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Garay, abriendo puertas a la tierra

Suárez de Toledo comisionó a Juan de Garay para que fundara una población en las proximidades del Plata, mientras escoltaba hasta ese lugar la embarcación en que viajaba preso, a la península, Felipe de Cáceres.

Garay había acompañado a Cáceres en el segundo de los viajes que el último efectuó al Río de la Plata. A partir de ese momento, Garay propició la fundación de pueblos a lo largo del Paraná con el objeto de facilitar la ruta marítima y las comunicaciones con España.

El afirma que fue nombrado para esa misión, “por el calor que yo puse en decir que abriésemos puertas a la tierra y no estuviésemos cerrados”(1).

(1) Carta del 20 de Abril de 1582. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la fundación de la Ciudad de Corrientes hasta la Revolución de Mayo)” (1928). Edición del Estado.

Despoblar Buenos Aires y advertir la necesidad de volver a poblarla, sería todo uno. Sin embargo, a lo largo de 30 años, el propósito no logró concretarse.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, segundo Adelantado del Río de la Plata, no pudo cumplir su objetivo de poblar la boca del río (su sobrino, Pedro Estopiñán, fue el primero que experimentó, en 1541, el trastorno del abandono de Buenos Aires); Juan de Sanabria, sucesor de Cabeza de Vaca en el cargo, fracasó, a su vez, en la misma empresa (1547), con el agravante de que ni él ni su hijo Diego pisaron el territorio rioplatense.

Jaime Rasquín, malogrado gobernador de estas regiones, tampoco tuvo éxito (1559). Por entonces, la quimera del oro ya había quedado atrás.

El Río de la Plata -escribe en 1556 el oficial real Ortiz de Zárate- no tiene necesidad de otra cosa, sino que Su Majestad mande a la persona que fuere, que pueble a la mar un pueblo o dos, porque como esto se hiciese de hoy en cuatro años, tendrán tantas cosas de aquellas partes, que en ninguna parte podrán venir más ni tales a menos costas”.

Pero, por el momento, la mayor preocupación de los gobernantes del Perú era consolidar las ciudades del Norte argentino, que constituían las espaldas del Potosí.

Roberto Levillier ha explicado el pensamiento del 5to. virrey del Perú, Francisco de Toledo (1569-1581), quien programó, en 1571, afirmar la conquista española con la fundación de Salta.

Buenos Aires, en cambio, ubicada en territorio de indios nómadas y hostiles, sin producción minera, resultaba dificil de poblar.

Hubo, sin embargo, quienes sostuvieron en todo momento, la necesidad de organizar ése u otro puerto en la desembocadura del Plata. Uno de estos hombres fue Francisco de Aguirre, el notable colonizador que fundó Santiago del Estero. Otro, su consuegro, el licenciado Matienzo.

Con las capitulaciones firmadas en 1567 por el capitán Juan Ortiz de Zárate, el problema pareció alcanzar solución. Zárate, vizcaíno de larga actuación en el Perú, rico y respetado, persona de confianza del oidor Matienzo, era el personaje ideal para el Adelantazgo.

El se comprometió a establecer tres pueblos entre Asunción y el Río de la Plata.

Sin embargo, también fracasará, al igual que sus predecesores, y se limitará a organizar la Ciudad Zaratina de San Salvador, sobre la orilla oriental del Uruguay (1574).

Tres años más tarde, el lugar sería abandonado por sus habitantes.

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