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Segunda fundación de Buenos Aires

Juan de Torres de Vera y Aragón logró, en medio de pleitos y discusiones, designar a su Teniente de Gobernador; será Juan de Garay (1578-1583), el hombre elegido, quien recibió encargo de repoblar Buenos Aires (1578).

Vera y Aragón se hallaba impedido de asumir el Adelantazgo, por ello designó a Garay como lugarteniente suyo, el 9 de Abril de 1578. Este gobernará el territorio del Río de la Plata y Paraguay hasta su muerte, acaecida a fines de Marzo de 1583.

En el ínterin, refundará Buenos Aires, en 1580, por indicación del mismo Adelantado.

A fines de Abril de 1578, Juan de Garay salió de Charcas en dirección a Santa Fe y desde allí pasó a Asunción, ciudad a la que arribó a mediados de Septiembre.

Asumió el cargo el 15 de Septiembre de 1578. El resto de ese año y parte del siguiente lo empleó en reprimir varias sublevaciones indígenas y en pacificar el territorio confiado a su mando.

Se da por seguro que en Enero de 1580, Garay pregonó en Asunción la repoblación del puerto de Buenos Aires, las condiciones requeridas para el enganche voluntario y las ventajas que obtendrían los primeros habitantes(1).

(1) El incentivo no fue -como en tiempos de Mendoza- el oro y la plata. Garay sólo destacó, como beneficios, la abundancia de ganado caballar, la distribución de tierras aptas para el cultivo y el repartimiento de indígenas.

Levillier ha enfatizado el gran obstáculo que representó en el Plata la existencia de tribus bárbaras que mataron y en ciertos casos devoraron, uno tras otro, a los exploradores y colonizadores, desde Solís al propio Garay.

El éxito de la conquista española en América dependió, en gran medida, de la presencia de imperios indígenas organizados. Pedro de Mendoza, sin ese respaldo previo, debía fracasar inevitablemente.

Juan de Garay, en cambio, bajaba de Asunción como último eslabón de una sólida cadena de fundaciones, que habían consolidado el dominio de la tierra.

Talavera, en Esteco; San Miguel, en Tucumán; Santiago del Estero, en los Juris; Córdoba, en los Comechingones; Santa Fe, en el Paraná, necesitaban comunicarse directamente con el Atlántico.

El Mar del Sur (Pacífico) y el Mar del Norte (Atlántico), debían tomar contacto a través de un camino menos riesgoso y difícil, que el estrecho de Magallanes.

“Buenos Aires, lejos de ser la madre de las demás provincias, fue la natural salida proyectada para la extensa gobernación consumidora y productiva preexistente en su vecindad”, escribe Levillier en “Conquista y Organización del Tucumán”.

Todo estaba preparado para facilitar la empresa de Garay. Era el momento histórico preciso.

La expedición fundadora partió en Marzo de 1580. Se alistaron algo más de sesenta personas, en su mayoría jóvenes mestizos y criollos (“mancebos de la tierra”); una mujer y dos religiosos.

Todos se equiparon por su cuenta, llevando -según expresión de Garay- “sus armas, caballos y ganados”.

Para el transporte fluvial contaban con una carabela, dos bergantines y numerosas canoas y balsas indígenas. Un grupo de hombres condujo el ganado (especialmente caballos y vacas) por tierra.

El domingo 29 de Mayo, Día de la Santísima Trinidad, las embarcaciones fondearon en el Riachuelo. En homenaje al día de llegada, Garay llamó a la ciudad con el nombre de la festividad religiosa.

En las proximidades del lugar, el teniente de gobernador hizo varias exploraciones hasta que se decidió por un sitio ubicado un poco más al norte de la primitiva fundación.

Garay delimitó un rectángulo de 250 manzanas, pero sólo 46 se destinaron para solares urbanos; de aquéllas, seis fueron adjudicadas para el Fuerte y Plaza Mayor (hoy de Mayo), tres para conventos y una para hospital. Las manzanas restantes se destinaron a chacras.

