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El pleito con Esteco

Al margen de los resultados de la exploración del Chaco por los hispánicos y de las bondades de los sitios en que Alonso de Vera, "el Cara de Perro", pobló, su empresa puso en evidencia un conflicto de jurisdicciones entre la Gobernación del Tucumán y las tierras adjudicadas al Adelantado del Río de la Plata.

En la carta dirigida al obispo Vitoria, Alonso de Vera reclama por los términos empleados contra él por los vecinos de Esteco, y sus derechos sobre los indios de Guacará.

Pide al obispo que se amojonen los límites entre ambas ciudades, y hace una detallada reseña de los antecedentes y prioridades rioplatenses en esa región, desde Pedro de Mendoza hasta su propia entrada en 1583.

Al mismo tiempo manifiesta vigorosamente su voluntad de no retroceder, de defender sus derechos e, incluso, de traer refuerzos para sus poblaciones:

“No está tan necesitado el Paraguay, que no me podrá enviar del primer socorro 4.000 ó 5.000 cabezas de vacas, y 2.000 yeguas y puercos y cabras en cantidad. Ovejas no hay tanta cantidad por acá, como por allá, y desto me será forzoso traellas de allá; para Navidad despacharé gente para la Asunción con el ayuda de Dios, para que algunos vecinos traigan sus casas”(1).

(1) Ernesto J. A. Maeder. “Historia del Chaco” (2012). Ed. ConTexto.

Cuando se examina el mapa del Chaco y se advierte la distancia existente entre ambas poblaciones, no deja de sorprender esa disputa entre los vecinos de ambas Gobernaciones. Pero lo que se hallaba en juego no era tanto la tierra, seca y montuosa en gran parte, sino los indios que en ella vivían, y que tanto en Guacará como en Matará parecían asequibles.

Sus chacras y su mano de obra, sin duda, redituarían beneficios a sus encomenderos y a las ciudades a las cuales habrían de servir.

Los vecinos de Esteco reclamaron y el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, se trasladó a esa ciudad y, desde allí, requirió a Vera por sus derechos.

Este le contestó que poblaba en jurisdicción propia; que los indios le servían de buen grado y que no pensaba dejarlos y que, además, la Audiencia de Charcas carecía de facultades para revisar los límites fijados al Adelantado Ortiz de Zárate, por capitulación real.

El gobernador informó de todo ello a la Audiencia, el 10 de Diciembre de 1586, y este Tribunal, a su vez, elevó la cuestión al Consejo de Indias.

En 1590 se comisionó a Juan de Zumárraga como perito en geodesia para informar sobre el caso, al tiempo que la Audiencia daba cuenta al Rey de las distintas cuestiones que se hallaban pendientes entre Tucumán y el Río de la Plata.

Finalmente, una real Cédula del 22 de Junio de 1592 vino a zanjar, por el momento, la cuestión:

“En lo que toca a la población que por orden del licenciado Torres de Vera hizo en la provincia del Tucumán el capitán Alonso de Vera, determinaréis ansí acerca de la dicha población y pretensión de los gobernadores para la jurisdicción, como en las diferencias que decís que hay entre los encomenderos, lo que fuere justicia y aquéllo se guardará de manera que por estos pleitos no se desasosieguen los vecinos ni se deshaga la población, la cual procuraréis favorecer y entender que indios hay en ella, y que estos sean bien tratados y doctrinados, y que se guarden las ordenanzas fechas para su doctrina, buen tratamiento y conservación. Y de lo que hiciéredes, me avisaréis”(2).

(2) Ernesto J. A. Maeder. “Historia del Chaco” (2012). Ed. ConTexto.

De este modo, la real Cédula mantuvo el statu quo y la ciudad quedó arraigada y bajo la jurisdicción rioplatense. Esa situación se mantuvo así por años.

Francisco de Alfaro, en su Visita a la provincia, y en carta dirigida al Rey el 15 de Febrero de 1613, dudaba de las ventajas de atribuirla a una u otra jurisdicción:

“La ciudad de Concepción de Buena Esperanza, que llaman del Río Bermejo, y por nombre de los indios Ipití, no me determino mucho si convendría más darla a este gobierno del Paraguay o darla al del Tucumán”.

Advertía su aislamiento de unos y de otros, ya que:

“... esta ciudad tiene solo un pueblo que llaman Matará, que cae hacia Tucumán como seis leguas (...) y aún pretenden los vecinos de Esteco que les pertenece, lo que afirmo en cuanto al punto presente que ni el un gobernador ni el otro pueden visitar este pueblo sino es yendo a propósito a eso”(3).

(3) Ernesto J. A. Maeder. “Historia del Chaco” (2012). Ed. ConTexto.

La situación se definiría algo más tarde, cuando por real Cédula del 16 de Diciembre de 1617 se dividió la antigua Gobernación del Río de la Plata en dos provincias: Paraguay y Buenos Aires. La ciudad de Concepción se incorporó al patrimonio de esta última, conjuntamente con Corrientes y Santa Fe.

De ese modo, Concepción no quedó en la órbita de Asunción -que la había fundado-, ni en la del Tucumán, que la pretendía. Por el contrario, se vinculó a una provincia cuyas ciudades estaban unidas entre sí por el río Paraná.

Aislada, Concepción en el centro del Chaco Austral, en medio de una tierra áspera y una población hostil, sin comunicación fluvial que le permitiera asistencia rápida, pronto quedó marginada y librada a su suerte.

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