo, que eran los capitanes generales de los indios de guerra, ganándoles los fuertes de Pichituben y de Laula Milla.

El Miércoles de Cenizas, 8 de Febrero de 1570, como a las nueve de la mañana, un terremoto, seguido de una enorme ola que invadió la ciudad, inundándola de manera que en la plaza nadaban los caballos, y acabando con esto la obra del terremoto, destruyó la Ciudad de La Concepción.

Se hallaba el licenciado Torres de Vera a ocho leguas de Concepción cuando recibió la noticia de la horrible catástrofe que había reducido a escombros a esta ciudad y, sin pérdida de tiempo, se dirigió a ella con los cien soldados que tenía consigo, recelando, y con razón, que los indios aprovecharan la ruina de la ciudad para arrojarse sobre sus indefensos habitantes.

Procedió inmediatamente al resguardo de su frontera, para permitir a los vecinos edificar un Fuerte donde se recogieron el Presidente, doctor Bravo de Saravia, los demás Oidores y los vecinos.

La ciudad quedó destruida, sin tener que lamentar víctimas, motivo por el cual, el 8 de Junio, se congregaron todos los vecinos y miembros del Cabildo, y decidieron construir una ermita en memoria de la Natividad de Nuestra Señora, en cuyo lugar levantaron una Cruz y ofrecieron ir todos los años, a vísperas solemnes, las tardes de los miércoles de cenizas, y al día siguiente tenerlo por festivo con procesión de los eclesiásticos; el Cabildo secular, y todos los vecinos y moradores caminarían descalzos hasta la catedral, a rezar una Misa cantada(3).

(3) Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

El licenciado Torres de Vera y Aragón hizo el voto solemne de cumplirla, según consta del instrumento que se otorgó en esa ocasión(4).

(4) Maestre de Campo Don Pedro de Córdoba y Figueroa. “Historia de Chile (1492-1717)”, en “Colección de Historiadores de Chile” (1862), tomo II, p. 138, Santiago de Chile. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Una vez resguardada la Ciudad de La Concepción, siguió su jornada de pacificación, teniendo una dura batalla en el camino de Tomeco, donde fue asaltado por más de quince mil indios de guerra, saliendo airoso de la batalla y haciendo huir a los indios, a los que persiguieron y les hicieron daños en varias emboscadas que le pusieron.

El licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón desempeñó el cargo de Capitán General durante un año y medio, hasta la llegada de Miguel de Velasco, que venía con ayuda desde el Reino del Perú quien, al encontrar pacificado el Reino por el buen desempeño del licenciado Torres de Vera, se volvió al Perú(5).

(5) Archivo General de Indias, Sevilla, España // Charcas, 85, N.5. Informaciones de los Servicios del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón en el Reino de Chile, insertos en la Información de Juan Alonso de Vera y Zárate”. // Archivo General de Indias, Sevilla, España. // Chile, 39, N.9, Año 1570. “Información de Servicios del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, Oidor de la Real Audiencia de La Concepción y Capitán General del Reino de Chile”. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

A su vuelta a la Audiencia Real de La Concepción, le fue encargado tomar Justicia contra Juan Fernández, que se había revelado contra el rey, en la Ciudad de Valdivia al cual, después de realizar las averiguaciones de rigor, lo halló culpable y ajustició en la plaza pública.

Después de allí fue enviado a la Ciudad de Osorno donde los vecinos habían alzado bandera de campo, y dejaron herido y pretendieron matar a su Corregidor, el capitán Antonio Martínez de Lastur, precediendo el licenciado Torres de Vera a realizar las averiguaciones y castigo con severas penas pecuniarias a todos los culpables que participaron en esta alteración(6).

(6) Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Uno de los momentos en los que demostró mayor valor sucedió a los ocho días de su regreso a la Ciudad de La Concepción, después de desempeñar las comisiones antes mencionadas.

Los indios se habían juntado y andaban meordeando la ciudad con propósitos de asaltarla y destruirla; esa noche sonó la alarma y salieron de la ciudad al encuentro de los indios, los capitanes y soldados, pero resultó ser una falsa alarma, ya que los indios acometerían, en realidad, por la parte de San Francisco.

Visto el peligro inminente, el licenciado Torres de Vera, junto a sus deudos y amigos, salió al encuentro de los indios, temiendo que, por ser tan sólo trece hombres, no pudieran resistir el ataque de los indios, y que su resultado fuera que pudieran entrar a la ciudad y matar a las mujeres y niños que en ella quedaron.

Consiguieron retirarlos más de media legua donde, en una loma estrecha entre dos quebradas, los indios se hicieron fuertes y resistieron a los españoles que los venían siguiendo.

El licenciado Torres de Vera arremetió con su caballo y rompió el escuadrón de los indios, atravesándolo por completo y encontrándose solo del otro lado; había quedado aislado de sus compañeros y sólo le quedó luchar como noble caballero que era, y a fuerza de lanzadas volvió a acometer contra el grueso de los indios y logró regresar junto a sus compañeros. En esta valerosa acción recibió siete heridas y su caballo exhausto cayó muerto por causa de las heridas recibidas.