El sábado 11 de Junio de 1580, Garay fundó la ciudad de la Santísima Trinidad; el puerto conservó el nombre de Santa María de Buenos Aires. El establecimiento del puerto de Santa María de Buenos Aires (1536) y la fundación de la Ciudad de la Santísima Trinidad (1580), no son más que dos hitos en la larga tarea de configurar el imperio atlántico de los Reyes Católicos.

El Río de Solís pareció, al principio, la vía adecuada para el ingreso a las regiones mineras. Pero, además la zona del Plata y sus afluentes resultaba vital para frenar el ímpetu expansivo de la Corona portuguesa.

La ceremonia de fundación se efectuó el sábado por la mañana, en el lugar destinado para la Plaza Mayor. Ante un centenar de españoles y criollos, comenzó el acto el escribano Pedro de Jerez, quien leyó el Acta de fundación.

Luego -escribe el historiador Groussac-, “se plantó una Cruz en el sitio destinado para iglesia mayor (el que ocupa hoy la Catedral), cuya advocación -la Trinidad-, fue la de la ciudad misma. Seguidamente, se publicó, como era de Ley, la organización del Gobierno municipal, siendo nombrados alcaldes Rodrigo Ortiz de Zárate y don Gonzalo Martel de Guzmán, con seis regidores que figuran en el Acta (Quirós, Olaberrieta, Bermúdez, Gaitán, Ibarrola y Escobar), los cuales, allí mismo, fueron admitidos a sus oficios, después de sendos juramentos”.

A continuación, Garay y demás miembros del Gobierno se trasladaron al centro de la plaza, donde clavaron en tierra un tronco o “rollo público”. Este “árbol de la Justicia” era el emblema visible de la jurisdicción real.

Finalmente, Garay tomó posesión de la ciudad y entonces -de acuerdo con una antiquísima costumbre-, sacó su espada, cortó algunas hierbas y mientras tiró varias estocadas dijo:

“si avia alguno que se lo contradiga, que parezca” y como nadie respondió “lo pidió por testimonio”.

El 20 de Octubre, los miembros del Cabildo -en presencia de Garay-, eligieron patrono a San Martín, obispo de Tours; también fue creado el escudo de la ciudad.

Mientras Garay se encontraba en Buenos Aires, se produjo en Santa Fe -el 1 de Junio de 1580- una rebelión encabezada por siete criollos (“mancebos de la tierra”, es decir, hijos de españoles e indias), levantamiento que terminará con el asesinato de los rebeldes, que fueron imputados de “traidores”.

Se trataba de un grupo de criollos que pretendía tener el control de la ciudad, que estaba monopolizado por españoles, situación que tenía su origen ya desde la fundación de la ciudad de Santa Fe por Garay.

Esta ciudad fue fundada por éste con apoyo de españoles (nueve) y criollos (setenta y cinco). Pese a que estos sentían que el esfuerzo lo habían hecho todos y por igual, produjo disgusto el que Garay distribuyese los solares y tierras en forma discriminativa, entregando los mejores sitios a los españoles, y en la periferia a los criollos.

Además, los cargos del Gobierno comunal fueron monopolizados por los españoles.

La situación se enardeció más cuando fue depuesto de su cargo, el 3 de Mayo de 1577, en Santa Fe, el gobernador interino Diego de Mendieta (1576 - 1577), criollo que asumió la gobernación por testamento del Adelantado Juan Ortiz de Zárate.

El 1 de Junio de 1580, y con la anuencia del gobernador del Tucumán, adversario político de Garay, los cabecillas del movimiento arrestaron a los españoles y tomaron el Gobierno comunal.

No era una revolución, ya que ambos grupos vivaban por el rey de España, sino un motín, una rebelión. Horas después del movimiento, uno de los cabecillas cambió de bando y uno a uno los líderes del motín fueron sentenciados a muerte en forma sumaria (verbal, sin orden legal), acusados de “traición”. Sólo dos lograron escapar, pero fueron muertos en Tucumán.

Enterado de la “revolución de los mancebos”, Garay se trasladó a Santa Fe y allí consiguió calmar las rencillas, aunque cuando llegó ya los cabecillas del movimiento estaban todos muertos.

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