Góngora Marmolejo, en su Historia del Reino de Chile, relata este suceso de la siguiente manera:

Casi en ese tiempo y día, Su Majestad había desde España enviado a mandar, por una provisión que ninguno de los oidores se ocupase en negocios de guerra, sino que asistiesen en su Audiencia; no embargante aquel día fue necesario todos tomasen las armas para pelear y defenderse.
El licenciado Torres de Vera, como oyó tomar arma por parte de San Francisco, y que la mayor parte de los soldados eran idos hacia Talcahuano, adonde primero se había dado el arma, entendiendo lo que podía ser, salió a caballo y se vino a la casa de Saravia, diciendo este día nos obliga a exceder las leyes por la salud y defendernos, pues los indios entran por el pueblo.
¿Qué es lo que manda vuestra señoría que se haga?
Saravia, turbado, viendo el caso presente, dijo que hiciese lo que le pareciese que convenía para defender la ciudad, y así se fue con mucha presteza hacia San Francisco para alcanzar los indios en lo llano, antes que tomasen lo alto de la sierra con la prisa que llegaban, siguiéndole Martín Ruiz de Gamboa, Gonzalo Mejía, Diego de Aranda, Camprofio, Felipe López de Salazar, Martín Ruiz, salió aquel día a pelear sólo por su reputación, a causa que estaba tullido de un brazo, y así como estaba, quiso hallarse en semejante acto de guerra, porque los demás, viéndole se animasen a hacer lo mismo. Halláronse con él Hernando de Alvarado, Francisco Gutiérrez de Valdivia, Gonzalo Martín, Juan de Córdoba, el capitán Juan de Torres Navarrete y Antonio de Lastur iban delante escaramuzando y deteniendo los indios.
Baltasar de Castro, viendo al licenciado Torres de Vera, que iba sin darga, con buen término de soldado ejercitado en la guerra, conociendo que iba perdido, conforme a su ánimo, le dijo: ‘Señor general, V. M. reciba esta darga(7), pues va sin ella, que la ha de menester éste más que otro ninguno’; y así la recibió graciosamente, agradeciéndoselo mucho, porque la suya habíala llevado Alonso de Vera, su deudo, que era ido con los demás soldados que fueron a la primera voz que se dio, acudiendo a aquella parte donde se entendía que los indios venían".

(7) Darga/Adarga: escudo de cuero, ovalado o de figura de corazón. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

Los que iban delante acometían a los indios por muchas partes, deteniéndolos, aunque no osaban meterse entre ellos hasta que llegase más número de gente. Andando ansi llegó el licenciado Torres de Vera, y con los que consigo llevaba quiso probar a romperlos, aunque iban cerrados se arrojó al escuadrón que llevaban entre dos quebradas por una loma rasa, caminando de suerte que pasando entre ellos se halló de la otra parte, solo, con muchas heridas, que no le siguió ninguno de los que iban con él. Puesto de la otra parte, y que no había otro camino para volverse sino por el mismo que había llevado, después de haber hecho a los indios muchos acometimientos y que los demás soldados no rompían, viéndose perdido, quiso antes morir como hombre noble que dar nota alguna de sí, y para más animar a los que peleaban, volvió a romper por un lado del escuadrón junto a una quebrada, yendo los indios estrechando el poco llano que había, de suerte que después de haber peleado un buen rato, alanceado el caballo, con ánimo que tenía y buena determinación, lo sacó de la otra parte con muchas heridas.
Rompiendo los demás, juntamente con él, importunados de su propia vergüenza, viéndole delante, pelearon tan bien que desbarataron los indios y les quitaron toda la presa que llevaban, aunque murieron pocos por la disposición de la tierra ser a su propósito. Salió de aquel reencuentro herido Gonzalo Martín de una lanzada que le pasó la cota y le entró la lanza por el cuerpo, de condición la herida que desde a poco murió; los demás salieron bien heridos.
El licenciado Torres de Vera le sacó su caballo hasta la ciudad, llegado a ella murió, que él y la darga que le dio Baltasar de Castro le dieron la vida muchas veces. Los demás capitanes y soldados que allí iban pelearon bien y con mucha reputación, tan atentadamente que, conservando su honor, dieron buena nota de sus personas(8).

(8) “Colección de Historiadores de Chile y documentos relativos a la Historia Nacional” (1862), tomo II, Santiago de Chile. // Alonso de Góngora Marmolejo. “Historia de Chile desde su Descubrimiento hasta el año de 1575” (1862). Góngora Marmolejo finalizó de escribir su historia -en Santiago de Chile- el 16 de Diciembre de 1575; testigo presencial y contemporáneo de los sucesos narrados en este párrafo. // Citado por Gustavo Miguel Sorg. “Juan de Torres de Vera y Aragón (Nueva historia de la fundación de la Ciudad de Vera)” (2007). Edición del Autor.

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